Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.
*º*º*º
Punto de quiebre.
Hermione no fue capaz de evitar que Harry abandonara la antigua casa y mucho menos que se desapareciera en el anochecer. En medio de aquel caos, mientras buscaba darle alcance, aún fue capaz de realizar un plan, necesitaba detenerlo a cómo diera lugar, así que convocó su patronus, mandando con urgencia un mensaje.
—¡Harry detente, por favor!
Él estaba tan ensimismado en su enojo que no alcanzaba a oír los ruegos desesperados de su novia. Lo único que tenía claro es que debía llegar a Azkaban y matar a Rookwood a como diera lugar. La magia chispeaba a su alrededor, dándole un aspecto tenebroso y él podía sentirla corriendo libre por su ser, sin ataduras de ninguna clase.
—¡Harry!
«¿Qué debo hacer? ¡Tengo que detenerlo ya!».
Y lo que cruzó por su mente no le era agradable, pero no tenía opción. Apuntó su varita hacia él, disparando varios encantamientos aturdidores, pero ninguno tuvo el efecto deseado, apenas fueron un cosquilleo para Harry.
—¡Demonios!
Él se detuvo apenas un instante, tomándola por sorpresa, se giró hacía ella con un semblante transformado en una máscara de odio. —Voy a vengarte —dijo con una frialdad que nunca antes lo había visto poseer.
Hermione tembló como una hoja al viento, observando a Harry desvanecerse.
«Ese no es Harry.»
No tenía dudas de ello, pero verlo tan perdido la partía en mil pedazos.
Su corazón parecía haber sido estrujado por una fuerza invisible, mantenerse respirando fue toda una hazaña.
—Él no va a cometer una estupidez.
Se repitió más de una vez, llenándose de valor como buena representante de Gryffindor. Sintiendo la madera de su varita presionar la piel de su mano fue en su búsqueda, confiando en que la ayuda estaba en camino.
*º*º*º
Sirius salió disparado del Ministerio apenas recibió el mensaje, no había llevado consigo a un escuadrón de aurores, no iba a correr el riesgo de que la información saliera a relucir, porque esto vendría a ser el hecho que necesitaban para asegurar que Harry era un peligro para la comunidad mágica y eso no iba a suceder.
Sin embargo, temía no poder ser suficiente para controlarlo, iba a necesitar otro par extra de manos, lamentablemente Remus estaba pasando por su transformación, era mal momento para llamar, sólo conseguiría preocuparlos. Así que pensó en alguien más y mandó un patronus con urgencia.
Llenó de incertidumbre y desesperación, inclinó su peso sobre su escoba, instándola a ir más rápido tenía que llegar a esa isla ya. Tenía una idea de lo que había rotó la estabilidad de Harry, Hermione debía haberle confesado ya su problema. Había sido un imbécil al creer que él podría manejarlo, así sin más.
«Harry, Harry, no vayas a hacer una tontería.»
—¡Maldición, más rápido!
*º*º*º
Ginny apenas llegó a Hogwarts fue en busca de un lugar calmado para despejar su mente. En Gryffindor, las cosas no iban a estar muy calmadas para ella, probablemente para esa hora, el chisme de que Draco había aparecido en Hogsmeade ya estaba en boca de sus compañeros y ahora no tenía las ganas para enfrentarse a eso, esperaría el último momento para escabullirse a su habitación y a su cama.
Se arrebujo en su capa en la vieja torre de Astrología, no tenía frío, pero la sensación erizada en su piel no desaparecía, de hecho no era lo único que no la había abandonado, estaba esa sensación de indigestión —porque quería creer que se trataba de eso— y aquella agitación en su pecho, era su corazón no lograba sosegarse como si hubiese sido sometido a una terapia de electrochoques, para revivirlo y ahora estaba tan lleno de vida, que la asustaba.
—Todo es culpa de ese… ¡aish!
Quejarse, tampoco estaba ayudándola.
Sacudió la cabeza cómo esperando que todo esto que giraba tan deprisa en su cabeza se esfumara, pero no funcionaba así.
*º*º*°
Ginevra lo estudió atentamente buscando alguna señal que le indicara que él mentía, pero ésta no había llegado, por muy difícil que fuese creerlo… Malfoy estaba siendo sincero.
—Debería matarte con mis propias manos y darle tus restos al calmar gigante…
Arrugó su cara en una mueca. —Ese es un pensamiento bastante oscuro Weasley, no es algo propio de un Gryffindor.
Puedo asegurarte que no soy la única en Gryffindor que lo ha pensado.
—¿Así qué piensan en mí?
—No trates de torcer las cosas.
Él enarcó su ceja con inocencia fingida. —No lo haría, puedo enlistarte a cada una de las de tu Casa que me escribió o regaló algo en San Valentín.
Ginevra estrechó sus ojos. —Fantoche de mier…
—Por si no lo has notado, ya no eres una niña… tienes que dejar ese lenguaje soez.
—Si no te gusta, puedes irte.
Draco sonrió de lado, disfrutando en verdad de la situación como nunca. —Ese es el problema Weasley, que me gusta —señaló dándole una connotación oscura que le puso los nervios de punta a Ginny.
—Idiota.
La sonrisa de él aumentó en su tamaño y encanto. —Guarda tu armadura, no te estoy atacando… al contrario.
—¿Cómo si yo pudiera creer algo así? Me has demostrado que no puedo confiar en ti, mira todo lo que sucedió sólo porque decidiste meterme en tu suciedad.
—¿Así fue? Yo tengo otra perspectiva de las cosas.
—Claro…
—Antes parecías interesada en hablar con Blaise —comentó buscando obtener un poco de información.
Ella ladeó su cara, no quería que él leyera su expresión. —Eso fue… no se trataba de eso.
—Él venía por ti, ese imbécil…
—¿Qué? ¡Ustedes son unos cavernícolas, no soy territorio de ninguno!... además él quería hablar de ti —calló, arrepintiéndose por lo último, es que no podía controlar su boca.
—Así que querías saber de mi —comentó complacido—, ¿y por qué no me buscaste?
Se removió en su asiento, incomoda con el giro de la conversación. —Otra vez estás haciendo eso, ¡no trasquiverses!
—¿Lo hago?
—¡Sí! —dijo completamente azorada, no le gustaba ser atrapada.
Draco le dio una pausa, tomando un poco de su bebida. Era todo un espectáculo en ese momento, con sus mejillas arreboladas y nerviosa, al parecer su autocontrol se estaba rompiendo, algo que a él le era familiar, aunque no le agradase.
Llegar ahí, había sido un paso que le había costado dar, pero ahora confirmaba que Potter ya no era el universo de Ginevra, estaba así por él.
La revolución que sintió en ese momento, fue algo completamente nuevo y alucinante.
Estando ahí y mirándola tan renuente a lo que sentía, entendió que los obstáculos no eran exactamente los prejuicios, la sociedad, sus familias, si no ellos mismos y su orgullo.
—Estoy en Francia.
Ella volvió a poner sus ojos en él, una «v» apareció entre sus cejas. —¿Dejaste tu casa y el país?
—¿Qué esperabas que hiciera después de lo que sucedió? ¿Enfrentarme nuevamente con mi padre?
Ginny apretó sus labios, no sabía muy bien qué responder a eso. Recordaba la discusión y lo que se habían dicho ahí, no era algo sencillo de resolver, eran ese tipo de cosas que no olvidabas fácil por la clase de heridas que dejaban. Un nudo se formó en la base de su estómago, al pensar todo lo que él debió pasar después, lo cual le hizo valorar más aun a su propia familia.
—¿Estás bien allá?
—Me va bien —repuso, sintiendo un regocijo—. En verdad estabas preocupada.
Ella quiso negarlo, pero sólo consiguió morder su lengua. —Eso fue porque tu padre…
—Fue por eso que me fui.
—¿Por qué planeaste algo así? Si querías irte, sólo debiste hacerlo… no crear ese juego retorcido.
—Una cosa llevó a otra, pero no importa ya.
¡Claro qué importa, destruiste mi vida!… ¡no tienes idea de la cantidad de problemas en los que me metiste, mis padres no me creen!
Él se recargo contra el respaldo de la silla, escuchándola recriminarle un sin fin de cosas. Sus mejillas comenzaron a tornarse rojas hasta el punto en que todo en ella era casi del mismo tono, lo cual era gracioso.
«Es sexy cuando se enoja, no debería estar calentándome porque es una quejica. ¡Maldición!».
—Ordené que no te molestarán —comentó dándole una entonación como si fuese realmente una acción que merecía ser reconocida y alabada.
—¡Pfff! Eso… ¿no escuchaste nada de lo que dije?
—Todo.
—¡Al menos, discúlpate!
—No debes preocuparte por eso.
Ginny sentía que estaba a nada de salirse de sus casillas. «¿En serio esta actuando así? ¿Qué podía esperar de él?».
—¿Y exactamente por qué no? —interrogó con chispas en los ojos, cruzándose de brazos.
—Te lo dije, el juego acabo.
—¿Y? ¿Qué se supone que deba entender de eso?
Él se limpió la garganta, le costaba exponer sus pensamientos con más claridad. —¿Acaso eres retardada? Yo me encargaré de todo.
Ginevra soltó un ruido irritación. —Él retardado aquí eres tú.
—¡Demonios! ¡No se te ocurre pensar que se volvió real!
Estaba a nada de soltar un montón de improperios que harían que le sangrasen los oídos a ese idiota estirado hurón, pero se quedó a medias cuando él se levantó de su lugar y fue al de ella con aquella elegancia que poseía, recargando su brazo izquierdo en el respaldo de la silla, mientras se inclinaba tomando su barbilla con su mano libre.
Ella apenas y reaccionó buscando alejarse, pero él no la dejó.
«¿Qué es esto?»
Electricidad. El corazón se le agitó al instante. Sus ojos helados fijos sobre los de ella parecían querer cazar su alma. Tuvo que parpadear, para romper aquella conexión intensa.
—Te gusto.
Abrió sus ojos tanto que sintió que iban a botar hacia la mesa, estaba anonadada.
—Te gustaron mis besos, aunque te empeñes en negarlo. Te preocupaste por mí, lo has demostrado. Has estado pensando en mí, mucho más de lo que quisieras, dejando a un lado al Cara-rajada y ahora estás así, temblando, por mí. Enfréntalo, así es como resultaron las cosas.
La soltó, volviendo a su asiento, como si no hubiese ido y solado aquella bomba.
A Ginevra le llevó unos momentos asimilar lo que había ocurrido, si pasó por todo tipo de colores fue poco. Una lucha de pensamientos y emociones había comenzado en su interior. Rechazaba totalmente lo que él le había dicho, pero parecía que la sangre no le llegaba con suficiente rapidez al cerebro pues no encontraba exactamente como refutarlo y por todos los cielos había logrado cimbrarla de pies a cabeza.
*º*º*º
Y después de eso sorprendentemente el mundo no se había acabado.
Él había roto el silencio hablando de sus planes, esperando que ella decidiera recuperar el habla y así había sido, pero no lo había hecho para contrarrestar su afirmación o para darle una respuesta.
Si era una cobarde porque tomó la oportunidad que le había dado de continuar la plática como si no hubiese pasado nada trascendental entre ellos, pero eso apenas había sido un respiro, porque después había llegado la hora de partir para él y la de regresar al castillo para ella.
Malfoy no se había andado por las ramas, la había besado y ella no lo había apartado, ni había montado una escena o lanzado un maleficio.
No tenía sentido, no debería y sin embargo no se había sentido mal.
¿Acaso había perdido la cabeza?
Se lamentó largamente, escondiendo su cabeza entre sus rodillas recogidas.
—No puede ser.
«Me gusta.»
Por eso es que se sentía así, ahora todo lo que antes la había atormentado porque era mentira se volvía realidad.
—¡Gran anotación! —Se dijo con evidente sarcasmo.
*º*º*º
Luna estaba sin apetito, sentada en la Sala común de Ravenclaw, sólo podía pensar en lo molesto que se había ido Ron y aunque la tarde no le había resultado mala al lado de Rolf, no había podido disfrutarla plenamente.
Echó el rostro hacia atrás contando una vez más las estrellas pintadas del techo. Tal vez le dolería la nuca más tarde, pero la ayudaba a serenarse y esclarecer sus pensamientos.
—¿Y si le escribo una carta?
Negó después de un rato de meditarlo, necesitaba darle espacio, confiaría en que la vida los volvería a poner en el mismo camino, dándole la oportunidad de confesarse. Faltaban unos meses para salir de Hogwarts, tal vez, entonces él estuviese mejor y pudiese verla con otros ojos.
Se levantó para ir a su cuarto, tomaría su bolso e iría a las cocinas por algo de comida para los thestrals. Entró a su habitación, sus compañeras aún no llegaban, seguro estaban en el Gran comedor, dejó sobre su cama la caja que le había dado Ron y fue a su baúl, rebuscándolo para dar con la bolsa, pero al hacer eso se topó con un viejo libro, pertenecía a su familia materna, había pasado de generación en generación.
Su padre la había dejado tenerlo antes de los 15, aconsejándole que tuviese cuidado con él. Un grimorio, no era cualquier libro y lo que contenía debía leerse con precaución. No todas las familias poseían uno, sólo las que su linaje era muy antiguo, algunos se habían perdido ya y otros se encontraban resguardados como un valioso tesoro.
Luna lo había encontrado interesante, aún había secciones que no había leído, principalmente aquellas que habían escrito su bisabuela hacia atrás, tal vez ahora que estaba por terminar su formación como bruja entendiera más sus viejas palabras y relatos.
Encontró su bolso y dejó el libro debajo de su almohada, para leerlo más tarde. Ahora sólo quería ir y pasar un rato con las criaturas, eso le haría bien.
*º*º*º
A Ronald el mensaje de Sirius lo tomó por sorpresa, había ido a tomar unas cervezas, pero ni siquiera logró pasar de la primera, por estar pensando en lo que había ocurrido con Luna y Rolf, apenas supo lo que decía —había parecido poseído por una extraña entidad—, su mente dejó atrás aquel incidente para concentrarse completamente en lo apremiante del problema.
No había perdido tiempo, había buscado la forma de llegar al lugar lo antes posible, pero no podía dejar de pensar que este era un gran problema y no lo veía sencillo de solucionar.
Se apareció en la costa, estaba a punto de volver a aparecerse en la isla que contenía Azkaban, pero él choque de unas luces y el sonido de una batalla, lo alertó. De inmediato supo que era ahí dónde debía ir, se acercó sigilosamente como le habían mostrado en la Academia. Ahora entendía porqué eran tan exigentes en que aprendieran a hacerlo bien, pero no era momento para halagar la educación que les daban.
Apenas se acercó se mantuvo tras unas rocas, notando con la mandíbula caída que era Hermione, la que estaba peleando contra Harry.
—¡Por las bolas del dragón!
Aquella escena fue como un fósforo junto a un galón de gasolina. No iba a permitir que Hermione saliera lastimada.
—¡Que carajos te pasa, Harry! —gritó mostrándose, apuntándole a su amigo, colocándose delante de Hermione— ¿Cómo te atreves a atacarla?
—¡Él no me esta atacando, soy yo la que lo esta haciendo! —aclaró, avanzando para colocarse a la par de él.
—¡No interfieran, voy a matarlo!
—¿A qué quiere matar? —preguntó desconcertado, mirándolo como si no creyese lo que estaba diciendo.
—Rookwood.
Soltó un gruñido mitad maldición. —¿Qué? —Regresó su mirada a Potter, la confusión había transformado su rostro pecoso.
—Si estuvieras en mi lugar harías lo mismo.
—¿De qué habla? ¿Es por…?
La fortaleza de Hermione pareció caer, haciéndola ver terriblemente miserable. —Sí.
—Pero pensé que lo estaba manejando…
—No es momento para esto, ayúdame a hacerlo entrar en razón.
Ron frunció su frente, algo le olía a poción podrida. No era tan tonto cómo para no darse cuenta que algo más grande estaba pasando entre ellos dos.
Harry no estaba para esto, quería y deseaba la muerte de ese ser, no mecería vivir ni un minuto más. Clavó sus ojos en la isla y se concentró en desaparecer, pero en el último momento Hermione le aplicó el embrujo para evitarlo.
—Harry, escúchame.
Los ojos esmeralda chispearon con ferocidad, su expresión oscurecida la hizo sufrir de un golpe de miedo inigualable, que estrujo todo su ser.
«Harry…».
Él no iba a convertirse en lo que Rookwood había dicho en el juicio, antes prefería morir que ver eso.
—No puedo dejarlo ir después de lo que te hizo.
—¡Escúchame bien, Harry Potter, tú no vas a ser un monstruo! —manifestó caminando hacia él con las lágrimas mojando su rostro.
—¿Hermione, estás loca? —gruñó Ronald, espantado por lo que pudiera suceder—. ¡Vuelve aquí!
—Sé lo que estoy haciendo.
La decisión de Harry pareció tambalearse cuando su novia se detuvo frente a la punta de su varita.
—Prefiero morir antes que verte convertido en un criminal. Así que decide. —No sabía de dónde había juntado fuerza para decir algo así, aunque después de un segundo lo supo, cuando aquellos ojos verdes la miraron con todo el amor que ella sabía que él sentía.
—Hermione.
—¿Me matarás, Harry?
—Jamás podría hacerlo —espetó destruido, su mano que sostenía la varita cayó—, pero no puedo perdonarlo, tiene que pagar…
Hermione le tomó el rostro con las manos, podía sentir toda aquella magia alrededor de él, pero no le iba a hacer daño.
—Si lo matas Harry, no serás mejor que él… cuando una victima mata, pasa a ser el asesino.
—¿Has olvidado, qué yo ya he matado? —contestó apartando sus manos de él.
Hermione sintió como su cuerpo se enfriaba. El dolor amenazaba con desgarrarla por dentro. No, no iba a perderlo… lo tomó de los brazos, deteniéndolo.
—No te atrevas a dejarme a fuera —aseveró con una ardiente cólera que la invadió por completo—. Lo que estas por hacer, no puede compararse con la muerte de Tom Ryddle.
—Tal vez sea así… pero eso no me va a detener.
Ella emitió un sonido de profunda frustración y sin pensarlo, lo golpeó con su puño cerrado, pero apenas logró tocarlo cuando su magia en una forma de protección la rechazó aventándola lejos, pero eso no la detuvo.
—¡Quieres volver a tus cabales! ¡Me estás haciendo daño con esto!
Ronald corrió para ayudarla, hincándose a su lado, mirando con gran furia a Harry. —¡Hermione no se merece esto!
—No Ron, espera… —pidió Hermione, cuando este trató de alejarse para ir contra su amigo.
—Pero…
—Él no lo ha hecho apropósito.
—Hermione, yo no quise… —pronunció Harry, dando un paso hacia ella, pero finalmente se detuvo, no quería lastimarla más. Sus brazos se tensaron como dos cuerdas conteniéndose. Jamás habría querido hacerlo… era sólo que es su mente no había cabida para el perdonar a Rookwood.
—Lo sé, pero tienes que detenerte.
—No puedo, hay algo en mi que no lo va a hacer —Se dio vuelta retomando su camino—. Perdóname.
—¡Harry, no!
Su grito rompió en la noche mientras él desaparecía.
*º*º*º
Draco de regresó en Francia, analizaba lo que había pasado en Hogsmeade en su habitación. Una sonrisa pilla crispó sus labios, al recordar las horas que había pasado con Ginevra Weasley.
Estaba como una cabra, ¿tenía eso sentido?
Por supuesto que no, pero lo mejor es que estaba solo y no tenía que dar ninguna explicación. Había hecho las paces con sus emociones, antes se había negado a hacerlo, pero finalmente la honestidad lo había hecho enfrentarse a sí mismo y eso no había sido un error.
Ahora veía con claridad lo que quería y le convenía.
*º*º*º
Después de haberle dicho lo que era obvio, había esperado que ella dijera algo, pero no había sucedido y no le extrañaba. Se necesitaba más que unos minutos para procesarlo, si a él le había costado a ella debía costarle más, no sólo por orgullo o prejuicios, sino porque venía arrastrando aquel tonto amor por San Potter, no debía ser sencillo darse cuenta que había llegado alguien más que podía llegar a gustarle tanto o más que él, probablemente fuese lo segundo.
—Sé que llevarás el equipo de Gryffindor a la final, debes entrenar fuerte. Es tú último año y seguro quieres llevarte el triunfo, el equipo de Hufflepuff es fuerte, pero seguro tu rival será Slytherin, eso es tan clásico…
—No lo es tanto —comentó, volviendo recobrando el habla.
—¿A no?
—No.
—Así que el kneazle no se comió tu lengua —señaló con una sonrisa que le alteraba el pulso a cualquiera.
Ginny volteó el rostro, haciendo una mueca. El calor volvió a teñir sus mejillas, por qué tenía que sentirse así justamente ahora, era terriblemente vergonzoso.
—No digas tonterías —repuso, apretando por debajo de la mesa sus manos, las sentía húmedas, señal de su evidente nerviosismo.
«¿Por qué no me puedo controlar?».
—¿Lo son? Verifica las jugadas ganadoras de los partidos finales, eso te dará una idea para planear una estrategia.
Bien, el consejo no era malo, pero no lo admitiría en voz alta. —Parece que si sabes de Quidditch.
—Estás frente a un jugador profesional de Quidditch —anunció adoptando una postura arrogante, mirándola de hiato en hiato esperando impresionarla.
—¡Por todos los hipogrifos, estás chiflado! ¿Tú jugador profesional?
—Piensa lo que quieras —afirmó irritado, no se suponía que ella estuviese burlándose de él.
—¿Es cierto?
—Da igual.
—¡Malfoy, no puedo creerlo! —dijo finalmente con asombro—, pero no lo entiendo, ¿por qué?
—¿Y por qué no? ¿A un ex mortifago no se le permite ser algo más? —profirió de mala talante, lanzándole una severa mirada que golpeó a Ginny como si hubiese sido un encantamiento de desarme.
—No dije eso, me refería a que puedes dedicarte a cualquier otra cosa y eres rico —dijo lo último incomoda, ¿había sonado tan superficial como ella creía?
—Es lo que quiero hacer.
—¿En verdad te gusta?
—No lo haría por otra cosa.
Ginny lo miró con otros ojos, ya no parecía estar tan recelosa como un gato acorralado.
—¿Has pensado lo que harás después de Hogwarts?
Se mordió su labio inferior, sin querer confesarle sus sueños. —He pensando algunas cosas.
Él pudo notar su inseguridad, puedo presionar pero en el último minuto no lo hizo, las cosas ya eran suficientemente tensas sin ello, tanto como patinar sobre una capa de hielo fina. Observó su reloj, sólo para darle un minuto, pero se dio cuenta que apenas estaba a tiempo para hacer unas cosas y tomar el traslador.
—¿Quieres algo más?
—No —replicó tajante—. ¿Te vas? —inquirió con escepticismo.
—Sí, no puedo quedarme en Londres.
—¿Por tus padres?
—Sí.
Ginevra botó aire de su boca, se encogió un poco y disparó lo que estaba pensando. —Deberías tratar de hablar con ellos.
—¿También tú…? —cuestionó con un gesto torcido.
—Sé que no debería estar opinando sobre esto, pero fuiste tú quién me enredo en todo este lío, así que desde ese punto me da derecho a decírtelo. No digo que vuelvas con ellos, sé que lo que pasó entre ustedes les llevará tiempo resolverlo, pero son tus padres.
Draco sintió la amargura subir por su garganta. —Lo que sea.
No insistió más, no tenía caso, si él quería ser un cabeza dura, bien por ella. Aunque ese pensamiento no llegó muy lejos, ella misma no era el mejor ejemplo de hija, ahora mismo no tenía la mejor comunicación con sus padres.
—Pagaré mi bebida.
—No, no lo harás.
—¿Crees qué no tengo dinero?
Realmente él dudaba que lo tuviese, ¿y quién lo culparía? Toda la vida lo había creído que era pobre y tal vez lo fuera, pero ahora sabía que su familia y su círculo social se habían equivocado en un montón de cosas, no quería seguir siendo así, quería ser capaz de ver la verdad y alejarla de la mierda de sus prejuicios… lejos de sus padres y esa asfixiante mansión, dónde había vivido momentos verdaderamente aterradores, aprendería a vivir de una forma distinta a su familia.
Sus ojos recorrieron a Ginny, tenía ese gesto de orgullo y su mirada brillaba retándolo a desmentirla. No, no iba a decir un comentario que la hiciera sentir insultada.
—Has lo que quieras.
Al menos en esto si había ganado, sonrió satisfecha por el pequeño triunfo. Salieron del lugar y ella caminó, esperando que él se alejará, aunque en el fondo sabía que no sería así y eso pareció desatar una bola de nervios en su panza.
—Bien... me voy.
Él la miró divertido, parecía tan torpe en ese momento, sus labios tiraron en una sonrisa maliciosa. Había muchas formas de terminar aquel surrealista encuentro, pero sólo podía pensar en una.
El círculo de sus brazos atrapó su figura jalándola hacia él.
—¡Por todos los hipogrifos no te vayas a atrever! —siseó la advertencia, pero ésta no parecía muy firme ni muy peligrosa.
La sonrisa de Draco creció volviéndose más irresistible. Sus ojos se encontraron mientras él acortaba la distancia, no fue un movimiento rápido, en realidad se estaba tomando su tiempo causando que la presión cardíaca de Ginny se elevará. Sabía lo que estaba haciendo, le estaba dando la oportunidad de alejarse, pero ella sólo estaba ahí como una muñeca, incapaz de moverse.
Y entonces sucedió, sus labios se unieron. No en un beso forzado o sorpresivo, fue de la clase real, tan real como la corriente eléctrica que los atravesó. Sus movimientos fueron como el roce de una pluma, nada avaricioso, más bien tentativo como si deseará aprender cómo es que debía besarla a ella. Ginny estaba en medio de un shock sorpresivo, no sabía muy bien qué hacer. Si respondía significaba que estaba de acuerdo y si no lo hacía… ¿se arrepentiría?
Él se tomó su tiempo, cómo si esperase que ella diera su brazo a torcer por completo y fue recompensado con ella devolviéndole el beso de forma medida, temerosa…
Malfoy sintió un jubilo inexplicable, ahí estaba lo que había estado deseando. La aceptación de Ginny Weasley, su rendición. Subió su mano por su espalda, hasta enredar sus dedos en su cabello rojo, disfrutando de aquel momento.
Ginny no sufría de falta de destreza en ese arte, por Merlín, había besado ya a tres chicos antes, no era una niña teniendo su primer beso, pero se sentía así con todo y las mariposas batiendo sus alas en su interior.
Entreabrió sus labios dejando escapar su aliento cortado y Draco supo aprovechar el momento, para profundizar el contacto, acariciando su lengua con suavidad dejando que fuese seduciéndola. Demonios, Ginny mentiría si no aceptaba que se estaba volviendo una masa de sensaciones.
Él pareció apiadarse de ella, sus bocas se alejaron, pero era tan consciente de él y del calor que provenía de su cuerpo, así como el propio. El sonrojo se disparó por toda su cara, más cuando sus miradas volvieron a unirse.
—Nada mal —Su voz sonó más ronca de lo normal, una sonrisa diabólica se asomó en sus labios—. Tendrás noticias mías.
La liberó lentamente como si no deseara poner distancia entre sus cuerpos, la miró largamente sin decir nada más y poco después se perdió entre la gente.
*º*º*º
Se recostó en su cama con los brazos cruzados detrás de su cabeza.
Ni siquiera se pudo dejar ir a la sensación de ligereza que estaba experimentando y todo debido al águila que se agitaba en la ventana con una carta atada a su pata. La sangre se le heló y por un momento incluso sintió pánico, pero éste se disipó después de unos minutos.
Sus padres debían haberse enterado ya de su visita a Londres o quizás de su decisión de ser jugador o tal vez de ambas. Fuese como fuese no estaba interesado en leer sus palabras, no iba a permitir que interfieran en sus decisiones.
Fue hasta el ave, le quitó la carta y la ahuyentó con un gesto.
—No escribiré una respuesta.
Cerró la ventana lo suficientemente fuerte como para hacer retumbar los vidrios. Observó la carta unos breves instantes, sintiendo un fuerte dolor como si hubiese siendo presa de una maldición quita entrañas.
No, no quería otra vez esa mierda en su vida, estaba libre de eso.
No lo pensó dos veces antes de aventar la carta al fuego de la chimenea, observando con una mirada fúnebre como era consumida, perdiéndose para siempre las palabras que contenía.
*º*º*º
Canuto al llegar a Azkaban se había encargado de los guardias. Aguardó en la entrada de la construcción observando todo con ojos de águila, la angustia lo calaba como el frío más helado, no podía creer que se encontraba perdiendo la compostura y cuando estaba a punto de desquiciarse por completo, recibió el patronus de Ron, informándole la nueva situación.
Sus sentidos se agudizaron, Harry debía ya estar en la isla. Encontrarlo no fue tan complicado, pues él no estaba ocultándose iba directo hacia él o más bien a la entrada. Se le veía realmente fatal, desencajado, fuera de sí…
«¿Cómo voy a hacerlo razonar?».
Se enfrentaba a una misión sin una respuesta clara, pero no podía simplemente hacerse a un lado, tenía que pensar rápido una solución.
—Harry para esto.
—No puedo. No lo entiendes, Sirius… es algo que debo hacer.
—No, no es así, Harry.
Potter no tenía ninguna intensión de explicar sus acciones, siguió avanzando hasta que estuvo a un metro de distancia.
—Hazte a un lado, Sirius.
—¡Jamás! ¡Tienes que recapacitar! —pidió caminando lentamente hacia él—. Piensa en Hermione.
—Es por ella que lo hago.
Sirius soltó un sonido burdo, una mueca se deslizó por sus labios. —¿Por ella? No… no te engañes. Si estuvieras pensando en ella sabrías cuánto daño le estás haciendo con esto, si pensarás en ella, la antepondrías a tus decisiones, te preocuparías por ella, estarías a su lado, ayudándola… no Harry, no eres tú el que más esta sufriendo, es ella y no te estás dando cuenta cuán rota esta y la forma tan desesperada en que esta tratando de mantenerse unida por ti, porque teme perderte, porque no quería hacerte sufrir…
Harry se sintió como si hubiese sido molido por dentro, todo se sacudió a su alrededor o tal vez era él, probablemente su magia lo mataría antes de que aquel terrible dolor que arañaba su corazón lo hiciera.
¿Cuándo se había vuelto una maldita bomba de tiempo?
—¡Rookwood! —El nombre de aquel bastardo salió de él como un gruñido bárbaro que nada podría haberle envidiado al de un vikingo yendo a luchar a muerte.
—¡Harry contrólate!
Probablemente no iba a necesitar su varita para matar a Augustus con toda su magia haciendo caos en la isla, los iba a llevar al fondo del mar.
—¡Desmaius! —El rayo de luz azul saliendo de la varita de Sirius cayó sobre Harry, pero nada sucedió, su hechizo fue repelido.
Harry tenía la mente nublada de odio y dolor, dos emociones sumamente fuertes y eran estás las que lo mantenían de pie, intentó avanzar hacia la entrada de Azkaban pero no logró dar ni un solo paso, unos brazos lo envolvieron tirando de él hacia atrás, quedando pegado a una figura que él conocía muy bien. No era la primera vez que estaban así, habían existido otras ocasiones, pero ninguna tan amarga como ésta.
—Por favor, no nos destruyas —Hermione hundió su cara entre sus omoplatos, la podía sentir temblar llorando detrás de él—. Te necesito conmigo.
Se sintió como si fuera arrastrado por un tornado, quería pedirle que lo soltara, pero a la vez sabía que era la única que podía mantenerlo atado a la realidad, a lo correcto, a la lucidez, a la luz…
—Quédate conmigo, por favor.
Se maldijo al escucharla decir eso.
El sonido de un rayo retumbo por todo el lugar, una tormenta estaba por desatarse.
—No puedo detenerme…
—Sí puedes, yo… confío en ti.
Sus palabras se clavaron en él como una espada directo en su corazón.
Ella siempre sabía como llegar a él, aún en los peores momentos. Harry alzó el rostro al cielo sintiendo un par de gotas de lluvia caer sobre su frente, rodando por su cara combinándose con su dolor hecho lagrimas.
—¡Hermione aléjate! —pidió Ron con desesperación, aquello aún estaba lejos de estar bajo control, la magia de Harry aún estaba haciendo que la tierra se estremeciera y ella podía salir dañada si permanecía a su lado.
—No lo haré —Restregó su rostro contra la espalda de Harry, apretando su agarre.
—Harry, necesito que me entregues tu varita —mencionó Sirius caminando cauteloso hacia él.
Los guardias habían rodeando a Harry negándose a seguir las ordenes de su superior, no podían continuar sin hacer nada mientras el lugar se estaba sacudiendo, todos corrían peligro. Si esto se iba a mayores seguro terminarían en el fondo del mar, eso en el mejor de los casos.
El ambiente se volvió insoportable, se respiraba la tensión, el peligro de que se desatará un combate.
—¡¿Qué diablos están haciendo?!
—¡Jefe debemos detenerlo!
—¡Expellirmus! —Lo invocó uno de los guardias, una luz roja resplandeció escapando de la varita del mago, pero nunca llegó a pegarle a Harry, pues su magia rechazó el ataque, era como una cerca eléctrica, un blindaje.
—¡Incarcerus! —Gruesas cuerdas salieron volando por los aires con la intención de apresar a Harry, pero nunca llegaron a tocarlo.
—¡No ataquen! —ordenó Sirius, anteponiéndose en la mira de los guardias.
—¡Es peligroso!
—¡Va a matarnos!
—¡Esta fuera de si, ¿acaso quiere que nos mate?!
Harry levantó sus ojos oscurecidos, sus gafas se encontraban parcialmente estrelladas, pero eso no evitaba que sus opositores no vieran lo que mostraban.
¿Cómo se atrevían a atacarlo con Hermione pegada a él?
Ella podría haber salido herida y una vez más por su culpa.
Hermione tomó su mano que contenía su varita, previendo lo que podía pasar. —Basta, por favor… él no les hará daño.
Potter sintió el roce de su mano, su suavidad envolviéndolo. Se había dicho que la haría feliz y ahora sólo le estaba causado pesar.
«¿Qué estoy haciendo?».
—¡No podemos confiar en eso, debemos detenerlo!
—Antes de que lleguen a él, tendrán que pasar sobre mi —profirió Sirius con una seriedad que no lo caracterizaba.
—Tenemos que procurar la seguridad de todos.
—Si debemos pasar por usted…
—No lo entienden, si lo atacan en verdad se saldrá de control…
—¡Esta loco, ¿acaso no ve?! ¡Él ya esta fuera de control! —Y sin más por decir, dirigió su varita hacia Harry, rodeándolo con un circulo de fuego.
Ron se vio en medio de una batalla distinta, ¿de qué lado debía ponerse? Estaba a segundos de también cometer una estupidez, odiaba ver a Hermione corriendo ese peligro por Harry, su amigo, pero no podía simplemente ignorar eso.
—Finite…
Todo pasó muy rápido los ataques de los guardias se intensificaron, Ron como Sirius los combatieron en conjunción con Harry, lo cual provocó un choque de magia espectacular, la explosión que la secundo hizo sacudir la isla, causando derrumbes en algunas partes de la prisión.
La nube de tierra se extendió por varios metros a la redonda y el agua del mar se arrastraba con rapidez hacia el espacio vacío de tierra. Aturdidos y golpeados como se encontraban por el efecto de la onda expansiva, no sabían lo que había ocurrido con Harry o Hermione.
—¡Harry! —gritó Sirius, levantándose con torpeza cojeando hacia la dirección dónde lo había visto por última vez.
Ron lo siguió andando a gatas antes de lograr levantarse e ir, su desesperación fue en aumento al no localizarlos. El corazón le rebotó con horror, no podían haber perdido la vida ahí.
No, no…
—Pero ¿qué…?
—¿Dón…dónde están?
—¡Demonios!
—¿No... están muertos?
—¡Qué idiotez estás diciendo! ¡No, ellos no están muertos! —reprendió Sirius a Ron en un ladrido.
No podían estarlo.
Hermione creyó estar nadando en un limbo, volver a la conciencia le llevó un poco de tiempo.
«¿Qué fue lo que pasó? ¿Dónde me encuentro?».
Parpadeó varias veces en la oscuridad, tratando de adaptarse y reconocer su entorno. Estaba en una extensión de tierra sin nada, a varios metros de distancia había unas casas, quizás ahí podrían auxiliarla, la cabeza le dolía un infierno, la cadena de recuerdos la bombardeó y fue volver a caer en el infierno.
—¡Harry! ¡Harry! —Buscó a su alrededor aún semi recostada en aquel terreno. ¡Que desesperación sentía en ese momento, esa angustia que ardía en su interior! ¿Dónde demonios estaba su varita?
Se quedó paralizada al verlo, estaba hincado con la cabeza caída, pero la energía que emanaba aún era fuerte.
—Harry —Su voz sonó débil, pero fue lo suficiente para atraer la atención de él.
Él alzó su cara, logrando que sus miradas se encontraran.
—Lo odio, quiero matarlo…
Hermione reaccionó de su letargo, él la necesitaba y ella a él. Lo entendía completamente, pero no podían dejarse llevar por esos deseos, eso no los haría sentirse mejor, ni repararía su dolor. —Lo sé, pero no lo hiciste —señaló intentando llegar a él, pero su cuerpo no parecía responderle con la facilidad y la velocidad que deseaba, lo sentía pesado y doliente.
—Aún quiero hacerlo… soy peligroso, no se si podré controlar esto —espetó con terror, observando su mano que sostenía su varita que parecía no poder canalizar por más tiempo su magia sin romperse.
—¡Harry Potter, escúchame bien! —gritó molesta posando sus manos en él— ¡Tú no eres peligroso, sólo eres humano!
—No puedo quedarme junto a ti… te haré daño, yo… necesito… irme.
—¿Qué? No, no lo harás… tienes que poder controlarlo, buscaremos ayuda.
—Necesito hacerlo sólo.
—No, iré contigo.
Él se quedó callado, aún recordaba cuando había escuchado esas mismas palabras durante la batalla, ¡cuán incondicional era el amor de Hermione por él! Tal vez su amor por él era mayor, pero eso no quería decir que él no la amaba con todas sus fuerzas.
—Volveré —prometió, alejándola de él.
Hermione trató de detenerlo y aferrarse a él con su vida, pero Harry no se lo permitió y en apenas un pestaño desapareció frente a ella, dejándola conmocionada y desolada como nunca antes. Buscó darle rastro, pero esta vez Harry en verdad cubrió su ruta.
La había dejado con el terrible temor de no saber que sucedería con él partiéndole el alma.
*º*º*
Al principio Augustus Rookwood no sabía lo que estaba ocurriendo, pero aquel sismo y el rápido traslado de los guardias por los pasillos, le confirmó que no era algo pequeño. Su mente aguda pronto logró hilar una deducción. Esto no se trataba de un evento natural de la isla, los vellos de sus brazos se le erizaron seguidos de un fuerte estremecimiento.
—Magia —murmuró intrigado. Se levantó del camastro yendo a la pared que daba al exterior, había una ventana en la parte alta con barrotes, no era muy grande, pero dejaba entrar la luz lo suficiente para poder ver.
«¿Qué son todos esos gritos?».
Su frente se arrugó, concentrándose en obtener algo que le diera claridad.
Esas voces, esa energía… y luego su nombre retumbo por todo el lugar.
Clic. Todo comenzó a tener sentido.
«Potter ha venido a matarme.»
El miedo lo hizo experimentar una horrenda sensación, tan espinosa y fría como estar en lo más alto de una montaña sin protección alguna contra la fuerza de la naturaleza.
Los pensamientos en su cabeza parecían querer volar a la velocidad de la luz.
No, Potter no podría hacerlo... aún tenía demasiada consciencia y personas que le importaban, aunque lo último que había visto de él, era lo que le provocaba ese escalofrío en los huesos.
Sus sentidos se agudizaron, los gritos volvieron, más personas, caos… la prisión se sacudió con tal fuerza que no alcanzó a sostenerse y terminó cayendo estrepitosamente, golpeándose contra el suelo.
Por un instante no supo lo que ocurrió, pero la prisión parecía estar más ruidosa que nunca.
Lamentos, exclamaciones desesperadas.
Él hizo un rápido chequeó de si mismo, no parecía estar herido, no más de lo que ya estaba, tal vez no lo aparentaba, pero los sanadores le habían dicho que su cuerpo había recibido demasiado daño a lo largo de su vida y la última gota de salud se había ido con la última batalla en la que había estado. La medimagia sólo controlaría el dolor que se iría presentando con mayor intensidad y nada más, él tenía ya una fecha de extensión marcada.
No era algo que no supiera, siempre había conocido las consecuencias de las peleas mágicas, los alcances de la magia, lo que era curable y lo que dejaría un profundo mal en su cuerpo.
Algunos pensarían que se sentía derrotado, ahí encerrado, sin posibilidad de salir, pero él sólo lo veía como una pausa, un descanso para recobrar fuerzas. Tarde o temprano escaparía, sus planes sólo se habían retrasado, no acabado. Él no moriría ahí, no estaba sólo aún, nunca había sido de los que apostaba todo en un solo lugar.
Se incorporó sosteniéndose de la pared, algunas piedras caían del techo, ciertas fracturas se había creado, pero no eran lo suficientemente amplias para dejarlo huir.
—¡Maldición! Si tan sólo hubiera otra explosión, pero con todo ese ruido, no podía oír lo que pasaba en el exterior.
¿Potter habría entrado en la prisión?
No podía volverse loco por la duda, tenía que mantener la cabeza fría.
No dejarían que el Gran Potter matará.
Se obligó a mantenerse calmado, esperando oír algo que le diera una pauta de cómo estaba la situación y sucedió.
—Rápido, rápido… revisen todas las celdas.
—¡Quiero el estatus de la situación, ningún prisionero debe escapar! —Esa había sido la voz de Sirius Black, no tenía dudas.
Y no estaba dando ningún aviso sobre Potter.
Estaba a salvo.
Él alivió le llegó como un golpe de aire puro, una sonrisa maliciosa le cubrió los labios.
Aún no terminaba.
*º*º*º
Ronald se fue de la isla apenas la situación se lo permitió. Algunas guardias habían salido lesionados y no conocía toda la situación de los heridos en Azkaban, se había ido antes de que los aurores —que había solicitado Sirius al ver que no podrían ellos solos controlar la situación y recorrer toda la prisión— terminaran de hacer un listado de heridos, con ellos habían ido un par de trabajadores de la enfermería del Ministerio, los cuales ya estaban atendiendo los casos por orden de prioridad.
Los guardias no podían hablar de lo que había pasado ahí, a menos que fuese con sus superiores, era parte de su trabajo y su contrato de confiabilidad, aunque no estaban de acuerdo, no después de lo que había pasado, pero Sirius les había dicho en primer lugar que no se inmiscuyeran y ellos lo habían desobedecido, cayendo en el desacato, lo que había vuelto la situación más grave.
Sería el Ministro el que se encargaría de resolver esto y si él lo creía prudente los llevaría frente al Wizengamot. Ron aún estaba perturbado por el giro tan drástico que habían dado las cosas. Por más que quería entender lo que había pasado sentía que algo se le estaba escapando… Sirius ni siquiera había tenido un momento para explicarle y él tampoco lo había esperado, necesitaba encontrarlos.
Aferrarse a la idea de que estaban vivos era lo único que hacía que siguiera en pie.
«¿Dónde pueden estar?»
Podía ser amigo de ambos y conocerlos a fondo, pero en ese instante estaba bajo gran estrés y apenas podía pensar en lugares.
Si tan sólo tuviera una señal…
Una nube de vapor apenas visible lo rodeó, haciendo que se detuviera en su apresurada marcha hacia Grimmauld place.
—¿Un patronus? —No sabía definir si lo era, porque aquello no tenía ni pies ni cabeza, pero apenas soltó el mensaje que portaba supo que lo era.
Un gran alivió se coló en su cuerpo, seguido de una gran preocupación.
Estaban vivos, pero ¿en qué estado? No entendía nada, pero nada bueno pronosticaba el estado de ese patronus.
¿Y el mensaje? Una dirección en el Valle de Godric y nada más.
Aquellas noticias le daban muy mala espina.
Si ellos habían ido parar a aquel lugar no debía ser nada bueno, había demasiados hechos tristes ahí para Harry y eso no lo ayudaría a recuperar el control de sus emociones, ni de su magia.
—Joder…
El corazón le dio un vuelco, tenía que llegar ahí cuantos antes.
*º*º*º
Una mujer de mediana edad, empujó el cuerpo de Hermione hacia abajo nuevamente, a pesar de su resistencia.
—Debo buscar a Harry…
—Schhh, tienes que tranquilizarte —comentó con una voz autoría, pero no agresiva.
—No lo entienden.
—Estás herida, tienes que ir a St. Mungo —añadió un chico hincado a su lado—. Debemos llevarla —murmuró hacia su madre con evidente preocupación.
—Una aparición podría ser perjudicante en el estado en que se encuentra —musitó dudosa, debían optar por una opción más segura—. Ve por el sanador Darragh, él sabrá que hacer.
—Sí.
Nicholas se fue de su lado con tal rapidez que Grace apenas pudo seguirlo entre la oscuridad del terreno.
—Harry…
«¿Quién será ese chico que busca?».
Le apartó el cabello de la cara, había algo en ella que la hacía pensar que se habían conocido antes o que al menos la había visto, pero no sabía de dónde.
—Puedes darme un poco más de información, ¿cómo llegaste aquí?, ¿cuál es tu nombre?, ¿él de tu amigo?
Grace y su hijo habían salido a caminar con su *crup, no siempre tomaban la misma ruta y esta vez habían decidido ir por el lado dónde se encontraban menos construcciones. Cuál fue su sorpresa al encontrar a esta chica en medio de aquel terreno, confundida, llorosa y con aquellas lesiones.
No sabían qué podía haberle ocurrido, pero no habían dudado en ayudarla, aunque ésta se resistiera a serlo.
Hermione sólo quería irse, le importaba un pelo de unicornio ir a St. Mungo, debía ir a buscar a Harry, no entendía cómo es qué Ron estaba tardando tanto.
—Estoy bien, les agradezco su ayuda, pero en serio necesita dejarme levantar —manifestó con enojo, buscando liberarse del agarre de la señora.
—¡Hermione!
La conocida voz de Ronald, la hizo detenerse, los ojos se le inundaron de agua. —¡Ron! ¡Ron!
—¿Así te llamas? ¿Lo conoces?
—Sí.
Ronald con varita en mano, iluminando el lugar, sintió que el alma le volvió al cuerpo cuando obtuvo una respuesta. Corrió hasta ahí sin parar, observando con los ojos enrojecidos a su amiga.
—Pensé… —Sentía la garganta cerrada, ni siquiera podía decirlo, se pasó el brazo por el rostro borrando el rastro de lagrimas. Se acercó a ella y Hermione no dudo en sostenerse de él, Ron la levantó mientras la abrazaba con los brazos temblorosos por el cruce de emociones.
—¿Puede decirnos que fue lo que sucedió? ¿Por qué esta ella aquí?
Él posó su atención por primera vez en la mujer.
¿Qué podía decir?
—Tenemos que irnos… Harry, él…
Weasley deslizó su mirada por el lugar con un vacío creciendo en sus estómago no sabía lo que encontraría y por cómo estaba Hermione temía lo peor.
«Merlín, por favor, no.»
Carajos.
Sintió como si un hoyo negro fuese a tragárselo. Una vez más volvía a experimentar a aquel dolor que calcinaba todo en su interior.
—¿E-está muerto?
—¡No!, ¿cómo puedes pensar eso? —exhaló en un jadeo, alejándose de él.
—Mamá, el sanador Darragh esta aquí.
—¿Qué fue lo que pasó? —cuestionó el hombre apresurándose a llegar.
—No sé lo que les ocurrió, pero véalo usted mismo —indicó Grace, extendiendo sus brazos hacia los chicos.
—¿Qué les sucedió?
—No podemos hacer esto ahora, ¡tenemos que buscar a Harry! —expresó con desesperación.
—¿Buscarlo? ¿Acaso…? ¿Lo sabe Sirius?
—Sí, lo sabe, pero no creo que haya ido ahí... debe estar en otro lugar —indicó moviendo sus manos para darle énfasis a sus palabras.
—Señorita esta demasiado alterada, permítame revisarla al menos —aseveró el sanador, acercándose más a ella, extendiendo su mano buscando ganarse su confianza.
—No, lo siento, debo irme…
Ron sabía que Hermione no iba acceder, pero su estado le preocupaba.
—Yo lo buscaré, puedes quedarte aquí…
—¡No! Basta… tengo que irme. —Como pudo se movió entre el terreno, su cuerpo podía estar maltrecho, pero su amor no y éste la mantendría en pie, no sabía por cuanto tiempo pero hasta el último segundo buscaría a Harry.
—Hermione, espera… —Ron fue tras ella sosteniéndola de los hombros cuando tropezó.
Los pobladores los miraron alejarse, tal vez podrían haber hecho más, pero esos chicos parecían sólo querer irse a buscar a alguien más.
—¿Creen que debamos avisar a los aurores?
—Yo me encargaré —anunció el sanador—, es probable que esos chicos terminen en St. Mungo, alguien tendrá que revisarlos.
—Sólo espero que puedan resolver sus problemas.
—Tal vez debimos ofrecernos para ayudarlos a buscar a esa persona —indicó Nicholas.
—No lo sé, ellos no parecían querer hablar de ellos y así es muy difícil ayudar —respondió su madre, dando un largo suspiro.
—Y de cualquier forma no sabemos en lo que estaban metidos.
*º*º*º
Ron y Hermione buscaron a Harry sin descanso, fueron a Hosgmeade, el Callejón Diagon, La Madriguera, todos los lugares que pasaron por su mente, el amanecer los alcanzó en el Bosque de Dean. Se habían mantenido en estrecha comunicación con Sirius, a través de los patronus que Ron se encargaba de hacer, Hermione había acabado molida, no podía sostenerse en pie más, pero aún así se resistía a ceder al cansancio, pero no era una super mujer, su cuerpo colapso cuando estaban por aparecerse en otro lugar. Ron la cargó en sus brazos llevándola finalmente a St. Mungo y a pesar de que él también necesitaba ser atendido, salió para continuar su búsqueda.
Los Weasley al igual que Tonks se habían unido a ellos, pero ninguno había tenido suerte. La única buena noticia, si es que se podía considerar así, era que no habían escuchado de ningún incidente en otro lugar, lo cual quería decir que a dónde sea que hubiese ido Harry no habían ocurrido una desgracia.
El Ministro había llegado a Azkaban, para ver el estado de la situación y tomar medidas, pero no era algo tan sencillo, ni que pudiese resolverse en un par de horas. Harry se había metido en un gran problema; Sirius lo sabía y a pesar de que quería salir a buscar a su ahijado, no podía dejar votada aquella situación, la cual era parte de su responsabilidad como Jefe del Departamento de Aurores y Harry necesitaba un aliado ahí, alguien que lo defendiese aún cuando todo lo señalara como culpable y para ello él se había visto obligado a contarle el secreto de Hermione, el cual había detonado la furia de Harry y su perdida de control.
Kingsley era un hombre justo que había tomado en sus manos una comunidad mágica hecha pedazos. El camino a la recuperación no había sido sencillo, los obstáculos no habían sido menos conforme pasaba el tiempo, muchas veces había deseado dejar su puesto y retirarse a una vida más calmada, pero nunca había tenido el valor de hacerlo, no cuando había tanto por hacer.
Él conocía lo que le había tocado vivir a Harry, demasiadas desgracias para un chico tan joven, el cual no había pedido ese destino, por eso entendía que no podía juzgarlo de forma severa, pero no podía dejar esto pasar sin más, sus acciones habían afectado a terceros. Se encontraba en una encrucijada que no quería que fuese a parar a un juicio frente al Wizengamot.
Afortunadamente Sirius había actuado con rapidez, sus trabajadores no podrían contar lo ocurrido ahí, pero los presos sabía que lo harían cuando viniesen a visitarlos —los pocos que tenían claro todo lo sucedido— y aunque su palabra no era confiable ni valida para la mayoría de la sociedad, sembraría en ellos la duda y la desconfianza hacia Harry, por eso tenían que controlar la información, algo que no sería nada sencillo y menos cuando esto aún no terminaba, necesitaban encontrar a Harry y comprobar que nada más hubiese pasado, pero sobre todo hacerle llegar la ayuda que necesitaba.
Por eso había dado la orden a los Inefables de dar con su paradero, tenían la indicación de no lastimarlo, pero si la situación lo requería podían realizar la magia necesaria para someterlo. Ahora sólo tenían que esperar resultados y por todos los magos rezaba para que fuesen en las próximas horas.
*º*º*º
Días después, Hermione se negaba a darse por vencida, encontraría a Harry. en el momento en que sus pies salieron de St. Mungo se dedicó a la búsqueda.
"HARRY POTTER, UN NUEVO PELIGRO PARA EL MUNDO MÁGICO"
Se trataba del nuevo titular del periódico, ni siquiera se molestó en leer el resto, sólo hablaban pestes, habían descontextualizado los hechos. Ni siquiera sabían bien lo que había ocurrido, eran sólo meras historias amarillistas. Lo tiró al cesto de basura y continuó avanzando, no es que pareciera una alma en pena pero estaba en camino a serlo, si no tenía noticias de Harry, bien podría comenzar a atraer Dementores.
«Si no le hubiera dicho… no, no voy a ir por ahí.»
Se sentía responsable por todo lo que había desencadenado su confesión, la culpa era un gusano que había decidido habitar en su cuerpo carcomiendo su interior.
Anduvo hasta el último lugar dónde había visto a Harry, aquel terreno dónde él le propuso un futuro juntos, donde imaginó su hogar y donde irremediablemente había tenido aquella dolorosa despedida, si es que podía llamarse así.
Iba ahí no por ser masoquista sino porque le daba esperanza pensar en sus sueños juntos, en que él regresaría a ella, como había prometido y nunca se separarían de nuevo; enfrentarían su infertilidad, sus males, miedos, pesadillas, todos los obstáculos, hombro a hombro, unidos.
«Volveré.»
Aún podía escuchar su voz en su mente calentando su corazón. Tuvo respirar para no verse tragada por todas esas emociones, por esa venenosa tristeza que viajaba con ella como una pesada maleta.
Esa simple palabra hacia que ella no se derrumbara a sus temores de ser abandonada por él, por no poder darle una familia y también hacia que no pensará en la estupidez de dejarlo para que encontrará a alguien más que pudiera cumplir su sueño.
Se detuvo frente al lugar, contemplando la extensión.
—Harry, regresa a mi.
No supo cuanto tiempo estuvo para ahí, el cielo comenzó a llorar y ella continuó ahí. Era una bella forma de pensar en la lluvia, tal vez si estaba influenciando el clima con su estado emocional.
Debería irse, parecía atada a aquel lugar por una extraña fuerza, como si tuviera que estar ahí, porque algo importante iba a pasar.
Era absurdo, no tenía lógica y ella era una mujer que siempre buscaba razonar todo.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, aún en esta situación podía sonreír, no era irónico. Probablemente lo único que sucedería era que cogería un resfríado y sus pies terminarían entumidos.
Levantó el rostro, permitiendo que las gotas rodaran por él, perdiéndose en su ropa húmeda, de una forma extraña era reconfortante, era tal la sensación que se permitió cerrar los ojos.
Unos brazos la estrecharon y un cuerpo se recargó en el suyo como si tuviera todo el derecho de hacerlo. —Gracias por esperar por mi, ahora estoy aquí.
Y el tiempo se detuvo.
*º*º*º
Continuará…
*º*º*
*Crup: Surgió en el sudeste de Inglaterra. Se parece mucho a un terrier Jack Russell, salvo por la cola bífida. Parece claro que el crup es un perro creado por un mago, ya que es totalmente leal a los hechiceros, mientras que con los muggles es feroz. Es un gran carroñero, come de todo: desde gnomos hasta llantas viejas. Las licencias para tener crups pueden obtenerse en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas; sólo hay que contestar a un sencillo test para demostrar que el solicitante es capaz de controlar al animal en las zonas habitadas por muggles. Los dueños del crup están legalmente obligados a cortarles la cola con un encantamiento seccionador indoloro cuando la criatura tiene de seis a ocho semanas: así se evita que los muggles se fijen en él (AF). Información del diccionario.
