Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

La rueda de la fortuna.

Los días habían pasado con suma rapidez, Hermione había sido trasladada a su casa en Londres para que tuviera una recuperación más tranquila en un ambiente familiar, alejada del bullicio del mundo mágico y las noticias sobre la banda de criminales.

Los chicos se habían integrado a su horario normal en la Academia. Si Ron había creído que Robards había sido considerado con ellos al darles aquella semana libre, sin duda se había equivocado. El instructor firme a sus palabras los había recibido con un castigo memorable.

—¡No puedo creer que haya dicho que no servimos para ser aurores! ¡Hemos estado en las batallas de los últimos años! ¡Incluso tenemos un cromo en las ranas de chocolate! —exclamó exaltado. Ni siquiera pensó lo que decía, pero al darse cuenta giró el rostro buscando ver a un Harry lleno de pesares. Bien sabía que no le gustaba tocar el tema, pero lo que encontró lo sorprendió, su amigo se estaba bien y sonreía—. Harry yo...

—Olvídalo, ya no tienes que evitar hablar de la batalla, estoy... tratando con eso en las terapias.

—Ehmm entonces, ¿te va bien con eso? —preguntó tallándose su nuca ciertamente incómodo.

—Eso creo —respondió con una tibia sonrisa, dejando caer ligeramente sus hombros.

—¡Evaluaré su técnica de rastreo en el campo de entrenamiento! ¡Muévanse par de trolls! ¡No han venido aquí para platicar como niñas, sólo les falta su taza de té! —grito su mentor.

—¿Ves a lo que me refiero? —refunfuñó con fastidió Ron—. ¿Crees qué Sirius nos aceptaría en el Departamento sin graduarnos?

Harry no tuvo oportunidad de responder, un maleficio cayó sobre Ron dejando sus labios pegados, así que él prefirió mantener su boca cerrada por su bien.

*º*º*º

Sirius daba vueltas por su oficina, su mente no dejaba de trabajar para dar una pronta solución a su mayor problema; esta vez su preocupación no era por un caso, si no por Yannel. Cada día de esa semana había realizado un intento por componer las cosas entre ellos, pero nada había funcionado.

«Tal vez lo mejor sea que deje esto así, quizás con el tiempo todo se arregle.»

El llamado en la puerta lo hizo detenerse. Respiró profundamente un par de veces antes de ir. Abrió la puerta con poca gracia, encontrándose con su tormento.

—Quiero hablar con usted —dijo con seguridad, entrando a la habitación.

Black parpadeó confundido, apenas y emparejó la puerta cuando ya se encontraba detrás de ella. —¿Sucede algo? ¿Es sobre lo nuestro?

Yan cerró los ojos e hizo acopio de toda su fuerza de voluntad. Un nudo horrible se instaló en su garganta.

«¿Por qué tiene que ser tan difícil?».

Negó moviendo su cabeza, conocía muy bien la respuesta. Por muy duro que fuera el momento, debía enfrentarlo y concluir ese ciclo. Se giró decida y sin verlo a los ojos le entregó dos pergaminos.

—¿Qué es esto? —cuestionó frunciendo su frente. Los extendió leyéndolos con rapidez, su semblante se fue endureciendo conforme comprendía la situación—. ¡No! ¡De ninguna manera voy a firmar esto! —Explotó, rompiéndolos en miles de trocitos.

Yan observó como el hombre frente a ella se transformaba en una bestia. —No necesito que lo haga, hablé con Kigsley y él respalda mi decisión. Sólo quería que estuviera enterado —concluyó con la voz rota, trató de pasarlo por un lado pero él la detuvo cerrando la mano sobre su brazo.

—¡No permitiré que te vayas!

—No puede evitarlo, es mi decisión —replicó dándole la espalda—. Ahora déjeme ir.

—No necesitas irte a Estados Unidos, tu lugar es aquí, en éste Departamento de aurores, conmigo.

Ella soltó una risa seca. —¿Contigo? —interrogó con amargura—. Es por eso que debo irme en primer lugar, hemos arrastrado nuestros problemas al trabajo y sabes que está mal.

Sirius soltó una maldición. Cornwell aprovechó el momento para deslizarse de su agarre.

—Es lo mejor para los dos.

—¡Infiernos, no lo es!

Yan avanzó hacia la puerta con el corazón hecho trizas. —Adiós Sirius.

—No, no te dejaré ir —profirió, rodeándola con sus brazos por detrás.

—Es todo, las cosas no funcionaron para nosotros y no podemos pretender que no pasó nada aquí en el trabajo —explicó con los ojos anegados de lágrimas, en cualquier momento rompería en llanto y prefería hacerlo muy lejos de ahí. Tomó las manos de él buscando apartarlas.

—Estás equivocada.

—Por favor, yo no deseo estar cerca de ti, ya no puedo quererte, ni quiero hacerlo —masculló con dureza. Deseaba acabar ya con esa agonía aunque fuese diciendo mentiras.

Aquellas palabras fueron como un «cruciatus» y se sintieron como tal. La soltó, dejando caer sus brazos con pesadez, había perdido las fuerzas para retenerla. Observó en cámara lenta la puerta cerrarse. No había sido capaz de retener a Yan, estás eran las consecuencias de las malas decisiones que había tomado y ahora debía vivir con ellas.

*º*º*º

En Hogwarts, Ginny seguía siendo blanco de ataques cada vez más esporádicos pero no por eso menos molestos. Su infalible ataque Mocomurciélago se había vuelto su mejor defensa, sin embargo Malfoy no le había escrito ni una mísera palabra y por ningún lugar había noticias sobre él.

Se dirigía a la práctica de Quidditch, pronto sería el partido contra Hufflepuff y si quería ganar debía implementar nuevas estrategias. Luna la alcanzó cerca del lugar, ambas habían recibido cartas con todas las noticias que acontecían en el exterior.

—Pareces cansada, en el estado que estás podrías atraer a los dementores.

—No he podido dormir, es todo.

—Hermione y Harry están bien, me lo contó Ronald.

—Lo sé —repuso apenas logrando esbozar una media sonrisa.

—¿Preferirías qué no fuese así?

—No, no más —dijo melancólica—, lo que importa es que están bien.

—Además, ahora tienes a Malfoy.

Ginny la miró, rodando sus ojos. —¡Prefiero a los escregutos, mil veces!

Luna rió mirando con diversión a su amiga. —Aún estas preocupada por él.

—No lo estoy —mintió—. Él tiene a su prometida, a la vaca de Parkinson y todas esas que sólo se la viven fastidiándome.

—Creo que él no tiene a nadie en ese sentido. Tú eres su novia para todos. ¿No has pensado que tal vez él esté interesado en ti?

La cara de Ginny se volvió una mueca de desconcierto. Todos los momentos que había pasado con él se reprodujeron en su mente como una película, el suave roce de su mano, el aroma de su colonia, la manera caballerosa de tratarla.

—No, no, yo nunca fui su novia en realidad, eso sólo fue una pantalla, un juego muy retorcido que él creó. —Agitó su cabeza intentando borrar todo recuerdo.

—Tal vez no fue así, piénsalo y no estaría mal que también pensaras en lo que tú sientes por él, más allá de tus emociones superficiales —declaró, para después alejarse con paso saltarín hacia donde se encontraban los thestrals.

Ginny se quedó de una pieza, Luna le había tirado una bomba y ni siquiera había esperado a ver las consecuencias.

«¿Yo sentir algo por Malfoy?».

—¡Diablos, no! ¡Él es horrible, egoísta, mezquino y... lo odio! ¿Qué clase de criatura la habrá mordido para decirme eso?

Retomó su camino buscando olvidar el incidente, tenía que dirigir al equipo a una inminente victoria y eso era lo que debía estar en su cabeza ahora.

*º*º*º

Hermione hizo a un lado la edición de El Profeta, la nota principal hablaba del juicio de Augustus Rookwood. Ella debía ir a declarar, lo cual le producía un terrible pavor. Sabía que él ya no le podía dañarla pero el sólo relatar lo que había vivido estando frente a frente, la ponía mal. Se talló los brazos, la piel se le había erizado, sacudió su cabeza tratando de apartar esos pensamientos.

Miró una vez más el reloj, ansiaba que llegara la hora en que Harry la visitaba. Apenas y habían tenido oportunidad de hablar. En St. Mungo la habían visitado muchas personas, reduciendo su tiempo a solas con él y ahora Harry tenía su día ocupado entre la Academia, las terapias, recoger las labores escolares de ella, ir a verla y volver a la mansión a hacer sus deberes. Eso sin contar sus idas al Ministerio y demás compromisos que solían surgirle.

El tiempo que pasaban a solas se les hacía nada, apenas compartían unas palabras, unos besos y la hora de irse ya había llegado.

—Harry...

La risa de su madre, la hizo mirar hacia la puerta. —¿Cuánto tiempo llevas ahí?

—Lo suficiente para escucharte suspirar por Harry —divulgó con una sonrisa bailando en sus labios.

—Oh. —Sus mejillas se colorearon.

—Por cierto él ya llegó, en un momento subirá —anunció, recogiendo algunos libros de la cama y colocándolos en su lugar.

La clásica sensación de mariposas en el estómago se adueñó de ella, contaba los segundos para verlo aparecer por la puerta.

—Tu padre y yo saldremos a hacer unas compras de las cosas de la casa y la despensa.

—Bien —respondió con tono angelical.

—Volveremos pronto, pórtense bien —agregó, guiñándole un ojo.

—¡Mamá! —murmuró, nuevamente sonrojada.

Jane sonrió divertida de lograr abochornar a su hija, se despidió dejándola sola con sus emociones burbujeantes.

*º*º*º

Harry se despidió momentáneamente de sus suegros, su sonrisa era grande y no era para menos por fin tendría a Hermione sólo para él.

Le agradaba saber que ella se estaba recuperando rápidamente y tenía todo para hacerlo, a los mejores sanadores, su familia, amigos y a él. Lo único que le preocupaba era lo que había vivido con esos malnacidos y que seguía muy presente en la mente de su novia. Afortunadamente ya se encontraba tomando una terapia de forma voluntaria.

Subió las escaleras animado, su corazón se saltó un latido o dos al verla, se encontraba parada frente a la ventana luciendo frágil y vulnerable. Extrañaba verla en pijamas cortas pero prefería que luciera esos pantalones de algodón y esa playera, por todas las personas que la visitaban.

Exhaló el aliento que se había acumulado en su garganta, sentía un revoltijo de emociones danzando en su interior. La amaba y aún no había podido decírselo, siempre que estaba a punto de hacerlo alguien o algo los interrumpía. Podía escoger ese instante para decírselo y sabía que sería perfecto, pero él quería que fuera más que eso. Estaba loco sin duda, pero suponía que pasaría cuando tenía que pasar, sin que lo planeara, ni nada.

Avanzó con paso lento, dejando los deberes de Hermione en el primer lugar que pudo.

*º*º*º

Hermione inspiró buscando calmar su ansiedad. Se levantó de la cama, estirándose, se acercó a la ventana abierta observando como sus padres se subían al coche. Unos brazos conocidos la rodearon con amor, ella se recargó en el cuerpo de su novio. Tenía una sonrisa flotando en sus labios, hizo a un lado su cabeza permitiendo que él encontrará el camino hacia su cuello.

—Deberías estar descansando —murmuró, acariciando la nívea piel con sus labios. Ella cerró los ojos y emitió un par de suspiros, tal parecía que se derretiría contra él—. Me encanta tu perfume —habló contra su oído causando un delicioso escalofrío.

Ella se giró entre el círculo de sus brazos, tomó el rostro de Harry en sus manos y le plantó un beso colosal que los dejó fuera del mundo real mientras duró. Sus frentes se quedaron unidas mientras buscaban recuperar el aliento perdido.

—Te extrañe —enunció con suavidad.

—Quiero que vuelvas ya al mundo mágico.

—Lo haré pronto, también comenzaré a ir a las terapias a St. Mungo, así el sanador Lowell, no tendrá que hacer el viaje hasta aquí.

—No deberías estar pasando por esto, tendría que haber evitado que te secuestraran —masculló molesto.

Ella lo miró con gran dolor. —No sabías cuáles eran sus planes. Yo no te culpó, debí poder defenderme mejor.

—Aún así, yo debí...

Hermione no lo dejó seguir lo silenció uniendo sus bocas. Harry se dejó arrastrar por esos labios a un beso lleno de pasión, la agarró de la cintura apretándola contra él. Ella envolvió sus brazos alrededor del cuello de su novio. La temperatura comenzó a subir con gran rapidez y un beso no parecía suficiente para lo que sus cuerpos deseaban.

—Cama, ahora —ordenó, tomándola de las caderas obligándola a que le rodeara con sus piernas. Hermione se puso de todos los colores por la posición y el trasfondo de las palabras. Él la recostó con sumo cuidado y ella desenredó sus piernas, dejándolas a cada lado del cuerpo de él.

Harry la miró con tal deseo que ella no pudo contener el escalofrío que la recorrió de pies a cabeza, dejándole la piel de erizada a su paso. Merlín, el corazón le latía con tal fuerza que lo escuchaba retumbar en sus oídos. Parecía que la habitación se había convertido en una hoguera de repente.

Él sonrió mostrando su dentadura y ella se vio desarmada ante ese simple gesto. Estaba a merced de sus deseos, cerró los ojos al sentir la mano de Harry pasearse por su rostro de forma suave, no pudo resistirse más y atrapó su labio inferior entre sus dientes, ella soltó un ruidito de aprobación al tiempo que su cuerpo pedía la atención que le había sido retirada.

Harry jadeó al sentirla restregarse contra él. Sus manos se hicieron camino por debajo de la camiseta moldeando aquella figura, sintiendo su piel cálida a su paso.

La respuesta de Hermione fue inmediata, se onduló soltando pequeños gemidos que él acalló con su boca. La besó sin darle tregua, como si no logrará tener suficiente de ella.

Hemione sin saber cómo, logró sacarle la chamarra aventándola a alguna parte de cuarto, momento que él aprovechó para deshacerse de la camiseta, dejándola con un sencillo bra rosado. Ella no tuvo oportunidad de sentirse cohibida, pues Harry ya se encontraba dejando un camino de besos y pequeñas mordidas por su garganta, he iba descendiendo con una meta fija.

—Harry —sollozó al sentir un punto extremadamente sensible ser succionado por aquella boca. La estaba volviendo loca y lo peor es que no deseaba que se detuviera.

Maldita ropa que le impedía sentirlo a placer, puso sus manos en su torso buscando separarlo, él cedió a la presión retirándose ligeramente turbado, pero apenas estaba registrando lo sucedido cuando las manos de su novia ya se encontraban retirando su playera de forma apresurada y torpe.

Él de inmediato captó su intención y le facilitó las cosas quitándose de un jalón la prenda. Hermione lo recibió con gusto cuando él volvió a cernirse sobre ella. Las sensaciones que los envolvieron fueron electrizantes, pero no fueron suficientes para Harry pues entre besos enloquecidos, buscó deshacerse del sostén que le impedía verla y sentirla con libertad. No tardó en lograr despojarla de esa muda molesta, el roce de sus pieles calientes y sudorosas provocó un mar de sensaciones ardientes que los dejó ansiando más, todo lo que pudieran obtener el uno del otro en ese momento.

Se apoderó de su boca dándole un beso largo, voraz como ningún otro. Hermione se perdió en las caricias que sus dedos hacían sobre el valle de sus pechos. Eran demasiadas emociones, sensaciones. Se sentía arder en un infierno de placer, sus manos estaban dejando marcas sobre la piel tostada de él.

Harry soltó sus labios que eran una adicción para él, besó su barbilla con dulzura, la piel de su cuello y fue bajando cada vez más hasta encargarse de lo que sus manos habían estado atendiendo.

Su boca se cerró sobre una de las puntas rosadas, causando una reacción completa en el cuerpo de su novia y no se detuvo, siguió haciéndolo una y otra vez intercalando entre uno y otro seno, dejándolos sumamente sensibles.

Hermione suspiraba con fuerza, sus dedos tiraban de los cabellos oscuros de Harry. Él se detuvo reclamando nuevamente su boca, saboreándola con ímpetu.

—Quiero estar contigo —pidió Hermione con la voz afectada.

Harry se movió alzando su rostro para mirarla, a través de sus lentes ligeramente fuera de lugar. Su cuerpo estaba listo para responder a esa petición, pero no pudo evitar pensar que ella aún estaba convaleciente y eso lo podía ver en las manchas que cubrían áreas de sus costillas y por otra parte estaba el hecho que sus padres volverían en cualquier momento, eso les daba un margen de tiempo reducido y siendo que sería la primera vez de ella, pensaba que se merecía algo más que hacerlo de forma rápida.

—¿No quieres?

Él apretó sus labios contra los de ella. —Sí quiero, pero no así.

—Oh —Apartó la mirada decepcionada—. Creo que tenemos las líneas equivocadas —agregó queriendo romper aquel momento, cubriéndose un poco con sus manos.

Harry arrugó su entrecejo. Ella lo estaba malentendiendo, inhaló profundamente calmándose un poco, dejando que las neuronas volvieran a trabajar.

—Hablaba de que tus padres pueden llegar en cualquier momento, no quiero que todo sea apresurado, podría lastimarte.

Los ojos castaños de Hermione se reunieron con los verdes de su novio, buscando la verdad en ellos. —¿Es por eso?

—Lo es.

Ella se sentía expuesta e insegura, sus ojos reflejaban el conflicto mental por el que pasaba.

—¡Por Godric, Hermione! —exhaló negando, pensando en ¿por qué ella lo tenía que poner en esos predicamentos? Tomó su mano y la puso sobre su cremallera dejándola sentir cuan interesado estaba de estar con ella.

Su amiga jadeó de sorpresa, al tiempo que él emitió un largo gemido entrecortado. Su cara se volvió carmesí, superando el pasmo inicial, se podía decir que encontraba tan fascinante y halagador que él tuviera una erección con tan sólo un par de besos y roces.

Harry retiró su mano esperando que ella hiciera lo mismo con la suya, pero no fue así, la mantuvo en el lugar, transmitiéndole su calor y él no pudo reprimir su instinto de empujar su cadera hacia ella.

Hermione se quedó quieta ante el movimiento, él dejó escapar un sonido desesperado. Lo observó con avidez, desde la tensión que había aparecido en su rostro hasta la manera en su boca se encontraba crispada y sus ojos se oscurecían. El calor entre sus piernas se intensificó y supo lo que quería con claridad. Entendía porque no podían estar juntos en toda la extensión de la palabra, pero eso no quería decir que no pudieran sentir aquel placer desbordante que habían experimentado en el pasado, en la mansión Black.

—Harry.

—Lo siento, será mejor que retires tu mano.

—No lo haré y creo que estoy dispuesta a tratar con esto —añadió, atreviéndose a darle una caricia segura, sobre el pantalón. Potter entrecerró sus ojos siseando—. No tenemos que llegar al final, podemos tener esto por ahora.

Harry rió entre dientes. Su novia siempre tan listilla, no dejaba de sorprenderlo, ahora estaba utilizando las frases que le dijera en la ocasión pasada, para su conveniencia. Él no necesitaba ser seducido, él ya lo había sido.

—Merlín, eres grandiosa. No sabes cuánto te amo —profirió sin pensarlo, adueñándose de los labios de su novia que estaba en shock, después de haber escuchado esas palabras que habían causado todo un revuelo en su interior.

«¿Él dijo que me ama? —La voz de él se repetía en su mente como una dulce melodía para su alma—. Él, en verdad lo dijo.»

Sus pensamientos se vieron absorbidos por la nebulosa de placer, pero la dicha siguió ahí acurrucándose en lo más profundo de su corazón. La boca de Harry demandaba toda su atención, sus manos desplazándose por su cuerpo quemándola, la obligaban a responder a sus caricias, pero su mano había quedado atrapada entre sus cuerpos, se quejó, rompiendo el contacto.

—Levántate.

Él lo hizo por inercia, apoyándose en la cama con sus dos brazos. Hermione llevó su otra mano al pantalón de Harry tratando de abrirlo.

—Por todos los magos, esto esta atorado —exclamó exasperada, peleando con el botón que se negaba a salir del ojal.

Potter soltó una risita. —Déjame hacerlo. —Se incorporó y en un dos por tres ya lo tenía abierto, dejando ver su bóxer abultado color guinda. Se fusionaron en besos ardientes, mientras caricias tórridas iban y venían, aumentando su deseo, llevándolos al punto en el que sólo podían seguir adelante porque parar ya no era una opción.

Hermione dejó que sus dedos viajarán por la espalda de su novio siguiendo el trayecto de su columna. Al llegar a la pretina de los jeans, tuvo que recurrir a un acopio de valor para tomar el pantalón junto con el elástico del bóxer y tirar de ellos para sacarlos de su camino.

Harry le facilitó las cosas, alzó sus caderas dejando escapar un jadeó con su aliento al sentirse libre de la prisión de su ropa, tuvo que maniobrar un poco para bajarla hasta sus tobillos.

Hermione pasó saliva, nerviosa. La lámpara de noche los alumbraba de forma tenue la piel tostada de Harry brillaba adquiriendo un tono dorado. Sus ojos flotaron por aquel cuerpo, la línea de vello oscuro la llevó al orgulloso miembro erguido de su novio. Apartó la mirada casi enseguida sintiendo su cara arder, los nervios volvieron con mayor intensidad, al igual que las olas de calor que se dirigían a su centro.

Harry estudió su reacción, no la presionó, ni hizo nada más. Esperó a que ella estuviera cómoda con él desnudo. No se lo había contado a su novia, pero a estas alturas probablemente ella con lo inteligente que era, ya lo hubiera deducido. Hermione no era la primera con la que estaba así, y agradecía tener esa experiencia porque de no ser así seguramente sería un completo ingenuo y torpe en lo sexual.

Ella volvió a mirarlo abochornada, pero decidida a seguir. No había vuelto del velo de la muerte, para dejar ir las oportunidades de sentir placer a manos del hombre que amaba. Alzó su cabeza para poder hacerse de su boca, besándolo con calidez, él se dejó atraer dejando que sus cuerpos se apoyaran.

—¿Me dejarás quitarte esto? —preguntó, jalando un poco el borde de la pijama.

—Sí —dijo con timidez.

—Bien. —Le plantó un beso suave, antes de ponerse a trabajar.

Hermione sentía que su corazón era un tambor y cambiaba de ritmo sin aviso. Ella respiró a fondo recuperando un poco de aliento, preparándose para la mirada de reconocimiento que él le daría. Sabía que no era la gran belleza y en ese momento menos con las contusiones que aún tenía, había perdido un poco de peso, no era un cadáver ni nada de eso, pero no era la viva imagen de la salud. Al menos se había depilado, lo cual seguro era bueno.

Harry terminó de sacarle el pijama y la ropa interior, sus ojos pasaron con lentitud por ella, conociendo el cuerpo de su novia. Odiaba ver aquellos golpes pero le alegraba saber que no serían permanentes, besó con suavidad cada uno de los moretones, pidiéndole perdón en silencio por no haber evitado su sufrimiento. Se había prometido hacerla feliz y eso es lo que haría.

Muchas veces había imaginado como sería verla por fin desnuda y no se había equivocado al pensar que sería hermosa, tanto como lo era por dentro.

Él podía haber visto a otras chicas con más curvas y belleza, pero nunca se compararían con su amiga y lo que él veía en ella. Para él Hermione era perfecta con su figura sutil y natural.

Se echó a un lado de ella, pasando su pulgar por su pómulo rosado. —Eres preciosa y espero que lo sepas.

—¿En verdad lo crees?

—No podría pensar de otra manera.

—Gracias —murmuró con los ojos cristalizados, sabía que no era el momento para ponerse sentimental pero no podía evitarlo.

—Yo soy el que tiene que agradecerte por todo lo que me das.

Una sonrisa tiró de los labios de Hermione, él la hacía flotar con cada palabra.

—¿Puedo…?

Ella asintió presionando sus dientes en la carne de su labio inferior, sintió el peso y el calor de la mano de Harry en su cuerpo, ella se dejó llevar por la sensación, respondiendo de forma instintiva a la estimulación.

Él bebió cada una de sus reacciones, su mano libre fue hasta su eje, buscando aliviar un poco su necesidad.

—Yo puedo hacerlo —murmuró Hermione, al darse cuenta de lo que él hacía.

—Déjame hacerte sentir bien primero, mantendré esto por ti hasta entonces.

Ella afirmó completamente roja. Harry la besó despacio, con ternura, invadió su boca reconociendo cada rincón como suyo, bebiendo cada uno de los sonidos que ella emitía. Su mano siguió por aquella figura logrando que la piel de Hermione ardiera, ella abrió ligeramente sus piernas, dejando que él se colara a aquel lugar nunca explorado por un hombre.

Harry se movió un poco más, arreglándoselas para respirar y mantener sus bocas enlazadas en ese beso. Las puntas de sus dedos acariciaron aquella delicada zona, Hermione gimió fuerte y se aferró al cobertor. Él siguió la humedad palpándola con suavidad, logrando que ella se estremeciera.

Hermione no tardó en abandonar la boca de Harry, respirando con dificultad, sus ojos se mantuvieron cerrados magnificando así la exquisita sensación que estaba experimentando y que la hacía sentir un mar de necesitad que sólo podía ser satisfecha por él.

—Harry —lloriqueó curvándose, moviéndose con agonía placentera.

Él dejo de tocarse o terminaría tan pronto como ella lo hiciera.

—Sólo un poco más —murmuró calmándola.

Besó la sien de Hermione, acomodando el ritmo de la caricia a las suplicas entrecortadas que ella dejaba escapar. Tuvo la prudencia de no introducir ninguno de sus dedos en su cuerpo, no quería acabar con su virginidad de esa manera.

—Más…

Él le respondió frotando con un poco más de fuerza y rapidez. Ella se agitaba, sacudiendo su cuerpo, siguiendo aquel vals que la llevaría a tocar el cielo a manos de él. Harry la observó hipnotizado, su rostro era la misma expresión del goce, de sus labios hinchados escapaban ruiditos de deleite que iban directo a su erección. Se veía increíble, lo hacía querer olvidarse de su decisión y tomarla ahí, pero no debía.

El placer la tomó casi por sorpresa, fue alucinante y devastador, el grito que salió de su boca lleno el lugar. Potter rió cerca de su oído, su risa sonó baja y tenía un tinte erótico que le causó otro estremecimiento a Hermione.

Ella deslizó sus parpados segundos después, mostrando sus pupilas nubladas aún por aquella pasión, perdiéndose en esos profundos ojos esmeraldas, disfrutando de los últimos espasmos de su orgasmo.

—Cirse, eso… Harry, tú…

—¿Te gusto? —cuestionó divertido con su falta de elocuencia.

—Sí. —Se conformó con responder. Su respiración aún era pesada, estaba completamente sonrojada y sudorosa. Seguramente sería un desastre, más de lo que ya era antes de que hubieran comenzado aquello.

La sonrisa de él se ensanchó de forma lenta, Hermione soltó la ropa de cama a la que con tanta fuerza se había aferrado, podía sentir sus dedos entumecidos.

—Ese era el fin.

—Ahora yo haré lo mismo por ti —declaró roja, sonriéndole de forma ligera. Después de cómo él la había hecho sentir, quería y necesitaba verlo disfrutar de sus atenciones. No era una experta, pero aprendía rápido.

Eso era justo lo que Harry quería oír y que su dolorosa erección esperaba. Hermione se puso de lado, para poder besarlo con comodidad, dejándole saber con sus labios y sus manos lo que con palabras no había podido expresar.

Él la abrazó, disfrutando de los besos y de los toques que aquellas pequeñas manos le daban. Su cuerpo ardía como si se encontrara en un incendió y tal vez era así, su dureza chocaba contra el vientre de ella, dejando un rastro húmedo.

Hermione fue lenta en sus movimientos, adoró la sensación de ese fuerte cuerpo bajo sus manos. Ahora se encontraba viviendo todo un mundo de posibilidades que sólo había imaginado y fantaseado, era cierto que ya había experimentado el placer a manos de Harry, pero esto era distinto, los dos desnudos, rozándose, descubriéndose. ¡Era simplemente fantástico!

—Tócame, hazlo ahora —jadeó entre besos desesperados.

Ella asintió, los nervios aumentaron, pero también su convicción. Sus dedos se curvaron con timidez sobre aquel eje, él soltó un sonoro gemido, agitando sus caderas suplicando así que ella siguiera.

Hermione le dio una mirada, su mano se deslizó con duda, asimilando lo que se encontraba haciendo, reconociendo aquel miembro punzante. Se sentía tan extraño al tacto, sonrió al escucharlo jadear, él se abrazó aún más a ella, buscando un soporte al que aferrarse.

—Hazlo más rápido —urgió con voz ronca, escondiendo su rostro en su cuello de su amiga.

Ella asintió, buscando complacerlo, pero se sentía desmañada. No tenía la suficiente destreza que él requería en ese momento. Harry pareció apiadarse de su dificultad, puso su mano sobre la de ella, mostrándole como es que necesitaba ser acariciado. Sólo necesitó un par de roces más, antes de estallar en un éxtasis demoledor, dejando escapar el nombre de ella.

Al escucharlo, una sonrisa bailó en los labios de Hermione haciendo chispear sus ojos, su mano aún estaba atrapada en la de él y llena de aquel líquido que los había manchado a ambos.

La respiración caliente de Harry golpeaba el hombro de su amiga, sus labios formaron una sonrisa repleta de gozo.

—¿Estuvo bien?

—Más que bien —respondió sincero, depositando un beso cariñoso en su garganta. Su mano soltó la de ella, Hermione separó la suya liberando el miembro—. ¿Podrías limpiarnos?

Se estiró un poco alcanzando su varita que se encontraba debajo de la almohada. El encantamiento los refrescó dejando su piel fría y erizada, hubiera preferido una ducha pero no tenían el tiempo como para una.

Harry los mantuvo unidos, él aplacó su melena de rizos, mientras ella acomodaba sus lentes.

—Fue perfecto, tú lo eres —murmuró alegre, Harry.

—Te amo —profirió, esperando que él le respondiera de la misma manera, quería corroborar lo que él había dejado escapar antes.

Él apretó sus labios contra los de ella, quería decirle tantas cosas y cuando había reunido las palabras necesarias, fue demasiado tarde. El sonido de un claxon y el rastro de luz que entró por la ventana, los alertó sobre la llegada de John y Jane.

—Tenemos que vestirnos —anunció con decepción.

Ella asintió, lamentando que sus padres hubieran vuelto tan pronto. Se vistieron de forma apresurada, sintiendo el pánico aumentar con cada segundo, afortunadamente John y Jane, habían llegado cuando las cosas ya se habían calmado o en serio estarían sufriendo una gran frustración.

—Estamos aquí, trajimos la cena, vengan —gritó Jane, desde el inicio de la escalinata.

Hermione agradecía que su madre no hubiera subido, aunque muy probablemente no lo había hecho, porque la estaba solapando, estaba casi segura de que había sido su idea salir a comprar, quería darle un tiempo a solas con Harry.

—Hubiera preferido tenerte más tiempo para mi —comentó, tomando sus manos.

Ella se acercó a él, abrazándolo. —Yo también.

—¿Recuerdas qué me debes una cita?

Ella se hizo hacia atrás para poder mirarlo. —¿De qué hablas?

—Dijiste que saldrías de nuevo conmigo cuando vinimos a esa cafetería en mi moto.

Hermione hizo memoria y una sonrisa boba apareció en sus labios. —Tienes razón.

—¿Eso es un sí?

—Sí.

Él besó su frente y sus labios durante unos segundos. —Es mejor que bajemos o tu padre vendrá por mí y si descubre lo que pasó, me volverá un eunuco.

Ella se echó a reír. —Eres un exagerado, te quiere demasiado y a mi, como para hacerte eso.

—Me gusta verte reír —profirió, haciéndole una caricia en la mejilla.

Hermione sonrió feliz, puso la mano sobre la de él manteniendo su calor, en sus ojos se mantuvo la risa.

—Hermy, eres todo para mí —declaró Harry, alargó su brazo para atraerla.

John tocó la puerta y carraspeó haciéndose notar, antes de abrir la puerta. —Los estamos esperando —Sus ojos rondaron por todo el cuarto, inspeccionándolo—. ¿Qué ocurrió aquí?

—¿A-a qué te refieres? —inquirió clavando sus uñas en el brazo de Harry, el cual ya se encontraba sudando la gota gorda, creyendo que serían pillados.

—Parece que pasó un tornado —evidenció, viendo todo fuera de lugar.

«Nuestra magia.»

Habían estado tan concentrados el uno en el otro que se habían olvidado de ese detalle. Su magia debía haberse desatado en el momento en que sus emociones y sensaciones habían alcanzado el punto más alto.

—Fue mi culpa, mi magia aún esta inestable —manifestó Harry improvisando, sobándose su nuca con nerviosismo.

—Ya veo, lo mismo le pasa a Hermione cuando tiene esas pesadillas —comentó aún sin tragarse mucho ese cuento, pasó la mirada por ambos, buscando algún detalle que le dijera que ahí había ocurrido algo más.

—Lo arreglaremos.

—Será después, ahora bajen a cenar —mencionó, cerrando la puerta.

Harry por fin pudo respirar y Hermione a su lado volvió a relajarse.

—Estuvo cerca —dijo, pasando su mano por su frente.

—Sí, es mejor que vayamos —acotó, no quería seguir tanteando su suerte.

—Que bueno que estamos en tu casa, si estuviéramos en Grimmauld, Sirius lo hubiera deducido de inmediato.

—Lo sé —repuso de cierta forma aliviada.

*º*º*º

Ronald se encontraba recostado en su cama de la Madriguera, disfrutando de un merecido descanso después de todo lo que su loco instructor les había hecho hacer.

Estiró la pashmina de Luna que aún tenía con él, sabía que debía parecer un loco al estar jugando con ella. Si alguno de sus hermanos lo atrapaba con así, no pararían de hacerle burlas.

Había recibido una carta de Luna, la mitad no la había comprendido, pues hablaba de sus locuras, el resto era sobre cómo le iba en la escuela y preguntas sobre cómo se encontraban ellos.

Ninguno en su casa le había escrito a Ginny más de una párrafo y es que aún no terminaban de digerir su relación con el hurón. Los chismes sobre eso, al menos se habían visto reducidos, debido a las noticias sobre la banda de ex mortifagos.

Los gemelos habían estado investigando el paradero de Malfoy, pero al parecer el muy maldito había desaparecido, gracias a Percy se habían enterado de que había tomado un traslador. Sí, como su hermana había vuelto al colegio, él había decidido huir, debía admitir que siempre había sido astuto y escurridizo, pero tarde o temprano volvería y ellos estarían ahí para darle una calurosa bienvenida.

Su madre ni siquiera tocaba el tema y su padre cada vez que escuchaba que hablaban de eso, algo que se rompía en la casa. Cuando se los había contado a Hemione y Harry, ellos tampoco podían comprenderlo, y es que nadie podía hacerlo. Consolarse en brazos de esa vil serpiente había sido la peor idea que había tenido su hermana en todos su años de vida, o quizás su intensión había sido darle celos a Harry, esas eran dos de las muchas deducciones que brincaban a su mente. No podía creer que su hermana estuviera tan atrofiada para fijarse en ese hurón, pero lo cierto es que era una realidad.

Se incorporó finalmente para responder a la carta. Tomó un pergamino y su pluma, no sin antes alejar la delicada prenda de ahí, no quería tener la mala suerte de mancharla con tinta.

Hola Luna.

¿Cómo estás?

Gracias por tu carta. Aquí todos nos encontramos bien. Harry sigue yendo a sus terapias y Hermione está en su casa recuperándose. Yo estoy bien con ellos, ya no siento ese enojo que me hacía perder la razón, pero aún no estoy listo para volver a Grimmauld Place, ni tampoco para estar a su lado como antes. Creo que estar separados nos viene bien ahora, no puedo soportar aún sus arrumacos.

El juicio de Rookwood será en unos días, pero de seguro eso ya lo sabes. Tendré que declarar junto con Hermione y Harry. Sólo espero que ese maldito reciba lo que merece por todo lo que ha hecho.

En la Academia se tomaron muy enserio lo del castigo, nos han tratado peor que a elfos. A veces me dan ganas de salirme y dedicarme a ayudarles a los gemelos en la tienda. ¿Crees qué sería buena idea?

Te mando algunos productos Weasley, ojala que no te los confisquen.

Espero de verdad que los de Ravenclaw no te estén robando tus pertenencias.

Ron W.

Había quedado con algunos manchones y tachones, pero no tenía ganas de volver a hacerla, la dobló y bajó a ponerle un poco de cera para cerrarla. Al bajar se encontró con los gemelos asaltando la cocina.

—¿Qué llevas ahí? —preguntó Fred.

—Nada que les interese.

—Entonces es importante —exclamó George, mirando de reojo a su gemelo.

Ronald los pasó de largo, buscaría la cera, el sello y la mandaría con la lechuza lo más rápido posible, no quería que se entrometieran, pero los gemelos lo emboscaron, tratando de quitarle la carta.

—¿Es para tu novia?

—¡Suéltenme!

—Eso lo veremos —comentó divertido su hermano, arrebatándole la carta.

—Ultima oportunidad, ¿para quién es?

—Es sólo una carta para Luna —reveló, quitándoselas.

—Así que escribiéndole a Lunática Lovegood —dijo Fred con tono pícaro.

—Nos agrada —comunico George con aprobación.

—¿Será nuestra cuñada?

—Eh… no les tengo porque decir —rumió, mirándolos enfurruñado, rogando porque el rubor no subiera a sus mejillas.

—Si no es ella, entonces deberías salir con otras chicas —aconsejó George—, tenemos algunas candidatas.

—No queremos que te quedes solterón.

Ron se imaginó que sus hermanos habían organizado alguna otra locura con aquellas chicas que la última vez casi lo desmiembran en la tienda. No, ni loco saldría con ellas.

—Idiotas —exclamó aparatándolos.

—¡Que genio! —gritó Fred mientras lo veía alejarse, giró topándose con la sonrisa conocedora de su otra mitad, asintiendo sin palabras.

—Hermano, esto parece ser un caso para nosotros. ¿Crees qué Luna este interesada?

—No lo sé, pero lo averiguaremos —respondió con una sonrisa traviesa.

*º*º*º

Por otro lado Sirius se encontraba sentado en la barra de El cuerno de unicornio, bebía el último trago que el cantinero había puesto frente a él.

—Otro —demando azotando el vaso.

—Seguro, mientras tenga con que pagar.

—Sólo sírvalo —gruñó, dejando caer un par de galeones.

—Te he estado buscando —mencionó Lupin, deslizándose en el banco de al lado.

—Pues ya me encontraste.

—¿Qué es lo que estás haciendo aquí?

—Lunático bebe conmigo, como en los viejos tiempos —pidió, pasándole el brazo por los hombros, acercándole el vaso.

—Canuto, vamos a casa. —intentó, fingiendo beber del vaso.

—No quiero, déjame aquí… necesito sacar esta mierda. —Se golpeó el pecho con una mueca de dolor.

—Beber no servirá de nada —enunció, quitándole su trago.

—Ella se va, me abandona.

—No estás pensando con claridad.

—¿Qué tengo que pensar? ¡Lo arruine! Lo sé, pero quise arreglarlo y ella sólo se va.

—Tal vez sólo necesita un tiempo.

—¿Tiempo? ¡Maldición! ¡Es una arpía! Sólo vino a arrancarme el corazón, es lo único que quería…

—Estás demasiado ebrio. Vámonos. —Tiró de él para sacarlo del bar.

—¡No! —Se zafó de un jalón, escabulléndose del lugar en su forma de animago. Remus ni siquiera tuvo tiempo de atraparlo, iba a necesitar refuerzos para encontrarlo, su amigo sabía bien como huir y esconderse.

—Será una larga noche.

*º*º*º

Harry regresaba a Grimmauld place con una gran sonrisa de enamorado. Esperaba encontrar a su padrino, pero no fue así y tampoco le extrañó.

«Seguramente esta con Yannel.»

Habían sido unos días duros para Sirius, pero se lo había ganado a pulso, esperaba que sus buenas acciones remediaran las cosas con la chica, pero nada estaba seguro.

—¿El amo cenara? —preguntó el elfo servicial.

—No, gracias.

Subió la escalera de dos en dos y llegó a su habitación. Se sentía tan alegre que incluso se desconocía, pero no era para menos. Hermione se había convertido en su pedazo de cielo personal, ellos habían tenido una segunda oportunidad para ser felices y habían recorrido un gran camino para llegar a estar juntos realmente, así que sólo podía disfrutar de lo que estaban construyendo día a día.

Estaba seguro que si no quitaba esa sonrisa de payaso, su padrino se olería lo que había pasado y no quería que eso pasara. Hermione lo mataría si Sirius la recibía con algún tipo de broma acerca de eso.

Se metió al baño, para tomar esa ducha que había deseado antes. El recuerdo de lo que había pasado punzaba en su mente mientras el cuarto se llenaba de vapor, cerró los ojos y se encontró con ella desnuda, sonrojada, entregada a él, los toques inseguros de sus manos, la forma en que se movía contra él, los sonidos que dejaba escapar, sus besos.

Si seguía pensando en eso, acabaría teniendo una nueva erección, pero era tan difícil concentrarse en otra cosa. Incluso durante la cena, los dos estaban tan distraídos, sus manos entrelazadas bajo la mesa, eran mucho más interesante que la plática que sostenían con John y Jane. Ellos debieron darse cuenta, pues pronto los dejaron comer a solas el resto de sus platillos. Despedirse de ella le había costado demasiado, John tuvo que intervenir, sólo así él pudo volver a casa y ella ir a su cuarto a descansar.

—¡Demonios! —murmuró, observando su miembro medio endurecido.

Entró a la ducha, comenzando a enjabonarse. Conseguir un tema que fuese más atrayente que su recuerdo no fue fácil, pero lo encontró. Debía pensar en la cita, no es que quisiera tener todo planeado, pero quería tener opciones a la mano para llevar a cabo.

«Espero que pueda volver antes del juicio, así podríamos salir.»

Entre menos se agobiara por esa audiencia, sería mejor, pero sabía que debían cerrar ese episodio con Augustus Rookwood. Ninguno de los dos necesitaba pensar más en él, ya les había hecho suficiente daño a ellos y a muchas familias.

Se terminó de duchar y se puso un pijama ligero. Pensaba esperar a Sirius para pedirle consejos, pero estaba muerto, necesitaba recuperar sus energías. Se tomó la poción que le habían dado en St. Mungo y se dispuso a meterse en la cama, pero en el último momento se decidió a ir a dormir al cuarto de Hermione, así por lo menos podría aspirar su aroma y pensar que ella se encontraba ahí, en lo que ella regresaba.

*º*º*º

Hermione cepillaba su cabello indomable, había tomado un largo baño pensando en Harry, siempre en él, en cada caricia que le había hecho, en la forma en que la había hecho sentir tan especial y única. En sus palabras, pero principalmente en esa frase que se le había escapado. Lamentaba no haber podido preguntárselo, pero por otro lado entendía que había sido lo mejor, después de todo si eso era verdad, él volvería a decírselo.

—Espero que sea así.

Se hizo una trenza, aún suspirando por su amor y aunque hubiese querido recostarse en su cama y seguir pensando en él, tenía que ser responsable, tomó los deberes que había traído Harry para ella y se puso a revisarlos, avanzaría un poco y el resto lo terminaría por la mañana.

*º*º*º

Harry se despertó en la madrugada después de escuchar voces y ruidos. Se levantó con un bostezo y salió a ver de qué se trataba. Sus ojos soñolientos se abrieron de golpe al ver a su padrino con la ropa sucia y rota, siendo ayudado por Remus para caminar.

—¿Qué ocurrió? —comentó preocupado, acercándose a los hombres, notando el aroma de alcohol proveniente de Black.

—Lunático es un aguafiestas.

Harry miró a Remus, esperando una explicación.

—Déjame recostarlo y hablamos.

—Te ayudaré.

—Harry te he contado cuando tu padre y yo, salimos en moto al mundo muggle y unos policías…

—Sí, lo hiciste.

Lo recostaron con dificultad, Sirius no era precisamente el hombre menos pesado. Le quitaron la ropa sucia y dejaron que se acomodara, entre balbuceos se fue quedando dormido para alegría de Lupin. Salieron intentando hacer el menor ruido posible.

—¿Qué pasó?

Remus exhaló cansado, no se encontraba en su momento más saludable, acaba de pasar su transformación y eso lo había dejado debilitado, aunado a la persecución que había realizado para traer a su amigo a casa.

—Yannel se va a Estados Unidos y Sirius no lo tomó bien.

—¡Rayos! —masculló, pensando en lo mal que la estaría pasando su padrino—. Esperaba que se reconciliaran.

—Todos lo hacíamos, pero no fue así.

—¿Quieres algo? Puedes quedarte aquí si quieres.

—Gracias, pero me iré a casa —manifestó colocando una mano en su hombro—. Dora está preocupada y debo ir a calmarla, vendré en unas horas a ver cómo está todo, mantén un ojo en él.

—Eso haré.

Se despidieron y Harry regresó al cuarto de Sirius, se echó en el sillón que se encontraba ahí, tapándose con una manta. Esperaba que su padrino no se despertara y se pusiera necio o tendrían problemas.

*º*º*º

Hermione estaba desayunando tranquila con su madre, su padre se había marchado al consultorio hacía unos minutos.

—Desde anoche pareces muy feliz —murmuró su madre, mirándola de reojo mientras se servía un poco más de jugo.

—Lo estoy —confesó.

—Por Harry —dedujo con facilidad, su hija ponía esa sonrisa cada vez que se trataba de él.

—Sí.

—Estás ansiosa por volver al mundo mágico.

—Me gusta estar aquí con ustedes, sin sus cuidados no estaría mejor, pero…

—Tienes una vida hecha allá.

Hermione tomó la mano de su madre. —Mi vida se completa por todos ustedes. —Se levantó y la abrazó.

—Lo sabemos y te apoyamos —respondió conmovida.

El sonido del timbre y unos golpes bruscos en la puerta las hicieron separarse, de inmediato Hermione se tensó sin quererlo, relajándose casi al instante, este no era el mundo mágico y los peligros de los tipos como Rockwood estaban lejos de ella.

Jane se levantó y besó a su hija en la mejilla. —Sigue desayunando, iré a ver quién es.

Hermione se reacomodó y estaba por llevarse un trozo de fruta a la boca, pensando en su reacción tan paranoica, cuando la imponente figura de Viktor Krum apareció en su comedor, dejándola anonadada.

—No poder esperar más para verte.

—Pasa Viktor —instó Jane—, ¿ya has desayunado?

—Sí, grracias.

—Los dejaré solos para que puedan hablar con comodidad —comentó, observando al chico, mirando la reacción de Hermione. Sonrió, disfrutando de vivir esos momentos con su hija, estando ella lejos se habían perdido de muchas cosas—. Si quieres puedo llevarme tu abrigo.

Krum se quitó su pesada piel y le agradeció, dedicándole una inclinación. Hermione aprovechó ese momento para recomponer su expresión, dejó de lado su desayuno, no podría comer más, no con él ahí, atrayendo su atención.

Viktor se acercó a ella, dejando caer una de sus rodillas, para poder estar a su altura. La miró fijamente antes de tocar su cara.

—Estoy bien —murmuró tranquilizadora.

—Él debió prrotegerte —masculló molestó.

—No dependo de él, fue un duelo en el que perdí.

Él endureció sus facciones pareciendo más hosco que de costumbre, seguía sin disculpar a Potter por su error.

—Todo ha pasado ya —dijo buscando calmar su enojo. No quería que se desatara una pelea entre su amigo y Harry.

—Tener razón, pero quierro que paguen por lo que te hicierron —gruñó.

—Lo harán, por todo el daño que le hicieron a la población mágica —mencionó, abrazándolo. Viktor se fue relajando entre los suaves brazos de Hermione, sus manos torpemente se colocaron en su espalda.

—Me alegrra saber que estas bien —murmuró con voz rasposa en su oído.

—Es gracias a todos los que me quieren —comentó poniendo un poco de distancia entre ellos antes de que las cosas se volvieran comprometedoras, ella podía no estar interesada en él de esa forma, pero Viktor podía malinterpretar las cosas—. Es mejor que vayamos a la sala, allá podremos platicar con más comodidad.

Él accedió con una sonrisa, se incorporó y la ayudó a llegar a la sala.

—Háblame del equipo y de tu departamento —pidió Hermione, ansiosa de cambiar de tema.

—Preferriría hablar de ti, estoy aquí por eso —murmuro en un susurro, intentando atraer su atención.

—Y yo necesito saber del mundo exterior, además no quiero monopolizar la conversación.

—A mí no me importarría.

—Sólo dime ya en que equipo estás…

Viktor se dio por vencido y comenzó a contarle todo lo relacionado a su nueva vida en Londres. Sin embargo las cosas no quedarían así, tenía una plática pendiente con Potter que no podía ser postergada y ahora que se encontraba viviendo ahí, estaba dispuesto a todo.

*º*º*º

Continuará…