Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

En el filo de la muerte.

La Orden del Fénix acababa de tener su última reunión, Sirius y Remus habían informado los nuevos hallazgos y solicitado su participación para poder recorrer todas las costas de Inglaterra en busca de esa banda de prófugos. Muchos aún no daban crédito a que Augustus Rookwood estuviese vivo, pues varios habían visto su cadáver. Durante la guerra todo había sido confuso, era fácil pensar que podía haberse escapado y logrado hacer pasar a otro por él. Eso les había llevado a cuestionar, si acaso otros mortifagos no estaban también vivos. Sirius rápidamente había desechado esa posibilidad, tranquilizando al grupo.

—Ese maldito me las pagará, por poco fui una lápida más en el cementerio —manifestó Fred, aún no había olvidado lo que había pasado en Hogwarts.

—Nos encargaremos de él, no podrá con nosotros —apoyó su gemelo, conociendo su sentir.

—Sean prudentes —aconsejó su padre.

—Siempre lo somos.

Arthur les dio una mirada poco convencida, pero sus hijos ya se encontraban cuchicheando entre ellos. Merlín sabrá qué y eso era para preocuparse.

Black abandonó el salón, dejando a los Weasley y algunas otras personas aún hablando sobre los planes, al salir se asomó a la sala, ahí era donde estaban los padres de Hermione acompañados por Molly. Estaban devastados pero ante todo habían logrado mantener la calma, desde que se habían enterado no habían vuelto al mundo muggle, estaban ahí aguardando por noticias sobre su hija o sus secuestradores. Hablar con ellos no había sido sencillo pero al menos comprendían la situación sin culpar a ninguno de ellos y mucho menos a Harry, por lo cual estaba muy agradecido.

Su ahijado ya estaba pasando por muchas cosas de momento como para cargar con eso también, esperaba que cuando arribara a la mansión sostuviera una charla con ellos, eso lo ayudaría a tranquilizarse.

Siguió caminando llegando a la habitación de Harry, donde recogió la capa de invisibilidad, que necesitaría para sacarlo de St. Mungo y así evitar que los medios dieran a conocer su alta. Al menos por un tiempo —tal vez un par de horas—, lograrían hacerles creer a esos criminales que él seguía fuera de combate.

Estaba regresando al salón cuando se topó con una escena que le revolvió el estómago. Charlie Weasley se encontraba conversando amenamente con Yannel y aunque no había nada comprometedor en eso, le molestaba ver que ella se encontraba sonriéndole. ¿Acaso les sonreía así a todos menos a él? ¿Primero Krutov y ahora Charlie? ¿Y dónde quedaba él? Si tan sólo lo hubiera dejado explicarse… pero lo hecho, hecho estaba.

—Podría ser distinto si no estuvieras perdiendo el tiempo —canturreó Tonks llegando a su lado, mirando la misma escena. Parecía la viva voz de su conciencia y era igual de molesta.

—Es mejor que nos vayamos ya —soltó en un gruñido.

—Eres demasiado necio, tal vez en verdad no la mereces —respondió en un resoplido de molestia.

Él había querido alejarla para no verla sufrir en su labor y ahora sufría más por verla perdida. Hizo de tripas corazón y siguió avanzando. —Es hora de irnos —anunció con seriedad para todos los que se encontraban en la mansión y lo acompañarían por Harry.

*º*º*º

Hermione aullaba de dolor, su cuerpo se contorsionaba buscando un alivió que no llegaba con la rapidez que ella deseaba.

—No sirves para nada asquerosa sangre sucia —rumió Augustus, deteniendo la maldición. Se acercó al tembloroso cuerpo, moviéndola con su pie de forma brusca—. Obtendré de otra forma la información, seguro que Potter querrá cooperar, aunque sabes no le importas nada, ni siquiera se encuentra buscándote —dijo de forma malévola—. Me tome el tiempo de elegir una muerte adecuada para tu clase, seguro la encontrarás entretenida.

Su risa sádica se extendió por el lugar. Hermione sintió el pánico crecer con sorprendente velocidad por su cuerpo, dejándola helada. Iba a morir, su corazón se estrujo, jamás volvería a ver a Harry, ni a sus padres y amigos.

«No quiero morir...».

—Arrástrala al lugar —ordenó a uno de sus hombres.

El secuaz la soltó de las cadenas mágicas, la tomó sin consideración tirando de ella hasta sacarla de la casa. La luz le lastimó los ojos, había permanecido demasiado tiempo en la oscuridad.

—Maldita sangre sucia, sólo sirves para quejarte —rumió molestó, la puso de pie obligándola a caminar. Sus piernas débiles apenas lograban sostenerla y avanzar entre los montículos de arena—. Camina —presionó, dándole un fuerte jalón que le arrancó un gemido.

«¿A dónde me llevan?».

Lo único que podía ver hacia enfrente eran un grupo de acantilados, el mar estaba picado, avanzaba con furia hacia la playa. Ladeó su rostro observando a lo lejos una formación de casas, hacía allá se encontraba el pueblo de donde seguramente provenían los muggles que habían tenido la mala suerte de aparecerse por aquel lugar, sólo para acabar muertos a manos de esos sanguinarios criminales. Al mirar hacia atrás vio una iglesia parroquial, ¿qué esperanza tenía de poder llegar ahí para salvarse?

—Avanza —mandó empujándola con despreció, Hermione cayó al suelo, el golpe fue amortiguado por la arena, pero no por eso dejó de ser doloroso, su cuerpo magullado de los constantes maltratos lo resintió—. ¡Maldición! ¡Sólo eres una carga!

De forma despiadada logró llevarla hasta donde los esperaba una barca, donde ya se encontraba Rookwood.

—Tardaste demasiado —comentó con irritación, chasqueó sus dedos y un hombre comenzó a remar.

—Fue culpa de esta escoria —escupió, la jaló del cabello de forma cruel.

—Cuidado con ella, deseo que dure hasta que el sol caiga —reveló sonriendo letal.

Las olas habían socavado parte de la formación rocosa creando un hueco que podía verse sólo de día y cuando la marea subía al anochecer quedaba completamente cubierto por el mar.

—Átala a esas rocas —ordenó Rookwood, apenas llegaron al lugar.

Uno de sus seguidores se lanzó al mar, llevándose consigo a Hermione. Ella trató de luchar al saber el destino cruel que le esperaba, pero el estado en el que se encontraba no le permitió causar mayor daño al hombre.

—¡Suélteme! —gritó desesperada.

—Cállate asquerosa sangre sucia —explotó, la aventó con fuerza hacia la pared rocosa—. De nada te servirá gritar, nadie te escuchará.

El hombre la amarró de forma mágica al socave. Hermione estaba completamente atemorizada, el nivel del agua le llegaba a la cintura para cuando la noche cayera estaría completamente tapada, terminaría ahogada sino la mataba antes la hipotermia. Los aurores jamás podrían encontrarla en aquel lugar a tiempo…

—¡No, por favor, no!

—De nada te sirve suplicar, sólo te hace ser más molesta. Hasta nunca inmunda sangre sucia —dijo, le propinó un golpe que la dejó inconsciente.

—Eres un imbécil, debía estar consciente —reprendió su jefe.

—Señor…

—Debería dejarte morir aquí, no sirves para nada —exclamó, pateándolo cuando el mago intentó subir a la embarcación.

—Vámonos.

*º*º*º

Draco había llegado con bien a Francia, se encontraba hospedado en la mansión de los Rosier, sus parientes por parte de los Black. Su abuelo Cygnus II se había casado con Druella Rosier, hermana de Evan Rosier, padre de un conocido mortifago del mismo nombre —que había muerto a manos de Alastor Moody—, el cual había logrado casarse y tener un hijo, Terrence.

Malfoy sostenía entre sus manos la revista Corazón de Bruja, calificaban lo que había tenido con Weasley como un «romance prohibido». No pudo más que bufar ante ese calificativo, aunque había esperado cosas peores.

—Es bastante linda.

Alejó la revista de los ojos de su primo, lanzándole una mirada helada.

Terry sonrió ante la reacción de Draco. —Al menos pudiste haberle regalado un conjunto más decente, para que no desentonara a tu lado.

—Idiota, ella no lo hubiera aceptado y yo quería que luciera así.

—Para molestar a tus padres, no te basto con llevarla sabiendo quién era, querías todo el paquete y mira a dónde te ha llevado.

—A ser libre, a no estar atado a sus decisiones, a no tener que cumplir con las obligaciones...

—Es verdad, pero al final seguirás siendo un Malfoy, no puedes huir de eso. En cambio si puedes ser un Malfoy que no esté a la sombra de su padre, como lo hago yo, ¿o acaso olvidas que mi padre también fue un mortifago? —dijo con seriedad avanzando hacia su primo arrebatándole la revista—. Pienso que vas por buen camino, no me malinterpretes, pero también deberías ser sincero contigo mismo, sólo basta con ver como miras estas fotos para saber que la pobretona significa más que una pieza en tu plan.

—No digas estupideces.

—Oh vamos, no estoy ciego, la chica es ardiente.

Draco endureció sus facciones hasta parecer un letal asesino. —Si no quieres que ensaye un par de maldiciones sobre ti, mantén la boca cerrada.

Terry se carcajeó divertido. —¿Así que te molesta que hable así de ella?

—¡Claro que no! Por mí, di lo que quieras de esa…

—¿Sabes? Todas esas idioteces que te han dicho sobre ella ya ni siquiera importan realmente. Ahora su familia goza de una buena posición en la sociedad mágica, no me digas que no te diste cuenta cuando hiciste ese plan que al estar con ella venían más de un beneficio y sin duda uno más es que en verdad te importe.

—¿La cabeza se te lleno de gusarajos? Eres un imbécil… —bufó, antes de salir de la habitación echando chispas.

*º*º*º

En Hogwarts, Ginny se encontraba enfrascada en una nueva pelea y todo por culpa de su supuesto novio. Las bullas y vitorees a su alrededor volvían todo más confuso.

—¡Suéltame! —gritó jaloneándose, pero no era nada sencillo su agresora la tenía agarrada por su coleta.

—¡Eres una zorra! ¿Cómo te atreviste a quitarle el novio a Astoria?

—¡¿Qué?! —cuestionó apenas logró separarse.

—¡Sí, te metiste en esa relación arruinando el compromiso de ella con Draco! —soltó Anne Lise— ¡Y ella es lo suficientemente considerada para no venir y decirte lo que mereces!

Ginny estaba conmocionada por toda información que había recibido de golpe y de esa manera tan shockeante. «Si ella es su prometida, ¿qué sucede con Parkinson?».

—La Profesora McGonagall viene hacia acá —gritó una chica, la gente comenzó a desaparecer, pero ella se quedó ahí visiblemente turbada y desarreglada.

—Anda, vámonos de aquí —pidió Natalie, tomándola del codo—. Oh, oh… demasiado tarde.

—¿Qué es lo que ocurrió aquí señorita Weasley? —cuestionó la profesora con voz enérgica.

—No lo sé…

—Profesora, salieron de la nada y empezaron a atacarla…

Ginevra seguía pensando en todos esos detalles sueltos que se ligaban a Malfoy. Su vida en Hogwarts se estaba volviendo un infierno por él, ahí estaban las Slytherin y sus absurdos ataques y cómo si no tuviera suficiente con eso, las cosas en Gryffindor no estaban mejor, había personas que la tachaban de traidora por salir con un ex Slytherin, que además había sido mortifago y que por si fuera poco había llegado alguna vez a molestar a más de uno de ellos cuando se encontraba en el colegio. Todo estaba fuera de control.

*º*º*º

Harry se terminó de vestir, en el buró se encontraba una cantidad considerable de botellas, eran pociones que lo ayudarían a relajarse. Tendría que cumplir con un número —aún indefinido— de terapias, que lo ayudarían a canalizar todo lo que había estado acumulando a lo largo de esos años.

Y si bien no le agradaba del todo, debía hacerlo, era necesario por él, por su novia, por todos. Ella había querido que buscara ayuda y él había hecho de esa sugerencia una tormenta en un vaso de agua, que había ocasionado que terminaran peleados.

«Sólo espera un poco más, sólo un poco más.»

—¿Estás listo? —cuestionó a su espalda su padrino.

—Si —afirmó, se giró, echando todos los frascos en su maleta.

—No olvides ponerte esto —le aventó la capa.

Harry esbozó una tibia sonrisa al verla. —¿A dónde iremos?

—A casa, tomaras una ducha, comerás algo…

—Pero…

—Sé a dónde quieres ir, pero no sólo quiero que vayas a Grimmauld por eso. Los señores Granger llegaron ayer y quieren hablar contigo.

Él corazón se le fue hasta los pies, una terrible sensación lo estremeció. «¿Qué les diré? ¿Cómo voy a decirles lo que pasó?».

—Harry, Harry —llamó, evitando que siguiera recriminándose—. Todo estará bien...

—¡No, no lo está! ¿Cómo les voy a explicar que no sé dónde está Hermione? ¿Qué deje que le pasara eso? ¿Qué no pude protegerla?

—Ellos no están aquí para culparte, nadie lo hace —aseveró, tomándolo de los hombros—. Métete esto en la cabeza, saldrás de aquí y lograremos recuperarla.

Estaba a punto de replicar pero su padrino no lo dejó. Harry respiró profusamente hasta que sintió que el malestar menguaba, lo suficiente al menos para poder seguir y enfrentar lo que estaba por venir. Se puso la capa y se dispuso a seguir a Sirius, fue cuestión de unos diez minutos los que les tomó salir del lugar, un coche del Ministerio ya lo esperaba así que todo salió bien.

—¿Cómo van las cosas con Yannel? —preguntó, después de haberla visto a su salida de St. Mungo.

Black soltó el aire que habían contenido sus pulmones. —¿En verdad quieres que hablemos de eso? —respondió, arqueando su ceja con una sonrisa que Harry no se tragó.

—Sólo fue una pregunta —dijo sin presionar, dejando caer sus hombros, regresando su atención a la ventana.

—Cuando te dije que no cometieras los mismos errores que yo, lo decía enserio, pero ahora es que me doy cuenta que no debía haber tomado una decisión tan importante en medio del caos del caso.

Harry se sorprendió de que Sirius estuviese contándole sobre sus problemas, comúnmente no lo haría, quizás lo hacía para mantenerlo entretenido y no pudo más que agradecerlo.

—¿Qué fue lo que pasó? —inquirió confundido.

—La aleje, no quería llegar un día al Ministerio y saber que ella había muerto en alguna misión —confesó con pesar, dejó caer su cabeza en el respaldo del sillón, sus ojos se clavaron en el techo del coche.

Harry frunció sus cejas profundamente. Sabía de primera mano lo que era ese temor, en ese momento se encontraba sufriéndolo en carne propia, pero a pesar de todo no había siquiera pensado en dejar a Hermione. Ya había pasado una vez por eso —pero de ninguna manera se había sentido como ahora, con esa intensidad—, cuando había preferido alejar a Ginny para evitar que corriera peligro a su lado y esa decisión no lo había llevado a ningún lado, ella y su familia aún sin él habían estado en la lista de Voldemort y sus seguidores, por ser traidores de sangre y apoyar la resistencia.

—No deberías haberlo hecho.

—Ya Remus se encargó de reprenderme —dijo con broma, queriendo restarle seriedad a su plática. Podría haber escogido cualquier otro tema para distraer a su ahijado, no estar contándole sobre su vida amorosa, pero ahí estaba haciéndolo.

—Si ella muriera, te recriminarías el resto de tu vida el haber dejado que tus miedos decidieran por ti —repuso y no sólo lo decía por su padrino sino también por él.

Sirius se quedó perplejo, Harry lo había dejado sin palabras y eso no pasaba todos los días. Le acababa de dar una lección que recordaría el resto de su vida.

Por lo que siguió del viaje ninguno de los dos habló, ambos se habían quedado pensando en sus propios demonios.

*º*º*º

En el 12 Grimmauld place se encontraba la matriarca de los Weasley, acompañando en todo momento a los señores Granger, cerca de ahí estaban algunos de sus hijos.

—¡No puedo creer que nos haya hecho esto y con ese desgraciado del hurón! ¡Era un mortifago! —exclamó Ronald, humo salía de sus orejas.

—Seguro que le lanzó un imperio —comentó George.

—Y ella un mocomurciélago, ¿no? —soltó con sarcasmo—. Algo más debió pasar, por eso ese cretino se largó antes de que apareciéramos —indicó estrechando sus ojos.

—Sólo jugo con ella, no sé cómo pudo ser tan tonta —bufó Ron—, pero lo buscaré y lo haré pagar —rumió, ya tenía pensado cobrarle de una buena vez todo lo que les había hecho, pero si antes se había escapado, ahora no.

—Ginny tiene derecho a decidir con quién salir, aunque sus elecciones no nos agraden —indicó Charlie a sus espaldas, recargado en el muro—. No sean tan prejuiciosos y mucho menos si no saben todo lo que ocurrió.

—¡Es Malfoy!

—Ella está tratando de manejar todo lo que está pasando de forma en que mejor puede, tal vez esto sólo sea algo sin importancia, ella no se está casando con él, ni nada por el estilo. Tenemos que darle una oportunidad de explicarse.

—Debió ser hombre —manifestó un gemelo.

—Podemos convertirla o mejor a él, puede ser nuestro conejillo de indias y sabes que necesitamos uno —añadió el otro con un brillo en su mirada.

—¿Qué nos va a decir? ¿Cómo se magreaba con ese? —soltó con repulsión.

—¡Ronald Weasley, es de tú hermana de quien estás hablando! —exclamó su madre con las manos en su cintura, mirando a sus hijos con reprobación.

Todos se encogieron fingiendo que hablaban de otros temas, Charlie se incorporó para alejar a su madre de sus hermanos, antes de que la sangre empezara a correr.

La puerta se abrió dejando ver a Sirius, Harry se retiró la capa nada más la puerta estuvo cerrada, aunque por un momento deseo permanecer bajo ella. Las miradas con todo tipo de emociones sobre él, lo incomodaron. Se pasó la mano por su cabello alborotándolo aún más, se removió acomodando la capa sobre su brazo.

—Bienvenido, te estábamos esperando —musitó sentimental la señora Weasley, envolviéndolo de inmediato en sus brazos maternales—. ¡Que delgado estas! Te prepararé algo de comer en este instante. Es tan bueno tenerte aquí —completó alejándose, limpiándose las lágrimas.

Las demás personas en el lugar fueron acercándosele, abrazándolo, animándolo y finalmente Ron.

—Ya era hora, camarada.

Él le sonrió como en los viejos tiempos, agradeciendo su amistad. Finalmente vio en el fondo a los padres de Hermione. Sentía una horrenda pesadez en su pecho y el nudo en su garganta lo hacía incapaz de hablar y sin embargo quería y debía ir con ellos.

Se enfiló a la sala, notando sus rostros desfigurados por la angustia y el dolor, sus ojos rojos e hinchados de tanto llorar por su hija; con cada paso que daba se sentía aún peor. Al llegar con ellos, esperaba cualquier tipo de reacción, estaba dispuesto aceptar lo que los señores Granger quisieran decirle o hacerle.

—Lo siento —pronunció con voz rasposa, agachando su cabeza con los puños cerrados cayendo al lado de su cuerpo.

John se incorporó y posó su mano en su hombro, obligándolo a alzar su rostro y enfrentar su mirada.

—No te culpamos de lo que sucedió.

Harry sintió una enorme liberación. —La encontraré.

Jane se levantó e hizo algo que él no esperaba, acarició su rostro y besó su frente con dulzura.

—Sabemos que lo harás —murmuró apenas logrando dibujar un sonrisa.

Él no se resistió, abrazó a la mujer y pronto estaba siendo estrechado por los padres de su novia. Los tres sin poder contener los sollozos, unidos por la misma tragedia, apoyándose y dándose fuerza para seguir.

Sirius miró desde el marco la escena, conmovido hasta los huesos. Sabía que los padres de Hermione no serían duros con él, pero que lo trataran de esa manera hacía que se ganaran su apreció y su total agradecimiento por el resto de su vida.

*º*º*º

Hermione había recuperado el conocimiento sólo para darse cuenta que no había estado teniendo una horrenda pesadilla, no se sentía nada bien, tiritaba sin control. El mar ahora le llegaba al pecho y no había probabilidades de soltarse de aquel agarre mágico, estaba condenada. Había intentado gritar, jalonearse, suplicar, pero nada surtía efecto.

Estaba muriendo y lo sabía, el frío la estaba calando profundamente. Y ahí sabiendo que lo único seguro en ese instante era la muerte, cerró sus ojos con fuerza. Sólo quería olvidar dónde estaba, probablemente comenzaría a alucinar, cualquier cosa era mejor que ver sólo el mar consumiéndola.

«No estoy aquí, estoy lejos… con Harry.»

—Hermione —susurró a su oído.

Ella siguió fingiendo que seguía dormida, aunque no pudo hacerlo por mucho más, su sonrisa la delató. Las manos de Harry serpentearon su cintura, estaba acurrucada contra él y era tan cómodo, cálido y fantástico que podía quedarse todo el día ahí.

—¿Qué estabas soñando? —preguntó suavemente.

—Creo que tenía una pesadilla —murmuró frunciendo su ceño, buscando recordar de que trataba.

—Olvídala —dijo, besando su cuello.

Hermione quiso concentrarse en la sensación de sus labios cepillando su piel, pero le fue imposible. —Creo que deseaba que me encontrarás —añadió aún más confundida.

—Tranquila, mejor vuelve a dormir aún es de noche.

Se giró rompiendo su abrazo, lo miró largamente, repasando cada detalle.

—¿Estás bien?

—No lo sé, creo que sigo en esa pesadilla —repuso afligida, la ansiedad fue en aumentó llenándola de incertidumbre.

—Hey, estoy aquí, contigo —Le hizo saber, atrayéndola hacía él—. No tengas miedo.

—Harry… tengo frío —musitó, se aferró a él, temiendo que despareciera y la oscuridad la consumiera.

—Todo está bien.

—Creo que voy a desaparecer.

—No lo harás y aún si lo hicieras, yo te encontraría —profirió brindándole seguridad.

—¿Lo prometes?

—Lo juro…

Y todo volvió a desdibujarse a su alrededor.

*º*º*º

Harry había comido un gran plato de estofado obligado por Molly, y ahora salía de una larga ducha, mientras se cambiaba no dejaba de pensar en las veces que había estado ahí con ella. El frasco en su mesa de noche, llamó su atención, lo tomó observando su brillo nacarado.

«Hierba recién cortada, pergamino nuevo y el olor de tu cabello, es el último elemento que tiene para mí la Amortentia.»

Sonrió al recordar las palabras de su amiga. Destapó la botella con sumo cuidado, un ligero vapor ascendió, él apenas tuvo que esforzarse para captar el aroma que lo llenó como si se tratara de una bebida. Entonces recordó que si había olido esa sustancia en el pasado, al comienzo de sexto año cuando ni él ni Ron tenían el libro para la clase, no entendía cómo lo había olvidado. Aunque no era para menos, ese año había estado hasta el tope de problemas, con Malfoy actuando extraño, la guerra encima, su romance con Ginny, el colegio, las clases con Dumbledore y podía seguir enlistando todas las cosas que lo ocupaban.

Inhaló un poco más sintiéndose satisfecho, pero no pudo evitar contraer sus cejas. Antes le había parecido que tenía otro olor algo florecido como la Madriguera y ahora no encontraba ese aroma, ahora era algo como tarta de melaza, el olor de la madera de las escobas y…

—Vainilla.

No pudo evitar reír como histérico. No sabía si es que en verdad podía cambiar el olor de una poción, pero para él tenía todo el sentido de mundo. Antes había sido por Ginny, pero ahora era por Hermione, por lo que sentía por ella.

Tapó el envase con torpeza dejándolo sobre la cama, salió de su cuarto, entrando al de su amiga, a pesar de lo extraño y doloroso, que era estar ahí sin ella, necesitaba estar ahí. Se encontró sonriendo, nada más al respirar su perfume: «manzanas y vainilla».

«Estoy enamorado de ella.»

Podía estar descolocado por lo que había descubierto, pero no era así, era todo lo contrario. No era un sentimiento que lo hubiese sorprendido, ya antes le había dicho que se estaba enamorando de ella o que probablemente era algo que ya había estado sintiendo desde mucho tiempo atrás, pero ahora podía afirmarlo, porque lo sentía como nunca antes.

No sabía cómo es que podía sentirse tan feliz dentro de toda la tristeza que estaba viviendo, pero era como se sentía. Y aunque muchos creerían que se encontraba al borde de la locura, él se sentía más cuerdo que nunca.

Se sentó en la cama y tomó la pijama que se encontraba debajo de la almohada, era la misma que había llevado aquel día que habían intimado. Se la llevó a la nariz aún olía a ella, su mente lo envolvió con memorias de ese día y todos aquellos en los que había dormido a su lado.

—¡Harry!

Dejó la ropa en su lugar y se pasó la mano por el rostro antes de abrir la puerta.

—Te necesitamos abajo —comentó su padrino.

De inmediato se puso alerta, notaba el tono imperioso y grave de Sirius, que sólo utilizaba cuando estaba en una misión. —¿Qué ocurrió?

—Tenemos un lugar.

El semblante de Harry dio todo un vuelco, endureciéndose. —¿Dónde?

—Vamos, ahí nos enteraremos de los pormenores

Harry salió como rayo, bajando las escaleras de dos escalones o tres, no le importaba trastabillar, sólo quería llegar al primer piso y francamente nunca se le hizo tan largo el recorrido como en ese momento.

Al llegar vio varias personas entre aurores y miembros de la Orden, debió entrar estrepitosamente pues todos lo voltearon a mirar.

—¿Cuál es el lugar? —cuestionó desesperado.

—Pasen todos al salón —indicó Remus, antes de acercarse a él—. Es bueno verte aquí —dijo, dándole un abrazo.

—Es mejor que vayamos —anunció Canuto a sus espaldas.

Harry los siguió aún trastocado, realmente necesitaba escuchar algo que aplacara el tsunami que tenía adentro. Afortunadamente las pociones estaban funcionando, si no en ese instante la vieja casa estaría cayéndose a pedazos.

—¿Qué es lo que encontraron?

—En *Ilfracombe, cerca de Devon se reportó la desaparición de unos muggles que posteriormente fueron encontrados muertos —informó Aldrich.

—Todos a causa de la maldición «avada».

—Entrevistamos a los pobladores y descubrimos que se han presentado extraños hechos cerca de la playa.

—Es el lugar, ellos están ahí.

—¡Debo ir! —exclamó sonando exasperado.

—Te entiendo, pero esto debe hacerse bien, no iras sin que tengamos un plan al menos. No podemos arriesgarnos a que las cosas salgan mal —explicó Sirius, ahora que tenía la responsabilidad de todos los escuadrones de aurores, no podía darse el lujo de actuar de forma arrebatada.

Harry rezumbo, su magia quería desatarse, apretó su mandíbula con fuerza buscando el control. Sabía que tenía razón, pero él sólo quería ir por ella, no importaba los riesgos que corriera, pero al mirar a todas las personas ahí, se dio cuenta que no quería ver morir a ninguna y pensó en su novia, en lo que ella diría si él actuaba irresponsablemente, pero también estaba su desesperación por rescatarla y cada minuto que pasaba era un minuto que ella estaba sufriendo.

—Entendemos como te sientes y lo que quieres hacer, pero sólo espera un poco más —indicó Remus a su lado.

Piett levito de forma vertical un mapa que mostraba el lugar exacto.

—Podríamos atacar por este flanco —señaló Bridgerton, un lado de la costa.

—No estaríamos cubriendo todo el perímetro —comentó desde el fondo Fleming.

—Un grupo tendría que dedicarse sólo a buscar a los rehenes —opinó McGonagall.

Canuto siguió escuchando todas las sugerencias que exponían, después de pensarlo un poco, ya tenía una estrategia.

—Esto será lo que haremos…

Harry buscaba concentrarse en lo que sería el plan, pero realmente no podía, apenas y lograba captar algunas cosas. Sabía que al llegar ahí, por mucho que estuviesen organizados, las cosas podrían dar un tremendo giro.

—¡Rookwood es nuestro! —anunció Fred.

—Nosotros nos encargaremos de él —confirmó George.

—Queremos su cabeza.

—Le tenemos un par de sorpresas.

Ron se dirigió a donde se encontraba su amigo, palmeó su espalda atrayendo su atención.

—Iré contigo.

—No seguiré el plan.

—Yo tampoco pensaba hacerlo, también quiero encontrar a Hermione.

Bien, todo estaba dicho. Harry sabía que en ese momento más que dos hombres que van en busca de la chica que querían, se trataba de dos amigos que iban por su mejor amiga. Los magos comenzaron a formar los grupos, preparándose para partir.

—Necesitarás esto —declaró Sirius, dándole su varita.

La tomó sintiendo como su energía fluía hacia ella, su magia sin duda la reconocía.

—No hagas nada que yo no haría —comentó con una chispa de humor que se reflejó en la sonrisa que jugaba en sus labios—, sólo trae de vuelta a Hermione —añadió recuperando su seriedad, miró al pelirrojo al lado de su ahijado le agradaba ver que a pesar de todo se encontraban juntos—. Más les vale a los dos cuidarse.

—Espero que no los hayas malaconsejado —exclamó Remus, mirándolo de soslayo.

—No les he dicho nada que no hubiéramos hecho a su edad —respondió agrandando su sonrisa con descaro.

—Canuto…

—No hay tiempo, andando —repuso, guiñándoles un ojo a los chicos.

Remus negó con su cabeza, mientras dejaba escapar una larga exhalación. —Cuídense.

—Tú también…

Harry no había terminado de hablar con el licántropo cuando sus suegros se acercaron a él.

—No sabemos qué es lo que han planeado, pero esperamos que todos vuelvan con bien —musitó Jane, repartiendo una bendición para Harry y otra para Ron. No es que fueran una familia sumamente apegada a la religión pero en esos momentos necesitaban apegarse a algo, a su fe, pues imploraban por un milagro.

—Volveremos con ella.

No hubo tiempo para que agregaran algo más, la orden estaba dada, los magos comenzaron a desaparecer.

*º*º*º

Augustus se encontraba a fuera de la casa, mirando el atardecer caer, una pipa acompañaba el espectáculo.

«Ya debe estar muerta.»

El espeso humo abandonó su boca al tiempo que una mueca maligna aparecía en su rostro.

—No sirvió de mucho pero no importa, obtendré lo que quiero.

Regresó a la casa topándose con Muhrder, uno de sus lugartenientes.

—La familia de los Basset aceptó pagar la cantidad.

—Perfecto, dales trato especial a esos viejos, no queremos que pierdan la vida antes de ser liberados —masculló mostrando su dentadura al realizar una mueca, se pasó las manos por sus cabellos grasientos y grises—. Sigan trabajando en los otros y manténgalos callados.

—Colman ya tiene listo el nuevo lugar.

—La transferencia se hará en la noche, que todos estén listos —ordenó—. ¿Qué se sabe de Potter?

—Al parecer aún sigue en hospital, según nuestros contactos está siendo tratado por el ala de psiquiatría.

—¿Está loco? —preguntó guasón, enarcando su ceja.

—Al parecer perdió el control de su magia —añadió el hombre.

Augustus tenía conocimiento de lo que había ocurrido en el concierto de beneficencia, la forma en que había logrado sacudir el lugar. Era momento de que él se aprovechara del mago caído. Él sería quien le diera la última estocada.

—Interesante, averigua todo lo que puedas, necesitamos tener a más personas dentro de St. Mungo cuanto antes, planeo hacerle una visita al Salvador del mundo mágico —siseó con sorna.

El hombre se retiró con una reverencia, Augustus se preparaba para tomar una copa de whiskey, cuando uno de sus hombres irrumpió en el lugar.

—¿Qué diablos quieres?

—¡Señor nos han encontrado!

—¡¿Qué?! —escupió incrédulo. Aventó la botella y empuñó su varita soltando maldiciones explosivas.

No hubo tiempo para más palabrerías, la hora de pelear había llegado. La puerta fue derrumbada por una explosión, tras la cortina de humo y polvo que se levantó, alcanzó a ver varías figuras de aurores.

*º*º*º

Sirius apareció en Ilfracombe, el ataque comenzaría en pocos segundos, miró por su hombro a su ahijado y Ron, al otro lado tenía a Remus, Minerva, Tonks entre otros. Tenía el corazón agitado, la adrenalina había comenzado a correr por su cuerpo, como siempre que se encontraba a punto de verse envuelto en una batalla, pero esta vez algo no estaba bien y sabía que era. Se giró rompiendo la formación y fue con quién le causaba ese malestar, su asunto pendiente: Yannel.

En un par de zancadas se encontró frente a ella y sin perder tiempo, la besó con ardiente pasión, con la intensidad del momento.

—Arreglaremos los pormenores después —gruñó a manera de promesa. Cornwell lo vio alejarse abrumada, con el corazón desbocado y aún con la sensación del beso sobre sus labios. Los rozó con sus dedos con asombro, como si no pudiera creer lo que acaba de ocurrir ahí, había sido un beso espectacular.

No fue hasta que uno de sus compañeros la tocó en el hombro para despabilarla, que recordó que era el peor momento para tratar de darle sentido a aquello, necesitaba de toda su concentración para lo que estaba pasando.

Los embrujos anti-desparición fue lo primero que colocaron, esta vez no permitirían que nadie huyera. Los cuatro grupos tomaron por sorpresa a la banda de prófugos desde distintos flancos, que se repartieron por la playa como si se trataran de un panal de abejas dispuestas a defenderse aunque les costase la vida.

*º*º*º

Harry avanzó directo a la casa, no fue nada sencillo, eso de andar entre la arena y con el enemigo encima.

¡Depulso!

¡Expelliarmus! —acompañó su ataque Ron.

¡Flipendo! —Se defendió el mago—. ¡Everte Statum!

¡Protego!

¡Crucio!

Un segundo mago se unió al duelo, evitando que Ron siguiera apoyando a Harry, pero él no tenía planeado seguir alargando aquello. Atacó con mayor ímpetu hasta que logró dejar fuera de combate al prófugo. Se encontraba respirando con fuerza, su frente lucía ligeramente perlada de sudor. Miró la varita en su mano, podía notar que la bestia dentro de su cuerpo comenzaba a despertar, sabía que eso ocurriría, se lo habían dicho los sanadores que durante un duelo su magia buscaría la manera de desatarse, pero había decidido correr el riesgo y Sirius también lo había asumido al entregarle su varita.

—¡Harry!

El grito de su amigo, lo hizo volver a tiempo para protegerse de una maldición perdida. Le agradeció y corrió dentro de los escombros que eran la parte frontal de la casa, Ron le pisaba los talones cuidando su retaguardia. El lugar estaba hecho un caos, la primera habitación estaba prácticamente desecha, podía escuchar algunos lamentos que no sabía bien de dónde procedían. Buscó concentrarse en la energía mágica de su amiga en aquel caos, pero no era sencillo.

—¿Dónde están los rehenes? —cuestionó a Kurt que se encontraba en la siguiente habitación, tomándolo de la solapa.

—Al parecer en el sótano, pero no hemos logrado entrar.

—¡Maldición! —exclamó, sin dudarlo fue allá a pesar de la advertencias de los aurores.

—¡Tonto muchacho! ¡Rookwood está allá!

—¡Es a mí a quién quiere, pues me tendrá! —soltó enfurecido, sus dientes rechinaron ante la presión de su mandíbula fuertemente cerrada.

—¿Qué diablos estás haciendo? —cuestionó el viejo Aldrich al mirarlo pasar hacia la puerta protegida con hechizos que trataban de abrir.

—Es mejor que se alejen.

—Háganlo —confirmó Ron, quedándose unos pasos atrás.

Potter levantó su varita y sin parpadear, atacó: —Bombarda máxima.

La explosión rompió el escudo de magia oscura y fue tan potente que aventó lejos a unos aurores aturdiéndolos un poco, incluso él trastabilló.

—¿Estás bien? —cuestionó rápidamente a Ron que yacía en el suelo, se había caído, sin duda tendría un buen dolor de trasero.

—Si.

Las maldiciones oscuras comenzaron a llover sobre sus cabezas, los aurores no se quedaron atrás lazaban contra hechizos, Harry no estaba dispuesto a perder más tiempo en esto.

¡Confundus! —pronunció, su encantamiento fue tan poderoso que logró aturdir a dos magos— ¡Desmaius!

Ronald después de sacudirse la confusión se encontró peleando contra otro mago. Harry le lanzó una mirada anunciándole su siguiente paso, se abrió camino por la puerta destrozada encontrando a Rookwood con los rehenes, tenía sostenido con un brazo a una mujer cubriéndolo, mientras apuntaba su varita a su garganta.

—¡Por favor ayúdenos! —suplicó un hombre.

—¡Cállense! ¿Qué no ven que tenemos visitas? Potter no pensé que tuviera el honor de verte tan pronto —declaró con marcado sarcasmo.

Harry pasó su mirada por todas las caras de las personas que se encontraban ahí y con decepción y cólera, notó que a quién buscaba no estaba entre ellos.

—¿Buscando a tu sangre sucia?

—No te atrevas a referirte de esa manera a ella —mordió las palabras con coraje, sin dejar de apuntarle.

—¡Temo informarte que está muerta!

Muerta, muerta, muerta….

Las palabras hicieron eco en el lugar, su alma escapó de su cuerpo, sus rodillas estuvieron a punto de fallarte, el aire no parecía llegar a sus pulmones. El vacío y el dolor se adueñaron de todo su ser, entumeciéndolo.

—No es verdad… —dijo casi sin voz, cegado por la destrozante sensación que lo estaba carcomiendo desde el interior.

Un grito desgarrador le llegó desde atrás, se trataba de Ron. —¡Maldito! ¡Crucio!

Rookwood aventó a la mujer sin consideración, la maldición apenas y fue un cosquilleo para él, soltó una carcajada siniestra que desconcertó a todos en el lugar. —Patético intento, permíteme instruirte en este arte —declaró fúnebre, sólo fue cuestión de un instante, entonces Ron vivió en carne propia lo que era sentir mil cuchillos al rojo vivo hundiéndose en la piel, sus gritos no alcanzaban a describir la magnitud de tal tortura.

Harry tomó fuerzas de Merlín sabrá dónde, las lágrimas opacaban su visión, pero su enojo crispaba sus entrañas y superaba cualquier razonamiento.

—Tú no eres, ni serás como Voldemort, sólo eres un patético mago que merece desaparecer. ¡Crucio!

La bola roja escapó de su varita con una fuerza que iluminó el cuarto al impactarse contra el mortifago que chilló como una rata al sentir el punzante dolor. En el pasado su maldición había logrado dejar fuera de combate a Carrow, pero en esta ocasión no deseaba que eso sucediera, quería verlo sufrir.

—Harry —pidió Ron con las marcas de dolor aún frunciendo su rostro—. No sigas… no eres como ellos.

Potter en verdad quería creer eso, bajó su varita ante el terror que venía de la voz de su amigo, no necesitaba mirarlo para saber la forma en que lo estaría viendo, al igual que las personas que se encontraban ahí.

Se acercó a Rookwood, quién se sostenía de pared, aún deshaciéndose en pequeños lamentos, pero su mirada aún no había perdido aquel brillo de maldad.

—Te equivocas, él es como nosotros, como era el Señor Tenebroso —jadeó con pesadez, escupiendo una sustancia verdosa.

Harry le lanzó una mirada filosa. —Legeremens.

Si bien nunca había sido bueno en ese arte, en este momento tenía toda la interesa de que resultara bien, necesitaba ver sus recuerdos, saber qué era lo que había sucedido con su novia.

El hombre se resistió con todas sus fuerzas. —¡Impedimenta!

Harry fue bloqueado, pero logró ver buena parte de sus recuerdos y lo que vio lo cegó de furia.

—¡Eres un maldito hijo de Morgana! ¡Te haré pagar por todo lo que le hiciste!

—Eso está por verse. ¡Confringo!

La explosión los expulso lejos, sólo se podían escuchar las exclamaciones de desesperación de los rehenes y después un segundo estallido, la casa se cimbró, no resistiría, debían evacuarla.

Harry tosió, sus lentes se habían estrellado, Ron a su lado se quejó pero no había sufrido graves heridas.

—¡Se esta escapando! —dijo con desesperación, buscando ir tras él.

—¡Salgan de aquí! —manifestó Krutov, entrando por la apertura que había causado Augustus.

La profesora McGonagall le siguió, acompañada por Hagrid.

—¿Están todos bien? —preguntó Minerva a las personas.

—Harry, ¿qué haces ahí? Salgan… —indicó, movió con facilidad un piedras que formaban parte del muro, liberando el paso.

Ronald se levantó y ayudó a su amigo, quién parecía estar a punto del colapso o la destrucción, en realidad no lo sabía, pero temía por él. Potter apenas cruzó el hoyo, buscó al maldito de Rookwood sin buen resultado.

—¿Qué fue lo que viste en su mente? —exigió saber el pelirrojo.

—La torturaron —exhaló devastado, se dejó caer en la arena, llorando se forma desconsolada.

—¿E-esta… muerta?

—No logre ver ese recuerdo…

Ron se talló el rostro, a su alrededor aún había batallas. Él también estaba sufriendo como nunca, sus pupilas con lagrimas se dirigieron al cielo se había llenado de nubes grises, el mar había avanzado desde el momento en que habían llegado, comiéndose parte de la playa. Una tormenta estaba por desatarse.

Harry cerró sus ojos con fuerza, deseaba poder arrancarse el corazón y dejar de sentir esto que lo estaba matando o mejor morir, esa idea le era realmente atractiva ahora, más sin ella. Cada respiro que daba lo quemaba, su alma estaba en total agonía.

«Encuéntrame Harry… ven por mí.»

El sonido de su voz en su recuerdo lo lleno de renovadas fuerzas, tenía que seguir buscando, no podía fallarle y darse por vencido. Aún si estuviera muerta, necesitaba encontrarla, había hecho la promesa y la cumpliría.

Se levantó asustando a su amigo y sin decirle nada, se lanzó por la costa a buscar a ese maldito de Augustus.

—¡Harry!

Ron confundido como estaba, salió tras él. No sabía qué locura podría cometer en el estado que se encontraba. No es que él estuviera mejor, pero tampoco sabía qué hacer, más que ir con él.

*º*º*º

Canuto se encontraba saliendo de un duelo, tenía una herida en su hombro pero aún así podía mantenerse luchando por lo que durara esta batalla, que esperaba que no fuera mucho. Sus fuerzas habían logrado aplastar a los mortifagos, sometiéndolos, pero aún no tenía el informe de si Rookwood había caído o no.

—¿Qué demonios…? —bramó al ver pasar a Harry seguido por Ron. No había ninguna señal de Hermione y se suponía que ellos venían de dónde se encontraban los rehenes.

«¡Carajo! ¡Que no es este muerta!».

El sólo pensamiento fue devastador, no sólo porque apreciaba a Hermione, sino por lo que significaría para Harry.

—¡Sirius muévete!

Una ola provocada por el enemigo estaba a punto de estamparse sobre el lugar que se encontraba, con un movimiento eficaz, se lanzó lejos apuntando su varita al líquido.

¡Glacius! —gritó, congelando sólo cierta parte.

Apenas logrando salvar su pellejo, pero podía decir lo mismo de otras personas que habían sido arrastras por el agua.

*º*º*º

Muhrder se encontraba con Crawford al lado de su señor, el cual parecía estar debilitado por su enfrentamiento con Harry Potter, debían ayudarlo a escapar de ahí.

—Debo salir de aquí —se quejó.

—No podemos desaparecer, pero está listo el barco…

—¡Aún no hemos terminado! —exclamó Harry al dar con el hombre.

—¡Encárguense de él! —ordenó, corriendo como rata para escabullirse, pero no contaba con que dos pelirrojos ya se encontraban esperándolo.

—¿No esperabas escapar en ese barco o si? —cuestionó George, arqueando sus cejas de forma divertida.

—Tenemos algo pendiente —agregó Fred.

Harry miró como el jefe se iba de sus manos, intentó ir tras él, pero Muhrder se le atravesó. En tanto Crawford hacía lo mismo con Ron, comenzando el duelo.

—No irás sin que me venzas —dijo firme, aunque sabía que él sólo lograría retrasarlo. Todos conocían de la fama del Elegido y él no era precisamente un poderoso oponente, no más de lo que eran sus compañeros de organización.

Potter regresó sus ojos hacía el hombre frente a él, reconociéndolo de los recuerdos que había logrado arrancarle a Rookwood, había sido uno de los hombres que se encargaban de su novia, maltratándola y torturándola. La furia volvió a encenderse en su cuerpo, letal y siniestra.

—¡Tú maldito, te atreviste a tocarla! —gruñó feroz.

—¿De qué rayos hablas? ¡En verdad estás loco! —rumió, aprovechando su ofuscación atacó—. ¡Flipendo!

¡Impedimenta! —Alcanzó a contraatacar, su mente seguía atrapada en aquellas memorias. La idea brincó a su mente como un rayo, ese hombre le serviría para dar con el paradero de su amiga.

La llovizna se soltó sobre ellos, el sonido proveniente del mar era aterrador, opacaba incluso el retumbido de la batalla.

¡Confundus!

¡Protego! —lanzó el encantamiento escudo seguido de un maleficio—. ¡Petrificus Totalus!

El hombre quedó inmovilizado de brazos y piernas, justo como Harry lo quería, tomó aliento antes de invadir su mente con la Legeremancia, su barrera mental era nada comparada con la de Rookwood, el acceso a sus recuerdos fue rápido, todo pasó a él como una película.

—¡Ya debe estar muerta!

Sus ojos se ensancharon con miedo al ver la última memoria del hombre que contenía a Hermione, su corazón dio un vuelco espantoso. Giró de forma brusca, aunque para él fue como en cámara lenta, observando con pavor y una angustia incontenible, el mar embravecido.

Se olvidó de todo, tenía que llegar ahí, quería aferrarse con todas sus fuerzas a que ella se encontraba viva aún. Estaba por alcanzar el océano, cuando fue interceptado por un hechizo que lo dejó aturdido. Ron llegó en su ayuda, protegiéndolo de su agresor.

—¡Ve! ¡Me encargare de él!

Harry lo miró totalmente agradecido, asintió con un gesto. Se levantó con cierta torpeza, resbalándose con la arena mojada, se acomodó sus gafas estrelladas, guardó su varita en un lugar donde no se perdiera, pensó en ir en la embarcación en la que pensaba escapar Rookwood pero esta había sido dañada por un hechizo. No tenía muchas opciones y el tiempo corría, entonces hizo lo que un hombre desesperado como él estaba haría, apenas tomando una bocanada de aire, se lanzó al mar enfurecido, siendo tragado por las olas.

Nadó apenas deteniéndose para recobrar fuerzas, los brazos le dolían como nunca, en ese momento deseo tener un poco de branquialgas como en cuarto, durante el Torneo, pero era inútil desear lo que era imposible. Transformase hubiese sido lo ideal, pero no podía arriesgarse a fracasar, no con el tiempo corriendo. El agua estaba helada, pero debía seguir no sólo para llegar al acantilado, si no para mantener su calor corporal.

El mar lo jalaba lejos de su trayectoria pero él se esforzaba por continuar, a pesar del cansancio, del dolor y la sensación de que el mar lo tragaría si sólo se descuidara un momento. Fue un largo recorrido pero logró hacerlo, al llegar al socave la buscó con desesperación, el corazón casi se le desprende del pecho cuando vió a través de los lentes la mitad de su rostro, parecía estar muerta, su piel tenía un color azul nada saludable. Alargó sus manos hacia ella, intentando alcanzarla con desesperación, pero el mar lo aventó contra las paredes rocosas, logrando causarle unas feas raspaduras en su rostro y un golpe ligeramente severo en su costado.

Consiguió coger sus gafas que se habían caído cuando se había estrellado antes de que se hundieran. No tenía tiempo para agregarlos con magia, se impulsó con la pared para llegar a su amiga, apenas la alcanzó trató de sacar su cabeza del mar, fue entonces que notó que sus brazos estaban amarrados.

Buscó su varita con los dedos entumecidos, terminó el conjuro, recibiendo el cuerpo de su amiga sobre él, con impaciencia la alzó, buscó su pulso en su garganta pero le fue imposible localizarlo, tenía los labios morados y no sabía si se encontraba respirando.

—Hermione no me hagas esto —murmuró, quebrándose de la angustia.

Le lanzó un encantamiento que elevaría su temperatura y uno para él, ambos lo necesitarían para el regreso, pero no iba a exponerla a seguir en el agua, la levito, mientras el nadaba con desespero hasta la costa, el mar parecía ayudarlo esta vez haciendo su trayecto más rápido, sólo los últimos metros para salir fueron los que más le constaron, casi sin aliento se tiró en la playa. La lluvia caía sobre su rostro mientras trataba de recuperarse, dejó el cuerpo de Hermione sobre la arena y se movió con dificultad.

En el camino había estado pensando cómo ayudarla a recobrar el conocimiento, aunque su mente se encontraba peor que hecha un nudo. —Ennervate —pronunció exasperado pero el hechizo revitalizador no resultó, entonces temió lo peor.

Merlín, ni siquiera se había dado cuenta cuando había comenzado a llorar, no sabía qué más hacer.

—Hermione, por favor… tú eres la brillante… ¿qué debo hacer? —inquirió, soltó su varita, la tomó de las manos, esperanzado en que volviera en si con el contacto.

Ni siquiera había tomado consciencia de si la batalla había terminado ya, en ese momento se encontraba ensimismado, bloqueado, con el cuerpo de su amiga frente a él. Necesitaba otro hechizo o algo más, pero qué, un rayo cayó en el mar retumbando iluminando el lugar y fue cómo si la mente se le hubiera aclarado. Colocó su cabeza sobre el tórax de su amiga notando que su corazón no latía, no sabía mucho de primeros auxilios pero había visto el canal de *Discovery en un par de veces como los socorristas realizaban la reanimación cardio pulmonar.

Tembloroso abrió la boca de su amiga, entrelazó sus manos una sobre la otra y las colocó sobre su torso, realizó compresiones cortas y rítmicas, llevando la cuenta en voz alta, combinándolo con respiración boca a boca.

Nunca pensó que la primera vez que volviera a tocar sus labios no sería en un beso, si no luchando por salvarle la vida, con el miedo de perderla para siempre calándolo profundamente.

—Vamos Hermione, no podré vivir sin ti, te necesito… te amo. ¿Me escuchas? ¡Te amo!

Y después de unos intentos, ella volvió del velo de muerte, comenzó a toser gravemente. Él aún perplejo la ayudó a ponerse de lado, ella devolvió un poco de agua, respirando con fuerza.

En verdad habían sido momentos difíciles para Harry, pero por fin pudo relajarse, sintiendo cómo el alivio lo recorría. Reía y lloraba a la vez, había logrado revivirla. Un milagro, no tenía otra explicación para lo que había sucedido.

Y estaba más que agradecido con la vida, con Merlín, con sus padres, había estado realizado plegarias silenciosas sin saber si tendrían resultado, pero lo habían hecho. La recogió entre sus brazos, hundiendo su rostro en su cuello, sintiendo como su amiga se aferraba a él. El amor era el poder más fuerte que existía y el que ella estuviera viva, era una prueba más de ello.

Las personas comenzaron a acercársele. Sirius, Remus, Ron… la batalla había terminado.

*º*º*º

Dos días habían pasado, tiempo en el que los que tenían lesiones menores se habían recuperado. Por desgracia algunos de sus compañeros en esa misión habían perdido la vida, los funerales ya se habían llevado acabo. El proceso de la banda de mortifagos seguía su curso, ahora todos se encontraban en celdas con nuevas medidas de seguridad que no les permitirían fugarse.

Las familias se habían reunido con sus parientes rescatados, agradeciendo la labor del Ministerio. Lamentablemente no todo era felicidad, aún había personas inconformes y molestas pero era algo que Kingsley pensaba resolver con el tiempo.

Sirius se encontraba en el Ministerio, apenas y se había tomado tiempo de descansar, el trabajo seguía. Habían logrado cerrar un caso, pero aún tenía pendiente el de la banda de magos oscuros y algunos otros criminales que hacían de las suyas en el mundo mágico.

Remus se encontraba en su casa, se había ganado un merecido descanso. Además de que estaba por pasar su transformación y que mejor que lo hiciera sin preocupaciones extras del trabajo.

Salió de su despacho encontrándose con Yannel guardando todos los pergaminos que habían resultado de las investigaciones y el mapa con el que habían trabajado en el caso de los prófugos. Se pasó la mano por su cabello retirándolo de su rostro, haciéndolo hacía atrás. Meditó un poco las cosas antes de adelantarse hacía ella.

—Hola —dijo Sirius, atrayendo su atención, tanteando el terreno, no había hablado con ella desde que la había besado en pleno inicio de la batalla.

—Hey —respondió apenas alzando sus ojos para verlo, intentando no sentirse incomodada ante su presencia, lo cual era difícil después de aquel monumental beso.

—¿Quieres ayuda?

—No, Eloise me está ayudando, sólo fue por un café. Después Krutov nos ayudará a llevarlas a la sala para el día de la audiencia de Augustus Rookwood.

—Entiendo —repuso hosco. Odiaba cuando ella le restregaba a los otros hombres, no podía evitar sentirse celoso, además él ya había dado el primer paso para arreglar las cosas.

—¿Necesitaba algo?

Otra vez ahí estaba ese tono frío que él odiaba tanto. Nuevamente estaba alzando una barrera entre ellos. Maldijo para sus adentros, esta mujer en verdad lo desquiciaba. No lograba entenderla, en verdad creía que con ella había perdido todo toque de conquistador. Se armó de paciencia para no comenzar una discusión con ella ahí en plena oficina.

—Tal vez quieras que salgamos a cenar… tenemos una conversación pendiente —sugirió acercándose a ella de forma felina, pensaba acorralarla hasta obtener una respuesta afirmativa.

Yan dejó lo que estaba haciendo y lo encaró. —No puedo, iré a cenar con Charlie, regresará a la reserva.

Y ahí estaba nuevamente restregándole a otro mago. Entrecerró los ojos y apretó su boca en una línea de recelo. Incluso sentía que la bilis comenzaba a regársele, vaya manera de cortarle las intenciones.

—Entonces pasare a verte más tarde a tu casa —espetó, esta vez su tono no tenía nada de amable, ni de dulce. Ahora se trataba de un hombre que estaba reclamando sus derechos con la mujer que quería.

Cornwell se sintió estremecer ante aquel registro bajo de voz, era excitante, le recordaba esos momentos pasionales que habían compartido. No pudo evitar que su rostro se coloreara, evidenciándola.

—¿Cuál es la posibilidad de que estés pensando en nosotros? —cuestionó invadiendo su espacio vital, llevándola a pegarse contra la mesa. Posó su mano en la cintura de la mujer de manera posesiva, se inclinó soplando suavemente contra su cuello notando como su piel se erizaba aún sin tocarla, subió hacía su oído y susurró:—Eres una chica muy mala, ¿qué es lo qué estás fantaseando…?

Yannel contuvo la respiración, sintió como su pulso se aceleraba. Este hombre en verdad la hacía sentirse liquida y perversa a la vez. Cerró sus ojos, sintiéndose traicionada por su propio cuerpo y mente que la llevaban a escenas bastante candentes lejos de ahí.

—Sino fueras tan terca podríamos estar haciendo eso y más… —repuso en un ronroneo, presionándose contra ella, mientras su mano libre se enredaba en su cabello.

Ok, hasta ahí había llegado su momento de debilidad y aunque se sentía terriblemente bien tenerlo así, diciéndole esas cosas, debía parar. Abrió los ojos y lo miró con enojo punzante, lo alejó de un movimiento.

—¿Terca? ¿Pero qué me dices tú?, sino estamos dónde dices es porque: uno, tú me dejaste. Dos, tú te alejaste, cada intento que hice lo pisoteaste. Tres, posiblemente tengas otros amoríos. Cuatro, tú eres aún más terco que yo. Cinco, no porque beses fantásticamente pienses que te voy a perdonar. ¡Ahora aléjate de mí…! —aclaró, alzando su mentón con orgullo.

Se fue con pasos furiosos, dejando a Canuto descolocado y bastante frustrado.

*º*º*º

En St. Mungo, Hermione despertaba de un largo sueño o eso creía ella. Parpadeó un par de veces acostumbrándose a la luz de la habitación. Crispó sus cejas ligeramente al desconocer el lugar dónde se encontraba, un hombre se inclinó sobre ella, sacándole un buen susto. Lo último que recordaba y que de inmediato le vino a la mente era los ex mortifagos, la cueva, el mar… el pánico se adueñó de ella.

—Tranquila señorita Granger, está en St. Mungo, no hay razón para temer, sólo es un chequeo. Ha pasado 48 horas descansando y recobrando fuerzas, ahora se encuentra mejor y ya puede estar despierta, tendrá que estar aquí unos días más. Más tarde pasaran a verla unos colegas para hablar con usted.

—Sí… gracias —murmuró aún confundida.

—Ahora dejare que pasen a verla sus visitas —anunció con una sonrisa yendo hacía la puerta donde se detuvo—. Tuvo mucha suerte, hay personas que no han logrado volver del otro lado.

Hermione estaba aún más perturbada después de ese comentario. «¿Qué fue lo que pasó? ¿En verdad esto será real?».

Tuvo que recurrir a su vieja técnica amiga de pellizcarse, al sentir el dolor supo que era muy real, entonces si se permitió respirar profundamente y relajarse.

La pesadilla había terminado.

—Gracias a Merlín —suspiró, al tiempo que la puerta se abría dando paso a sus padres que le sonreían.

—¡Mamá, papá! —exclamó con una alegría desbordante y no pudo evitar soltar un par de lágrimas cuando la abrazaron. El confort que sintió la hizo volver a sentirse una niña pequeña, incluso tardó en separarse de ellos.

Su mamá limpió su rostro con un pañuelo, le acomodó su cabello, lo cual agradeció mucho y ahora más calmada tenía un mundo de preguntas por hacerles y por Circe que deseaba ver a Harry.

—¿Qué día es? ¿Qué fue lo qué pasó? ¿Dónde está Harry? ¿Él… él vino a verme?

Su madre intercambió una mirada con su padre y ambos sonrieron cómplices, logrando que Hermione acentuara su ceño fruncido.

—¿Qué pasa?

—Nada, todo está bien —pronunció su padre, tomando su mano.

—Hoy es 22 de enero —respondió Jane.

—¿No lo recuerdas? No podemos explicarte con exactitud cómo sucedió tu rescate, pero Harry logró encontrarte, él fue quién te practicó primeros auxilios…

Hermione escuchó a lo lejos la voz de su padre, repaso nuevamente lo último que recordaba y entonces las imágenes volvieron una tras otra, la playa, ella tosiendo, Harry a su lado, él abrazándola, hablándole…

Sus cejas se arquearon y sus ojos se abrieron desmesuradamente, sonrió como tonta. Si no se ponía a saltar de felicidad era porque seguramente ni siquiera podría ponerse de pie.

Él lo había hecho, había ido por ella, la había encontrado, salvado.

— …los sanadores dicen que si él se hubiera tardado un poco más, probablemente no estuvieras aquí.

Por Morgana, podía soltarse a llorar nuevamente, estaba tan sensible. Exhaló un suspiro tembloroso, miró alrededor su cuarto estaba lleno de flores de todos los tipos y un par de regalos.

—Las han mandado varias personas —mencionó su madre—, pero la mayoría son de Harry —añadió con un toque pícaro—, deseaba que cuando despertaras tuvieras algo hermoso que ver.

Hermione estaba conmovida hasta la médula. En verdad necesitaba verlo ya, quería sentirlo, besarlo, acariciarlo…

—Él ha estado aquí desde que te trasladaron, apenas y se ha separado de ti. Lo hemos tenido de convencer de ir a comer y descansar un poco. Ahora se encuentra en una sesión de terapia que está tomando, aún no sabemos bien de qué se trata, seguro te lo contara después.

«¿Terapia? ¿Será posible que esté hablando de las pesadillas? Espero que sea así…».

Aquel había sido el motivo por el que se habían peleado, pero si de esa discusión había surgido aquello, estaba más que contenta.

—¿Quieres saber lo que ocurrió con la banda de ex mortifagos? —inquirió su padre con cuidado. Tenía en sus manos varias ediciones de El Profeta.

—Si —articuló un poco dudosa, pero no podía simplemente evadir el tema, por mucho que eso le trajera malos recuerdos, una terrible ansiedad y un miedo que la helaba.

—Rookwood fue capturado, ahora están esperando que se presente ante el Wizengamot, al parecer le harán un juicio, por fin va a pagar todos su crimines —divulgó, dejando los periódicos en la mesa de noche, para cuando ella se sintiera preparada para leerlos.

Se sintió más tranquila después de saber eso, ahora no podría seguir causando más daño y lo mejor es que sus planes jamás se cumplirían.

Hubo un rápido sonido en la entrada, todos miraron hacía ahí.

—Tiene otra visita y está impaciente por verla —anunció la enfermera con una sonrisa.

El corazón le dio una fuerte sacudida al ver a Harry aparecer, quería levantarse y correr hacía él. Sus padres debieron darse cuenta de lo que estaba pasando, el ambiente se había llenado de una extraña vibra, el resto del mundo había desaparecido para esos dos; compartieron una sonrisa, antes de caminar a la salida.

—Te veremos después —murmuró su madre, besando su frente. Al pasar junto a Harry hizo el mismo gesto, logrando que él saliera un poco de aquella burbuja, sonriéndole sonrojado.

—Ve, no te quedes aquí —instó John al verlo anclado a la entrada, golpeó su hombro y lo empujó al interior del cuarto, cerrando la puerta para darles privacidad.

—Harry —murmuró en un suspiro de voz, su barbilla le tembló, las lágrimas se habían aglomerado en sus ojos.

Él no pudo detenerse hasta estar junto a ella, se sentó en la cama, el corazón le latía descontrolado. No sabía ni qué hacer primero, había estado esperando ese momento durante esos dos días y ahora que pasaba no podía creerlo. La rodeó con sus brazos con extrema suavidad —pues había visto todos los golpes que aún tenía y no deseaba lastimarla—, unió sus frentes, concentrado en aquella mirada café llena de luz.

—Me encontraste —musitó llorosa, llevando sus manos a los hombros de él sujetándolo, sintiéndolo tan real.

—Perdóname…

Ella negó con su cabeza, rozó sus labios en un beso simple pero llenó de sentimientos, disfrutando de la dicha que era poder hacerlo. Él le devolvió la caricia, besándola una, dos, tres veces, perdió la cuenta, saboreando su pequeña boca, sintiendo aquella clase de alivio y paz que sólo podía tener con ella.

Al fin volvían a estar juntos, sus lágrimas se combinaron entre sus besos. Él acarició su rostro con tanto cariño, llevándose consigo todo su sufrimiento y ella con cada sonrisa que le deba, lo hacía olvidar aquellos terribles momentos que había pasado, estaba a punto de confesarle su amor cuando alguien más entró a la habitación. Se trataba de Ron.

Harry nunca podría terminar de agradecerle el haberlo dejado ir a buscar a su amiga, ese tiempo que él podría haber gastado en ese duelo significaba la diferencia entre que ella estuviera viva y no muerta. Habían estado hablando mucho y eso sin duda ayudaba a sanar su amistad. Sabía que su amigo aún tenía sentimientos por Hermione y probablemente eso no cambiaría pronto, pero al menos ahora había tranquilidad entre ellos y en verdad deseaba que él encontrara a alguien, pero el tiempo se encargaría de todo.

Ron lució un poco incomodó por interrumpirlos, pero ambos lo invitaron a acercarse. Se abrazaron como tantas veces en el pasado, nuevamente el trío de oro estaba unido. Su amistad comenzaba a volver a brillar, nuevas aventuras les esperaban.

*º*º*º

Continuará…

*º*º*º

Sabemos que el que Harry y Ron usaran una de las maldiciones imperdonables no debe ser muy agradable de leer, puesto que son los buenos de la historia. Cuando Harry utilizó el cruciatus contra Amycus, hubo muchas criticas y JK respondió esas críticas al afirmar que "Harry no es, ni ha sido nunca, un santo", y que tiene defectos de carácter como todo el mundo. Así que basándonos en eso es que hemos escrito este capítulo.

*Ilfracombe. Devon, Inglaterra, Europa. Pequeño municipio de costa famoso por el "Incidente de Ilfracombe", en el que un dragón causó el pánico en la playa y la situación fue meritoriamente salvada por Tilly Toke.

Tilly Toke (1903 – 1991) Recibió la Orden de Merlín de Primera Clase por el ataque de un Dragón Ilfracombe en 1932. Un Dragón Galés Verde errante atacó a algunos bañistas que estaban tomando el sol. Tilly y su familia salvaron vidas muggles y modificaron su memoria después. Un muggle, sin embargo, conocido como "Dodgy Dirk", fue contando historias acerca de una "lagartija sucia, grande y voladora" que le atacó cuando volvía. Su historia no fue creída por otros Muggles Tilly aparece en los cromos de magos y brujas famosos (número 77).

*Discovery: es un canal de entretenimiento, cultura y educación distribuida virtualmente en el mercado de televisión de pago en todo el mundo. La marca es conocida principalmente por su variedad de programación científica, particularmente documentales y programas sobre la naturaleza. Información de Wikipedia.