Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Desquebrajarse.

Harry tenía la sensación de estar cayendo en un espacio sin fondo del que no veía la salida.

Repentinamente estaba en el Baile de la escuela, alzó su mirada tratando de entender lo que sucedía y ahí, unos metros adelante en la pista se encontraba Hermione, luciendo aquel arrollador vestido rojo que lo había dejado sin aliento como la primera vez que se lo había puesto. Ella alzó su mano hacia él invitándolo a acercarse.

El corazón se le aceleró de golpe, tenía que ir con ella, avanzó con pasos seguros y cuando estaba a punto de alcanzarla, observó con horror como un hombre salía de la nada tomando a su novia de forma violenta, él trató de ir tras ellos pero la oscuridad lo cubrió por completo.

Despertó de forma brusca, abrió sus ojos desmesuradamente, el nombre de Hermione seguía en sus labios. Se sentó de golpe en la cama, su respiración estaba agitada y estaba lleno de sudor, como si hubiera corrido un maratón. Una fuerte mano se posó en su torso, obligándolo a volver a acostarse.

—Tranquilo —pidió Sirius, mirándolo con alivio, habían pasado dos días desde la última vez que había estado consciente y verlo despierto lo llenaba de alegría.

Harry se llevó la mano a su frente, no porque le doliera la cicatriz o tuviera un horrible dolor de cabeza, simplemente se sentía perdido con una sensación intensa de mareo.

«¿Qué ocurrió?».

El miedo regresó a su cuerpo recorriéndolo como si fuera veneno, se removió incomodó. Algo había pasado pero ¿qué? Las pesadillas que había tenido volvían a su mente una tras otra, revolviéndose con sus recuerdos.

—¡No! —exclamó de forma dolorosa.

—Harry escúchame, tienes que controlarte —dijo alzando su voz sobre el lamento de su ahijado, verlo destrozado y desquiciado era una imagen que le partía el alma.

—Tengo que buscarla —balbuceó desesperado, intentó incorporarse pero no logró hacerlo, era como si su cuerpo se resistiera a obedecerlo y eso era absurdo hacía unos minutos había logrado sentarse—. ¿Q-qué me sucede?

—Es sólo un hechizo inmovilizador, sólo relájese señor Potter —mandó un sanador.

Potter se resistió a ceder el control de su cuerpo. —Arrrggg, suéltenme —pronunció entre dientes. Odiaba no tener sus lentes puestos, no podía ver bien y eso lo estaba alterando aún más.

—Harry basta, tu magia esta descontrolada y está causando demasiados daños, debes calmarte o terminaras destrozando el lugar —informó su padrino, tratando de hacerlo entrar en razón—. No puedes dejar que esto te supere debes controlarte, así podrás salir de aquí e iremos a buscar a Hermione, piensa en ella, te necesita…

Sirius no dejó de hablarle y algo de todo su discurso debió tener efecto en él, dejó de luchar quedándose quieto, permitiendo que los sanadores hicieran su trabajo de revisión.

—Señor salga —pidió un sanador.

Black buscó quedarse pero finalmente tuvo que salir ante la insistencia de los sanadores, volvió a la sala donde se encontraban parte de los Weasley, aguardando por noticias.

—¿Cómo está? —Se aventuró a preguntar Molly.

—Despertó, físicamente se está recuperando, pero tenemos que esperar. Ahora se encuentra con especialistas, tienen la esperanza de estabilizarlo y que tome el control de su magia nuevamente —explicó destrozado, habían sido realmente dos días muy largos.

La banda de los prófugos aún no mostraba señales y tenían a todos al borde de la histeria, las familias deseaban de vuelta a sus integrantes secuestrados. La presión hacia el Ministerio crecía día a día, logrando que el ambiente en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica fuera tan tenso que era incluso imposible respirar.

Sirius había encabezado la búsqueda, los rondines por Londres, seguían cada pista que les llegaba, pero aún no lograban dar con nada. Los interrogatorios a los presos seguían su proceso, Kingsley había tomado las riendas de ellos, dándole tiempo libre a Black para pisar St. Mungo, además de que habían recurrido nuevamente a convocar a una reunión de la Orden del Fénix, pidiendo su ayuda para resolver esta situación que se había convertido en una sombra negra que se cernía sobre ellos llenando a todos de dolor y muerte.

—¡Gracias a Merlín! —exclamó la mujer.

—Seguro pronto saldrá de esta —añadió esperanzado Bill.

—El muchacho se repondrá —confió Arthur—, ahora tengo que volver al trabajo, cualquier cosa mándenme una lechuza de inmediato y estaré aquí.

—Gracias —manifestó Sirius con sinceridad.

—¿Los padres de Hermione ya están enterados? —cuestionó Tonks, había sido dada de alta el día anterior después de su larga estancia en St. Mungo y estaba lista para volver a la acción aunque no les agradara del todo a su madre, Sirius y Remus, pero era una mujer bastante testaruda como para poder ser detenida.

Black soltó aire agobiado, aquella noticia no les caería nada bien a los Granger, él les había fallado, Hermione estaba bajo su techo, era su responsabilidad tanto como Harry o Ron. —La profesora McGonagall ofreció ir a su casa para ponerlos al tanto. Seguro vendrán y he propuesto mi casa para hospedarlos.

—¡Gárgolas trepadoras! No será fácil para ellos —exclamó afligida Nymphadora, su cabello se volvió grisáceo debido a su estado de ánimo, recuperar sus habilidades de metamorfaga había sido un proceso lento pero ahora podía cambiar nuevamente, no cambios completos pero con un poco más de tiempo volvería a ser la de antes.

—Hablaré con ellos en cuanto lleguen —comentó Molly, conteniendo el llanto.

—Yo también me voy, pasaré a ver a Teddy y después iré al Ministerio, estoy oxidada pero seguro podré hacer algo —anunció firme.

—Ten cuidado —pidió Canuto, tomándola del brazo.

—Lo tendré, dos veces no dejare que me ocurra lo mismo —respondió con una media sonrisa.

*º*º*º

Las clases habían reiniciado después de las vacaciones de diciembre. Ron se encontraba sumamente cansado, había estado en el rol de la noche con un escuadrón vigilando la zona este y a pesar de eso su madre lo había mandado a la Academia.

No sabía siquiera qué hacía ahí, agradecía que sus profesores no lo cuestionaran, ni le dijeran nada por la ausencia de su amigo y hubiera preferido que sus compañeros fueran así de considerados, pero era mucho pedir, habían estado haciéndole toda clase de preguntas y comentarios logrando que él explotara saliendo del lugar como una fiera.

Se fue a refugiar al campo de duelos que se encontraba vacío en ese momento y sin darse cuenta ya se encontraba derramando lágrimas. Aún no lograba asimilar todo lo que estaba ocurriendo, realmente estaba actuando por inercia, en piloto automático dirían algunos.

Harry se encontraba en St. Mungo, herido y loco, realmente no sabía cuándo saldría de ese estado para poder patearle el trasero —por haber permitido que se llevaran a Hermione— y abrazarlo, no sabía cuál de las dos opciones sería la primera pero quería verlo sano.

Sin duda se sentiría mejor haciendo equipo con él en esta locura. Ahora es que se daba cuenta que Harry no le había mentido al decir que la quería o no estaría en aquel estado, se encontraba sufriendo tanto o más que él.

Hermione los necesitaba a los dos, sólo Merlín sabría qué era lo que le estarían haciendo, la sola idea lo destrozaba. Sabía que ella era fuerte y que probablemente se encontraría luchando en ese momento, pero cuánto podría resistir antes de quebrarse por completo o terminar muerta.

Soltó una maldición soez, limpiándose el rostro de forma rabiosa.

—Weasley —llamó Gawain Robards.

Ronald se talló los ojos antes de girarse hacia donde su profesor se encontraba.

—Señor…

—¿Qué es lo que está haciendo aquí?

—Yo… —Cerró su boca sin saber qué decir.

—No debería estar merodeando por aquí, tendría que estar en la aula de encantamientos avanzados con la profesora Shadow.

Él agachó su cabeza aceptando la reprimenda, no tenía caso negarlo, excusarse o molestarse.

—Preséntese en una semana en mi despacho para recibir un castigo. Ahora largo de mi vista.

Asintió con un cabeceo, sorprendido por la reacción de su profesor. ¿Le había dado una semana más sin asistir a clases o es qué había salido expulsado? Realmente no se iba a poner a cuestionar eso, necesitaba irse de ahí ya y sabía dónde era necesario ahora.

*º*º*º

Hermione recobró el conocimiento debido al Aguamenti que su torturador personal lanzó sobre su rostro. Tosió copiosamente contra el suelo, aspiró con fuerza aire tratando de controlarse, sus ojos estrechados por el dolor que sentía dieron contra las suelas de los zapatos del mago oscuro.

—Es hora de tu dosis, sangre sucia, el jefe quiere verte.

—Púdranse, no les diré nada —dijo de forma automática, había estado pronunciando lo mismo desde su secuestro. Esos malditos habían tratado de entrar a su mente sin lograrlo, podía no tener su varita para defenderse pero aún tenía su magia y si bien no podía activar la Oclumancia se había ayudado de otros pequeños conjuros silenciosos que no necesitaban de su varita que blindaban sus recuerdos.

—Ya veremos, ¿crees que no utilizaremos las maldiciones prohibidas en ti? —La tomó del mentón logrando que alzara su rostro—. Estás equivocada, lo haremos y yo lo disfrutaré tanto que lo último que escucharas será mi voz acompañada de mi risa al verte retorcerte como un animal —profirió maligno, esbozando una sonrisa sádica.

Le sostuvo la mirada con firmeza, demostrando su espíritu de pelea que aún no menguaba a pesar de las horribles horas que había vivido.

—¡Ahora abre la boca, maldita! —exclamó, apretando con fuerza su barbilla obligando a que a separara sus labios, donde vació el contenido de la botella— ¡Trágalo!

Se negó a hacerlo, pero finalmente la presión y la sensación de ahogo fue demasiado para ella, cedió pasándose el líquido. Sabía que no era veneno, ni tampoco Veritaserum, se trataba de un filtro vigorizante, deseaban mantenerla cuerda hasta que obtuvieran lo que deseaban y estando inconsciente, débil y moribunda no les serviría para nada.

—Eso es, te has portado bien —La tomó del cabello, estrellándola contra el frío muro—. No me extrañes, volveré pronto.

Hermione soltó un quejido, acomodándose en una postura que la hiciera sentir remotamente bien, estaba entumida, adolorida por los golpes y maleficios, pero seguía luchando y no dejaría de hacerlo. Sabía que los aurores se encontraban buscándolos y confiaba en que lograran encontrarlos antes de que ella acabara como un cadáver más de la lista de esos maleantes, pero no iba a dejar nada al azar, éste era el tercer lugar al que los cambiaban, estaba en el sótano de una casa aún no descubría su locación exacta pero ya no importaba, los había escuchado hablar captado detalles sueltos del nuevo lugar a donde los llevarían esta noche, estarían cerca del océano.

Cerró sus ojos, podía sentir como los efectos del filtro comenzaban a envolverla.

—Harry —murmuró en sollozo, no podía dejar de pensar en él y en cómo se habían dado las cosas. Él había ido al concierto, probablemente siguiéndola, le rogaba a Cirse que él estuviera bien. Ahora más que nunca lamentaba el no haberse arreglado con él, podía haber pasado sus últimas horas juntos, durmiendo con él, sintiendo su calor, sus brazos rodeándola, compartiendo besos.

Aún no entendía cómo era que Ginny había llegado a la habitación de su novio, ni qué era lo que hacía con un frasco de Amortentia en su mano. Ni mucho menos por qué era que habían estado tan cerca, pero suponía que ya no importaba.

Y mientras su cuerpo se fortalecía decidió dejar un nuevo mensaje, las cadenas mágicas le impedían alejarse del lugar donde se encontraba, pero al menos podía moverse un poco, sacó de su abrigo la piedra filosa que había logrado coger de la cueva, se había dado cuenta que uno de los ladrillos que se encontraban a su lado estaba flojo, lo sacó con esfuerzo y se apuró a escribir con un par de runas un mensaje.

*º*º*º

En Hogwarts, Ginny se encontraba caminando por los pasillos como si se tratara de un fantasma, el día anterior Charlie la había escoltado a la plataforma 9 ¾ para que tomara el expresso. Sus padres y demás hermanos no habían ido a despedirla, no sólo por la situación de Harry y el mundo mágico, sino porque estaban sumamente enojados con ella.

La noticia de su noviazgo con Malfoy había explotado causado todo un desastre a su alrededor, logrando que su vida fuera más miserable y ese desgraciado hurón ni siquiera había dado señales de vida, lo peor es que en verdad estaba preocupada por él.

—Hola —saludó Luna con una sonrisa, parándose frente a ella—, ¿quieres una parte de mi tableta de chocolate?

—Gracias, en verdad necesito chocolate, espero que eso me anime un poco. —Tomó una parte, logrando que la barra se rompiera en dos partes ligeramente desiguales.

—Lo hará, ¿aún nada de Malfoy?

—No, comienzo a creer que no sabré de nuevo de él y seguro será lo mejor. Sólo vino y me dejó metida en este lío —exclamó rabiosa, mordiendo con enojo su chocolate.

—Tal vez él tampoco se encuentre pasándola bien —comentó con una mueca.

—Sí, lo sé y eso es por lo que más lo detesto, si no hubiera hecho esa estupidez de fingir que estábamos saliendo, nada de esto hubiera ocurrido. ¡Es un idiota, egocéntrico y molesto!

Luna soltó una risa divertida, su amiga se había puesto roja nuevamente hasta las orejas. En verdad le infringía mucha intensidad y pasión a su «odio» por el hurón.

Ginevra exhaló profusamente, recargándose en el muro del castillo. —¿Crees qué Harry ya esté bien?

—Él nunca ha estado mal, sólo esta triste por no poder ayudar a Hermione, se pondrá bien e irá a buscarla junto con los aurores.

—Sí… supongo.

—No deberías sentirte culpable.

—No puedo evitarlo, ese día Hermione salió de la mansión corriendo por mi culpa, por estar ahí con Harry, no sé qué fue lo que pensó o más bien si lo sé… pero no sé si Harry pudo hablar con ella antes de que sucediera el ataque —masculló con los ojos humedecidos.

Luna no tuvo oportunidad de responder a eso, un grupo de Slytherins se acercó a ellas con claras intenciones.

—¡Pero miren a quién tenemos aquí, a la pobretona Weasley junto con Lunática Lovegood! —exclamó Katherin *Moon con una mueca de repulsión.

—¿Cómo es qué tu una zanahoria sin gracia logró que Draco fuese su novio? —exclamó otra chica, pasando su mirada por el cuerpo de Ginny.

—Seguro le dio un filtro, él jamás se fijaría en ella —repuso mordaz Brittany *Harper, en sus manos llevaba un ejemplar de Corazón de Bruja, donde había salido la noticia con varias fotos de Draco y Ginny en el evento social—, ¿no venden de esas pociones en esa tienducha de su prole?

Ginevra se enderezó alzando su barbilla con orgullo, no tenía porque dejarse amedrentar y molestar por esas víboras.

—¿No tienen nada más que decir? —preguntó altiva cruzándose de brazos—. Sólo están ardidas y para que quede claro, lo que yo tenga o no con él, es sólo nuestro asunto —aseveró pasando sus ojos por cada una de las chicas, encontrándose en el fondo con Astoria Greengrass, la cual no le cuadraba con aquella banda de molestas serpientes.

—Vamonos Ginny, no tiene caso hablar con ellas —anunció Luna, a su lado.

—¿Ardidas? ¿Por qué tendríamos que estarlo? Él sólo esta jugando contigo, que pena que no te des cuenta —canturreó maliciosa Katherin.

Ginny estrechó sus ojos con recelo, dispuesta a poner en su lugar a esa chica odiosa, pero la mano de Luna en su brazo la detuvo de cometer una barbaridad, la arrastró lejos de ellas, los comentarios venenosos las acompañaron hasta que dieron vuelta en el pasillo.

—Me hubieras dejado ponerlas en su lugar, ¡mira que decir semejantes estupideces, no saben nada de él ni de mí!

—Tranquilízate, no tiene caso que les des importancia, ellas no necesitan que tus les expliques, ni demuestres nada, sólo están celosas y es mejor que las ignores —aconsejó dibujando una media sonrisa para animarla.

—Si están que se muren de celos, si supieran la verdad sólo estarían riéndose —resopló con una mueca—. ¡Ahora tengo una razón más para querer patear el trasero blanco de ese oxigenado!

La risa de Luna llenó el pasillo contagiando a la pelirroja, quien finalmente también rió de la tontería que había dicho.

*º*º*º

En el cuartel, Remus después de estar por horas revisando el mapa y el cuadrante por el que se movían los prófugos ayudado por las pistas y los ataques que habían hecho había logrado establecer posibles lugares que habían servido como guaridas, ahora se encontraban aurores en cada uno de ellos revisándolos.

Se talló la frente limpiándose el sudor que la perlaba, pronto sería luna llena y estaría fuera de combate por varios días, de ahí que quisiera que esto resultara bien, no podía dejar solo a Sirius encabezando esta misión, no cuando Harry estaba así.

—Señor, han encontrado algo —avisó Fleming con el mensaje arrugado en su mano y la respiración agitada.

Lupin agarró la nota con impaciencia, leyéndola con rapidez, no había tiempo que perder, mandó a un auror a avisarle a Sirius, antes de salir volado al lugar. Le tomó un cuarto de hora llegar, la zona ya había sido acordonada por el escuadrón de aurores que había arribado primero al lugar.

Habían colado antorchas en las paredes rocosas iluminando el sendero, siguió internándose hasta que finalmente encontró el lugar indicado, había restos de un campamento, no se habían esforzado demasiado en ocultarlo.

—¿Qué hallaron? —cuestionó apremiante, sondeando todo el lugar, varios aromas llenaban su nariz, incluso podía registrar el de Hermione, debido a su sentido del olfato desarrollado por la licantropía.

—Venga aquí y véalo por si mismo —sugirió Dawson.

Lunático se acercó sigiloso, observando como una piedra había sido removida de su lugar dejando un rastro de polvo y tierra, ahí debajo de esa capa se podía leer un par de runas raspadas en el suelo.

Se colocó de cuclillas buscando reconocer mejor los signos, la erosión natural había comenzado su proceso haciendo apenas legible el texto. Sus ojos se abrieron de golpe al descubrir que la autora no era otra Hermione, nadie más podría escribir ese conjunto de signo con tanta lógica y mucho menos dirigir una parte a Harry. El corazón se le fue al fondo del estómago, si así se sentía él, no quería pensar cómo se sentiría el chico.

Carraspeó tratando de limpiar su garganta y apartar el nudo que tenía atravesado. —¿Ya tomaron fotos?

—Sí, ya lo hemos hecho.

—¿Qué es lo que tienen? —La voz de Sirius resonó en la construcción rocosa.

—Es mejor que lo veas por ti mismo —respondió su amigo, sabiendo que él también entendería el significado de las runas, no por nada él tenía tatuado varios *símbolos en su torso.

—Rúnico.

—Sí, ¿sabrás lo qué dice?

Un pliegue apareció entre las dos cejas fruncidas de Sirius al concentrarse, su semblante se pasó de asombro a seriedad completa, dejando apenas que una tenue sonrisa cubriera sus labios resecos.

—Harry necesita saber esto.

—Lo sé, ¿él…?

—Reaccionó, se encuentran haciéndole exámenes y hablara con especialistas, si todo resulta bien lo dejaran salir con la condición de que asista a ciertas sesiones que lo ayudarán a canalizar sus emociones y a superar sus pesadillas.

—Todo irá para bien —habló infundiéndole animo a su amigo.

—¿Alguna otra cosa? —cuestionó en voz alta para los demás aurores.

—Aparte de los desechos y basura nada, señor —indicó Aldrich.

Canuto gruñó una maldición. —Limpien el lugar, tomen un descanso y después vuelvan al Ministerio.

—Daremos con ellos, aún falta que lleguen noticias de los otros escuadrones, pero ahora es mejor que vayamos con Kingsley, quiere vernos —dijo Remus, logrando que Sirius lo mirara intrigado.

—¿Es por los interrogatorios? ¿Habrá obtenido algo?

—No lo sé.

Black apretó su mandíbula esperando que no fueran más malas noticias, se enfiló hacia la salida en un silencio tenso con Remus a su lado.

*º*º*º

Hermione se había mantenido alerta había escuchado demasiado gritos agonizantes, los desgraciados se encontraban torturando a los otros cautivos. No lo soportaba, lo único que tenía seguro en ese momento era que ella seguía en la lista.

«¡Que impotencia! ¡Por favor Merlín, Dios… que nos encuentren!».

Los lamentos cesaron, unos fuertes pasos comenzaron a descender la escalera en pocos segundos tuvo enfrente a esos bastardos, sonriendo, mostrando todos sus horrendos dientes en esa mueca de pura maldad.

—Déjenme a solas con la sangre sucia —ordenó una hórrida voz que estremeció a la chica.

Los hombres asintieron intercambiando comentarios asquerosos que sólo le provocaron náuseas, apenas hubieron avanzados unos pasos ella pudo ver al que llamaban «jefe». Sus ojos sorprendidos se ensancharon bajo sus cejas arqueadas.

«¡No puede ser es Augustus Rookwood! ¡Se suponía que estaba muerto!».

—¿Desconcertada? —cuestionó con mofa— ¿Cómo estoy vivo? Es una larga historia, mi tiempo es valioso, así que prefiero gastarlo en hacerte unas pequeñas preguntas.

Sacó su varita, pasó su mano libre por ella y sonrió como si estuviera recordando algo muy divertido.

—El que estés aquí no es una casualidad, si no eras tú sería el traidor de sangre pobretón de Weasley, necesitábamos alguno de los dos para hacer funcionar este plan, me ha llevado tiempo y demasiada gente así que no estoy dispuesto a fallar —comentó paseándose frente a ella con altanería.

Hemione trataba de darle forma y sentido en su mente a lo que este hombre estaba diciendo, junto todo lo que sabía los ataques, la información sobre su muerte, lo que pedían estos hombres parta soltar a los cautivos.

—No te rompas la cabeza, ¿por qué no comenzamos? —preguntó en un tonó macabro, sus ojos se encendieron maliciosos—. ¿Dónde está la varita de saúco?

Granger lució aún más perturbada. «Todo se trata de las reliquias… ¿acaso quiere convertirse en el Maestro de la Muerte?».

—¡Dímelo! —demandó apuntando su varita hacía ella.

—¡No lo sé! —gritó. Tal vez en algún momento había conocido dónde había terminado, pero no más, todo lo que había sucedido en la oficina del director no eran más que recuerdos borrosos debido a un hechizo, él único que ahora conocía su localización era Harry, el legítimo dueño de la varita del destino.

Crucio —pronunció con vileza, una bola roja salió desde la punta de su varita chocando de lleno contra el cuerpo de la bruja.

Hermione apenas tuvo tiempo de tomar aliento antes de sentir aquel implacable dolor que la desgarraba haciéndola gritar entre lágrimas. Se obligó a no pensar en lo que sucedida, recordando a Harry, así era por lo menos más soportable aquello.

—¡Habla ya! ¡Loca no me servirás de nada, inmunda sangre sucia! —escupió iracundo, lanzándole una patada.

—¡No sé nada! —sollozó, meciéndose.

—Veamos si es verdad. ¡Legeremens!

El hechizo fue más fuerte que el que había sido utilizado por sus secuaces, la intromisión a su mente fue brusca, dolorosa. Su barrera cayó sin que pudiera hacer más, lo sintió rebuscar entre sus recuerdos sin piedad.

—¡Basta! —soltó llevándose las manos a su cabeza, logrando expulsarlo.

—Interesante, eres la primera que consigue hacer eso —comentó asombrado y molesto—. ¿Cómo es qué el recuerdo de la varita está dañado? ¿Cómo fue que lo hicieron?

—Púdrete.

—Maldita, ¿acaso tengo que recordarte tu lugar? —cuestionó alzándola del cuello de su abrigo.

—¡Es un ser despreciable!

—¡La única despreciable aquí eres tú! —exclamó aventándola al suelo, como si se tratara de una basura—. ¡Volveré a entrar a tu mente y esta vez no te opondrás o lo pagarás!

Hermione se preparó para aquello, no sabían cuánto más aguantaría, pero al menos le quedaba la satisfacción de que no lograría sacarle nada de las reliquias.

*º*º*º

En la oficina del Ministro, Kingsley recibía a los dos hombres. Se encontraba parado al lado de la inmensa silla que coronaba el escritorio de cedro tallado.

—Tomen asiento por favor —pidió.

Un elfo se encargó de poner frente a ellos dos tragos de whiskey envejecido, a pesar de que ellos no lo habían pedido. Black no dudo en béberselo de un trago, había estado necesitando eso desde la mañana.

—¿Qué ocurre? ¿Clawson soltó algo? —cuestionó Sirius sin ocultar su ansiedad por noticias.

—Tengo una pista para ustedes —manifestó serio.

—¿Cuál es?

—Se trata de un lugar, una dirección vaga que logramos obtener de la mente de Clawson, pero tal vez ustedes puedan sacar algo más de sus recuerdos —señaló colocando un frasco frente a ellos.

—¿Y por qué no has mandado hombres? —inquirió Canuto levantándose de un salto, dejando caer el vaso que rodó por la alfombra.

—Necesito que ustedes se encarguen de eso, estamos cortos de personal debido a todo lo que está ocurriendo, trabajadores cuidando los sectores públicos, los aurores en Hogwarts, en los puntos de aparición, las zonas que se encuentran resguardadas.

—Comprendemos, nos encargaremos de darle seguimiento —repuso Remus manteniendo la calma por él y su amigo.

—Pero no sólo les pedí que vinieran por eso, la banda de prófugos ha mandado sus peticiones para soltar a los prisioneros. —Les extendió el pergamino con los puntos.

—¡Esto es una reverenda estupidez! ¡De ninguna accederemos a nada de esto! —explotó Canuto.

—No estaba pensando en aceptarlo, confió en que ustedes lograran detenerlos —explicó con serenidad el Ministro.

—Sus peticiones rayan en lo absurdo —comentó Remus, al concluir la lectura dejando la lista sobre el escritorio.

—Harry no se enterará que están pidiendo que se entregue desarmado por Hermione, es muy capaz de hacerlo en el estado que está y eso no serviría de nada —declaró tozudo Sirius deambulando por la habitación como animal enjaulado.

—Estoy de acuerdo en eso —concordó Lupin.

—No deberían ocultárselo, es su decisión después de todo, él seguro querría estar enterado. Tal vez pudiéramos planear una emboscada en el intercambio…

—¡No! De ninguna manera, sería demasiado arriesgado, no tenemos garantía de que ellos piensen cumplir —ladró Black, mostrándose furioso.

—Es cierto, no son confiables.

—Por ahora no haremos nada, pero no puedo garantizar que las familias de los secuestrados no negocien con ellos —agregó Kingsley, aunque eso no tranquilizo a los hombres, sólo añadió más peso sobre sus hombros.

*º*º*º

Por la tarde noche, Harry se encontraba ya en una habitación, estaba agotado y un poco harto de los sanadores, habían estado entrando y saliendo revisándolo cada dos por tres, además de que había sido obligado a conversar con varios especialistas del ala de psiquiatría de St. Mungo.

Sentía su magia hormigueando bajo su piel, esperando que él la dejara fluir. No podía creer que hubiese podido perder el control hasta el punto de volverse un peligro, pero entendía que el detonante era el rapto de su novia, pues era el mismo motivo por el que deseaba salir ya de ahí.

Odiaba sentirse adormilado, lo peor es que aún no le permitían hablar con nadie aunque habían dicho que comenzarían a dejar pasar a las personas que se encontraban en espera por verlo. Tal vez le habían mentido, de cualquier forma lograría salir de ahí así tuviera que fugarse, no le importaba incluso el no tener su varita, se las arreglaría de alguna u otra manera.

Hermione lo necesitaba y él no podía fallarle, no más.

Una y otra vez se repetía en su mente la escena, la forma en que se la habían llevado.

Impotencia, desesperación, furia. Ya no sabía ni lo que sentía, sólo tenía claro que dolía con un demonio que sí.

Se quitó los lentes y parpadeó, sentía los ojos arenosos, pero al tallárselos descubrió que se encontraba llorando. Ni siquiera intento detenerlo, ni hubiera podido.

No pudo evitar pensar en esa ocasión en la mansión de los Malfoy, dónde Bellatrix la había tomado para torturarla. Sus gritos retumbando en sus oídos, ni si quiera quería pensar que estuviera pasando por algo igual y mucho menos peor.

«¡No, ella tiene que estar bien!»

Apretó sus puños con fuerza hasta sentir sus casi inexistentes uñas clavarse en su carne. Esos desgraciados pagarían con creces cada detalle, ofensa, daño que le hubieran hecho en cuanto los tuviera en sus manos.

Aquel pensamiento lo asustó, por lo que representaba, en el pasado le había dado la razón a Bellatrix cuando había logrado ejecutar una maldición imperdonable sobre Carrow, había tenido que desearlo de verdad para causar ese daño y en ese momento él estaba lleno hasta el tope con esos deseos oscuros. ¿Acaso significaba que la oscuridad estaba ganando dentro de él? ¿Se volvería un peligro para la sociedad mágica como lo había sido Voldemort? Tal vez ya había comenzado, su magia estaba desata y sin control por su culpa.

Su corazón dio una sacudida en su pecho antes de acelerarse de golpe ante sus terribles deducciones, sintió un frío asentarse en la base de su estómago. La sensación era realmente espantosa.

No podía permitir que eso ocurriera, de ninguna manera.

La puerta se abrió atrayendo su atención alejando sus temores, la cabeza de Wood se asomó por la rendija. —Tienes que controlarte, estás haciendo que el hospital se sacuda.

—Oh —exclamó, percibiendo el ligero temblor que desapareció apenas él se dio cuenta.

—Estás tan pálido que podrías pasar por una imitación de Draco Malfoy —bromeó, pero al ver que Harry no reaccionaba ni bien ni mal a su comentario lo dejó para ponerse más serio—. En verdad tienes mala cara —comentó ingresando a la habitación sentándose en la silla de visitas.

Potter respiró con alivió al ver que había logrado controlarse, tal vez los hechizos que le habían colocado estaban perdiendo su efecto. Observó con el ceño fruncido al jugador, notando su estado, tenía el brazo entablillado, algunas raspaduras y moretones, pero por lo demás se veía compuesto.

—Entiendo que me quieras fuera de aquí, yo lleve a Hermione y… —La voz se le quebró y no pudo terminar.

Las cejas de Harry se juntaron, ni siquiera había tenido tiempo de pensar en eso.

—No estoy molesto contigo, si no conmigo —afirmó más para él que para Oliver.

Wood se quedó callado, su confesión lo había tomado por sorpresa pero también lo había llenado de seriedad. —Ese día, ella llegó llorando al Caldero Chorreante.

Sus palabras fueron como un puñetazo y dolieron como tal, entrecerró los ojos pero no podía huir del espiral de remordimientos que sentía.

—Lo sé, fue mi culpa —dijo apretando sus manos formando dos puños—, por eso fui al concierto, quería hablar con ella.

—Lograras hablar con ella y espero sinceramente que las cosas se arreglen entre ustedes —exteriorizó a pesar de que él tenía el mismo interés en Hermione, pero entendía que donde mandaba el corazón no había más que hacer.

Harry sonrió a medias. Oliver realmente era un hombre de valía, un buen contrincante, no sólo en el campo sino también fuera de él.

—Confía en que la volverás a ver, ¿o acaso no piensas buscarla?

—Voy a hacerlo —confirmó determinado.

—No esperaba menos de ti, si alguien puede encontrarla ese eres tú. Yo tampoco me pienso quedar sin hacer nada, ayudaré como sea…

El sonido en la puerta los hizo voltear, Ron entró titubeante contemplándolos patidifuso.

—Es mejor que me vaya, alguien debe estar buscándome —Se levantó con una mueca un tanto por los golpes y otro poco por la vestimenta—, espero que salgas pronto —agregó ofreciéndole con sinceridad su mano.

Potter la miró extendida frente a él antes de estrecharla, de alguna forma ese gesto significó más que la unión de dos manos para los dos, así como su amor por Hermione los había colocado en un posición de rivalidad también los había vuelto a unir y reafirmar su respeto y amistad.

—Weasley —saludó palmeando su espalda, despabilándolo.

Ronald avanzó hacia su amigo por un momento sintió las ganas de pegarle por no haber protegido a su amiga, pero sería injusto. Harry al menos había peleado, él ni siquiera a eso había llegado y de cualquier forma no era momento para ponerse como un loco celoso. Además su amigo tampoco estaba para eso, no con todo lo que también estaba sufriendo y pasando.

Tosió limpiándose la garganta, buscando romper el pesado silencio que se había creado alrededor de ellos. —Mi mamá quería entrar antes, pero dejó que pasara primero.

—Ron…

—Tenemos que ayudarla —interrumpió sonando desesperado.

—¡Lo sé, tengo que salir de aquí!

—Nadie saldrá de aquí —mencionó Sirius, pasando sus ojos serios por ambos, advirtiéndoles silencioso.

—No puedes ir a buscarla hasta que los médicos te den de alta —repuso Remus. El cansancio era más que evidente en ambos hombres.

—Pero tengo que ir, ella está en manos de esos y cada segundo que pasa puede ser…

—No pienses en eso, no te llevará a nada —asesoró Lupin, acercándose a los chicos.

—Torturarte no ayudará, además necesitas de tu magia para ir por ella, por eso debes esperar un poco. Si yo supiera que no fuese peligroso dejarte ir así, yo mismo te ayudaría a escapar pero por ahora no puede ser, lo entiendes ¿no? —explicó su padrino.

Harry pocas veces lo había visto así de preocupado, no había rastro de humor ni en su voz ni en su expresión.

—Siento haber perdido el control, me volví peligroso y pude…

—Todo estará bien, pero sabes que tendrás que aceptar la ayuda que se te ofrece —espetó Canuto, posando su mano en el hombro de su ahijado.

Harry soltó el aire que contenían sus pulmones, aunque no le agradase sabía que su padrino tenía razón, así como la había tenido su novia y él no quería volverse como Voldemort. Era difícil aceptar los problemas que se tenían y tener que enfrentarlos lo era aún más y podía predecir que salir de ellos tampoco sería sencillo.

—Lo haré, pero debo salir…

—Y saldrás, tenemos que ir con tus sanadores, tal vez tengan buenas noticias y puedas irte de aquí pronto —habló Lunático, ofreciéndole un poco de paz.

—¿Se sabe algo de los prófugos? ¿Sobre Hermione? —indagó Ron, haciéndose presente, realizando las preguntas que Harry también deseaba hacer.

—Estamos sobre las pistas, y si hay algo sobre Hermione —divulgó Sirius, extrayendo unas fotos de su abrigo.

—¿Qué fue? ¿Está bien? —lanzó preguntas alarmado.

—Cálmate. —Le entregó las imágenes pasándole una a Ron que también lucia anhelante de respuestas.

—¿Qué es? —inquirió confundido, pasando las fotos tratando de entender.

—Es rúnico —respondió Ron con las cejas juntas.

—Sí, lo es —corroboró Remus—, es un mensaje que encontramos en una cueva que había sido utilizada como una guarida.

—¿Qué es lo que dice?

—«Por ahora nos encontramos bien, nos trasladarán al amanecer tratare de dejar mensajes… Harry, te amo» —tradujo Canunto terminando en un susurro un tanto por lo íntimo que resultaban esas palabras y otro poco por la presencia de Ron, pero no era algo que se hubiera podido cambiar, a pesar del dolor del pelirrojo su ahijado necesitaba escuchar eso.

Harry se hundió en la cama, luciendo visiblemente aliviado, ese mensaje había sido como un bálsamo para su atormentada alma y una vez más Hermione había logrado hacerlo sentir aquel cálido sentimiento que se expandía por su ser.

Merlín, lograría recuperarla y dedicaría cada día del resto de sus días a quererla.

En ese momento no tuvo tiempo de deducir lo que ese pensamiento representaba y cómo cambaría su vida, ahora sólo le importaba volver a tenerla entre sus brazos, saberla segura y sana.

Ronald parpadeó buscando ocultar sus ojos rojos, apretó su boca tragándose su sentir. Ahora lo que importaba es que Hermione estaba bien, no era ninguna sorpresa que ella estuviera pensando en Harry.

—Estamos esperando noticias sobre una pista que nos dio Kingsley.

—Señores la visita a terminado, tenemos que revisar al señor Potter —anunció el sanador Flemming, encargado del caso—. Los veré en el consultorio para hablar con ustedes.

—Bien, Harry recuerda quién eres y por quien estás luchando, tu verdadera fuerza no está en cuán poderosa puede ser tu magia si no en tu corazón, en las personas que te aman —dijo su padrino, dándole un abrazo antes de revolver su cabello.

—Te veré después, colega.

—Gracias por venir Ron —murmuró.

—Recupérate, debemos ir a patear traseros —profirió, sonriéndole como en el pasado.

Harry le correspondió agradecido.

*º*º*º

Pasada la media noche, la banda de criminales había movido a sus preciadas mercancías, Hermione había llegado sin conocimiento debido al trato que le había dado Rookwood, había estado tan molesto por no obtener nada en concreto, tenía detalles sueltos que debía ordenar, recuerdos que había utilizado contra ella, manipulando su mente creando situaciones que jamás habían pasado pero que habían logrado dañarla más que la tortura física.

Muhrder fue el encargado de indicarle su nuevo lugar, la soltó sin consideración sobre el suelo de madera que rechinó ante el peso, Hermione despertó quejándose, el dolor era terrible, agonizante. Se hizo bolita buscando protegerse, pero eso no basto el hombre de asqueroso aliento buscó sus manos poniéndole nuevamente los pesados y lastimosos grilletes.

El sonido del mar resonaba en sus oídos y a pesar de ser considerado relajante en ese momento no le estaba ayudando en nada.

—¡Maldición unos asquerosos muggles se están acercando al perímetro de la casa! —bramó uno de los hombres con voz gangosa.

—¡Deshazte de ellos! —ordenó Augustus.

Hermione se bloqueó no quería escuchar más lamentos, no quería pensar en la muerte de esos inocentes. Esto era un infierno, un infierno de desesperación y tristeza que la estaba consumiendo.

«Harry ven por mí. Sálvanos.»

Las lágrimas escurrieron por su rostro, el sueño la alcanzó en medio de aquel llanto silencioso.

*º*º*º

En el Ministerio, Sirius se encontraba con Remus recibiendo un nuevo informe, ambos estaban petrificados mirando las imágenes con repulsión, rabia y desesperación. En la dirección que les había proporcionado el Ministro, habían encontrado dos mensajes, el primero escrito en un ladrillo, el segundo en el suelo hecho con letra mínima y la tinta utilizada había sido sangre. En ese rincón habían tenido atada a Hermione y había demasiados rastros de tortura y manchas de sangre, tal vez por eso ni siquiera se habían percatado de lo que había colocado oculto bajo su gorro olvidado y roto.

La información que contenían los mensajes les había arrancado toda clase de exclamaciones y se aferraban a la esperanza de que ella siquiera viva, pues de no estarlo hubiesen abandonado el cuerpo y no era el caso.

—¡Augustus Rookwood! ¡Ese mal nacido hijo de Morgana pagara por esto! —exhaló con furia Sirius, estaba tan rojo de coraje, que parecía que en cualquier momento envestiría contra el que se interpusiera en su camino.

—Estaba muerto, murió en la batalla —masculló Yan desconcertada. El escuadrón al que pertenecía había sido el que se encargara de catear la casa.

—¡Santas Gárgolas! ¿Cómo pudo engañarnos? —preguntó Tonks, mirando a ambos hombres con la marca de la preocupación en su rostro.

—No lo sé —respondió con sinceridad su esposo.

—Todo esto es una locura, está desquiciado —opinó Muhammad.

—Lo atraparemos, nos estamos acercando —comentó Krutov, esperanzado.

—No podemos permitir que ese bastardo siga con sus planes.

—Pero las reliquias ya no existen ¿o si? Todo ese asunto terminó con Voldemort…

—Así es —confirmó Sirius, esa era la versión oficial y debía ser la que reinara en el mundo mágico, no podían permitir que otros magos quisieran convertirse en el Maestro de la Muerte, porque eso inminentemente implicaría a Harry, al ser el dueño legítimo de la varita de saúco.

—Tenemos que actuar, ahora que sabemos quién es el enemigo… que los escuadrones que se encuentran revisando otras posibles guaridas vuelvan, para nuevas órdenes.

—Me encargaré de eso —repuso Remus.

—Nos repartiremos entre estas costas —señaló Black en el mapa para que todos los presentes pudieran ver—, no pararemos hasta dar con ese lugar, esta vez no se escaparan.

—Por el momento tomen un descanso, coman algo, duerman un poco. En breve los llamaremos —ordenó Sirius, sin despegar sus ojos de la representación geográfica.

Tonks se acercó a Yannel, dándole un empujón para que se acercara a Sirius, ahora era cuando ambos se necesitaban.

—Ve —susurró insistente.

—No creo que sea buena idea, él está concentrado y…

—Tonterías, sé que quieres hacerlo.

—No puedo —afirmó orgullosa, girándose.

—¡Merlín, ayuda a estos dos! —exclamó Nymphadora, alzando sus manos acentuando su petición con dramatismo.

Black se inclinó sobre el escritorio, todo lo que estaba pasando lo tenía al límite. Se talló el rostro con cansancio, se enderezó cuan alto era sintiendo nudos en su espalda, avanzó hacia la zona de casilleros y duchas. Necesitaba un regaderazo para sacudirse la pesadez de tres días casi sin dormir. Al llegar, se detuvo al ver a Yan frente a su locker sacando un bolso.

Su corazón latió vivo en su pecho, en ese momento en verdad le importaba un bledo las razones por las que la había dejado. La quería sí, y en ese momento en verdad deseaba no haber hecho esa estupidez.

Retomó sus pasos llegando hasta ella, la pilló con la guardia baja cuando la aplastó contra la fila de casilleros, al abrazarla tan precipitadamente.

—Sirius —murmuró sorprendida, dejó caer su bolso y correspondió a su abrazo poco después, acariciando su espalda.

—Sé que no debería… sólo un momento más —suplicó aferrándose a la mujer.

Yan se quedó callada, ella también había estado necesitando eso, recargó su cara en el hombro del mago. No hubo necesitad de llenar el silencio, no era incomodo como lo serían entre dos personas que concluyeron su relación en los términos en los que había terminado la suya.

*º*º*º

Harry se encontraba en el mundo de Morfeo, en donde todo parecía tan real, donde no había imposibles.

Se encontraba en el Bosque Dean, el paisaje relucía a la luz de la luna, dando un aspecto mágico pero también espectral. Avanzó unos pasos sin saber exactamente qué era lo que estaba buscando, una risa armoniosa se escuchó. Su mirada se perdió entre los árboles, tratando de encontrar a la persona a la que pertenecía que no era otra que su mejor amiga.

—Encuéntrame…

Sus pies se movieron más rápido hasta que se encontraba corriendo entre la nieve, observó cómo se ocultaba tras un árbol llevaba un vestido vaporoso color lila que jamás le había visto en su vida.

Sus risas se escuchaban por todo el lugar, era cómo atrapar a una snicth un momento estaba en ahí cerca de sus manos y al siguiente lejos de él, pero no por nada él era buscador y cuando ella menos se lo esperó logró atraparla por la espalda, la rodeó con sus brazos por la cintura.

—Te tengo —susurró con su voz agitada por la carrera, se pegó a ella, estrechándola como si se tratara de lo más preciado para él. Se hundió en el hueco de su cuello respirando su aroma.

—Sabía que me encontrarías —musitó girándose entre sus brazos, quedando de frente a él, colocó sus manos en los hombros del chico, sonriéndole.

Su mirada castaña se encontró con la mirada esmeralda, conectándose de mil y una formas, hablando un lenguaje que venía desde lo profundo de sus almas.

—Soy un buen buscador —dijo con orgullo.

—¿Ahora estamos hablando de Quidditch? ¿Me estás comparado un con una snitch? —preguntó en tono divertido, alzando su ceja.

—Fuiste tú quién quiso jugar a las atrapadas.

—Yo sólo quería que me encontrarás…

—Lo he hecho.

—No, aún no… pero sé que lo harás —murmuró uniendo sus labios en un roce—. Te amo…

Harry la sintió desvanecerse, trató de aferrarse a ella pero fue inútil.

—Encuéntrame Harry… ven por mí.

Potter despertó al instante, encontrándose en la oscuridad de su habitación en St. Mungo. Su corazón latía de forma vertiginosa, exhaló largamente tratando de calmarse no quería que su magia volviera a alborotarse por sus emociones.

Otra vez había soñado con ella y aunque no había sido una pesadilla del todo, seguía perdiéndola en la oscuridad. Sus palabras aún seguían repitiéndose una y otra vez en su mente.

—Lo haré, te encontrare.

—Despertaste, me evitaste el tener que hacerlo.

—¿Sirius? —preguntó confundido, buscó sus lentes colocándoselos torpemente.

—¿Qué haces aquí? ¿Qué sucedió? ¿Es Hermione…?

—Schhh tranquilo, no me quedaré, sólo pase a avisarte que encontramos dos mensajes más y sabía que no me perdonarías si esperaba hasta mañana para informarte.

—¿Qué decían?

—El primero daba pistas sobre el nuevo lugar al que los llevarían, un lugar cerca de la costa, y lo último era para ti. «Encuéntrame, Harry».

Potter se removió en la cama, su vista se volvió borrosa.

—¿Qué decía el segundo? —Alcanzó a preguntar aunque su voz sonó totalmente afectada.

—Menciona que el que esta tras todo eso es Augustus Rookwood.

—¡¿Qué?! Pero está muerto, murió en la batalla…

—Logró engañarnos.

—¿Y qué es lo que quiere?

—Las reliquias.

Por un momento Harry se quedó ausente como si su alma hubiera abandonado su cuerpo, sus recuerdos sobre todo lo que había pasado por esos objetos volvieron. No podía permitir que fueran nuevamente reunidas. —¡No, de ninguna forma las tendrá!

—Lo sé, cálmate. Recuerda que tendría que buscarte para saber dónde están y vencerte antes de lograr ser el Maestro de la Muerte.

Soltó una maldición explosiva, las cosas comenzaron a tomar sentido en su mente. —Por eso se llevaron a Hermione.

—Es muy probable, sabían que sería más difícil acercarse a ti, eres su último blanco en su plan.

—¡Demonios! ¡Deben estar torturándola, pero ella no les dirá nada! —Su desesperación creció hasta el punto en que los vidrios comenzaron a cimbrar.

—¡Harry, Harry, contrólate!

Sirius lo tomó por los hombros sacudiéndolo, hasta que su ahijado logró concentrar su atención en él.

—La rescataras, pero tienes que controlarte, no puedes seguir teniendo estás reacciones explosivas.

Harry se dejó caer en los brazos de su padrino, llorando de forma rabiosa. —Es mi culpa.

—No lo es, Harry.

—Debía estar con ella, yo lo hubiera evitado.

—No, sabes lo que hubiera ocurrido.

—Me quieren a mí, que vengan. No tienen porque atacar a las personas que quiero —gruñó—. ¡Los destruiré, a cada uno!

—Harry eso no es lo quieres en verdad, tú eres distinto a ellos.

—Ya no lo sé —repuso alejándose de él, volteando su rostro evitando mirar a su padrino.

—¿Qué estás diciendo? Jamás podrías ser como ellos, tú estás en el lado opuesto. No dejes que esto te enloquezca… recuerda quién eres realmente.

—No lo entiendes…

—Claro que lo hago, fue lo mismo que sentí cuando nos enteramos de lo que le había ocurrido a Alice y Frank, cuando supe de la muerte de tus padres, pudo ser distinto si yo no hubiera dejado que ese maldito de Pettigrew fuese el Guardián Secreto.

Ambos se quedaron callados, consumidos por sus propios temores, errores y pesares.

Finalmente Black logró recomponerse, él tampoco podía permitirse perderse en su pasado, no era momento para dejar que su locura volviera.

—Debes seguir luchando. Nunca serás como ellos, tú eres Harry Potter, digno hijo de James y Lily, piensa en ellos, en las personas que te quieren y te necesitan. Sé que no dejarás que la oscuridad te consuma, has lo correcto.

—Tú no eres responsable de la muerte de mis padres, ellos no te culpan.

Canuto alzó la comisura izquierda de sus labios. —Debo irme.

—¿Cuándo saldré?

—Mañana, pero tendrás que cumplir con un tratamiento, los sanadores te explicaran en qué consistirá.

—¿No me agradará?

La sonrisa de Sirius se agrando. —No, pero aún así tendrás que hacerlo.

—Demonios.

—Es tu boleto de salida.

—Lo sé.

—Trata de descansar.

Harry se quedó a solas nuevamente. Su padrino tenía razón, debía recordar quién era, por quien estaba luchando y que lo diferenciaba de los magos oscuros.

—Te encontraré, Hermione —susurró a la oscuridad su promesa.

*º*º*º

Continuará…

*º*º*º

*Moon y Harper: apellidos que aparecen en la lista de estudiantes de Slytherin, sólo le colocamos un nombre. Información del diccionario. org.

*Runas tatuadas de Sirius, detalle de la películas.