Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Juntos.

(N/as: El capítulo contiene una escena subida de tono)

Hermione observó a la sanadora con creciente ansiedad, se retorcía las manos como prueba de que no estaba para nada en calma. Había asistido a St. Mungo a un chequeo, esperaba que fuera el último, pero ahora ya no estaba segura de que fuese así. Ella se sentía mejor y los golpes se habían desvanecido con ayuda del tratamiento que había llevado, pero era claro que algo no andaba bien.

Dígame ya lo que sucede.

¿Viene alguien contigo?

Mi madre —balbuceó.

Tal vez sea mejor que pase.

No —dijo cortante—. ¿Qué es lo que está mal? ¿Voy a morir?

La mujer bajó el informe, respiró con pesar. —Debido a las maldiciones a las que fuiste expuesta, algunos de tus órganos resultaron dañados.

Lo sé, pensé que aquello estaba controlado.

Y lo está —aseguró—, sabes que hay secuelas.

Sí y para eso tengo las pociones.

Exacto, pero hemos registrado una acumulación de magia negativa en tu matriz, fue de las lesiones que atendimos cuando llegaste y pensamos que no habría daño permanente, ahora pasado el tiempo y después de las revisiones periódicas que te hemos hecho, sabemos que si hay consecuencias.

Hermione se quedó tan quieta como una estatua, estaba en shock. No estaba asimilando nada de lo que estaba pasando ahí, esto debía ser una pesadilla.

Lo que quiero decir es que es posible que no puedas lograr un embarazo.

Lágrimas escaparon de sus ojos castaños, agitó su cabeza negando freneticamente. El aire se le escapó de los pulmones, dándole una sensación de asfixia.

Tranquila, puede que haya esperanza… hay tratamientos y haremos estudios, no todo está perdido…

Ella no escuchó más, simplemente se derrumbó, previendo aquello la sanadora había mandado traer al sanador Lowell, el hombre que se encargaba de las terapias de la joven.

*º*º*º

Hermione se miró en el espejo de su cuarto en Grimmauld Place, luciendo un conjunto sencillo, una falda gris a la rodilla de tela de encaje con una blusa blanca y un suéter de un turquesa suave, claro que acompañado de su abrigo. Aquel recuerdo aún la asaltaba, demoliéndola.

No sabía cómo enfrentar aquello, ella siempre se había imaginado teniendo una familia y cuando su sueño de estar con Harry se había materializado, aquello había cobrado más fuerza, pues creía y anhelaba en un futuro tener hijos con él y ahora eso… no podría ser.

¡Merlín!, no quería ni pensarlo, no sabía ni cómo decírselo… se había quedado callada, sin hablarlo con nadie más que los sanadores, pero no podría seguir guardándolo, era demasiado para ella.

El sanador Lowell le había aconsejado hablarlo con Harry, pero tenía miedo… ¿él lo entendería?, ¿podía ella pedirle que lo hiciera? No sería egoísta y cruel pensar que él seguiría con ella, a pesar de que ella conocía su deseo de tener una familia propia.

—Estás lista —calificó Sirius, desde el marco de la puerta. Sus ojos grises la recorrieron soltando un silbido de aprobación—. Volverás loco a Harry.

Ella pareció volver de sus dolorosos pensamientos, pasó las manos por su ropa, las tenía húmedas por los nervios. —No estoy segura de…

—Estás hermosa, ni siquiera pienses en cambiarte, además Harry estaba abajo aguardando por verte, no creo que soporte esperar más.

No pudo evitar sonreír al pensar en él, casi podía imaginar la escena. El corazón se le agitó y las mariposas se le removieron en su interior. Se pasó las yemas de sus dedos, limpiando el rastro de unas gotas saladas.

—¿Qué es lo que sucede?

—¿A qué te refieres? — preguntó descolocada.

—Sé que te pasa algo, hay una tristeza en tu mirada y no entiendo por qué.

—También en la tuya —respondió automáticamente. Sirius no había sido el mismo desde que Yannel había partido, todos lo notaban aunque él quería aparentar que nada había sucedido.

Él bufó entrando a la habitación. —No es lo mismo y no es sobre mi.

—No.

—¿Algo va mal con Harry?

Ella negó con su cabeza de un lado a otro, sintiendo como la amargura se posaba en ella.

—¿Qué es? ¿La audiencia?

—Quisiera que fuera eso —dijo quebrándose.

—Hermione.

—Odio a Augustus Rookwood —soltó con gran coraje.

Él comprendía el desprecio que sentía, no había sido sencillo lo que había vivido a manos de ese bastardo.

—Lo sé.

—No… habló en serio… él… ellos… —Se cubrió el rostro con las manos, sollozando.

Sirius frunció su frente y estrechó sus ojos, aquí olía a que algo malo pasaba, pero no entendía qué… se suponía que Hermione estaba tomando terapias, pero no parecía estar superándolo, ¿cómo no se habían dado cuenta antes?

—¿Quieres decirme…?

—Me quitó la posibilidad de tener hijos —susurró con demoledora agonía. ¡Cirse!, no podía creer que se lo estaba diciendo a él precisamente y en ese momento, cuando debía estar bajando las escaleras para encontrarse con Harry, y tener esa cita prometida. Debería estar feliz y sin embargo no podía…

Sirius se quedó pasmado, helado por la confesión, jamás hubiese esperado aquello. Pasaron unos segundos en los que fue incapaz si quiera de consolarla, tenía la mente revuelta de deducciones y pensamientos encontrados.

—Joder…

Miró hacia el techó con rabia, ¿por qué tenía que pasarle eso a personas inocentes como ella? Hermione merecía ser feliz y su ahijado también, ¿por qué todo se volvía tan complicado para ellos precisamente?

Soltó un explosivo juramento, esto estaba mal.

Finalmente se acercó a ella y la estrechó con fuerza.

—¿Estás…?

Se separó de él, pasando sus manos por su rostro. —¿Segura?... Lo sanadores no hablan de esterilidad… pero en un alto porcentaje lo es, dicen que hay esperanza, pero…

—Pero la hay.

—Puede ser.

—Entonces aférrate a ella, mientras esto no sea algo definitivo debes confiar en que podrás tener un hijo.

Ella soltó un gemido lastimoso. —No lo sé.

—Vamos Hermione, eres lista… has pasado por mucho y esto no te acabará, debes luchar como lo has hecho todo este tiempo, se valiente y fuerte.

—¿Cómo voy a serlo…? ¿Qué le diré a Harry? Él…

—Él no se alejará de ti por esto.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque eres tú, eres Hermione, su mejor amiga… la chica que ha estado todo estos años con él, eres a quién ama.

El sonrojo la sorprendió con intensidad, aquellas palabras le hacían tanto bien, pero… no eran suficientes, no se convertían en una certeza de que no sería echa a un lado por Harry.

—Créelo y no dejes que esto te absorba, que te hunda.

—No sé si podré.

—Podrás, apóyate en Harry, en los que te quieren. No conozco a nadie más capaz que tú cuando se propone algo y se qué encontraras la forma de hacer que esta esperanza se vuelva algo real y quiero estar ahí, cuando suceda… —manifestó, tomándola de los hombros.

Ella le dio una sonrisa trémula, en verdad deseaba creer que todo saldría bien, pero sus miedos eran monstruos demasiado grandes.

—Arréglate y ve con él, no permitas que su felicidad se empañe.

*º*º*º

Harry estaba muriendo de nervios, no podía estarse quieto y el corazón repiqueteaba en su pecho con fuerza. Cada diez segundos, volteaba a ver el viejo reloj, y cuando escuchaba algún sonido, se tensaba creyendo que su novia estaba en camino.

Hermione había vuelto a casa y él había decido que no había mejor forma de darle la bienvenida que tener la cita de la que le había hablado. Aún había muchas cosas fuera de su lugar a su alrededor, pero no su relación y no quería dejarla en segundo plano, los problemas no serían su prioridad esta vez.

No estaba seguro de cómo se darían las cosas entre ellos esa tarde, pero esperaba que de la mejor forma… tal vez tuvieran su momento de intimidad, pero no quería presionar, pasaría si tenía que pasar, aunque no podía fingir con que no lo deseaba. Maldición, claro que lo hacía, había estado despertando con una erección casi cada día… sus sueños, se habían combinado con sus fantasías y los recuerdos de lo vivido.

Al escuchar unos pasos, se detuvo, dejó de andar de un lado a otro y observó las escaleras. Se sintió desilusionado al ver aparecer a su padrino en lugar de su novia.

Sirius soltó una risa ligera. —No seas desesperado, ella bajará en un momento y debo decirte que se ve hermosa.

Harry lo miró con advertencia, aunque sus palabras no hicieron más que alterarlo más. ¡Por Gryffindor, que ya deseaba verla!

—¿Volverán a casa temprano?

—No te diré nada.

—Primero me pides consejo y ahora me niegas los detalles —comentó cruzándose de brazos.

Rió un poco y se acomodó los lentes, disfrutando del berrinche de su padrino.

—Trátala bien, se paciente y cuidadoso.

—¿De qué hablas?

—Sabes de qué —aseguró con ese tono que bien conocía Harry.

—Yo no…

Sirius rodó sus ojos. —Pero el algún momento esperas que pasé y lo hará, tal vez sea hoy o no… pero pasará.

Potter enrojeció, aparatando su rostro. Su incomodidad creció y movió su peso al otro pie.

—Disfrútalo —aconsejó palmeando su espalda. Él había aprendido a las malas, había tenido su momento con Yannel, pero había echado todo por el caño y ahora estaba sólo, añorándola, deseando volver a repetir todo lo que había vivido con ella.

—Sirius, tienes que buscarla —profirió preocupado.

Su padrino evitó responder al percatarse que Hermione descendía por la escalera

—Mira quién nos brinda su presencia, ten cuidado Harry… todos se darán cuenta de la joya que tienes por novia y querrán quitártela.

Él estaba completamente cautivado y seducido por la imagen de ella, quien lo miraba con timidez, mordiendo su labio inferior.

Black viendo lo que pasaba, fue a su lado y le propinó un pequeño golpe en la cabeza. —Ve.

Harry se acercó a ella con torpeza y Sirius se llevó una mano a su cara, avergonzado, ¡Por Merlín!, si estuviera en los zapatos de su ahijado ya estaría dándole un beso en toda la extensión de la palabra y que sabía que ella necesitaba para dejar de pensar en lo que la estaba atormentando.

—¡Bésala, con un carajo! —manifestó jocoso. Si James estuviera ahí, seguro que hubiese dicho lo mismo y algo más, porque su amigo, tenía una personalidad más llamativa que la de su hijo.

Harry y Hermione lo miraron y después se dieron un rápido vistazo entre ellos. ¿Por qué siempre tenía que incomodarlos?

—Bien, los dejaré y no lo olviden, diviértanse, la noche es un muy larga… ¡háganle justicia a esas largas horas! —añadió con una carcajada, dándoles la espalda.

Potter se sobó la nuca, aliviado de que su padrino se fuera. Regresó su atención a su novia, notando que ella tenía la mirada puesta en su calzado y dudaba que éste fuese muy interesante. Le pasó una mano por la cintura atrayéndola suavemente hacia él, ella se dejó hacer, él le tomó la mejilla derecha y ella le brindó una de sus hermosas sonrisas, mientras dejaba escapar un suspiro.

—No soy bueno con las palabras, pero estás…

Ella no necesitaba escuchar más, cerró la distancia, dejando que sus labios se rozaran y fue exactamente lo que necesitaban para dejar de lado el nerviosismo. Harry tomó gustoso su iniciativa y la premió tomando su boca con efervescente intensidad. Él bien sabía que no iba a tener suficiente de ella en ese beso y que Merlín estaba al tanto de que estaba deseando tomarla en brazos y llevarla a su cuarto para no salir de él, hasta no estar saciados los dos.

—Vámonos, antes de que no quiera irme de aquí —murmuró cuando se separaron.

Ella sonrió con la cara carmesí y él la besó nuevamente, pero ésta vez tuvo el cuidado de no alargar el contacto, pues corría el riesgo de no poder alejarse de ella otra vez.

—¿A dónde iremos?

—¿Importa?

—No —contestó con sinceridad. Ella estaba dispuesta a seguirlo a dónde fuera, eso estaba más que claro.

*º*º*º

Harry había planeado algo sencillo, pero ya no estaba seguro de querer llevarla a una simple pizzería. Ella estaba muy hermosa para ese lugar, dónde podías ir cualquier día y sin tanto glamur de por medio.

—Esta bien, en serio… no he comido pizza en bueno, ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez —comentó con sencillez, lo tomó de la mano animándolo a entrar al lugar.

Harry afianzó su agarre mientras buscaban una mesa. La calidez del lugar y el ambiente simple y cómodo los ayudo a relajarse. Pasaron un buen rato ahí, platicando, riendo… como dos chicos de su edad, sin magia.

—Tienes una mancha de catsup —comentó Hermione divertida, al salir del local. Habían tomado un poco de vino y eso los había hecho levantar más el ánimo.

—¿Dónde? —inquirió tocándose la cara.

Ella dejó escapar un resoplido de risa, se detuvo y pasó su pulgar por el lugar al lado de su boca. Harry tomó su mano antes de que ella la retira y besó sus nudillos, aún podía sentir el hormigueó de su toque en su piel.

—¿Y ahora?

—Ahora sólo espera.

Caminaron algunas calles, hasta llegar al Támesis, donde había una embarcación que realizaba recorridos, la abordaron quedándose en la parte superior. Observando el espectáculo del sol descendiendo.

—Has pensado en todo, ¿verdad?.

—Quería sorprenderte —admitió dejando caer un poco sus hombros.

—Lo has hecho —reconoció con una sonrisa sincera.

Harry se regocijó de satisfacción por sus palabras. Observó en silencio su perfil, iluminado por la tenue luz ámbar que hacía sombras en sus facciones. El viento había logrado zafar mechones del broche que llevaba y ahora volaban libres alrededor de su cara.

Se movió abandonando su lugar al lado de ella para poder abrasarla por detrás, recargó su mentón en el hombro de ella, respirando su aroma.

—Me haces muy feliz.

Ella sintió un saltó en el palpitar de su corazón. —Y tú a mi… sé que nos ha costado mucho llegar aquí.

—Ni que lo digas —resopló, reprochándose a sí mismo su ceguera.

—Habló en serio —comentó mirándolo de reojo.

—Y yo también, deje pasar mucho tiempo… y tal vez hubiese sido muy tarde cuando comprendiera lo que sentía por ti, tal vez estarías casada con Ron, Viktor…o con Oliver.

—¡Oye! No es así, además nunca fui tan popular y yo realmente nunca salí en plan romántico con Ron o con Oliver…

—Pero sí con Viktor —gruñó. Se había enterado de la visita que le había hecho a su novia y lo peor era que ahora estaba en Londres, eso era como un dolor de hígado constante. Afortunadamente no se habían topado, pero no creía que eso fuese a seguir así por mucho, sería demasiada buena fortuna.

—Francamente Harry, eres un tonto… con él único que deseaba casarme era contigo —afirmó sintiendo repentinamente como el efecto de sus palabras se reflejaba en el calor que subía por su cuello a sus pómulos.

—¿Deseabas?

—Sabes de lo que hablo —murmuró evadiendo su rostro mientras sentía sus mejillas encenderse con vergüenza, debía controlar esos arranques de sinceridad.

Él emitió una pequeña carcajada, quizás de alegría o de nervios. —Y francamente Hermione, yo te pediría que te casaras conmigo en este instante…

Ella se quedó enmudecida, girando el rostro, ladeándolo hacia él. —¿Qué…?

—Siempre has sido brillante estoy seguro que sabes de lo que hablo. Estoy total y completamente loco por ti, y no puedo imaginar que sea de otra forma… simplemente estoy enamorado de ti.

Listo.

Estaba hecho.

Por fin se había atrevido a decírselo y hacerlo había sido tan natural como respirar. La expresión que bañaba el rostro de su novia no tenía precio, su pecho se infló de amor y gozo.

Atrás se habían quedado los nervios y la cobardía, en ese momento y después de lo que habían vivido no podía darse el lujo de dejar ir instantes como el que estaban viviendo. La giró entre sus brazos y la besó cálidamente librándola de aquel transe.

Hermione sintió una explosión de felicidad en su pecho, el torbellino de emociones que la recorrió fue sorprendente. Sus ojos se cerraron y de ellos escaparon lágrimas, pero esta vez eran de completa y absoluta felicidad. Sujetándose a él, recorriendo su espalda con sus manos, aferrándose a la realidad, dejó que sus labios se amoldaran a los de él.

No se trataba de un beso pasional, sino de uno emocional, llenó de amor.

Ella le había cambiado la vida, ahora lo tenía claro… gracias a ella estaban ahí. Y día y noche lucharía para seguir así, juntos.

*º*º*º

Ginny estaba extrañada e intrigada en las mismas cantidades, había tenido unos días en calma y eso no era para nada normal, dado que era ahora el objeto de odio de moda en Hogwarts por parte de las Slytherins, al menos las cosas en Gryffindor se habían calmado y buena parte se debía a que no era de las que se quedaban calladas precisamente.

Algo había pasado, lo sabía, pero qué podría haber hecho que esas víboras se calmaran. Esperaba averiguar algo en la tonta fiesta de Slughorn, había pensado en llevar un acompañante pero dadas las circunstancias había decido que no era buena idea, no necesitaba avivar el fuego. Estaba segura que esperaban que ella se equivocara para quemarla en la hoguera.

Al llegar al lugar y después de ser recibida por un animado Slughorn, observó el salón viendo las caras conocidas y algunas otras que no, su profesor siempre invitaba a sus exalumnos famosos, con suerte había invitado a otra figura del mundo del Quidditch y eso sería bastante interesante, últimamente la posibilidad de dedicarse de lleno a ese deporte al graduarse estaba cobrando fuerza en su mente.

Estaba por tomar una bebida e ir a sentarse al lado de Heidi Macaboy, la cazadora del equipo de Hufflepuff, cuando una suave voz detrás de ella la detuvo. Ladeó su cabeza encontrándose a su espalda a Astoria Grengrass, su desconcierto fue tal que su boca se abrió ligeramente.

—Sé que estás sorprendida, pero ¿te parece bien si hablamos?

Ginny aún incapaz de decir palabra asintió, girándose por completo.

—Quiero que sepas que no estoy interesada en protagonizar una pelea contigo en ningún momento.

—Tampoco quiero pelear contigo y menos por el hu-Draco. —Esto le estaba causando una gran incomodidad.

«¿Debo aclararle que no soy en realidad la novia de ese?».

—Siento lo que has pasado por mis compañeras, sé que Draco ya lo sabe.

—Eh… ¿qué?... ¿cómo?

—Sabes, no me esperaba que él te escogiera… sabía que se veía con Pansy, pero lo tuyo con él fue…

—Lo siento —dijo, aunque sabía que en realidad no tenía porqué disculparse, después de todo aquel noviazgo era falso y era Malfoy quién debía darle explicaciones, no ella—, yo no sabía que tú… bueno, ya sabes.

—No me has quitado nada, no ha sido cosa nuestra lo del compromiso… mis padres y él suyo arreglaron esto.

—Pero lo quieres —asumió turbada, al descubrir en su voz un deje de tristeza.

Astoria al verse descubierta, volteó su rostro. —Eso no importa aquí.

—¿Él lo sabe? —cuestionó con el estómago revuelto.

—No tengo por qué responder eso, ustedes están juntos y eso es todo.

—Pero es que nosotros no…

—Espero que no te molesten más, si yo tengo algo que decirte te lo diré —aseguró y Ginny no tenía duda de ello, a leguas se notaba que Astoria no era una flor frágil a pesar de su apariencia delicada y fina. Incluso sintió una punzada de envidia, seguro ella al lado de Malfoy no desentonaría tanto como ella. Eran la pareja más rara que ella había visto, una locura… únicamente a ese se le había ocurrido juntarlos y todo para qué, él con su mente retorcida sólo había causado caos, para finalmente irse.

¡Rayos!

Ojala fuera atropellado por cien centauros.

—No tengo nada con Malfoy —confesó y por un momento se sintió libre de ese secreto.

—¿Qué? ¿Estás bromeando? Yo vine a hablar contigo en serio y me dices eso, no lo puedo creer.

—No… es verdad.

—Sí, claro —profirió de forma amarga—. Si eso fuera verdad entonces por qué Draco mandó un vociferador para mis compañeros —replicó con un gesto de molestia.

—¡¿Qué él hizo que?!

—Eso —contestó con impaciencia—, sabes qué… ya dije todo lo que quería, con permiso.

Ginny la miró apartarse aturdida, conflictuada y llena de preguntas.

Y ella que pensaba que no volvería a saber de él…

*º*º*º

Sirius bebía una copa en un bar a las afueras de Londres, un lugar dónde no había conocidos que lo interrumpieran, ahí estaba en paz con sus demonios. No es que fuese a ponerse ebrio y de cualquier forma no podía, esa noche le tocaba dirigir las guardias nocturnas, aún los problemas no acaban y él no podía simplemente ausentarse por tener el corazón roto.

—Vaya estupidez —murmuró entre trago y trago.

«Hay más mujeres…».

Una sonrisa casi lineal apareció en su rostro.

—¿Quieres compañía, guapo?

Canuto la miró sin disimulo y la mujer se estremeció ante aquel reconocimiento feroz. Su postura se estilizó deseando obtener más de él.

—No —ladró. La mujer se ofendió retirándose de inmediato con la barbilla en alto.

Perfecto, ahora estaba hasta amargado para poder pasar un buen rato, pero él se lo había buscado y ahí estaban las consecuencias de sus actos.

«Yannel… sí tan sólo hubieras dejado que arregláramos las cosas.»

Exhaló con dolor y se bebió el resto de su copa.

No tenía caso ya darle más vueltas al asunto.

*º*º*º

Los dedos de Harry jugaron una vez más con el rizo que caía por el hombro de su novia, sentados en la parte baja del barco, veían el hermoso espectáculo de edificios históricos por los grandes ventanales.

—¿En qué piensas?

—En tu perfume.

Ella arqueó su ceja mirándolo con curiosidad.

—Vainilla.

Frunció aún más su ceño ante su respuesta, aunque sus labios se mantuvieron en una sonrisa tersa.

—El olor de la madera de las escobas, la torta de melaza y vainilla.

Ella no tenía ni idea de lo que él le estaba diciendo, pero entonces…

¡Oh, se trataba de aquello!

«Amortentia.»

—Al principio me parecía que tenía algo florido que podía haber olido en la Madriguera, primero creí que podía cambiar el aroma debido a la persona de la que uno se encontrara enamorado, pero después pensé que quizás yo no había identificado bien dónde había olido ese aroma… ahora sé que lo asocie a ese lugar por la comida, antes que a ti… y eso era porque el tuyo esta combinado con manzana.

Hermione sintió un vuelco en el corazón, ahora comprendía más aquella escena, entre Harry y Ginny, él le había dado una explicación sobre lo que había pasado, pero no habían profundizado sobre cuál era para el aroma del filtro de amor y eso tal vez había sido porqué ella se había concentrado en la parte del por qué Ginny había estado ahí.

—¿No dirás nada? —inquirió él ante la repentina mudez de su novia.

—Te amo muchísimo —dijo con la voz afectada por la emoción.

—Menos mal… —respiró aliviado.

Se unieron en un beso perezoso y suave.

—Espero que te hayas desechó ya de la Amortentia —comentó rompiendo el beso.

—No he podido hacerlo.

—No puedes conservarla —advirtió.

—Lo haré, de verdad —repuso veloz, volviendo a lo que estaban haciendo anteriormente, atrapó el labio inferior rosado, mordisqueándolo fascinado.

Hermione respondió con un pequeño ruido de aprobación que sólo hizo que Harry fuese más intenso y no dudo en besarla de forma devastadora.

—Deberíamos… tranquilizarnos, no estamos solos —mencionó con un pequeña sonrisa, bajando la mirada ruborizada.

—Desearía que si lo estuviéramos —habló ronco con sus ojos enturbiados por el deseo.

—Harry… —murmuró abochornada.

Él cortó sus palabras dándole un roce de labios rápido.

—Vamos, esa es nuestra parada.

—¿Iremos a otro lugar? —preguntó con desconcierto.

—Sí, quiero mostrarte algo.

Y sonrió como un niño pequeño que esconde un gran tesoro.

*º*º*º

Ronald estaba cansado por el entrenamiento de la Academia, habían sido días complicados, sus profesores no eran nada benevolentes con ellos. Iba moviendo su hombro, lo sentía un poco adolorido, seguramente por la mala caída que había tenido durante la práctica de tácticas de ataque.

—Dale un masaje con árnica, eso ayudará —aconsejó una voz detrás de él.

Ron giró en redondo topándose con Megan Jones, había estado en Hufflepuff en Hogwarts, era de su generación y ahora estaba en el programa de la Academia para convertirse en aurora. Era de las pocas chicas que se habían unido ese año, había un bloque pequeño, pero en su mayoría los escuadrones eran de chicos.

—Estuvo dura esta semana —comentó con una pequeña mueca.

—Sí —concordó relajándose un poco.

—Muchos estaban hablando de salirse, pero la mayoría se quedara, estamos a unos meses de terminar el primer año después de todo.

—Comprendo porque quieren irse —replicó Ron, colocando la mano en su hombro.

Ella emitió una risa. —Yo voy a una pequeña reunión con algunos chicos de la Academia y del Colegio… tal vez quieras venir. —No sabía si él aceptaría pero era claro que le hacía falta un poco de diversión. Últimamente estaba demasiado apagado y todos a su alrededor habían notado que algo había ocurrido entre él y Harry, pues ya no pasaban todo el tiempo juntos, más ahora que éste se había vuelto pareja de Hermione. No era difícil dejarse llevar por los pensamientos de que él había salido sobrando en ese romance, era un amor no correspondido.

Ron hizo un gesto de indecisión, se suponía que iría donde los gemelos. Se rascó la cabeza y asintió casi dudando, pero Megan no le dio opción a echarse para atrás, de inmediato lo tomó del brazo, dirigiéndolo a la dirección de la pequeña fiesta.

*º*º*º

Hermione sintió el clásico malestar de la aparición. Al menos habían llegado a su destino de pie y sin contratiempos.

—¿Ya puedo abrir los ojos? —inquirió muerta de curiosidad.

—Espera —pidió, ayudándola a dar unos pasos entre la tierra y las piedras.

—Ya puedes abrirlos —profirió detrás de ella.

Parpadeó numerosas veces antes de contraer su expresión. Frente a ella no había más que un terreno grande y oscuro, lleno de maleza y nieve, a un par de metros del lado izquierdo y derecho había unas casas iluminadas. ¿Qué se suponía que estaba viendo exactamente?

—¿Qué es?

—Es el Valle de Godric.

Ella se movió para mirarlo con los ojos llenos de interrogantes.

Harry tomó su mano, uniéndola con la suya. —Un día habrá una casa en este lugar, es dónde espero vivir el resto de mi vida… y quiero que tú estés en ese futuro.

—Sí… absolutamente sí.

¿Qué otra cosa podía decir? Claro que quería eso, era su sueño, no importaba el lugar.

—Mi casa es y será dónde tú estés, aquí… en Grimmauld, en el mundo muggle… —añadió abrazándolo en medio de aquella extensión de tierra.

—Creí que te asustaría… yo pensé que dirías que es una locura —susurró a su oído, reteniéndola cerca de él.

—Eres un tonto… ¿cómo puedes pensar eso?

—Es porque lo hice en un impulso.

—Es… la mejor locura que he oído. —Por Merlín, tenía un nudo en la garganta de pura emoción.

—Yo he escuchado un par de Luna que no se quedan atrás —mencionó inesperadamente, ella se soltó a reír, tal vez por su comentario fuera de contexto o por la felicidad, de cualquier forma, amaba su risa.

Harry se sintió invadido por la dicha, ligero como el viento. Este era un nuevo comienzo, aquí era el punto de partida para lo que deseaba en su vida, tal vez no sería sencillo, pero si ella estaba a su lado, lo logaría todo… hasta lo imposible. Así de poderoso se sentía y todo gracias a su amor.

*º*º*º

Draco se tensó ante las palabras de su tía, acaba de escuchar que su madre quería hablar con él. Si debía haber supuesto que Narcissa entraría como mediadora.

—Estoy de acuerdo con mi madre, habla con ella… quizás puedan arreglarse las cosas.

—Yo me comunicare con ella después —comentó con amargura, retiró la servilleta de su regazo y se disculpó abandonando la mesa.

Salió del comedor dirigiéndose a los jardines, necesitaba un poco de aire. En ese momento volvía sentir el peso de sus padres sobre sus hombros y no necesitaba más de ello. Se había ido de Londres para alejarse de todo eso y no era momento de volver a ello. Tenía nuevos planes y no pensaba echarlos atrás para volver con ellos, no iba a retractarse por lo que había dicho.

Exhaló largamente, buscando calmar sus ánimos.

No estaba siendo nada sencillo y no sabía por qué pero a la mente se le vino la imagen de esa tonta pobretona. Él se había dicho que no movería un dedo por ella y sin embargo lo había hecho… era una estupidez, pero ese par de idiotas que tenía por amigos, lo habían estado molestando con comentarios sobre ella, el Colegio, problemas, los Slytherins y él al no querer que Blaise fuese y metiera su nariz en su asunto, había tenido que intervenir.

Claro era más sencillo decir que lo hizo por eso, que asumir que una parte de él —una muy defectuosa— había querido ayudarla o quizás era que no soportaba la idea de que su amigo quisiera quedársela para él, aunque sabía que no tenía ninguna oportunidad… ella estaba hasta el fondo por el imbécil de Potter.

El único momento en el que tenía claro que ella no pensaba en ese cuatro ojos, era justo cuando él estaba con ella, específicamente ese día que ella se había hecho pasar por Pansy, aún no olvidaba que a pesar de que no era su cuerpo, todo se había sentido distinto.

Él había probado sus labios tiempo después, pero jamás en un beso correspondido, todo había sido una farsa, que él en su juego retorcido había disfrutado. Tal vez incluso secretamente deseaba que aquello se hubiese extendido por más tiempo.

—Pensando en tu amorcito.

—Que te den, Terry.

—Eso es un sí —asumió con diversión, dejando una sonrisa perezosa cubriera sus labios—. Joder, deberías buscarla.

Draco soltó una risa sardónica. —¿Por qué tendría yo que hacerlo?

El otro rodó los ojos. —Tal vez porque sí, porque se te da la gana, porque puedes… y porque te g-u-s-t-a.

Se rió a carcajadas como si su primo hubiese contado un gran chiste. —Estás chiflado… no deberías robarte las botellas de vino por la noche.

Terry se limitó a colocar un gesto desabrido. —El único que se está haciendo el idiota aquí, eres tú… —dijo claro y fuerte—. Si fuera tú, vería lo que puede resultar de eso, en lugar de perder el tiempo.

—No me interesa.

—¡Por todas las Gárgolas! Claro que no te interesa… ya he escuchado suficiente de esa mierda. Sigue engañándote, luego me cuentas cómo te fue con eso.

Se alejó de ahí tan sigilosamente como había llegado, ese primo suyo era como un gato en la oscuridad.

—Imbécil…

Soltó la colilla del cigarro, pisándola contra el pasto húmedo.

Miró el cielo por varios minutos, finalmente cerró los ojos y tragó en seco. Odió con fuerza el recordar cada detalle de ella en su mente, recrearla era demasiado sencillo… ¡Carajo! Todos estaban traumándolo con esa —como si necesitara ayuda con eso—.

«Estúpida Weasley, estúpidos pensamientos...».

Y sobre todo estúpidas fantasías que tenía sobre ella y que nunca iba a admitir en voz alta.

*º*º*º

Harry y Hermione llegaron a Grimmauld con una tranquilidad y una nube de felicidad que los tenía sonriendo como tontos. Sus bocas estaban unidas, locas por no separarse ya.

Subieron la escalera con tropiezos y risas.

—Me la pase muy bien.

—Yo también —coincidió, mientras la tenía estrechada. El aroma de su perfume se colaba en su nariz y él movió sus rizos rebeldes, queriendo captar más de éste.

—No quiero que termine —murmuró en un hilo de voz, con los brazos alrededor del cuello de él.

La manzana de Adán de Harry subió y bajo, tal vez estaba malinterpretando sus palabras, pero estaba casi seguro que no era así. Dejó ir el aire que contenían sus pulmones, la estrechó más, manteniéndola así unida a él.

—No tiene porque acabar —dijo finalmente.

Esto era real y estaba pasando, había valido la pena todo lo que había pasado, podía llorar de felicidad. Se movió lo suficiente para poder mirarlo a los ojos, hablando en silencio y así juntos se encaminaron a la habitación de él, quería amanecer en esa cama a su lado.

El fuego de la chimenea se encendió iluminándolos con su luz ámbar. Los dos habían dejado su abrigo en el primer piso, por lo que ahora había menos capas de ropa entre ellos, pero aún así, eran las suficientes paras estorbarles.

—Necesito de ti —profirió con voz gruesa afectada por el deseo, mientras bajaba por su rostro hacia su cuello barriéndolo con su boca sin piedad. Ella soltó un balbuceó, mientras echaba a un lado su cabeza, dejándole el paso libre, sus manos se aferraron a sus hombros, sintiéndose débil como una muñeca de trapo.

Harry tomó la invitación extendiendo sus cálidas caricias hasta donde su blusa se lo permitió, quería arrancársela, pero no, no iba a ser tan salvaje… ella merecía todo su amor y ternura, la noche era suya.

Se obligó a relajarse, a pesar de que su cuerpo ardía por deseos de tomarla, volvió a su boca reclamándola en un beso largo, lleno de promesas oscuras. Sus manos cayeron por la espalda de ella delineándola como la obra de arte que era.

Pronto estuvieron sobre la cama, buscando cada vez un poco más el uno del otro. Él la colocó sobre él y Hermione enrojeció hasta las raíces al sentir con mayor certeza la erección completamente lista para ella.

El calor y el hormigueo la tomaron con fuerza, estaba excitada y lo quería dentro de ella, como en sus sueños acalorados. Había probado una parte de ese paquete sexual, pero ahora lo quería todo.

Potter no perdió tiempo sus manos alzaron la hermosa tela que cubría el torso, pero tuvo problemas para sacársela, por sus cabellos y los aretes que se habían atorado.

—Espera —pidió y aunque ella era incapaz de concentrarse en otra tarea que no fuera tocarlo y besarlo, se las arregló para quitarse la blusa sin hacerla tirones, estaba por colocarla al lado de ellos, pero él simplemente se la arrebato y la aventó lejos—. Oye…

Su reclamó fue acabado por los labios de Harry cuando aplastaron los suyos, volviéndola a atraer hacia él, pegándola a su cuerpo. Disfrutando del roce, rodó con ella, dejándola debajo de él, se apoyó sobre sus brazos para no aplastarla y se la comió con la mirada, de fuego verde que ardía tras ese viejo modelo de lentes.

Ella se arqueó hacia él buscando su tacto, sus manos temblorosas, fueron por la camisa de él, peleándose con los botones.

—Por todos los…

—Déjame hacerlo —gruñó él y de un jalón se abrió la prenda, los botones salieron en todas direcciones. Jamás pensó en qué sería así de desesperado, pero no estaba para tomar las cosas con calma, no es que le importara mucho la ropa en ese momento, lo que quería era desaparecerla ¡ya!

—Harry, eso no era…

—Olvídalo —repuso veloz, deshaciéndose del resto de tela y ella aprovechó para tocar la piel pálida de su torso, él dejó caer su cabeza hacia atrás ante aquel tacto, soltando un gemido que la incentivo a seguir aquel recorrido.

Él estaba prácticamente a horcadas sobre ella, hacía que no fue para nada difícil acariciarlo y vaya que se tomó el tiempo para hacerlo, cada parte de él, la fascinaba. Siguió el vello oscuro hasta donde se ocultaba en el borde del pantalón, sus ojos se toparon con aquel bulto.

Un incendio comenzó en su interior, sus mejillas no podían estar más rojas. Se dirigió hacia la hebilla, liberándola, abrió los botones e inmediatamente la cremallera cedió bajando por completo dejando ver su bóxer negro haciendo el doloroso trabajo de mantener la excitación de Harry oculta.

Ella dudó entre continuar o no, él respiraba con fuerza, podía ver su pecho subir y bajar con rapidez.

«No te acobardes Hermione». Pensaba una y otra vez en ese largo minuto, él decidió por ella tomando sus manos y llevándolas a su cuello.

—No. —Fue lo que ella alcanzó a escuchar, mientras él se cernía sobre ella con una sonrisa que a sus ojos lo hizo ver terriblemente sexy.

Lo deseaba con dolor, el cuerpo entero le ardía pidiendo ser tocado por él. Sus dedos se perdieron en la melena oscura cuando él rozó sus labios, invadiendo su boca sin miramientos, recorriéndola con placer y ella respondió con ímpetu permitiendo que sus lenguas se enredaran.

Harry entre aquellos besos calurosos, logró mover sus manos por su cintura y su cadera. Amaba la forma en que ella respondía, en que se acoplaba a él, esto iba a ser malditamente perfecto.

Hermione soltó su boca buscando respirar, sentía que ardía, Harry jamás se cansaría de esto, de besarla, de sentirla bajo él acalorada, dándole batalla. Succionó sus labios hinchados, antes de ir por la curva suave de su cuello, donde se topó con la cadena que le había dado. Se llenó de esa visión, de cómo el corazón de plata descansaba sobre esa piel y se movía al ritmo de su agitada respiración.

El deseo corrió como pólvora por su cuerpo, instalándose en su parte baja, hinchada y palpitante. No quería acabar en sus pantalones, pero en verdad necesitaba ya un desahogo, esto de controlarse no era sencillo, pero valdría la pena, se recordaba, mientras repartía besos y dulces mordidas por su piel.

Se incorporó un poco y fue por los tirantes del sostén modesto y femenino, amaba sus prendas íntimas pero sin duda la quería sin ellas. Ella se ondulo y él coló sus manos bajo ella, yendo por el broche, que no tardó en ceder.

Soltó un gruñido al ver por fin esos bellos y delicados senos que esperaban por él, con esas pequeñas puntas que lo llamaban y él no se negó, fue por ellos, atendiéndolos con cuidado y dulzura.

El nombre de Harry escapó de la boca de su amiga en murmullos desesperados, sus manos se aferraron a su cabeza, tirando del cabello de él, pero ni siquiera eso lo distrajo, para cuando los liberó, ella estaba tan sensible que el simple aire en la habitación la hacía sufrir escalofríos deliciosos.

Potter nunca se cansaría de probar su cuerpo, quería memorizar cada rincón, cada peca, lunar, cicatriz. Se deslizó por sus costillas, besando cada una, disfrutando de no ver a su paso más magulladuras.

Ella se movió, aferrándose fuertemente a la manta, cerró los ojos con fuerza, superada sintiéndose superada por las sensaciones. Él encajó sus dientes sobre su ombligo, causando un quejido de protesta de ella.

Harry se retrajo, peleando con la falda. Fue ella la que finalmente encontró fuerzas para poder ayudarlo, pero fue él quien se la sacó por las piernas y le tomó apenas otro momento ir por la última prenda que le quedaba.

Ella hundida en el colchón, desnuda en su cama, con los labios rojos por sus besos y las mejillas arreboladas, aguardando por él, mirándolo a través de sus pestañas con deseo, era lo más erótico y excitante que había experimentado.

Era un maldito suertudo.

Se levantó de la cama y ella lo miró confundida, con una expresión de pavor.

—Necesito deshacerme de esto. —Apenas comento, tratando de sacarse su propio pantalón que había decidido ponerse difícil justo ahora.

Hermione soltó una risita, aún en medio de todo encontró graciosa la situación. Harry aventó el pantalón lejos de una patada, volvió su atención a su novia. Ella estiró su mano llamándolo a su lado, deseando sentirlo de una buena vez sobre ella sin estorbos, pero al parecer él no tenía la misma idea, pues conservó su bóxer. Subió a la cama y lo primero que hizo fue hacerse un lugar en medio de las piernas de ella e inclinarse sobre esa boca dulce.

Hermione le permitió instalarse, sintiendo de inmediato la erección de él rozar su zona más sensible, se arqueó, llevando sus manos a la espalda de él.

—Harry —suplicó con un sonido estrangulado.

Él sonrió contra sus labios, he hizo nuevamente ese movimiento con su cadera, reduciéndola a la locura. Ella se deshizo en sus brazos, buscando sentir más, correspondiendo a ese delicioso contacto, alzando su cuerpo en su búsqueda.

La recepción de sus caricias era estupenda, la habitación se caldeó, llenándose de esos sonidos que sólo podían venir de dos personas amándose.

Él se fue alejando dejando un rastro de caricias que dejaban la piel de su novia erizada. Se hincó y alzó una pierna de su novia llevándosela al hombro para poder besarla, tocándola con suavidad, delineándola.

Hermione enrojeció y siseó sin poder evitarlo, sus parpados se volvieron pesados, haciéndola entrecerrar sus ojos. Y cuando él alcanzó a rozar su botón escondido entre sus pliegues ella casi explotó, pero él se apartó dejándola en aquel borde.

Potter rió complacido de su reacción, tomó su otra pierna y le dedicó las mismas atenciones, haciéndola suplicar y jurar, incluso llegó a amenazarlo. Él no estaba pensando en hacerla sufrir más, no estaba tan loco… y de cualquier forma él ya no podía esperar más.

Se quitó el bóxer, dejando al fin libre su miembro y aquella sensación casi lo hace correrse. Soltó un improperio ganándose una mirada desaprobatoria de su novia.

—Hazme el amor.

—Pensé que lo estaba haciendo —comentó aturdido con una media sonrisa.

—Aún no… lo quiero todo. —Y fue por él, lo jaló por el cuello hacia ella. Harry apenas logró poner su mano para no dejar caer todo su peso sobre ella. Sus bocas se atesoraron con el ardor de la pasión apremiante, del deseo acumulado que necesitaba de una buena vez conseguir su culminación.

—Me haces tan malditamente feliz —aclaró —por si tenía alguna duda— con la voz enronquecida y la respiración agitada. Su mano viajo hasta la entrepierna de ella, acariciándola, sintiendo su humedad, se deslizó hasta encontrar su apertura, empujando suavemente su dedo en el interior.

Hermione dejó escapar un sonido profundo, sus uñas se clavaron en los costados de Harry, en verdad no había estado preparada para la avalancha que sintió, era tensión, era dolor y era placer.

Él depositó pequeños besos en su cuello, buscando calmarla. Al tiempo que sacaba su dedo y volvía a empujarlo, creando un ritmo al que ella no pudo resistirse. Su cuerpo instintivamente reaccionó, buscándolo, frotándose contra esa mano. El calor la incendió, obligándola a moverse, de su boca escapaban pequeños gemidos.

Esto que estaba experimentando definitivamente no era nada como la ocasión anterior, era distinto de muchas maneras. Ella no necesitó mucho más y él se alzó lo suficiente para poder admirar su cara pintada de placer, mientras alcanzaba la satisfacción que su cuerpo había estado pidiendo.

Harry besó sus labios entreabiertos que buscaban con desesperación llevar aire a su cuerpo agitado y tembloroso. Ella abrió sus ojos, le sonrió de forma floja con la cara encarnada, sus terminaciones nerviosas aún estaban alteradas. Estaba lánguida, pero sabía que esto aún no acababa, levantó su mano acariciando el rostro de él, se obligó a incorporarse besando su barbilla antes de ir por su boca. Sabía que él aún estaba cuestionándose si debía o no hacerlo, pero ella no tenía dudas…

Él apartó su mano de ella, mientras se besaban ardientemente… se posicionó mejor y ambos respingaron con jadeos al roce de sus pelvis, jurando sus nombres con la respiración aún entrecortada.

La sujetó de la cadera y mientras sus bocas aún estaban unidas, se impulsó contra ella. El corazón de Hermione volvió agitarse en su pecho, apartó su cara, haciéndola a un lado con los ojos cerrados, un lastimoso gruñido la abandonó, pero Harry no le dio tiempo de concentrarse en eso, la besó nuevamente con una presión dura, profundizando con ansia, obligándola a concentrarse en responderle.

Ella sabía que esto no sería dulce y suave, lo había leído, lo había escuchado, pero sentirlo era otra cosa y a pesar que su cuerpo estaba al rojo vivo al estrecharse con el de Harry, no podía evitar la punzada de dolor que la atravesaba. Él se estaba meciendo adelante y atrás empujando cada vez más dentro de ella, invadiéndola, abriéndola para él.

Potter casi se pierde en el mismo instante en que comenzó a adentrarse, su calor, su estrechez, su suavidad… era demasiado, a pesar de todo se obligó a pensar en ella. Sus músculos estaban tan tensos, se estaba volviendo loco con ese tortuoso placer.

—Lo siento —pronunció en un jadeo.

Ella negó con su cabeza despidiendo sus palabras, un jadeó escapó de ella al susurrar. —Sigue.

Y fue todo lo que él necesitó para dar la estocada definitiva que lo hundió profundamente en ella. Ella se arqueó bajo él, emitiendo un grito áspero mezclado con un gemido profundo, arañándole la espalda con sus uñas. Se quedó quieto calentando con su aliento la suave mejilla de su novia, ladeó su cara besando las lágrimas que escapaban ligeramente. La reconfortó apenas diciéndole unas palabras, tal vez no las mejores frases de amor, ni poemas, pero parecían estar surtiendo efecto.

Hermione inhaló profundamente, ese ardor, esa sensación incomoda seguía ahí, pero también estaba él, la forma en que sus cuerpos encajaban, el calor húmedo de ambos. Acarició los músculos tensos de Harry, era consciente de que estaba temblando y que era una masa de sensaciones contrastantes, pero amaba sentirlo y ser de él.

—Te amo tanto…

Él unió sus frentes, sus respiraciones se mezclaron, sonrió contra sus labios.

—Me tienes loco —soltó ronco, casi sin aliento.

Hermione acarició su cabello desordenado, las gotas de sudor lo habían mojado en ciertas partes. Sus ojos verdes estaban fijos en ella, como esperando su autorización para seguir, ella le respondió abrumada haciendo un tentativo movimiento y lo escuchó jadear, mientras ella soltaba ligeros gemidos, no sabía cómo es que esto podría causar placer pero esperaba averiguarlo.

Harry traslado sus manos por las piernas de ella, tomó la parte posterior de sus rodillas, obligándola a elevar sus muslos que se encajaron perfectamente en las caderas de él. Comenzó con un balanceo suave y lento, deslizándose dentro y fuera… buscando un ritmo que les vienera bien a los dos.

La torpeza fue quedándose atrás y Hermione fue acostumbrándose a la cadencia de sus caderas, el fuego la estaba consumiendo, su cuerpo lo recibía, palpitando, envolviéndolo. El calor crecía, piel contra piel, siseó cuando lo sintió cambiar el ángulo, acelerando el proceso de embestidas.

Posó una mano en el colchón para poder apoyarse y elevarse un poco, disfrutando del espectáculo bajo él. ¡Merlín! estaba gozándolo tanto, que se sentía un cavernícola, incapaz de parar, de hablar, de pensar…

Los sonidos entrecortados, roncos y placenteros llenaron el lugar conforme todo se aceleraba. El roce y las embestidas, cada vez más profundas, poderosas y certeras, desencadenaron sensaciones ardientes que aumentaban cada vez más, hasta el punto en que Hermione se derritió con un grito ahogado, formando una curva hermosa con su espalda, mientras se perdía en la gloriosa satisfacción de un orgasmo.

Harry se inclinó sobre ella para poder besarla, presionó con más fuerza sintiendo su inminente culminación, su nombre brotó de sus labios mientras se liberaba con una fuerza que jamás había experimentado.

Se derrumbó sobre ella, abrazándola, su cuerpo aún se sacudía con los restos del placer vivido. Su cara estaba presionada en el hombro de ella, sintió los suaves dedos de su novia pasearse por su espalda.

Estaban extenuados, sudorosos, sin respiración, pero llenos de felicidad.

Él le pertenecía y ella a él.

*º*º*º

El tiempo pasó lento después de que hicieron el amor, la tranquilidad los llevó a un sueño suave, que finalmente se vio interrumpido cuando Harry cayó en cuenta de que estaba durmiendo encima de ella, hundiéndola en la cama. Apenado se hizo a un lado, Hermione emitió un suave gemido al sentirlo salir de ella, su cuerpo extrañó el peso y el calor que él le brindaban, se cubrió con las manos, mientras él sonreía de oreja a oreja, besando su hombro.

—¿Te encuentras bien?

Hermione dejó flotar en su rostro una sonrisa maravillosa que la iluminó por completo, sentía punzadas en ciertas partes de su cuerpo que definitivamente estaban resentidas después del ejercicio al que habían sido sometidas.

Se puso de lado, pegando su figura a la de él, su cabeza descansó sobre parte del torso de él, podía escuchar como su corazón latía bajo su oído. Harry movió su brazo para poder abrazarla y acunarla.

Y mientras sus pensamientos se iban aclarando, él se dio cuenta de algo que se les había pasado.

«¡Demonios, ¿cómo fui a olvidarlo!».

—Eh… Herms, no quiero que te alteres.

Intrigada se movió para poder verlo, dejando que su mentón descansara sobre su tórax. —¿De qué hablas?

No lo pensó mucho para decírselo. —No use protección.

Ella hizo una mueca de confusión, cuando finalmente entendió a lo que se refería se quedó tiesa. —Oh… —Al momento sintió pánico, al tomar conciencia de lo que podría suceder, pero al instante éste se terminó convirtiéndose en un terrible vacío y dolor.

«Lo que quiero decir es que es posible que no puedas lograr un embarazo.»

Hermione aparto su mirada de él, no podía decírselo, sentía cómo las palabras se atoraban en su garganta y esa sensación espinosa en su pecho crecía con cada segundo.

Harry interpretó su reacción cómo una de susto. —He sido un idiota, pero es que… no estaba pensando. No te preocupes, buscaremos una solución, tal vez una poción… —Tomó su cara entre sus manos, buscando traerla de regresó a él— todo estará bien.

«No, no lo va a estar.»

Asintió casi automáticamente y él le dio un rápido beso.

—Vamos —repuso más calmado, aunque había algo en la actitud de su novia que había cambiado, pero no le tomó mayor importancia al creer que era por su falta de responsabilidad.

Se levantó notando el pequeño desastre que eran, buscó su varita por la alfombra, encontrándola bajo la cama, no sabía ni cómo había ido a dar ahí, en serio había sido muy descuidado.

Lanzó un encantamiento de limpieza sobre ambos, que despertó de su letargo a Hermione, ella se puso en pie, sintiendo un poco de incomodidad, se abrazó a sí misma tratando de auto-consolarse y también por pudor, aunque ya no había más que ver que él no hubiese visto, tocado, besado. Sus ojos se fueron al suelo, estaba buscando su ropa interior, cuando él la tomó en brazos metiéndola bajo las mantas.

—Espera, yo… debería buscar una pijama.

—No, por lo que resta de la noche, quiero sentirte así. —Señaló su desnudez.

Ella se ruborizó hasta las raíces, tomó la sabana cubriéndose. Harry rió de forma agradable, amaba sus arranques de timidez, su inocencia… era fan de cada parte de su personalidad. Subió a la cama y de inmediato sus brazos la buscaron, acercándola a él.

—¿Pasa algo? —cuestionó al sentirla un poco ausente y callada, tal vez seguía preocupada.

—No. —Negó sabiéndose una mentirosa. Le quitó los lentes que milagrosamente habían sobrevivido a su encuentro, dejándolos en la mesa de noche.

—Bien…—Cepilló sus labios sobre su sien, antes de dejar caer su cabeza en la almohada.

Para Hermione la experiencia que había estado esperando se había teñido de amargura, su felicidad se volvió agridulce. Devastada por dentro, se acurrucó lo más cerca que pudo del costado de su novio, ansiando su calor, su amor.

Debía decírselo y sin embargo no podía, no quería…

«Lo voy a perder.»

Una triste lágrima de la que no fue testigo Harry surcó la cara de Hermione.

—Buenas noches… —enunció en un suspiro, estaba a reventar de felicidad.

El sueño lo alcanzó pensando en que el universo los había colocado ahí… y era el uno del otro. Así de sencillo, así de fácil, así de perfecto. Para ella fue un poco más difícil dormir, pero finalmente cansada por los eventos del día, lo hizo.

*º*º*º

Harry despertó horas después al sentir un alboroto en su cama, pronto entendió lo que pasaba. Hermione a su lado se removía de un lado a otro con violencia, hablando en sueños, casi a gritos.

—No… no déjenme, no les diré nada. ¡Ah! ¡Sal de mi mente!

Rápidamente talló sus ojos y extendió su mano, era frustrante necesitar los lentes, pues sin ellos no veía gran cosa, cuando los tuvo, sus manos cayeron en los hombros de ella, intentando sostenerla, alejarla de aquella pesadilla y traerla de regreso.

—Hermione, Hermione, shhh soy yo, tranquila…

—¡No! ¡No lo recuerdo! ¡Déjenme en paz!

Ella se cimbró bajo su agarre, él la tomó con mayor fuerza y la agitó ligeramente buscando sacarla de su pesadilla. Cuando finalmente abrió los ojos, lo miró confundida, dándose cuenta de que estaba llorando.

—¡Harry! —exclamó con desesperación, le pasó los brazos estrechándolo.

—Shh, todo está bien —habló acariciando su cabello y su espalda.

—Pensé… yo… estaba de nuevo ahí, con…

—Shhhh, todo está bien… estás aquí… conmigo. —La tomó entre sus brazos hasta que ella se calmó, pero en cambio él, estaba molesto, rabioso. No soportaba que ella tuviese esas pesadillas, le partía el alma verla sufrir.

La impulsó hacia atrás, recostándolos nuevamente mientras el silencio los rodeaba. Harry no la apartó, era consiente de cómo sus pechos rozaban su torso, de sus piernas enredadas entre las suyas, incluso de sus pies fríos. Su miembro comenzó a reaccionar ante su cercanía y se molestó consigo mismo, no debería estar excitándose cuando ella no se encontraba bien.

—Cuando estuviste prisionera, yo… soñé contigo, estábamos en el Bosque, tú usabas un vestido lila… estabas entre los árboles, tu risa se escuchaba por todo el sitio, cuando al fin te tuve entre mis brazos, desee no dejarte ir… pero tú no estabas ahí, estabas con esos desgraciados.

—Si estoy aquí es por ti, me encontraste… si logre sobrevivir es porque pensaba en ti, en que estaba lejos, contigo. Sólo deseaba escaparme de la realidad.

—Nunca más quiero pasar por eso, si te hubiese perdido… yo me hubiese vuelto loco.

—Ellos… esos… no me mataron, pero…

—Shh ahora estas a salvo —manifestó pasando su pulgar por sus labios.

Ella apartó su mirada afirmando con apenas un ligero movimiento. Se refugió en su abrazo, con el dibujando suaves caricias en su piel, sedándola… calmándola, se sintió suave y ligera, como si de un momento a otro fuera a volver al mundo de los sueños.

Él se puso tenso como una cuerda de guitarra y alejó un poco su parte inferior, no quería que notara lo empalmado que se encontraba.

Tomó un largo respiro.

«¡Demonios! ¿Por qué justo ahora? ».

Se quitó los lentes y sus parpados cayeron, ocultando sus pupilas miopes.

Estaba sufriendo de verdad por deshacerse de su duro problema.

—Harry…

—Mmmm.

—Quiero volver… nosotros… yo, bueno tú… quiero volver a estar contigo.

Él tal vez creyó que no había notado su pene enhiesto, pero sí lo había hecho, a pesar de que había notado su apuró por esconderlo. Tenía la mente llena de nudos, pero si había algo que la haría olvidar todo, era él, la había calmado, pero ahora quería que la redujera a un manojo de sensaciones y emociones.

Abrió los ojos de par en par perplejo. ¿Había escuchado lo que creía? Sí, debía serlo, su erección dio un saltó, animado por la idea.

—¿Estás segura? —Su tono fue vacilante y bajo.

—¿Tú no…?

—¡Gracias a Merlín! —expresó con júbilo— ¡Claro que sí!

Hermione soltó una risita, a él le llevó apenas un par de segundos rodar sobre ella. No podía verla con claridad, pero si sentirla. Sus dedos se deslizaron desde el pequeño obligo hacia sus hermosos senos, notando con cada centímetro que recorría como la piel se le erizaba.

—Ven aquí —pidió con necesidad.

Él la complació, sus cuerpos se encontraron y fue glorioso como nada en el mundo. Aferrándose el uno al otro, se frotaron tiernamente, despacio, avivando la pasión que los había consumido horas antes. Caricias fueron y vieron de ambos, esta vez Harry no pudo refrenarse lo suficiente para alargar las preliminares, la sangre le hervía, necesitaba estar dentro de ella, sintiéndose rodeado de aquella estrechez. Hermione pareció estar de acuerdo, sabía que debía ser aún cuidadoso, no sería cómo la primera vez, pero aún le costaría y teniendo en cuenta eso, la puso en una posición cómoda y su grueso miembro encontró el camino para hundirse en su interior, con apenas un poco de insistencia.

Ella estaba aún adolorida por el encuentro anterior, pero esta vez no fue aquel latigazo que le produjo un sufrimiento momentáneo, fue distinto. Soltó un gritillo, se estremeció violentamente y su espina dorsal se curvo de forma imposible, buscando más de aquel toque intoxicante, quería más, necesitaba más… tanto como el aire en sus pulmones, que quemaban. Jadeó y cerró los ojos, echando su cabeza hacia atrás, perdiéndose en el balanceo de sus cuerpos.

Él aminoró los movimientos, sólo para poder tocar nuevamente esos sonrosados pechos que lo obsesionaban, los recorrió rindiéndoles tributo con su boca, besando su dulce punta rosada hasta hacer delirar a Hermione.

—Harry… por favor…

La abrazó, hundiendo su cara en el espacio entre el cuello y el hombro, mientras sus cuerpos se mecían y la tensión acumulada crecía como una bomba que no tardaría en explotar. La oscilación de sus caderas se volvió imposible, ella se agitó violentamente en sus brazos al alcanzar el clímax.

Harry arremetió dos veces más con fuerza, disfrutando de las contracciones del cuerpo femenino que lo mandaron directo al orgasmo, un gruñido grave y largo emergió de su garganta.

¡Por todos los magos!, eso había sido demasiado intenso.

Sentía todo el cuerpo pesado, desencajó sus cuerpos con suavidad. Ambos estaban jadeantes y temblorosos. Se acostó de espalda, tirando de ella para que se acomodara a su lado, pero en su lugar quedó con la mitad del cuerpo sobre él.

—¡Maldición, Herms, no voy a volver a querer salir de esta habitación!

Ella soltó un bufido de risa, pero la idea no le desagradó en absoluto… aunque sabía que no podía ser.

—Deberíamos.

—Yo voto porque lo hagamos.

—Nos sacarían a la fuerza.

Él chasqueó su lengua, entendía que no podían, pero por Morgana que no le importaría pasar el resto de la vida haciendo el amor con ella.

*º*º*º

Continuará…