Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.
*º*º*º
Un momento de calma.
Hermione despertó enredada al cuerpo cálido de su novio, una boba sonrisa se extendió por sus labios. Respiró suavemente como temiendo despertarlo, después de todo necesitaba descanso y reposo después de aquella batalla. Tal vez exageraba, pero no podía evitar preocuparse.
Acarició la línea de su mandíbula apenas con un suave rose de sus yemas, más tarde intentaría ponerle un poco de ungüento para acelerar el proceso de curación de aquellas magulladuras.
—Mmm, ¿qué haces? —preguntó entre sueños, acomodándose mejor para poder abrazarla.
—Siento haberte despertado —murmuró apenada.
—No hay mejor manera de despertar —Escondió su rostro en la curvatura del cuello de Hermione—, aunque podría ser mejor con un beso.
—Me gustaría, pero ni siquiera nos hemos lavado los dientes —susurró compungida.
Harry sonrió sin poder evitarlo, no sería Hermione si no hiciera esa clase de comentarios, sólo ella podía preocuparse por aquello, aunque debía entenderlo su novia era la hija de dos dentistas que continuamente le recordaban su higiene bucal.
—Entonces... sólo quedémonos así.
—¿No te preocupa que Sirius nos encuentre? —inquirió, enredando sus manos en los mechones azabache.
—Estoy seguro que él sabe que estoy aquí, no creó que nos moleste, al menos no por el momento.
Ella detuvo su quehacer al pensar en todo lo que les diría, incluso su rostro se tornó rojo, pero no podía negar que valía la pena un rato de bochorno por estar así con Harry.
*º*º*º
Ginny bajaba a toda velocidad las escaleras de la Madriguera. —Buenos días —dijo llena de energía al entrar a la cocina, regalándole un beso a su madre. Cogió un vaso de jugo de calabaza, tomándoselo de un sólo trago.
—Bueno días, hija.
—Buenos días, Ginny —saludó Fleur con la recién nacida Victorie en sus brazos.
—Me voy, estaré con Luna.
—Alto ahí, jovencita.
Ginevra se detuvo en el marco de la puerta, girándose lentamente para enfrentar la mirada de su madre.
—¿Sí?
—Estos días has estado actuando muy extraña, ¿qué es lo que esta pasando? —preguntó con sus brazos en la cintura, acentuando su expresión de seriedad.
—No pasa nada.
—¿Es por lo de Harry?
—Mamá no quiero hablar de eso —emitió con suplicio.
—Ginny tenemos que hablarlo.
—Si quieges puedes hablag conmigo.
La pelirroja arrugó su frente al imaginar la clase de plática que tendría con su querida cuñada. No, en este momento ella no tenía tiempo para eso, tenía ir con Luna para preparar la poción, se aferró a la bolsa que llevaba deseando que nadie descubriera lo que contenía.
—Eh… gracias, pero puede ser después, Luna me espera para desayunar —explicó colocando sus ojos suplicantes.
—Esta bien, pero al menos lleva estas tartas de melaza —comentó resignada su madre, tomando de un plato que se encontraba unas cuantas mini-tartas para colocarlas en un molde.
—Gracias.
—Dale nuestros saludos a Xenophilius y a Luna —añadió dulce.
—Lo haré —Aliviada de haber salido rápido de aquella conversación, fue hacia la sala. Tomó los polvos flú de la maceta, se acercó al fuego y los arrojó a las llamas—. Casa de Xenophilius Lovegood.
Apareció en la extraña vivienda, sacudiéndose el polvo de su ropa.
—Buenos días —comentó caminando hacia la pequeña cocina, donde apareció Luna con un mandil y una cuchara en su mano.
—Ginny.
—Hola, mi mamá mando tartas de melaza —dijo entregándole el molde—. Siento haber venido así, pero necesito de tu ayuda para la poción. —Lo último lo dijo susurrando, pues había observado que el padre de su amiga se acercaba.
*º*º*º
Estuvieron así por un largo rato en un agradable silencio, Harry casi había estado a punto de volver a dormirse, pero el cosquilleo que le provocaban los dedos de su novia al moverse por su rostro lo mantenían lo suficientemente consciente. Hermione lo miraba fascinada, podría quedarse así con él todo el día y no se cansaría de mirarlo.
—Eso se siente bien… —comentó Harry con voz enronquecida.
Sus labios se curvaron en una gran sonrisa que le llegó hasta los ojos. —Deberíamos levantarnos.
—No —gruñó aferrando más su brazo a la cintura de su novia.
—Harry… —murmuró divertida.
—Cinco minutos más.
Hermione no pudo oponerse, pues tampoco es que le agradara abandonar aquellos brazos en los que tanto soñó estar, pero no podían quedarse todo el día en cama. Harry movió su cabeza hacia el cuello de su novia, aspirando aquel perfume que tanto le gustaba, dejó que su nariz acariciara su piel, antes de que sus labios la recorrieran. Hermione echó su cabeza hacia atrás para darle un mejor acceso, mientras sus manos viajaban de la nuca de él hacia sus hombros.
Ella había dicho no besos en la boca, pero no había dicho nada sobre esa clase de besos y él disfrutaba de esa clase de besos… giró con Hermione hasta que quedó sobre ella.
—Harry, espera… ¿qué haces? —preguntó con una chispa de humor. Su piel se erizó al sentir el aliento de él en su clavícula.
—Sólo te estoy dando los buenos días —embromó concentrándose en sus caricias.
La sensación de sus cuerpos unidos era adictiva, una oleada de calor lo sacudió completamente. Era tan poca la ropa que los separaba que podía sentir a la perfección sus formas, ni siquiera cuando había tenido la oportunidad de estar con Ginny así, había sentido tal cantidad de ternura mezclada con deseo.
Hermione jadeó curvándose al sentir el roce de sus labios en la zona de su escote, se aferró a él, sintiendo un ardor crecer en su interior. Potter acarició los costados de su cuerpo, hasta que llegó al final de su playera, sus manos se colaron levantando lentamente la suave tela descubriendo la piel de su abdomen, la acarició sin dejar de besar su cuello, provocando que ella suspirara cerca de su oído, apretándose contra él.
El deseo comenzó a aumentar por la fricción entre sus figuras, Harry dejó que sus dedos bailaran por las costillas de Hermione, su piel se sentía cálida y suave contra sus manos ásperas y raspadas por la batalla.
—Me haces cosquillas…
Harry sonrió satisfecho. —No pensé que tuvieras cosquillas en esta zona —repasó sus dedos por sus costillas bajando hasta el hueso de su cadera, logrando que Hermione se retorciera bajo él, dejando escapar una risita un tanto nerviosa.
—Basta… —Trató detenerlo, pero sólo logró que se volviera una batalla de cosquillas. Se removieron en la cama, destendiéndola mientras reían— !detente, nos vamos a caer! —profirió, pero fue muy tarde.
Afortunadamente el piso estaba alfombrado y ella no había recibido el peor golpe, pues había caído prácticamente sobre él. Y si Sirius no se había dado cuenta que estaban juntos para ese momento se enteraría, no sólo por el ruido estrepitoso si no por el gritillo agudo que ella había dejado escapar.
Siguió riendo un poco más. —Auch, eso dolió. ¿Estás bien? —preguntó incorporándose ligeramente, utilizando sus brazos que estaban a cada lado de Harry.
—Sí… aunque creo que tengo clavada en mi espalda tus pantuflas. —Se movilizó un poco para meter su brazo, sacándolas y aventándolas a un lado.
—Lo siento… —murmuró apenada. Intentó incorporarse pero él la detuvo.
Harry la sujetó contra él, en ese momento no podía verla con toda la claridad debido a que no estaba usando sus lentes, pero tampoco los necesitaba, podía recrear mentalmente con exactitud su rostro. Alzó su cabeza y fue al encuentro de esos labios dulces, besándola con intensidad como había estado deseando desde que despertara, la atrajo hacía él dejándola caer sobre su cuerpo.
Hermione dejó atrás su preocupación por el aliento matinal, ¿cómo podía preocuparse por eso si Harry la estaba besando de aquella manera que la hacia temblar de placer y anhelo? Se concentró en responderle de la misma forma, dejando que su beso se profundizara y sus lenguas se encontraran en una danza exquisita.
Sus respiraciones ahogadas comenzaron a inundar la habitación, mientras intercambiaban caricias. Harry separó el broche de sus bocas para poder morder su labio inferior arrancándole un ligero gemido a Hermione. Besó su mentón permitiéndoles un respiro para tomar aliento, repartió pequeños besos por sus mejillas, sus ojos, su frente.
Mione no pudo evitar que una gran sonrisa se dibujara en su cara. Harry apartó los rizos rebeldes de su rostro, dejando sus manos sobre las mejillas de su novia, sus labios se unieron en un suave roce que los hizo estremecerse ansiando más.
Sólo un llamado persistente en la ventana los obligó a separase.
—¿Qué es eso?
—Creo que es una lechuza —mencionó Hermione y se levantó sin mucho ánimo pues hubiese preferido seguir besándose con Harry.
Harry la secundó, se sentó en la cama buscando sus lentes y en cuanto su vista mejoró —notablemente—, la buscó mirando que tenía una carta en sus manos.
—¿Pasa algo? —cuestionó al notar como la sorpresa se había adueñado de su rostro.
—No —Negó cerrando la ventana, pues el viento invernal se había colado provocándole un escalofrío—. Es…una carta de Oliver.
*º*º*º
Sirius había salido temprano de la mansión, no sin antes comprobar que su ahijado se encontrara bien, pero al asomarse en su habitación, descubrió con cierta picardía que finalmente había cedido a su sugerencia de ir con Hermione.
Una exquisita sonrisa torcida se adueñó de sus labios al mirar hacía la puerta de la bruja, ya se encargaría de tener con ellos una charla sobre eso. Sólo esperaba que a Ronald no se le ocurriera pasar por la casa o se encontraría con aquello, que le caería de peso, complicando más la situación y sin duda echaría por la borda una próxima reconciliación.
Ahora se encontraba en St. Mungo en el cuarto de su sobrina.
—Deberías haberte quedado a descansar, no te ves nada bien —reprendió Nymphadora, frunciendo su ceño al ver su estado.
—Estoy bien... he pasado por peores.
Tonks resopló cansina, sabía que su tío era demasiado terco y no llegaría a ningún lado. —¿Ya viste a Yannel?
—No, ayer ya no quise pasar a verla, no quería que se alterara por verme así.
—¿Estás loco? De seguro debe estar muy preocupada pensando en lo que te pudo ocurrir.
—Tranquila, le mande un mensaje con una enfermera.
—¿Exactamente qué enfermera? —inquirió con desconfianza.
—Una que es linda, de pelo rubio largo…
—¡Por Merlín, Sirius! ¿Cuándo cambiaras? ¿No habrás coqueteado con ella o si?
—Bueno… —Se sobó su nuca, girando sus ojos— no exactamente.
—Eres… —gruñó y volteó su rostro con enfado.
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Remus, ingresando a la habitación. Sus lesiones eran pocas, pero evidentes, aunque podía decirse que se encontraba mejor que su amigo debido a su condición de licántropo, por la cual tendía a sanar más rápido que un mago.
—No lo sé, pregúntaselo a tu esposa… esta algo irritable —contestó justo al tiempo que el cabello de Tonks cambiaba de castaño rata a anaranjado.
—Dora, tu cabello… —señaló Remus, alegre de que por fin su esposa estuviera recuperando sus capacidades de metamorfaga.
—¿Qué? —preguntó desconcertada.
Sirius le pasó un espejo y ella pudo comprobar con entusiasmo su cambio.
*º*º*º
En la Madriguera, Ronald se encontraba cambiándose, acababa de tomar una buena ducha. Después de las conversaciones que había tenido con sus hermanos, ahora se encontraba más calmado, pero no menos molesto con sus amigos, pues aún el dolor latía en su interior, seguía siendo una herida muy reciente.
Terminó de vestirse mirando por su ventana el paisaje nevado, a lo lejos una hilera de humo se elevaba al cielo, seguramente venía de la extraña casa de los Lovegood. Sonrió sinceramente al pensar en la chica. Caminó hasta su mesa de noche donde yacía el extraño amuleto que le había regalado, junto con su colección de cromos de ranas de grandes brujas y magos.
Tomó el amuleto, guardándolo en el bolsillo de su pantalón, no es que de verdad creyera que funcionara o que existían esas extrañas criaturas, pero no deseaba que le ocurriera algo, lamentaría perderlo. Era el único regalo que le quedaba, ya que sus hermanos se habían comido sus galletas, claro si no contaba aquel Gurdyroot que ella le había dado en sexto, que yacía en el fondo de su baúl.
Salió de su cuarto llegando hasta la cocina, donde saludó a todos tomando una tarta, estaba a punto de sentarse cuando su madre le entregó una bolsa de papel.
—Los gemelos están esperando por este desayuno, es mejor que te apures —comunicó Molly, animándolo.
—Pero… ni siquiera he desayunado…
—Incluí una porción para ti —comentó empujándolo hacia la sala.
—Anda Ron, ve a distraerte. Además necesitan una mano con la tienda —comentó Charlie desde su lugar, guiñándole un ojo.
—Esta bien —aceptó por obligación, se encaminó a la chimenea tomó un puño de polvos y los arrojó a las llamas que ardieron en color verde—. ¡Al callejón Diagon! —Desapareció después de un estruendo atronador.
*º*º*º
Harry frunció su frente, un tanto desconcertado.
—¿De Wood?
—Sí —repuso extrañada. Rompió el sello, desdoblándola bajo la atenta mirada de su novio.
Hermione, espero que hayas pasado una Feliz navidad en compañía de tus seres queridos. Trate de enviarte una postal pero al parecer se traspapeló con otras que mi madre enviaría. Espero que no hayas olvidado que acompañaras a este afortunado caballero al concierto.
Ojala podamos vernos pronto.
¡Feliz año nuevo! (Esta vez prefiero adelantarme)
Con cariño, Oliver Wood.
Potter observó el rictus de calidez que brilló en la cara de Hermione, al parecer recibir una carta del jugador la ponía realmente contenta y él no podía evitar sentirse incomodo con eso.
Dobló la carta con una sonrisa y se giró para ver a su novio, encontrándolo con un expresión seria.
—Sólo quería desearme un Feliz año y recordarme que iremos a un concierto a principios de año… —añadió sin mayor problema, incluso agrandando su sonrisa.
—¿Un concierto? —Enarcó su ceja, esperando por los detalles.
—Sí, iremos a ver a Celestina Warbeck y The Weird Sisters, harán un concierto para recaudar fondos para St. Mungo.
Dejó volar su imaginación, su Hermione riendo y disfrutando del concierto al lado de Wood. Algo en esa escena no le agradaba para nada.
Él sabía que Wood era un buen sujeto, que desgraciadamente para él había estado en los momentos en los que Hermione necesitaba de alguien, en los que él le había fallado.
Los celos clavaron sus garras en él sin que pudiera hacer mucho para evitarlo.
—Será genial que vengas con nosotros, seguro a él no le molestara.
Harry no podía negar que la intención de su novia era pura, pero en verdad no estaba viendo las cosas como él. —No creo que Oliver desee que este ahí.
—¿Por qué? —inquirió confundida. Dejó aún lado la misiva, concentrándose totalmente en su novio— Ustedes se llevan bien… ¿te molesta qué salga con él?
—Un poco —admitió, se incorporó y caminó decidido hacia ella.
—Entonces, yo le diré que…
—Herms está bien, ve con él.
—Pero…
—Oliver esta interesado en ti —explicó, colocando sus manos en la estrecha cintura.
—¿Qué? —Su expresión no terminaba de denotar lo aturdida que estaba.
—¿No me digas qué no lo habías notado?
No es que ella no se hubiera dado cuenta, pero prefería pensar que eso no ocurría, ella lo apreciaba de verdad y el que Oliver tuviera ese interés complicaba su amistad. Tal vez se había equivocado al decirle que no tenía nada con Harry, lo mejor hubiese sido que le confesara que estaba enamorada de su amigo.
—Hey, no pongas esa cara larga —murmuró, uniendo sus frentes, atrayendo su atención—, ve al concierto con él, diviértete…
—¿En serio? Pero…
—Sólo dile que no tiene posibilidad contigo, ni ahora, ni en un futuro cercano.
—Creí que dirías nunca —soltó resintiendo que él no pensara en un para siempre con ella, pero entendía que apenas se estaban relacionando como pareja y debía dejar que las cosas se dieran y algún día sabía que escucharía un te amo de su voz.
—¿Y entonces qué dirías tú? Recuerda que no soy muy bueno en esto.
—Yo diría te amo.
Juntaron sus labios en un beso lento, cargado de emociones verdaderas que aceleraron los latidos de sus corazones.
*º*º*º
En la casa de los Lovegood, el desayuno pasó entre conversaciones sobre El Quisquilloso y los artículos que saldrían este mes en su revista. Ginny apenas y captaba algunas cosas, pues aunque era amiga de Luna, no era fanática de los seres míticos-fantásticos y probablemente inexistentes.
En cuanto el padre de su amiga se fue a continuar con su trabajo. Ginny le ayudó a recoger los platos sucios llevándolos al fregadero.
—No creo que debas hacer esa poción.
—Luna, por favor… debo recuperar mi varita —dijo suplicante.
—Lo sé, pero esas no son maneras, sólo te meterás en más problemas —repuso mirándola fijamente con sus ojos saltones.
—Eso no pasara, anda… por favor. —Puso su cara dulce, acompañada de sus ojos tiernos y suplicantes.
—Ginny…
—Gracias, eres la mejor amiga —Aprovechó su titubeo para comprometerla, abrazándola entusiasmada—. Ahora busquemos el caldero, tú sabes que la hubiese hecho en mi cuarto, pero probablemente la hubiese descubierto alguien, tenemos la casa llena.
Luna observó al torbellino que era su amiga, al menos todo este asunto se distraía y no seguía pensando en Harry.
—El caldero debe estar en una de estas gavetas —comentó Luna, parándose de puntas para buscarlo entre aquel mar de cosas.
En tanto Ginny comenzaba a sacar los ingredientes de la *poción multijugos.
—Es un beneficio que ya vendan la poción casi terminada, así no tendremos que poner a cocer los crisopos durante veintiún días o estaría acabada, no tenemos tantas vacaciones como para esperar eso.
—Ginny, ¿has pensando en que tal vez Malfoy se pudo deshacerse de tu varita? —inquirió, alcanzando por fin el caldero.
—No, ese maldito aún la tiene, seguro que es como su trofeo.
—Probablemente lo es, pero no quiere decir que por eso quiera tenerla cerca.
—La tiene, pero si algo le pasó a mi varita, te juro que no se olvidará de mi, bueno de Parkinson. —Una mueca maligna cruzó su rostro, tenía todas las intenciones de dejarle en claro que había tomado la peor decisión al ponerse a pelear con ella.
*º*º*º
Ronald caminaba distraído por el lugar, concentrado en sus pensamientos, le faltaban unos locales antes de llegar a la tienda de los gemelos, estaba pasando por El Caldero Chorreante cuando Hannah Abbott apareció delante de él, deteniéndose al reconocerlo.
—Hola, Ron.
Él se detuvo de golpe, alzando su mirada encontrándose con la rubia. —Hola —musitó. No pudo evitar recordar el numerito que había armado en el Baile. También con ella debía disculparse, tal vez no le había hecho algo directamente, pero a nadie le gustaba tener un borracho en su mesa arruinándole el rato.
—¿Cómo estás? No te había visto desde el Baile…
—Ah... siento lo de ese día —declaró con una expresión de pesar.
—No te preocupes. Yo sólo me acuerdo que tú la pasaste bien con Luna.
—… y tú con Neville.
—Sí —replicó dejando escapar un suspiro, mientras sus mejillas se tornaban rosadas.
Para Ron fue obvio que la chica estaba interesada en Neville, aunque no sabía si su amigo le correspondía, pues le tenía un cariño a Luna que no sabía exactamente cómo definirlo. Entre ellos había una relación demasiado cercana.
—De seguro tú tienes cosas que hacer y yo te estoy quitando el tiempo.
—No, no… en realidad sólo voy a Sortilegios.
—¿En serio? Tus hermanos tienen una tienda fantástica, sus bromas son las mejores.
—¿Y tú qué haces aquí?
—Lo siento, Hannah —barbotó un presuroso Neville llegó con ellos, tratando de recuperar su aliento después de la carrera que había dado.
—¿Estás bien? Vamos adentro… ahí podrás calmarte y beber algo caliente —manifestó Hannah tomándolo del brazo.
—Estoy bien —respondió aún sofocado.
Ron sintió que salía sobrando, pues ninguno lo miraba, casi era como si no se encontrara parado frente a ellos, así que optó por despedirse.
—Nos vemos.
—Espera Ron —Lo detuvo Hannah—, ¿no quieres entrar con nosotros?
—No, yo… tengo que entregar esto. —Señaló la bolsa, alzándola ligeramente.
—Oh… entonces que estés bien. —Sonrió cálidamente.
—Hannah entra, yo necesito hablar algo con Ron —pidió separándola delicadamente.
—Esta bien —susurró confundida, intercaló su mirada entre los chicos, antes de entrar al local.
Ronald miró a su amigo con vergüenza, sabía que él había ayudado a Luna a llevarlo hasta la casa de la chica.
—Me alegra que estés mejor.
—Sé que ayudaste a Luna…
—Ron, espero que no hagas que ella pase otra vez por lo mismo. En verdad estaba preocupada por ti, le importas demasiado… más de lo que crees, así que no la arrastres a tus desastres —comunicó y no esperó por una respuesta, simplemente lo pasó entrando al Caldero, dejándolo con las palabras en la boca, consternado y ligeramente molesto.
*º*º*º
Sirius discutía con el sanador que se encargaba del paciente del cuarto 402, el criminal que tenían en custodia, debía terminar de ser interrogarlo, pero era claro que a ese hombre le valía la seguridad de todos.
—Si no se tranquiliza pediré que lo saquen.
—Canuto, cálmate… —Lo alejó del sanador, antes de que hiciera una locura.
—Ese hombre… se esta ganando que lo golpee.
—Él sólo esta haciendo su trabajo —evidenció Remus.
—Y obstaculizando el mío… —interpeló furioso. Se pasó la mano por su rostro, tratando de sacudirse los rastros de su furia— debo ir al Ministerio, tengo que estar presente en los interrogatorios de los hombres que capturamos ayer.
—En cuanto Andromeda llegue iré.
—No, quédate, Nym te necesita más.
—¿Bromeas? ¿Olvidas lo independiente qué es?, además ella lo entiende.
—Lo sé, pero estas fechas son para estar en familia, su navidad no fue exactamente lo que esperaban. Teddy debe estar extrañándolos… disfruta de eso, si ocurre algo te avisare —manifestó sincero, colocó su mano en su hombro palmeándolo con afecto antes de partir.
*º*º*º
Los tórtolos se encontraban desayunando, después de tomarse el tiempo para tomar un baño y arreglarse.
—El Profeta sacó todo lo ocurrido anoche, Kingsley dio una declaraciones…—comentó cerrando el periódico, tomando con sus dos manos su taza caliente de chocolate.
—Trata de evitar la histeria entre la población —acotó serio.
—Lo sé, supongo que a veces las personas prefieren no pensar en que aún hay magos oscuros en las calles y es comprensible después de todo lo que ocurrió con…—Se detuvo cerrando sus ojos, había olvidado lo sensible que era su novio al tema.
—Voldemort.
—Sí —murmuró, notando el semblante adusto de su novio, incluso parecía que pensar en ese ser lo envejecía.
—Esa es la razón por la que voy ser auror, quiero evitar que las personas vivan con miedo, que dejen de salir de sus casas por el peligro de las calles, que teman decir su origen… que vean a sus seres queridos muertos.
—Harry…
—Estoy bien.
Hermione buscó la mano de su novio sobre la mesa y la estrechó, transmitiéndole su apoyo. Se miraron largamente como si tuvieran una plática en silencio que nadie más entendía.
—Aún hay regalos debajo del árbol, ¿quieres qué los abramos? —propuso levantándose y jalándolo hacia la sala.
Se hincó cerca del árbol pasándole un paquete. —Es de la señora Weasley.
Harry no necesitaba abrirlo para saber lo que encontraría, un nuevo suéter con su inicial. Una oleada de calidez y melancolía lo abrazó, si no fuera por lo que había ocurrido con Ron y Ginny, probablemente estaría en la Madriguera.
—¿Qué crees qué sea esto? —preguntó Hermione sacando un extraño objeto, trayendo de regresó a Harry.
—No lo sé… —Se acomodó los lentes creyendo que no estaba viendo bien— ¿Es de Luna?
—Sí, tendré que preguntarle… —mencionó con una pequeña sonrisa, lo dejó a un lado, tomando otra caja pequeña— es para ti de Sirius.
Harry la tomó, abriéndola con rapidez, lo que encontró le extrañó completamente.
—¿Qué es?
—Unas llaves…—Le mostró agitándolas—, ¿de qué crees que sean?
— No lo sé, puede que se han de algún vehículo por la forma.
—¿Tú crees? ¿Crees qué me regaló un coche? —preguntó con cierta emoción.
—No lo sé, necesitas preguntárselo —indicó, hundiendo sus hombros—. Aunque tú ni siquiera has sacado tu licencia —profirió con el ceño fruncido, pensando en los peligros de que su novio anduviera en un coche mágico, la última vez que se había subido con Ron a uno habían terminado estrellados en el sauce boxeador, pero también tenía que admitir que ya no tenían 12 años.
—Podría sacarla —resolvió con ligereza, guardando las llaves—, ¿qué te dio a ti?
Hermione dejó el tema por la paz y buscó su obsequio, lo abrió con calma, exasperando un poco a Harry, pero ninguno de los estaban preparados para lo que sus ojos verían.
—Creo que es ropa, aunque pesaba mucho para ser eso —mencionó con ingenuidad, tomó la prenda alzándola frente a ellos. Ambos se quedaron sin palabras y con la mandíbula casi hasta el suelo, al ver que se trataba de un fino camisón que bien podía pasar por un babydoll.
Hermione se sonrojó hasta las raíces, de inmediato bajo la prenda como si quisiera desaparecerla. Ni siquiera se atrevía a alzar su vista y mirar a Harry. «¿Qué estaba pensando al regalarme eso? ¡Merlín que vergüenza! Es obvio lo que estaba pensando…».
Observó la nota que había caído.
Se que le encontraras un buen uso ahora que estas con Harry.
«¡Lo voy a matar!».
Ni siquiera quería asomarse a lo que quedaba en el interior de la caja, pero esperaba que no fuese algo peor, aunque conociendo a Sirius todo podía ser. Le echó una mirada, respirando con tranquilidad al ver un libro grueso sobre legislación mágica.
Harry tenía la cara colorada, no sólo estaba apenado, si no molesto por lo que su padrino se había atrevido a hacer, aunque como todo buen chico de su edad, no había podido evitar que su imaginación se disparara y fantaseara con Hermione envestida en esa prenda.
—Creo que es mejor que vayamos a St. Mungo —anunció una apenada, dejando a un lado los regalos, ya habían tenido suficiente de sorpresas navideñas.
Él se desaturdió al ver que Hermione se alejaba del lugar, tuvo que inhalar varias veces para controlar el calor abrasador que lo había recorrido. No estaba bien que él siquiera estuviese considerando la posibilidad de vérselo puesto, cuando ella se había sentido tan mal con ese regalo.
Sacudió su cabeza y fue tras su novia. Sirius y él tendrían una larga plática.
*º*º*º*
Ginny se encontraba concentrada en la preparación, se había amarrado su cabello rojo en una coleta para evitar el frizz que los vapores provocaban.
—¿Y puedes creer qué Fleur me dijo que podía hablar con ella sobre lo de Harry?
—Sólo quiere ayudarte.
—Lo sé, pero sería extraño hablar de eso con ella.
—Tal vez pueda darte un consejo.
—Eh… no lo sé —comentó agregándole las tiras de piel de serpiente arbórea africana, cuando un sonido de una canción dulce y peculiar llamó su atención—. ¿Qué es lo qué suena?
Luna sonrió ensoñadoramente, mostrándole la cajita.
Ginny dejó a un lado la poción, tomó la caja musical, abriéndola suavemente, notando la bailarina que giraba al son del vals. —Es hermosa, ¿te la dio tu padre?
—No, me la dio Ronald.
—¿Mi hermano? —Sus ojos se abrieron de par en par.
—Sí.
—Vaya, se lució… después de todo no es un tonto alcohólico —bromeó.
—Él no es alcohólico… sólo tenía sadpaths que lo aturdían.
—Ay Luna, nunca cambiaras —Crispó sus labios en una sonrisa, se quedaron en silencio unos minutos escuchando la canción, hasta que esa loca idea invadió su cabeza—. ¿Te gusta mi hermano?
*º*º*º
En St. Mungo, Harry y Hermione se encontraban ya de visita en la habitación de Tonks, poniéndose al día con lo último que había pasado.
—Entonces, Sirius esta en el Ministerio.
—Sí, deseaba estar presente en los interrogatorios —explicó con seriedad, Remus.
—Teddy parece feliz de estar contigo —manifestó Hermione viendo al pequeño jugando con un cochecito sentado en las piernas de su madre.
—Sí, los sanadores no creen que deba estar aquí por los virus mágicos, pero al final lo dejaron estar sólo si tomábamos las precauciones necesarias, accediendo a que le pusieran unas vacunas y algunas gotas de pociones en su formula —exclamó acariciando el pequeño cabello azul de su bebé.
—¿Cuánto tiempo estarás aquí?
—Tal vez unos días más.
—Eso quiere ella, pero los sanadores piensan que debe quedarse un poco más —intervino Remus, mirándola con reprobación.
—Exageran —objetó con ligereza.
—Es mejor que esperes a recuperarte por completo —opinó Hermione, jugando con el pequeño.
—¿Crees qué ataquen pronto los prófugos? —preguntó Harry con seriedad.
—No, saben que hay aurores haciendo patrullaje por el mundo mágico —denegó Remus.
—Cuidaran más sus pasos, tal vez no sepamos de ellos por un tiempo… —agregó Dora dejando escapar un suspiro, pues no le hacia gracia que esos anduvieran libres, después de todo lo que habían causado.
—Espero que los atrapemos antes de que causen más daños.
—Tranquilo, hay mucha gente trabajando en eso —comunicó Remus, buscando calmarlo.
—Mejor cuéntenos, ¿qué tal estuvo su navidad?
Harry intercambió una mirada con su novia, curvando sus labios con complicidad.
*º*º*º
Ron apenas y logró abrirse paso por la tienda, pues no sólo estaba llena de chicos de todas las edades, si no de un montón de chicas que se arremolinaban en los estantes.
—¿Qué es lo qué sucede? —preguntó al llegar con sus hermanos, dejó la bolsa de comida a un lado, para quitarse los guantes y la chaqueta.
—Día de ofertas en productos especiales para brujas —señaló George, mientras Fred pasaba su brazo por los hombros de su hermano.
— … y lo más importante es que estás chicas han venido a verte a ti —agregó Fred pícaro, dejando a Ron totalmente aturdido.
—¿A mi?
—Así es… no fue difícil decirles a estas chicas que habría ofertas y que estaría el chico que tiene un cromo, que luchó contra Voldemort aquí, atendiendo, esperando que alguna ganara tu corazón.
—¿Ustedes hicieron qué…?
—Vamos, no te alteres o las espantaras, sólo diviértete…
—Relájate hermanito, sólo sal con alguna… no les prometimos matrimonio ni nada por el estilo, sólo una cita contigo…
—Me largo… —Agarró su chamarra y estaba por salir cuando varias chicas se arremolinaron alrededor de él.
*º*º*º
Más tarde, Harry caminaba por las calles de Londres con Hermione, habían ido al Ministerio al buscar a Sirius, pero él no se encontraba ahí.
—Me hubiera gustado estar en los interrogatorios.
—Lo sé, pero deja que Sirius se encargue de eso, de cualquier forma él te dirá lo que averiguó.
Torció su boca en una mueca, pero finalmente no le quedaba de otra más que aguardar.
—Entonces, ¿a dónde quieres ir? —preguntó notando como Hermione giraba su rostro mirándolo entre sorprendida y feliz.
—¿Me estás invitando a salir?
—Eso creo... —comentó sobando su nuca con una sonrisa torpe— ¿o tienes algo mejor que hacer?
—Claro que no, aunque… —murmuró y se llevo un dedo a su mejilla remembrando mentalmente sus actividades— debía pasar por unos libros a *Flourish y Blotts.
—Hermione —profirió enarcando su ceja, mirándola largamente a través de sus gafas.
—Supongo que puedo pedir que me los envíen a la casa.
—A veces creo que si me cambiarías por un libro —espetó con sarcasmo.
—No eso no, pero por una librería tal vez —bromeó notando la cara de pocos amigos de su novio.
—Entonces cuando haya un partido de Quidditch no te quejes…
—¡Harry, es broma!, además yo nunca he faltado a uno de tus partidos. —Le recordó abrazándolo.
—Pero yo no bromeaba.
Se separaron mirándose divertidos, ambos sabían que ninguno hablaba en serio.
—¿Y a dónde vamos? —cuestionó Hermione, ansiosa y emocionada.
—Que te parece si vamos por algo de comer y ya vemos después, tal vez veamos una película...
*º*º*º
Ginny había terminado la poción, ahora sólo tenía que esperar a que cociera y reposara, eso le llevaría unos días. Al menos estaría lista para antes de que volviera a Hogwarts.
En cuanto a lo que le había preguntado a su amiga, sólo había obtenido una sonrisa misteriosa, que no dejaba entrever realmente sus sentimientos.
Ahora se encontraban paseando, dirigiéndose hacia la tienda de los gemelos, pero en cuanto entraron notaron la confusión que reinaba en el interior, parecía que se encontraban en medio de una estampida de chicas que deseaban un autógrafo de un actor famoso.
—¿Qué es lo qué pasa? —cuestionó Ginny , frunciendo su ceño— Tal vez es un nuevo producto.
—O tal vez es tu hermano —señaló Luna el centro de aquel remolino.
—¿Ron? —preguntó extrañada, no algo aquí estaba muy mal— ¡Fred! ¡George!
—Hola, querida hermanita —manifestó Fred acercándose a las chicas—. Luna, cocinas muy bien… cuando quieras puedes traernos de esas deliciosas galletas.
—¿Qué esta pasando? ¿Y qué hacen todas esas chicas encima de Ron?
—¿No crees qué la esta pasando bien? —preguntó Fred con una sonrisa burlona bailando en sus labios.
—¡No! ¿Qué no ven? Lo están…—Ni siquiera sabía cómo describirlo, su nariz se arrugó— ¡ahgg, babeando y asfixiando!
—Sí, tal vez nos extralimitamos —exclamó George mirando con ojo crítico la situación. Volteó a ver a su gemelo como preguntándoselo.
—¡No! —gritaron al unisonó.
—Mejor pasen por acá, los productos para chicas están en descuento. —Las jalaron hacia el estante, alejándolas de la disputa por el amor de Ron.
Luna le lanzó una mirada a Ron que apenas y notó su llegada entre tanto caos.
—¿Por qué no prueban el maquillaje?
—No. ¿Qué no piensan hacer algo por Ron? —discutió ceñuda.
—Olvídate de él, ¿quieres qué te consigamos una cita?
—No, yo no quiero una cita —manifestó con sus manos en su cadera.
—¿Tal vez una poción de amor? —cuestionó con mofa George levantando un frasquito rosa frente a ella.
—La hemos mejorado — añadió su gemelo.
Ginny dudo por unos momentos, después de todo estaba en una situación crítica y había que aplicar medidas drásticas…
«¡No! ¿Qué estoy pensando? Nunca antes necesite de eso para atraer a Harry…».
—No, además mi vida amorosa no es de su incumbencia.
—¡Quítenmelas! —pidió Ron, llegando a su lado después de jalonearse de los brazos de esas chicas que eran peores que una araña.
—Hermanito vamos, no seas cobarde… las chicas te aclaman.
—Esto acabará cuando escojas una —recordó George.
—O más de una, tú sabes los tiempos han cambiado…
Ron miró a las chicas con horror, su ropa estaba tan maltrecha de los tirones que le habían dado, que parecía que le había pertenecido a otra persona, o en su caso a dos Ronnes. Giró su rostro buscando una salida, cuando su mirada se topó con los sorprendidos ojos celestes en ese momento.
—Luna, sal conmigo —soltó sorprendiendo a todos, mientras se acercaba y aferraba su mano.
La rubia parpadeó copiosamente, mientras un desesperado Ron la miraba con suplica.
—Sí —respondió con una sonrisita.
—Chicas, chicas… lo lamentamos Ron ya ha escogido —declaró Fred, alzando sus brazos, para después señalar a Luna.
—El día de ofertas termino —añadió el otro.
Varios suspiros de decepción y lamentaciones llenaron el ambiente, poco a poco la tienda se fue vaciando.
Ronald se dejó caer al suelo, descansando de todas esas chicas. En el pasado había querido ser el centro de atención por ganar un partido de Quidditch o alguna otra cosa, pero esto definitivamente no era lo que quería.
*º*º*º
Sirius había tenido un día muy largo, los interrogatorios apenas y habían arrojado algunas pistas sobre su cabecilla, pero seguían trabajando en encontrarlos.
Tocó suavemente la puerta del cuarto de Yannel, sabía que no debía haberla dejado sin noticias, pero esperaba que lo comprendiera. Ingresó a la habitación siendo recibido por un almohadazo.
—¿Qué?
—Fuera de mi habitación…
—¿Qué te pasa? —preguntó extrañado.
—¿Cómo se te ocurre dejarme así? —reclamó fulminándolo con su mirada.
—Te envíe una nota con una enfermera anoche.
—¡La enfermera! —Su voz estaba cargada de sarcasmo.
—¿No te la dio?
—No.
Se acercó a su cama con cautela, aunque no dejó que su sonrisa de lado desapareciera.
—¿Estás celosa?
—¡Por favor! No tenía noticias sobre lo que estaba pasando con aquellos hombres, pensé que algo te había ocurrido y tú…
—Tranquila. Entiendo, debí haberte venido a ver, pero anoche los sanadores no me lo permitieron, además debía acompañar a Harry a la casa.
Yannel curvó su ceja escéptica, pero suavizó su expresión al ver su estado. —No te ves bien.
—Siento que una manada de centauros pasó sobre mi —embromó dejándose caer en la silla junto a la cama.
—¿Qué ha pasado?
—Estuve en los interrogatorios de los hombres que capturamos, logramos sacarles algunos datos, pero todo es ambiguo…—reveló cansado, seguiremos investigando.
—Deberías ir a descansar.
—En rato más.
—No intentes estar en las patrullas nocturnas, eso sólo empeora tu condición —Observó el gesto contraído de su rostro, bajó su mirada notando la posición rígida de su tórax—, ¿cuántas costillas tienes rotas?
—Tranquila, son sólo fracturas —dijo minimizando el asunto, riendo forzadamente.
—Eso no me tranquiliza.
—Tomare unas pociones y todo estará mejor —pausó mirándola con cierto deseo en sus pupilas—, aunque podría quedarme aquí contigo…
—Estas loco, ve a tu casa… creo que pronto me darán de alta —exclamó esperanzada.
—Aún falta para eso.
—Tú estas peor que yo y estás afuera —profirió, pasando su mirada por él.
—Es distinto.
—No lo es —debatió seria.
Black mantuvo su sonrisa de galán, había cosas que quizás nunca cambiarían… pero la chispa estaba en eso.
*º*º*º
Hermione se encontraba ligeramente recostada en su cama con un libro en sus manos, mientras que Harry estaba acostado a la ancho de la cama, con las piernas colgado afuera del colchón, su cabeza descansaba sobre las piernas de su novia, utilizándolas como una pachoncita almohada, mientras jugueteaba con una snitch. Juntos parecían una "L".
Habían tenido un gran tiempo juntos, divirtiéndose como dos chicos de su edad en el mundo muggle, había sido una experiencia diferente y agradable, por un momento sólo habían pensando en ellos, sin los problemas que venían sosteniendo sobre sus hombros, esos se habían quedado en el mundo mágico.
Estando en el cine habían reído, comido palomitas hasta hartarse y hecho comentarios en susurros que causaron que las personas a su alrededor los callaran. Ella se había recargado en el hombro de él, disfrutando de la película, mientras él acariciaba su rodilla causándole cosquillas.
Y aunque la película no había sido lo que esperaban, el beso que habían compartido en un momento si había valido la pena.
—Extrañas a Ron —comentó bajando su libro—, yo lo…
—No lo digas —profirió, dejando su juego para mirarla—, hablaremos con él cuando vayamos a la Madriguera.
«Y con Ginny también.» Un temor crecía en su interior, avivado por la historia de amor entre Harry y ella. No sabía en que posición se encontraba la pelirroja, pero esperaba que cuando toda la tempestad pasara, siguieran siendo amigas.
—Sí —exhaló pesarosa.
—¿Esa fue la puerta de Sirius? —preguntó levantándose ligeramente apoyado en sus codos.
—Eso creo…
—Iré a verlo. —Se acercó a ella dándole un beso sencillo, antes de salir.
*º*º*º
Canuto se encontraba quitándose su gabardina, esperaba tomar una ducha antes de hablar con su ahijado, pero al parecer él tenía otros planes.
—Harry… supe que fuiste a buscarme.
—Quería saber lo que había pasado con los hombres que atrapamos…
—Estuve en los interrogatorios, pero aún no hay nada claro sobre su cabecilla.
—¿Sobre los prófugos?
—Nada, pero no te preocupes seguimos investigando.
—Quiero ayudar, puedo estar en las patrullas —ofreció manteniendo su expresión grave.
—Recupérate y si no los hemos atrapado, hablaremos de eso.
—Prácticamente estoy recuperado —objetó frunciendo su ceño.
—Harry, tomate uno o días y hablamos. —Trató de razonar con él.
—Esos hombres no van a esperar uno o dos días —exclamó sulfurado.
—Tal vez no, pero tú sí —Se mantuvo firme—. Se que piensas que no es justo, pero esta medida la tome con todos los que estuvieron en esa batalla y resultaron con lesiones, además no olvides lo que dijo Kingsley.
Harry se quedó callado, claramente inconforme con la resolución de su padrino. Salió de la habitación azotando ligeramente la puerta. No podía volver en ese estado con su novia, así que decidió salir a dar una vuelta, quizás volando aclarara la maraña que era su mente en esos momentos.
*º*º*º
En las Tres escobas, los gemelos Weasley junto a sus queridos hermanitos —Ginny y Ron— y Luna, habían ido ahí a pasarla bien después de todo el alboroto en la tienda, aunque el ambiente no era tan alegre; se habían percatado de la presencia de varios agentes del Ministerio por todo el Callejón, las nuevas no habían tardado en llegar a sus oídos.
—Así que eso es lo que esta sucediendo… —cuchichió Ron y sin poder evitarlo pensó en sus amigos, según decía El Profeta: El Salvador del mundo mágico había participado en la batalla en Bosque Negro, donde habían sido capturados un grupo de magos oscuros.
La platica continuó alejándose de aquellos temas oscuros, aunque Ron no pudo hacer lo mismo, seguía dándole vueltas a lo mismo.
—Nosotras iremos a visitar a Tonks… —comentó Ginny, trayendo de regreso a su hermano.
—Y nosotros tenemos cosas que hacer en la tienda antes de ir a cenar en familia —anunció Fred.
—¿Y tú qué harás hermanito? —inquirió George jalando a Ronald de la silla.
—¿Tienes algún plan? —añadió Fred divertido.
—No… además no creo llegar lejos con mi ropa así —reveló con fastidio, mirándolos con cierto recelo.
—No te ves tan mal…
Ron colocó una mueca de escepticismo, para después golpear el hombro de su hermano. Avanzaron hacia la salida y estaban por tomar caminos distintos cuando él se acercó a su amiga.
—Luna… —Se sobó su nuca incomodó— sobre la cita, yo…
—No te preocupes, se que no quieres salir conmigo —soltó sin parecer afligida, mostrándole una sonrisa.
Ron la miró largamente, claramente descolocado. —Luna, yo…
—Debo irme, cuídate Ronald que las hadas te acompañen. —Depositó un casto beso en su pecosa mejilla y se alejó con paso saltarín hasta donde estaba Ginny.
Apenas y podía creer lo que había pasado. Ahora era él quién se sentía rechazado, había pensado erróneamente que haría sentir mal a Luna cuando se lo dijera, que equivocado había estado.
*º*º*º
Hermione salió de su cuarto, descendió las escaleras en busca de los otros habitantes de la mansión. Se dirigió al comedor pensando que estarían ahí, pues pronto sería la hora de la cena, pero cuando no encontró a nadie ahí, avanzó hacia la sala, donde se estaba Sirius tomando una copa.
—Hola… —saludó, notando su estado.
Al parecer había sido una dura batalla, se alegró de que ambos hubiesen salido vivos.
—No te quedes ahí, anda siéntate un rato conmigo en lo que esperamos que vuelva Harry…
—¿Salió? —preguntó extrañada, caminando hacia el sillón.
—Algo así.
—¿Pasó algo entre ustedes? —preguntó suspicaz.
—Nada importante —minimizó.
Ella sólo tuvo que leer entrelíneas, imaginándose el resto.
—¿Qué tal los días en su casa? No tuve oportunidad de hablar con Harry de eso debido al contratiempo en el Bosque Negro.
—Estuvo bien.
—Es algo ambigua tu respuesta, ¿no crees?
—No sé qué esperas que diga —señaló encogiéndose de hombros, esperaba que esa conversación no se convirtiera en una de esas vergonzosas, aunque eso era mucho pedir.
—Podrías comenzar por decirme, ¿cómo tomaron tus padres la noticia de que son novios?
—Bien… aunque los tomó por sorpresa, fue todo un caos —confesó con una media sonrisa recordando los comentarios de su abuela.
—No todo puede ser perfecto.
—Lo sé.
—Por como Harry volvió ayer, supongo que las cosas con Krum estuvieron tranquilas.
—Sí —No había sonado nada convencida—, al menos no hubo peleas.
—Por ahora —dijo juguetón.
—Sirius —reclamó lanzándole una mirada de advertencia, para que no animara a su novio a ese comportamiento.
—¿Qué? Oh vamos… Harry puede tolerar que Krum sea tu amigo, pero no que insista en querer algo más contigo, tarde o temprano habrá un enfrentamiento si él persiste.
Sabía que Sirius tenía razón, pero no quería pensar en eso quizás porque quería creer que eso no ocurría.
—Procuraré que eso no pase.
Canuto no agregó nada más, se limitó a beber de su copa, hasta que notó que habían desaparecido varias cajas de regalos, una maligna sonrisa cruzó sus labios.
—Veo que han abierto ya sus regalos.
Hermione se incomodó al escuchar eso, su rostro se tornó rojo. —Sobre eso…
—No debiste haberle regalado eso —dijo Harry, apareciendo en el marco de la sala con su escoba aún fuertemente agarrada.
Sirius alzó su ceja divertido, su ahijado en verdad que podía llegar a ser celoso.
—En realidad el regalo es para los dos, ya que ambos lo disfrutaran —agregó divertido con la cara que habían puesto y de su inocencia.
—¡Yo no pienso usar eso! —chilló totalmente avergonzada.
—¿Ah no? —preguntó con ligereza como si supiese algo que ella no— Bueno… como ustedes ya están durmiendo juntos y sé lo que es tener su edad…
—¡Sirius, basta! —gruñó Harry entrando por completo a la habitación.
—Hermione, ¿por qué no nos esperas en la mesa? —sugirió Sirius, incorporándose de su asiento.
Ella miró a su novio y después al hombre, finalmente asintió saliendo del lugar.
—¿En verdad te molestó tanto el regalo o es por nuestra anterior platica?
—Fue impropio, la incomodaste demasiado —aclaró de frente al hombre, al cual parecía no borrársele esa sonrisa torcida.
—Tal vez tengas razón le pediré una disculpa, si tú aceptas que no te desagrado el regalo, que te la imaginaste usándolo…
Harry sintió el calor subir por su cuerpo hasta llegar a su rostro, desvió su mirada apurado. —E-eso no importa…
—Lo sabía —Dejó escapar una carcajada—, después de todo eres hijo de Cornamenta, no podías ser tan teto.
Harry negó con su cabeza abochornado, tal vez jamás lo haría entender.
—Vamos a cenar y sí, le pediré una disculpa —agregó para calmarlo.
—No le dirás…
—Dejaré que tú se lo digas.
—No puedo decirle eso —exclamó apesadumbrado.
—Sólo no se lo digas durante la cena… —exclamó divertido.
*º*º*º
Continuará….
*º*º*º
* Poción Multijugos: Modificamos el tiempo de elaboración en beneficio de la trama de la historia, sentimos si puede ser molesto para alguien.
* Flourish y Blotts. Librería que se encuentra en el Callejón Diagon.
