Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.
*º*º*º
Contraataque.
Ginevra se quedó sin aliento y con los ojos muy abiertos al ver a Harry. Petrificada y con la mano pegada al pomo de la puerta, no pudo más que seguir mirándolo, sintiendo como el calor subía a sus mejillas.
Harry deseó hacer mil cosas al mismo tiempo, pero ahí estaba, congelado, incapaz de reaccionar y con ella mirándolo de esa forma hambrienta que no debía ser permitida. Esto estaba mal en todos los sentidos posibles.
No se suponía que ella lo viera así y mucho menos cuando él trataba de hacerle entender que ya no deseaba nada con ella. Lo peor era que Hermione estaba a unos metros y podría verlos.
—Y-yo… lo siento —repuso en un tartamudeo, completamente avergonzada y acalorada.
Se giró cerrando con fuerza sus ojos, aunque la imagen de Harry aún seguía muy presente en su mente y vaya que le había echado una buena mirada.
Él salió de su estado de inmutación cuando escuchó la trémula voz de su ex, volteó a ver a todos los lados.
—¿Q-qué haces aquí? —cuestionó de forma un tanto grosera.
Ginny resintió su tono, ella no tenía la culpa de haberlo encontrado así, había tocado; aunque seguramente no la esperaba a ella, si no a Hermione. Ni siquiera quiso dar rienda suelta ese pensamiento, pues la llenaba de celos y enojo, y lo último que deseaba era montar una escena.
«No olvides a lo que has venido, enfócate…».
—Quiero hablar contigo, puedo esperar afuera a que te cambies —repuso más controlada y fría. Después del golpe de realidad que se había auto infligido.
—No —repuso, no quería correr el riesgo de que se topara con Hermione y menos cuando no sabía con qué intenciones iba—. Espera aquí. —Casi ordenó, tomó su ropa y avanzó hasta su baño cerrando la puerta un poco más fuerte de lo que hubiera querido.
Ginevra respingó. Bien, tal vez no había sido tan buena idea ir así de improviso, pero en nada iba a regresar a Hogwarts y no quería seguir así con él, arrastrando esta situación.
Se giró observando el lugar que gritaba claramente los gustos de Harry, los colores rojo y dorado estaban presentes, además de múltiples cosas de Quidditch. Siempre imaginó que cuando estuviera en ese cuarto sería porque ellos estarían nuevamente juntos, pero eso no había pasado, estaba ahí por todo lo contrario.
Era triste en verdad, respiró profundamente varias veces, buscando mantener a raya el llanto y sus sentimientos.
*º*º*º
Harry no podía sentirse más desafortunado, lo último que necesitaba ahora era que Ginny estuviera ahí, con Merlín sabrá qué planes. Se cambió con movimientos contados pues entre más pronto estuviera afuera y terminara con eso, se sentiría mejor.
Aventó la toalla al cesto antes de salir del baño, caminó al centro de la habitación, observando como la pelirroja se limpiaba un par de lágrimas. Eso lo hizo sentirse un poco inhumano, pues no estaba tomando en cuenta lo difícil que debería ser para ella estar ahí, fuese cuál fuese su intención.
—¿Estás bien?
—Sí, sí —repuso atropelladamente, se enderezó y avanzó unos pasos hacía él—. Siento haber venido así.
—No importa —Aunque sí lo hacía y mucho, pero no quería seguir siendo un desconsiderado—. ¿Qué es lo que quieres hablar conmigo?
Ginny entrelazó sus dedos, nerviosa, parecía que el aire del lugar no le era suficiente como para calmar el maremoto de emociones que la embargaba y aún así, tenía que encontrar el camino para explicarse.
—Quiero que sepas que no intentaré algo como lo que ocurrió en año nuevo.
—Nunca fue mi intención hacerte daño —reconoció, bajando la guardia.
—Es difícil para mi entenderlo —confesó con sinceridad—, yo me cree expectativas, pensé que volveríamos a estar juntos, que cumpliríamos todas esas cosas que alguna vez pensamos.
—Sé que debí ser claro contigo desde antes de comenzar mi relación con Hermione —aseveró pesaroso, sobándose su nuca.
—Sí, debiste serlo —aceptó serena, aunque su mirada brillaba con reproche.
—No queremos herirte…
—Lo sé, es complicado para mí —explicó dolida—. Una parte de mi quiere entenderlos y la otra… —Dejó caer sus manos en un movimiento de resignación, mirándolo con los ojos cristalinos— desea seguir luchando por ti —concluyó en un hilo de voz.
—Lo siento.
Ella movió su cabeza de un lado a otro, logrando que su cabello rojo se agitara. —No sé si más adelante me sienta más cómoda con ustedes dos juntos o si te logre superar, pero intentare estar bien con su relación, así dure o no.
—Ginny… —musitó afligido acercándose a ella, pero en el último metro se detuvo, no sabía si abrazarla sería buena idea.
Un nudo se había formado en su garganta imposibilitándole seguir, por un momento en verdad deseó que él la rodeara con sus brazos, volver a sentir su calor, sentirse reconfortada, a salvo y dichosa como en el pasado.
—Yo sólo quiero que seas feliz —pronunció en un susurro lloroso, incapaz de mirarlo a los ojos, ladeó su rostro, abrazándose a sí misma. Sus ojos llenos de gotas salinas se toparon con el fino frasco que resaltaba entre las cobijas, sus cejas se encontraron al buscar reconocer de qué sustancia se trataba, el color se le hacía sospechosamente conocido, sabía que Slughorn se las había mostrado en su clase.
—Yo también quiero que tú lo seas —afirmó, decidiendo que un abrazo no tenía nada de malo, después de todo las cosas se estaban aclarando entre ellos y no podía negar que aún conservaba un cariño por ella, no podía simplemente hacerla a un lado en su vida, no con todo lo que habían compartido.
Las lágrimas se deslizaron por el rostro de Ginny al sentir el contacto, incluso su adolorido corazón se agitó, se aferró a él como si la vida se le estuviera yendo con Harry.
Tal vez sería el último momento que lo tendría así, deseó poder hundir su rostro en el cuello de él, besar el camino hacía su boca, pero tuvo que conformarse con quedarse así. Aspiró su aroma tanto como pudo incluso cerró sus ojos, cuando los abrió devuelta su mirada volvió a toparse con aquel frasco y entonces recordó de qué poción se trataba. Se alejó ligeramente de él —sin despegar del todo su cuerpo del suyo—, alargó su brazo, alcanzando el envase.
—¿Por qué tienes Amortentia?
Harry se golpeó mentalmente, no se suponía que ella encontrara eso.
—Es…
El sonido contra la madera de la puerta resonó en la habitación, antes de que esta se abriera, sin dar oportunidad de reaccionar.
Ese era un mal momento, un mal lugar y él estaba en una mala posición con la persona equivocada —que sostenía un frasco de Amortentia—, y su novia también lo sabía.
*º*º*º
Hermione había tenido un sueño agitado, no recordaba con exactitud lo que había soñado y no importaba mucho tampoco. Al menos había despertado a tiempo para arreglarse, por la noche había recibido otro mensaje de Oliver, diciéndole el lugar donde esperaría por ella.
Se miró una vez más al espejo, había decidido dejar suelto su cabello, de cualquier forma llevaría un gorro tejido para cubrirse. Los días seguían siendo helados y era mejor prevenir que coger un resfriado, estaba por volver a la escuela y no podía darse en lujo de enfermarse.
Se colocó su abrigó azul marino, un poco de perfume y estuvo lista. Tomó su bolso y salió de su cuarto, había pensado en que no quería irse molesta con Harry; tenían que hablar pero eso lo harían después.
Ahora sólo quería verlo y despedirse, quizás incluso compartir un beso.
Le había adjudicado a su pelea el que se sintiera un poco ansiosa, había algo que la inquietaba y no sabía qué era con exactitud. Tal vez era que ella se iría al concierto y él estaría ahí afuera persiguiendo a esos locos. No quería creer que se trataba de un mal presentimiento, pero como estaban las cosas en el mundo mágico, era fácil creer que algo malo pasaría en cualquier instante y él iba justo en busca de esa clase de peligro.
Sus dientes se clavaron en su labio inferior, tocó con sus nudillos la vieja madera. Al no recibir respuesta, decidió abrir la puerta, probablemente él se encontraba aún dormido, había dormido tan poco esos días que su cuerpo seguramente le pedía a gritos por un par de horas más de sueño.
Si, eso sonaba bien hasta que se dio cuenta de que no era así. No supo con exactitud cuál fue la sensación que la atravesó, pero no fue una agradable. Ahí en el cuarto de Harry se encontraba Ginny sosteniendo una botella de Amortentia y él tenía una mano en su cintura. El espacio entre ellos era mínimo, estaban en una postura cómoda y muy desconcertante para ella, casi podía decir que sus alientos se combinaban.
No quería pensar mal y sin embargo lo hacía.
—Yo… debo irme —murmuró aún en shock, se llevó una mano a su cara, recogiendo un par de lágrimas en sus dedos. La respiración se le cortó y la barbilla le tembló, se giró desconcertada, corriendo escalera abajo.
Harry entrecerró sus ojos y maldijo como nunca frente a una chica, se separó de forma brusca de Ginny, tal vez incluso aventándola sin desearlo, pero lo único en lo que podía pensar es en ir tras su novia, no le importó ir descalzó ni nada, sabía lo que ella se estaba imaginando y no podía dejarla ir con esa impresión.
—¡Hermione! —gritó desesperado. Llegó a la sala a tropezones por la estúpida alfombra que decidía ponerle trampas justo en el peor momento— ¡Espera, no es lo que tú crees!
Ella sólo lo miró con sus ojos aguados y despareció en las llamas verdes de la chimenea. Ahora ni siquiera sabía a dónde se había ido y probablemente cambiaría de dirección para evitar que él la siguiera.
Una ola de magia sacudió la mansión, Ginny tuvo que agarrarse del barandal de la escalera para no caer. Entonces supo las cosas habían empeorado, ella no había ido con la intención de causar dificultades, pero era evidente que había hecho todo lo contrario.
—Harry, yo no quería causar problemas… —dijo titubeante.
Él se giró mirándola con una mezcla de dolor y enojo que hizo que se le encogiera el estómago, su mano se aferró al frasco de Amortentia.
—Dámela —pidió extendiendo su mano.
—¿Por qué tienes esto?
—Es algo privado.
—¿Privado? ¿Ella?… ¿Tú? —inquirió confundida, no estaba entendiendo para qué él quería esa poción.
—No, lo que sentimos no es producto de una poción, está más allá de eso —explicó seco—. Dámela.
Esas palabras se clavaron profundamente dentro de ella que creyó que el dolor la ahogaría y aún así consiguió seguir respirando. Y pensar que por su mente había pasado usar una poción similar, ahora se arrepentía de aquel tonto intento. Era más que claro a quién quería Harry.
Lo había perdido y ahora estaba tan lejos de ella que no creía que pudiera alcanzarlo algún día. La esperanza que aún vivía dentro de ella se fue muriendo…
Fin del asunto, no había más que hacer.
Soltó el frasco en su mano, él de inmediato lo tomó con fuerza, lanzándole la mirada más dura que ella le hubiera visto antes, pasó a su lado sin detenerse.
—Espero que nos perdones algún día y entiendas lo que ocurrió entre nosotros.
—Ya lo he hecho… —murmuró para sí, escuchando sus pasos alejándose de ella. Sólo entonces se permitió desmoronarse.
*º*º*º
Hermione salió en El Caldero Chorreante con el rostro enrojecido y húmedo, chocó con alguien pero poco le importo, sólo quería irse de ahí. Oliver se encontraba esperando por ella, al verla emerger de las llamas se apresuró a acercársele con una gran sonrisa, pero al ver su rictus y esas lágrimas brillando en sus ojos, supo que algo andaba mal. Frunció su ceño con preocupación, interceptándola, tomándola por los hombros.
—¿Qué esta mal?
Ella tenía un horrible nudo en su garganta que le impidió hablar, negó con su cabeza, abrazándolo sollozó en su pecho. Wood confundido como estaba sólo pudo estrecharla, dejando que se desahogara.
Lentamente la llevó a una mesa, sentándola. Alcanzó una servilleta y comenzó la tarea de limpiar su cara.
—Tranquila.
Se dejó hacer hasta que estuvo más calmada, él alejó la tela húmeda y le brindó una cálida sonrisa. Hermione inhaló profundamente, sus manos arrugaron el borde de su abrigo.
—Lo siento…
—¿Por qué te disculpas? —preguntó desconcertado.
—Por esto, no se suponía que me encontrarás así.
—No importa —dijo con sinceridad.
—¿Quieres contarme lo que ocurrió?
—No ahora —resolvió, después de meditarlo un poco. No es que no confiara en él, pero en ese momento su mente estaba hecha un caos.
—Entiendo, bueno… podemos quedarnos aquí o ir a beber algo…
—Vamos al concierto —interrumpió, no deseaba seguir arruinándole el día.
—¿Segura?
—Sí —afirmó con un intento de sonrisa.
Él la miró con seriedad, exhaló aprensivo y finalmente se levantó de la silla. —Bien.
*º*º*º
Arthur llegó a su trabajo al Ministerio como cualquier otro día, el ambiente se notaba tenso debido a las últimas noticias. Incluso había un grupo de magos protestando, obstaculizando un par de chimeneas y rodeando la fuente. Se subió al elevador junto con un grupo de personas que hablaban de un tema más amable que contrastaba con lo que ocurría en el exterior: la recaudación de fondos que se había llevado acabo el día anterior.
—Por cierto vimos a tu hija ahí…
—¿Mi hija? —preguntó desconcertado—. Debe ser un error.
—No claro que no.
—Yo también la vi —aseguró Ethél, una mujer que trabajaba en del Departamento de Transportes Mágicos—, iba acompañada por los Malfoy, no sabía que salía con su hijo.
—¿Qué? —barbotó rojo hasta la orejas. Su única hija enredada con los Malfoy, ¿cómo había ocurrido eso y en sus narices?
—¿No estabas enterado? —preguntó la mujer al ver su reacción.
—Claro que lo estaba, incluso el Ministro lo sabe —agregó otro hombre sin mirar la reacción de Arthur.
—Hacen una pareja adorable.
Ni siquiera prestó atención al resto de la conversación, en cuanto pudo salió del elevador, dispuesto a aclarar ese asunto.
*º*º*º
En el cuartel de aurores, Remus se encontraba actualizando el mapa, la búsqueda no había dado resultados y por si fuera poco, había aparecido otro cadáver y esta vez del otro lado de la ciudad.
Sirius ingresó al lugar con unas marcadas ojeras, el cansancio, la preocupación y la molestia eran evidentes en su rostro. Detrás de él ingresó otro grupo de aurores no con mejores caras, entre los que se encontraban Yan y Krutov.
—No podemos seguir así, las pistas no nos conducen a nada…
—Kurt, tú escuadrón puede retirarse a descansar, vuelvan en unas horas —indicó condescendiente Remus.
—Yo puedo quedarme aquí —señaló Aldrich, el mago más viejo de ese escuadrón y por ende con mayor experiencia en el campo.
—Ve —ordenó—, a todos los vendrá bien refrescarse.
—Yo puedo quedarme y trabajar con Remus en el mapa… —sugirió Yannel.
—Es mejor que te retires —dijo Sirius con un tono que no daba lugar a protestas.
—Él tiene razón hace poco que saliste del hospital, tienes que reposar un poco —dijo a su lado Charlie, tomando su mano—. Te llevaré a tu casa.
Sirius arrugó su rostro disgustado, no pudo evitar clavar sus ojos en ese simple gesto que hacía que hirviera en celos. Chasqueó su lengua con desagrado y se giró hacia Remus, quién le dio una mirada cargada de reproche.
—No abras tu boca —mordió las palabras de advertencia. Lupin levantó las manos en son de paz.
Yan ni siquiera se percató de eso, le sonrió agradecida a Charlie, desde que lo había conocido se había portado muy bien con él. Esperaba sentir la mirada de Sirius taladrándola pero al parecer no era así, quizás en verdad había dejado atrás lo suyo. Desde que había regresado no había hecho el intento de acercársele, ni siquiera para lo estricto, sólo le gritaba ordenes como si ella fuera peón, cosa que la molestaba enormemente. Lo suyo en verdad era cosa del pasado, quizás incluso él ya había conocido alguien más, no sabía ni por qué le extrañaba. Sirius Black era un mujeriego empedernido.
—Bien, gracias…
—Aunque si tienes hambre podemos pasar a comer algo antes de ir, si quieres podemos ir a la Madriguera, mi mamá cocina delicioso.
—Te lo agradezco —Se mordió el labio indecisa, miró de reojo a Sirius, el cual estaba de espaldas—, pero ¿qué tal si compramos algo y comemos en mi casa? —Alzó su voz lo suficiente para que ese viejo mago sexy pudiera escucharla.
—Sí, claro —aceptó Charlie gustoso.
Black gruñó como si se encontrara en su fase de perro, su mano se encontraba arrugando el mapa frente a él. Estaba a punto de girarse y arrancar a Yan del cuidador de dragones —que hasta antes de coquetear con ella, le caía bastante bien—, pero se recordó que él había decidido alejarse.
—Vamos —musitó, sonriendo ante la reacción de Black, saboreó aquel destello de celos que bien podía significar un rayito de esperanza.
Sirius exhaló profundamente, vaya lío en el que se había metido, pero no podía perder la cabeza ahora por eso. Se talló el rostro con las manos buscando sacudirse todo lo que lo estaba afligiendo.
—Tú también deberías ir a descansar y comer algo —manifestó Lupin con gesto preocupado.
—No, además pronto llegara Harry…
—Él sabe cuidarse.
—Lo sé, espero que haya arreglado sus problemas con Hermione.
—Como tú deberías arreglar los tuyos… —recordó.
Soltó un bufido, no quería siquiera pensar en eso ahora. —Iré a ver a los presos con suerte ya habrán soltado algo.
—Sólo no hagas nada impulsivo —pidió Lupin palmeando su espalda.
Sirius dejó que los labios se alzaran en una sonrisa ladina. —¿Me creerías capaz?
—Canuto, por favor.
—Tranquilo Lunático, sólo aplicare otras técnicas para sacarles la verdad. Avísame si sucede algo.
Lupin negó con su cabeza, su amigo pocas veces le hacía caso. Se sobó su nuca con pesar, antes de volver al mapa.
*º*º*º
Harry desesperado como estaba por arreglar las cosas con Hermione, había decidido ir tras ella, no le importaba irrumpir en esa cita, esto era más importante. Lo sentía por Wood, lamentablemente había quedado en medio de su relación, pero no iba a permitirle que le robara a su novia.
Llegó al lugar del concierto, había una multitud de personas regadas alrededor del escenario. Se dirigió al cruce, donde se encontraba un cerco de seguridad. Al pasar vería la forma de encontrarla, tal vez si se concentraba en su energía mágica la localizaría, aunque los hechizos de rastreo no eran lo suyo.
—Buenos días, ¿su boleto?
—Yo no tengo boleto, pero necesito pasar… así que sólo dígame cuánto cuesta —demandó buscando el dinero dentro de su abrigo.
—Tres galones —respondió la chica, observándolo a detalle, sus ojos se abrieron por completo al reconocer la cicatriz debajo de sus hilos negros—. ¡Caracoles hervidos! ¡Eres Harry Potter!
Él la miró con irritación, en este momento no tenía humor para una de esas fans locas. —Sí, toma el dinero —añadió, arrancándole prácticamente el boleto de las manos.
—¡Espera! ¿Puedo tomarme una foto contigo?
—Lo siento, no —respondió lo más amable que pudo antes de pasarla, alejándose lo más posible de ella. Los músicos se encontraban afinando sus instrumentos, las personas hablaban a gritos para lograr escucharse las unas a las otras, era un verdadero caos.
—¡Buenos días! ¿Dónde esta ese ánimo?
La multitud bullía entre gritos, chiflidos y aplausos, dificultando que él pudiera concentrarse, deseaba tanto lanzar un hechizo silenciador tan sólo un momento.
—Nos alegra que hayan podido acompañarnos en este concierto que es por una noble causa. ¡Habrá mucha cerveza de mantequilla, a divertirse y disfrutar de la música! ¡Queremos escucharlos! ¿A quién quieren oír tocar?
Los vitorees por el grupo de The Weird Sisters y los de Celestina Warbeck, explotaron. Ensordeciendo a Harry, quien tuvo que moverse para no ser aplastado por una ola de fans entusiasmados.
—¡Con ustedes de The Weird Sisters!
Los acordes de la canción comenzaron a sonar con intensidad, tenía los nervios de punta y no estaba logrando concentrarse para realizar el hechizo con todo ese ruido.
Se acomodó sus lentes y caminó un poco más girando hacia todos los lados, buscándola con la mirada. Notó en los extremos algunos aurores cuidando la seguridad de los asistentes. Siguió merodeando por la zona, canciones iban y venían coreadas por el público. Inesperadamente vio a lo lejos a un gorro como el que Hermione llevaba esa mañana, el corazón se le aceleró de golpe esperanzado, tuvo que forzar su desgastada vista para comprobar que no se equivocaba.
Sus pies se dirigieron hacia ella, sentía una gran presión en su pecho y esperaba que el nudo que tenía en su garganta se disolviera para cuando la alcanzara, pero no contaba con que no sería así.
Múltiples explosiones detonaron en distintas partes del lugar, haciendo que las personas corrieran despavoridas en todas direcciones, una columna de humo negro y espeso se levantó por el cielo, dificultando su visibilidad, los gritos eran horribles y ensordecedores, debía haber varios heridos y fallecidos.
Sus dedos arañaron la tierra, había acabado en el suelo después del ataque, podía sentir la magia oscura oscilando en el ambiente. Se levantó lentamente midiendo a los enemigos, a unos metros de él se estaba llevando acabo un duelo y la única cosa en la que él podía pensar era Hermione, tenía que saber si se encontraba bien.
Tosió un par de veces, todo era confuso, empuñó su varita y se apresuró hacía donde había visto a su novia, esquivando a las personas que corrían empujándose unas a otras. Hechizos de protección se levantaban a su alrededor.
—¡Hermione!
—¿Harry? —respondió confundida. Un momento antes estaba hablando con Oliver escuchando a la banda y de repente todo se había vuelto caótico y ahora se encontraba en medio de la lucha, buscando defenderse de los magos oscuros que los atacaban y esto debía ser obra de la banda de prófugos de Azkaban.
—¡Cuidado! —gritó un mal herido Oliver advirtiéndole a Harry, mientras Hermione lanzaba un hechizo repeliendo el ataque de un mago de feas cicatrices.
Potter se giró bruscamente alcanzando a echar un hechizo de protección. De ese minuto en adelante se enfrascó en una batalla con aquel mago diestro en las maldiciones. Lo reconocía de las fotos y los anuncios que había visto en el Ministerio y que se encontraban repartidos por las calles del mundo mágico, un mortifago sin corazón.
—Confundus —atacó.
Deshizo su ataque con facilidad. —Confringo —El rayo naranja, causó una explosión cerca del escenario. Harry salió repelido, se incorporó escondiéndose en los escombros—. Depulso.
Rechazó el hechizo con habilidad, ganándole terreno. —Diffindo —contraatacó el viejo Cofield, logrando rozar el brazo de Harry provocándole un corte.
Potter gimió al sentir el punzante dolor, pero no había tiempo para lamentarse debía actuar.
—Everte Statum —exclamó buscando derribarlo.
—Protego —Se defendió, moviéndose rápidamente—. ¡Crucio!
Logró esquivar la maldición y atacó con certeza utilizando esta vez un maleficio. —Flipendo.
El mago recibió el rayo rojo aturdiéndolo, momento que Harry aprovechó para terminar aquel duelo. —Desmaius.
Cofield cayó al suelo como un títere al que le hubieran cortado las cuerdas, Harry respirando agitado y con el sudor en su frente se giró hacía donde había visto peleando a su novia, sólo para ver como un hombre la llevaba en brazos, inconsciente, desapareciendo en una nube de humo negro.
—¡No! ¡Hermione! ¡No! ¡Maldición!
Cualquier intento por seguirlo fue inútil, lanzó un hechizo con la varita esperando rastrearlo pero fracaso, se dejó caer de rodillas con los ojos llorosos gritando, dejando salir el infierno que estaba sintiendo. Su magia se volvió inestable al igual que sus emociones, provocando un ligero temblor que llamó la atención de todos en el perímetro.
*º*º*º
Arthur Weasley golpeó su puño en la puerta del despacho privado de Lucius Malfoy, no estaba dispuesto a irse sin aclarar aquella insensatez que había escuchado.
—No puede hacer eso, no tiene cita…
—¿Qué demonios está sucediendo? —inquirió Lucius, abriendo su puerta con disgusto que se desvaneció momentáneamente al ver al patriarca de los Weasley, ni siquiera tardó un segundo para saber de lo que se trataba.
—Tenemos que hablar… —rumió Arthur, apretando sus puños.
—Nadie nos moleste —masculló a su secretaria, lo último que necesitaba era otro chisme para las columnas de El Profeta y las revistas amarillistas.
—¡¿Qué es lo que pretenden?! ¡¿Por qué tu hijo estaba con mi hija ayer?!
—¡Es tu hija la arribista que desea estar con él, seguro quieren salir de pobres pero se equivocaron…!
Arthur se abalanzó sobre él, dándole un buen derechazo antes de que Lucius lo repeliera con ayuda de su bastón.
—¡Maldito pobretón! ¿Cómo te atreves? —Sus pupilas brillaban con odio, mientras escupía sangre.
El viejo pelirrojo se recuperó del ataque, mirándolo con recelo. —Mi hija está muy por encima de lo que tu bastado merece.
—Nosotros no la queremos cerca, ¡enséñale a que lugar pertenece!
—Te lo advierto, aléjense de ella —amenazó con varita chispeante en mano—. Dame un motivo, sólo uno y no verán de nuevo la luz del sol en libertad.
—Inténtalo maldito —farfulló alzando su mentón, mirándolo con infinito desprecio.
—No me provoques Malfoy, no olvides que tú tienes más que perder…
Lucius dejó escapar una risa fría, antes de atacar con un hechizo silencioso.
—Impedimenta —se defendió, no dejaría que lo tomara por sorpresa dos veces, él también se sabía un par de trucos.
—Señor Malfoy —La voz de su secretaria se escuchó apagada y titubeante a través de la puerta—, se trata del señor Hayes del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.
—Te lo advierto Malfoy —profirió Arthur amenazante, antes de salir de su oficina azotando la puerta.
*º*º*º
Sirius había arribado junto con varios aurores al lugar del concierto después del patronus de emergencia que le habían mandado Remus. Ese golpe había sido planeado desde hacía meses por esos bastardos, debían haberlo previsto, pero esos desgraciados siempre habían estado un paso adelante, habían creado distracciones suficientes que los habían mantenido ocupados y lejos de sus objetivos reales.
Repartió hechizos a diestra y siniestra, sacando la rabia que había estado acumulando durante su estancia en el hospital.
—¡El hechizo antidesaparición fue colocado! —gritó Krutov.
Black sólo podía pensar que había sido demasiado tarde, muchos de ellos seguramente ya habían logrado escapar y era difícil identificar a los prófugos, debido a que iban vestidos como cualquier mago precisamente para dificultarles la tarea y lo estaban logrando, ahí se encontraban luchando muchos magos civiles que habían ido a disfrutar del concierto.
—¡Despla…! —Su frase quedó a medias al sentir aquella poderosa magia y sólo pudo pensar en un mago que era capaz de hacer eso—. Harry —Su nombre escapó de sus labios, mientras sus ojos ya se encontraban planeando el lugar buscándolo, no comprendía cómo es que había llegado antes, no lo hizo hasta que recordó que él le había dicho que Hermione saldría con Wood—. ¡Joder! —Su mente ya había hilado las cosas y sólo podía pensar en que algo iba mal, muy mal con ellos para desestabilizar así a su ahijado.
—¡Muévanse! ¡Cubran todo el perímetro! —ordenó Remus, también había percibido aquella magia y no estaba más tranquilo que su amigo.
Aurores montados en escobas salieron disparados, planeando el lugar atacando desde su posición, capturando a los magos que ya se encontraban fuera de combate. Sirius se transformó en perro buscando guiarse por su olfato y recorrer mayor distancia con rapidez.
Harry parecía haber perdido la razón, se encontraba atacando a los magos con furia. —Ennervarte —lanzó al hombre buscando reavivarlo—. ¡Maldito despierta!
El hombre emitió un quejido lastimoso para después volver a caer inconsciente debido a sus heridas, Harry lo zarandeó pero fue inútil no logró que recuperara la conciencia, disgustado lo dejó caer con rabia. Buscó a otro prófugo con su mirada furibunda, no tardó en encontrar a uno peleando con un auror de bajo grado, un novato que llevaba pocos meses y no dudo en meterse en ese duelo.
—¿Potter qué haces? —preguntó el mago confundido.
—¡Aléjate!
—¿Qué te sucede? —cuestionó, Harry le disparó una mirada asesina, el auror se replegó temiendo un ataque si no obedecía.
Potter regresó toda su atención al prófugo delante de él. — ¡epulso! —ladró, el rayó interceptó al mago haciendo trastabillar—. ¡Tú maldito me vas a llevar a tu guarida!
—Crucio —atacó asustado por la ferocidad de aquella mirada, la cicatriz de rayo estaba a la vista y no pudo evitar tragar en seco, era el chico que había logrado derrotar a Lord Voldemort. El temor lo invadió logrando que sus movimientos se volvieran lentos lo suficiente para que Harry lo derribara, lo desarmara y estuviera a su lado enseguida.
—¿Dónde está su escondite, maldito? —apuntó su varita a su cuello— ¡Habla!
El mago se negó a hablar, girando su cabeza y cerrando los ojos con fuerza. Si hablaba era seguro moriría por soplón y si no lo hacía tenía la posibilidad de que sus compañeros lo rescataran.
—Te haré hablar maldito. Diffindo —La punta de su varita comenzó a cortar de forma superficial la piel del cuello del hombre—. ¿A dónde se están llevando a las personas?
—¡Ahora el salvador del mundo mágico mata! —barbotó el hombre, logrando que Harry se desconcertara momentáneamente.
—Cállate —Hundió su varita logrando que el hombre se retorciera.
—Piensas qué eres mejor que nosotros, no se te olvide también eres un asesino mataste a nuestro Lord… —escupió, dándose cuenta que sus palabras lo afectaban y él se aprovecharía de eso.
—¡Era un monstruo! —se defendió atormentado por los recuerdos.
Un ladrido proveniente de un enorme perro que bien podría pasar por el famoso «Grim» apareció. El mago logró sacarse de encima a Harry, aprovechando la distracción, pero no llegó demasiado lejos. Krutov desde su posición en su escoba lo atrapó, lanzándole un incarcerus para amarrarlo.
—¡Harry! —llamó su padrino en cuanto volvió a ser humano, tomándolo por los brazos, su expresión vacía y sus ojos rojos, sólo le confirmaron sus temores—. ¿Qué ocurrió?
—Ellos… se llevaron a Hermione —confesó desechó.
—¡Joder! —exclamó Sirius, apretó su mandíbula con fuerza, buscando ocultar sus emociones, ahora su ahijado lo necesitaba entero.
—¡Bendito Merlín! —pronunció Remus, pasándose la mano callosa por el rostro, su mirada recorrió el escenario del concierto se había vuelto un campo de batalla en cuestión de segundos—. ¡Saquen a los civiles y malheridos!
—Harry la encontraremos… —aseguró su padrino, apretando su hombro buscando infundirle su apoyo.
—¡Yo lo haré, tengo que hacerlo! —declaró firme, separándose de Black.
—Tenemos que detenerlo, no podemos dejar que cometa una estupidez —comentó Remus, alarmado.
—Déjalo que pelee, necesita sacar esa rabia que está experimentando.
—Es peligroso, no está controlado —aseveró preocupado, Lupin.
—Iré con él, encárgate de lo demás —dijo yendo detrás de Harry.
Lupin los vio partir angustiado, hizo de tripas corazón y volvió al combate. —¡Lleven a los lesionados a St. Mungo!
*º*º*º
En la tienda de Sortilegios, los gemelos y Ron se encontraban sin palabras ante las noticias que corrían por el Callejón.
—¡Por los calzones de Merlín!
—¡Señores, la tienda cerrará!
—¡Hagan sus últimas compras y vuelvan mañana! —anunció George, por encima de los murmullos.
—Debemos ir —prorrumpió Ronald apenas logrando deshacer el nudo que se había creado en su garganta.
—E iremos hermanito, llevaremos nuestras varitas a ese lugar, es tiempo de que volvamos a patear traseros al estilo Weasley —comentó Fred, quitándose el mandil manchado con una sustancia morada que llevaba, momentos antes él y su gemelo habían estado haciendo experimentos para un nuevo producto de bromas.
—¿Se han enterado? —comentó Neville entrando al lugar junto con Dean y Seamus.
—De hecho iremos allá.
—No puedo creer que esos malditos hicieran algo así —profesó con enojo Dean.
—¿Acaso esto no acabara nunca? La batalla había terminado y ahora esto —exclamó Seamus con amargura.
—Yo los acompañare —musitó una cantarina voz al entrar a la tienda con un bolso lleno de pociones de todo tipo.
—Luna —murmuró Ron, mirándola con el ceño fruncido. No pudo evitar recordar lo que ella había pasado durante la guerra, el estar privada de su libertad en esa horrible mansión a manos de esos desgraciados mortifagos. Sabía que era una bruja capaz, pero por alguna razón su instinto de protección había aumentado hacía ella.
Neville se acercó a Luna, tomándola de la mano de manera cariñosa. —Mantente cerca de mí, ¿tu padre sabe qué irás?
Ron no pudo seguir el resto de esa conversación, pues Dean y Seamus habían comenzado a hacerle preguntas, que él apenas había respondido con balbuceos, aún con la mirada fija en la pareja, sintiendo un piquete de incomodidad y malestar al verlos hablar con esa complicidad que tanto le recordaba a Hermione y Harry.
*º*º*º
Draco se encontraba en la casa Zabinni, un elfo le había llevado hacía unos momentos un par de maletas. No estaba dispuesto a volver a pisar Malfoy Manor, no después de lo que había pasado entre él y su padre, había estado guardando tantas y tantas cosas esos años que explotar y despotricar contra él había sido lo mejor al menos las cosas no habían pasado a un duelo. Tal vez nunca superaría del todo el temor hacia su padre, pero había dado un gran paso y no pensaba echarse atrás.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Nott con las cejas contraídas.
—Podrías quedarte al menos hasta que finalice el curso, no tendrías que volver a tu casa…
Negó con su cabeza, interrumpiendo la sugerencia de Blaise. —Necesito alejarme de aquí, les avisare cuando me establezca en un lugar.
—¿Qué pasará con Weasley? —señaló Thedore con el ceño fruncido.
Malfoy no había olvidado la inusitada y genuina preocupación que ella le había demostrado, era un cuadro que lo había perturbado el resto de la noche. No sabía exactamente qué era lo había hecho sentir, pero comprendía que era algo nuevo, algo que no había experimentado con otras chicas y que lo atemorizaba e intrigaba casi en las mismas proporciones. Reconocía que tal vez las cosas con ella se habían ido de sus manos y que quizás lo último que le había dicho no había sido lo mejor pero ya no había vuelta atrás. Lo hecho, hecho estaba y así se quedaría. Él no quería, ni podía seguir con ese juego, su vida había dado un vuelco y con ello sus planes, estaba seguro que con su partida todo volvería a su lugar.
—¿Qué hay con ella? —dijo fingiendo desinterés.
—Dudo que ella tome bien tu precipitada partida.
—Es tu novia, ¿recuerdas? —repuso Zabinni con marcado sarcasmo.
—Ah eso, no lo es más, anoche termine con ella —divulgó, notando como el desconcierto cubría el rostro de sus amigos.
—¿Es por tu padre…?
—Es todo lo que diré —zanjó de forma definitiva—. Es mejor que me vaya, un transportador me espera.
—Eres un maldito, ¿sabes por todo lo que ella pasara sola? Esto sólo fue la punta del iceberg, la noticia se correrá como pólvora y le explotara en la cara —pronosticó Blaise, sus ojos lo taladraban con desaprobación.
Malfoy chasqueó su lengua, devolviéndole la mirada con irritación. —¿Es esta una patética forma de decirme que pretendes ser el que la consuele? ¿Su nuevo salvador? ¡Te hace falta todo para ser el Cara-rajada!
—Imbécil… —respondió casi instante de mala forma, empujándolo.
—No es momento para montar una escena de celos Draco, el negro tiene razón, tal vez tú puedas alejarte de tus padres y toda esa basura mediática, pero en cuanto todo el mundo se entere que te has ido, se irán sobre ella como carroñeros.
—Ella sabrá defenderse —dijo después de un momento, él sabía bien que debajo de esa niña escuálida y llorona, había una fierecilla lista para atacar.
—No sólo se trata de eso…
—Ahora no puedo con esto, ella es mi asunto… y éstas son mis decisiones —declaró tajante, ante la turbación de sus amigos.
*º*º*º
Harry podía sentir que sus fuerzas iban menguando, parecía que hubiera estado peleando horas, no era aquel malestar que había sentido durante la batalla contra Voldemort, era completamente distinto, sentía que el oxígeno no era capaz de hacer que siguiera de pie, sus pulmones parecían resistirse a seguir trabajando y ese horrible vacío en su pecho seguía creciendo. Más que heridas físicas se sentía desgarrado por dentro, su mente no había parado de recrear espantosos escenarios, esos desgraciados tenían a su Hermione y él no había logrado averiguar a dónde se la habían llevado junto con las demás personas.
Lo que lo mantenía de pie, a pesar del dolor físico y mental era su desesperación por recuperarla.
—Confundus, Desmaius, Confringo, Flipendo… —Los ataques seguían saliendo de su varita de forma violenta, cruda, sin control.
Sirius no podía permitir que aquello siguiera, él creía que se desahogaría pero estaba comenzando a pensar que Remus tenía razón, se estaba volviendo peligroso no sólo para los magos oscuros, si no para los civiles e incluso él mismo, llevaba su pierna cojeando, tenía una horrible cortada en el torso, su piel estaba ennegrecida y ensangrentada por estar expuesto a explosiones.
—¿Dónde está su escondite? —inquirió con rudeza Harry a un hombre maltrecho, pisando la fractura que tenía en el brazo haciendo que se retorciera de dolor soltando un par de alaridos ensordecedores. Sin que se lo esperara un ataque le dio de lleno, él trató de resistirse al efecto, giró su cuerpo buscando a su agresor pero lo único que llegó a ver fue la oscuridad, mientras caía al suelo.
Lo siguiente que supo cuando abrió los ojos de nuevo es que no estaba en la batalla, trató de moverse pero una mano lo obligó a quedarse recostado. Y entonces todos los recuerdos volvieron de golpe, tenía grabada la imagen de ese maldito llevándose a su novia.
—¡No! —gimió, buscando incorporarse, debía salir a buscarla.
—Señor Potter esta en St. Mungo, debe tranquilizarse… y permitirnos hacer nuestro trabajo.
—¡Déjenme ir! ¡Tengo que buscarla! ¡Ella me necesita!
Su cuerpo parecía no responderle de un momento a otro se había vuelto tan pesado que incluso parpadear le representaba mucho esfuerzo.
—¿Qué me está haciendo? —cuestionó tensándose, mirando de forma borrosa al sanador.
—Sólo relájese… permítanos hacer nuestro trabajo.
Harry gritó desgarrándose la garganta, esto era sin duda peor que cualquiera de sus pesadillas. Su magia se alebrestó, reaccionando contra los sanadores repeliéndolos, enviándolos lejos de él.
—¡Código rojo! —gritó el sanador a cargo, un grupo de hombres entró a la sala con las varitas listas echando un hechizo sobre él.
Él se resistió a ceder, su magia había creado un campo de energía alrededor de él, pero al parecer no estaba lo suficientemente recuperado pues menguó casi al instante, dejándolo fuera de combate.
*º*º*º
Ron estrelló su puño contra la pared después de escuchar aquel grito que había cimbrado el hospital.
—No puedo creer que no nos hayan dejado hacer nada —exclamó con los ojos cristalizados.
—Era una situación que requería esas medidas, si no los dejaron pasar fue porque nadie debía entrar o salir sin autorización —explicó Charlie, llegando a la sala de espera después de haber sido atendido por los sanadores. Afortunadamente ninguna lesión había sido de consideración, trabajar con dragones lo había hecho resistente a heridas superficiales.
—Debimos estar ahí, debí estar ahí —gruñó, resbalándose por la pared hasta quedar sentado, se llevó las manos a la cabeza ocultando su rostro.
Luna se sentó a su lado, lo atrajo hacia ella abrazándolo. Hundiendo sus blancos dedos en los mechones pelirrojos, mientras tarareaba la canción de la caja de música que él le había regalado. Ron apartó sus manos sorprendido y sonrojado como pocas veces en su vida, los ojos grandes ojos de su amiga lo atraparon en su búsqueda por entender su proceder y su extraño perfume se colocó en su nariz.
—Debes calmarte, él necesitara que estés bien para ayudarlo a encontrar a Hermione —murmuró gentil, dibujando una sonrisa—. Ronald aún no es tiempo de que encuentres las respuestas que necesitas en mis ojos, buscas en el lugar incorrecto.
Él la miró aún más extrañado, como si tuviera frente a la maestra Trelawney, y esta le estuviera hablando sobre figuras en la taza de té o predicciones en la esfera de cristal. Y mientras ellos estaban en su nube, la conversación seguía desenvolviéndose alrededor de ellos.
—¿Podrán encontrarla? —preguntó Neville con el rostro desencajado.
—Claro que sí —afirmó confiado Charlie—, ya hay aurores buscando a todas las personas secuestradas.
—Pero no han logrado rescatar a los que aún siguen en su poder, han aparecido muchos muertos… tal vez…
—Eso no sucederá, lograremos parar esta locura, ya lo verán.
Molly en compañía de Arthur salieron del elevador, de inmediato se reunieron con sus hijos buscando noticias. Ginevra iba unos pasos atrás abrazándose a sí misma su semblante entristecido hablaba por si solo de cómo se sentía. Su padre había descubierto su inexistente relación con Draco y si no estaba en su cuarto castigada hasta el fin de siglo era por lo las noticias que habían recibido, eso había hecho que su papá pospusiera la que sería una terrible platica. Afortunadamente su madre aún no estaba enterada y seguramente sus hermanos tampoco, pero sería cuestión de tiempo antes de que todos quisieran crucificarla por mezclarse con un hurón, aunque ahora eso era lo que menos le interesaba.
No podía creer que en verdad aquello estuviera sucedido, el remordimiento la estaba matando por dentro, se sentía una escoria, ella había causado sin desearlo de verdad una pelea entre Harry y Hermione. Ahora él estaba en el hospital y ella estaba en manos de esos criminales, a pesar de su enojo con ellos, nunca había deseado que esto pasara.
Y por si fuera poco todo lo que estaba ocurriendo, no tenía noticias de Malfoy. No quería pensar que su padre le hubiera propinado alguna represaría que lo tuviera encerrado en su mansión o algo peor.
Todo estaba yendo mal para todos, no sólo para ella. ¿Por qué? ¿Por qué tenían que suceder esas cosas?
*º*º*º
Sirius tenía un horrible dolor de cabeza, a pesar de que una enfermera ya se había encargado de curarlo, pero no era para menos estaba que se lo llevaba el demonio por toda esa jodida situación; deseaba estar en ese momento con Harry, pero no podía simplemente mandar al infierno sus responsabilidades con el Ministerio y la población mágica.
El desastre que habían causado le impedía salir de Azkaban en ese momento. Remus se encontraba supervisando el reconocimiento de cadáveres de civiles, prófugos y aurores. Gran parte de sus hombres se encontraban en St. Mungo por heridas y el resto que no había estado en la batalla o que habían logrado salir sanos, estaban en los rondines de seguridad. La zona de desastre se encontraba ahora resguardada por los Inefables y otros agentes del Ministerio que se encargarían de dejar todo limpio, como si nada hubiera ocurrido, lo cual le parecía detestable, muy difícilmente los magos olvidarían la batalla que se había desarrollado en un evento de caridad.
Kingsley Shaklebolt llegó más tarde a la prisión, justo en medio de un interrogatorio que encabezaba Black en una sala adusta donde apenas se contaba con una silla donde se encontraba amarrado por cuerdas mágicas.
—Por enésima vez, ¿quién es tu jefe? ¿dónde está su escondite? ¿qué es lo que pretenden? —Su voz grave retumbo en las paredes grises.
Clawson soltó una fea carcajada que dejó a la vista su dentadura desecha. —Pierdes tu tiempo, ninguno podrá decirte nada estamos unidos por hechizos de confidencialidad y los de alto rango hacen juramentos inquebrantables.
No era algo que no hubieran supuesto, la posibilidad había surgido cuando habían interrogado al que creían era la cabecilla. Ese grupo de ex presidiarios contaba con una organización peculiar, creían que tardarían en volver a recuperarse con la caída de su líder y sin embargo habían sido capaces de realizar un ataque de esa magnitud.
Quería respuestas y las obtendría así tuviera que salirse de las normas del Ministerio.
Lo tomó de la solapa y acercó su rostro al del hombre. —Escúchame hijo de Morgana, me importa un bledo tú y tus malditos hechizos de confidencialidad. Podemos hacer esto por las buenas, por las malas o a mi manera y te juro que no te va a gustar… —Lo aventó dejando que la silla cayera con él.
—El Ministro llegó —anunció un auror desde la rendija en la puerta.
—¡Maldición! —Apretó sus puños con fuerza logrando que sus uñas se clavaran en su piel, pateó la silla con rabia—. ¡Esto no termina aquí Clawson!
Black salió bufando del cuarto, escuchado a su espalda algunos quejidos del hombre. —Encárgate de él.
—Sí señor.
Kingsley le dedicó una larga mirada. —Sirius —Estrechó de forma afectuosa su mano.
—Estaba interrogando a Clawson —profirió con tensión, quitándose del rostro los mechones negros que en ese momento tanto le molestaban.
—Lo sé, estoy al tanto de todo lo que está ocurriendo —explicó indicándole que avanzaran a una zona más privada—. Lo que no me explico es qué estás haciendo aquí.
—¿De qué diablos hablas? —Se paró en seco con visible perturbación.
—Debes ir con Harry —dijo sin más.
—Pero no puedo…
—La situación por la que estábamos pasando es grave y también lo es lo que está pasando con Harry, eres su familia, debes ir con él. Ve y descansa, te necesito mañana a primera hora, yo me encargare de todo por aquí.
Black lo vio totalmente descolocado. Sabía que Kingsley deseaba resolver este caso tanto como él, y conocía de años pasados su buena labor como auror, así que no podía dejar las cosas en mejores manos.
—Anda hombre, largo… saca tu blanco trasero de aquí —señaló dándole un golpe en la espalda, empujándolo para que avanzara.
Salió de su estupor y asintió con una sonrisa agotada pero agradecida. No hubo necesidad de decir más, salió del lugar pensando en cómo ayudaría a su ahijado atravesar esto, no había palabras suficientes para consolarlo pero tenía que hacerlo volver en sí.
Le llevó poco tiempo llegar a los almacenes "Purge y Dowse, S.A.", pero se quedó afuera fumando un cigarrillo para aplacar sus nervios y viendo como el humo desaparecía con el viento, deseó que así pudieran esfumarse todas las preocupaciones. Le dio una última calada a su cigarro y entró al hospital, estaba abarrotado de personas como en los tiempos de la guerra contra Voldemort.
La impotencia resurgió en él con fuerza, y se prometió que todas esas personas obtendrían justicia. Subió al elevador dirigiéndose a la cuarta planta. El personal médico parecía estar estresado, apenas y le habían dirigido un saludo incluso las enfermeras no se habían detenido a coquetear con él.
En los pasillos había demasiadas personas, el piso se había vuelto una verdadera sala de emergencias, varios de sus hombres heridos seguían ahí, se detuvo para peguntar por la salud de la mayoría y entonces al fondo en un consultorio improvisado se encontraba Yannel. ¡Merlín, el corazón le dio un vuelco total! Sin que su mente tuviera tiempo de procesarlo ya se encontraba junto a ella.
—¿Estás bien? —preguntó de sopetón, evaluándola con la mirada.
La vieja enfermera que se encontraba atendiéndola los miró con una sonrisa conocedora. Al ver que su paciente se había quedado perpleja y sin el don del habla, decidió responder por ella.
—Se encuentra bien, sólo unas magulladuras y cortadas que curaremos en breve, debo ir por algunas pociones e ungüentos, quédese aquí —ordenó, corriendo la cortina al salir dándoles un poco de privacidad.
—¿Por qué tardaste tanto en venir a que te atendieran? —cuestionó a manera de regaño.
Yan sintió que su rostro se enrojecía, su preocupación parecía tan genuina. Su corazón latía desbocado desde el momento que lo había visto aparecer en el fondo del pasillo y tenerlo así de cerca no ayudaba. —Lo preferí así, mis heridas no eran tan graves.
—No vuelvas a hacer eso, si estas herida, permite que te curen —reprendió, dejándola con los ojos cuadrados, había olvidado lo sobreprotector que podía ser.
—Sé cuidarme sola.
Black rodó sus ojos, mientras exhalaba molesto. —No cuestiono eso.
—En cambio tú, en verdad necesitas que alguien te recuerde que eres un mortal y como también necesitas cuidar de ti.
Touche. Sirius se quedó callado un poco harto de esa cantaleta, había estado escuchando eso, no sólo de ella si no de las demás personas, pareciera que él lo hiciera apropósito y no era así, simplemente que las circunstancias lo superaban.
—Es mejor que me vaya —anunció sin hacer el ademán de retirarse, tenía la vista fija en aquella mujer, en sus profundos ojos que le hablan en silencio contándole historias pasadas.
—Deberías… —murmuró con decepción que supo ocultar. Alzó su mentón orgullosa sabiendo que no debía caer en la tentación de retomar el tema de su relación.
—Sí, debo ir con Harry —dijo más para él que para ella.
Yan abrió sus ojos ampliamente, ahora entendía por qué estaba él ahí y no en Azkaban. —Circe bendita, dile… sólo… la encontraremos.
—Claro que lo haremos —confirmó determinado.
De nuevo el silencio se instaló entre ellos, no hubo tiempo para más, pues la enfermera volvió con todo lo que necesitaba, a Sirius no le quedó de otra que seguir su camino, dejando buena parte de él con ella en esa camilla.
Le costó varios segundos recuperarse y no volver sobre sus pies para atraparla en un beso apasionado que los hiciera olvidarse del resto del mundo. Encontrar en ella el consuelo que tanto estaba necesitando, el apoyo y sobre todo su amor, pero había dejado ir todo eso.
«Ya habrá tiempo.»
Una vez más había decidido frenar su vida sentimental para encargarse de magos oscuros, pero esta vez, no estaba seguro de poder sobrellevar eso con la misma interesa que en el pasado. Respiró profundamente y llegó al lugar donde esperaba encontrar noticias de Harry.
—¿Qué ha sucedido? —cuestionó apenas tuvo enfrente a un pelirrojo.
—Él no se encuentra bien —manifestó Arthur—. Físicamente se está recuperando, pero…
—Lo sé, está desesperado por encontrarla.
—Dicen que su magia esta inestable debido a su estado mental —murmuró Molly con congoja.
—Piensan que es peligroso para él y para los demás, pues no tiene control de su magia —añadió Arthur más entero que su esposa, pero las tensas arrugas de su rostro hablaban de su preocupación.
—¿Qué vamos a hacer? —habló Ron, haciéndose notar.
Sirius no tenía en su boca las respuestas que ellos necesitan escuchar, no ahora al menos. —Iré a verlo.
—Lo han puesto a dormir.
—Aún así, debo estar con él —afirmó con seguridad.
*º*º*º
Hermione recuperó lentamente la conciencia, se sentía débil y mareada, trató de abrir sus ojos pero no lo logró, buscó mover su cuerpo pero ocurrió lo mismo se encontraba bajo un encantamiento que le impedía moverse; con el miedo culebreando su cuerpo, recordó lo que le había sucedido, había sido plagiada por los prófugos.
—Son todos. —La voz raposa de un hombre se escuchó después de un ruido sordo.
—Tengo sus nombres —habló un segundo mago.
—Pasaremos la noche aquí, mañana tendré la localización del nuevo lugar —mencionó otro—. Encárgate de las guardias, nadie debe escapar y mucho menos esa sangre sucia… tenemos planes especiales para ella.
Las palabras retumbaron en sus oídos… ¿qué haría ahora?
*º*º*º
Continuará…
