Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Problemas en el paraíso.

Algunos días habían pasado, las investigaciones sobre el secuestro de personas seguían su curso. El Ministerio no había cedido a las presiones de negociar con los criminales, a pesar del malestar y dolor que esto les causaba a los familiares.

Las esperanzas de salvar a los magos y brujas de las garras de esos malhechores seguían siendo altas a pesar del tiempo transcurrido.

Harry había seguido colaborando con el Departamento de Aurores al igual que Hermione y otros grupos de hombres que habían combatido en la resistencia, incluidos la familia Weasley.

La relación entre el trío dorado había mejorado, pero estaba lejos de volver a ser lo que había sido en el pasado.

El reinicio de clases estaba muy cerca por lo que verse a diario sería inevitable, tal vez de ello resultara algo positivo aunque Ron no regresara a Grimmauld.

Hermione se encontraba en la sala realizando unos deberes, con todo lo que había pasado se había atrasado con ellos. Harry había salido desde temprano hacia el Ministerio, le había prometido volver para el almuerzo, pero para ese momento ya se encontraba retrasado.

Lo más seguro es que se encontrarían en St. Mungo, pues esa tarde daban de alta al quejumbroso y alborotador Merodeador, al cual ya no toleraban los sanadores ni mucho menos a las enfermeras; aunque eso no quería decir que no estuviera molesta o más bien preocupada, pues él bien podría haberle hecho llegar ya un mensaje. Suspiró y miró nuevamente el reloj en su muñeca, apenas habían pasado unos segundos desde la última vez que lo había visto.

—Tengo que concentrarme, él seguramente está bien y yo debo terminar esto —se dijo así misma, se reacomodó dispuesta a seguir con sus tareas.

—Ama, llego esto para usted —anunció el elfo, entregándole un puñado de sobres entre los que estaba un ejemplar de Corazón de Bruja con una enorme foto de Harry y ella entrando al hospital.

Resopló molesta, desde que habían ido al Baile no dejaban de salir artículos tontos sobre ellos, especulando toda clase de cosas. No pudo evitar pensar en cuarto año durante el Torneo de los Tres Magos cuando Rita Skeeter los pusiera en el ojo del huracán con sus confesiones.

Secretamente había deseado que la idea sensibilizara a Harry y lo hiciera pensar en la posibilidad de que ellos fueran más que amigos, pero eso no había sucedido. En ese entones él no había tenido ojos para otra que no fuera Cho Chang.

Arrugó su cara en una fea mueca de sólo recordar a la asiática y la forma en que había sufrido en silencio mientras su amigo había estado interesado en ella. Tal vez lo único que le agradaba era que Cho había sentido celos de su amistad con él, lo cual la había hecho recordar la plática que habían tenido hacia unos días, donde él le confesó que quizás siempre había sentido algo por ella.

El corazón le revoloteó en el pecho, su sueño se estaba haciendo realidad, por fin era tangible. Dejó escapar el aire que habían contenido sus pulmones, las comisuras de sus labios se alzaron ligeramente en una sonrisa boba.

Regresó su atención a la correspondencia, separándola por el destinatario, sorprendiéndose al encontrar una carta de Viktor y una de Oliver; debían habérsela mandado mientras ella estaba en el Ministerio o en St. Mungo de ahí que las lechuzas no hubieran ido hasta ella.

Ahora recordaba que había quedado de salir con Oliver y que Viktor estaría una temporada en Londres.

—Ya veo que te tiene tan entretenida —manifestó Harry parado detrás de ella, con los ojos clavados en las misivas.

—Harry —Dejó caer las cartas y se levantó para recibirlo. Se veía cansado y era lógico, esas noches apenas había dormido, estaba teniendo nuevamente pesadillas y aún no encontraba la forma de abordar el tema, cada vez que trataba él simplemente la zanjaba—. ¿Aún nada?

—No, las pistas que hemos obtenido no parecen conducirnos a nada —exclamó desalentado, dejándose escurrir en el sillón al sentarse.

—Es como si se los hubiera tragado la tierra —aseguró mortificada.

—Pero así estén en el mismísimo limbo los vamos a encontrar —exclamó con firmeza, siendo interrumpido por el sonido de su estómago.

—Iré a ver que sirvan el almuerzo —comentó sonriéndole.

Harry la observó partir no tenía intenciones de levantarse hasta que ella lo llamara, pero la curiosidad se hizo presente. Se incorporó y anduvo hasta el escritorio las dos cartas de los magos que la pretendían estaban ahí.

Una sensación de molestia se instaló en su pecho. Vaya insistencia de esos dos, sabía que Hermione era su amiga pero ellos no querían esa clase de cariño, aspiraban a algo más y eso le caía como piedra en el estómago.

Celos, era la palabra que describía con exactitud su sentir, pues sabía que ella pasaría tiempo con ellos.

No tendría que sentirse así, era absurdo. Él estaba seguro de los sentimientos de Hermione y ni siquiera debería estar dándole vueltas a eso. No estaba pensando con claridad, probablemente por la falta de sueño aunado al estrés por el que estaba pasando, habían sido días difíciles.

Se llevó una mano a su frente, cerró sus ojos por un momento. Un sonido proveniente de la chimenea, lo obligó girarse.

—Eh... hola —saludó Ron, sacudiéndose las cenizas.

—Hola... —murmuró desconcertado por su presencia, él no había estado en la mansión desde lo que había ocurrido entre ellos y no deseaba pensar que ahora sólo regresaba por sus cosas.

—La comida está servida —Su tono fue perdiendo potencia al ver a su amigo—. Ron.

—Yo... sólo necesito algo que está en mi cuarto —anunció después de unos tensos segundos.

—¿Quieres almorzar con nosotros? —preguntó Hermione.

—No, yo...

—Acompáñanos —pidió Harry.

Ron pasó su mirada de uno a otro, era tan confuso lo que sentía por ellos, por momentos sólo quería alejarse y no volver a verlos.

«Son tus amigos.»

La cantarina voz de Luna sonó tan clara para él, como si estuviera ahí a su lado.

*º*º*º

Lunita se encontraba meciéndose de adelante hacia atrás afuera de las Tres Escobas, comenzó a tararear un villancico que cantaban a unos metros de distancia de ella. Ron la observó desde lejos, iba tarde y lo sabía, pero aún así se detuvo. Ella lucía inofensiva y extraña, con su cabello rubio suelto y enredado de algunas puntas, una diadema mantenía despejado su curioso rostro. Sus ojos brillaban con esa chispa especial que sólo podía ser de ella.

Algunos chicos ex Ravenclaw pasaron a su lado, entre ellos Michael Corner, pero únicamente Eddie Carmichael le brindó un tímido saludo que ella respondió con una gran sonrisa, deseándole un feliz año.

Así era Luna, tenía un carácter envidiable y una forma de ver la vida que ya quisiera tener él en esos tiempos, porque ahora no se consideraba la persona más feliz, ni animada. Retomó su paso, estaba por llegar con ella cuando fue interceptado por un grupo de chicas que aún se encontraban en Hogwarts y eran visiblemente influenciables por las publicaciones de las revistas del corazón donde él había estado.

Nunca la fama le había parecido tan desquiciante como en esos días, no era la clase de atención que deseaba tener, no cuando todo giraba alrededor de su vida amorosa. Incluso habían colocado fotos suyas de cuando había sido novio de Lavender y alguna clandestina del día del Baile en cuarto año.

Su madre sin duda estaba molesta, aunque la había visto guardar las revistas y las bromas por parte de sus hermanos no paraban. Las chicas por fin de unos minutos se fueron, despidiéndose de él con sus sonrisas excesivas, mandándole besos.

Bochornoso.

No podía ser un icono de la Segunda Guerra Mágica y esperar no pagar el precio. Ahora en serio comprendía porque Harry detestaba a veces tanta atención.

Retomó su paso, con una disculpa implícita en la expresión de su rostro, llegó hasta Luna que lo miraba divertida.

No quería hacerte esperar, pero…

No te preocupes.

¿Tengo algo en la cara? —cuestionó al ver que ella no apartaba la mirada de sus mejillas y sus labios se arrugaban como si estuviera conteniendo una risa.

Tienes besos pintados.

¿Qué? —Se llevó una mano al rostro, eso había sido el resultado de su encuentro con esas odiosas chicas, no sólo lo habían babeado si no que lo habían marcado. Se talló con irritación.

Toma —dijo sacando un pañuelo de papel de su bolsa.

Eh, gracias.

¿Quieres qué entremos? —cuestionó señalando la puerta del local.

No sé, ¿quieres otro lugar? —dijo echando hacia el frente sus hombros al hundir sus manos en los bolsillos de su pantalón—. El que te agrade estará bien para mí.

Lo tengo, ya sé a dónde quiero ir… —Lo tomó de la mano sin aviso y lo jaló encaminándose con paso saltarín a una tienda.

¿Honeydukes? —preguntó un tanto desconcertado.

¿No quieres entrar?

Sí, si es lo que quieres.

El lugar estaba lleno de pequeños, Ron abrió el paso para Luna.

¿Quieres ranas de chocolate? —preguntó con una sonrisa, él asintió aún sin entender porqué había escogido aquel lugar—. Si quieres puedes ayudarme a buscar otros dulces.

Ron anduvo de un lado a otro, tomando uno que otro dulce, ya comenzaba a hacérsele agua la boca. Se unió a Luna para pagar, observando el pequeño cargamento de golosinas, no podía pensar que ella se comiera todo eso, estaba conociendo facetas de su amiga que no había imaginado, quién pensaría que tenía una debilidad por lo dulce. Él colocó lo que llevaba sobre el mostrador.

La vio revolver el interior de la pequeña bolsa que llevaba, seguramente buscando dinero.

Eh… Luna, yo pagaré. ¿Recuerdas que dije que invitaría? —espetó, tomando su mano para evitar que siguiera buscando dinero.

Tendrán todo un festín.

Schhh acaba de revelar mi plan —susurró Luna con una sonrisilla, ladeando sus ojos hacía el pelirrojo.

Oh… por mi desliz les daré un pequeño descuento —concedió la mujer.

Gracias, es muy amable.

Salieron del lugar, resintiendo un poco el frío tiempo.

Entonces, ¿dónde tendremos un festín?

Por allá, la señora Kipss debe ser experta en Legemerancia.

¿Crees? —cuestionó incrédulo, siguiéndole el juego.

Tal vez por eso sabe que dulces inventar, lee la mente de los niños —Hizo un gesto de concentración para después sonreír—. Sería un gran artículo para El Quisquilloso.

Nunca lo había pensado así, supongo que puede tener algo de cierto, aunque pensar que alguna vez la señora Kipss entró a mi mente me revuelve el estómago.

¿No pensabas en dulces?

Mmm… —La cara de Ron se volvió roja— la mayor parte del tiempo, pero a veces pensaba en otras cosas —contestó apresurado, deseando cambiar la dirección de su conversación fue entonces que se percató que se dirigían a la salida del pueblo—. ¿A dónde vamos?

A la Casa de los gritos —dijo con soltura.

Ron la miró con los ojos desorbitados. —¿Ahí?

Quiero tomarle unas fotos.

Eh…

¿Te da miedo?

No —denegó rotundo—, por favor sólo es una vieja casa.

Eso creí.

Anduvieron hasta el lugar, cruzaron las viejas vallas que rodeaban el terreno. Ron no pudo evitar pensar en aquella vez que había estado en aquel lugar cuando Sirius Black había aparecido, lesionándolo.

Estás serio, ¿no esperabas esto?

No, no es eso… —La ayudó a pasar por un espacio medio abierto entre las tablas rotas. Una nube de polvo se levantó impidiéndoles ver con claridad, haciendo que tosieran ligeramente—. Vamos por acá —indicó, al observar que parecía más sólido y menos escabroso y sucio.

Luna limpió con un hechizo un sillón algo mullido que con suerte era servible de momento, colocó una pequeña manta que sacó de su bolso, para después colocar el montón de dulces sobre un pañuelo.

Se sentó con los pies cruzados, señalándole a Ron el lugar frente a ella. Abrió el paquete de Grageas, tomó una y se la ofreció. Él abrió la boca para ella ligeramente incómodo.

¿De qué sabor te tocó?

Café, hay que tener cuidado con ellas, no queremos comer una moco o algo parecido —le dijo mirándolas con desconfianza.

Esa es la gracia de las grageas, que no sabes lo que te tocara.

Sí, bueno… pero a veces suele ser desagradable —dijo frunciendo su gesto.

Lo sé —Se llevó una a la boca—, cereza.

Tienes suerte —Escogió otra, realizando una mueca—, sardina.

Intenta con otra —sugirió—. ¿Has visto a Hermione y Harry?

Sí.

¿Cómo van las cosas entre ustedes?

Mmmm bien.

No parece.

A veces no me siento bien estando con ellos.

¿Has hablado ya con ellos de eso?

No, han pasado muchas cosas, Sirius en el hospital, Nymphadora también, lo que sucede en el mundo mágico con los prófugos pidiendo rescates. Remus sacando la cara por el Cuartel de aurores, las rondas con los escuadrones…

No quieres hacerlo —comentó al notar la formar en que evadía una respuesta directa—, me has dicho las razones por las que no has podido.

Ronald se removió incomodó, chasqueando su lengua.

Son tus amigos.

Sí, eso son… —resopló en tono bajo, evitando mirarla— es lo que he estado escuchando últimamente y lo sé.

Será más fácil si lo conversan y son sinceros —espetó, colocando otra gragea en los labios de Ron, logrando suavizar la tensión que él comenzaba a mostrar.

Chocolate —divulgó aún clavado en las palabras de la chica.

¿Ves?, no todas son tan malas, a veces es bueno arriesgarse.

¿Alguna vez te has enamorado? —preguntó curioso.

Luna levantó su mirada sorprendida por la pregunta, sus mejillas se tiñeron de rojo a la par que su corazón daba un pequeño brinco. —Sí.

¿Y fue bueno? ¿Fuiste correspondida? —agregó intrigado por su primera respuesta, las palabras de Neville no lo habían abandonado del todo, seguían rondando en su mente.

Eh… aún no lo sé, no se lo he confesado —comunicó atrapando su labio inferior entre sus dientes.

¿Por qué no lo has hecho?

Si se lo digo, tal vez sólo complique su vida.

Ahora, ¿quién es la que da excusas?

No será así siempre.

Las cejas de Ron se encontraron, ligeramente confundido por la ambigüedad de aquellas palabras. Las chicas en verdad eran complicadas, por qué no sólo decían las cosas de forma clara.

Prueba —sugirió dándole otra.

Frutillas —repuso, observando a la rubia, ella no había dado indicio de querer seguir hablando de su vida amorosa y él sabía que con lo extraña que era su amiga quizás no conseguiría nada más que revolverse con sus respuestas—. ¿Has salido con Ginny, no?

Sí, ella está mejor… ahora que tiene algo más en que pensar.

¿A qué te refieres?

Luna notó su indiscreción, apretó sus labios evitando decir algo más, como mencionar el apellido Malfoy.

Los deberes.

Odiaba hacerlos y sigo haciéndolo, tengo que hacer los de la Academia pero no he tenido cabeza.

Deberías hacerlos.

Ya lo arreglaré —murmuró despreocupado—, ¿has pensado en lo qué quieres hacer después de Hogwarts?

Tal vez siga con mi padre en El Quisquilloso o estudie algo referente a las criaturas como Bióloga. Rolf me ha contado algunas cosas interesantes de esa profesión.

¿Quién es Rolf? —preguntó frunciendo su ceño.

Es el nieto de Newt Scamander, autor de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, compra El Quisquilloso, me contó que iría con su abuelo a investigar las babosas de fuego en la selva tropical brasileña.

Mmm, has platicado mucho con él —murmuró con desagrado.

Nos llevamos bien, hemos salido a Hallow un par de veces, incluso ha ido Neville —explicó mientras comía un diablillo de pimienta.

Ron se percató de que Luna ya no era aquella chica rara que no tenía amigos, la gente a su alrededor había cambiado su perspectiva sobre ella después de la batalla y no estaba demás que ella hubiera crecido un poco.

Él sabía bien que había debajo de aquellas capas de ropa extravagante y sabía que era algo que sin duda llamaba la atención de los chicos.

Las migas fritas no saben mal…

*º*º*º

—Ron, Ron —llamó Harry sacudiéndolo ligeramente del hombro, logrando sacarlo de su estupor.

—Almorzaré —aceptó, salió de la sala dirigiéndose al baño sencillo que se encontraba cerca.

Hermione pidió a los elfos que pusieran un tercer plato y se sentaron en sus lugares como en los viejos tiempos, Ron estaba al lado de Harry, y ella frente a ellos.

—¿Cómo van las cosas en Sortilegios? —preguntó, queriendo evitar el silencio que se había instalado en la mesa.

—Bien, en las vacaciones siempre se venden bien los productos, ya sabes todos quieren llevar su dotación a Hogwarts —expuso mucho más relajado, disfrutando de la comida.

—No deberían llevarlos —repuso Hermione frunciendo su ceño, dejando que su rectitud saliera a flote. Aún recordaba la cantidad de objetos que había decomisado cuando eran Prefectos.

—No es tan malo, además sin ellos sería como estar con Umbridge —opinó Harry, desviando su mirada a la cicatriz que quedaba en su mano.

—Cierto, con Flich es suficiente —agregó Ron.

Ella los miró poco convencida, definitivamente nada sería como ese año. —McGonagall es distinta, sus reglas son justas.

Los dos chicos intercambiaron miradas, su amiga no cambiaría nunca, así era ella y por ello era que ambos sentían aquellos sentimientos.

Ron echó de menos escuchar algún comentario de Black apoyándolos, al final el hombre seguía teniendo un espíritu de Merodeador. —¿Hoy saldrá Sirius del hospital?

—Sí, ya no lo aguantan los sanadores —profirió Harry con una sonrisa divertida.

—Es porque no sabe lo que es guardar reposo.

—Escuche que intentó entrar a las habitaciones de los presos —repuso Ron, interesado por saber los detalles, ya quería oír la historia cuando la dijera Sirius de propia voz.

—Eso le causó muchos problemas con Remus y con el hospital, tuvieron que cambiar a los hombres de habitaciones, sólo cierto personal tendría acceso a ellos y ninguno de ellos con Sirius, mucho menos las enfermeras.

Ronald soltó una risa. —No cambia.

—No puedo creer que haya terminado con Yannel —repuso Hermione con una mueca.

—Ni yo —dijo Harry, al recordar a la mujer. Incluso creía que había sufrido un tipo de enamoramiento platónico cuando ella le había enseñado a bailar y bueno no estaba de más decir que era bastante tenaz como para decirle sus verdades a su padrino algo que no cualquiera se atrevía. Tal vez eso era lo que había causado su separación, en realidad Sirius no había querido hablar del tema y Remus, apenas había dicho algo al respecto.

Y con Yan apenas había intercambiado un par de palabras en el Cuartel, pero todo había sido sobre la situación de los prófugos.

—Yo no lo hubiera hecho, Charlie la conoció en las guardias nocturnas, ni siquiera me creía cuando le dije que había estado con Sirius.

—¿Charlie no ha regresado a la reserva? —preguntó con curiosidad Hermione. No quería sumar dos más dos, pero las cosas podían pasar, no sabía cómo tomaría Sirius que ellos dos se volvieran amigos y salieran aunque fuese sin segundas intenciones. En el fondo mantenía la esperanza de que el Merodeador si sintiera algo profundo por la aurora, pero con él no se sabía más porque había vuelto a sus andadas.

—En unos días, mi mamá ya comienza a ponerse melancólica porque todos regresaran a sus casas.

—Es comprensible.

—Si bueno, no es tan malo —prorrumpió con un ademán.

El resto de la comida transcurrió con una ligera platica, finalmente Hermione se levantó para llevar los platos y ayudarle un poco a los elfos.

—¿Has sabido algo de lo que pasó en el interrogatorio del cabecilla? —cuestionó Ron poniéndose más serio mientras salían del comedor.

—No, apenas unos detalles sueltos.

—Pensé que te dejarían estar.

—¡Que va! —refunfuñó—. Remus no me dejó.

—¡Vaya que es duro a veces! —Se pasó la mano por sus cabellos rojos—. Supongo que te veré después —Caminó hacia la escalera dispuesto a ir a su cuarto por aquello que lo había hecho ir a ese lugar en primer lugar, pero se detuvo obligado por la propia conciencia—. En un tiempo quizás podamos hablar de lo que pasó, sólo no te atrevas a romperle el corazón como lo hiciste con mi hermana.

Harry se quedó callado, la seriedad había bañado su rostro. Observó partir a Ron con una mezcla de emociones en su pecho. No era nada sencilla la situación por la que atravesaban, pero en ese momento más que nunca creyó que su amistad encontraría el camino para volver a unirlos.

El distanciamiento que existía entre ellos no sería para siempre.

—¿Y Ron?

Él se giró sonriendo tenuemente. —En su cuarto.

—¿Crees que regrese?

—Eso espero.

Anduvo hacia ella, entrelazando sus manos como en otras ocasiones, apoyándose en ella. No, él no le rompería el corazón a ella, tal vez en el pasado lo había hecho indirectamente, pero no ahora.

Se había propuesto hacerla feliz y eso haría. ¡Por Merlín que lo haría!

*º*º*º

Ronald ingresó a su cuarto con un deje de melancolía, todo estaba tal como lo había dejado la última vez que había estado ahí. Se tomó un minuto para contemplarlo, en el fondo echaba de menos el lugar, pero por ahora sentía que no podía estar ahí.

La foto de los tres juntos en Hogwarts seguía sobre su escritorio, recordándole lo que alguna vez habían sido, los buenos y malos momentos que habían compartido.

Meditabundo, se encaminó hacia su closet, seguramente los elfos ya habían lavado su ropa, colocándola en su lugar. Esperaba que no hubieran tirado la estola de Luna, buscó por todos lados hasta que la encontró doblada.

La tomó estirándola, la mancha de sangre había desaparecido por completo.

La imagen de Luna se formó en su mente, luciendo su vestido turquesa, sus hombros ligeramente descubiertos, la pashmina enredada alrededor de sus brazos cubriendo parte de su espalda. Dos aberturas mostraban y ocultaban alternativamente sus piernas. Su cabello estaba suelto simplemente adornado con una peineta nacarada que liberaba su rostro, dejando ver el suave brillo rosa en sus labios y una sombra apenas marcada en azul oscuro que resaltaba sin duda alguna la luminosidad en aquellas orbes siempre sonrientes.

—Se veía tan linda, y yo sólo pensando en Hermione y Harry.

Una sensación de malestar se colocó en su corazón, en verdad había sido todo un troll con todos esa noche, se había comportado como lo haría un Slytherin. Tomó una mochila y echó un poco de ropa, algunos de sus libros y al final con cuidado colocó la tela, no quería maltratarla.

Salió de su cuarto y se dirigió a la primera planta, usaría la red flu nuevamente. Se asomó en la sala sus amigos se encontraban hablando con las manos unidas, ese simple gesto le causó un latigazo de dolor que fue menguando con el paso de los minutos; pudo apartar la mirada y evitar ser masoquista pero prefirió enfrentarlo, esa era después de todo la realidad.

Tal vez parecía ridículo puesto que no era la primera vez que los veía tomados de la mano, no debía ser aquel cuadro tan pasmoso para él, pero lo era, por lo que ahora implicaba una complicidad y un sentimiento mayor.

En verdad se querían, ¿cómo es qué antes no se había dado cuenta? Si todas las señales habían estado frente a sus ojos. Había estado más ciego que una lombriz de tierra.

Al verlo los chicos se soltaron de las manos apenados.

—Me voy, los veré después. —Se encaminó hacia la chimenea, tomó los polvos y dijo claramente la dirección.

*º*º*º

Remus atravesó la puerta del Departamento de Aurores consternado, miró a los hombres que se encontraban esperándolo con expresiones adustas. Se encontraba en el hospital con Nymphadora, cuando había recibido el mensaje de que debía ir cuanto antes al Ministerio.

—¿Qué ocurre? —cuestionó demandante.

—Henry Hook fue encontrado muerto cerca de Dorset, en el municipio de *Millburn y también los señores Hadfield en Mainhead.

La boca se le secó a Remus, el calor escapó de su rostro dejando pálido como un fantasma.

—Quiero los detalles —dijo por fin, obligándose a reaccionar, ya que todos se encontraban esperando por sus órdenes—. ¿Acordonaron la zona? ¿Evitaron que la información se filtrara? ¿Le han avisado a las familias? —soltó las preguntas de golpe, caminando hacia un escritorio.

—Aquí está la información que hemos logrado recopilar —señaló Krutov entregándole un pergamino y un par de imágenes.

—La zona fue cercada, los agentes del Ministerio se encuentran limpiando el lugar —acotó Peter Dawson, el más viejo del equipo.

—¿Hubo testigos?

—Sí, ya están siendo interrogados.

—Por todos los magos… —exclamó horrorizado, al revisar la información, era claro por la clase de heridas que poseían los cuerpos que habían sido torturados con maldiciones antes de matarlos con un Avada.

Dawson carraspeó como si deseara evitar devolver el estómago, que era lo que habían hecho otros aurores al ver la escena del crimen. —Los familiares ya fueron informados, se comenzara el proceso para entregar los cuerpos.

—Bien —profirió con un mal sabor de boca—, querrán respuestas y culpables, debemos concluir esto cuando antes, no debemos permitir que haya más víctimas.

—Tal vez si el Ministro accediera a negociar con ellos, podríamos tenderles una trampa —intervino Morzov.

—No lo hará, no podemos permitir que más criminales salgan y se unan a estos magos, eso sólo complicaría la situación en la que nos encontramos —manifestó Remus, alzando la mirada de los documentos—. ¿Él ya está enterado?

—No, se encuentra en un evento de recaudación de fondos —comunicó Piett.

—Ya he trazado en un mapa las zonas donde se dieron los ataques, donde fueron encontrados los cuerpos, así como las guaridas que hemos descubierto y las pistas sueltas —comunicó Yannel, atrayendo la atención de los hombres.

—Quiero verlo —Se levantó caminando a la mesa dónde se encontraba el plano—. Desplazaremos hombres aquí, aquí y en esta zona.

*º*º*º

Ginny se encontraba en casa de Luna, Malfoy le había enviado una nota con su halcón informándole que hoy se reunirían.

—¡Lo detesto! Espera que yo acuda a él cada que me ordena, no soy un perro y mucho menos un elfo —bufó andando por toda la habitación.

—Tranquilízate, terminaras haciendo un hoyo en el suelo. Parece que estas poseída por el toro de fuego…

—Claro que lo estoy, tú también lo estarías. —Se llevó las manos a su cabello.

—No lo creo, no es tan malo.

—Lo es, no encuentro un maldito hechizo que rompa el estúpido sello en mi varita y estoy obligada a ver a ese, porque no soy capaz de decirle a mis padres lo que pasó.

—Es porque has estado haciendo todo mal, te lo dije.

—Bien, bien… no me regañes —pidió, dejando caer sus hombros—. ¡Estoy al límite, todo está mal! Harry, mi varita, el tonto de pelo lambido de Malfoy…

—¿Quieres un poco de chocolate?

—Luna —chilló frustrada—, ¿escuchaste al menos algo de lo que dije?

—Todo.

—Bien, ¿el chocolate me ayudara?

—Mmm no, pero sabe rico —repuso con una gran sonrisa—. Necesitas un momento para dejar de quejarte por todo.

—Lo siento.

—Encontraremos una forma de solucionar esto.

—¿Cómo? No le veo fin, ¿crees que podamos lanzar a Malfoy al Támesis?

—No.

—Bien, estoy frita —dijo resignada, caminó hacia el escritorio donde se encontraba un reloj, necesitaba saber la hora para llegar a su «cita» con el rubio de bote, estaba en eso, cuando sus ojos se toparon con una fotos que la hicieron abrir su boca desmesuradamente—. ¿Cuándo pasó esto Luna? —Tomó una dónde su hermano se encontraba sonriendo al lado de su amiga que tenía una mueca en su rostro. Se giró encontrando a Luna con una sonrisita misteriosa y las mejillas arreboladas—. ¡Dime!

—Hace unos días, sólo fuimos por unos dulces.

—¿Sólo? —preguntó con sarcasmo—, pues ¿qué querías que pasara? —agregó sentándose a su lado.

—¿No se te hace tarde para ver a Malfoy?

Ginny resopló divertida. —Que espere, quiero los detalles, sabía que te gustaba mi hermano aunque no lo admitieras…

*º*º*º

Harry y Hermione observaron partir a su amigo, seguía sin sentirse bien verlo irse.

—Iré a mi cuarto.

—Espera, quiero que hablemos —pidió, sabía que no era el mejor momento para hablar pero nunca lo sería.

Él asintió, avanzó hasta el sillón esperando que ella lo acompañara, pero no lo hizo y por la falta de alegría en su rostro sabía que era algo que le angustiaba.

—Es sobre lo que ha pasado estas noches, sobre tus pesadillas… —Su voz sonaba compungida.

Potter se quedó tan callado como una tumba, la tensión era visible y palpable. —Dormiré en mi cuarto —aseveró cómo si con esa medida se resolviera todo. Se levantó dispuesto a dar por terminada su conversación.

—No es por eso —dijo deteniéndolo, tomándolo del brazo—. Estoy preocupada, quiero ayudarte.

—Estoy bien —dijo serio, separándose de su agarre, dándole la espalda.

—No es verdad.

—Tomaré una poción…

—Eso sólo es una solución a corto plazo.

—¿Qué es lo que quieres que haga? ¡No puedo controlar lo que pasa en mi subconsciente, al menos ahora sé que nadie que muera en mis pesadillas, lo hará en realidad! —explotó, había estado tragándose aquello por meses y ciertamente no podía más—. ¿Sabes el alivio que siento al saber eso? ¡Despertar y saber que nada ocurrió, que tu estas bien, Sirius, Ron…!

—Harry, no eres el único, tal vez mis pesadillas no se hacen realidad, pero se lo que es tener ese miedo. ¿Cómo crees qué me sentía cuando pensé que estabas muerto durante la batalla?

—No lo sé, tal vez porque estaba intentando acabar con Voldemort, sin saber quién y cuántos habían muerto o estaban desaparecidos… y Merlín sabrá que más, mientras tú te besabas con Ron —En cuanto terminó de decir eso, supo la clase de barrabasada que había dicho—. Hermione…

Esas palabras habían sido como el azote de un látigo, un ramalazo de dolor y decepción la atravesó. —¿Eso es lo qué piensas? ¡Eres muy injusto! —arremetió con los ojos llorosos, pasándolo de largo.

—¡Hermione no quise decir eso! —gritó, sintiéndose un reverendo estúpido— ¡Rayos! —aventó los muebles a su paso, yendo tras ella.

*º*º*º

Ginevra se encaminaba hacía la dirección que le había mandado el hurón, se encontraba de mejor humor después de lo que Luna le contara, aunque sinceramente era un poco extraño. Siempre que hablaba de Ron en ese aspecto le pasaba lo mismo, cómo cuando lo había hecho con Hermione, aunque claro todo eso había sido un engaño, que tonta había sido; debía haber sido más intuitiva.

El carruaje se detuvo, el cochero le indicó que habían llegado. Ginny por primera vez en todo ese rato se sintió nerviosa, se bajó con la mirada fija en el edificio, blanco y antiguo.

—Ni siquiera estoy vestida para esta clase de lugar, ¡Maldito, Malfoy! —rumió, mirándose a sí misma.

—Esa boquita Weasley —reprendió Draco, descendiendo por la escalinata con un traje beige y una túnica a juego, haciéndolo ver arrasadoramente guapo.

Ginny descubrió con sorpresa que los colores claros combinaban con él tanto como los oscuros con los que siempre lo veía.

—Llegas tarde —agregó, dando una vuelta alrededor de ella.

Ella sacudió su cabeza desaturdiéndose, recordándose ante quién se encontraba y para nada le agradó la forma en que sus ojos grises la recorrían, logrando ponerla más nerviosa.

—Pues no estoy a tu disposición, ¿se puede saber qué haces? —barbotó cruzándose de brazos, poniendo la mirada más enfurruñada que tenía.

—Perfecta —pronunció con una sonrisa torcida.

Ginny alzó una ceja sin comprender, pensaba que el montaría todo un espectáculo por su vestuario de segunda mano pero parecía extrañamente satisfecho, lo que la hacía sentirse insegura por lo que vendría.

—Es un halago Weasley, ahora es cuando me agradeces.

—Idiota.

Draco rió entre dientes. —Esto será interesante, el juego comienza y recuerda ahí dentro para todo el mundo seremos «cercanos», ¿o prefieres «novios»?

Una mueca de horror se posó en la cara pecosa. —Que más quisieras… tú y yo nunca seremos «cercanos», ni mucho menos «novios». Preferiría andar con un troll antes que contigo —aclaró irritada—. Terminemos con de una vez, no sé qué es lo que pretendes, pero te recuerdo que…

—Sin amenazas —gruñó, estirando su brazo hacia ella de forma cortes.

Ginny rodó sus ojos, aceptó su gesto galante y juntos comenzaron a subir la escalera de mármol.

—Es una reunión para recaudar fondos para las distintas organizaciones de ayuda social, se subastarán algunos objetos, estará amenizada por un grupo de cuerdas.

—¿Y entonces qué es lo que tú haces aquí? No creo que tu ego y egoísmo te permitan preocuparte por los demás.

—Muy graciosa, tú no sabes nada de mí y compórtate, recuerda que estas enamorada de mí…

A Ginny se le escapó una risa. —¿Enamorada de ti? ¡Por Morgana, ni en un millón de años, antes me mataría!

—Sí, claro. He visto cómo te me quedas viendo y sé que te gustaron mis besos ¿o acaso ya olvidaste lo que pasó en mi cuarto? —contraatacó, logrando que la expresión burlona de Ginny se extinguiera, dando paso a un súbito sonrojo. Ahora fue su turno para reír satisfecho.

—No fue así, tú sólo me provocas asco.

—Ya Weasley acéptalo, lo que digas ahora está de más.

Ginevra gruño frustrada. —Eres despreciable.

—Adorable —corrigió de forma distraída, preparándose para lo que sería su entrada triunfal.

Ella no pudo responder, pues su atención se vio dirigida a la multitud de magos y brujas que tenían la mirada puesta en ellos, mientras cuchicheaban.

—Todos nos miran —murmuró sintiéndose ligeramente cohibida, los ojos principalmente de las chicas jóvenes parecían clavarse como alfileres en su cuerpo. En verdad era molesto y poco considerado de su parte, y decía Malfoy que ella no tenía educación pues por muy pomposos y elegantes, ella estaba muy por arriba de ellos.

Ni siquiera cuando había sido la novia de Harry, durante el Colegio se había sentido tan escudilladla y apuñalada. Y vaya que muchas habían deseado estar en su lugar, pero esto que estaba viviendo con Malfoy, comenzaba a intimidarla.

—Lo sé, te acostumbraras… —La obligó a seguir, caminaron a lo largo del salón dirigiéndose al fondo, donde se encontraban un par de mesas adecuadamente arregladas para el evento.

Draco pronto se dio cuenta que su pareja se encontraba temblando, se rió para sus adentros pues se suponía que iba en compañía de una Gryffindor y en ese momento no parecía muy valiente que digamos, aunque la comprendía esas personas podían ser de lo peor cuando se lo proponían, sino lo sabía bien él y su familia a los que les habían dado la espalda cuando su suerte había cambiado.

Era un mundo de apariencias e hipocresías, en el que él se sabía mover bastante bien.

Su plan original con Weasley había sufrido ciertos cambios, después de su primera reunión; comentarios de personas que los habían visto juntos tomando un café, habían llegado a los oídos de sus amigos y sus padres, por supuesto ellos habían creído que sólo se trataban de habladurías, nadie creería que aquello pudiera ser verdad y en parte tenían razón, aquello era una farsa que podía resultar más que interesante y estaba a punto de descubrirlo cuán provechosa podía ser.

—Has que sea creíble y ganaras el contrahechizo para tu varita —denotó a unos pasos de reunirse con sus amigos.

Blaise y Theodore se encontraban charlando amenamente, bebiendo una copa de licor de hadas, pero nadie los había preparado para lo que estaban a punto de vivir.

—No puede ser —dijo sorprendido Nott, al ladear su rostro y toparse con aquella visión.

—¿Qué? ¿Alguna chica guapa? —inquirió despistado, pero al no obtener respuesta miró en aquella dirección quedándose estupefacto.

—Negro no seas guarro, cierra la boca y endereza tu copa —indicó Draco, disfrutando como nunca de aquel momento, lo pondría en un pensadero para poder revivirlo una y otra vez. Ginny olvido por un momento la presión que estaba sintiendo al ver al Slytherin, incluso se atrevió a reír ligeramente por lo gracioso de la situación.

—Negro compórtate —Theo se hizo un paso hacia atrás para evitar que el líquido que derramaba Blaise manchara su calzado. Finalmente el susodicho se recompuso, corrigiendo su desliz.

—Seguro recuerdas a Zabinni y a Nott.

—Sí, al menos ahora sé que no todos son tan refinados y con buenos modales Ma- Draco —comentó divertida.

—Hay sus excepciones —agregó con una enorme sonrisa en su rostro.

Zabinni soltó un ruido de molestia, no le agradaba ser el centro de burlas de nadie y menos en presencia de ella. —¿Qué hacen ustedes dos juntos?

—Puedes preguntarle a tu amiguito cuando termines de limpiarte.

—Blaise, hoy tu mente esta lenta, eso no te hace quedar bien —molestó esbozando una sonrisa viperina. —Ginevra y yo estamos saliendo —Coronó su afirmación, depositando un beso en la sien de la chica, el aroma de flores se coló en su nariz sin que pudiera evitarlo, haciéndolo alejarse más rápido de lo que hubiera querido.

Ginny se tensó al sentir aquellos finos labios sobre su piel, un extraño cosquilleo se expandió por esa zona agitando su pulso, más al recordar su experiencia apasionada con él. No pudo evitar sentirse malhumorada por la traición de su cuerpo, se suponía que debía aborrecer su toque no sensibilizarse.

—¿Esperas qué creamos eso? —cuestionó Theo, al ver que el moreno no era capaz de articular palabra por la impresión. Dirigió sus ojos vivaces hacia ella—. ¿Te amenazo con tu varita?

Ginny abrió su boca dispuesta a responder con la desbordante sinceridad, al menos ahí había alguien que no se tragaba el cuento de que todas caían a los pies del «dios Malfoy», pero entones sintió la presión del agarre de Mafoy en su brazo.

Bien, si él quería que fuese convincente, lo sería.

—No, tal vez comenzó por eso pero yo ya recupere mi varita —expresó sacando el objeto de su bolsa—. Digamos que lo que ves, es la muestra de que un Gryffindor y un Slytherin pueden llegar a un entendimiento, ¿no es así, cariñito? —alargó la última palabra apropósito, deseando fastidiarlo.

—Sí, así es —concordó entre dientes, mirándola de reojo.

—¡Por los calzones de Merlín! Necesito otro trago —mencionó Blaise, incapaz de digerir la noticia.

—Si eso es verdad y quieres que lo creamos, muéstranos algo que en verdad sea creíble —exigió.

—No montaremos un espectáculo para ti, o lo crees o no lo crees, así de fácil —renegó tajante.

—Vamos Draco, tú harías lo mismo si fuese el caso, no pido nada fuera de lo común, sólo dense un beso y ya.

Ginny giró su rostro hacia Draco, sus ojos brillaron con advertencia, pero él no se amedrentó la había besado antes y podría hacerlo ahora, aunque no fuese Pansy. Después de todo también quería divertirse y porqué no decirlo, quería volver a sentir aquella pasión burbujeante que había sentido ese día y este era un buen pretexto para a hacerlo.

Ni siquiera le dio tiempo para reaccionar, tomó su mejilla con decisión y la besó así sin más. Ginevra tenía los ojos abiertos de par en par, no podía terminar de creer lo que él estaba haciendo y antes incluso de que intentase separarse, aquello había terminado, dejándola completamente aturdida y con un extraño hormigueo en sus labios.

—¿Contentos?

Ahora incluso Nott, estaba descolocado. Malfoy esbozó una sonrisa de lado, de las que sólo él podía lucir con tanta gracia.

*º*º*º

Hermione se limpió sus lágrimas, las palabras de Harry la habían calado en lo profundo, sabía que él las había dicho en un momento en que se encontraba demasiado alterado, pero no por eso dejaban de doler. Era un hecho que lo que había ocurrido en su pasado no desaparecería porque ellos hubiesen comenzado una relación, había detalles cómo el que había salido a la luz que probablemente seguirían presentes en sus discusiones.

Harry ya había intentado disculparse, a través de su puerta, pero no había accedido a hablar con él, a pesar de sus suplicas y de que se hubiera sentado en el pasillo, porque aún no se encontraba lo suficientemente calmada como para evitar que aquello se saliera de control como la primera vez.

Escuchó como él se levantaba, seguramente se iría a bañar y cambiar para ir a St. Mungo. Respiró profundamente un par de veces, bajó de su cama, dirigiéndose al baño, ni siquiera se atrevió a mirarse en el espejo, simplemente abrió el grifo posó sus manos bajo el chorro de agua, se inclinó y lavó su rostro.

Minutos después cuando se encontró más tranquila y ligeramente más presentable, retiró los hechizos que había puesto para bloquear la entrada, salió confirmando que su amigo no se encontraba por ahí. Bajó las escaleras casi sin hacer ruido, lo cual era ridículo, pues Harry pronto se daría cuenta que ya no estaba ahí y bajaría a buscarla. Tampoco es como si estuviera planeando huir de él, sólo que no era buen momento.

Ordenó sus libros de estudio, diciendo una y otra vez que todo se resolvería. Observó sus cartas, las había olvidado por completo. Al menos eso lograría distraerla, tomó primero la de Viktor.

Hermione, he echado de menos el correo entre nosotros. Estoy al tanto de todo lo que está ocurriendo, espero que en breve el Ministerio logre resolver las cosas para bien del mundo mágico y tus amigos.

Es posible que en estos días me instale formalmente en Londres, cuando tenga todo listo me gustaría invitarte a conocer mi departamento, entonces te diré en cuál equipo estaré, ansió saber tu opinión, aunque te aferres a decir que no eres fanática del Quidditch.

¿Cómo van las cosas con Potter?

Con cariño.

V.K.

Soltó un largo suspiró, Viktor era sin duda mejor escribiendo que comunicándose en vivo, aún recordaba cuarto año cuando lo había conocido, la forma en que pasaba largas horas viéndola estudiar. Los dos habían cambiado desde entonces, aunque los sentimientos de él parecían estar inmutables.

Dejó la carta sobre sus libros, necesita tiempo para responderla y tomó la de Oliver, abriéndola con cuidado.

Hola, espero que te encuentres bien. Han salido muchas cosas sobre Harry contigo en las revistas y periódicos, pero por experiencia se lo sensacionalistas que pueden ser, aunque entiendo que lo que sí es un hecho es que ahora te encuentras saliendo con él.

Espero que eso no afecte nuestros planes, aún me gustaría que fueras conmigo al concierto. Sólo me queda decir que estaré pendiente de la respuesta.

P.D. Los chicos te mandan saludos.

Oliver Wood.

No pudo evitar una sonrisa apareciera en su rostro triste, Oliver tenía la cualidad de siempre aparecer en esos momentos de su vida por más extraño que pareciera, venía siendo como el superhéroe.

Había olvidado su salida con él, pero no pensaba quedarle mal, se lo debía y bueno Harry estaba enterado, tampoco es como si fuera a hacerlo a su espalda, aunque probablemente él ya lo había olvidado con todo lo que había pasado.

Tomó un pergamino y su pluma, rasgó unas cuantas frases en él, antes de alzarlo y soplarle un poco para que la tinta terminara de secar. La dobló cuidadosamente colocándole el sello de cera roja, finalmente escribió el nombre del jugador al frente de la misiva, al concluir llamo al elfo.

—Smigol, puedes mandar una lechuza con esta carta por favor, es para Oliver Wood.

—Enseguida ama, Smigol la mandará.

Hermione asintió agradeciendo, fue entonces que notó la presencia de Harry, recién duchado, ya completamente arreglado. El corazón le dio un vuelco, una avalancha de sentimientos la golpeó, podía notar en su mirada verde cierta tristeza, pero su lenguaje corporal hablaba de una historia distinta, estaba tenso.

—Te estaba buscando.

—Pues estoy aquí.

—Ya lo veo, respondiendo la carta Oliver. —Su tonó de voz dejó entrever cierto ataque de celos.

—Sí, tal vez lo olvidaste pero mañana es el concierto para recaudar fondos.

Las manos de Harry se cerraron en dos puños, ¿cómo podía haber olvidado eso? De un momento a otro todo se estaba complicando.

—Supongo que iras.

—Sí —confirmó, esperando que él quizás lo evitara.

Él se removió en su lugar molesto, se llevó la mano a su cabello revuelto, dejando que llegara hasta su nuca. —Hermione yo lo siento, en verdad no quería…

Ella negó con su cabeza, su rictus de tristeza hizo que él se sintiera aún peor. Ojala pudiera tener un giratiempos, así evitaría que el mismo cometiera una estupidez, pero no podía, lo que si estaba en sus manos en disculparse como Merlín mandaba.

—Hablemos de esto después, se hace tarde y debemos ir con Sirius. —Caminó hacia la escalinata para ir por su abrigo, haciendo que él sintiera aún peor.

No estaba preparado para también sufrir un distanciamiento con ella, pero él y su gran bocota, debía haber pensado antes de hablar.

*º*º*º

En St. Mungo, Sirius ya de pie, se encontraba despidiéndose de esa horrible bata que le habían obligado a usar, para deleite de sus enfermeras a las que más de una vez había atrapado mirándole el trasero cuando había salido a caminar. Después de todo, los últimos días no tenía de qué quejarse, en cuanto a atención femenina se refería, pero en lo que respecta a los sanadores y sus absurdas indicaciones, seguía molesto.

Ahora podría incorporarse a su trabajo, para terminar lo que había empezado y es lo que pensaba hacer.

Y sobre Yannel, definitivamente él no estaba hecho para romances a larga duración, cada vez que intentaba arreglar la situación con ella sólo lograba empeorarla, lanzándola así a los brazos de Krutov. Tal vez era que ya había perdido su don de conquistador.

Terminó de empacar sus cosas, encontró su reloj de bolsillo, lo abrió mirando la hora. Se le hacía extraño que Remus no hubiera llegado aún, habían quedado anoche de que se verían ahí, sólo esperaba que no fuera por algo del Ministerio.

La puerta de su cuarto se abrió dando pasó a si ahijado y su novia, en cuanto vio sus caras supo que algo no andaba bien.

—Hey, no notó la alegría por verme salir de aquí, sé que no me echaban de menos en la mansión, pero al menos disimulen que están felices —comentó, pasando su mirada de uno a otro.

—Sí estamos felices de que salgas, sólo no abuses —dijo Hermione, yendo a abrazarlo.

—Si no se vive al límite no es divertido —bromeó, logrando un resoplido de reprobación.

—Me alegro de que salgas de St. Mungo, porque comenzabas a volverte muy gruñón. —Se mofó Harry, tratando de sonar más animado.

—Muy gracioso, me haces sentir como un viejo.

—¿No esta Remus aquí? —preguntó Hermione, al no verlo cerca.

—No, tal vez está por llegar.

—Si, es probable —repuso, aun analizándolos—. Escuchen, es claro que algo pasó entre ustedes y uno de los dos me lo dirá, así que empiecen.

—Yo iré a ver a Nymphadora —anunció, no quería ser la que comenzara y bueno tampoco quería hablarlo con Sirius, aunque probablemente él fuese de ayuda, porque ella no estaba llegando a ningún lado con Harry, respecto a su problema con las pesadillas.

Harry quiso detenerla, pero no lo hizo.

—¿Y bien? ¿Problemas en el paraíso?

—Más de lo que te imaginas.

*º*º*º

En la fiesta de recaudación de fondos, Ginny apenas y había tenido tiempo de reclamarle a Malfoy por sus abusos, vaya aprovechado, mira que estar asaltándola en cada momento con sus extrañas muestras de afecto.

Eso no le gustaba para nada, en verdad. Bien eso sonaba a mentira pero no importaba, porque dejando de lado que pudiera agradarle o no, eso era una farsa total. Y había sido ya tantas veces asesinada con la mirada que no sabía ya en qué vida se encontraba y lo peor es que Malfoy en serio estaba pensando en ir hacia donde sus padres se encontraban y eso para nada le parecía buena idea.

—¡Draco!, ¿cómo puedes andar con esa? ¿La pobretona? ¿En serio?

Y sí, lo último que necesitaban en ese momento, a la vaca de Pansy con sus chillidos de loca.

—Oye, estoy aquí por si no te das cuenta.

—Basta, Pansy no hagas el ridículo —dijo sin darle importancia, tomando el brazo de Ginny para llevarla en dirección contraria.

—Sabía que eras una arrastrada, pero quitarme a mi novio.

Malfoy se giró agarrando la mano de Parkinson que estaba dispuesta a jalar la melena de fuego.

—Escúchame y hazlo bien. No volverás a hablar de esa manera y mucho menos en mi presencia, date cuenta que la única que sale sobrando eres tú. No me interesas más de esa forma, espero que esta vez te quede claro —siseó para ella, evitando así llamar más la atención. La soltó y retomó su camino, dejando a Pansy helada a pesar de la rabia que sentía, eso había sido la humillación más grande que ella había tenido que soportar de parte de él.

Sus amigas la rodearon, evitando así que se derrumbara.

—No puedo creer que hayas hecho eso.

—Ya me tenía cansado.

—Eso no parecía cuando entre a tu cuarto, aún seguías queriendo estar con ella, ya sabes… eso.

Draco recuperó su buen humor al ver a la pelirroja avergonzarse. —Es sólo una palabra.

—Ya lo sé —repuso con fastidio.

—Eres una santurrona. —se burló, logrando que el sonrojo llegara hasta sus orejas.

—No te incumbe…

Al otro lado del salón, los señores Malfoy miraban absortos y escandalizados a su hijo, incapaces de entender cómo había terminado relacionado con esa chiquilla.

—Enhorabuena, me alegro que su hijo este saliendo con la hija de una de las mejores familias del mundo mágico —exclamó el Ministro, aumentado el shock de los Malfoy—. Anteriormente eso no hubiera sido bien visto, pues consideraban a los Weasley unos traidores de sangre, pero ustedes, una de las familias más antiguas después de haber sido arrastrados a las filas de Voldemort han logrado sobre pasar las barreras de las absurdas teorías de sangre que tanto daño causaron al mundo mágico. Sin duda el cambio está comenzando y será llevado de la mano de las nuevas generaciones, esperemos que más familias sigan su ejemplo y acepten estas relaciones —declaró, realizando un brindis, palmeando la espalda de Lucius.

Si antes habían estado al borde de la tumba, después de ese emotivo discurso Narcissa estaba a punto de desvanecerse y Lucius estaba seguro que el corazón se le detendría. Jamás había oído tanta estupidez salir de la boca de un hombre, él no encontraba nada que celebrar en que su hijo estuviera con esa. Ahora no habría nada que los salvara de terminar de ser el hazme reír de su círculo, pero en ese instante tomaría a su esposa y a su hijo y se largaría de aquel lugar.

Y si creía que ahí acabaría toda esa locura estaba equivocado, los comentarios sobre su hijo y la hija de Arthur de parte de otros invitados, principalmente mujeres que encontraban aquella abominable relación una historia de romance, en contraparte por supuesto estaban las que veían las cosas con terror. No podían concebir que los Malfoy apoyaran el cambio de paradigma y accedieran a dejar a su único heredero relacionarse con una pobretona traidora de sangre, que no tenía nada de que enorgullecerse más el hecho de haber estado en el lugar, con el bando ganador durante la batalla.

*º*º*º

En St. Mungo, Sirius se dedicó a escuchar a su ahijado sin decir nada, cuando terminó de contarle, se tomó un amplió respiro y posó su mano en el hombro de Harry.

—No estuvo bien lo que le dijiste.

—Fue sin pensar…

—Lo importante es que no veas las cosas así en verdad, juzgaste a Hermione por una acción que pasó en medio de la batalla, en el pasado cuando tú aún seguías con Ginny y no sólo eso, antes de ser tu chica, es tu amiga y sabes que ella estuvo hasta el último momento apoyándote, arriesgando su vida por ti.

—Lo sé, estaba enojado —dijo con pesar.

—No será la última pelea que tengan y tampoco se trata de que él uno al otro se lancen comentarios hirientes. En esos casos, es mejor dejar que las cosas se enfríen y hablar cuando ambos estén más calmados, no siempre van a estar de acuerdo, pero tienen que encontrar la forma de sobrellevar las cosas. Además ella sólo está preocupada por ti y está en lo correcto al decirte que las pociones no son la solución y sé que te desagrada que esté de acuerdo con ella, pero necesitas ayuda de un especialista con eso.

—No lo quiero, podré controlarlo —se quejo.

—Pedir ayuda no es malo, no tienes que hacerte el fuerte, si venciste a Voldemort y eso casi te cuesta la vida, fue una gran carga para ti pero ahora ya puedes relajarte, no estas llevando sobre tus hombros el destino del mundo mágico, no más. Disfruta de lo que la vida te está dando, divierte; problemas y preocupaciones siempre habrá pero no debes dejar que te consuman.

Black observó a Harry, molesto, frustrado y preocupado. Tal vez podía ser el mago más fuerte, pero seguía siendo sólo un chico, vulnerable ante los problemas de la vida y del amor.

Si bien no era su padre, tampoco era el hombre más maduro, ni sabía cómo llevar su vida de forma correcta siempre, pero jamás dejaría de ayudarlo e intentar darle los consejos que James y Lily le hubieran dado. Aunque sin duda echaba de menos el apoyo de Remus, lo peor era que aún no aparecía.

—Y Harry, no alejes a Hermione, no te cierres, permite que te ayude con tus fantasmas, miedos e inseguridades, no por hacer eso ella te verá cómo alguien débil o un monstruo que tiene un lado oscuro. Date la oportunidad también de conocer esa parte de ella, eso sólo los unirá más como amigos y como pareja.

Potter se tomó unos minutos antes de hablar, batallando con sus conflictos internos. —¿Cómo es qué puedes dar esos consejos…?

—¿Y no llevarlos a cabo? —Terminó por él, sonrió ampliamente soltando una carcajada—. Es por eso que te lo digo, porque ya cometí esos errores.

—¿Eso incluye a Yannel?

La expresión de Sirius se vio afectada, pero aún así se las arregló para mantener su sonrisa. —Tal vez.

—¿Por qué no me lo cuentas?

—Quizás después, cuando yo mismo me entienda —repuso más para sí que para su ahijado—. Ahora vamos a casa, necesito comer algo decente, algo como un banquete que no incluya nada blando.

Tomó su maleta, echándosela al hombro como si se tratara de un costal. Salieron de la habitación encontrándose con Hermione sentada en la sala de espera.

—¿Aún no ha llegado Remus?

—No y tampoco estaba con Nymphadora, ahí sólo están Andromeda y Teddy. Al parecer les avisó que se encontraba ocupado en el Ministerio —informó Hermione, apenas mirando a Harry.

Se preguntaba, ¿en qué había terminado esa platica? Pero al menos sabía que Harry no estaba echando fuego por la boca, lo cual era un buen indicativo.

—Esto no me gusta, iré al Ministerio para averiguar qué ocurre.

—Deberías ir directo a la mansión para descansar —murmuró Hermione, en desacuerdo con su decisión.

—Te acompañaremos —anunció Harry.

—Para descansar están los panteones, y yo aún sigo vivo —profirió con humor a pesar de su mal presentimiento.

*º*º*º

Para Ginny la fiesta había ido mejorando, o tal vez era que había bebido ya tres vasos del licor de hadas. Se encontraban observando los objetos que se subastarían, Draco se detenía a darle una pequeña introducción sobre cada uno y cuáles eran los que su familia había donado.

—Pensé que sólo coleccionaban objetos oscuros, de esos que matan a las personas, aunque esta es una hermosa pintura.

—Muy graciosa, al menos tienes un gusto aceptable en cuanto a pinturas, aunque no pueda decir lo mismo de tu ropa y de tus elecciones en hombres. ¿Thomas, Corner, Potter? Agradece que te saltaste todos esos escalones y que ahora puedes pasearte al lado mío, al final se puede decir que te redimiste y comenzaste a ver lo que es realmente bueno —pronunció alzando las comisuras de sus labios en una sonrisa burlona, la más sincera que le había visto Ginny desde que todo eso había comenzado.

—Malfoy estas muy dañado, te inventas muchas historias fantásticas… un día en serio terminaras en el ala psiquiátrica de St. Mungo —repuso devolviéndole el gesto.

Él no tuvo oportunidad de responder, pues fueron interrumpidos.

—Una foto para Corazón de Bruja.

—¿Qué? No, gracias… —se negó Ginny, asustada ante la idea de aparecer en esa revista precisamente con él. Ahora sí, seguramente sus padres se enterarían y esto sería su final en todos los sentidos.

—Tome las que necesite —añadió con gusto Draco, tomándola con fuerza de la cintura, obligándola a quedarse a su lado.

Él adoptó su pose de galán, sonriendo radiantemente, mientras ella lo miraba patidifusa, aunque para la lente de la cámara fuese la imagen perfecta del amor prohibido.

—Esto será toda una noticia, se ven estupendos.

—Váyase. —La voz de Lucius Malfoy, logró paralizar al fotógrafo, quién asintió de inmediato.

—Padre —articuló Draco, sin deshacer su postura, aunque Ginny fue perfectamente consciente de que se había puesto tan tieso como ella. Ella ni siquiera se atrevió a pestañar, por la cara de pocos amigos de Lucius sabía que no estaba nada contento con su hijito y lo peor es que ella estaba en medio de todo.

—Acompáñame Draco, la señorita… puede encontrar en que entretenerse en tu ausencia.

—Lo siento, será después padre, ahora me encuentro sumamente ocupado y aprovecho para decirte que Ginevra es mi novia.

Ginny no podía tener sus ojos más abiertos, sus labios temblaron no sabía si de nervios o miedo, para ese instante se sentía incapaz de desmentir al hurón y menos cuando la cara de Lucius se ensombreció y sus ojos parecían querer consumir a su hijo con tan sólo esa mirada. Fue en ese instante que supo que no se encontraba frente al padre de Draco sino frente al mortifago.

—Ahora —ordenó furibundo.

Después de unos difíciles segundos, de duelo de miradas, finalmente Draco deshizo su agarre, alejándose de ella. —Discúlpame un momento, enseguida vuelvo.

Ginny había perdido la capacidad de hablar, pero pudo darse cuenta que él también estaba temeroso. Merlín, ¿qué sería capaz de hacerle ese hombre a su hijo sólo por la mentira que él había soltado?

Lo vio partir con aquel paso decidido y arrogante que era una copia del de Lucius. Tuvo que sostenerse de la pared, sentía que las piernas le estaban fallando, miró a ambos lados sin saber a quién dirigirse para que evitara lo que fuese a suceder entre ellos.

Y en ese momento no pudo sentirse más impotente. Entonces recordó que había visto aurores, trabajando por la seguridad del evento y sus invitados, así como el Ministro. Claro, Kingsley la ayudaría, él tenía que poder hacer algo.

Se obligó a moverse, buscó al hombre pero por ningún lado aparecía para su suerte. Blaise y Theodore, llegaron a su lado, ellos también se habían dado cuenta de la partida de su amigo.

—Tranquilízate, estas llamando demasiado la atención —aconsejó Theo.

—Pero…

—Sí, lo sabemos —acotó Blaise—. Su padre no le hará nada en un lugar público.

—¿Entonces si es capaz? —eso para nada la calmaba.

—No lo sé.

—Aunque él jamás se imaginó que aparecería contigo; tienen planes para él, matrimonio de conveniencia…

—Blaise cierra tu boca, no estas ayudando —masculló Theodore, fulminándolo con su mirada.

—¿Qué? Es que lo que él piensa no es…yo y él.

—¿Qué estás diciendo? —exigió Zabinni.

—Nada, debo ir. —Los dejó y comenzó a avanzar hacia donde los había visto desaparecer, seguida por ellos.

Ginny salió al pasillo que conducía a los baños, escuchando de donde provenían las voces, las siguió hasta llegar a una habitación, la puerta se encontraba entreabierta permitiéndole ver lo que ocurría.

—¡¿Cómo pudiste aparecerte aquí con esa?! ¡¿Una Weasley, Draco?!

—No tengo porque darte explicaciones, soy mayor ahora. No voy a permitir que sigan planeando mi vida sin mí consentimiento.

—No te quieras hacer el astuto conmigo, sabes bien cuáles son tus responsabilidades con tu familia y el linaje, no puedes simplemente relacionarte con esa y hundirnos más en la desgracia sólo por un capricho —vociferó Malfoy, tan furioso como una bestia.

—¿Responsabilidades? Por favor, ya he cumplido con ellas ¿o acaso olvidas esto? —Azó con brusquedad la manga de su traje mostrando el resto de la marca oscura—. Eso fue por ti padre, nos arrastraste con ese mestizo que se creía nuestro amo, que nos trató peor que porquería. Si algo nos llevó a dónde estamos fue eso y ahora pretendes que sea yo, el que levante nuestro apellido cuando el que tiene que esforzarse más eres tú…

Una sensación de ardor se extendió por toda su mejilla, obligándolo a girar su rostro y a trastabillar. Lucius lo había acallado con un golpe de la punta de su bastón, logrando causarle una herida, la sangre se deslizó por su rostro manchando su cara y su ropa.

—¿La verdad duele o no padre? —escupió tragándose la indignación, el dolor que estaba sintiendo. Se irguió levantando su cara con orgullo—. No voy a ser el hombre que tú quieres, acéptalo de una buena vez. Siento decepcionarte, ahora sabes lo que yo siento cada vez que te veo.

Ginny se había llevado la mano a su boca, tragándose la exclamación que había pugnado por salir de su garganta al ver aquel tremendo golpe. Blaise y Theodore también lo habían visto y habían sido los que evitaran que entrara, ellos estaban tan inmutados e impresionados como ella.

Unos pasos los hicieron girarse, topándose con la elegante figura de Narcissa, su expresión de desagrado que la obligaba a fruncir su nariz, había desaparecido por completo, dejando entre ver su congoja.

Entró a la habitación sin siquiera mirarlos, cerrando la puerta tras ella.

—Debemos hacer algo —apuntó Ginny, girándose hacia los Slytherins.

—¿Qué podemos hacer? Es una discusión de familia —expuso Theo, impotente.

—Pero es su amigo, ustedes vieron lo que le hizo, necesita atención…

Ella no concluyó su alegato pues la puerta se abrió nuevamente dejando ver la figura de Draco, quien no ocultó su sorpresa de verlos ahí, la cual desapareció casi al instante, ocultándose bajo su máscara de indiferencia.

—¿No te dije que me esperaras en el salón? ¿Y ustedes qué hacen aquí?

—Malfoy…

—Me dejan a solas con ella —pidió mirando a sus amigos, los cuales asintieron aún a pesar de que deseaban quedarse—. Tus modales son horrorosos, no te enseñaron que escuchar conversaciones ajenas es de mal gusto.

Ginny no supo distinguir si es que lo decía en broma o si es que estaba enojado. Tal vez sólo sentía vergüenza de que ella hubiese presenciado aquella discusión. —Tienes que curarte eso.

—¿Ahora te preocupas por mi? —preguntó de mala talante—. No deseo tu compasión Weasley.

—¡No siento compasión por ti! Rayos Malfoy, deja de ser tan estúpido…

—La estúpida eres tú, que sigue enamorada de un imbécil que ya te superó. Acéptalo y sigue tu vida, si tan sólo desearas salir de tu mediocridad te darías cuenta de todo lo que puedes tener, pero prefieres conformarte con sufrir por ese y ahora incluso quieres darle una pócima de amor…

Ginevra se enfureció tanto que deseó golpearlo, pero puesto que él seguía con aquella herida y su rostro comenzaba a verse como un enorme moretón, tuvo que tragarse esas ganas, aunque unas lágrimas traicioneras ya caían de sus ojos.

—Esto termina aquí —pronunció unas palabras de las cuales ella apenas logró entender algo. Su varita en el bolsillo se iluminó, la tomó sorprendida un ligero humo salió de ella —. Adiós Weasley, encontraras una chimenea en la siguiente habitación, es mejor que te vayas.

Draco giró sobre su eje sin siquiera mirarla ni una vez, alejándose de ella y tal vez saliendo para siempre de su vida, no sin haber dejado una marca profunda en ella.

*º*º*º

En el Departamento de aurores, Remus seguía recibiendo mensajes e informes de los escuadrones que se encontraban afuera pisándole los talones a esos malditos. Para su desgracia, parecía que estaban jugando con ellos dejando falsas pistas.

Sabía que las personas que seguían secuestradas tenían el tiempo contado, no quería amanecer el siguiente día con la noticia de que habían aparecido más cadáveres. Parecía que estos hombres se habían logrado reorganizar con perfección a pesar de no tener su líder con ellos, lo cual era sumamente extraño, pues al faltar el jefe era lógico que comenzaran a haber peleas por obtener el liderazgo, eran mortifagos por ende desconfiados y ambiciosos; eso los llevaría a cometer equivocaciones pero no era así.

Algo no cuadraba.

Sirius ingresó a lugar, para sorpresa de los pocos que se encontraban laborando ahí, incluida Yannel, quién no había podido evitar seguirlo con la mirada.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó Remus, el cual francamente se veía deshecho.

—No llegaste a St. Mungo.

—Deberías estar descansando.

—El descanso es para los ancianos, ¿qué es lo que está ocurriendo? —inquirió sin perder más el tiempo.

Lupin esbozó el amago de una sonrisa, se sentó en su silla y los puso al tanto de la situación.

—Demonios, no pensé que las cosas hubieran llegado a ese extremo —rabió Sirius, golpeando su escritorio.

—Lo siento, creí que lograríamos resolver esto antes de tu salida, pero me ha sido imposible.

—No te preocupes Lunático, atraparemos a esos desgraciados.

—Muéstrame los informes y el plano —pidió Canuto, girándose hacía Harry y Hermione que ya se disponían a seguirlos—. Ustedes dos vuelvan a casa.

—¿Qué? —gruñó Harry.

—Tú necesitas dormir y pensar en lo que hablamos, mañana cuando estés mejor podrás reunirte con nosotros.

—Estoy bien, no necesito eso. Tú acabas de salir del hospital y estarás aquí.

—Harry es una orden de tu superior.

—Sirius, tú necesitas reposo, no debes forzarte —profirió Hermione con el ceño fruncido.

—Basta con ese cuento, estoy perfectamente bien y listo para patear traseros.

Después de un intercambió acalorado de palabras, Harry volvió a casa con Hermione. Al llegar ella ni siquiera se detuvo para hablar con él, sólo se refundió en su cuarto, dejándolo solo con sus dilemas.

*º*º*º

Ginny había arribado a su casa hecha una maraña de pensamientos y emociones, esperaba ser recibida con un gran regaño, creyendo que el rumor de que había estado con Malfoy ya había llegado a sus padres, pues varios trabajadores del Ministerio la habían visto incluido Kingsley, pero no había sido así, aunque eso no quería decir que sus padres no se enterarían.

La noche se le había pasado demasiado rápido, apenas y había logrado dormir pues su mente se había negado a dejar de pensar. Y finalmente esa mañana había interceptado El Profeta, buscando alguna noticia sobre la recaudación de fondos, la cual se encontraba en el interior del periódico donde su nombre ni siquiera figuraba en el artículo, pues todo se había enfocado a la nota principal, la terrible aparición de los cuerpos de los señores Hadfield.

No podía creer que aquello estuviera pasando y que cada día se agravara más.

«Seguro Harry está colaborando con los aurores para atraparlos.»

Ahí estaba nuevamente pensando en Harry, preocupándose por él, era algo que no podía evitar, seguía queriéndolo.

«La estúpida eres tú, que sigue enamorada de un imbécil que ya te superó. Acéptalo y sigue tu vida, si tan sólo desearas salir de tu mediocridad te darías cuenta de todo lo que puedes tener, pero prefieres conformarte con sufrir por ese y ahora incluso quieres darle una pócima de amor…».

Las palabras de Draco seguían haciendo eco en su mente, torturándola, poniéndola en dilemas. Sabía que aquello era verdad, no podía negar que Harry había escogido a Hermione, haciéndola a un lado.

Si, sabía que tenía que aceptarlo, pero costaba tanto y si de verdad iba a seguir ese camino era mejor apresurarse a dar aquel paso.

*º*º*º

Harry se encontraba bajo el chorro de agua, su noche había sido un infierno de insomnio, pero en cuanto se cambiara buscaría arreglar las cosas con Hermione, no quería que ella se fuese aún enojada con él a ver a Oliver. La había extrañado en la cama, su compañía, sus mimos, su calor. Simplemente saber que ella se encontraba ahí.

Y por otro lado estaba lo de los prófugos, no podría estar en paz si aquello no se resolvía.

Terminó de ducharse, con mayor ánimo, repasando lo que diría a Hermione. Salió del cuarto de baño con una toalla alrededor de su cadera, estaba buscando una playera y un pantalón cuando un elfo apareció.

—Amo Harry, llego esto para usted —dijo mostrándole un paquete.

—Gracias —Lo tomó intrigado, pero al ver la dirección y el sello supo de que trataba—, ¿sabes si Hermione ya se encuentra despierta?

—La ama Hermione, esta desde temprano, esta arreglándose.

«Seguramente lucirá hermosa.» La chispita de los celos volvió a encenderse en su interior.

—Bien, gracias.

El elfo desapareció después de un par de reverencias y él abrió el paquete, encontrando una pequeña botella cuidadosamente guardada. La sacó observando su brillo nacarado, ¿cómo podía tener tanto poder una simple sustancia?

La dejó sobre su cama, dispuesto a cambiarse, cuando un sonido en la puerta, llamó su atención, el corazón le brincó de alegría, seguramente era Hermione.

—Pasa —dijo, sabiendo que al verlo así, se pondría nerviosa, se sonrojaría de forma adorable; eso rompería la tensión del enojo entre ellos.

La puerta se abrió y ¡oh sorpresa!, no se trataba de su amiga, si no de su ex novia.

—Ginny…

*º*º*º

Continuará…

*º*º*º

*A pesar de que Dorset es un condado real, el municipio de Millburn es inventado. En el número 17 de la calle Lanes End vive Stuart Jones, un muggle (JKR). Información de eldiccionario . org.