Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Agridulce.

(N/as: El capítulo contiene una escena subida de tono)

El sol había entrado por la habitación iluminando el lugar tiempo atrás. Harry había despertado ya, eran cerca de las diez de la mañana, poco más o menos. En realidad no le importaba mucho, estaba muy a gusto en su cuarto, en esa cama y con su novia durmiendo a su lado. En ese instante robado al mundo, la vida le parecía perfecta.

Era una bendición poder estar así, sin duda era el hombre más afortunado.

La noche había sido simplemente fantástica, las mejores horas de su vida. ¡Por todos los magos!, estaba muy seguro de que no olvidaría nunca ese día.

Se giró suavemente, para poder apreciar mejor el cuerpo a su lado, ella estaba boca abajo, con los brazos metidos bajo la almohada, la sabana hacia el trabajo de ocultar su trasero de su mirada verde brillante.

La había amado hasta el cansancio, a la segunda vez, vino una tercera cerca del amanecer y esta vez había hecho todo de forma lenta, alargando cada beso, cada caricia, cada embestida. Había sido perfecto, más profundo, su conexión ahora tenía un lazo más, uno de los muchos que tenían y tendrían en su vida.

¡Hermione, lo tenía vuelto un loco!

Lo había hecho perder la mente tanto que no había tomado las precauciones necesarias, ni siquiera se había preocupado por su cuarto y vaya que era un desastre debido al choque de sus magias cuando se habían enlazado, pero no le importaba… era feliz, muy feliz.

Su relación se había vuelto ahora más profunda e íntima, pero el dar ese paso en lugar de provocarle temor por el futuro, le daba la seguridad que requería para forjar su futuro y todo lo que deseaba para ambos.

La amaba y en ella encontraba todo lo que quería, ¿quién lo hubiese dicho?

Levantó su mano para poder tocar aquella espalda que lo llamaba, en un primer momento ella no se movió, ni despertó. Y el disfrutó de deslizar su mano por su piel subiendo hasta su nuca, haciendo a un lado su cabello y fue bajando en un trazo perezoso hasta perderse debajo de la manta.

Sabía que no podía volver a tomarla, sería demasiado… estaba seguro que estaba adolorida y él no quería causarle mayor incomodidad. Merlín, debía poder controlar sus instintos, no era un animal en celo, pero que difícil era…

Hermione suspiró suavemente, se sentía en ese estado de somnolencia entre despierta y dormida, pero el roce y el peso de esa mano sobre ella, la hacía buscar su calor, su toque. Se removió, ondulándose ligeramente, sintiendo deliciosas sensaciones bailar por su cuerpo.

Todo lo que había hecho con Harry volvió a su mente, llenándola de fogosos recuerdos que hacían que su cuerpo volviera a la vida, después del letargo en el que había caído.

Era real, había estado con él.

—Harry…

—Bueno días, hermosa —murmuró depositando un beso en su espalda—. Vuelve a dormir.

Ella se arrastró hasta quedar volteada hacia él, tomó la sabana cubriendo la desnudez de su pecho. Lo miró con sus ojos soñolientos y una sonrisa brillante floreció en sus labios.

—¿Hace cuánto despertaste?

—No tiene mucho.

—Pensé que estarías cansado.

Harry soltó un bufido, divertido. —No lo suficiente.

Las mejillas de Hermione ardieron, ella lo estaba y vaya que sí. Aquella actividad la había dejado floja y sin energía, no podía creer que no fuese igual para él.

Él se acomodó y la atrajo con su brazo, pegándola a su cuerpo.

—Buenos días. —Acarició sus labios en un roce cortó y cálido.

—Ya has dicho eso.

—Pero tú no me has respondido.

Hermione frunció y desfrunció su ceño, finalmente puso sus palmas en el torso de él y alzó la cara para poder besarlo, pero ésta vez el contacto se extendió lo suficiente para hacer que los dos se sintieran desarmados.

El estómago le cosquilleó a ella, amaba todos los cariños que él le hacía, pero los besos por la mañana eran maravillosos —aunque no se hubiesen lavado los dientes antes—, así como estar entre sus brazos.

—¡Por Gryffindor, vas a hacer que acabe de nuevo sobre ti! —rumió besando la línea de barbilla.

—¿Eso es malo? —inquirió desconcertada.

—Lo es, demonios Hermy… no quiero lastimarte, creo que has tenido demasiado de mí ya.

Ella se sintió enrojecer nuevamente, Cirse bendita, últimamente parecía una serie navideña con esos cambios de color. Él tenía razón, sólo bastaba que moviera un poco sus piernas para sentir esa presión, ese dolorcito, ese ardor en su zona intima. Ahora justo había quedado cómo una insaciable…

—Oh… —Se replegó, pero él le impidió ir muy lejos.

—Además, quiero mantener lo que queda de mi cuarto intacto.

Ella enarcó su ceja y echó un vistazo al lugar. Jadeó con sorpresa al ver el desastre, sabía que Harry no era el más ordenado, pero había muchas cosas fuera de lugar, su magia sí que había hecho de las suyas. Regresó su atención a él, escondiendo el rostro en su torso.

—Te ayudaré a recoger.

—Los elfos estarán gustosos de hacerlo.

—Me siento un poco culpable, yo…

—Los dos lo somos —apuntó con un pequeño toque de risa.

Ella asintió avergonzada, él la había malentendido ella había estado a punto de hablar de su mal sueño, no de su unión y eso la atrajo hacia dónde no quería ir, su problema de salud.

«¿Decirle o no decirle?».

—Vamos a intentar dormir otro rato.

—Pero… ¿qué hora es? Sirius ya debe haber vuelto y...

Él la calló colocando su dedo en sus labios, acariciándolos suavemente.

—No importa, no ahora, no mientras sigamos aquí… —manifestó. Se retiró los lentes y con un suave movimiento de su muñeca y su varita mando cerrar parcialmente las cortinas, al menos ahora ya no les daría el sol en la cara.

Hermione supo que insistir no iba a servir y cómo tampoco deseaba apartarse de él, se dejó hacer.

—Te amo.

Lo había escuchado varias veces durante la noche, pero cada vez que él lo decía un regocijo la recorría y las snitchs juguetonas volvían su panza. Escondió su rostro entre su almohada y el hueco del cuello de Harry, su mano derecha descansaba en su pecho sintiendo su corazón, su mano izquierda se encontraba perdida en la melena negra.

Esto era perfecto, pero su felicidad se veía eclipsada por la horrible pesadez de la incertidumbre y todo por ese secreto.

—Harry.

—Mmmm —murmuró con los ojos cerrados, sus dedos se movieron bajo las sabanas rodando suavemente en la dulce figura de Hermione, provocándole un hormigueo que la estaba distrayendo de su objetivo.

—Quiero decirte algo…

—¿Qué es?

Ella trató de concentrarse, pero un nudo se formó en su garganta. Él la sintió endurecerse en sus brazos, parecía que estuviese abrazado a una estatua, eso lo hizo saber que era serio.

—¿Es sobre la pesadilla?

Hermione cabeceó asintiendo, un sollozo se le escapó. Harry apretó su agarre y comenzó a mecerlos suavemente, sus labios cayeron en el cabello esponjado de ella.

—No tienes que decírmelo.

Ella negó, esto se estaba volviendo un drama. Lo sujetó fuerte, como si sintiera que se le escapaba de las manos.

—Quiero…

—Lo escucharé cuando estés lista.

—No, debo decirlo… tú mereces saberlo —dijo de forma entrecortada.

El ceño de Harry se hizo profundo.

«¿Qué está pasando aquí?».

Estaba tratando de darle sentido a aquello, pero su mente no lo estaba ayudando mucho.

Hermione inspiró bruscamente, ¿por qué no podía calmarse y decírselo? Aquel nudo se volvió tan tenso que le dificultó respirar.

—Tranquila.

Él no la dejó hablar más, ni tampoco sumirse en eso que le causaba tanto daño, atrapó sus labios y la besó con fuerza, buscando hacer que se concentrara en otra cosa. Sabía que no podía llevar las cosas muy lejos, pero si podía hacer eso, abstraerla a base de amor.

Después de lo que fué una lucha fogosa, el ambiente se llenó de calma. Ella finalmente cansada, pareció dejar atrás aquel episodio y no tardó mucho en quedarse dormida. Él sin embargo no pudo hacerlo, tenía la cabeza echa un caos.

*º*º*º

Sirius en su oficina tomaba su quinta taza de café, la noche anterior no había sido la más calmada y él con todo lo que había pasado ni siquiera había pensado en volver a la mansión.

—La botica Slug & Jigger tardará un par de días en volver a abrir, aún están trabajando en el inventario, para darnos una lista preliminar de lo que se llevaron —explicó Remus, dejándose caer en la silla frente al escritorio, lucía realmente exhausto.

—¿Estamos seguros qué es la banda de magos oscuros tras la que hemos estado?

—No aún, pero es lo más probable —mencionó Krutov, sobando su barba.

—Los que no hayan ido a descansar que lo hagan, el resto que se ocupe de averiguar todo, quiero la información antes del anochecer —mandó Canuto con voz firme, su ceño fruncido apenas había desaparecido de su cansado rostro.

—Iré a decírselos —profirió Krutov, saliendo del lugar.

Remus lo siguió con la mirada, el hombre tampoco era el mismo desde la partida de Yannel, ella había dejado atrás varios corazones rotos, pero el que le preocupaba más era su amigo.

—Ve a casa —comentó serio.

—A ti es a quién esperan —respondió Canuto con una ligera sonrisa que se quedó ligeramente floja en su boca, no era a la que solía estar acostumbrado—, sino me equivoco Dora estará aquí en el turno de la tarde, pasa un rato con ella y Teddy.

—Eso es lo que pienso hacer, a menos de que quieras que te acompañe a otro lugar.

—¿Acaso te quieres ir de juerga conmigo, Lunático? —preguntó escéptico.

Lupin soltó una risa. —Sólo serían unas copas y es porque…

—Estoy bien, no necesito una niñera —aclaró con fastidio, aunque una sonrisa apareció en sus labios.

—A veces parece que sí —contraatacó.

Black chasqueó su lengua. —¿Qué decías de unas copas?

—Sólo serán pocas, Harry debe estarse preguntando dónde estás.

—Lo dudo —respondió al instante.

—¿Qué…?

—No es a mí a quién le toca hablar de eso, pero anoche salió con Hermione —divulgó, alzando sus cejas en un gesto sugestivo.

No tuvo que decir más, Lupin entendió aquel mensaje con claridad. Una sonrisa apareció en su cara cambiando las muecas de cansancio que estaban ahí antes, estaba feliz por los dos, habían pasado por mucho.

—Puedes venir conmigo a casa.

No es necesario.

—¿Hay algo más que te preocupe? —preguntó al ver que su amigo no había hecho alguna broma o comentario impertinente sobre su ahijado.

—Sí —aceptó con una larga exhalación—, pero no puedo hablar de ello.

Él no podía contar lo que Hermione le había confiado, aún cuando Remus fuese de su total confianza. Esperaba que ella ya se lo hubiese dicho a Harry, no quería tampoco esconder aquel secreto de él.

—Vaya.

Vámonos de una buena vez, necesito comer algo… siento que tengo un agujero en la panza, podría comerme un hueso o una rata.

Remus negó con su cabeza, estaban yendo a la salida cuando Krutov volvió a aparecer.

—¿Podemos hablar en privado? —preguntó dirigiéndose a Sirius, el cual sólo crispó sus cejas, mientras sus labios se mantenían en una línea recta, ya podía oler a qué venía eso.

—Vamos.

—Te veo afuera —habló Remus, obteniendo apenas un gesto de su amigo.

*º*º*º

Ron se estiró en la cama, una sonrisa se coló en sus labios. Había llegado muy tarde a su casa, pero había valido la pena, la había pasado bien en aquella reunión. Megan había sido una gran compañía, ¡vaya chica!

No es que le gustara, bueno le gustaba de buena manera, pero no en el aspecto romántico. No estaba listo aún para eso.

—Pensé que nunca despertarías —comentó su madre, al entrar a su habitación, dejando un par de mudas de ropa limpia.

—Bueno…

—Date un baño, te he guardado el desayuno —mencionó con una pequeña sonrisa, estaba más tranquila al ver que su hijo recuperando su ánimo, aunque no estaba muy contenta con Harry y Hermione, probablemente eso no cambiaría en mucho tiempo.

—Sí, mamá.

—Y tienes correo.

—¿Correo? —inquirió extrañado. La única persona que le escribía era… bueno Luna.

—Ya lo revisarás cuando bajes.

Con eso desapareció, dejando a Ron sumido en sus pensamientos.

*º*º*º

Hermione despertó por segunda vez, la habitación seguía con las cortinas parcialmente corridas, de inmediato supo que Harry se había levantado ya. Se quedó quieta, recordando lo que había pasado, había fallado estrepitosamente al tratar de contarle lo que le habían dicho los sanadores.

Se sentía horrible, debía decírselo pero no quería hacerlo, o sí, ya ni siquiera sabía... sólo entendía que tenía un horrible miedo a perderlo en el proceso.

Su cuerpo se hizo ovillo, queriendo protegerse de aquel dolor.

La puerta del cuarto de baño se abrió, dejando escapar parte del vapor. Harry apareció con una toalla alrededor de su cadera, ella apartó la vista de inmediato, sintiendo un calor familiar en sus mejillas, se mordió sus labios por sus pensamientos.

Merlín, el sólo verlo así… para ella era irresistible, hacía que el deseó se prendiera en ella.

Harry caminó hacia la cama, sentándose en el borde. —Hey dormilona, tuve que irme a bañar sin ti.

—Lo siento. —Y al decirlo, no se refería únicamente a eso.

Sus labios se curvaron hacia arriba en una sonrisa, tomó su mentón y lo levantó un poco mientras él se inclinaba para depositar un suave roce.

—¿Estás bien?

Ella asintió embelesada por su detalle. —Sobre hace rato, yo…

—Hermy, quiero que me digas lo qué pasa, pero es evidente que es algo difícil, te escucharé cuando estés lista, no te obligues si no lo estás.

Se quedó quieta, mortificada por sus palabras. Se suponía que él buscaba calmarla, pero eso no estaba funcionando, en ese instante quiso que el colchón se abriera y la tragara.

—Muero de hambre, ¿bajarás así o… quieres que suban el desayuno?

El estómago de ella se quejó, si ella también necesitaba algo de comida. —Quiero tomar una ducha.

—Te esperaré.

Hermione tomó la sábana y la jaló mientras se levantaba, era algo absurdo puesto que él ya la había visto desnuda, pero aún se sentía un poco avergonzada a su alrededor.

—Iré a mi cuarto.

—¿Qué? Puedes ducharte aquí.

—Mis cosas están allá.

—Pero no puedes salir así, Sirius…

Ella se detuvo, cerrando sus ojos. Era cierto, lo más probable es que ya no estuvieran solos en la casa.

—¿Me prestas tu albornoz?

No completamente convencido fue por la prenda, extendiéndola frente a ella. Hermione soltó la sábana cuando prácticamente estuvo cubierta. Rápidamente hizo un nudo con las tiras, le quedaba enorme, pero le gustaba estar rodeada del aroma de él.

La abrazó haciendo un gesto. —No quiero que te vayas.

—Sólo cruzaré el pasillo.

—Lo sé, pero aún así es demasiado lejos. —Recargó su frente en la de ella.

—Harry —musitó vacilante, aquello había sido tierno. Sabía que debía irse, pero entendía cómo se sentía él, no quería separarse. Salir de ahí significaba volver al mundo real, con todo lo que eso implicaba.

—Bien. —Besó su frente y la soltó lentamente.

Hermione volvió a morder su labio al verlo. —¡Por Morgana, cúbrete!

Harry soltó una gran risa. Ella sólo suspiró avergonzada, abandonando la habitación.

*º*º*º

Ginny caminaba distraída por los pasillos, por su mente aún vagaba el recuerdo de la plática con Astoria. Estaba realmente confundida, ya no entendía en qué términos estaba con ese hurón loco.

Luna con su cabello enmarañado, ocultó bajo un gorro colorido, se acercó a su amiga, extendiendo su mano con un caramelo. La pelirroja apenas pudo detenerse, antes de arrollar a su amiga.

—Oh… gracias —dijo aceptando el dulce. Recorrió a su amiga, notando que no llevaba nuevamente zapatos.

—¿Te han robado nuevamente? —preguntó con molestia, ¿por qué siempre tenían que meterse con ella?

Bueno, vale lo entendía, pero no estaba nada bien.

Luna era una gran persona, sí, rara, pero encantadora cuando te dabas la oportunidad de conocerla y apreciarla sin prejuicios.

—Ah eso, en realidad me los quite cerca del lago… pienso que las ondinas me los han escondido o tal vez fue el calamar gigante que se los llevo, últimamente tiene mucha hambre —explicó con una mueca.

—Creo que debemos ir a buscarlos.

—Pero, ¿no tienes práctica de Quidditch?

Ginevra se dio un pequeño golpe en la frente, cerrando sus ojos. Lo había olvidado.

—¿Estás bien?

—Un poco confundida —confesó apagada—, pero no tengo tiempo para pensar en eso, debo estudiar… no he estado muy concentrada en eso, ahora mismo tengo que ir a hacer un trabajo con Vicky y Natalie, y después debo ir al entrenamiento.

—¿Es por Harry o por Draco?

Torció su gesto apenas escuchó aquellos nombres. —No todo es sobre ellos. —Se encontró diciendo y había sido un milagro que no se hubiese mordido la lengua.

—Cierto —asintió, aunque intuía que si era por ellos, su amiga no era precisamente muy buena cerrándose para ella.

—¿Has sabido de mi hermano? —cuestionó Ginny con interés. Ron no le había escrito y dudaba que lo hiciera, seguro seguía enfadado por su supuesta traición con el maldito de Malfoy. El que su familia estuviese resentida con ella, no la ayudaba mucho. Siempre habían sido muy unidos y ahora se sentía cómo la oveja negra.

—Sí, hemos intercambiado correspondencia —señaló y sus ojos se llenaron de un brillo especial—, aquí traigo algunas cartas —añadió removiendo su bolso.

—¿Mi hermano escribiendo? ¡Por todos los caracoles hervidos, sí que me sorprende! —expresó y era verdad— No tienes que enseñármelas.

—¿No quieres leerlas?

—No quiero leer sus coqueteos —bromeó, si lo pensaba aquello era bastante curioso y extraño en igual cantidades—, ni siquiera quiero saber los detalles sucios si terminan juntos, ¿de acuerdo?

Luna se quedó atónita, sus mejillas se tiñeron de un suave rosa.

—Oh vamos, no me digas que tú no has pensado en él de esa forma, ¡por Merlín te gusta ¿qué no?! —Rodó sus ojos al ver la actitud de su amiga, pero una sonrisa apareció en sus labios—. Yo creo que es un tonto, tardó años en hacer algún movimiento con Hermione, no me extraña que ahora también lo haga si se da el caso.

—Él estaba enamorado de ella.

—Sí —suspiró y su sonrisa se apagó, pero sólo basto ver el rostro pálido de su amiga para que ésta volviera—, pero es libre ahora, ya sabe que no hay oportunidad con ella —comentó con un poco de amargura, se quedó callada un momento reacomodándose las asas de su bolso sobre su hombro. No tardó nada en notar cómo Luna perdía un poco de animosidad y comenzaba a jugar con ese collar extraño que llevaba ese día, Luna era genial… su hermano no podía estar tan ciego o tonto para no darse cuenta, aunque podía pasar—. Deberías intentar darle una señal a Ron.

—¿Eh? —Negó con su cabeza, al comprender—, aún no es tiempo.

Hasta Luna lo sabía, era demasiado pronto, incluso para ella. No es cómo si el dolor se hubiese ido de ella, aunque conforme pasaban los días se volvía un poco soportable y eso era por todo lo que traía en la cabeza y sus actividades.

—Tienes razón.

—Podrías escribirle una carta a Malfoy.

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué lo haría?! ¡De ninguna manera!

Una risita se le escapó a Luna, se encogió de hombros y comenzó a caminar. —No sé.

Ginny la miró irse por sobre su hombro, la había dejado un poco descolocada con aquel comentario.

—¿Escribirle? ¡Lo que se merece es un vociferador por idiota o mejor aún una buena maldición! ¡Lo odio!

*º*º*º

Hermione optó por ropa cómoda y holgada, tenía un par de zonas adoloridas, pero había valido la pena, no estaba para nada arrepentida. Había sido un momento maravilloso, el ser una con él… entregarse por completo, pertenécele. No sentía temor por haber dado ese paso tan importante, Harry no era ningún desconocido y aunque no llevaban tanto tiempo de novios, tenían ya 9 casi 10 años de conocerse y ser mejores amigos.

Una sonrisa se acurrucó en sus labios, se acostó en su cama boca arriba. El recuento de esa noche pasó como una película en su mente, arrancándole un suspiro de felicidad.

El calor del deseo se adueñó de ella, coloreando sus mejillas. Tuvo que abanicarse un poco y respirar profundamente por un largo periodo para calmarse y mientras lo hacía, su problema volvió con todo para taladrar su cabeza.

—¿Por qué es tan difícil decírselo?

En sí sabía por qué lo era, pero a veces el estado de negación se adueñaba de sus pensamientos.

Se frotó la frente, sintiendo la incertidumbre bañarla, calándola como si estuviese en medio de una ventisca.

Decírselo, no decírselo…

«Tal vez lo mejor sea alejarme de él, no causarle este daño… hacerlo pasar por eso, por aceptar que podría no tener hijos si se queda a mi lado.»

Un sonido la sobresaltó sacándola de esos pensamientos.

—Hermione.

Ella saltó de la cama, se pasó los dedos por los limpiando cualquier lagrima antes de abrir la puerta.

—Siento tardar —comentó con una sonrisa vacilante.

—Está bien, sólo estaba muriendo de hambre —dijo con una sonrisa. Tomó su mano, entrelazándola con la suya, obligándola a avanzar.

Se dejó llevar, mientras sus miedos reinaban en ella.

«Me va a odiar.»

Él besó su sien, llamando su atención.

—¿Qué estás pensando? No parece ser algo agradable.

—Ahh… nada.

Bajaron la escalera en una plática ligera, apenas iban a comenzar a comer cuando Sirius apareció.

—¿No es algo tarde para desayunar?

—Nos perdimos el desayuno —divulgó Harry, revolviéndose el cabello.

El hombre se recargó en la entrada del comedor, pasando sus ojos grises del uno a otro. Sonrió de forma lobuna, ambos tenían escrito en sus rostros el delito.

—¿Quieres comer con nosotros? —inquirió Hermione, buscando sonar lo más normal posible, pero no pudo evitar un ligero temblor en su voz, ni siquiera el que su rostro se volviera una cerilla viviente.

—No gracias, disfruten ustedes de su "desayuno" —dijo con aquel tono de bribón que hizo que los dos chicos se movieran en sus sillas con incomodidad. Dio vuelta con intención de ir a su habitación, pero en el último momento cambio de opinión—. Lo había olvidado, ¿cómo les fue en su cita?

—Bien —profirió Harry hermético.

Él sacudió su cabeza para retirarse el cabello de la cara, elevó la comisura izquierda de sus labios.

—Deberían salir más —manifestó con segunda intención, antes de irse finalmente.

Harry y Hermione respiraron aliviados cuando él se fue finalmente, sabían que pudo haber sido peor, pero Sirius no estaba de tan buen humor y eso se debía a la ausencia de Yannel Cornwell.

—¿Crees qué lo supere pronto?

—No lo sé —resopló, dejando que su espalda tocara el respaldo de la silla, sus hombros cayeron un poco, mientras jugaba con el tenedor—, ella le importaba.

Hermione colocó ese gesto que hacía cada vez que una idea aparecía en su cerebro.

—¿En qué estás pensando?

—En algo que creo que podría funcionar.

Harry se mostró interesado, si su amiga tenía un plan él sin duda quería participar. Ella era brillante, no podía salir nada mal, ¿o si?

*º*º*º

Viktor Krum apareció al siguiente día, para dolor de cabeza de Harry, lo peor era que Hermione no se encontraba en casa, había ido a su sesión en St. Mungo y se había negado rotundamente a que la acompañara; ahora se encontraba en la sala con ese mastodonte furibundo que lo miraba cómo si quisiera deshacerse de él lo antes posible y desaparecer su cadáver.

Vaya momento incómodo.

—Le diré que viniste —anunció entre dientes, esperando lograr con esto que se fuera.

—Voy a esperarla —contestó, dejando caer su casaca sobre el sillón.

—Bien —manifestó con la intención de dejarlo ahí en sala y no es que le cayera mal, simplemente detestaba que estuviese cerca de su novia, porque sabía por él que no iba a desistir de conquistarla y aunque estaba seguro de que ella no lo aceptaría, era otro asunto hacérselo entender… ¿acaso su cabeza estaba hueca o sólo era terco?

Justo ahora se sentía como Ron en cuarto año y aquello tampoco le agradaba, recordar que su amigo había estado enamorado de su novia, le revolvía las entrañas, porque justo esos sentimientos los habían hecho separarse.

Él había sido un completo ciego por esos tiempos, bien podían darle el premio al más idiota, por no ver que estaba tratando a la mejor chica como una amiga simplemente, pero no cambiaría nada, porque al final habían encontrado el camino para estar juntos.

—Potter, espera.

Ahí estaba justo lo que quería evitar, se detuvo y se giró con rigidez.

Krum avanzó hacia él y sin avisar le propinó un fuerte golpe que lo hizo chocar contra el sillón. Harry estuvo turbado por unos segundos, alineó sus gafas estropeadas y con el dolor punzante en el pómulo. Se enderezó con la furia rugió dentro de él, sus ojos relampaguearon peligrosos.

—Nos enfrentaremos a un duelo por Her-io-ne. Ella merrecer a alguien capaz de prrotegerla y tú sólo la has hecho sufrrir, has dejado que pase por ese rapto.

—Imbécil, no sabes nada —contestó y fue todo lo que dijo, la sangre le hervía dentro de las venas, poco le importó que fuese más alto y fornido, se abalanzó sobre él comenzando una guerra de puñetazos y patadas.

Pronto se volvieron una masa de golpes rodando por el lugar, Viktor jamás pensó que Harry tuviese tanta fuerza, nunca lo había aparentado, pero ahí estaba dándole batalla, pero no iba a perder. Trató de sacar su varita, pero Harry la aventó lejos, el mismo en ese momento no tenía idea de dónde se encontraba la suya.

La pelea se volvió más feroz y la riña física ya no era suficiente, Víctor buscó alcanzar su varita y Harry encontrar la suya, que por razones que lo volvían loco en ese momento, se le resbalaba de los dedos, pero cuando al fin la afianzó se giró aún en suelo y lanzó un poderoso hechizo derribador.

Viktor fue a dar contra la pared, estrellándose con fuerza, cayendo de rodillas, aturdido. Harry aprovechó aquel momento para adoptar una postura más digna, dándole la oportunidad de recuperarse para un duelo digno.

¡Everte Statum!

Harry lanzó un hechizo protector, pero Viktor continuó atacando y él no pensaba perder.

—*¡Destruere!

¡Protego!

El maleficio logró perforar su escudo, causándole una fea herida en su costado. Un aullido de dolor llenó el aire, pero su magia buscó salir, era cierto que había estado en control por el tratamiento, pero ahora el instinto de sobrevivencia la había hecho alebrestarse.

El viejo lugar se sacudió mientras él le apuntaba con los ojos oscurecidos. Una luz roja abandonó su varita golpeando de lleno al búlgaro que apenas logró soltar un jadeo, su varita cayó cuando él buscó quitar aquel agarre invisible que se cernía sobre su cuello, haciéndole imposible respirar.

—¡Harry!

La voz de su novia atravesó la furia ciega que lo estaba dominando, haciéndolo consciente de lo que estaba pasando a su alrededor.

—¡Basta, Harry! —ordenó duro, Sirius, avanzando hacia él.

Harry dejó caer su brazo, el maleficio concluyó y Viktor se desplomó sobre la alfombra, haciendo fuertes sonidos para poder llevar aire a los pulmones que le ardían como si hubiesen estado expuestas al mismo fuego del infierno.

—¿De qué carajos va esto? —inquirió Black a los dos.

Hermione temblaba como una hoja mirando la escena con una tormenta de emociones. La mirada verde de Harry la buscó de inmediato, sintiendo como sus entrañas se retorcían al ver la aflicción por la que la estaba pasando.

—¡Son unos idiotas! —gritó encolerizada en medio de un lloriqueo. Su primer instinto era querer ir con Harry, pero la voz de razón en su cabeza le dijo que no lo hiciera. Volteó el rostro, notando el estado de su amigo Viktor. No era ninguna ingenua para creer que él era inocente en esta absurda situación, pero ahora mismo no quería saber nada.

Después de su terapia lo único que había deseado era llegar a casa para acurrucarse junto a su novio y confesarle todo, como el sanador le había aconsejado. Jamás se hubiese imaginado que se iba a encontrar con esto.

Sus pies se despegaron del suelo sacándola de aquella habitación.

—¡Hermione! —pronunció Harry con intensión de seguirla, pero su padrino lo regresó a su lugar con un movimiento.

—No, hasta yo sé que lo peor que puedes hacer es ir tras ella ahora y en esas condiciones. Esta vez Harry, sí que jodiste las cosas —reprendió, para después clavar sus ojos en Krum, aún tenía los labios azules y mala pinta— y tú también.

Harry no intentó pelear contra su padrino, se sintió gusarajo bajo su regaño y eso era apenas un poco de cómo se sentía. Se había dejado ir, quién sabe qué hubiese pasado sino los hubiesen interrumpido, él miedo se adueñó de él. La oscuridad que había dentro de él, se había removido, podía sentirla zumbar en el fondo de su ser, clamando su liberación.

Tragó con dificultad por el nudo que tenía en la garganta y aquello le supo a sangre, el estómago se le revolvió amenazando con echar fuera todo lo que tenía dentro.

«No, no puedo perder el control.»

Se encogió de hombros deseando poder hacerse ovillo, el recuerdo de su novia se abrió pasó en su anudada mente.

Luz, ella era luz.

Su luz.

Lo había jodido en grande en verdad.

Canuto soltó un gruñido, fulminó con su mirada a los dos jóvenes. Sin pensarlo dos veces les soltó un golpe a cada uno.

—Compórtense como magos, no cómo críos… andando, alguien tiene que ver esas heridas.

Normalmente Sirius, no se hubiese enojado por esa pelea, incluso podría haberla encontrado divertida, pero después de haber visto a Harry perder el control de su magia y por la forma en que los habían encontrado sabía el peligro que significaba para todos.

Estaría loco, pero no iba a dejar que Harry cometiera esa estupidez, no iba a perderlo.

*º*º*º

Hermione se negó a hablar con Harry o Viktor los siguientes días, eso no la había hecho sentir bien, pero sabía que no podía perdonarlos tan fácil por actuar como unos cavernícolas. Se había dedicado a sus estudios y refugiado en los libros, en ellos encontraba el dulce consuelo del olvido.

Había visto a Oliver en el Callejón Diagon, apenas habían intercambiado unas pocas palabras, él llevaba mucha prisa, pero la sonrisa y el abrazo que le dio, la habían alegrado un poco. Se habían prometido reunirse después, ella quería hacerle entrar en su cabezota que él no había sido el culpable de su secuestro, no quería que siguiera cargando esa culpa.

Y hablando de culpas, en apenas unas horas se llevaría a cabo la audiencia de Augustus Rookwood. Eso le había quitado el sueño y el apetito, estaba como zombi.

Justo en ese punto, en el que estaba sentada junto a la ventana de su cuarto, mirando el exterior, deseó haberse ya arreglado con su novio, deseaba tanto sentir sus brazos a su alrededor, pasar la noche a su lado, compartir besos y caricias… hablar con él, porque antes que nada era su mejor amigo.

«Un amigo al que le estás ocultando las cosas.»

Recargó su frente en el frío vidrio, mientras abrazaba sus rodillas, acercándolas a su pecho.

—Pronto terminará, sólo tengo que verlo una vez más…

Sólo tenía que ir y dejar salir toda la basura que le había hecho ese demente. Una vez más y no volvería pensar en él, aunque fuese difícil de cumplir gracias al daño que le había hecho y con el que tendría que lidiar probablemente el resto de su vida.

No supo en que momento cerró sus ojos o cuando comenzó a dejar caer gotas salinas, pero claro que se dio cuenta del instante en que Harry entró a su cuarto y caminó hasta donde estaba ella, pasando sus dedos por sus mejillas.

—Ni una más.

Ella de inmediato buscó su tacto, se recargó en él, abrazándolo por la cintura. Harry pasó sus dedos por su melena castaña.

No soportaba verla así, él había tenido suficiente de esa mierda, no soportaba más esa situación. Había sido un completo imbécil, lo entendía… y ella podía echárselo en cara, pero no iba a volver a permanecer alejado.

La tomó de los hombros, separándola de él. —Ven.

—No te vayas —pidió apenas sus miradas se conectaron.

—No lo haré —prometió.

Hemione sintió que la pena que la embargaba se aligeraba un poco. Harry la cargó y ella se dejó llevar a su cama, rodeando su cuello con sus brazos, recargando su cabeza en el hombro de él.

—¿Cómo lo supiste? Pensé que estarías roncando.

—¿Bromeas? Han sido un infierno estas noches sin ti.

Sus labios se ondularon ligeramente.

—Ha sido tú culpa.

Él no se atrevió a negarlo. La dejó sobre el colchón y él subió poco después, quitándose los lentes y acomodándose a su lado. A los pocos segundos extendió los brazos para que ella entrara en el hueco que hacían y no dudo en hacerlo.

Perfecto.

Respirar su aroma, envuelta en él, era la mejor terapia, simplemente maravilloso.

—Trata de dormir, estoy aquí… no dejaré que te pase nada, incluso pelearé con tus pesadillas.

Una risa corta y apagada escapó de su boca. —No puedo, lo he intentado ya.

Él juntó sus cejas, ¿cómo iba a resolver aquello?

—¿Quieres una poción?

—No.

Sabía que ella debía dormir, al menos un poco, los dos necesitaban hacerlo. Mañana sería un día muy complicado, tenían estar lo mejor posible mental y físicamente para enfrentarlo.

Su mano se colocó debajo de su playera y comenzó un suave recorrido por su espalda, que ninguna intensión tenía más que la de hacer que se relajara y parecía estar funcionando.

—Lo siento.

Ella recargó su frente en su torso, movió su cabeza negando, mientras cerraba sus ojos. —Aún sigo molesta por eso.

—Bien, después haré que no lo estés más.

—No quiero que vuelvas a pelearte con él por mí, ni por nada más.

El aliento de él escapó en un resoplido. No estaba seguro que eso no fuese a pasar de nuevo, para ello Viktor tendría que entender que no tenía ya ninguna oportunidad con ella y eso lo veía difícil. El tipo era como una roca, no le entraban las razones a esa cabezota rapada.

—Lo intentaré.

—Promételo.

Él detuvo su caricia, poniéndose rígido. —No puedo, él…

—Harry, por favor.

—Bien —cedió con desgano, después de un silencio abrumador.

Hermione se movió y alzó su cara para poder depositar un pequeño beso en su garganta. —Gracias.

—¿Ahora puedes intentar dormir? —cuestionó retomando con su mano el trazado de la espalda de su novia.

—Duerme tú, yo… no puedo.

Harry frustrado por la situación, la agarró de la cintura y la colocó sobre él para sorpresa de su amiga.

—Debemos resolver esto —dijo, ahora que estaban cara a cara, tomó sus mejillas y la atrajo para un beso cuidado y lleno de dulzura.

¡Cuánto había extrañado esa sensación!

Su cuerpo cubierto por el delicado de ella, eso se sentía malditamente bien.

Sus manos se movieron apartando el cabello de Hermione, haciéndolo hacia atrás. Ella dejó escapar pequeños suspiros entre los roces suaves que estaban compartiendo.

—Te amo.

Hermione sonrió de forma brillante, sintiendo miles de emociones.

—Vamos a dormir —insistió, no le gustaban nada aquellas bolsas bajo los ojos de su novia que le había visto esos días.

Ella dejó caer su cabeza en el torso de él, escuchando el latido agitado de su corazón.

—Quiero, pero no puedo, tengo tantas cosas en la cabeza y….

—Deja de pensar.

—Pfff, ¡cómo si pudiera!

—Podrás.

Harry sólo tenía una idea en mente para terminar con aquello y su cuerpo estaba muy de acuerdo. La única forma de lograr que ella dejara de pensar, era hacer que se concentrara en otra actividad y una que requería toda su atención. Terminaría agotada y así no le quedaría otro remedio que dormir, ni siquiera se daría cuenta cuándo sucedería.

Rodó con ella dejándola bajo él, no le dio tiempo de nada, pronto estuvieron besándose con pasión, el deseo encendido en sus cuerpos como pólvora ardiendo y los hizo desaparecer las ropas que sólo servían para estorbar en ese momento.

Volver a sentirse piel contra piel, casi los catapulta al final, pero Harry no quería que fuese así, tan rápido y fugaz. Estar con ella merecía disfrutarse, bajó el ritmo a pesar del quejido de Hermione. Sus manos se deslizaron por su cuerpo abrazando cada curva y extensión, prendiendo fuego en su piel, haciéndolo ondularse de forma hermosa.

Hermione buscaba transmitirle su necesidad, rozando sus caderas, pero él parecía estar evitándola deliberadamente. Estaba jugando con sus sentidos, en ese preciso instante no tenía consciencia de dónde comenzaba o terminaba.

—Harry, por favor…

Aplastó sus labios contra los de ella acallando su suplica, él mismo no podía soportar más la tortura que había iniciado, su dura erección se clavó en su interior de un solo movimiento, acabando con aquella agonía.

Hermione gimió ahogadamente, él se quedó quieto amando la sensación de su cuerpo rodeándolo. Besó y mordisqueó su cuello, logrando que ella echara la cabeza hacía atrás, con un gesto de placer grabado en su rostro. La poseyó con suaves empujes, dejándola acoplarse a su cadencia. Sus manos tocaron sus pechos concentrándose en sus dulces pezones y ella dejó escapar una dulce canción, volviéndose una masa de sensaciones.

La forma abrasadora en que su cuerpo se alineaba con el de Harry en cada estocada la volvía loca. Aquellos ojos verdes bebiendo sus reacciones, como si fuese lo más hermoso que había visto en su vida, la hacía sonrojarse hasta las raíces de su cabello, claro si eso fuese posible en ese momento, en el que estaba completamente acalorada. Sus dedos se aferraron a la espalda de él, estaba cerca podía sentirlo, sus muslos se apretaron con mayor fuerza a la cadera de él.

La tensión se estaba volviendo insoportable para Harry, podía sentir cómo su liberación se acercaba y aún ninguno de los dos tenía suficiente del otro, tomó la parte posterior de la rodilla de Hermione, levantando su pierna, para poder hundirse con mayor precisión, el cambio fue bien recibido por ella, que no tardó en soltar su nombre en un grito agudo.

Harry siguió entrando y saliendo de ella con rapidez cuando el clímax lo alcanzó, arrancándole un gemido áspero mientras su espalda formaba un arco.

El cuarto quedó en calma, los dos estaban sin habla con la mente en blanco. Temblando con los cuerpos aún unidos, bañados con una capa fina de sudor que los hacía resplandecer.

Harry apenas tuvo fuerza se hizo a un lado, buscando las mantas revueltas para cubrirlos y tiró de Hermione para acercarla, dejándola que se acurrucara. Besó su cara, murmurándole con calidez lo mucho que la amaba, ella ni siquiera logró escuchar la mitad de su discurso, pues pronto cayó rendida.

Una perezosa sonrisa apareció en la cara de Harry, su plan había funcionado. Cerró los ojos y se dejó ir por la agradable sensación de la dicha que en ese momento sentía.

*º*º*º

Hermione despertó abruptamente con el corazón a punto de salírsele por la boca, el pánico se adueñó de ella, buscó su varita bajo la almohada, tomándola con fuerza. La oscuridad del cuarto la confundió aún más, evocándole su cautiverio en aquellos lugares.

¿Dónde estaba? ¿Qué era ese horrible sonido?

Le tomó unos minutos aclarar su mente, Harry le quitó la varita y la jaló hacia abajo, enredándola en sus brazos.

—Estás conmigo, todo está bien, es sólo la alarma.

Ella soltó el aire de sus pulmones. Asintió aún llena de confusión y miedo, aferrándose a él.

—Lo siento, yo…

Silenció sus palabras tomando sus labios en un corto roce. Pasó su pulgar por su mejilla, retirando su cabello, llevándolo detrás de su oreja, en gesto de mera ternura.

—Bueno días, Herms.

Ella puso una tibia sonrisa, frotando sus narices.

—Días —respondió más calmada, no podía controlar lo que le sucedía y eso era frustrante, pero estando así con él, volvía a sentirse segura y no olvidaba que él también sufría por aquellos recuerdos de la guerra, incluso por su secuestro.

Ambos estaban rotos de alguna manera, pero estaban juntos, luchando por curarse… aunque las memorias se volverían cicatrices mentales.

Jugó con el vello de su torso, logrando que él dejara salir una risa floja.

—En serio, Hermione, hay otras cosas de mi en las que podrías enfocar tu atención.

Abochornada, le jaló un vello logrando que él se quejara.

—Creo Harry, que de eso ya me he ocupado anoche.

—No lo recuerdo —comentó juguetón, dejando que sus manos serpentearan la cintura bajando hacia su trasero.

El ligero goce que le provocó la sorprendió haciéndola soltar un ligero jadeo.

—Harry…

—¿Uhmmm? —murmuró, besando la línea de su mentón.

—Tengo que prepararme para la audiencia.

Gruñó molestó, no con ella, ni por no poder terminar lo que había empezado sino por la situación.

—Lo sé —pronunció y sin embargo no hizo ningún movimiento para separarse. Hermione tampoco lo hizo, se quedó ahí, siendo sostenida por él, buscando tranquilizar sus demonios.

*º*º*º

En el lugar aparecieron todos los involucrados con caras largas y serias, muchos de los familiares de personas que no habían vuelto con vida, estaban ahí esperando escuchar la condena que se le imputaría.

—Debemos entrar ya —anunció Sirius con seriedad, apretó sus hombros y abrazó a la chica.

Hermione sintió como su estómago se encogía, pero el agarre de Harry en su mano, le daba el valor que necesitaba y tener a su lado a Ron, completaba el cuadro. Se había unido a ellos, dejando de lado su sentir, para apoyarla en esto y eso para ella era un gran gesto, una muestra de que su amistad seguía viva.

«Sólo respira.»

Con los nervios destrozados avanzó hacia el salón, ni siquiera sentía sus pies y cuando estaba a punto de sentarse su mirada se encontró con los ojos siniestros de Augustus Rookwood y él esbozó una sonrisa que la cimbró hasta los huesos.

*º*º*º

Continuará…