Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Heridas punzantes.

Harry miró al techo sin poder creer que esto estaba ocurriendo, él pensaba descansar y Viktor le salía con eso.

«No voy a hacer de esto un lío, hablare con él lo más civilizadamente posible. Después de todo estamos en la casa de mi novia y no en un campo de batalla.»

—Sí.

—¿No estar interresado en su amiga Weasley?

—Eso fue en el pasado.

—Siempre supe que tú y ella tener algo, a pesar que ambos negarlo, incluso hable contigo de eso en el Torneo de los Tres Magos.

Harry se sorprendió de que no hubiera explosiones, maldiciones volando de un lado a otro.

—Por mucho tiempo no me di cuenta de lo que sentía por ella en realidad.

—Si te atrreves a rromperle el corazón, vendrré desde Bulgaria a parrtirrte la cara.

—No le voy a romper corazón. —Levantó su voz para que le entrara en la cabeza, comenzaba a sentirse irritado con esa conversación.

—Ser dirrecto contigo, no voy a rrenunciar a ella.

Ahí estaba el detonante que Harry había estado esperando, si las cosas no podían ser tan buenas. Cómo si él fuese a darle cualquier oportunidad.

—Haz lo que quieras —soltó de mal talante, tampoco podía prohibirle que cortejara a su novia y menos cuando sabía que ella lo consideraba su amigo. Además confiaba en ella y en que sabría marcar los límites.

Se giró dándole la espalda, jalando su cobija bruscamente, mientas refunfuñaba por lo bajo, se quitó los lentes y afortunadamente el búlgaro se había quedado callado porque de no hacerlo, las cosas podían haber dejado de ser civilizadas.

Ahora le costaría dormirse.

*º*º*º

Sirius despertó aún abrazado a la figura de Yannel, había estado un rato en el Ministerio atendiendo algunos asuntos y después había ido al hospital, pasado por el cuarto del preso primero pero todo seguía igual con él, entonces había ido a quedarse con ella.

—Deberías estar dormida —pronunció con su voz enronquecida por el sueño.

—No es fácil si tú me estas apretando las costillas.

—Lo siento —removió sus brazos, pero en el último minuto ella lo detuvo.

—Espera un poco, no quiero que te vayas aún.

Black dejó que sus labios se extendieran en una sonrisa picara, besó su frente respirando el aroma de su cabello. —Volveré más tarde.

—Ten cuidado.

—Le quitas lo divertido a cazar magos oscuros.

—Lo sé —Dibujó una pequeña sonrisa—. Sólo no te arriesgues de más y no pierdas la razón.

—¿Me estás diciendo desquiciado? —Soltó una carcajada fresca, sus ojos bailaban de forma burlona.

—Tal vez… —repuso con tono divertido.

—Arreglaremos esto después. —Sentenció uniendo sus labios en un largo beso.

Finalmente se incorporó desarrugando su túnica, la miró por última vez antes de salir de la habitación y caminar a otra, tocó suavemente antes de entrar. Sorprendiéndose al encontrar a Tonks sentada en la cama, aún su aspecto no era el mejor aún parecía una muñeca que había pasado por un campo de batalla —remendada por todos los lados—, pero sin duda ya era una mejoría que estuviese despierta.

—Sirius… —Le sonrió ampliamente.

—¡Nos diste un gran susto! —comentó acercándose a abrazarla mientras Remus se ponía de pie.

—¿Y cómo es qué estas desde temprano aquí? —Pasó su mirada por el hombre sospechando lo ocurrido— Estuviste con Yannel —concluyó con una gran sonrisa.

—Creo que aún no se encuentra bien, Lunático, tal vez deberías dormir un poco más.

—Lo sabía, estuviste con ella.

—Yo no le dije nada —expresó Remus, saliéndose por la tangente—, ¿te puedes quedar con ella? Debo ir por Andrómeda y Teddy.

—Sí, me quedaré con mi sobrina favorita, además necesita estar con alguien por si comienza actuar de forma extraña. Tal vez deberíamos considerar pasarla al pabellón de psiquiatría...

—Oye no soy tú, yo estoy perfectamente cuerda. Además soy la única sobrina que tienes, claro que si mejoraras tu relación con Draco…

—Mmm… ¿y dices qué estás cuerda? —Alzó sus cejas incrédulo.

—Lo estoy, así que no me ignores, créeme que así como son los dos se llevarían demasiado bien.

Sirius le lanzó una mirada de desconfianza.

—Inténtalo, sólo es un chico como Harry —agregó.

—Sí, pero son polos opuestos… y dejando atrás el pasado del chico, tiene una forma de ser que me recuerda tanto a Lucius, y yo nunca me lleve bien con él —comentó torciendo su gesto, para después curvar sus labios—. Esto de la maternidad en serio te esta afectando.

*º*º*º

Harry no había podido dormir bien, se removió en la cama tratando de seguir en el mundo de los sueños. De repente una risa suave llegó a sus oídos, estaba por abrir los ojos cuando sintió el beso suave de unos labios.

El perfume de manzana y vainilla inundó su nariz, revelándole la identidad de chica, abrazó su figura atrayéndola hacia él, mientras profundizaba el beso.

—Buenos días… —habló Hermione, ofreciéndole sus lentes.

—¿Qué hora es? —preguntó en un gruñido perezoso.

—Mmm no tan temprano.

—¿Y dónde está Viktor? —cuestionó al ver la cama tendida.

—Platicando con mis padres. Te estamos esperando para desayunar, pero al parecer se te pegaron las cobijas —comentó con una pequeña sonrisa—. Anda levántate, te prepararé el baño.

Harry resopló estirándose, se incorporó sin mucho ánimo, caminó hacia el cuarto de baño. Hermione se encontraba moviendo las llaves de la ducha para templar el agua cuando él entró, pasó su mirada esmeralda por ella, deteniéndose en sus labios rosados.

—Ya esta, ya puedes bañarte.

Él se movió su mano por su alborotado cabello y le sonrió agradecido. Avanzó hacia ella rodeando su cintura con sus brazos.

—Feliz navidad, Hermione —murmuró besando su nariz.

—Feliz navidad, Harry —contestó rozando sus labios en un beso sencillo.

Hermione lo soltó y avanzó hacia la puerta. —No tardes.

—Estaré listo en unos minutos. —Tomó un respiró y se quitó la parte de arriba de su pijama.

Hermione estaba por salir, suspiró suavemente al verlo así. —Gracias por no matarte con Viktor —dijo, pero vaya que él la distraía, no se cansaba de mirar su torso, deseaba pasar sus manos por su piel. Cada que lo veía así, fantasías extrañas saltaban a su mente.

Desvió sus ojos apenada, no se suponía que debía seguir ahí, estaba por salir cuando él la detuvo, logrando que lo mirara desconcertada, se recargó en la puerta instintivamente y él cubrió con su cuerpo el de ella.

Harry atrapó su labio inferior entre sus dientes, mordisqueándolos suavemente, antes de entregarse por completo en un beso profundo que le arrancó con un par de suspiros a Hermione. Se aferró a él para no caer derretida al suelo, colocando sus manos en los anchos hombros, pero el sentir el choque de sus pieles sólo provocó una reacción más apasionada en ambos.

El vapor comenzaba a inundar la pequeña habitación, Harry se separó después de un par de minutos con la respiración agitada, pasó su nariz por los cabellos castaños disfrutando de su aroma, mientras sus manos ya trabajaban en el cierre del suéter rosado que ella portaba.

Hermione se dejó hacer, tampoco era como si tuviera la fuerza para rechazarlo cuando amaba esos arrebatos pasionales de Harry, eran como su oasis en el desierto y vaya que se consideraba sedienta.

Él hundió su rostro en el blanco cuello aspirando su perfume, besando su garganta causándole un escalofrío placentero a Hermione, que casi logró volverla liquida.

—Harry no es momento para esto —balbuceó, mientras él seguía recorriendo su cuello—, el agua esta corriendo y mis papás…—Calló abruptamente mordisqueando su labio inferior, él acaba de encontrar su punto sensible haciendo que incluso le era difícil pensar.

—Me encanta tu perfume —pronunció con voz enronquecida, calentando el lóbulo de su oreja.

—Me haces cosquillas… para ya, tengo que volver, además Viktor…

Harry gruñó al escuchar el nombre del búlgaro, se separó de ella mirando sus ojos cafés cubiertos por el velo de la pasión, sus mejillas sonrosadas la hacían ver simplemente hermosa, acarició lentamente sus labios —ahora ligeramente rojos—, en un beso cargado de sentimientos profundos.

Mione dejó que sus manos se perdieran por la espalda de Harry, despertando toda serie de sensaciones al paso de sus dedos por su columna. Sus labios seguían presionándose placenteramente, volviendo el beso cada vez más apasionado. Sus cuerpos temblaban pidiendo más cada vez.

El calor comenzaba a encerrarse en la habitación, Hermione lamentó traer puesta esa ropa abrigadora. Potter repartió suaves besos antes de separarse de ella y permitirse un respiro que no les vendría nada mal a ambos.

Ella miró a través de las gafas ligeramente empañadas los ojos verdes que tenían un brillo especial que los hacía ver como dos gemas preciosas. Deslizó su mirada por su rostro y se detuvo en sus labios entreabiertos que la tentaban a volver a probarlos, su mano acarició la clavícula y siguió deslizándose por su piel hasta donde latía desbocado el corazón de su novio.

Harry colocó su mano sobre la de ella, le sonrió cálidamente antes de unir sus frentes.

—Te quiero Hermione Granger, pero es mejor que salgas de aquí —Pausó dudando entre decir o no lo que estaba pasando por su mente—, si no quieres terminar en la ducha conmigo.

Hermione se sonrojó hasta las raíces de sus rizos, el aire escapó de sus pulmones. —Eh… sí yo… —barbotó, se giró totalmente abochornada saliendo del baño, cerrando la puerta tras de sí, se llevó las manos a las mejillas las sentía demasiado calientes y para nada ayudaba su mente que había decidido pensar en Harry debajo de la ducha, con el agua recorriendo su cuerpo como ella quería hacerlo.

—¡Ay no, no! Mejor me voy…

Adentro, Harry se recargó en la madera, tratando de calmarse. No sabía ni cómo le había propuesto eso, lo que sabía en ese momento es que odiaba las mañanas en que su cuerpo reaccionaba así, malditas erecciones matutinas.

Resignado, se fue a la ducha.

*º*º*º

En la Madriguera, la hora del desayuno tenía llena la cocina de cabezas rojas que hablaban animadamente.

—Buenos días… —saludó Luna siendo recibida calurosamente.

—Ginny se encuentra aún en su cuarto, ¿por qué no subes? —sugirió Molly, dándole una sonrisa que esperaba la ayudará a decidirse, su hija necesitaba de sus buenas amigas en ese duro momento.

—Gracias, pero antes quiero ver a Ronald.

Todos se quedaron en silencio, "una chica buscando a su hermanito".

Charlie sonrió satisfecho, sabía que ella se encontraba ahí por el regalo que le habían mandado. Ron le debía una y muy grande. —Yo le hablare —anunció jocoso, se levantó de la mesa.

—¿Qué eso qué traes, Luna? —preguntó Fred mirándola pícaro.

—¿Es para nuestro hermanito? —Secundo el otro gemelo.

Luna miró el paquete que llevaba entre sus manos, sonrió ensoñadoramente.

—No es nada especial...

Los gemelos intercambiaron miradas, mientras se sonreían. Algo gordo estaba pasando ahí.

Luna estuvo hablando un poco más con la familia, antes de pasar a la sala dónde esperaría.

*º*º*º

Charlie no perdió la oportunidad y utilizó los viejos medios para despertar a su hermanito.

Ron se sacudió como gusano quejándose como una mandrágora. —¿De qué trata? No tenías porqué levantarme con un Aguamanti —gruñó sentado en la cama.

—Compórtate —dijo dándole un pequeño golpe en su cabeza—, tienes visitas…

Ron después de una pelea cariñosa, bajó bostezando y se quedó como piedra al ver a la rubia instalada en su sala.

—Buenos días, Ronald. —Se levantó recibiéndolo con una gran sonrisa.

Él caminó incomodó y avergonzado hacia ella, para empezar aún se sentía mal por su comportamiento y para colmó ahora la recibía en pijama con el cabello alborotado y con las muestras de sueño aún.

—Feliz navidad, Ron —habló y le extendió el paquete.

Él lo tomó con cierta torpeza, sus mejillas se tornaron ligeramente rojas. —G-gracias…

—¿No lo abrirás?

—Sí… claro —murmuró apenado. Se sentó, desenvolviendo el regalo, encontrándose con unas galletas caseras con formas extrañas.

—Y también te hice un amuleto contra los nargles y los sadpaths —comentó rebuscándolo en su abrigo.

Ron pasó su mirada de las galletas a Luna, no pudo evitar que en sus labios brotara una sonrisa sincera, estaba por hablar cuando notó que no estaban solos, al parecer sus hermanos habían decidido espiarlos.

—Ven, hablemos afuera —anunció, le tomó la mano y la sacó de la casa. Caminaron en un agradable silencio hasta un árbol cercano—. Eh… Luna… yo quiero —¿Por qué le costaba tanto disculparse?, odiaba que las palabras se le atoraran en la garganta— disculparme yo no… —Dejó caer sus hombros, dirigió su mirada hacia sus zapatos— fui un completo idiota.

—Lo encontré, toma —comentó cogiendo su mano, colocando su amuleto que era bastante peculiar.

Él alzó sus ojos azules mirando el extraño colgante. «¿Acaso no escuchó lo qué le dije?».

—Luna…

Ella curvó su boca con cariño y besó su mejilla pecosa. Él sintió que la sangre se el iba a la cara, de verdad que Luna era especial. —Feliz navidad, Luna —exclamó con una sonrisa escondida en sus labios.

—Gracias por la cajita musical —añadió con sus ojos saltones llenos de alegría.

—Que bueno que te gusto —resopló recobrando su ánimo.

*º*º*º

Harry mordía su tostada con demasiada fuerza, provocando un ruido de crujido, mientras sus ojos fulminaban a Viktor Krum. Al parecer no había perdido su tiempo y ya se encontraba encantando a su familia política.

—Estarré jugando una temporrada en Londres, me agrradaría que poderr asistir a un juego.

—¿No me habías comentado nada? —aseveró Hermione, sorprendida.

—Aún no estar seguro —comentó sonriéndole.

—Nos encantaría asistir —anunció John con una sonrisa amable.

—¿Tú también asistirás? —inquirió mirando a Hermione.

—Claro, iré con Harry —comentó como si fuese lo más obvio, tocando el brazo de su amigo—. ¿Verdad?

—Ahí estaremos —respondió estirando sus labios una tensa sonrisa.

—Tal vez, Ron también quiera estar —comentó Jane mirando a los dos tórtolos.

Harry se puso rígido, una sombra de tristeza y frustración cubrió su rostro. Hermione no era inmune a lo que le pasaba, pues ella se sentía de la misma forma, aunque de alguna manera más culpable que antes, tenía que encontrar cómo de solucionar lo que ocurría entre ellos.

—Se lo diremos... —Logró decir Hermione, aunque sin duda su cara reflejaba su estado.

Jane y John intercambiaron una mirada, no necesitaban hacer muchas preguntas para saber por qué de pronto ellos habían perdido el interés en su comida.

—Cuando iniciar la temporrada hacerrles llegar los boletos…

*º*º*º

Sirius se encontraba siendo el mejor niñero, jugando con el pequeño Teddy que reía entre sus brazos.

—Para ya o te vomitara —señaló conocedora.

—No, no lo hará…

La enfermera entró en el lugar, colocando su atención en el Jefe de los aurores. —Señor el paciente del cuarto 402, esta consciente.

Toda la alegría de su rostro escapó, volviéndose una máscara de seriedad. —Entiendo. —Le entregó el bebé a su sobrina, posando su mirada plateada en Remus, para después abandonar la habitación como alma que lleva el diablo.

—Es mejor que vayas con él.

—Lo sé.

—Estaremos bien —comentó con cariño, sonriendo como siempre lo hacía.

Lupin soltó su mano, no sin antes depositar un beso en sus nudillos.

*º*º*º

Luna había sido arrastrada hasta el Callejón Diagon por su amiga, justo donde hacia intercepción con el Callejón Knockturn.

—En algún momento tendrá que aparecer, lo sé… maldito hurón —gruñó Ginny, mirando con los ojos ligeramente achicados el lugar.

—No lo sé, deberías decirle a tus padres.

—No.

—Ginny no seas irracional, aunque lo encontráramos, ¿cómo harás para qué te la devuelva? Estas desarmada.

—Eso no importa me las arreglare, recuerda que tuve seis hermanos y créeme aprendí a defenderme sin la necesidad de una varita —Soltó tozuda, cruzándose de brazos.

—Ginny… —Se detuvo al ver pasar a un grupo de chicas que sin duda reconocería en cualquier parte, no sólo por su ropa fina y su caminar de modelos de pasarela si no porque habían sido sus compañeras en Hogwarts, las temibles Slytherins— ¿no es Pansy Parkinson?

Separó su vista del Callejón, posándola en las serpientes, por un momento le pareció indiferente el hecho de que ellas estuvieran ahí, hasta que aquella idea atravesó su mente como una flecha a una manzana. Sus ojos brillaron de forma especial y en sus labios una sonrisa ladina se coló.

—Recuérdame algo, ¿no la Cara de perro que va ahí andaba con Malfoy?

—Creo, ¿por qué?

—Espera aquí…

—¿Qué vas a hacer? ¡Ginny! —Se fue tras ella, nada bueno podía pasar si su amiga iba tras la Slytherin.

La tempestad apenas comenzaba.

º*º*º*

Sirius se encontraba más que cabreado, la vena en su frente sobresalía demostrando que estaba perdiendo la paciencia.

—¿Cómo escaparon? ¿Cuáles son sus planes? ¿A dónde se dirigían? —Esas y muchas preguntas más seguían sin respuesta, el mortifago se mantenía con aquella sonrisa desquiciada en su cara que Black estaba deseando borrarle de un buen golpe— ¡Por un carajo, habla maldito! —Lo tomó de la bata del hospital agitándolo.

—Contrólate… —pidió Remus, alejándolo del hombre. Él también tenía ganas de torturar a ese bastardo por lo que le había hecho a su esposa, pero eran los buenos no se suponía que debían hacer eso, aunque controlar a la bestia que llevaba dentro y que actuaba por instinto estaba siendo todo un reto.

—Pueden matarme, pero no les diré nada —exclamó, soltando una carcajada sádica que perforó los oídos de los hombres.

Black se soltó apretando sus puños con fuerza. —Ya hablarás desgraciado.

El mortifago le escupió retándolo a actuar.

—¡Hijo de Morgana! —graznó. Se abalanzó sobre él, apretando una de las heridas del costado del hombre en el jaleó.

Rookway se retorció de dolor, desgarrando su garganta con un grillo lastimoso. De inmediato Remus puso a raya a su amigo, al tiempo que los sanadores entraban al cuarto, alertados por el escándalo.

—¡¿Qué ha pasado aquí?! —inquirió Wolfgang mirando con reproche a los aurores— Les he dicho que no lo hostigaran, en este hospital yo no permito esa clase de tratos, tendrán que esperar a que el hombre este más fuerte para volver a hablar con él.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué no ve qué es de vital importancia que lo interroguemos?! Allá fuera hay un grupo de magos oscuros que pueden estar dañando a inocentes…

—Canuto…

Sirius salió del cuarto echando fuego por la boca, se pasó con rabia la mano por sus cabellos. Estaba furioso por no haber obtenido nada de ese ser repugnante.

—Señor, acabamos de recibir un patronus, al parecer ha habido un ataque en *Bethnal Green…

—¿Qué fue lo qué pasó? —cuestionó de inmediato, deseando escuchar los por menores.

*º*º*º

En Londres muggle, la hora de las despedidas había llegado y Harry no podía evitar sentir una pizca de tristeza. Esa casa era un hogar real, no eran como sus tíos y estar con ellos eran agradable, aún cuando John mantenía un ojo en él ahora que sabía que estaba con su hija.

—Muchas gracias por todo.

—Gracias a ti por venir Harry, nos alegró tenerte aquí —mencionó Jane abrazándolo.

—Espero verte pronto —habló John palmeando su espalda.

—Así será —contestó dándole un apretón de manos.

—Seguro se arreglan las cosas con Ron, denle un poco de tiempo y después hablen con él —aconsejó.

Harry esbozó una tibia sonrisa, agradecía el apoyo que recibía de los padres de su novia, pero hasta que no volvieran las cosas a la normalidad con su amigo, se sentiría un poco miserable.

—Viktor… —Se giró hacia él extendiéndole su mano.

—Nos estarremos viendo.

Potter asintió aunque no de muy buena gana, no le hacia nada de gracia tenerlo rondando a Hermione.

—Ven Viktor, te quiero mostrar…

Observó como su suegro se llevaba a su competencia lejos de ellos, dándoles un momento de privacidad, segundos después la madre de Hermione se excusó apropósito.

—Por fin solos.

—No pongas esa cara —dijo afligido.

—Harry quiero ir contigo, pero no puedo, es que mis padres y aún tengo que despedir a Viktor.

—Lo sé.

—Prométeme que no harás nada arriesgado —dijo con el tono autoritario que la caracterizaba y sin duda más que una petición era una orden que dejaba implícito que lo quería sano y salvo.

—¿Bromeas? Con Sirius y Remus ahí, créeme que no podre hacer nada, además sólo estaré en St. Mungo.

Hermione no estaba muy convencida, lo abrazó dejando que su cabeza descansara en el hombro de él. —No quiero que te vayas.

Él crispó sus labios, estrechando su abrazo. —Te estaré esperando —susurró mientras hundía su rostro en el cuello de ella.

Se separó de él después de unos minutos, clavó su mirada en los ojos detrás de sus gafas, alzó su mano acomodando un mechón azabache.

—Necesitas un corte…

—Si te portas bien, tal vez deje que me lo cortes como en los viejos tiempos…

—¡Harry, no haré nada!—acotó alzando ligeramente su voz, lo miró ceñuda por unos instantes antes de ceder ante la hermosa sonrisa de su novio.

—Lo sé —murmuró, besando su frente divertido de los mohines de su novia—, pero no confió en él.

—¿Qué fue lo qué pasó entre ustedes anoche? —preguntó y un brillo analítico cubrió los ojos castaños.

Harry respiró profundamente, torciendo sus labios. —Nada…

—¿Y por nada estás así?

Él echó sus hombros hacia atrás resignado, tenía que aceptar que nada se le iba a su novia, pasó sus dedos por su melena rebelde hasta llegar a la nuca.

—Sólo tuvimos un intercambio de palabras.

Enarcó su ceja, claramente confundida e intrigada. —¿Y…?

—Pues me reiteró que no me dejara el camino libre, te quiere y no soporto que trate de llamar tu atención…

Hermione lo miró con una mezcla de emociones, la sonrisa que apareció en su rostro le llegó hasta los ojos.

—Eres un celoso.

Él rodó sus ojos, incomodó, pero eso no evitó que le devolviera el gesto. —Ya te veré cuando estés en mis zapatos…

—¡Harry, honestamente eso no es justo! —Se quejó y golpeó suavemente su hombro en forma de reclamo. Claro que ella ya había estado en su lugar, había perdido la cuenta de las veces que había estado celosa, no sólo de Ginny y Cho, sino de otras chicas.

Él curvó sus labios en una sonrisa chispeante, la tomó de la nuca acercándola para besar su boca, pero apenas estaban rozando sus labios cuando ella se alejó. —No creas que esto se me olvidará.

—Lo sé —dijo resignado, moviendo su cabeza—, pero ahora debo irme… —profirió ya más serio.

Hermione dejó escapar el aire de sus pulmones, se acercó de nuevo a él recargando su frente en su pecho, respirando su aroma varonil.

—Te amo. —Su voz sonó apegada por la posición en la que se encontraba, pero eso no impidió que llegara a oídos de su amigo.

Potter dejó que sus brazos rodearan la figura de su novia, mientras su mentón descansaba en la coronilla de sus rizos. Ella se aferró a su suéter, mientras se movía con una clara meta. Sus bocas se presionaron suavemente en un par de roces, antes de emprender una danza exquisita.

º*º*º*

Ginevra sonreía triunfante, mientras observaba el largo cabello negro que resaltaba entre sus dedos y que había conseguido en medio de todo el lío que se había armado en medio del Callejón.

—No sé cómo te atreviste a hacer aquello —reclamó Luna, nada contenta con su actitud.

—Reconozco que fue todo un espectáculo, pero necesitaba esto.

—Ginny fue más que eso…—evidenció mirándola con severidad.

—Tú viste que sólo pase por ahí y ella comenzó todo, yo sólo aproveche la oportunidad —Se excuso acariciando una parte de su mano donde había recibido un arañazo —. Necesito pasar a la tienda de pociones por unos ingredientes.

—¿No me digas qué es en serio?, es peligroso además…

—Tranquila, ya pensé en todo.

Luna la miró poco convencida, pero se dejó llevar hasta la tienda. Cuando algo se le metía en la cabeza, era la más testaruda.

*º*º*º

En la Madriguera, Ron observaba ceñudo el que rato antes había sido su regalo.

—No puedo creer que se hayan comido todas las galletas, ni siquiera las probé —soltó observando las migajas.

—¡Y estuvieron riquísimas! —expresó Fred con una gran sonrisa.

—No cocina tan mal —exclamó George acariciando su barriga.

—¿Ahora nos contaras por qué te dio eso?

—No les contare nada —gruñó.

—Ya lo harás —comentó confiado Fred—, no seas amargado hermanito, así ni Luna te querrá.

George soltó una risa divertida que acompañó su gemelo. —Si te relajaras más, tendrías citas.

Ron les aventó lo que su estuvo a su alcance, mientras lo gemelos desaparecían, dejando el eco de sus risas.

—En eso tienen razón —silbó Bill recargado en el marco de la puerta.

Ron se dejó caer en el sillón bufando, ¿acaso era la hora de molesten al hermano menor?

—Charlie me contó lo que pasó con Harry y Hermione.

—Escuche mi nombre, ¿para qué soy bueno? —mencionó el cuidador de dragones irrumpiendo en la habitación.

—¡Eres un boca suelta! —refunfuñó Ron.

—Tarde o temprano lo sabríamos, no puedes esperar tener secretos en esta casa, además no es algo que se pueda ocultar.

Oficialmente se sentía irritado y dolido, podría ser más miserable su situación, la respuesta era «sí».

—No quiero hablar de eso.

—Vamos Ronnie, no puedes culparlos por lo que pasó por siempre.

—Al menos puedo intentarlo —sostuvo como si no le importara hacerlo, aunque sólo se tratase de una vil mentira que trataba de sostener.

—No lo harás —replicó Billy, sabía que su hermano al final tenía un gran corazón, sólo que esa cabezota y su gran orgullo a veces no lo ayudaban.

—Ginny y tú tienen que aprender a vivir con esto y no estar molestos con ellos por intentar ser felices —añadió Charlie, palmeando su hombro.

—Lo dices fácil, cómo si lo fuera en realidad...

—Nadie dijo que fuera fácil, pero no permitas que tu enojo y celos empañen la amistad que tienen. Algún día vas a lamentar no haberlo arreglado… además hay muchas chicas en el mundo mágico —prorrumpió Charlie sonriéndole.

—Date otras oportunidades —agregó Bill—, deberías salir con tus amigos o con los gemelos.

—Ellos ya tienen novias —manifestó remilgoso.

—¿Y eso cuándo les ha impedido salir a divertirse? —inquirió Billy con una sonrisa escondida en sus labios.

—No lo sé.

—Anímate —pidió Charlie levantándolo de un movimiento del sillón—. Ahora ve a arreglarte que das pena.

Ron avanzó sin mucho entusiasmo, pero era mejor ir a su cuarto que seguir con aquella plática, estaba por subir el primer escalón cuando se giró a ver a sus dos hermanos mayores.

—¿Y qué hago con lo qué siento? —preguntó con el corazón doliéndole.

*º*º*º

*Bethnal Green era un barrio londinense conocido por su pobreza, cuando los aurores llegaron el lugar estaba hecho un desastre o al menos un par de casas. La policía muggle ya se encontraba ahí realizando varias preguntas inoportunas, sin duda el Ministro muggle estaría molesto por esto y Kingsley tendría que reunirse cuanto antes con él.

—¿Qué fue lo qué pasó? —bramó Sirius llegando con la furia de varios dragones.

—El ataque se presentó porque los dueños de la casa arribaron descubriendo a unos sospechosos dentro, la policía intervino, se inició una revuelta que terminó con varias casas desechas por el fuego y con el saldo de algunos heridos y otros tantos muertos muggles —informó el trabajador del *Departamento de Accidentes Mágicos y Catástrofes.

—¿Están identificados? ¿Se trata de los prófugos de Azkaban? —cuestionó Remus, porque era evidente que su amigo se encontraba lo suficientemente molesto e impotente como para hacer las preguntas.

—No, al parecer es otro grupo de magos oscuros… aún no hemos recopilado todos los datos, hay aurores realizando preguntas a los testigos, además de *Obliviadores.

Harry había llegado a St. Mungo a tiempo para escuchar el informe del ataque y aunque Sirius hubiese preferido que se quedara en el hospital, Harry se había mantenido firme en acompañarlos y ahora estaba ahí contemplando con la mandíbula tiesa aquella zona de desastre, sus ojos le escocían al recorrer los escombros. Tenía un cumulo de emociones atoradas en su pecho, su garganta estaba tan seca y ver esa escena le traía tantos recuerdos.

Se sentía impotente, él sólo estaba parado ahí, mientras esos desgraciados se encontraban atacando a inocentes.

—¡Carajos! ¡Tenemos que encontrarlos! —rugió Black— ¡Quiero a todos los aurores buscando a esos malditos!

—Yo también ayudaré, me uniré a uno de los escuadrones —dijo Harry sin dar píe a que se lo negara.

—Irás conmigo Potter. Si desobedeces alguna de mis ordenes estás fuera —advirtió Canuto, mirando con sus frías pupilas a su ahijado, que no se dejó amedrentar.

º*º*º*

Hermione se encontraba dándole una breve explicación a Viktor sobre porqué se había ido Harry, algo no tan sencillo.

—Entender, ser demasiado valiente. —Reconoció, no podía negar que su competencia era un gran chico.

—¿Por qué no le das un paseo a Viktor? Llévalo a conocer el lugar —propuso su madre al entrar en la sala y observar sus caras.

—¿Quieres…? —preguntó enarcando su ceja.

—Si tú querrer…

—No se diga más, los espero para la cena —anunció Jane, dando un aplauso.

Viktor se incorporó del sillón, ofreciéndole su mano para ayudarla. Hermione lo miró agradecida, esa iba a ser una larga tarde y aunque sabía que la pasaría bien, prefería mil veces estar con Harry.

*º*º*º

En el Callejón Diagon, Ginny salía reluciente del local. Luna sin embargo seguía dándole la misma mirada, esperando que reaccionará.

—Ahora sólo tengo que terminar la poción —anunció guardando los ingredientes dentro de su bolsa.

—Ginny aún creo que no es buena idea, aunque te convirtieras en ella por una hora, ¿cómo harás para encontrar tu varita?

—Más o menos tengo un plan, pero te juro que pagará ese hurón.

Luna suspiró resignada, su amiga se negaba a escuchar razones, ahora sólo le quedaba apoyarla o pensar en un plan alternativo, porque nada bueno podía resultar de aquello.

Caminaron un poco más hasta llegar a un pequeño salón de té, se sentaron tratando de entrar en calor frotando sus manos, mientras esperaban sus chocolates calientes.

—¿Has sabido de Harry?

—No. No me he atrevido a buscarlo aún, mamá quería enviarle una lechuza anoche —divulgó, encogiéndose de hombros con un movimiento lento—, tal vez pase año nuevo con nosotros aunque…

—Hermione también lo haría. —Terminó por ella, sabía lo que le costaba a Ginny ver a la chica como su amiga aún.

—No sé si soportare verlos juntos —confesó, ladeando su rostro en un intento por esconder su mirada llorosa de Luna, dejó salir el aire que contenían sus pulmones con dolor. Apenas podía soportar lo que estaba pasando.

El mesero llegó dejando sus tazas de chocolate, acompañado por un pequeño plato que contenía galletas.

—Es que la idea de que él me haya dejado de amar, no me cabe en la cabeza. Todos estos años pensé que terminaríamos casados, que tendríamos hijos… y ahora nada.

—Todo estará bien.

Ginny clavó sus pupilas cristalinas en las de su amiga y quiso creer en sus palabras, necesitaba aferrarse a esa pequeña esperanza que aún vivía en su interior.

*º*º*º

Londres estaba siendo registrado hasta el más mínimo rincón por todo el despliegue de aurores y demás trabajadores del Ministerio.

*Aberdeen era una ciudad de unos 100.000 habitantes en la costa este de Escocia, algunos magos habían dado aviso de personas sospechosas, pero había sido una falsa alarma.

Sirius estaba cansado de las falsas alarmas, no podían seguir perdiendo su tiempo de aquella manera, justo cuando salían de aquel lugar había recibido un mensaje de Alemania donde habían encontrado a parte de los magos oscuros que buscaban.

El *Bosque Negro era un lugar bastante tenebroso, Harry lo recordaba de aquella vez que había ido al Mundial de Quidditch, ahí era donde habían llegado al usar el traslador donde los había recibido Basil, el empleado del Ministerio.

Se acomodó sus lentes, pero ni así podía ver bien entre la espesa neblina que cubría el páramo, horribles ruidos provenían de un lugar más adelante, sin duda una batalla se llevaba a cabo. Se aferró a su varita mientras la adrenalina recorría su cuerpo, su corazón latía presuroso dentro de su pecho.

Black se detuvo pronunciando apenas un par de ordenes, a su izquierda tenía a Remus y a su derecha unos pasos atrás estaba Harry.

—Es hora…

Sin esperar una segunda indicación se internó en la niebla, Harry se movió lo más rápido que pudo en ese terreno, ahora podía vislumbrar rayos de distintos colores yendo de un lado a otro al igual que las explosiones, era difícil deducir a quién se debía atacar entre tanta confusión.

Viró hacia la izquierda percibiendo como un árbol estaba a punto de caer sobre él, apenas alcanzó a moverse aventándose cuando el tronco cayó levantando una nube tierra, tosió un par de veces y se incorporó empuñando su varita justo a tiempo para evitar una maldición que iba dirigida a él.

Depulso. —Lanzó tratando de derribar al hombre que corría entre los árboles.

Harry corrió como pudo entre aquel terreno, tratando de no perder a su atacante. —Desmaius… —Su encantamiento ni siquiera había rozado el cuerpo del hombre— ¡rayos!

El mago oscuro lo atacó causando una explosión producto de un Confringo que si bien no lo alcanzó por completo lo aventó al suelo, como pudo se siguió defendiendo hechizos aturdidores volaron a través de los árboles, Harry se levantó con desesperación, podía sentir su cuerpo lastimado en algunas partes, pero nada que le fuera impedir seguir luchando.

Everte Statum —Atacó, pero el mago se había protegido con un escudo, un destello rojo salió de la varita del hombre—. ¡Protego!

Su encantamiento protector apenas y le había servido para no recibir por completo aquella maldición. Estaba sin aliento y aún debía seguir luchando, miró a su alrededor en busca de su padrino, pero no lo encontró a primera vista. Se limpió el sudor de la frente notando su mano embarrada de lodo y sangre.

Hermione estaría muy enojada con él, eso le sacó una sincera sonrisa y le dio ánimos para seguir, no iba a caer ahí y menos hacer que su novia fuese a St. Mungo.

Desmaius… —dijo y se abrió paso en aquel terreno tan difícil, manteniendo su varita derecha, lanzando encantamientos a diestra y siniestra para derribar a su enemigo, protegiéndose de las maldiciones y de las explosiones constantes—. Mimblewimble

Harry sonrió al ver que había logrado derribar a su oponente, pero no estaba preparado para defenderse de una maldición que golpeó su costado, haciéndolo perder el equilibrio y terminar estrellado contra una roca.

—¡Harry! ¡Harry! —Sirius llegó hasta él, lanzando un par de hechizos a su paso—. ¡Harry! —Lo tomó de los hombros, tratando de reanimarlo.

—Estoy bien —repuso, se movió sintiendo unas punzadas de dolor alrededor de sus extremidades—, terminemos con esto. —Crispó sus labios en una sonrisa que le hizo recordar a Sirius a su gran amigo James.

Siguieron en la batalla espalda con espalda, esta vez Black no lo perdería de vista, no iba a perder a otro Potter en manos de magos oscuros.

*º*º*º

Hermione en cuanto había despedido a Viktor se había dirigido al mundo mágico, lamentablemente en St. Mungo le habían denegado el acceso a la habitación de Tonks, debido a la hora. Cansada y sin noticias regresó a Grimmauld, esperaba encontrar ahí a Harry. Sin embargo, no estaba ahí y su primera dedución fue que se encontraba con Sirius o había decidido visitar a Teddy en casa de Andromeda.

Se dirigió a su cuarto desempacando sus cosas, haciendo tiempo cuando no tuvo más que acomodar decidió tomar una ducha, después de eso vino la taza de chocolate frente a la chimenea mientras leía una novela muggle.

Observó el reloj pasaban de las diez, no entendía por qué no aparecía nadie en esa casa, subió a su cuarto cavilando la posibilidad de mandarle un mensaje al chico, pero desistió al pensar que si algo malo les hubiera ocurrido, ella ya estaría enterada.

«Las malas noticias son las primeras en llegar, debo tranquilizarme.»

Se metió a la cama atenta a cualquier sonido que indicara que habían llegado.

*º*º*º

Más tarde Harry y Sirius arribaban a la mansión, encontrándola ligeramente iluminada. La batalla los había dejado molidos como papilla de bebé.

—¿Crees qué este Ron?

—No lo sé —llamó a su elfo mientras avanzaban a la sala—, ¿alguien esta en casa?

—La señorita Hermione llegó hace rato, Bloom la atendió.

—Ya lo oíste —mencionó pícaro—, ¿por qué no vas a ver si ya esta dormida? Tal vez te esta esperando.

Harry no entendía cómo su padrino no se cansaba de hacerle esos comentarios, aunque realmente si deseaba verla, pero tal vez esperaría hasta mañana.

—No, me iré a mi cuarto. —Se incorporó ligeramente adolorido, aunque debía aceptar que había salido bien librado de todos los ataques que había recibido, si no los sanadores no lo hubieran dejado abandonar St. Mungo.´

—Descansa Harry, lo necesitas.

—Igual tú, ya oíste tus costillas no sanarán si no lo haces… tal vez debiste pasar la noche en el hospital.

—Estaré bien, esos sanadores exageran. Además aún hay mucho trabajo que hacer… no puedo simplemente quedarme en una cama, sólo hemos atrapado a unos magos oscuros, aún falta el cabecilla y por si fuera poco aún andan sueltos los prófugos de Azkaban.

—Quiero seguir ayudando.

—Ya veremos, por lo pronto lo hiciste bien este día Potter. —Palmeó su espalda con orgullo.

Subieron juntos la escalera, aún hablando de la batalla.

—¿No irás a verla? —inquirió Canuto al ver a Harry mirar con aprensión la puerta de Hermione.

—Yo puedo hacerme de la vista gorda —comentó codeándolo—, además no te vendrían mal sus cuidados.

Harry agachó la cabeza avergonzado. —No, buenas noches. —Entró a su cuarto, no podía ir a verla y menos en aquel estado, seguramente la asustaría. Se quitó con lentitud su ropa maltrecha, llena de tierra y avanzó hasta la ducha, percibiendo algunos moretones y raspadas, pero nada roto afortunadamente.

Horas más tarde sumido en un prófundo sueño se removía bruscamente en su cama, cubierto de una capa de sudor, murmuraba cosas inentendibles. Una vez más estaba teniendo una horrible pesadilla avivada por su última batalla, se despertó totalmente agitado con un grito de horror atrapado en su garganta.

Su pecho subía y bajaba agitadamente, respiró profundamente buscando sus lentes en la oscuridad con cierta torpeza. Se incorporó avanzando hacia el baño, mojó su rostro y su nuca. Un poco más calmado se sentó nuevamente en su cama, varias imágenes difusas de su mal sueño vagan por su mente y no tenía ninguna intención de volver a intentar dormir, había sido una suerte que en las noches pasadas no sufriera de eso.

Observó el reloj, aún faltaban varias horas para que amaneciera. Tal vez debería ir por una poción…

*º*º*º

Hermione se había quedado dormida esperando, no fue hasta que sintió un peso extraño en su cama, acompañado por una brisa helada que despertó. Parpadeó acostumbrándose a la oscuridad, estaba por girarse cuando sintió unos brazos rodear su cintura y su espalda chocar contra el torso de alguien. Alarmada tomó su varita que se encontraba bajo su almohada, se giró buscando ver el rostro de su invasor.

—Soy yo… —pronunció suavemente, de inmediato sintió como el cuerpo de su novia se relajaba.

—Me has dado un gran susto —comentó aferrándose a él, le alegraba saber que estaba bien, se había quedado dormida aún con la angustia de no saber de él—, pensé que no dormiríamos juntos cuando hubiera más gente en la casa, porque esta Sirius, ¿o me equivoco?

—Y yo pensé que seguirías en la casa de tus padres.

—Lo sé, estaba preocupada y… —Fue entonces que realmente lo vio a través de aquella oscuridad, sus ojos se abrieron ampliamente notando los rasguños en su rostro— ¿qué fue lo qué te pasó? —preguntó asustada y apenas se atrevió a rozar con sus pulgares su piel.

—Estoy bien.

—¿Fueron los prófugos… o… tuviste otro desencuentro con Ron?

Él negó con su cabeza. —Acompañe a Sirius, hubo otro ataque de magos oscuros.

—Merlín… ¿por qué no me dijiste?, ¿qué fue lo que ocurrió?

—Tranquila, logramos capturarlos.

—¿De verdad estás bien? Debí estar aquí…

Harry la silenció con un beso, Hermione tardó en responder, aunque él no dejó de persuadirla con aquellos movimientos de labios que la hicieron suspirar y entregarse por completo.

Él colocó su mano en la nuca de su novia, acariciando en el proceso sus rizos, Hermione se pegó a Harry entrelazando sus piernas disfrutando del calor que provenía de él, podía sentir a través de la playera de su pijama su corazón de latir con fuerza tanto como el de ella.

Se separaron después de un par de besos más, con sus mejillas sonrosadas y sus respiraciones ligeramente afectadas. Ella repartió besos de mariposa por las contusiones de su cara que hicieron sonreír a Harry.

—Me alegro de que estés aquí conmigo.

—No tanto como yo —aseguró, ella había sido una de las razones que lo habían mantenido cuerdo durante la batalla y también el recordarse que toda esa pelea era por el bien de la población, porque todos merecían vivir en paz y poder volver a sus hogares sanos con las personas que querían.

*º*º*º

Continuará…

*º*º*º

* Bethnal Green (Londres, Inglaterra, Europa), Aberdeen (Escocia, Europa) Bosque Negro (Alemana, Europa) lugares mencionados en los libros HP.

* Departamento de Accidentes Mágicos y Catástrofes.

* Obliviadores. Trabajadores del ministerio, que utilizan este encantamiento.

* Obliviate: Hechizo desmemorizante usado muy frecuentemente por el Ministerio de la Magia en los muggles para borrar su memoria o reciente recuerdo de algún suceso mágico. También es usado entre magos, pero depende del oponente, puede ser roto y recuperar la memoria.

Fuente: el diccionario . org