Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.
*º*º*º
Realidad.
Hermione acababa de confesar con gran dificultad todo lo que había vivido durante su cautiverio y lo había hecho mirando a los ojos a su agresor, demostrándole que aún con el miedo que la calaba por momentos, era aún más grande su deseo de verlo pudrirse, porque sí había causado en ella un daño irreparable.
—Yo… sólo pido que se haga justicia, no sólo por mí… sino por todas las personas que fueron victimas de este ser que abuso del poder de su magia.
—Puede retirarse, señorita Granger.
Harry que sólo estaba aguardando por ella, brincó el barandal de madera y la alcanzó. Intento abrazarla, pero ella se lo impidió con las lágrimas rodando por sus mejillas. No deseaba verse más débil ante Augustus Rookwood de lo que ya se sentía.
—Her…
—Por favor.
Asintió no muy convencido, caminó a su lado hasta que llegaron a sus asientos. Entonces sí, le tomó la mano su mano temblorosa, mientras ella buscaba limpiar su rostro con un pañuelo.
El juicio no se iba a alargar por más tiempo, ya se habían escuchado todos los testimonios y no había duda de su culpabilidad. El tribunal mágico sometió a voto los crimines del mortifago, llegando por unanimidad a una resolución.
—Augustus Rookwood es condenado a cadena perpetua en total aislamiento en la prisión de Azkaban —anunció el Ministro.
Augustus soltó una risotada apenas escucho eso. —¿Creen qué eso es un castigo? Perfecto envíenme a Azkaban, su querida prisión y espero que se sientan a salvo con eso, porque esto no se termina aquí… —concluyó con una sonrisa desquiciada, clavando su atemorizante mirada en la pareja de Harry y Hermione—. Nos volveremos a ver.
—¡Exigimos el beso del Dementor para él! —gritaron los familiares de los magos y brujas que habían fallecido en sus manos.
—¿Exigen para mí el beso del Dementor?, ¿y qué hay de Harry Potter, el Salvador del mundo mágico? Sí ese que tanto halaban, él no es distinto a mi… él también usa maldiciones imperdonables, ¿y cuál es su castigo para él?
Las exclamaciones variadas no se hicieron esperar. Harry se quedó de piedra, recordando aquellos momentos en los que había estado al límite. No podía negarlo, no estaba orgulloso… pero sus decisiones lo habían llevado a salvar a Hermione y eso todo lo que le importaba. Él no había usado su magia para herir a personas inocentes, era distinto a ellos… en verdad lo era y deseaba aferrarse a eso con su vida, porque la oscuridad era algo que lo rodeaba buscando su debilidad para adueñarse de él.
—No lo escuches —espetó Hermione, tomando su rostro con sus dos manos, logrando que volteara a verla.
—¡Si alguien aquí es peligroso, es él… él quién puede ser aún más temible que el Señor Tenebroso!
—¡Claro que se acaba aquí! ¡Cállate! ¡Es tu fin! —manifestó Sirius, lanzándole un maleficio para silenciarlo. Los guardias pronto llegaron por él, sometiéndolo.
—¿Es verdad lo que ha dicho?
—¡Harry Potter es peligroso!
—No, él es el Salvador…
—Debemos mantenerlo bajo vigilancia…
—Escuche que perdió el control de su magia…
—Él nos salvo, hizo lo correcto…
—¡Orden! ¡Basta ya! No debemos olvidar quién es aquí el enjuiciado y cómo es que fue capturado —profirió Kingsley y sus palabras estaban llenas de severidad—. Los Dementores ya no están al servicio del Ministerio y de ninguna forma voy a acceder a traerlos de vuelta. Sé que su dolor es grande y el acusado pagará con la pena más alta en nuestra sociedad.
—No es suficiente, ese hombre es un monstruo y no deberíamos permitir que exista el riesgo de que pueda fugarse, con el beso del Dementor…
—Señor Mactavish y todos los que estén en desacuerdo con lo resuelto es mejor que sigamos con esta conversación en privado, acompañados del Subsecretario y del Jefe del Departamento de la Aplicación de la ley mágica —anunció regio—. Sirius, procede.
No tuvo que decirlo dos veces, Black ya estaba más que listo para refundir a ese maldito en una celda. Lo tomó del brazo, haciéndolo avanzar por el lugar, custodiado por un escuadrón completo de aurores.
*º*º*º
Hermione no había permanecido mucho más en el Ministerio, Harry la había llevado a vieja mansión, él tampoco se encontraba bien, pero estaba más entero que ella. Sólo esperaba que las acusaciones que se habían hecho contra él no procedieran, aquello era muy grave y sabía que lo afectaba, si bien, él estaba trabajando en sus terapias todas sus preocupaciones, no quería que volviera a desestabilizarse y a dejarse llevar por recuerdos difíciles.
—Por fin todo terminó —murmuró y aunque deseaba sentirse libre de aquel peso, le era imposible, tenía grabado en la mente lo último que había dicho Augustus. Tenía miedo, pero su lógica se sobreponía a éste, recordándole que Sirius no iba a permitir que ese hombre escapara.
Mojó una vez más su rostro, sintiendo el refrescante líquido contra su piel. Cerró las llaves y se miró al espejo, aún tenía el rostro pálido y desencajado, sus ojos no estaban tan rojos como ella pensaba que lo estaban, pero aún así se veían hinchados y cansados.
No se veía nada bien, tal vez era un reflejo de cómo se sentía.
Se secó el rostro casi de forma mecánica. Ahora que el juicio había concluido debía confesar aquel secreto que la perseguía como su propia sombra, postergarlo más sólo estaba logrando que fuese más difícil hacerlo e incluso imperdonable.
Salió del baño, encontrándose con su amigo esperándola sentado en su cama. Él alzó su mirada atándola a la de ella. No dijo nada y no había necesidad de hacerlo. Hermione caminó hacia ahí, quedándose parada frente a él, pasó sus manos por aquella melena azabache y Harry dejó salir su aliento recargando su frente en él pechó de ella.
Se quedaron un buen rato así, sosteniéndose, siendo el pilar del otro, compartiendo un llanto silencioso.
Finalmente el ambiente se volvió más sereno y Harry la hizo sentarse en su regazo.
—He traído chocolate, pero debe estar frío ya.
—No importa —repuso recargando la cabeza en su hombro, mientras él levitaba las tazas.
—Tiene un poco de poción para dormir —advirtió antes de que ella le diera el primer trago.
—No creo que sea una buena combinación, ¿quieres matarme? —inquirió alzando su ceja, sabía lo que él estaba tratando de hacer, aunque no le agradaba su método.
—Entonces moriríamos los dos.
—Poético.
—Al menos no sabe mal, pudo ser peor con mis dotes en pociones.
Hermione dibujó una pequeña sonrisa, la primera desde que el día había comenzado.
*º*º*º
Ginny movió su pluma entre sus dedos una vez más, no podía concentrarse en la clase. Hoy era el día del juicio y aún no tenía noticias, aunque era obvio que ese mortifago terminaría en Azkaban, pero no estaba demás leer la confirmación, pero al parecer ninguno de su familia pensaba escribirle, lo más seguro era que mañana en El Profeta se enteraría de todo.
Resopló una vez más y se recargó su mentón sobre la palma de su mano. Tenía que arreglar ese malentendido con sus padres o su existencia seguiría siendo miserable. Ella no tenía nada con el rastrero de Malfoy…
Su mente voló a la última vez que lo había visto, pensó en todo, en su estúpido juego de mentiras, en cómo se había empeñado en que todos lo creyeran, en sus besos.
«Es un idiota, sino hubiese hecho eso… ¿qué? Él deseaba decirle todo eso a su padre…».
Se enderezó sacudiendo su cabeza, no podía permitirse dejar que él siguiera rondando sus pensamientos, no tenía ningún caso. Si en verdad él estuviera mal, la noticia ya se hubiese corrido.
La clase terminó y ella por fin pudo desperezarse.
—¡Que bueno, que ya esta cerca la salida a Hogsmeade! —exclamó Natalie con una gran sonrisa.
—Sí, aunque faltan aún unos días, se me hará eterno —añadió Vicky con una mueca de pesar.
—¿A dónde iremos? ¿Tienes planes Ginny?
—No.
—¿No has sabido de Malfoy? ¿Vendrá a verte?
—No, ya les dije que eso… no es lo que creen —señaló tozuda con el ceño ligeramente fruncido.
—Oh vamos, claro que lo es… todos lo saben en el colegio.
Ginny se encogió, decaída, ¿cuántas veces lo había negado ya? No tenía caso seguir insistiendo, sólo esperaba que entre más pasará el tiempo, todo fuese olvidándose y más porque nunca iban a verlos juntos de nuevo.
*º*º*º
Ron había pasado un rato con Harry en Grimmauld place, no había querido quedarse más porque no se sentía bien aún hacerlo y no era tonto para darse cuenta que sus amigos deseaban estar solos, por mucho que eso le afectara, lo había tenido que aceptar.
Iba rumbo a la tienda de sus hermanos cuando chocó contra alguien, alzó su cara topándose con Neville y otro sujeto.
—Lo siento, Ron.
—No hay cuidado.
—Vamos a Hallow, ¿quieres venir?
—No creo…
—¿Eres Ron Weasley? —preguntó el otro sujeto.
—Sí… ¿quién…?
—Soy Rolf Scamander, he escuchado sobre ti por Luna.
—¿Luna?
Y entonces recordó la salida que había tenido con ella en la Casa de los gritos dónde le había hablado de un tal Rolf, nieto del famoso Newt Scamander. Así que este era el tipo, su mirada azul lo repaso varias veces midiéndolo, una sensación pesada cayó en su estómago.
—Sí.
—Pues a ti no te ha mencionado —mintió en un gruñido.
Neville crispó su frente, Ron no era tan hosco, ¿qué estaba pasando?
—Tal vez no ha tenido oportunidad —dijo sin darle mayor importancia—, ven con nosotros, ha sido un día tenso, seguro un par de cervezas te caerán bien.
Ronald lo miró fijamente, cavilando la posibilidad. —Bien —respondió con un gruñido seco.
Si Rolf era tan cercano a Luna, no estaba demás ver qué tipo de persona era. Después de todo él sólo estaba siendo un buen amigo, preocupado por con quién se juntaba Luna.
*º*º*º
Draco acababa de tomar una decisión que le daría un vuelco más a su vida, pero no se arrepentía, deseaba hacer esto, porque podía y quería, no debido a una responsabilidad con su familia o su círculo social.
—¿Jugador de Quidditch? ¿Seguro que estarás satisfecho con eso?
Su labio se jaló hacia la izquierda. —Tengo más planes que éste, pero por ahora esta bien.
—Cuenta conmigo, pero te anunció que estás muerto, tu padre no tomara bien esto, será para él una provocación más.
—¿Crees qué me importa?
—¿Y no?
—Es mi vida —repuso con tensa seguridad.
—Aún sigues siendo su heredero.
Draco se soltó a reír. —No me va a manipular de nuevo con eso.
—No estoy seguro.
—No se arriesgará a desheredarme, soy su único hijo, buscará mediar conmigo —dijo, no había tomado esa decisión sin pensar ya en lo que traería como consecuencias. Ya había medido lo que probablemente comenzaría a desencadenarse en sus padres.
—Más bien pensará en obligarte.
—¿Obligarme? No sucederá, no le voy a besar el trasero.
Terrence sonrió abiertamente y palmeó su hombro. —Vamos a festejar.
—¿Pensaban largarse sin nosotros?
Malfoy de inmediato reconoció aquella voz, se giró topándose con sus amigos.
—¿Los llamaste?
—No sería divertido ir solamente nosotros —contestó socarrón.
—Sé que me extrañaste, Draquito —comentó Blaise abalanzándose sobre su amigo.
—¡Maldición negro, suéltame! —Se removió, buscando sacárselo de encima.
Theodore rodó sus ojos, esos dos y su extraña amistad o más bien su bromance.
—Es mejor que nos adelantemos, dejemos a estos mariquitas darse de besos —soltó Terry, indicando el camino hacía donde se encontraba su coche.
*º*º*º
En el Ministerio, Sirius acababa de llegar de Azkaban y aunque él había esperado tener un momento de descanso al menos para comer algo, no fue así, aún tenía casos abiertos de los que hacerse cargo, sobre todo esa banda de magos oscuros que estaban logrando que se pusiera verde.
—Krutov esta siguiendo una pista que nos llegó de forma anónima con suerte por fin demos con ellos —explicó Remus, sentado frente a él.
—Esos bastardos son demasiado escurridizos para caer tan fácil.
—Los atraparemos.
Canuto soltó un sonido mitad gruñido, se incorporó sólo para andar por el lugar como animal enjaulado. Su amigo lo observó, tamboreando sus dedos sobre la silla.
—Estoy enterado que Krutov tomará unos días libres y supongo que está relacionado con la platica que sostuvo contigo.
El mal humor de Black se acrecentó, pero aún así consiguió soltar una risa, una que indiscutiblemente estaba llena de amargura.
—Irá a buscar a Yannel.
Las cejas de Lupin se alzaron con asombro, sus pensamientos corrieron ordenándose, ahora todo encajaba y lo encontró bastante gracioso.
—Estás celoso, Canuto.
—¿Qué?
—Vamos, a su lado estas siendo un cobarde, ese mocoso te está ganando la partida en tu cara.
Sirius volteó el rostro enfurecido. —No me está ganando nada —contestó con los dientes apretados.
—Oh sí, él esta por hacer lo que tú deberías estar haciendo, pero no te atreves… porque sabes que lo arruinaste, temes tomar las riendas del asunto, porque significa una responsabilidad y prefieres pensar que ella fue la que dejó todo colgado por ser obstinada.
—Lunático… —advirtió, estaba tocando fibras muy sensibles.
Remus se levantó sin apenas sentirse amenazado, caminó hacia él y le sonrió. —No basta con que admitas tus errores, pero si eres capaz de hablarle con el corazón puede que tengas una oportunidad de corregir todo esto.
—Mierda. —Su furia se fue fugando de su cuerpo, se talló el rostro con rabia.
—Hazlo por ti —añadió para terminar de derrumbar la dura fachada de su amigo.
—Es inútil, me rechazará, lo jodí.
—Entonces enfréntalo con dignidad, basta ya de escudarte en esas actitudes.
Sirius sacó de su túnica una caja de cigarros, se colocó uno al borde de los labios. Así que al final otra vez se resumía a tomar una decisión. Él y el amor no eran precisamente socios, estaba mejor cuando este no entraba en el juego de las relaciones, tal vez había llegado la hora de hacer las pases.
*º*º*º
La noticia del juicio y la condena fue cubierta por los medios impresos, pero esta quedó reducida ante las primeras planas que resaltaban con letras mayúsculas y negritas los siguientes titulares: ¡Harry Potter, el Salvador del mundo mágico tentado por la magia prohibida! ¿El próximo Señor Oscuro? ¿La Academia de Aurores qué enseña a nuestros hijos?
Para la hora del almuerzo aún seguía estando en boca de todos, las reacciones eran variadas y nada silenciosas.
Harry ni siquiera se había molestado en leer las ediciones, sabía bien lo que podía encontrar en esos artículos y francamente no necesitaba más de esa basura en su cabeza, él ya tenía suficiente con su propia conciencia, había hecho lo que tenía que hacer para salvar a Hermione, probablemente no lo correcto pero si lo necesario, para juzgarlo necesitarían ponerse en sus zapatos e incluso entonces probablemente no lo entenderían.
Lo único que le molestaba era que se estaba creando todo un alboroto centrando una vez más la atención en él, parecía que siempre iba a estar en el ojo del huracán fuese como fuese.
—Señor Potter, responda de una buena vez.
Harry enfocó sus ojos en el grupo de personas que se encontraban frente a él. Robards encabezaba la audiencia, en ese momento la junta de profesores de la Academia de Aurores, evaluaba su permanencia o no en el curso. Sirius como Jefe de la Oficina de Aurores, también tenía que estar presente, aunque él encontraba esta situación ridícula y una perdida de tiempo, incluso había bostezado ya tres veces en un cuarto de hora.
—Sí, lo hice.
—Usted puede ser el Salvador del mundo mágico, el Elegido y cuántos más apodos desee, pero sigue siendo un cadete, el realizar esta clase de magia sin haberse recibido es una falta al reglamento y un delito. No es un auror aún, no puede comportarse como uno…
—Alto, no pienso seguir escuchando semejante estupidez —dijo Black, levantándose de su asiento—. Usted lo ha dicho, ese alumno ha hecho cosas extraordinarias, que van más allá de un auror…
—Sirius —pidió Harry, negando con su cabeza, él no quería ningún trato especial—, aceptaré el castigo que se me imponga.
—Pero…
—Soy sólo un cadete.
—Vea, hasta él sabe que ha hecho mal —manifestó Gilbert, el viejo mago tutor del grupo de segundo año de la Academia. En su juventud había sido un auror muy capaz y recto, pero una lesión causada por un mortifago lo había llevado a retirarse y desde hace un par de años se encargaba de las evaluaciones al final del curso.
—La reputación de nuestra Academia esta en juego.
—Reputación mi trasero —rumió Sirius, mirando con enojo a todo ese grupo de quisquillosos.
—No debe tener favoritismos, sabemos que es su ahijado, pero esto no puede ser pasado por alto.
—Si no hay castigo, la sociedad pensará que nuestros alumnos pueden usar las maldiciones imperdonables a diestra y siniestra, sin ninguna repercusión…
—Basta ya, señores, no debemos hacer de esto un lío —ordenó una de las mujeres que se encontraba ahí, instructora de Sigilo, Willow Graham—. Señor Potter, salga, vamos a deliberar cuál será su castigo.
Harry no tardó en dejar del salón, se desató los primeros botones de su uniforme de auror, sentía que lo estaba asfixiando. Se recargó en la pared y miró el techo, quién sabe cuánto se tardarían en resolver su caso, conociendo a Sirius iba a defender su punto a morir.
—¿Qué pasó? —preguntó Ron, acercándose a él, había estado esperando afuera del aula a que su amigo saliera.
—Están deliberando —contestó gratamente sorprendido por su presencia.
—¿Crees qué te echen?
—No lo sé, es probable.
Ron refunfuñó. —¡Es injusto!
—No lo sé, Ron.
—¿Qué?
—Entiendo porqué ellos actúan así, si no las hubiese realizado yo y si alguien más, ¿qué crees que le pasaría a ese mago?
Ronald visiblemente mortificado se recargó a su lado. —No eres un delincuente, las circunstancias…
—Conoces bien la razón por la que tomó las sesiones, perdí el control de mi magia… sabes lo peligroso que eso puede resultar. Estando ahí, me di cuenta que hubiese sido capaz de matar con tal de encontrar a Hermione, a pesar de saber que eso no era correcto, no cruce la línea completamente, pero estuve cerca de hacerlo.
Esto era serio, se meció el cabello en un gesto de frustración.
Admiraba mucho a Harry e incluso lo había envidiado, tal vez aún lo hacia en ciertos aspectos, pero justo ahora no quería estar en su lugar; sin embargo ese día, él hizo lo necesario y si hubiese estado en sus manos ahora probablemente otra sería la historia.
«Harry está dispuesto a dejar ir su sueño de ser auror,»
Nuevamente estaba un paso adelante.
Esta situación sólo le dejaba en claro —una vez más—, cuan importante era Hermione para Harry. Si su amigo no se encontraba rogando por su estadía en la Academia, no era sólo porque sabía cual era su delito y la responsabilidad que venía con éste, sino porque eso había tenido como resultado que Hermione viviera.
Era digno de estar con ella, lo era en verdad.
Y llegar a esa conclusión bien podía ser que la madurez estaba viniendo a él, aunque dolía como un hierro fundido clavado en una herida.
—Señor Potter, entre —ordenó Robards—. Señor Weasley, ¿qué hace aquí? Es mejor que se retire, vuelva a su clase.
Harry se incorporó con un largo respiro, repentinamente se sentía muy nervioso, tanto como para vomitar el desayuno. Miró a Ron y con apenas un gesto, se perdió en el interior del lugar.
—Señor Potter hemos llegado a un acuerdo, no ha sido nada sencillo, así que por favor escuche con atención —Hizo una breve pausa que fue como el infierno para Harry—. No será expulsado de la Academia…
El alma le volvió a Harry, el cuerpo se le aflojo por fin después de tanta tensión.
—No comience a festejar, eso no quiere decir que lo dejaremos pasar.
—Usted tendrá que cumplir con servicio a la Academia hasta que concluya el ciclo junto con 100 horas de servicio a la sociedad, además deberá continuar con las sesiones en St. Mungo, su sanador tendrá que darnos un informe cuando estás terminen. A partir de ahora estará bajo constante vigilancia, su permanencia esta condicionada a sus resultados en el curso, téngalo muy presente, pues no habrá ninguna consideración hacia usted, ¿entendido?
—Sí, señor.
—Señor Potter, la razón por la que sigue en la Academia es para que logre culminar su preparación, no hacemos menos sus logros ni sus aptitudes para esta profesión, pero ser auror es más que derrotar magos oscuros, es una responsabilidad para con usted y la sociedad mágica. Tiene que pulirse, aprender que su magia es un arma de dos filos y que cualquier decisión que tome puede llevarlo a tener éxito en una misión o a terminar en Azkaban. Tener poder, no significa que debamos usarlo sin medida, ni precaución, no debemos perder nuestra humanidad en afán de hacer justicia.
Harry bajó su cabeza asintiendo con humildad, aquellas palabras habían tenido un gran impacto en él y no las olvidaría por lo que le restará de vida. —Gracias.
—No nos agradezca, demuéstrenos que tomamos la decisión correcta —señaló Willow—. Preséntese en mi oficina, yo le daré las tareas que debe realizar para la Academia y posteriormente con el señor Black, en el Ministerio, él se encargará de decirle dónde cumplirá su servicio comunitario.
Harry volteó a ver a Sirus, quién sonreía con suficiencia, al parecer se había salido con la suya. Le devolvió el gesto con calidez, era bueno tener alguien que te respaldara, jamás lo había dejado solo desde que se habían reencontrado. Era lo más cercano a un padre que tenía y no podía estar más satisfecho.
*º*º*
En la Universidad, Hermione estaba inquieta, no tenía noticias de Harry, para ese momento ya debía haberse acabado su audiencia, sólo esperaba que en verdad no lo echaran de la Academia, eso sería un golpe muy duro para él.
Miró una vez más su reloj, aventó su pluma y se colocó las manos sobre el rostro.
Con esto sucediendo, no se imaginaba a si misma contándole lo que le sucedía.
—Hey Harry, tengo algo que decirte, no podré tener hijos.
Merlín, eso sonaba horrible, incluso en sus pensamientos.
Había ido nuevamente con su sanadora, en el chequeo había salido básicamente bien, pero aún no habían encontrado una forma de contraatacar la magia oscura instalada en su matriz. La sanadora seguía confiando en que había posibilidades, hablaba de más estudios… en conclusión no había una solución optima para su caso.
—Hermione, ¿dónde tienes la cabeza? Te he estado hablando —exclamó Lavender, frunciendo su ceño al ver lo desdichada que lucía su amiga en ese momento.
—Estaba distraída.
—Si me doy cuenta, últimamente no pareces tú… he notado que te ha costado concentrarte en clase —Se sentó a su lado en la mesa, observándola con preocupación—. Has tenido tiempos difíciles, pero debes sobreponerte, aunque no lo creas te comprendo un poco, ya sabes por lo que pasó... el ataque de Fenrir Greyback. La cosa es que me costó recuperarme y asimilar lo que había ocurrido.
Hermione notó lo vulnerable que se veía Lavender hablando de aquel incidente del que la había salvado tiempo atrás. Nunca habían tocado ese tema, pero ahora se estaba abriendo con ella, tal vez si la comprendiera un poco, después de todo también lidiaba con las consecuencias de la herida causada por un licántropo.
—Gracias.
—¿De qué hablas?
—Nadie pensaría que podíamos ser amigas, pero es bueno poder hablar contigo.
—Lo sé, aunque no te disculpo por no contarme cómo te fue con Harry.
—¿A qué te refieres? —preguntó haciéndose la desentendida, concentrándose nuevamente en el pergamino que tenía enfrente a medio escribir.
—Oh vamos, los detalles, no puedo imaginarme que no haya pasado ya algo entre ustedes, si eres un poco santurrona, pero…
—Lavender —pidió sonrojada, mirando hacia ambos lados esperando que nadie hubiese escuchado.
—Ves lo que digo —resaltó con una mueca, para después recargarse en la mesa y mirarla nuevamente con picardía—. Si ha pasado algo, ¿no?, ¿es bueno?
Hermione abochornada adoptó una pose más seria, no pensaba ser una cotilla al respecto.
—¡Oh vamos!
—No tengo nada que decir.
—¿Quieres qué adivine?
—¡No, por supuesto que no!
—Sabes que lograré que hables de eso… es más es mejor que vayamos por un café y me cuentas en el camino.
—No permitiré que le eches veritaserum.
—¡¿Cómo puedes creer que yo sería capaz de hacer eso?!
Hermione comenzó a recoger sus cosas, escuchando el monólogo ofendido de su amiga. Lo bueno era que aún le quedaba tiempo para terminar ese pergamino, no debía ser entregado hasta la siguiente semana, pero no era de las que dejaban la tarea a la mera hora.
Un patronus de un ciervo apareció rodeándola, dejándola escuchar un mensaje.
Todo bien, hablamos en casa.
Tener esa noticia fue como si le quitaran una carga pesada del cuerpo, su corazón se sintió más ligero.
—¿Qué sucede?
—¡Harry va a poder seguir estudiando en la Academia! —dijo con total alegría.
—Eso es genial… espera, estaba teniendo problemas por lo de las maldiciones, ¿cierto? Ahora lo entiendo —repuso sonriéndole—. Me alegro mucho.
Hermione exhaló por fin, contenta.
—Con más razón ahora vamos a festejar que sea una cerveza de mantequilla. —Enredó su brazo con el de ella, para ponerse en camino.
Esa noche Ron volvió con Harry a la vieja mansión de los Black y tuvieron una cena de festejo en compañía de Sirius. Fue un momento cálido y feliz como no lo tenían hacia mucho…
*º*º*º
Remus pasó su mirada de Harry a Hermione, una sonrisa de asombro encrespó sus labios.
—¿Están seguros de esto? —inquirió una vez más.
—¿Nos ayudarás? —respondió Harry sin darle más vueltas.
—Bien, veré que Sirius tome ese traslador y haré que Nymphadora consiga la información sobre Yannel.
—Gracias —emitió Hermione, juntando sus palmas en un aplauso.
—Yo también deseo que Canuto arregle las cosas con ella, pero les advierto que puede que no salgan bien, así que no se sientan mal si ese es el caso.
—Lo sabemos, pero si no hacemos esto quién sabe si al menos exista la posibilidad de solucionarlo, entre más siga pasando el tiempo más complicado se volverá para ellos hablar.
—Concuerdo con ella —añadió Harry—. No quiero seguir viendo a Sirius fingir que no le importa toda esta situación.
—Bien, bien. Hagamos esto y esperemos lo mejor.
—Contamos con ustedes.
Se despidieron y Remus, los observó partir, esos chicos se veían bien juntos, ya antes había visto a una pareja así, le recordaban de cierta forma a…
«James y Lily».
La melancolía lo cubrió, seguro que ellos estarían contentos de saber que Harry encontró o más bien después de años comprendió quién era su verdadero amor.
*º*º*º
Al salir del Ministerio, mientras caminaban por la ciudad, Harry pensó que hubiese sido bueno ir en moto o dar una vuelta en escoba, la tarde era perfecta.
—¿A qué hora irás hoy al servicio comunitario?
—A las 5 y saldré a las 8.
—¿Te agrada?
—Me gusta más que limpiar los baños y las duchas de la Academia. Eso es un asco... —comentó frunciendo su rostro.
Hermione sonrió ante su gesto, Harry no se había quejado ni un momento, llevaba su castigo con dignidad y buena actitud, logrando que ella lo amará más. Sin previó aviso depositó un beso en su mejilla, logrando que él la mirara con una ceja enarcada.
—¿Y eso?
—Por tu esfuerzo.
Harry le dedicó una sonrisa. —No es recompensa suficiente, creo que necesitó que lo vuelvas a hacer.
—¿Ah sí?
—Sí.
Se preparó para volver a besar su cara, pero en el último minuto su beso cayó sobre la boca de Harry, cuando éste se giró con toda la intención. Ella se aturdió un poco separándose ligeramente, pero él la atrajo nuevamente por la nuca. Sus labios le parecían la mejor de las golosinas, tenían el sabor exacto para embriagarlo y someterlo a sus deseos.
—Gracias.
—¿Eh?
—Sinceramente Hermione, ¿crees qué Ron y yo hubiéramos llegado tan lejos sin ti?
—Lo hubieran hecho, estoy segura.
—No te quites crédito, nuestras vidas hubieran sido muy distintas.
—La mía también, ustedes pueden ser un poco cavernícolas, pero son los mejores amigos.
Él rio, no se consideraba un cavernícola, pero bien podía recordar algunos de los momentos en los que ambos se habían comportado como unos con ella. Tomó su mano colocándola sobre su pecho. —¿Lo sientes?
—Harry…
—Ese es el sonido de mi vida, gracias a ti mis días tienen sentido —reveló rosando nuevamente sus labios.
Hermione se conmovió hasta los huesos, su corazón se llenó de calidez.
—Vamos, quiero acompañarte a la casa, te ayudaré a cargar los libros que compres en la librería.
—No soy débil.
—Lo sé, tu puño puede ser como una roca.
—¡Claro que no!
—Pregúntale a Malfoy…
*º*º*º
Sirius entró pasada la medianoche a la mansión, estaba por irse a su habitación cuando vio la luz prendida de la cocina, a esa hora ningún elfo debía estar ahí, por lo que dedujo que se trataba de Harry o Hermione y sabiendo lo que sabía apostaba por Hermione.
—¿No deberías estar durmiendo?
Hermione se sobresaltó. —Ahhh… eso. —Soltó su taza de té, dispuesta a volver a la cama.
—¿No están Harry y tú pasando la noche juntos? —inquirió casualmente, mirándola de reojo mientras se servía un vaso de agua.
La sombra del sonrojo cubrió su rostro, sabía que era inútil negarlo, vivían en la misma casa, era casi imposible que no se diera cuenta, pero no dejaba de ser un poco vergonzoso.
—Interpretaré tu silencio.
Fijo sus ojos en él notando su sonrisa picara, no podía creer que siempre terminaba envuelta en esas platicas.
—¿Tan malo es dormir con él?
—¡Sirius!
Black soltó una franca carcajada. —Me refería a sus ronquidos —aclaró pero ya era tarde, ella estaba a punto de morir de pena, estaba tan roja que le causaba mayor gracia.
—Buenas noches —agregó refunfuñando. Caminó hasta el lavaplatos dejando su taza, dispuesta a irse de ahí.
—Espera, quiero hablar contigo.
—¿Sobre qué? —inquirió desconfiada.
Él palmeó el banco dónde había estado sentada. Hermione exhaló y regresó sobre sus pasos de pantuflas al lugar. Algo en el cambió de expresión de Sirius la alerto, la platica ahora no sería agradable.
—¿Cuándo es qué piensas decirle a Harry, pequeña? —inquirió sin rodeos, sentándose a su lado.
Ella sintió un tirón en su estómago, cerró los ojos por un momento, acrecentando su malestar. Quién sabe cuántas veces abrió sus labios intentando responderle al hombre, pero fue finalmente después de un profundo respiró que lo hizo:
—Lo he intentado, en serio… es sólo que cada vez que estoy a punto de hacerlo, es como si me quedará en blanco, nada sale de mi boca, me paralizo —explicó atormentada.
Sirius sintió dolor al verla así, era como observar una herida a abierta y sangrante. —Sólo cuéntale a Harry, lo necesitas y para qué él pueda apoyarte, debe saberlo.
—Lo sé —murmuró apoyando su cabeza en sus brazos cruzados sobre la mesa.
—Hazlo pronto, de ser posible en cuanto despierte, no gastes tu tiempo escondiéndolo más —aconsejó acariciando su cabello.
—He pensado en decírselo cuando la sanadora haya encontrado una cura, una esperanza real, algo… —comentó con frustración.
—Hermione deja que Harry te acompañe en este proceso, juntos el peso será menor.
A ella le costaba creer que sería tan sencillo, sólo podía imaginarse una escena llena de caos, aunque deseaba fervientemente que Harry la rescatara de este dolor, que la abrazara y le susurrara que todo iba a estar bien. Genial, ahora estaba llorosa y con su nariz goteando, era un desastre.
—Lo voy a hacer.
—Es lo mejor.
Ella lo miró agradecida cuando él limpió sus mejillas, esto de volver a Sirius su pañuelo de lágrimas se estaba volviendo un habito.
*º*º*º
La salida a Hogsmeade había llegado y Ginny lo agradecía a todos los magos, había tenido tiempos difíciles y merecía ese pedazo de cielo que era salir del castillo.
Acompañada de Vicky y Natalie llegó al pueblo, Luna en el último momento le había dicho que se encontrarían después, eso le había parecido misterioso y ni tiempo le había dado de interrogarla, pero mantendría sus ojos bien abiertos por si la veía en alguno de los lugares acompañada.
El ambiente era agradable y ruidoso, algo que era como música para Ginny, ese día sólo deseaba tener un buen rato.
—¿A dónde vamos primero?
—Vayamos por unas golosinas, estoy muriendo por comer unas —sugirió Vicky con la boca haciéndosele agua.
—Debes tener cuidado con tus dientes —murmuró Natalie, bien sabía que su amiga no era conocida por comer sólo unos pocas.
—¡Que va!, estarán bien… no creo que se me caigan por un poco de dulce.
—Si eso pasa siempre puedes acudir a Hermione, ella tiene padres dentistas… —comentó Ginny como si nada.
Sus dos amigas se detuvieron mirándola como si fuese algún tipo de criatura.
—¿Qué?
—Mencionaste a Hermione.
Fue entonces que cayó en cuento, era verdad, había hablado de ella, sin esfuerzo. Era ridículo que en ese momento lo hubiese dicho tan natural y ahora se sintiera incomoda.
—Si, bueno, vayamos ya a Honeydukes —espetó queriendo romper aquella tensión.
—Ginny deberías hablar con ella.
—Sí, arreglen las cosas, total tú sales con Malfoy, no tienes que seguir molesta eternamente porque ella lo haga con Harry. —Se atrevió a decir Natalie, mirándola con una ceja arqueada retándola a encontrarle el defecto a su lógica.
Ginevra puso una mueca y se abstuvo de comentar, no quería entrar en conflicto con sus amigas. Su situación con Hermione requería mucho más que salir ficticiamente con Malfoy. No es que la odiará, ¡por los duendes del jardín, que no se trataba de eso!, era algo más complejo y llevaría tiempo arreglar.
Necesitaba primero sanar, no sabía si iba por buen camino, pero se sentía mejor, no lloraba ya por él y veía de mejor manera la relación que él sostenía con Hermione.
Por ahora era lo mejor que podía hacer, ya tendría tiempo para enfrentarlo cuando se graduara.
—¿No eran esos Ryland y Hunt?, ¿desde cuándo están saliendo? —mencionó Vicky para distraerlas.
—No, no puede ser Ryland, ella estaba con ese chico Hufflepuff —repuso Ginny, siguiéndole la corriente.
Natalie no tuvo más que ceder, se relajó y miró hacia la pareja. —No es Hufflepuff es Ravenclaw, ¿no recuerdan que la vimos en el pasillo de…?
—Weasley.
Las tres chicas giraron sus cabezas ante aquella voz masculina, observando a un ex Slytherin. Sus caras debieron ser un poema, pues él torció su boca.
—Necesito hablar contigo… a solas —acotó, logrando que Ginny se recuperara de su impresión y lo mirara mal.
—No tengo nada que hablar contigo —cortó—. Vamos, chicas…
—Se trata de Draco —añadió, logrando que la pelirroja se detuviera y que sus ojos volvieran a él con la velocidad de una bala, pero esta vez había demasiadas preguntas en ellos.
—No te preocupes por nosotras —dijo Vicky con una diminuta sonrisa.
—Te veremos en las Tres Escobas.
Ginny trató de objetar, pero supo que era inútil. Sus amigas se alejaron rápidamente, dejándola con Blaise Zabinni, alguien del que no sabía qué esperar, pues no confiaba en él y francamente no comprendía por qué había venido a buscarla.
—Es mejor que nos movamos, aquí no podemos hablar.
—¿Y qué sugieres? ¿Ir a un lugar apartado? Por favor, no soy tan ingenua —puntualizó cruzando sus brazos.
Blaise ladeó su boca con diversión. —Nunca he creído que lo seas.
—Bien, habla de una buena vez.
—¿Aún te importa?
La cara de Ginny se volvió un signo de interrogación, deshizo su postura mirándolo como si fuera lo más idiota que había oído.
—¿Qué es esto?
—Relajate, puedes hablar cómodamente conmigo, supongo que no la has pasado bien con el destape de su relación, no creo que puedas hablar de él con tus amigos o tu familia…
—No se ni por qué te estoy escuchando, no necesito un confidente… y si lo hiciera ni siquiera estarías en mi lista. Hazme un favor y ¡esfúmate!
«Al diablo con él, yo no necesito saber nada del hurón.»
Con una barrida de sus ojos llena desprecio, comenzó a alejarse.
—Espera. —La siguió tomándola del codo.
—No intentes nada —respondió ella apuntándole con su varita—, suéltame ahora.
Blaise apreció su habilidad. —Hablemos entonces, ¿o quieres montar un espectáculo aquí?
—No me importaría.
—Oh vamos, Weasley, sé que quieres saber de él, escuche lo que hizo por ti en Hogwarts.
Ginevra fue bajando su varita y Blaise tomó aquello como una buena señal.
—Él dejó su casa, sus padres, está demasiado enojado para verlos…
—¿Los dejó?
—¿Por qué te sorprendes? Tú viste lo que sucedió ese día, ¿esperabas que las cosas se fuesen a arreglar?
—¿Él está bien? ¿Su padre…?
—Te contaré todo, ahora vamos a otro lugar…
Draco se sentía de lo más estúpido estando en ese pueblo. No debería haber vuelto y mucho menos para ver a esa, pero ahí estaba ¿y con qué se encontraba? A su amigo Blaise jugando al galante con su… con la pobretona.
Las líneas de tensión se adueñaron de su cara y la rabia corrió por él como gasolina encendiendo su cuerpo, pensaba que había sido claro con él. ¿Y ella por qué no estaba lanzándole su famoso mocomurciélago?
Se dio la vuelta dispuesto a largarse y fingir que jamás había estado ahí, pero no pudo avanzar, estaba pegado al suelo, no podía irse sin saber qué iba a pasar entre ellos.
—¿Draco?
Malfoy se puso rígido como una cuerda, había sido descubierto y negándose a responder, se obligó a avanzar rápidamente entre la gente, buscando perder a Blaise, pero este lo alcanzó girándolo de golpe.
—¿Qué?... Viniste a verla —dedujo sorprendido. Movió su cabeza negando mientras reía, debía de haberlo previsto.
—¿Qué estupidez estás diciendo? ¡Yo no he venido a ver a nadie! —exclamó defendiéndose, odiaba verse descubierto.
—¡Oh sí!, ¡joder Draco!, estas aquí por ella… por Weasley.
Ginny se había debatido si ir o no tras Zabinni cuando esté se había echado a andar después de haber murmurado una maldición junto al nombre de Malfoy, pero lo que no esperó fue ver en vivo al objeto de su odio de las últimas semanas.
—¡¿Qué?!
«¿Venir por mi? ¡No eso no puede ser!».
Blaise la vio con una sonrisa aumentando en sus labios. —Al parecer no voy a tener que ensuciarme las manos, ya que están aquí los dos… limen las asperezas.
—Idiota —gruñó Draco, propinándole un golpe. Caminó hacia la desconcertada pelirroja y la tomó de la muñeca tirando de ella, ya habían llamado suficiente la atención.
Zabinni profirió un improperio con la mano en su estómago. Ese maldito bien podía buscar otra forma de agradecerle, ya lo haría pagar por esto.
—¡Suéltame! ¡Ustedes están locos!
—Weasley no has dejado de ser ruidosa y molesta, ¿quieres bajar tu tono?
Un sonido de protesta escapó de los labios de Ginny. —Tú eres el más molesto, odioso, ruin y sinvergüenza que he conocido. Mira que presentarte aquí, después de todo lo que me hiciste pasar….
Draco se detuvo frente a la Casa de las Plumas, la soltó y se talló la sien con el dedo índice y corazón. Esto no era lo que él tenía pensado, se salía de su plan y ahora tenía que reorganizar todo para poner tener una plática medianamente civilizada con ella.
—Al menos di algo —exigió ceñuda. No podía sostener una pelea con él si sólo estaba ahí mudo. Había soñado con ese momento en que se encontraran y ella se cobrará todas las que le había jugado, pero esto no era lo que esperaba.
—¿Quieres qué todo el mundo se entere de esto?
Ginevra rodó sus ojos. —¡Por si no lo sabes, todo el mundo sabe de esto, hurón!
Malfoy estaba perdiendo la paciencia y ella no estaba ayudando con su actitud. —Si lo saben entonces esto no les será noticia —La tomó de los hombros y le plantó un beso que la tomó desprevenida, abrió los ojos ampliamente y antes de que pudiera reaccionar él ya se había alejado—. Mucho mejor —manifestó Draco complacido del silencio.
—Tú, tú…
—¿Si? —preguntó divertido con su tartamudeo.
—¡Deja de besarme cada vez que quieres!
Draco se pasó la mano por la frente, ¿cómo podía haberle terminado gustando alguien así? Bien, no estaba para autocuestionarse y analizarse en este momento, debía encargarse de esto, no podía simplemente seguir dando de que hablar en plena calle principal, debía controlarla.
—Weasley contrólate, si te gusta tener la iniciativa esta bien —comentó, tomándola de la cintura haciéndola avanzar.
—¿Qué? ¡Estás loco! —No podía estar más roja y más exasperada—. Tuve suficiente de ti. —Sacó su varita y le apuntó.
—Yo que tú no lo intentaría, traigo puesta una capa escudo, la encuentro muy útil… aunque no es mi estilo, parece un poco corriente, pero seguro sabes dónde las venden.
La pelirroja abrió la boca completamente. —¿Estás usando un invento de mis hermanos?
Draco respondió con un gesto indiferente. Ginevra dejó caer sus hombros, ¿en qué dimensión había caído? Su enojo se desinfló y se fue recargando en el escaparate.
«¿Qué es toda esta locura?».
—Hey, Weasley…
—Piérdete hurón.
Malfoy chasqueó su lengua, tenía que dejar de decirle así. La observó notando como se había apagado, ahora estaba poniéndose un poco pálida y suponía que no era buena señal.
—Vamos, necesitas tomar algo.
—¿Por qué haces esto? ¿Por qué viniste a verme? —preguntó desconcertada—. Tu juego se acabo, era todo una farsa.
Draco pasó sus ojos por ella, había cambiado un poco desde la subasta, ya no se veía como un alma en pena, podía decir que hasta se había puesto más guapa y Slytherin sabía que reconocerlo no le era sencillo.
Respiró largamente cómo si la respuesta le costase mucho, se pasó la mano por su cabello rubio sin gomina y enfrentó su mirada. —El juego terminó, pero la vida no —contestó y fue lo más sincero que pudo. No era una frase cursi, ni tampoco era una declaración de amor, simplemente era la conclusión a la que había llegado después de todo ese tiempo.
*º*º*º
Ron se había enterado por Neville de la salida a Hogsmeade, no había planeado nada con Luna, pero deseaba sorprenderla, había llevado consigo su pashmina. No tuvo que recorrer todo el pueblo para encontrarla, pensaba que estaría con su hermana pero definitivamente ella no estaba con Ginny, sino con Rolf Scamander y jamás pensó que se sentiría mal al verlos juntos. Él estómago se le revolvió tanto que sintió que escupiría babosas nuevamente.
Los vio sonreírse como si fueran más que amigos y él incluso la estaba tomando de la mano. Esto era suficiente para él, su enojó creció tanto que no se lo esperaba, pero no quiso detenerlo, ni tampoco se tomó un minuto para pensar acerca de esto. Se echó a andar y pronto estuvo junto a la pareja.
—Luna. —Su nombre salió en un gruñido que asustó a los chicos.
—Oh Ronald, no sabía que vendrías —mencionó Luna al reconocerlo, su alegría fue instantánea, casi fue como encender una serie navideña, toda ella cobró vida.
—Sí, al parecer estás ocupada con Rolf —señaló, sus ojos azules escupían rabia.
—Hey, Ron, ¿qué sucede? —preguntó el susodicho. Según recordaba se habían caído bien en su salida con Neville, ahora no entendía por qué venía a actuar así.
—Nada, sólo quería darle esto a Luna —refunfuñó sacando de su chamarra una caja.
Luna la tomó, pero su rostro había perdido emoción. Ron no estaba nada contento, era como si el toro de fuego se hubiese adueñado de él.
—Es mejor que me vaya, aquí salgo sobrando.
—Espera, Ron —pidió Luna avanzando unos pasos tras él, pero el pelirrojo no se detuvo.
—Déjalo ir, necesita calmarse.
Ella asintió poco convencida, su corazón se fue a los pies. Regresó su atención a la caja que le había dado, al levantar la tapa descubrió su pashmina, él la había guardado todo este tiempo…
—¿Estás bien? —cuestionó Rolf ahora mirándola con verdadera preocupación.
—Sí, tal vez las cosas van a empeorar antes de mejorar.
—¿Por qué dices eso? ¿Te refieres a Ron?
—Sí.
Rolf se rascó la cabeza, pensando en eso, llegando a una conclusión que le trajo un mal sabor de boca.
*º*º*º
Harry por fin tenía un respiro de todas las actividades que realizaba, era fin de semana, por lo cual podía dedicarlo a descansar, pasarla bien y que mejor que con Hermione, a Ron lo vería al día siguiente, habían quedado de reunirse con Neville, Seamus y Dean, en las Tres Escobas.
Salió de su habitación para ir a la de Hermione, habían quedado de ir al dar un paseo por el Callejón Diagon, pero ella se había demorado, algo que no era normal, así que había ido a buscarla.
Últimamente ella estaba muy rara, la había encontrado muchas veces sola con la mirada perdida o con los ojos llorosos, al principio había achacado esto al secuestro, pero se suponía que con las sesiones iba sintiéndose mejor… y cada vez que intentaba preguntarle, ella cambiaba el tema.
Entró a su cuarto después de llamar, topándose con Hermione sosteniendo un calendario. Nuevamente tenía esa expresión que hacia que él corazón de Harry se encogiera. Caminó hasta ella, abrazándola por detrás, observando los días que tenía marcados con un circulo, no necesito ponerle mucha cabeza, para saber que se trataba de la primera vez que habían tenido relaciones, así como los días en que debía llegar su regla.
La comprensión cayó como un rayo en él, dejándolo pasmado. Había dejado que ella se encargara de su protección, tomando una poción, pensaba que las cosas iban bien, pero podría ser que ésta no funcionara, ella debía estar preocupada por eso.
No habían estado juntos esos días, él había llegado a la casa muerto de cansancio y ella había estado estudiando hasta tarde, diciendo que necesitaba esforzarse más porque las pruebas estaban cerca, así que sólo habían dormido, por lo cuál no sabía si en verdad ella había tenido o no su periodo.
—Soy un idiota, debí preguntarte antes… —Se apartó de ella para poder verla de frente, ¡por Godric! No debería haber sido tan descuidado ni distraído—. ¿La poción funcionó?
Hermione bajó con su mano temblorosa el calendario, tragó en seco. Ni siquiera lo miró cuando habló: —Sí funcionó, no estoy embarazada, no te preocupes.
Harry resintió la forma en que ella se había dirigido hacía él, era como sí… —Espera, ¿no creerás que yo me hubiese enojado contigo si la situación fuera distinta?
—No importa, no es como si eso pudiera suceder. —Lo último lo dijo casi en un susurro, limpiándose una silenciosa lagrima.
Él la miró confuso, no estaba comprendiendo por qué ella estaba actuando tan fría y hosca. ¿Qué era eso de que no podía suceder?
—Hermione…
—Vamonos, se hace tarde —comentó sin ganas de seguir hablando de aquello, se acercó a la cama y tomó su bolso, pero antes de que pudiera colocar el aza en su hombro Harry la detuvo.
—¿Qué es lo que está pasando?, ¿qué es lo que te está molestando? Habla conmigo —pidió consternado.
—No me hagas decírtelo, por favor. Si lo hago… las cosas cambiaran…
—¿Qué?
—Sólo vamonos —murmuró con su voz estrangulada.
—No, ahora quiero saber de lo que estás hablando, ¿por qué las cosas cambiarían? —exigió sin soltarle el brazo.
Hermione cerró los ojos y dos gruesas lágrimas corrieron por sus mejillas. —Porque no vamos a poder tener hijos —confesó por fin y no se sintió mejor hacerlo, aún se sentía horrible estaba siendo devorada por un hoyo negro de desesperanza y destrucción. Aprovechó que Harry se encontraba entumecido para deslizarse lejos, quería esconderse, desaparecer…
—¿Qué… qué estás diciendo?
Esta no era la forma en que le hubiese gustado contarle todo, pero suponía qué no había forma adecuada para hablar de esto, pues en todo ese tiempo ella había estado devanándose los sesos para hallar un momento, las palabras, pero al final nunca encontraba el valor y de cualquier modo las cosas se habían dado así.
Harry estaba perdido, ciego ante la realidad, se acercó a ella tomándola de los brazos. —Explícame.
—Es una secuela del secuestro, lo que me hicieron… su magia fue más dañina de lo que se pensaba en un inicio…
Él la soltó asimilando la gravedad de sus palabras, el dolor que lo atravesó no tenía comparación. Soltó una maldición llena de rabia, coraje… pero sobre todo culpabilidad. Hermione no merecía esto, nunca debería haber salido herida.
La habitación se sacudió, su magia estaba agitándose debido a la fuerza de sus emociones. Tenía unas enormes ganas de matar a ese bastardo con sus propias manos, si lo hubiese sabido antes…
No, aún podía hacerlo.
Y con la mente nublada, armado con su varita y las ganas de vengarse, salió del cuarto.
Hermione tuvo miedo de lo que vio en la mirada de Harry, algo terrible. Aquello no estaba ni cerca de ser algo como lo que habían vivido por la magia oscura del relicario, esto iba más allá.
No podía dejarlo ir así, era peligroso y podía desencadenar una desgracia. Sabía bien a dónde iba y no iba a permitir que ese encuentro se diera.
—¡Harry, Harry...! —gritó llorosa, persiguiéndolo.
*º*º*º
Continuará…
