Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Del cielo al infierno.

El mundo mágico yacía en calma, varios grupos de aurores se encontraban patrullando las calles y los lugares públicos, brindándole la seguridad a las familias mágicas para que pudieran salir y realizar sus compras sin temor.

Sirius seguía buscando a sol y sombra a los prófugos de Azkaban y ahora también al cabecilla de los magos oscuros con los que habían luchado en el Bosque Negro. Era claro que esos hombres se habían escondido como ratas, sabían que no era tiempo de salir por la constante vigilancia, pero tarde o temprano tendrían que hacerlo y ahí sería cuando los capturarían.

Afortunadamente Yannel ya se encontraba fuera de St. Mungo aunque él aún no la admitía de regreso al trabajo, le había dicho que se tomara unos días más cosa que la había hecho rabiar. Nymphadora aún seguía recuperándose en el hospital, pasarían unos días más antes de que pudiera salir y otros más antes de que se reincorporara al Departamento de Aurores.

*º*º*º

Hermione se encontraba preparando sus cosas para ir a la Madriguera, ese día por fin volverían a ver a los hermanos Weasley. No era justo que ellos tuvieran que sufrir para que ella estuviera con Harry, no era así como quería que se dieran las cosas entre ellos.

Unos brazos serpentearon su cintura, al tiempo que unos labios acariciaban la piel expuesta de su cuello. —Buenos días.

Un escalofrío delicioso la recorrió obligándola a cerrar sus ojos; las últimas noches no habían dormido juntos, ella había estado en el mundo muggle con sus padres y la noche anterior habían acordado quedarse cada quién en su habitación debido a la presencia de Sirius.

Por supuesto Harry había estado renuente, pero entonces había recordado que le había dicho a Sirius que si él se disculpaba por regalarle un babydoll a Hermione, él le contaría a su novia que él sí había fantaseado con la idea de que ella lo usará alguna vez.

Tenía claro que su padrino no lo obligaría, pero no perdería la oportunidad de molestarlo y más aún al verlo salir de la habitación de su novia. Sin duda tenía un gran conflicto, jamás podría decirle aquello.

—Harry —sus labios se ondularon en una linda sonrisa.

—Pareces tensa —comentó extrañado.

—Es que aún no termino esta maleta y no encuentro nada…

Hermione estaba evadiendo darle una respuesta real, habían hablado de ese día, pero al parecer sus miedos estaban saliendo a flote de nuevo.

—Es porque iremos a la Madriguera —dedujo, la hizo girar entre sus brazos y unió sus frentes—. Hablaremos con Ron y todo se solucionara.

—No será tan fácil.

—Lo sé, lo conozco y…

—Le llevará su tiempo —agregó por él.

—Pero Ginny…

Él la acalló besándola, conocía bien sus dudas y de alguna forma las entendía. La verdad era que Sirius lo había hecho ver las cosas desde otra perspectiva, haciéndolo ponerse en el lugar de su amiga. Su padrino podía estar un poco loco pero la mayoría del tiempo tenía razón en lo que le decía, suponía que si su padre estuviera vivo probablemente le diría lo mismo.

Hermione se fue relajando y como no hacerlo, si se encontraba en brazos de su amigo y gran amor, siendo besada exquisitamente. Subió sus manos por los brazos de Harry hasta llegar a su nuca, donde hundió sus dedos en la melena desarreglada.

Se separaron después de unos minutos, respirando erráticamente. Harry besó su frente, sonriendo contra su piel.

—No pienses en algo que no va a suceder, confía en mí —pidió cuando hubo recuperado un poco de aliento.

Ella sabía que él tenía razón, era lo más lógico pero aún tenía miedo. Asintió finalmente después unos segundos, brindándole una sonrisa que no sería igual de no haber reducidos su dientes incisivos en cuarto año.

Harry delineó con su dedo la cadena que le había regalado, ella no se lo había quitado desde aquel día y vérsela puesta le recordaba aquel momento que habían pasado en su habitación.

El calor había comenzado a invadir su cuerpo, sin duda no era buena idea pensar en eso cuando la tenía así de cerca.

—¿Quieres dar un paseo en la moto? —comentó buscando alejarse un poco de la tentación.

—No has parado de estar en ella desde que te la dio Sirius —dijo reprobatoria, más al recordar los golpes con los que había resultado la primera vez que se había subido.

—¡La sensación es alucinante, anda ven conmigo!

—Harry tenemos que ir a la Madriguera.

—Podemos irnos después —repuso hábil.

—No lo sé, aún no la manejas bien —señaló temerosa. Volar no estaba en su top de actividades favoritas, de sólo pensarlo comenzaba a sentir vértigo.

—No lo hacía al principio, pero ahora sí —aclaró sonriente, seguro de su nueva habilidad de manejo—. No te pasara nada —prometió.

—Bien, pero te advierto que si… —No pudo terminar porque nuevamente él se había apoderado de sus labios, ella quiso quejarse pero no pudo hacerlo, le era tan difícil resistirse a sus besos. Sus bocas se movieron bajo el mismo ritmo, encontrándose una y otra vez de distintas formas, produciendo una ola de emociones en ambos.

Harry dejó que sus manos se movieran lentamente por la espalda de Hermione, podía sentir los dedos de ella aferrándose a su suéter, mientras se ponía de puntillas buscando un contacto más profundo entre sus bocas.

De haber sabido años antes que esta era la mejor forma de silenciar a su amiga, sin duda la hubiera utilizado.

—¿Interrumpo?

Ambos respingaron separándose, volteando de inmediato hacia la puerta donde se encontraba Sirius. Él los miró con un brillo divertido en sus pupilas, la comisura de sus labios se alzaron formando una sonrisa pícara, pensando cuál era la mejor forma de molestarlos, más ahora que tenía su atención y que ambos parecían tomates maduros.

—Deberían cerrar la puerta… —Se detuvo malicioso logrando incomodarlos más— ya saben eso les daría privacidad y así podrían comerse el uno al otro en la cama, es más cómodo.

—Sirius —pidió Harry abochornado.

Él soltó una breve risa. —Bien, bien… ¿a qué hora piensan irse?

—Por la tarde —respondió Harry con voz ligeramente enrojecida.

—Claro —contestó estrechando sus ojos—, ¿y qué harán el resto de la mañana?

—Saldremos a dar una vuelta —añadió veloz.

—Está bien, maneja con cuidado —aconsejó más serio—. Diviértanse, tengo que irme al Ministerio así que sigan en lo que estaban, la casa es toda suya…—Se separó del marco de la puerta, avanzando por el corredor.

—¿Me mandarás un patronus si ocurre algo? —inquirió Harry alzando la voz para que llegara a oídos de su padrino.

Black lo miró de reojo, realizó un gesto con su mano y continuó su camino. Potter volvió al cuarto de su novia, encontrándola aún sonrojada. Procuró no acercarse para evitar retomar su beso, ahora que se encontraban solos la tentación aumentaba peligrosamente.

—¿Nos vamos?

Hermione asintió, Sirius realmente siempre los encontraba en los momentos menos apropiados, parecía que lo hacia apropósito y pudiera ser que fuera así.

—Aún no hemos desayunado. —Le recordó.

—Bueno, entonces hay menos probabilidades de que vomites sobre mí —comentó divertido.

—¡Harry! Yo no haría eso...

—Sólo bromeaba —explicó tomándola de la mano—. Podemos ir a desayunar a alguna cafetería, yo invito.

—Tendrá que ser en el mundo mágico, tu moto causaría mucho revuelo en el mundo muggle.

—Tiene un sistema de camuflaje bastante efectivo y podemos usar un hechizo si eso te tranquiliza.

—Lo que no me tranquiliza es volar —profirió mientras caminaban por el pasillo.

—Pero has volado en una escoba, en un hipogrifo, en un dragón. No entiendo cómo es que sigue sin gustarte.

—Sí, pero fue en distintas circunstancias —aclaró con su tono de listilla.

—Pues en esta ocasión te gustará —mencionó confiado, deteniéndose en la escalera para darle un corto beso.

*º*º*º

Ginny sonrió satisfecha y ligeramente nerviosa, tomó varios frasquitos que contenían la poción multijugos, colocándolos dentro de su bolso. —Hoy es el día Luna.

—Aún puedes reconsiderar hacer esto.

—Estaré bien —comentó tratando de calmarla.

Luna la miró con ojos preocupados, ya había tratado por todos los medios de disuadirla, pero si no volvía en el tiempo concretado le avisaría a sus hermanos ese había sido el trato y claro ella se mantendría cerca y para eso sin decirle a Ginny le había pedido ayuda a Neville, citándolo en Wiltshire.

—Bien, vamos…

*º*º*º

Sirius arribó a su despacho en el Ministerio y aventó su abrigo en la silla de forma descuida.

—¿Alguna novedad?

—La búsqueda sigue —informó Piett—, Cornwell se integró al escuadrón de Krutov y están patrullando…

— ¡¿Qué?! —Sus ojos se volvieron dos dagas— ¿Con la autorización de quién?

—La mía —repuso Remus, entrando al lugar—, Piett retírese.

—Envíele un mensaje a Cornwell diciéndole que quiero verla en mi despacho cuanto antes —dijo al hombre antes de que abandonara la habitación.

—¡Me quieres decir con un demonio por qué hiciste eso!—demandó molesto, sin apartar la mirada de su amigo.

—Tranquilízate Canuto —pidió Remus, sentándose en la silla frente a su escritorio—. Estabas siendo injusto con ella, Yannel se encuentra bien y lista para volver, además sabes que necesitamos de todos los miembros para seguir la búsqueda y continuar con los patrulleos. No podemos encargarnos de todo nosotros.

—¡Carajo! Sólo quería que descansara un poco más.

Remus sonrió instintivo, conocía ese comportamiento en su amigo. —Ella es una bruja muy capaz, estará bien. No necesitas protegerla todo el tiempo.

Sirius bufó dejando caer su puño sobre el escritorio. —Lo sé.

—Es normal lo que te pasa —respondió a la pregunta que flotaba en el ambiente y que Sirius no había sido capaz de decir.

—¿Lo es? —soltó incrédulo.

—No es algo que provenga de tu perturbada mente —bromeó—, es porque ella te importa más de lo que te gustaría aceptar.

—¡Rayos! Debí alejarme cuando pude —repuso dejándose caer en su silla.

—Canuto, sólo tienes que ver las cosas con perspectiva —aconsejó, levitando la tetera para servir dos tazas—. Se lo que sientes, es lo mismo que me pasa con Dora.

Sirius comprendió realmente la tortura con la que vivía su amigo desde hace tiempo al ver salir a su mujer a una misión, sin saber si volvería o no.

—Lunático…

—Tendrás que hacer unos reajustes, no puedes volver a estar en una misión con ella o no lograras concentrarte, ni ella tampoco.

—No lo sé, tal vez deba alejarme.

—Esa no es la solución—manifestó serio, le acercó una taza mientras él se disponía a beber la suya—. ¿Cómo están los chicos? —Optó por cambiar de tema, en ese momento su amigo se encontraba demasiado ofuscado para entender razones.

*º*º*º

Afuera del 12 de Grimmauld place, Hermione parada en la banqueta, miraba con desconfianza la moto Yamaha deportiva en color rojo metálico. Harry le había explicado cómo subir y dónde colocar sus pies, pero aún no había logrado hacerla subir.

—¿Estás lista? Sólo tienes que subirte.

Inhaló profundamente, tomando valor. —Bien, lo haré, lo haré —exclamó aunque era obvio que se estaba muriendo de nervios. Se apoyó en su hombro, mientras pasaba su pierna al otro lado del vehículo. Lo demás fue sencillo, pronto estuvo sentada detrás de él. Harry encendió su moto acelerando un poco causando un ruino estruendoso.

—Tienes que abrazarme.

Hermione movió sus manos del costado de Harry para estrecharlo con fuerza, pegándose completamente a él.

—Bien, es hora…

En pocos segundos el rugido del motor se escuchó y Hermione sintió el golpe del viento en su rostro, afortunadamente él le había dicho que llevara unos lentes, así evitaría que le lloraran los ojos, aunque ella sólo quiso tenerlos cerrados, no era muy agradable ver pasar todo a tu alrededor a tanta velocidad, en un par de segundos los edificios fueron quedando a sus píes.

Se movieron entre las espesas nubes, afortunadamente no se encontraba nevando pero el gélido viento la hacía estremecerse, se resguardó un poco en la ancha espalda de su novio. No podía negar que la sensación era alucinante, pero tal vez era demasiado para ella.

Harry dejó escapar una risa fresca, disfrutando del viaje. —¿Qué te parece?

—Es… incomparable.

—Lo sé, agárrate fuerte tenemos que descender —avisó, pero no lo suficiente como para evitar el grito de Hermione que lo apretó con fuerza, casi sacándole el aire.

Tiempo después cuando se encontraban ya en las calles de Londres, él disminuyó su velocidad a un suave ronroneo del motor, hasta que se detuvo por completo, cerca de la cafetería a la cual quería llevarla.

—Ya puedes soltarme —dijo ladeando su rostro para mirarla.

—Bien —musitó con voz ahogada, tenía los nudillos blancos de la fuerza que había infringido a su agarre, incluso le dolía estirarlos, al parecer el flujo de la sangre se le había cortado.

Harry descendió con facilidad, mientras ella se quedaba aún montada brindándole una sonrisilla trémula.

—Ven —pidió negando con su cabeza, la ayudó a bajar, quitándole los lentes. Estaba tan pálida como una hoja, le acomodó un poco sus rizos que se habían alborotado gracias al trayecto—. ¿Estás bien?

—F-fantástica… —pronunció con las piernas como gelatina.

Él negó con su cabeza sonriéndole, besó su frente comprendiendo que no había sido tan agradable el viaje para ella como para él, pero aún así ella no se había quejado, ni molestado con él.

—Vayamos adentro.

Jaló la puerta de cristal que tenía un logo de una taza de café humeante con un plato, Hermione ingresó sintiendo de inmediato el cambio de temperatura, caminaron hasta una mesa circular con dos sillones de piel roja.

Apenas estuvieron instalados un mesero llegó. —Buenos días, aquí tienen él menú.

—Gracias —dijeron a la vez.

Le dieron una ojeada a la carta antes de pedir uno de los paquetes que ofrecían de desayuno. Una suave música amenizaba el lugar, era tan extraño encontrarse en un lugar así, la vida les había cambiado mucho en esos meses. Antes no habrían podido darse ese lujo, pero afortunadamente la guerra había terminado y podían retomar sus vidas aunque claro ellos nunca serían dos chicos normales.

—¿En qué piensas?

—En que es un lindo lugar —improvisó—, cuando salíamos de vacaciones del Colegio solía ir a lugares como este a leer un buen libro, era agradable. ¿Cómo conociste esta cafetería?

—Mmm fue antes de sexto, una de esas veces que logre salir de la casa de mis tíos me resguarde aquí de la lluvia.

Hermione alargó su mano para tomar la de Harry, sabía cuan difícil había sido para él esos tiempos.

—¿Has… pensado en visitarlos? —cuestionó titubeante.

—Mmm no, aunque a veces pienso en ellos —comentó con una mueca—, aunque Sirius quiere hacerles una visita con su forma de animago.

—No me extraña —repuso con una media sonrisa.

—Fui a visitar a mis padres a su tumba —murmuró mirando hacia la calle, en su semblante se podía leer su dolor.

Hermione sintió sus ojos humedecerse, pero con un gran esfuerzo mantuvo sus lagrimas en su lugar. —¿Cuándo? Pude haber ido contigo…

—Sirius y Remus me acompañaron, fue antier cuando saliste a visitar a tus padres. —La melancolía se notaba en el registro de su voz, sus ojos se habían vuelto tristes y apagados.

—Me gustaría haber estado ahí —añadió apretando su mano.

Él compuso una sonrisa para ella que no alcanzó a llegarle a los ojos. —He pensado en reconstruir la casa de mis padres.

—¿Te sentirás bien haciéndolo?

—No lo sé, hasta ahora es sólo una idea.

—Yo te apoyaré en lo que decidas. —Sus labios se estiraron en una cálida sonrisa que él adoró.

Justo en esos momentos sus ordenes llegaron, el resto del desayuno fue ameno hablando de trivialidades.

*º*º*º

Un carruaje se detuvo cerca de la majestuosa mansión de los Malfoy, dos chiquillas descendieron de él con las capuchas de sus túnicas puestas.

—Perdóname por hacerte venir —prorrumpió apenada, sabía que no debía ser muy agradable para su amiga pues era el lugar donde había estado secuestrada.

—Está bien.

—Gracias por ayudarme —dijo abrazándola—. Bien… voy a tomarme la poción —Sacó una botellita de su bolsa y se la llevó a los labios, bebiendo de un sorbo todo su contenido—. ¡Guah! ¡Que asco!

La transformación comenzó a suceder frente a los ojos saltones de Luna, que cuidaba que nadie las estuviera observando. Finalmente aquello terminó y Ginny se enderezó mirándose las pálidas manos con perfecto manicure francés.

—¿Y bien cómo me veo? —inquirió con voz ligeramente chillona, se llevó una mano a su garganta, sonriendo fascinada.

—Eres Pansy Parkinson —habló aliviada de que la poción hubiese salido bien.

—¡Perfecto! —dijo satisfecha—. Fue buena idea que me cambiara de ropa en el carruaje, aunque ella si que tiene mucho de todo —manifestó con una mueca de desagrado, la ropa le quedaba demasiado justa para su gusto.

Luna no pudo evitar reír, sólo a ella se le ocurría hacer esos comentarios en esos momentos.

—Debes irte ya, el reloj esta corriendo.

—Cierto, volveré pronto —enunció sintiendo como su estómago se contraía. Se quito su túnica de segunda mano que desentonaba con su vestuario, Parkinson jamás usaría algo así.

—¡Suerte!

Ginny ahora como Pansy, llegó al portón de la mansión que inmediatamente se abrió para ella. Mirando el jardín congelado por la nieve, caminó por el sendero de grava que la llevó desde la verja hasta la puerta de la casa, elevada del suelo por unas amplias escaleras de piedra.

No necesitó siquiera tocar la puerta principal se abrió frente a ella, asustándola un poco, debía tener algún tipo de encantamiento que hacía que se abriera automáticamente a determinadas personas y sin duda ella era una. Era lógico si se ponía a pensar en aquel rumor del Colegio, que decía que Malfoy estaba comprometido con Parkinson.

Apenas había dado un pasó en el vestíbulo cuando un elfo apareció. Ni siquiera le había dado tiempo de echarle un vistazo a la mansión.

—Bienvenida.

Agradeció internamente que fuera un elfo y no Narcissa o Lucius Malfoy, al parecer esto iba a ser más sencillo de lo que creía.

—Eh… busco a M-Draquin —musitó utilizando el ridículo apelativo cariñoso que le había escuchado decir a la Slytherin.

—Se encuentra en su habitación, Rume la llevara.

—Gra… —Cerró los ojos recordándose que no tenía que ser educada, Pansy no solía serlo y duda que lo fuera con la servidumbre—. Bien…

Subieron la escalinata y caminaron por largos pasillos, en los que ella tuvo tiempo de ver varios escalofriantes retratos de los antepasados de Malfoy. Finalmente la criatura se detuvo frente a una puerta, que se abrió con un chasquido. Ella creyó que el elfo tocaría pero no había sido así, sus nervios aumentaron considerablemente al punto que sus manos comenzaron a sudar frío.

—El joven amo se encuentra en la ducha, esperar aquí.

«Bien, si me apuro no tendré que verlo.»

—Rume, ¿poder ofrecerle algo de tomar?

—Nada, retírate.

El elfo le dio una reverencia para después desaparecer. Ginny no tenía tiempo para admirar a detalle la enorme habitación, aunque sus ojos se habían desorbitado al ver la cantidad de lujos que tenía ese hurón y no podía faltar que fuese verde con plata.

«¡Vaya traumado! ¿No conocerá otros colores?».

Negro fue el color que se le vino a al mente, al recordar que la mayoría del tiempo usaba ropa de esa tonalidad, lo cual era más fúnebre. Se movió por la habitación buscando como loca todos los lugares posibles en los que pudiera estar escondida su varita: el escritorio, la cómoda, el librero…apenas le hecho un vistazo al closet supo que si buscaba ahí jamás terminaría, ¡era enorme! y dudaba que estuviera ahí, tenía que estar más cerca.

«Vamos, vamos… aparece.»

Se dirigió a la cama perfectamente hecha —seguramente obra de los elfos—, buscó en los cajones de su mesa de noche, encontrando varios frascos de pociones sin etiquetar y sobrecitos plateados que soltó de inmediato al recordar para que servían, lo había visto en la clase de Estudios Muggles, ni siquiera quería imaginarse a ese en esa situación.

«¡Iuc! Es un cerdo, pervertido.»

Cerró el cajón de golpe, estaba por pasar a otro lugar cuando la puerta del baño se abrió dejando escapar una cortina de vapor, una figura masculina apareció instantes después dejando a Ginny petrificada por la impresión.

El muy maldito sólo llevaba una toalla negra amarrada a su cadera, las gotas aún escurrían por su torso perfectamente esculpido. Merlín era una imagen que dejaría a cualquier mojigata babeando, pero no ella o eso quería creer.

—Pansy…—pronunció mirándola de arriba a abajo— ¿qué haces aquí?

*º*º*º

Ron caminaba con las manos en su abrigo hacía la tienda de los gemelos, prefería pasar el tiempo ahí que en su casa, sobre todo ahora que sabía que ese día llegarían Harry y Hermione.

Alzó su mirada topándose con su amigo Neville a punto de abordar un carruaje. Se apresuró a alcanzarlo.

—Espera.

El chico se detuvo mirándolo con interrogación. —Hola Ron.

—Y-yo…—¿Por qué le hará tan difícil disculparse?, se pasó su mano por su nuca— veras, siento lo que ocurrió.

—Está bien. Supe que te disculpaste con Luna.

—Sí, lo hice —aceptó, recordando lo que él le había dicho sobre la chica— , ¿a qué te referías con que le importo demasiado?

—Eso es algo que no te diré yo, pero podrías empezar a ver más allá de tus propios problemas.

Sus cejas se unieron. —¿Qué quieres decir?

—No eres el único que esta pasándola mal, tal vez no te des cuenta, pero tus acciones están lastimando no sólo a Harry y a Hermione.

Ron comenzaba a molestarse. «Ahora resulta que yo soy el victimario.»

Él sólo quería disculparse no esperaba otro sermón y menos que este incluyera acertijos.

—Tengo que irme, Luna me esta esperando —informó subiendo al vehículo—. Nos vemos después Ron —gritó desde el interior.

«Pero rayos le pasa, actúa como si estuviera aún enojado conmigo y ya me disculpe.»

Deambuló por el Callejón, buscándole sentido a sus palabras. Cansado revolvió su cabello rojo. —Además, ¿por qué visita tanto a Luna? ¿y no mi hermana se suponía que estaba con ella? Aquí esta pasando algo muy extraño.

*º*º*º

La conversación de los Merodeadores se vio interrumpida con la aparición de Yannel, la cual no se veía precisamente feliz de estar ahí.

—Esa es mi señal para irme, tengo que ver a Nymphadora —comentó Remus, mientras Sirius lo miraba con sus ojos estrechados.

—¿Me quieres decir qué hago aquí? —preguntó con los brazos cruzados.

—Desobedeciste mis órdenes.

Ella resopló incrédula. —Estabas siendo injusto.

—Sobrepasaste mi autoridad al recurrir a Remus —agregó serio.

—No me dejaste otra alternativa, ¿no se por qué estás haciendo de esto una tormenta? —inquirió taladrándolo con su mirada.

—Debemos dejar de vernos —contestó con una seriedad que la hizo estremecerse, dejando atrás su molestia.

—P-pero trabajo aquí…

Él negó con su cabeza. Entonces ella comprendió a lo que se refería, sintió que el corazón se le iba hasta los pies. Trató de buscar una explicación en su mirada, pero sus ojos estaban parcialmente cubiertos por unos mechones negros.

—¿Qué? —Quería mantenerse firme y no demostrar lo que estaba sintiendo, pero su voz sonó débil y temblorosa— ¿Es… por alguien más?

—Demonios, no —exclamó apretando su mandíbula con fuerza.

—¿Entonces…? —cuestionó consternada— No entendiendo, ¿cómo es que pasamos de estar hablando de mi regreso al Departamento a estar terminando?

—Sólo será un tiempo —agregó con voz rasposa como si le costara decir aquello.

—¿Un tiempo? —preguntó con los ojos llorosos— ¿Es lo qué dices a las mujeres cuando piensas dejarlas?

Sirius dio unos pasos hacia ella, pero se detuvo a mitad del camino, si se acercaba sólo complicaría las cosas. —Yannel, no es lo que estas pensando,

—¿Ah no? Entonces no entiendo —expresó exaltada.

—Es porque yo…

—Señor... —Una cabeza se asomó por el hueco de la puerta.

—¿Qué? —ladró molestó por la interrupción.

—Se solicita su presencia en Azkaban.

—Dígales que ahora iré, sólo necesito unos minutos.

—Por mi puedes irte ahora —manifestó Yan saliendo como un huracán de la habitación, aunque no pasó desapercibido para Sirius el rastro de lagrimas en su rostro.

—Espera… ¡maldición! —bramó impotente.

*º*º*º

Luna esperaba ansiosa la llegada de Neville caminando de un lado a otro, mirando cada dos por dos la puerta de la mansión Malfoy. Miró nuevamente su reloj, cuando sintió una mano en su hombro, se giró encontrándose con su amigo.

—¿Qué hacemos aquí? En tu carta no dijiste mucho, ¿por que estás afuera de la mansión Malfoy?

La chica procedió a contarte a grandes rasgos lo que sucedía, dejándolo totalmente aturdido. Neville se pasó la mano por su cabello hasta su nuca, claramente preocupado, miró hacia la mansión temeroso de lo que ocurría en su interior.

—Tenemos que entrar —profirió decidido, tomando su varita del bolsillo de su abrigo.

—Esperemos un poco, hasta que se cumpla el plazo —pidió colocando su mano en el brazo de Neville, logrando que bajara su varita.

—Ni siquiera sabemos si está bien —refutó, sus manos se volvieron dos puños, mientras observaba la casa.

—Ella se comunicará con nosotros.

—¿Cómo? —cuestionó, ladeando su cabeza para ver a su amiga.

—Con esto… —Le mostró un espejo.

—¿Por qué no te has comunicado con ella? —inquirió apresurado.

—Porque podemos hacer que se meta en problemas y la descubran recuerda que ella es Pansy Parkinson en este momento.

*º*º*º

Harry había dejado su flamante moto en un lugar seguro y ahora se encontraba caminando a orillas del Támesis con Hermione, como cualquier pareja de su edad. Después de todo lo que les había tocado vivir tener esos momentos de tranquilidad le parecía un tanto surrealista, pero Merlín sabía que él estaba muy agradecido.

Mione recargó su cabeza en el hombro de su novio, suspirando suavemente bajo los copos de nieve que caían lentamente.

—La próxima vez podríamos subirnos a uno de esos cruceros, aunque quizás te guste más subirte al London eye y después podríamos ir a cenar o a un bar.

Una risa melodiosa llegó a sus oídos, le encantaba escuchar reír a su amiga. —Será una gran cita, aunque aún no me has preguntado si quiero salir contigo nuevamente —musitó con una bella sonrisa.

—Tal vez porque tengo la certeza de que así será —comentó siguiéndole el juego.

—¿Ah si?

—Sí —dijo con seguridad, deteniéndose obligando por ende a Hermione a hacerlo, se colocó frente ella, soltando su mano para poder rodear su cintura atrayéndola hacia él. Hermione lo miró curiosa, expectante de una acción.

Él se inclinó besando su mejilla. —¿Quieres salir conmigo? —susurró calentando con su aliento el lóbulo del oído, logrando que ella se estremeciera.

—Eres un tramposo —repuso devolviéndole el gesto, haciéndolo pasar por lo mismo.

—Culpable —aceptó con sus labios luciendo una sonrisa bonachona, se acercó a besarla profundamente, saboreando cada rincón de su boca, haciéndola suspirar sin remedio.

El beso la dejó lánguida incapaz de sentir el suelo bajo sus zapatos, se sentía volar entre sus brazos. Harry separó un poco sus bocas para conseguir que el oxígeno llegara a sus vacíos pulmones, su corazón latía frenéticamente como el de ella. Amaba como se veía cada vez que se besaban, sus mejillas coloreadas, sus labios rojos y sus ojos llenos de alegría.

—Deberíamos volver a la casa ya.

Él desplegó una sonrisa que hizo lucir su dentadura. —¿Eso es una proposición?

Hermione abrió sus ojos ampliamente, aún más sonrojada que antes—. No de esa clase —comentó atropelladamente, claramente se había imaginado la escena, ella entre los brazos de él besándose apasionadamente en su cama—, es sólo que es tarde… y deberíamos…

La risa ronca de Harry la hizo callar, había logrado erizarle la piel, el *termostato de su cuerpo había hecho que la temperatura se elevara descontroladamente con una simple pregunta, claro ligada al último ósculo que habían compartido sin dejar fuera su fantástica mente que solía traicionarle en los peores momentos, enviándole unas imágenes bastante vividas.

¡Merlín, era una pervertida! ¿Acaso sólo quería saltarle encima a la menor provocación? Bueno la respuesta era obvia, después de tantos años de amor reprimido, ansiando una mirada, un beso, una caricia...

—Vayamos entonces —La tomó de la mano guiándola de regreso a donde se encontraba su moto—, ¿lista para volar?

—Harry…

Él rió de nuevo. —No iré tan rápido.

—¿Eso debería consolarme? —cuestionó con una mueca.

—Sí —respondió animoso.

—Podría usar una zona de aparición —sugirió, apenas estaba superando su anterior tropiezo cuando tenía que prepararse para aquella «sensación alucinante» de la que tanto gozaba su novio.

—Ni lo pienses —dijo tajante—, quiero tenerte cerca —añadió suavizando su tono.

—¡Harry Potter eres un manipulador!

Se detuvo colocándose frente a ella. —Dime qué prefieres viajar sin mí y esperarme en la casa hasta que llegue y te dejare ir.

—No, no quiero eso —contestó finalmente con un ligero puchero.

—Lo sabía —le dio un pequeño beso y retomaron su camino.

*º*º*º

«Piensa rápido, piensa rápido…».

Ginevra se recargó en la cama realizando una pose sexy. Sentía que el corazón se le saldría en cualquier momento. —¿Qué no es obvio? —Su voz había sonado débil y temblorosa— Vine a verte —añadió con más confianza.

Él enarcó su ceja, mientras caminaba hacia ella con una exquisita sonrisa. —Se que no puedes vivir sin mi, pero ya te dije que lo nuestro acabo.

«¿Qué? Vaya…—Estaba un tanto sorprendida por el descubrimiento—. Un momento porque se me acercando así. No, no, no... ¡Aléjate!».

Ella trató de buscar algo con que defenderse, pero vamos detrás de ella sólo había una cama, su mano se movió hacia las almohadas, tal vez un cojinazo la salvaría de ser necesario. Mantuvo una sonrisa no sin cierto esfuerzo.

—Puedes… reconsiderarlo.

¿Qué diablos estaba diciendo? Ni ella lo sabía con certeza.

Él rió divertido. —¿Ah si? ¿Y qué piensas hacer para que lo haga? —indagó interesado, ahora se encontraba a un paso de ella.

—Pues…

—Mi decisión no cambiara Pansy —dijo acorralándola contra la cama, sus bocas estaban a un suspiro de distancia, aunque ella estaba haciéndose hacia atrás lo más que podía, evitando él contacto—. Aunque eso no quiere decir que no podamos tener una despedida —añadió descaradamente llevando su mano al trasero de la chica.

Ginny respingó ante el contacto, sus ojos se abrieron como platos. Oficialmente estaba congelada, podía sentir la mano de Malfoy pesada, apretando su glúteo. La sangre se le fue al rostro.

—¿Qué pasa? —preguntó extrañado de su reacción.

—Y-yo… no creo que —Buscó alejarse, pero él la retuvo con facilidad.

—¿Tú qué…? —cuestionó hundiendo ligeramente su rostro en el cuello expuesto de Pansy, respirando su aroma, arrugando su nariz— ¿Flores? ¿Por qué hueles así?

—Es mi nuevo perfume… ¿no te gusta Draquin? —repuso apresurada, sudando la gota gorda.

Merlín tenía que salir de ahí ya.

—Mmm… sólo hay una persona que usa ese perfume y es la Weasley.

Ella se sorprendió completamente, no sabía que él se hubiera percatada de ese detalle. —¿C-cómo lo sabes?

—Eso no importa —contestó cortante.

—Dra…

Él no la dejó hablar más con un rápido movimiento logró tenerla debajo de él en su cama, sus labios sobre los de ella, besándola con fuerza dejándola totalmente estupefacta.

«Oh…Oh. Esto no esta pasando, no estaba pasando —Trató de convencerse, pero no podía negarlo más, mucho menos cuando él mordió su labio inferior haciéndola jadear—. ¡Rayos!».

Se removió buscando apartarlo, pero era imposible él la tenía sometida con su cuerpo. No podía creer que él pesara tanto, si parecía tan escuálido, pero ahora se daba cuenta que no tenía nada de flacucho sin chiste.

Colocó sus manos en los hombros del chico, tratando de apartarlo, abrió la boca para quejarse momento que él aprovechó para deslizar su lengua en su interior, arrancándole un suave gemido.

¡Por Cirse! Jamás pensó que él supiera hacer eso, las manos del rubio comenzaron a moverse por su cuerpo, logrando que la alerta roja se intensificara, una descarga de sensaciones eléctricas la sacudió inesperadamente proveniente de las ardientes caricias que él le estaba propinando, pero no era momento para disfrutar de aquello.

«¿Disfrutar? No… esto es una tortura, ¡tengo que apartarlo!».

Movió su mano hacia los cojines y las almohadas, mientras él seguía devorando su boca, de esa forma tan ardiente que comenzaba a afectarla en serio. Y antes de que pudiera preverlo las pálidas manos se había colado debajo de su chamarra y ahora se dirigían peligrosamente a sus pechos.

Ok, esto había llegado demasiado lejos. Y para su desgracia un sonido de aprobación escapó de sus labios, logrando que él siguiera con sus caricias.

Ginny desesperada estiró su mano, las puntas de sus dedos tocaron algo delgado, si lo podía sentir era una varita, posiblemente la de él, con un poco más de esfuerzo la alcanzó, aferrándose a ella.

Draco jadeó dentro del beso, su encuentro estaba siendo distinto a los demás, desde la forma en que se resistía, ella jamás lo había hecho antes, pero lo encontraba bastante excitante. De repente sintió la punta de una varita en su garganta, se quedó quieto rompiendo su beso con la respiración entrecortada.

—Aléjate… —repuso sofocada.

—¿A qué estas jugando Pansy? Deja eso...

—Quítate o no respondo.

Él se apartó, echándose a un lado en la cama.

Pansy se puso de pie de un salto, notando que la varita que tenía en su mano era la suya. Sin duda había sido un milagro, en ningún momento dejó de apuntarle a Draco.

—¡Eres un maldito cerdo, no quiero volver a verte!

—¿Qué rayos te pasa? Devuélveme eso —Se intentó parar, pero ella lo detuvo con un simple mocomurcielago.

Después de que prácticamente lo dejara quejándose como niña con la toalla mal puesta, salió huyendo sabía que él se daría cuenta que no era Pansy y debía estar lo más lejos posible para entonces.

*º*º*º

Harry se estiró en el sillón. —Como prometí, te traje sana y salva —murmuró mientras Hermione se acercaba a la chimenea para calentarse un poco.

—Lo sé —replicó con una media sonrisa, que desapareció casi por completo segundos después—, ¿a qué hora nos iremos a la Madriguera?

—Mmm podemos irnos después de comer —respondió con ligereza.

—Ok.

Harry también se encontraba nervioso respecto a esa visita, pero no quería exteriorizarlo por Hermione. Ella ya tenía suficiente sintiéndose culpable y preocupada por lo que les esperaba. Aunque él quería creer que podían solucionarse las cosas con Ron, en verdad lo echaba de menos y con Ginny, sólo esperaba que ella lo comprendiera.

El elfo domestico entró a la sala, dándoles la bienvenida. —Smigol puede ofrecerles algo de beber.

—Dos tazas de chocolate estaría bien —contestó Hermione, después de hacerle una muda pregunta a su novio—. Gracias.

—Enseguida Smigol se las traerá. —El elfo desapareció, dejándolos nuevamente solos.

Harry observó el periódico de ese día en la mesa de centro, seguramente Sirius lo había dejado ahí, lo tomó ojeándolo para distraerse. Hermione se sentó a su lado notando el encabezado de la primera página.

—Al parecer la Gala de fin de año, será algo más que una fiesta para recaudar fondos para los afectados por la batalla.

—No me arrepiento ni un gramo de no ir —acotó Harry.

—Ni yo, sin duda será una reunión llena de frivolidades a pesar del noble motivo que la impulsa.

—Sirius dijo que pasaría un rato, antes de ir a la Madriguera ya nos contara qué tal estuvo —comentó mientras pasaba las hojas, buscando alguna noticia sobre los magos que había capturado con su padrino o de los prófugos de Azkaban, pero sólo encontró mensajes de buenos deseos por el año venidero.

Dejó el periódico a un lado, reacomodándose en el sillón, estirando su brazo para atraer a Hermione. Ella dejó caer su cabeza en su torso escuchando el ritmo acompasado de su corazón, mientras le pasaba el brazo por su abdomen, abrazándolo.

—Estás preocupado porque Sirius no se ha comunicado contigo, lo cual es buena señal quiere decir que no ha habido un nuevo ataque. —Su voz sonaba ligeramente apagada debido a su posición.

—Se que eso es bueno, pero entre más tardemos en dar con ellos más personas corren peligro.

—Es verdad, pero Sirius y los demás están haciendo todo lo posible por capturarlos.

—Quisiera poder ser más de ayuda. —Las finas líneas alrededor de su boca se tensaron.

—¿Qué dices? —Se separó enderezándose para mirarlo— Tú has sido de ayuda, estuviste en el Bosque Negro.

—Sí, pero quisiera estar en un escuadrón patrullando alguna zona, buscando pistas… —exteriorizó sintiéndose realmente frustrado y atrapado en esas cuatro paredes.

—Harry estoy segura de que Sirius no quiere dejarte fuera, a pesar de la negativa de Kingsley de que participes él te ha llevado y la verdad sólo quiere protegerte.

Dejó escapar el aire de sus pulmones impacientado. Hermione acarició su mejilla, buscando calmarlo, en verdad lo entendía, ella no era ajena a lo que sucedía pero sin duda era más paciente y prudente que su novio.

—Aguarda a mañana y habla nuevamente con Sirius, él te pidió que esperaras a que estuvieras recuperado, eso ya sucedió pero no esperes que si acepta te deje solo, yo iré contigo, también voy a ayudar —Observó el gesto de desacuerdo que comenzaba a formarse en el rostro de su novio— y ni siquiera pienses en decirme que no puedo.

Él sabía que su sobrevivencia en la batalla contra Voldemort buena parte se la debía a esa chica, así que no podía oponerse, Hermione era la bruja más capaz que conocía, sabía que ella podría salir de cualquier situación, pero él sólo pensar que pudiera ocurrirle algo le causaba una oleada de dolor.

No pudo evitar recordar el momento en el que ella fue torturada por Bellatrix, sus gritos, la desesperación que sintió con cada segundo que pasaba. Cerró sus ojos con fuerza tratando de alejar aquel terrible momento. Se quitó los lentes, sobando sus parpados, inspiró lentamente recordándose que eso era pasado y que ahora se encontraba ahí con ella y eso era lo más importante.

—¿Estás bien?

La suave voz de Hermione penetró en su cabeza trayéndolo de regresó de aquellos horribles recuerdos, se colocó sus lentes. Él asintió sonriéndole de forma tranquilizadora, la envolvió en sus brazos haciendo que ambos se recostaran a lo largo del sillón.

—Bien, pero estaremos juntos.

Ella esbozó una suave sonrisa. —No me gustaría que fuera de otra forma, alguien tiene que evitar que hagas locuras.

Él rió ligeramente antes de presionar sus labios contra los de ella, Hermione aceptó gustosa el beso, acarició su rostro atrayéndolo aún más, abrió sus labios para él, permitiendo que sus lenguas se acariciaran inundándolos de distintas sensaciones. Harry dejó que su espalda chocara contra el asiento del sillón dejando que ella se recostara encima, en una posición más cómoda que la anterior, dándole la oportunidad de mover sus manos, recorrió su figura cubierta por su abrigo.

Entre besos buscó deshacerse de esa estorbosa prenda, Hermione se alzó un poco dejando que él desabrochara los botones, ella se separó con la respiración entre cortada, el color carmesí se elevaba a lo largo de sus mejillas. Con algo de torpeza logró sacarse el abrigo dejándolo caer en la mullida alfombra, él la atrajo nuevamente recibiendo su boca, ansioso de seguir besándola.

Hermione se removió sobre el cuerpo de él, logrando que él dejara escapar un sonido ronco, sus respiraciones se adivinaban en una sola. Sus miradas se encontraron llenas de sentimientos, pasión y deseo. Él se enderezó dejándola sentada de horcajadas sobre él, se quitó su suéter de un solo movimiento, le recorrió el rostro con su mirada, su expresión era una mezcla de dulzura y pasión, sin duda una imagen que lo dejaba hechizado, más al saberse el causante de eso.

Se acercó succionando el labio inferior de Hermione, haciéndola gemir suavemente, encendiendo el deseo con gran fuerza dentro de él, repitió la acción logrando que ella se deshiciera en sus brazos, no esperó más y fundió sus labios en un tórrido beso.

Hermione se aferró a los hombros de Harry sintiendo una marea de sensaciones atravesarla, sus caderas se friccionaron haciendo que ambos se sacudieran por la inesperada embestida de placer.

El calor subió por sus cuerpos con demasiada rapidez nublando sus pensamientos, las manos de él exploraban sobre la ropa de Hermione, las suaves curvas que se escondían debajo.

La habitación se llenó con sus respiraciones agitadas y jadeos, Hermione liquida entre sus brazos disfrutaba de las atenciones que él le daba, sintiéndose tan cerca de tocar el cielo. Sus bocas se separaron permitiéndoles un respiro, pero él no dejó de besar su piel, trazó un caminó por su barbilla bajando lentamente por su garganta, logrando que ella dejara ir su cabeza hacia atrás facilitándole el acceso y mientras sus labios se encargaban de darle ese placer, sus manos descendieron a su trasero, presionándolo contra su incipiente erección resguardada en sus pantalones. Ambos gimieron superados por la ardiente sensación.

Su encuentro terminó cuando escucharon un estrepitoso sonido, asustados se separaron buscando de dónde provenía, notando una charola de plata en suelo junto con los restos de unas tazas de chocolates y unos aperitivos.

—¡Smigol sentir interrumpir!—Se cubrió sus ojos con sus huesudas manos— ¡Ser un torpe!

—No te preocupes, por qué no recoges eso y nos traes unas tazas nuevas —exclamó Hermione con la voz ligeramente entrecortada, estaba sonrojada hasta las raíces. No deseaba que el elfo se autocastigara.

El elfo asintió con unos simples hechizos el piso quedó reluciente, la criatura desapareció logrando que Hermione regresara su atención a Harry, que no se encontraba en mejor estado que ella.

—Recuérdame que cuando Sirius diga que tenemos la casa para nosotros solos, eso incluya el día libre para los elfos —comentó abochornado sin saber qué más decir. Literalmente los habían atrapado infraganti.

Hermione dibujó una suave sonrisa, no menos apenada que él, estaba por liberarlo de su peso pero él la retuvo, dándole un pequeño beso en su nariz ya que si la besaba nuevamente en la boca, los ánimos volverían a caldearse y no era buen momento, con elfo a punto de volver y ellos teniendo que apurándose para después ir a la Madriguera, ya llegaría su momento.

—Eso fue… —Ni siquiera encontraba un calificativo adecuado.

Ella bajó su mirada, sintiendo su rostro arder nuevamente. —A mi también me gusto.

Compartieron una sonrisa cómplice, sabiendo que ese no sería su último encuentro pasional si uno de los muchos que tendrían de ahora en adelante.

*º*º*º

Ginny corrió por los pasillos llenos de cuadros de los ancestros de los Malfoy, descendió la escalinata y cuando estaba cerca de alcanzar el hall, una elegante mujer se posó frente a ella, logrando detenerla. Sin duda se trataba de la madre del hurón: Narcissa Malfoy.

—Pansy, que gusto verte.

Se quedó helada frente a la mujer, más pálida que nunca con el corazón martillando contra sus costillas. A punto de entrar en crisis nerviosa, miró sobre su hombro las escaleras temiendo que en cualquier momento apareciera Draco.

Tragó en seco, regresó su mirada a la mujer que la miraba con ligera preocupación.

—¿Estás bien? Estas algo agitada —comentó acercándose a ella, tocando su mejilla haciéndola envararse, ni siquiera se atrevió a parpadear—, tuviste otra pelea con Draco —asumió ondulando sus labios en una estética sonrisa—. Vamos a la sala, un taza de té te caerá bien.

—Eh… yo… —Apenas logró decir, pero la mujer no prestó atención a sus balbuceos. La llevó hasta la sala, haciendo que se sentara en un cómodo sillón frente a la chimenea.

—Sólo dale tiempo a mi hijo, seguro se reconcilian—dijo suavemente, la llegada del servicio le impidió decir cualquier cosa a Ginny, sólo pudo recibir la fina taza de cerámica entre sus manos.

El elfo se desapareció tan rápido como había llegado dejándolas nuevamente solas.

«No tengo tiempo para esto, debo salir ya de aquí.»

—Tú sabes que los últimos meses no han sido sencillos para él, necesita a sus amigos apoyándolo.

Ginny desconcertada, apartó sus pensamientos de su huida concentrándose en la mujer frente a ella.

—Finge ser fuerte, pero la situación lo esta superando —reconoció con dolor—. Él se niega a hablar con nosotros de lo que sucedió en la batalla, evita a toda costa el tema, pero sus pesadillas…

—Madre… —La voz severa de Draco le impidió que siguiera.

Tanto Narcissa como Pansy miraron hacia la entrada, ambas con distintas emociones reflejadas en sus rostros.

—¿Me permites hablar a solas con Pansy?

Ginny miró asustada a la mujer, estaría perdida si se quedaba a solas con él.

—Yo me tengo que ir, mis padres deben estar buscándome —argumentó levantándose velozmente dejando la taza en la mesa de centro, avanzando hacia la salida.

—Draco, puedes hablar con ella más tarde.

—No, va a ser ahora —indicó tomándola del brazo, sacándola de la sala y llevándola a otra habitación que resulto ser un despacho.

—Suéltame —gruñó jaloneándose.

Él la soltó bruscamente aventándola en el proceso contra el gran escritorio, Ginny dejó escapar un débil quejido, mirándolo rabiosa.

—¿Con qué Pansy eh, pobretona? —externó molestó apuntándole con la varita.

—¿Qué es lo que quieres? —respondió con varita en mano.

—Eso es mío y no vas a salir de aquí sin que me la devuelvas.

—¡En tu sueños, es mi varita!

—Te daré una lección que no olvidaras, así aprenderás a no meterte a las casas ajenas y a robar… ¡Depul…!

¡Desma…! —Su hechizo nunca abandonó su varita debido a que la voz de Narcissa aumentada por un hechizo retumbó en el lugar.

—¡Draco Lucius Malfoy! ¡Sal de ahí ahora mismo!

—¡Diablos! —bramó furioso, bajó su varita pero Ginny en ningún momento lo hizo, lo siguió con su mirada alerta por cualquier ataque—. Escucha, si quieres salir de aquí más vale que cooperes conmigo o diré quién eres.

—No me importa.

—¿Quieres salir de aquí, no?

Ginny asintió más a fuerzas que de ganas con los labios apretados al tiempo que la puerta se abría gracias al Alohomora. Draco pasó su mano por la cintura de la chica atrayéndola.

—¿Qué esta pasando?

—Sólo estábamos arreglando nuestros desacuerdos, madre.

La señora Malfoy dirigió su mirada hacía Pansy, esperando que ella corrobora eso.

—Sí, así es —pronunció entre dientes con una sonrisa forzada.

—Escoltare a Pansy hasta la verja tiene un carruaje esperando por ella —anunció Draco sonando lo suficientemente confiado.

—Nos vemos más tarde, querida.

Pansy sólo asintió mientras caminaba con Draco pegado a ella, hacia la salida de la mansión.

—¡Déjame! —Se alejó de él en cuanto la puerta de entrada se cerró.

—Ya que soy tan noble para dejarte ir con algo que me pertenece, me cobrare de otra forma —masculló malicioso—. Ahora vete.

Ginevra lo miró con ojos de desconfianza, pero no dudo ni un momento en irse cuidando de su espalda, no fue hasta que llegó a la verja que se sintió a salvo, a lo lejos podía percibir la figura de Draco mirándola con esos ojos que parecían ser plata liquida. Sin querer desperdiciar ni un minuto más ahí, salió corriendo hacia donde Luna la esperaba.

«¿Neville?».

—Si no le hablas ahora, entrare por ella —exclamó Longbottom.

—Espera un poco más.

—¡Estoy aquí! —gritó deteniéndose colocando sus manos sobre sus rodillas tratando de recuperar el aliento.

—¡Por las barbas de Merlín, Ginny! ¿En qué estabas pensando?

—Estoy bien —comentó como si eso lo solucionara todo— ¡y tengo mi varita de regreso!

Luna le sonrió ampliamente, descansando al fin. Ante la mirada de incredulidad y molestia de Neville.

*º*º*º

Más tarde en la Madriguera, Ronald se encontraba en su cama, con el amuleto que le había dado Luna pensando en las palabras de Neville, y por supuesto en la pronta llegada de los tortolitos.

—¿No piensas salir de tu cuarto? —preguntó Bill, asomando su cabeza pelirroja por la puerta.

Todo era un remolino de pensamientos, de sentimientos, no lograba un equilibrio. Tal vez Neville tenía razón y él no estaba viendo más allá de sí mismo.

—¿Ya llegaron?

—Sí —Entró cerrando la puerta—. ¿Te quedarás aquí?

—¿Podría? —Enarcó su ceja, con gesto abatido.

—Nuestra madre no te dejaría —denegó Bill—. Vamos Ron no será tan malo, ellos son tus amigos.

Ronald se sentó en la cama exhalando largamente, miró el amuleto aferrándose a él, como esperando obtener un poco de fuerza. —Bien.

—Es la decisión correcta—palmeó su espalda—. Te veré abajo.

Lo observó salir, preparándose mentalmente para enfrentar lo que lo esperaba en la sala, seguro ellos serían todos sonrisas, besos, abrazos y toda clase de cosas románticas, que él siempre soñó tener con Hermione y que su amigo le había arrebatado quitándole la felicidad.

Eso era lo que había estado pensando por día, pero también era injusto no ver el otro lado. Hermione después de todo era la que había tomado la decisión final y era cierto que él tuvo su tiempo para intentarlo y que las cosas siguieron su curso desembocando en un resultado claro: nunca hubo un Ron y Hermione, siempre fue un Harry y Hermione, ellos siempre habían tenido esa conexión especial, esas conversaciones silenciosas, esos abrazos, esas miradas.

Tal vez era sólo que él no quería verlo al igual que Ginny.

Y tenían razón él no podía culparlos por siempre por intentar ser felices, sería muy injusto. Él no quería ser el villano de esa historia, se suponía que eran amigos, el trío de oro.

Aún no tenía claro cómo enfrentaría eso, pero ahora sabía que podría vivir con eso sólo que necesitaba tiempo para terminar de asimilarlo y para perdonar.

*º*º*º

Harry sonrió al ser recibido casi como siempre, por un momento había pensado que no sería así. —Bienvenido Harry. —La mujer no dejaba de abrazarlo, asfixiándolo ligeramente mientras que con Hermione apenas y había compartido un frío gesto.

—Gracias —dijo cuando Molly lo dejó ir.

Mione no le guardaba rencor a la mujer por lo que hacía, al fin y al cabo era la madre de los dos pelirrojos que de alguna forma había pagado los platos rotos, pero eso no quería decir que le agradara lo que sucedía.

Saludó al resto de los Weasley siendo bien recibida, incluso Arthur la había tratado cálidamente, lo cual la reconfortó aunque aún faltaban Ron y Ginny. El miedo y la angustia seguían dentro de su corazón, su ausencia sólo alargaba su tormento.

—Vamos siéntense, ¿cómo has estado querido?

—Bien —respondió echando de menos sentir a Hermione cerca. La buscó con la mirada encontrándola platicando con Charlie.

—Supe que estuviste en la captura de un grupo de magos oscuros —comentó Bill, atrayendo la atención de Harry.

—Sí, estuve con Sirius.

—Que irresponsabilidad llevarte a esa pelea —se quejó Molly colocando unos pasteles de maleza en la mesa de centro.

—Yo quise ir —aclaró, no quería que surgieran malos entendidos entre la mujer y su padrino.

—Tengo entendido que el cabecilla sigue suelto —mencionó Arthur.

—El cuerpo de aurores esta trabajando en encontrarlo...

Ron descendió los escalones con las manos en los bolsillos, a la primera que vio fue a Hermione, su corazón dio un brincó espantoso. Tragó en seco al encontrar su mirada, se quedó paralizado como si hubiera sido presó de un Petrificus. Ella sólo pudo mirarlo expectante de algún gesto que le indicara como proceder, sintiendo el paso de los segundos como una larga carga.

—Vamos Ron, acércate —pidió Charlie, alargando su brazo hacia él.

Harry detuvo su plática al ver a su amigo, pero más aún al notar el encuentro inevitable con su novia, en ese momento deseó ir a su lado, pero su lado prudente lo mantuvo con el trasero pegado al sillón.

—H-hola —murmuró Hermione.

—Hola—respondió él en un balbuceó con el estómago encogido.

Harry pudo volver a respirar, la tensión en la habitación disminuyó. Una diminuta sonrisa se acunó en los labios de su novia, tranquilizándolo dándole la esperanza de que quizás podría recuperar su amistad con Ron.

—Es hora de poner el ambiente, George la música —pidió su gemelo con una sonrisa.

—¿Dónde estará esa niña? Ya casi es hora de la cena —farfulló Molly mirando el reloj con cucharas, que en ese momento se movió indicando que su hija acaba de llegar a su casa.

—¡Ya llegue! —informó Ginny sacudiéndose la nieve, siendo precedida por Xenophilus y Luna.

—Jovencita hablaremos después —indicó su madre, para después mirar a la familia Lovegood con un gesto más amable—. Adelante, sean bienvenidos.

—Sí mamá —respondió cansina y en ese momento se dio cuenta de que su gran amor se encontraba ahí. Ni siquiera pudo describir la sensación que la atravesó, el corazón le latía tan rápido que creyó que caería desfallecida en la mullida alfombra.

Sin detenerse a pensar caminó hasta él, tirándose a sus brazos. —Harry…

El susodicho apenas y logró reaccionar tomándola del talle, para no ceder a su peso y terminar escurridos en el sillón, o más bien con ella en su regazó. De inmediato buscó a su novia, encontrando en sus ojos un sentimiento que no pudo describir.

—Hola Ginny —respondió tratando de se cortes, la alejó delicadamente a pesar de que ella se aferraba con sus manos a su cuello. Sintiendo varios pares de ojos sobre ellos, esto era realmente incomodo.

—Te extrañe tanto —susurró tocando su rostro, logrando que él se tensara.

—Harry Potter —pronunció Xenophilus, acercándose a ellos.

Él agradeció la intervención, apartó de una buena vez a su ex levantándose para estrechar la mano del hombre y después concentrarse en Luna.

Ron observó a detalle la reacción de su amiga al ver a su hermana con Harry, la sombra que atravesó sus ojos no mentía, por un momento se sintió más miserable que antes más al ver como su amigo la buscaba, claramente incomodó con lo que sucedía.

La realidad lo golpeaba con crueldad, no podía cegarse ante lo que sus amigos sentían. Abatido apartó la mirada, topándose con dos pares de ojos azules que lo miraban curiosos.

—Luna —murmuró, sintiendo un pequeño retorcijón en su pansa. Su última plática no había sido precisamente la mejor, y en verdad quería conversar con ella preguntarle todas sus dudas que habían sido sembradas por Neville.

Poco después percibió como Luna acaparaba la atención de Harry evitando que Ginny nuevamente se acercara, mientras sus hermanos se encargaban de ella.

*º*º*º

En la Gala de fin de año, Sirius entró al lugar envestido con un elegante traje negro, atrayendo la atención de varias mujeres que no dudaron en coquetearle, pero él ni siquiera alimentó el ímpetu de aquellas damas como lo hubiera hecho en otras ocasiones, en ese momento sólo quería encontrar a Yannel y hablar con ella, sabía que se encontraba ahí no sólo acompañando a su familia si no por ordenes suyas, gran parte de los escuadrones de aurores se encontraban custodiando la seguridad de tal evento.

Avanzó entre las mesas, saludando a un par de personas, entre ellas al Ministro de magia.

—Agradezco que estés aquí —indicó Kingsley.

—Sabes que sólo puedo estar un rato, me esperan a cenar —profirió con una media sonrisa.

—Valoro el que estés aquí incluso en estas fechas.

—Es mi trabajo y lo hago con gusto.

El hombre de color sonrió mostrando su dentadura. —Debo atender a más personas, hablaremos después, dales mis saludos a todos.

—Lo haré, gracias.

Continuó caminando en busca de la silueta de Yannel, pero parecía que ella había decidido no aparecer o dos estaba claramente evitándolo. A lo lejos observó a los Malfoy sentarse en una mesa con otras familias de conocidos, ya que ahora no podían darse el lujo de escoger ahora sus compañías, la mayoría de su circulo social los habían excluido después de que se ventilara su participación en la guerra.

—Todo en orden, jefe —informó uno de sus hombres, llegando hasta él.

—¿Todo esta cubierto? —cuestionó concentrarse en su prioridad.

—Así es.

—Bien, ¿sabe dónde se encuentra Cornwell?

—Por allá en la mesa de los Lear, ahí es donde se esta su familia.

Sirius desvió su mirada hacia donde el hombre le indicó, notando a su ex novia al lado de Krutov, su expresión se volvió grave. Siguió su camino hacia la mesa, sin detenerse con un pensamiento fijo en la mente.

—Buenas noches —saludó galantemente como el buen caballero ingles que era—, ¿podemos hablar? —pidió inclinándose ligeramente hacia Yan.

Ella apenas y lo miró, sintiendo la presión de las personas con las que estaba reunida, finalmente asintió, no quería armar un lío ahí. —En un momento regreso.

—¿Se trata de algún tema del Departamento? —cuestionó Krutov deteniéndolos.

—No, es personal —respondió de mala talante el Merodeador, notando como su subordinado se tensaba mirándolo con severidad.

—Ahora vuelvo, Nigel —indicó ella tratando de calmar los humos.

Caminó con Sirius lejos de las mesas, quedándose cerca de la pista. —¿Qué es lo que quieres?

—Necesitamos terminar la platica de esta mañana, yo no…

—Tú dejaste claro que no querías estar más conmigo, no veo qué más tengas que decir —acotó sin mirarlo, haciéndose la fuerte.

—Las cosas no son así, yo te dije eso porque… —De repente las luces se atenuaron, dejando sólo una intensa que caía sobre Kingsley.

—Buenas noches —declaró el Ministro atrayendo la atención de los presentes—, es un placer para mi darles la bienvenida a esta Gala de fin de año en beneficio de los damnificados que dejó la última batalla. Agradezco su colaboración y sus donativos…

Inesperadamente los pedazos de una pared lateral del salón salieron despedidos cayendo sobre las mesas, golpeando personas. Los gritos no se hicieron esperar mucho menos cuando un grupo de hombres envestidos con túnicas negras y mascaras que delataban su identidad aparecieron disparando toda clase maldiciones.

La histeria se disparó todo el mundo comenzó a correr, buscando una salida. Los aurores lograron proteger al Ministro, sin duda el primer blanco de los mortifagos.

—¡Rayos! —Sirius sacó su varita, disparando hechizos de protección— ¡Todos al suelo!

*º*º*º

La reunión seguía su curso, los gemelos hacían de las suyas divirtiéndose con sus bromas, su primera victima había sido Percy, el cual les había dado un fuerte sermón del que por supuesto no habían captado casi nada, finalmente Charlie había calmado el asunto y su estirado hermano había tenido que aceptar que había sido divertido.

Hermione y Harry habían estado apartados, debido a distintas causas, además de que habían acordado no tener demasiado contacto amoroso por Ginny y Ron, querían facilitarles las cosas en lo que fuera posible, no querían que pensaran que iban a su casa a restregarles su relación.

Mione se apartó de la cálida conversación que se llevaba acabo en la sala, tomó valor y caminó hacia donde se encontraba su amigo, cerca de la mesa de comida y aparatado del ambiente festivo.

—Ron yo… —Ni siquiera sabía qué decirle— …lo siento.

Él apenas y la miró, su cuerpo delataba a gritos lo tenso que se encontraba. —¿Eres feliz?

Ella voceó afligida por su pregunta, no quería responder algo que pudiera herirlo más, pero tampoco quería mentirle. —Sí.

Cerró sus ojos por un momento, como si estuviera tragándose su dolor y su orgullo.

—Ron creo que hay unos sadpaths volando nuevamente a tu alrededor —expuso Luna, colocando su mano en su brazo, como si deseara apartarlo de aquellas criaturas imaginarias.

—¿Qué? —preguntó desconcertado.

Hermione enarcó una ceja pasando su mirada por la cabeza pelirroja en busca de dichas criaturas. Sin duda la llegada de Lunita había sido como un bocado de aire fresco para ambos, permitiéndoles bajar su defensa y relajarse un poco.

En tanto Harry seguía enfrascado en una plática con los pelirrojos patriarcas, aunque de vez en cuando miraba a su novia y a su exnovia que no había dejado de mirarlo, eso sin duda comenzaba a alterarlo, cuanto antes hablara con ella mejor sería. No quería tener problemas con Hermione y tampoco deseaba prolongar lo inevitable.

Observó como su novia se aparataba y caminaba hacia donde se encontraba Ron, con el cual había compartido un gesto como saludo, sin duda más de lo que Harry esperaba, tenía la esperanza de que pronto todo se arreglara entre ellos.

Sabía que debería dejar que ellos dos hablaran antes de intervenir, así que no hizo nada por acercarse a pesar de que sentía la necesitad de apoyarla en ese momento, pero aún así se disculpó y se dirigió al servicio.

Pocos minutos después salió, había notado la hora cuando se encontraba lavando sus manos. Se suponía que Sirius ya debería haber llegado, se dijo así mismo que no debía preocuparse seguramente estaba retrasado o se encontraba con Yannel o tal vez había pasado a St. Mungo a ver a Remus y Tonks.

Estaba por volver a la sala cuando unos delgados brazos lo jalaron hacia un rincón, él de inmediato reconoció de quién se trataba.

—Ginny…

La pelirroja cortó la distancia entre ellos. —Dime qué no es verdad qué me has dejado de querer —pidió con sus manos aún unidas.

Él dio un paso hacia atrás tropezando con la mesa que se encontraba ahí, el jarrón se movió y él apenas lo alcanzó a agarrar impidiendo que se cayera.

—Escucha, yo…

—Nos amábamos —expresó con los ojos humedecidos, abogando a sus recuerdos de su pasada relación.

Harry sintió que su estómago se retorcía con culpabilidad, odiaba ver llorar a las mujeres.

—Ginny no sé que ocurrió, pero yo ya no…

—¡Se que no es verdad! —gritoneó herida, percatándose por encima del hombro de él la figura de Hermione acercándose, seguramente buscándolo o dirigiéndose al baño. No lo dudo, no lo pensó dos veces sólo actuó por instinto—. Y te lo voy a demostrar —añadió planteándole un beso frente a los ojos perplejos de Hermione.

Él buscó apartarla de inmediato colocando sus manos en sus hombros, cuando lo hizo notó que ella no lo miraba a él, ladeó su rostro encontrándose con su novia, su corazón se detuvo por el lapso de un segundo.

—Hermione…

Ella ni siquiera se movió parecía tener los pies clavados al suelo, mirando aquella terrible escena, sin saber qué pensar realmente.

—¡Ha habido un ataque en la Gala de fin de año!

El grito atrajo la atención de los tres, Harry se abalanzó hacia la sala con el terror cubriendo su mirada. Miles de pensamientos cruzaron su mente y ninguno se quedó en ella, más que la imagen de su padrino, un horrible escalofrío lo recorrió, tenía un terrible presentimiento.

*º*º*º

Continuará…

*º*º*º

*El termostato del cuerpo humano es el hipotálamo (una región del cerebro). En presencia de pirógenos (sustancias producidas bien por algunos tejidos endógenos o bien por los agentes patógenos exógenos), transportados por la sangre desde los lugares del cuerpo con problemas, se activa y ordena al cuerpo que genere más calor y lo conserve, aumentando para ello el metabolismo, con lo que el flujo sanguíneo periférico aumenta y aparece la fiebre. La fiebre, conocida como temperatura o calentura, es un aumento en la temperatura corporal por encima de lo que se considera normal. La temperatura normal del cuerpo humano oscila entre 35 y 37.5 °C.