Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Sanando.

El corazón le dio vueltas a Hermione, ¿acaso estaba alucinando? Sollozó para sus adentros.

Como si conociera sus pensamientos, Harry la abrazó con más fuerza, cubriéndola por completo, hundiendo su rostro en la curva de su cuello. Si pudieran fundirse como uno solo en ese minuto, él lo hubiera hecho sin dudarlo.

Era real, en verdad lo era.

Esta ahí, había vuelto. Jadeó y se soltó a llorar sin parar por un par de minutos, tal parecía que no había nada que pudiese consolarla. Él no trató de hacerlo, simplemente se quedó ahí sujetándola, transmitiéndole su calor.

Hermione finalmente se calmó, lo suficiente para poder reaccionar de otra forma. Se giró abruptamente rompiendo el circulo en el que se encontraban. Lo estudió con la mirada comprobando que estuviese bien, completo y lo estaba, no parecía saludable, pero estaba vivo.

Entonces ocurrió, su mano se estrelló en el rostro de Harry. Él no intentó defenderse, su piel le ardió y sus lentes quedaron en un mal ángulo. Sólo respiró tragándose el dolor, le dolía no por la fuerza de su amiga, sino porque provenía de ella. Enderezó su cara marcada y acomodó sus lentes, clavando sus ojos verdes en ella, estaba dispuesto a recibir toda su ira sin ninguna queja. Se la merecía, no podía negarlo y la aceptaba.

—¡¿Tienes idea de lo que pase por no saber de ti, Harry Potter?!

Silencio, sólo el sonido de la lluvia a su alrededor golpeando la tierra.

Hermione tomó aliento con fuerza, apretando sus puños mirando todo menos a él. Merlín ese había sido un fuerte golpe, la mano le palpitaba. Quería escuchar todo lo que él tuviera que decir, a dónde había ido, qué había sucedido y sobre todo quería que le dijera que la amaba. Apretó su boca, obligando a sus músculos a tensarse y evitar que su barbilla siguiera temblando, pero falló estrepitosamente… estaba hecha un desastre de emociones.

Deseaba besarlo, pero también golpearlo, quería sermonearlo, pero también decirle todo lo que era para ella.

Así que sólo hizo lo que pudo, se abalanzó hacia él, golpeando sus puños en su torso sin hacerle mayor daño, realmente no estaba poniendo su fuerza en ello, pero si sus penas. Harry le pasó las manos por la espalda, resistiendo su ataque. Finalmente sólo se quedó ahí llorando escondida entre su torso y cuando hubo llorado todo su dolor, tomó el rostro de Harry entre sus manos y se lanzó a besarlo.

Fue un beso profundamente significativo, tenía todo que ver con lo que estaban pasando. Era una confirmación de que su amor seguía ahí y sobre todo que aún se pertenecían uno al otro.

Destinados a ser, a estar juntos.

Hermione dejó escapar un suspiro, sus manos se deslizaron perdiéndose en su cuello, su nuca, su cabello azabache, mientras sus labios se bebían con el fervor que sólo podían tener dos amantes que se reencontraban, haciendo latir sus corazones al mismo son.

Y el tiempo se hizo una eternidad…

*º*º*º

Luna observó el calendario mientras comía un muffin, las moronas caían sobre su cabello, pero ella estaba demasiado abstraída mirando una fecha como para que le importara.

—¿Qué ocurre? —preguntó Ginny, inclinándose para ver lo que descansaba sobre las piernas estiradas de su amiga. Al ver la fecha, su boca se abrió en una gigante "o"—. ¡Él cumpleaños de mi hermano! —acusó tan alto que probablemente todos los que se encontraban cerca del lago la escucharon.

Luna se sonrojó suavemente, metió la mano en su bolsa y le ofreció un muffin a su amiga. —Seguro no tuvo un festejo por lo de Harry.

Ginny se sentó a su lado notándose abatida, tomó el muffin y lo mantuvo en sus manos antes de atreverse a darle una mordida. En realidad no sabía muy bien lo que había ocurrido, sólo lo que leía en los periódicos; le había escrito a su hermano Billy por noticias, pero él no había dicho mucho más, sólo que confiarán en Harry. Dejó escapar el aire que contenían sus pulmones, no podía decir que no se preocupaba por Harry, lo hacía y mucho; tanto que sentía que traicionaba a Malfoy y eso muy perturbador, todo con él lo era.

¿Cuán más bizarras podían ser sus emociones?

Él no había mandado grandes y profundas cartas de amor —no es que las hubiese estado esperando—, de hecho sólo había sabido de él por una nota en la revista Corazón de Bruja, por la cual todos se habían enterado que ahora se dedicaba a jugar Quidditch, había sido el chisme de novedad en el colegio hasta que el ojo del huracán había puesto a Harry en boca de todos de nuevo.

Malfoy era tan cambiante y loco que probablemente sólo hubiese estado jugando otro juego retorcido, tonta ella que se lo había permitido.

—¿No has sabido de él? ¿No se escribían cartitas?

—Él dejó de hacerlo…

—¡Que tonta! —Se golpeó con la palma de su mano su frente— ¡Todo esto fue por Rolf!

—No creo…

—Es un cavernícola, te lo he dicho ya, mi hermano es un bruto celoso. Seguro no entiende nada de lo que esta pasando, con él no sirven las indirectas. Tendrías que haberlo enfrentado ya.

Luna se mordió su labio inferior, no tenía dudas sobre lo que había hecho, pero si sobre lo que quería hacer.

—Siempre sé que regalarle a las personas, pero ahora…

Bien los regalos de su amiga siempre eran extraños y a veces un tanto inquietantes, pero siempre venían con todo su cariño, ¿cómo no apreciarlos por eso?

—Mi hermano es muy simple y realmente no tienes que darle nada, ¿qué no lo ves? ¡Le has dado tú corazón! ¿Qué es más importante que eso? Él debería estar agradecido de por vida —afirmó tozuda, mirando de reojo a su amiga con una sonrisa.

Luna se recostó con el pasto, las palabras de su amiga habían agitado su interior.

—¿Empezaras a soñar despierta de nuevo?

—Nunca es un mal momento.

Ginevra negó con su cabeza, se dejó caer de espaldas, estirándose sobre el fresco césped.

—¿Crees qué Harry este bien?

—La tormenta que lo azota pasará.

—Mmmm.

Luna cerró los ojos, respirando el aroma de la hierba que traía consigo la brisa. —Si quieres saber de Draco sólo tienes que escribirle.

—Acabas de arruinar mi buen humor.

—Hazlo, no morirás por eso.

—Mi orgullo sí.

—Mejor tu orgullo que tus sentimientos.

Ginevra se tapó los oídos y comenzó a cantar como loca, apagando así la voz de su amiga. —*Like a hairy troll, learn to rock and roll…

*º*º*º

De vuelta en casa, Hermione frotó la toalla sobre el cabello de Harry, ella había querido usar un hechizo para secarse, pero él le había pedido que no lo hiciera. Hermione sabía que algo andaba mal, incluso para llegar ahí, ella había sido la que había conjurado la magia.

—Tenemos que avisarles a todos, Sirius, Ron…

—Hermione.

—¿Qué pasa? —Lo miró con la confusión reflejada en sus pupilas.

Él tomó su mano, llevándola hasta la cama, donde ambos se sentaron.

—Sirius ya lo sabe.

—¿Qué? ¿Cómo?

Harry entrelazó sus dedos con los de ella, sintiendo su suavidad, la electricidad que se producía entre los dos.

—Se ha enterado hoy un poco más temprano, pero le he pedido que no te lo dijera, porque quería hacerlo yo.

Por Hermione cruzaron varias emociones y pensamientos, sabía que era el momento de hablar claro. —¿A dónde fuiste? ¿Dónde has estado todo este tiempo?

Harry dejó caer sus hombros, como si el peso de todo lo que tenía que decir fuera tan grande que cargarlo representaba una difícil tarea y estuviese fracasando en hacerlo.

—Al acantilado donde me llevó Dumbledore en sexo año.

—No entiendo, ¿por qué fuiste ahí?

—No estaba pensando con claridad, necesitaba un lugar donde no pudiera hacerle daño a nadie, el recuerdo vino a mi y fui ahí.

Hermione sintió una bola de desazón disolverse en su interior. —¿Q-qué ocurrió después?

—No lo sé —murmuró con desazón que nubló el rostro de su amigo y era algo difícil de ver para Hermione—. Estaba fuera de control, con toda esa magia deseando salir de mi, mis pensamientos y emociones estaban regidos por lo que sentía y yo quería destruir, matar, pero con ello venías tú también, no me dejabas, pensaba en tu dolor, en lo que tuviste que pasar por mi, en tus palabras.

—Harry, no es tú culpa —intervino veloz, apretando su mano; quería dejar bien claro eso. Deseaba que pudiera leer entre líneas y que, aún si no se convencía, bastara con que la mirara, ninguna molécula, parte, gesto de ella demostraba que lo culpaba.

Él lo hizo y aunque su agitado corazón se veía consolado por ello, no se curaba por completo de su pesar. —Pero seguí poniéndote en peligro, lo que pasó en Azkaban… te he hecho pasar por tanto, nunca podré terminar de redimirme contigo.

—No… no se trata de eso, yo no quiero que te pienses que tienes que hacerlo, si yo no te hubiese dicho mi condición, tú…

—No te culpes, no deberías sentir que no puedes decirme las cosas, yo debería haberlo manejado mejor, pero no pude. —Se tensó, el dolor estaba trazado en sus facciones y emanaba de él como grandes olas.

—Harry. —No sabía ni qué decirle, le partía el alma verlo así.

—El instructor Osbert me dijo algo que nunca dejó de darme vueltas, se quedó clavado en mi cabeza y justo cuando me encontraba más perdido, sin saber cómo manejarlo, le dio sentido a lo que me sucedía. « … la razón por la que sigue en la Academia es para que logre culminar su preparación, no hacemos menos sus logros ni sus aptitudes para esta profesión, pero ser auror es más que derrotar magos oscuros, es una responsabilidad para con usted y la sociedad mágica. Tiene que pulirse, aprender que su magia es un arma de dos filos y que cualquier decisión que tome puede llevarlo a tener éxito en una misión o a terminar en Azkaban. Tener poder, no significa que debamos usarlo sin medida, ni precaución, no debemos perder nuestra humanidad en afán de hacer justicia». Yo estaba perdiendo todo por querer vengarme.

Hermione no pudo más retener sus deseos, lo abrazó queriendo ser el bálsamo que lo aliviara, pero ella misma también necesitaba ser curada. ¡Vaya par hacían!

—Eres un idiota, cuando una victima mata, pasa a ser el asesino y yo no podría verte en Azkaban, me moriría sabiendo que… no importa, no lo hiciste, ni lo harás. Promételo, Harry —suplicó.

Harry no tenía que pensarlo, si eso es lo que ella quería, lo haría, no sólo porqué era lo correcto sino porque no quería hundirse más. No antepondría su odio, a los deseos de su novia. Debía haberla escuchado ese día, si lo hubiese hecho no…

—Te lo prometo, puedo hacer un juramento inquebrantable.

Ella sonrió tibiamente. —Tendría que obligarte a hacerlo, pero con tu palabra me basta.

—¿Tanto así confías en mi?

Hermione se movió para encontrar su rostro, sus ojos cálidos reflejando los profundo sentimientos que tenía por él. —Con mi vida, siempre.

Él sintió un jubilo que calentó su corazón con una fuerza inexplicable, el amor era una cosa maravillosa y única en el mundo.

Abrumado sonrió, sentir snitch en la panza era poco. Estiró su mano, atrayéndola por la nuca, ella cerró sus ojos y se preparó para recibir los labios de Harry, sintiendo un estallido de sensaciones en su interior. Fue un beso lleno de energía, pasión y amor, una lucha de roces, mordidas, de recorridos profundos. Sus respiraciones agitadas se combinaban con los pequeños ruidos que escapaban de sus bocas, llenando la habitación con esos sonidos que tantas veces ya sus paredes habían guardado.

Se fueron alejando con tanta lentitud que pareciera que buscaban seguir unidos, pero él aún tenía tanto por decir y ella también, posponerlo más sería un error.

—Yo…

—Yo…

—Tú primero —señaló Hermione con una sonrisa tierna.

Harry trataba de recuperar el ritmo de su respiración, pero aún así exhaló. Había cambiado de opinión, de darse cuenta que no tenía ninguna razón valida para ocultarle a su amiga lo que sabía de ese día. Él nunca había tenido que ocultarle quién era y lo que venía con él, ella siempre había sabido cómo ver debajo de las capas.

—Te he dicho que no recordaba lo que había sucedido, pero no es del todo cierto, tengo algunas imágenes que vienen y van; creo que deje salir la magia contra el mar, fue —no sabía ni cómo describir el daño causado— no podía hacer otra cosa, sentía que explotaría en mil pedazos si no la sacaba.

—¿Y…? ¿Qué sucedió?

—Caí al mar inconsciente, sino fuera por un viejo mago que me rescató, no estaría aquí.

—Harry... no quiero ni pensar que hubiese pasado si no estaba ese hombre ahí —comentó llena de aflicción—. ¿Estuviste todo ese tiempo con él?

—No, no podría haber estado ahí… estaba inestable y luego… algo ocurrió. Estuve recluido en St. Mungo.

—¿Por qué? ¿Qué ocurrió exactamente, Harry?

—Necesitaba ver al sanador que me estaba tratando —contó y Hermione supo que algo no estaba bien, su corazón se estremeció cuando Harry desvió su mirada hacia sus manos, apretándolas—. No puedo hacer magia, no sale ni una sola chispa de mi varita.

Hermione soltó una exclamación de horror. —¿Qué…? ¿Cómo?

—Los sanadores creen que tiene que ver con algo en mi cabeza, una perdida temporal de la magia, es como si hubiese apagado el interruptor, un bloqueo provocado por el trauma y estrés de la situación.

—Quiere decir que puedes recuperarla, ¿cuál es el tratamiento?, ¿cuánto tiempo?

—Terapias, pociones, no saben con exactitud cuánto puede tomar.

Ella se tapó la boca con las manos y sollozó.

—Dicen que es una forma de rechazo, que yo puedo hacer que vuelva, pero que si no lo hago es porque temo volver a perder el control.

—Harry, pero tú…

—Hermione no se quién soy cuando eso pasa, no pienso con claridad. En esa ocasión ni siquiera quería escucharte, cause daños y herí a personas, incluyéndote, pero y si esto sólo es el inicio, si no puedo controlar una situación que me provoque estrés, dolor, ira… siendo auror tendré que lidiar con eso y tal vez pierda la consciencia del bien y el mal, sólo me dejare llevar por lo que desee en ese momento, ya sea matar, destruir o cualquier otra cosa. —Harry tenía tatuada una adolorida expresión y su registro de voz estaba marcado por la angustia.

Negó con su cabeza, no podía aceptar eso. —Tienes que recuperar la sensatez, ¿cómo puedes pensar algo así de ti? —Su ceño se marcó, sus ojos molestos lo fulminaron—. Entiendo que la situación que vivimos causó esa reacción en ti, pero había atenuantes, motivos. Sé que podrás controlarlo y tú también debes creerlo, intentaremos todo lo que sea necesario.

Harry que no parecía muy optimista al respecto, pero se sintió ligeramente contagiado de aquella determinación que ella poseía, además conociéndola como lo hacia, sería capaz de llevarlo a arrastras sino accedía.

—Aún tengo que presentarme en el Ministerio.

Hermione había olvidado por un momento que tenían más problemas con los que lidiar, pero era cierto, no podían quedarse ahí.

—Lo sé, también tengo que presentarme, pero los reporteros no han dejado de buscarte, no podremos salir por la puerta.

Él chasqueó su lengua con irritación, no quería saber nada de ellos, ni ahora, ni después. Y cuando el silencio se prolongo por unos minutos, supo que había llegado su turno y de nuevo experimento una sensación horripilante, pero ya no iba a detenerse. —Quiero que hablemos de mi condición.

—Siento haber desaparecido cuando me necesitabas, debería haber estado a tu lado.

—Harry, tal vez deberíamos dejar esta rela…

¿Qué estaba tratando de decirle? De inmediato se puso alerta. —¿No me estarás sugiriendo que te deje? —barbotó con enojo.

—Es sólo que…

El rostro de Potter se endureció como si estuviese tallado en piedra, tomó con fuerza la barbilla de su novia y la obligó a girar el rostro hacia él, no tenía porque avergonzarse, ni ocultarse de él. —No lo haré, no lo pienses de ninguna forma como una posibilidad, si tú no me has dejado aunque lo he merecido, yo voy a honrar tu amor y me quedaré a tu lado.

Escucharlo fue tan perfecto, tan reconfortante y la inundó de una paz que había estado necesitando desde que se había enterado. El corazón aleteó en su pecho como si por fin se hubiese liberado de unas pesadas cadenas. Tuvo unas enormes ganas de lanzarse a besarlo, pero él la detuvo con sus palabras.

—Quiero que me cuentes todo lo que los sanadores te han dicho. A partir de ahora no quiero que me ocultes nada, juntos vamos a enfrentar esto.

Y seguía cimbrando su mundo, llegando hasta lo profundo de su ser. Fue un trago tan duro como desgarrador revelar todo, pero era él, su amigo, su novio, el que había decidió comprenderla y acompañarla.

Y casi sin darse cuenta se encontró revelando todo lo que había callado.

—Hermione, eso quiere decir que hay una posibilidad…

—Nada real.

—¿Cómo puedes decir eso? ¡No eres completamente estéril!

—Harry hasta ahora los estudios no han arrojado nada que pueda ayudarme y… yo nunca he tomado algo después de estar contigo, eso me confirmo que tenían razón.

—Hermione —dijo en un tono bajo, no quería que su amiga se alterara por lo que iba a decir—, no soy experto en esto, pero hay parejas sanas que tardan tiempo en lograr un embarazo.

—Y hay algunas que sólo les basta con una vez.

—No creo que…

Se levantó de golpe, moviendo sus manos en son de rendición. —Bien, puede ser así, pero...

—Me pides que yo no me rinda y tú quieres rendirte, pareciera que te has resignado a ese diagnostico y no desearas salir de ahí, ¿es algo inconsciente?

Ella se quedó atónita, tanto que le recordó el estado en el que había estado debido al basilisco.

Él se levantó y caminó hacia ella, podía ver cuán lastimoso era todo esto para ella, pero porque la amaba no podía dejarla hacerse esto. La tomó por los hombros, sacudiéndola ligeramente, buscando hacerla reaccionar. —Ambos tenemos miedos, inseguridades y problemas con los cuales lidiar, si voy a luchar por salir, por ti… no quiero que me dejes solo, quiero que tú lo hagas conmigo, por mi, pero sobre todo por ti.

—Pero ¿y si…?

—Tenemos muchos años por delante, si no encontráramos una cura aquí, iríamos a Estados Unidos, Japón… a dónde sea.

Ella se sintió superada por las emociones, se había vuelto una llorona. Era fuerte, independiente, inteligente, pero eso no la blindaba contra esos momentos.

—Si aún así no…

—No quiero escucharte decirlo, ni pensarlo… tú eres Hermione Granger, la que me acompaño en una misión en la que las probabilidades de ganar no estaban de mi parte, no eres pesimista eres todo lo contrario.

—Harry…

—Es muy pronto para tener esa platica, ¿no te parece? Sin haberlo intentado no hay necesidad de hablarlo, pero nadie mejor que tú sabe que hay más de una forma de resolver una dificultad.

—Es verdad —exhaló después de un momento.

—Ahora puedes ver las posibilidades…

Hermione se sacudió llorando, claro que entendía y las veía; aunque él no lo había dicho explícitamente, sabía que se refería a que no todos los hijos solían ser biológicos.

Harry bajó su boca hacia ella dándole un beso lleno de ternura, calidez y amor. Ella le pasó las manos por el costado, aferrándose a él, mientras sus bocas húmedas producían suaves sonidos al acariciarse. Harry pasó sus dedos con dulzura por su espalda. Lentamente el ritmo cambió, se volvió profundo, intimo, especial.

Nada mejor para calmar los demonios del alma.

*º*º*º

En una sala del Ministerio se encontraban reunidas varias personas. En primer el lugar el Ministro acompañado del Subsecretario y del Jefe del Departamento de la Aplicación de la ley Mágica, Sirius Black, Remus Lupin, los guardias de Azkaban que habían estado presentes aquel día, Gawain Robards, Albert Osbert de la Academia de Aurores y los testigos Hermione Granger y Ronald Weasley y en apoyo al caso los sanadores de St. Mungo que atendían a Harry.

El cuerpo de Harry entró en tensión, el ambiente difícilmente podía ser cortado por un cuchillo, era como estar respirando un gas tóxico. Jamás se estaría preparado para este tipo de situaciones y justo ahora no podía controlar su ansiedad, ni ese movimiento nervioso de su pierna.

Desarmado, sin magia, había perdido tanto por la guerra, pero no podía culpar a otros de sus decisiones, eso era parte de crecer. Volteó a ver a las personas que eran su familia, su corazón oprimido encontró una renovada fuerza al no ver un signo de rechazo, ni juicio en ellos.

—Si estamos aquí reunidos es porque todos tienen que ver de alguna forma con este asunto. Se preguntaran por qué no decidí hacer esto en un juicio frente al Wizengamot, la razón es simple, de hacerlo, todos saldríamos perdiendo. Así que espero que hoy lleguemos a un arreglo —informó Kingsley parado frente al escritorio que encabezaba el lugar, llevaba las manos en la espalda mientras clavaba sus ojos en cada uno de los presentes, notando algunos gestos que lo hicieron enarcar su ceja—. A nadie tengo atado aquí, señor Johnson. Si lo desea puede irse, podemos hablar de su caso en privado después, justo aquí tengo su expediente y debo decir que tiene una trayectoria interesante —Al verlo mover su boca con intención de defenderse, continuó ahora añadiendo una sonrisa de confianza a su rostro— o si tiene algo que decir, hágalo en este momento.

—No, puede continuar —dijo con los dientes apretados, incomodo al ser puesto en evidencia.

—Buena decisión —aseveró—. Comencemos, Jefe del Departamento de Aurores, por favor inicie su relato de los hechos.

Sirius se levantó con la parsimonia de un gato que ha estado durmiendo por mucho rato. Guiño un ojo en dirección a su ahijado antes de colocarse frente al grupo.

Harry se perdió un momento en el recuerdo de su reencuentro, había sido realmente una descarga de intensidad. Su padrino había dejado caer un par de lagrimas al abrazarlo y había puesto tanta fuerza en ello, que él podía jurar que había escuchado crujir sus huesos. Su cariño por su Canuto había ido en aumento conforme pasaba el tiempo; era una persona que no podías encasillar en negro o blanco, tenía matices. No era perfecto y Harry no hubiese deseado que lo fuera, ese hombre se había vuelto un padre para él, ambos habían ido madurando con bastantes tropiezos debía reconocer y al verlo dar la cara por él —una vez más—, comprendió que Sirius, había dejado de ver a su amigo James en él, para apreciarlo por quién era.

Escuchando los testimonios, su mente comenzó a ser un remolino de recuerdos, pero se sentía como si estuviese reviviéndolos desde un pensadero, siendo un espectador y no el protagonista de estos. Era difícil no caer en pensamientos destructivos al escuchar todo lo que había pasado.

Cuando fue el turno de su novia para hablar, deseó no haberla hecho pasar por esto, más cuando se dio cuenta de que estaba revelando aquel detalle privado de su salud. Quiso correr hacia donde estaba y protegerla, pero ella se mantuvo firme como una guerrera.

Era tan fuerte que el corazón se le hinchaba de orgullo.

—Señor Potter. —Kingsley lo llamó, había llegado el momento.

Sintió un jalón en su estómago, mientras avanzaba al frente, los latidos de su corazón se hicieron tan fuertes que era difícil ignorarlos rezumbando en sus oídos. Tragó en seco y se giró para enfrentar a las personas ahí.

—No es un secreto que yo había perdido el control de mis poderes y que estaba manejando la situación con un tratamiento, pero ese día al enterarme de lo que Augustus Rookwood había causado en Hermione, deje de pensar con claridad. Yo no deseaba hacerle daño a nadie más. No me declaro inocente de mis actos, tampoco deseo que me vean con compasión, no estoy loco… no conozco a todos los que están aquí, no se si han pasado por algo similar, si han perdido seres queridos o han salido dañados de alguna u otra forma por mortifagos o exmotifagos, prófugos, magos oscuros, pero si no lo han hecho espero puedan llegar a entenderme. En ningún momento yo desee matar o involucrar a más personas, pero la situación resulto así, lo lamento.

—¿Resultó así? —resopló con ironía Carter, otro de los guardias— ¡Casi nos mata y pudo haberlo hecho de no ser…!

—Me estaban atacando con Hermione pegada a mi —señaló, volcando su mirada enojada en él—, ¿acaso no procedió sabiendo que había una bruja desarmada?

—¡Patrañas!

—Si hubieran atacado mis ordenes eso no hubiese ocurrido —intervino Sirius con rabia.

—Basta, pido que se tranquilicen, no estamos aquí para pelear.

—No puedo creer Carter que te comportes de esa forma, debiste seguir las ordenes de tu superior —manifestó Robards.

—Y si ibas a desobedecerlas, tendría que haber sido con un plan más inteligente —apuntó Osbert—, tú comportamiento deshonra la instrucción que recibiste en la Academia.

—Por favor, ¿acaso están todos chiflados aquí? ¡Él es una amenaza como lo fue Grindelwald, Voldemort, ¿es qué no lo ven?!, ¡ahora se dice arrepentido, pero les puedo jurar que ese día él no lo estaba!, ¿vamos a esperar que se vuelva un monstruo para detenerlo?

—¡Él no es un monstruo y no lo será! —exclamó furiosa Hermione, a punto de saltarle encima.

—Señor Carter, ya hemos escuchado lo que tenía que decir en su testimonio, por favor no lo repita de nuevo, ya nos ha quedado clara su postura —dijo con firmeza el Ministro, en momentos como ese en verdad deseaba lanzar una maldición para silenciarlo—. Señor Potter, vuelva a su asiento. Procedamos a resolver esta situación, para ello…

—Ministro, me gustaría proponer una forma de solución —indicó Osbert.

—Adelante.

—En mi experiencia es difícil que todos los lados queden satisfechos, tenemos un chico de tan sólo 18 años sobre el cual se cargo el peso de salvar al mundo mágico, era un chico que ni siquiera creció con sus padres, que no culminó la educación en Hogwarts y que vivió la experiencia de la muerte más veces que muchos en esta habitación a esa edad y aún con todos los obstáculos se enfrentó a Voldemort. ¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de hacer eso? ¿Y de hacerlo saldríamos ilesos? No hablo del aspecto físico, sino mental.

—No digo que debamos compadecerlo, ni tampoco alabarlo, sino tratarlo como una persona cualquiera. Su reacción fue la de un chico, no fue la más racional, ni la que tomaría un hombre que ha cazado magos oscuros por 10 años o más, que piensa en las consecuencias. Un mago común que no es ni auror, ni guardia de Azkaban, ni inefable que tienen cierta instrucción para enfrentarse a este tipo de situaciones, al ver a su familia asesinada durante la guerra, perdió la cabeza y se volvió un asesino, es un ejemplo y ese no es un caso aislado. Veamos el otro lado, ¿cuántos aurores, trabajadores del Ministerio y población en general se unieron a Lord Voldemort? ¿Cuántos de ellos están ahora en una celda? ¿Cuántos más en afán de hacer justicia perdieron la cabeza?

—El señor Potter se detuvo antes de causar la muerte de aquel preso, si hubo lesionados, pero no fue algo que hiciera a consciencia, con la intención de matar. Probablemente la mayoría aquí ha olvidado lo que se siente no tener el control de magia cuando eres joven, ahora imaginen cómo se sentirían en este momento si lo perdieran o si un ser querido para ustedes se enteraran que fue dañado por un delincuente con el que tuvieron la oportunidad de enfrentarse y al que dejaron con vida. Juzgar es fácil, lo difícil es comprender, solidarizarse con el dolor ajeno.

—Mi propuesta es la siguiente, el Jefe del Departamento de Aurores, debe ser sancionado, la situación que tenía entremanos debió ser tratada como cualquier otra, sin mezclar su conexión familiar, debió dar aviso al Ministerio y realizar un estrategia junto con los sanadores para que pudieran controlar la situación. Debió priorizar el resguardo del preso. Por lo cual, tendría que ser suspendido y sería puesto a evaluación su periodo como Jefe, de tener resultados satisfactorios podría reintegrarse a su cargo. Respecto a los guardias de Azkaban, tenían una orden de un superior, no debieron cometer desacato sólo para crear más caos, si iban a intervenir debió ser con un plan mejor. Por lo cual se debe poner a criterio de sus superiores su estancia en su puesto, esto considerando sus expedientes, por ahora no tendrían que volver a su puesto hasta que esto se llevara acabo y se llegara a una resolución. Sobre el señor Potter, es claro que tiene que continuar en un tratamiento, el cual debe seguir al pie de la letra en colaboración con la Academia, así mismo, se encuentra cumpliendo un servicio comunitario que por lo visto no terminará pronto, el tiempo que se agregue deberá cumplirlo en la prisión de Azkaban, seguro encontraran un lugar para él. —Al ver las reacciones ruidosas y explosivas de su propuesta, supo que había dado en el clavo.

—¿Se volvió demente?

—¡Sería como mandar al león cerca del cordero!

Harry aún estaba tratando de digerir el impacto de sus palabras, ¿estar cerca de ese bastardo?, ¿podría estarlo sin matarlo?

—Veo que se preguntan, ¿por qué mandarlo ahí?, ¿es realmente una locura? Esto tiene un propósito, será un prueba para él, no arriesgaremos la vida del prisionero en ningún momento, pero al estar en el mismo lugar, tan cerca, el señor Potter pondrá a prueba su control sobre si mismo y su magia, todo esto bajo estrecha vigilancia.

—¡Joder… por las pelotas de Merlín! —exclamó Sirius, no estaba de acuerdo en que cuestionaran su trabajo, él arriesgaba su trasero mientras otros se sentaban a ver, pero mierda había sido brillante todo lo que había dicho ese viejillo. Lo mejor era que en su propuesta Harry salía lo mejor parado posible del asunto, sin ser encasillado como un delincuente, aunque le preocupaba que de darse la situación, pasara tiempo en Azkaban con esos dementes y cerca de Roodwook.

—Si él puede hacer una propuesta tan descabellada, ¿por qué yo no?

—Porque nadie quiere escucharte —masculló Sirius, fulminándolo con su mirada. En su mente ya se esta imaginando golpeando a ese imbécil, debería haberlo hecho en aquel entonces cuando lo conoció.

—Señor Carter, ¿si escucháramos su propuesta qué sería?, ¿usted conservando su trabajo, sin castigo alguno?, ¿el señor Potter en Azkaban?, ¿qué más? Oh si… ¿el señor Black bajo su cargo quizás?

—Bueno eso…

—Gracias, pero el que otorgará la sentencia seré yo.

—Ministro —llamó Wells, el Jefe del Departamento de la Aplicación de la ley Mágica—, me gustaría tener unas palabras con usted en privado antes de que de su veredicto.

Kingsley supo leer bajo la frase del hombre que lo que tenía que decir era importante. —Si nos disculpan, sólo serán unos minutos.

—Receso de 5 minutos —anunció el subsecretario.

—¿Qué es esto? ¿Ahora un receso? —soltó molesto.

—Canuto no —pidió Remus, deteniéndolo.

—¡Demonios, Lunático! —rumió deshaciéndose de su agarre.

—Hasta yo quiero golpearlo —añadió Ron, lanzando fuego por sus ojos azules—, es un imbécil del tamaño de un troll.

Los pies de Harry conocían el lugar a donde quería ir, Hermione sonrió cariñosamente, posando sus brazos en él, envolviéndolo en una burbuja de paz y calidez.

—¿Estás...?

—¿Estás…?

La sonrisa de Hermione creció, parecía que se estaban leyendo la mente. —Lo estoy, ¿tú?

Él movió su cabeza asintiendo, su novia se había recogido su cabello, pero su aroma aún cosquilleaba en la nariz de Harry, depositó un ligero beso en su cuello, antes de echarse hacia tras para poder ver sus ojos castaños.

—Tienes que ser fuerte, el Ministro esta de tu lado, estoy segura, además no toma muy en serio…

Harry cortó sus conclusiones besándola. Hermione abrió mucho los ojos sorprendida, pero pronto se relajó respondiendo tímidamente, pero él se aseguro de hacerla disfrutar el momento. Se separaron segundos después con ella totalmente sonrojada.

—Harry este no es un buen lugar para este comportamiento —reprendió en un cuchicheo.

Una sonrisa ligera afloró en el rostro de Harry. —No es algo que me importe —comentó relajando sus hombros.

Ella lo reprendió con un ligero manazo, aunque no logró borrar del todo su sonrisa, aún en medio de una pelea juguetona se acercaron a los demás.

*º*º*º

El Ministro regresó de su platica con Wells con un buen sabor de boca, le dio la señal al subsecretario para que diera el aviso y todos volvieran a la habitación. Tosió aclarando su garganta, mientras el grupo se acomodaba listo para escucharlo.

—No quiero alargar más este momento, todos estamos más que listos para salir de aquí. Bien, debo agradecer al instructor Osbert, su propuesta fue escuchar mis pensamientos en voz alta, tanto qué pensé que estaba leyendo mi mente con Legemerancia —bromeó soltando una risa ligera—. El Jefe Wells, me hizo ver unos puntos relevantes, basado en todo esto, lo siguiente es la resolución. Empezaremos por el Jefe del Departamento de Aurores, Sirius Black, será suspendido 100 días laborables de su cargo por lo sucedió en la prisión de Azkaban, en tanto el Departamento quedará a cargo del señor Remus Lupin, No se realizara ninguna investigación puesto que en el periodo en el que ha estado Sirius Black, nunca antes presento situaciones dudosas, omisiones o faltas en los distintos casos que han pasado por su departamento que han sido seguidos por el Jefe Wells.

Las protestas de Carter fueron evidentes, pero Kingsley no tenía ninguna prisa por callarlo. —En cuanto a los guardias, serán suspendidos 100 días, tiempo en el que se evaluará si tienen lo que se requiere para desempeñarse como custodios de la prisión, de no tenerlo, se pondría a discusión su transferencia a otra instancia.

—¡Una infamia! ¿Cómo nos puede hacer esto, Ministro?

—Tenemos familias a las cuales mantener.

—Silencio, el Ministro esta dando la sentencia —dijo el subsecretario.

—Sé que tienen familias, pero esto es una suspensión, no vacaciones con goce de sueldo. Más no soy tan inhumano para cerrar los ojos ante esto, podrán tener una parte de su sueldo esto condicionado a sus actos.

—¡Por todas las gárgolas, esto es una burla! ¡presentaré mi queja ante el Wizengamot! ¡Tenemos derechos y no dejaré que los pase por alto!

—¡Silencio! ¡Una palabra más y haré que lo saquen los aurores! —señaló el subsecretario.

—No impediré que defiendan sus derechos si así lo desean —contestó calmado. Sabía que Carter sólo era un bocón y que no se atrevería a presentar una queja, tenía demasiado que perder—. Señor Potter, en cuanto a usted, yo seguiré personalmente el desarrollo de su tratamiento. Cumplirá una condena de 200 días de servicio comunitario, repartido en distintos lugares, como es el hospital, orfanato, comedor comunitario, la prisión, entre otros. Sobre su tiempo en la prisión, las actividades que realice estarán siendo observadas por un grupo especializado que sólo intervendrá cuando sea necesario, no serán sus niñeras, no se preocupe, usted no se dará cuenta que están ahí. No tengo que recordarle que la Academia de Aurores tomará sus propias medidas —comunicó serio—. Señor Potter espero que se recupere, es un gran mago, la oscuridad puede acecharlo, pero es usted quién decide si le abrirá la puerta o la mantendrá cerrada. Señorita Granger, pondremos todos los archivos que contiene el Ministerio sobre las maldiciones a su disposición y la de los sanadores. Eso es todo, que tengan un buen día.

Harry se quedó ahí sin moverse con el corazón perturbado y el estómago revuelto, las palabras del Ministro aún retumbaban en su cabeza y aunque todo lo que había dicho tenía que ver con él y su futuro, lo que más le importa era lo que involucraba a su amiga.

«Quizás puedan encontrar una manera de curarla.»

Pronto se sintió jalado de nuevo a la realidad al ser rodeado por sus amigos.

*º*º*º

Sirius soltó una risa fresca, ante la preocupación que parecía invadir a todos.

—No me volveré loco por la suspensión.

—Es mi culpa.

—No lo es, Harry —mencionó colocando sus manos sobre los hombros de su ahijado.

—Kingsley sabe que el trabajo de Sirius ha sido bueno, tal vez no es organizado e impulsivo, con explosiones de carácter…

—¿No quieres hacerme parecer un demente o si, Lunático? —resopló guasón Sirius.

—¿Acaso no lo eres, ya?

Canuto palmeó a Remus. —Ya me conoces. —Y una sonrisa ladina se deslizó en su boca, mostrando sus dientes.

—Pero…

—Harry, puede que Kingsley diga que no son vacaciones, pero lo veré así. Hace mucho tiempo que no corro libre.

Potter apenas sonrió, no estaba muy convencido de sus palabras, sabía que estaba molesto por la suspensión, pero aún así buscaba ver el mejor lado.

—Vamos Harry, quita tu cara agria de chupa sangre… estaré bien. Deja de preocuparte de mi, ve por tus asuntos ahora, que tu viejo padrino aún sabe como vivir su vida.

La mirada de Harry se dirigió hacia su amiga, quería hablar con ella sobre lo que había dicho Kingsley, pero no deseaba hacerlo ahí. Sabía que nada de lo que le había pasado a Hermione o se haya dicho ahí dentro podía salir, pero aún se preocupaba, no quería que la situación se volviera un titular de publicaciones amarillistas.

—Creo que he envejecido mucho, mis padres me mataran si no vamos a casa para que los pongamos al tanto de todo —espetó Ron—. Harry tienes que ir y hablar con ella, estaba tan preocupada por ti que nos estaba volviendo locos a todos.

No había estado ahí en mucho tiempo, desde… aquella situación con Ginny, pensaba que los Weasley no querrían verlo por un tiempo, pero era bueno saber que no era así.

—Gracias a todos —murmuró con la voz estrangulada por las emociones.

—¿No, nos harás llorar o si? —indicó su padrino.

—Harry siempre estaremos contigo —recordó Remus.

—Supongo que tendría que haber dicho algo así —comentó Sirius, rascándose su cabeza—. Hay cosas que no se me dan, esta debe ser una… ¿crees qué tenga que castigarlo sin la moto?

—Canuto no tienes remedio.

—Harry cuando estés con Molly dile que te di un gran sermón o ella me lo dará a mi.

Ron observó a Hermione con los ojos clavados en Harry, se notaba que tenerlo de vuelta había sido la medicina para muchos de sus males, se le veía mejor. Demonios, no quería volver a caer en ese circulo vicioso, aún sentía chispitas por ella, pero no arruinaría las cosas. Dejar ir… sólo eso.

Hermione giró su rostro encontrándose a su amigo Ron con una mueca boba en el rostro, caminó hacia él y lo abrazó con fuerza.

—Gracias por estar conmigo estos días. —No quería entrar mucho en detalles, pero había sido muy valioso para ella tenerlo a su lado. Entendía que no había sido fácil para él, pero su amistad los había sacado a flote. Deseaba con todas su fuerzas que la felicidad les llegara a todos y eso incluía a Ron.

Ron se sintió muy torpe al responderle como si estuviese hecho de cartón, pero fue debido a la sorpresa más que a otra cosa, una buena sensación se instaló en él. Conservarla como amiga era una gran fortuna, era mejor que no tenerla ni a ella ni a Harry en su vida.

Harry volteó para buscar a Hermione, encontrándose con esa escena que le dio un buen sabor de boca. Era bueno saber que su amistad había sanado y lo que antes los había separado, se había ido volviendo historia.

La vida les había dado golpes duros, pero con ellos habían llegado momentos como ese, llenos de lecciones y bendiciones.

Sí, estaba agradecido de tener a personas tan valiosas a su lado.

*º*º*

Harry tomó una larga ducha al volver de la Madriguera, estar ahí había sido como una inyección de animo y alegría. Después de días tan tensos, estaba más que satisfecho por poder pasar un tiempo así. Bajo el chorro de agua, recordó las palabras que le había dicho el instructor Osbert al despedirse.

«Seré estricto con usted, vaya preparado, porque no descansare hasta convertirlo en un buen auror.»

Tenía tanto que aprenderle a ese hombre y estaba en tiempo para hacerlo, porque no deseaba defraudar la confianza que había depositado en él

Alzo sus manos observándolas borrosas al no llevar sus lentes.

—¿Cuándo volverá?

Aún si se concentraba no lograba sentir su magia debajo de su piel, era como si no hubiese nada, ni una gota.

No podía definir la sensación que zigzagueaba en su interior, era como no tener una parte de tu cuerpo, como estar agujerado, mutilado. Podía decir que se sentía una mierda, pero tal vez venía mejor llamarlo una maldición, un dolor psicológico constante y agudo.

Se removió queriendo sacarse de encima aquello que incluso había logrado erizarle los cabellos de la nuca. Terminó su ducha con la mente dándole giros, salió del baño y lo primero que hizo fue tomar sus pociones. Esperaba que eso lo relajará y le permitiera tener una noche calmada.

Al terminar de vestirse ya se sentía con el cuerpo más ligero, el hormiguero de sus pensamientos se había calmado y eso estaba bien, porque había conservado para esa hora la conversación con Hermione.

Salió de su cuarto, notando un gran silencio en la casa, probablemente Sirius había salido poco después de que llegarán.

Exhaló con el corazón encogido. Con todo lo que había sucedido no habían podido llevar acabo su plan de llevar a Sirius a América, para que pudiera reconciliarse con Yannel. Esperaba poder retomarlo, quería hacer algo bueno por su padrino, más ahora que había sido suspendido.

Tocó la puerta antes de abrirla, la habitación estaba a media luz. Hermione se encontraba recostada, por un momento creyó que estaba despierta, pero lo descarto cuando ella no hablo de inmediato. Al acercarse a la cama, notó su suave respiración, estaba rendida y no la culpaba, él estaba muerto también. Le quitó el libro que estaba leyendo que había quedado sobre su estómago, dejándolo en la mesa de noche, abrió con cuidado los cobertores para deslizarse dentro.

Ella debió sentir como se hundía el colchón, porque abrió sus ojos adormilados, dándose cuenta de su presencia.

—¿Por qué no me despertaste? —bostezó, cubriéndose inmediatamente la boca.

—No quería hacerlo.

—No importa. —Se puso de lado para poder verlo.

Harry le pasó el brazo por la cintura para pegarla a él. No era muy cómodo pero era confortable y no quería dormir separado de ella, ya lo había hecho muchas noches.

Una sonrisa floreció en los labios de Hermione, alzó su mano y tocó los mechones húmedos.

—Fue agradable ir con Ron.

—Es bueno que se hayan arreglado las cosas entre ustedes, sólo espero que no comiencen a pelear de nuevo.

—Harry, no peleamos todo el tiempo —Él le lanzó una mirada de incredulidad—, tal vez si, pero eso no sucederá.

—Me extrañaría que no sucediera.

—¡Oye! —Le dio un pequeño golpecillo en su hombro.

—Es la verdad —respondió sincero, quejándose del golpe— era difícil estar entre ustedes cuando eso pasaba.

—Bien, entendí el mensaje.

—¿Te sentiste bien estando ahí?

—Siento que su mamá aún esta un poco molesta conmigo, que me culpa de que las cosas no funcionaran entre Ginny y tú, y que ella terminara enredándose con Malfoy.

Harry hizo una mueca, bien era un mal tema todo aquello. —Eso no es tú culpa.

—Lo sé, no soy tan ingenua cómo para creer que la orille a eso —replicó torciendo su boca—. Aún así pienso que debería hablar con ella, pero no se si lo tome bien.

Algo en todo ese asunto no le cuadraba, pero no quería inmiscuirse, eso sólo crearía más caos y volvería las cosas aún más complicadas entre todos ellos.

—No puedo decirte qué hacer.

—Eres mi mejor amigo.

—Eso es bajo.

Hermione lo sabía, sonrió un poco y se acorrucó respirando el aroma de Harry, no quería volver a sufrir por tenerlo lejos.

—Sobre lo que dijo Kingsley, he querido todo el día hablarte de eso pero no encontraba el momento —informó, sintiendo como ella dejaba de respirar por un momento, quedándose quieta como una muñeca.

—Si los sanadores encuentran algo me lo harán saber.

—Es una buena noticia, espero que lo encuentren —comentó moviéndose un poco para dejar un beso en la coronilla de su cabeza.

—Yo también —murmuró y aunque quería notarse positiva, no podía hacerlo por completo.

—Recuerda lo que hablamos.

—Eso hago —suspiró.

Harry cepilló sus dedos por su mejilla. —No te des por vencida.

Ella asintió débilmente, cerró sus ojos disfrutando de la caricia que le entibiaba más el alma que su piel, pero que no era suficiente esa noche y él parecía saberlo también.

Sus narices se tocaron mientras buscaban alcanzar la boca del otro, sonrieron encontrando un mejor ángulo para besarse. Hermione movió su mano por el cuello de Harry, mientras abría sus labios en un clara invitación, él aceptó con ardor rodando sobre ella, hundiendo el colchón a su paso.

Los besos se volvieron largos llenos de emociones y sentimientos, mostrando lo que sus corazones guardaban.

Sus penas, dolores y miedos se fueron derritiendo bajo las caricias de sus manos que moldeaban sus cuerpos, desapareciendo las capas de tela que los separaban. Piel con piel, absorbiendo el calor del otro, con el corazón latiendo al mismo son, mientras él la poseía acelerando las sensaciones eróticas hasta el punto en que ambos tocaron el paraíso.

Terminar el día así, era lo que ambos necesitaban.

*º*º*º

En Estados Unidos, específicamente en New Hampshire. Yannel dejó las compras sobre la mesa de la cocina. A veces se preguntaba por qué no había llevado un elfo domestico con ella Londres. Debido al turno de la noche se encontraba molida y al salir había tenido que ir al supermercado, porque su alacena estaba vacía. Si tuviera un elfo, él se habría encargado de esto, pero no tenía caso seguir pensando en eso, ahora lo que quería era ir a la cama, le ardían los ojos de sueño. Subió a su habitación sobándose el cuello.

Había tenido ya un par de semanas para adaptarse a su nueva vida, pero aún no lograba sentirse del todo cómoda y desenvuelta ahí. Sus compañeros de trabajo en su mayoría eran agradables, incluso había ido a cenar un par de noches con ellos.

Tomó una ducha rápida y se puso una pijama ligero, apenas terminó se metió bajo las mantas. Era la gloria poder recostarse y sentir las telas suaves bríndale calor a su cuerpo. Se dispuso a dormir pero nada sucedió, se giró para otro lado buscando una posición cómoda.

El tiempo paso y nada sucedía.

Se suponía que debería caer dormida por el cansancio y el sueño.

Intento quedando boca arriba, mirando el techo de su cuarto.

Todo esto se debía a la última carta que le había enviado Tonks. Se suponía que no le contaría de Sirius, pero con lo que había puesto sobre Harry, el juicio, la audiencia privada y como el Departamento de aurores había quedado a cargo de Remus, la había hecho pensar nuevamente en él.

Podía haber decidido alejarse de él, poner distancia, incluso olvidarlo, pero su corazón no parecía comprender.

Era estúpido.

Había hecho todo eso para comprender que no podría dejar de preocuparse por él, si él la estaba pasando mal, ella también, demonios quería estar ahí para él, ser la que lo abrazará y cargara su pesado corazón, sus demencias, pero ya había pasado por eso y era estar en un constante ir y venir, primero la quería cerca, luego no.

Y volvía de nuevo al mismo lugar.

Pediría por él, no había otra cosa que pudiera hacer.

Si él la había dejado ir, ella no iba a volver. Tenía que ser firme en su decisión, quizás cundo pasará más tiempo todo se volvería más fácil.

Sin querer pensar más, se levantó y sacó del cajón de su tocador, una poción.

Necesitaba dormir e iba a hacerlo.

*º*º*º

Draco estaba con humor de perros, las cosas no le habían salido como esperaba. Habían perdido el primer partido y él ni siquiera había tenido oportunidad de salir de la banca. Apenas había tenido tiempo de pensar en otra cosa, los entrenamientos habían sido agotadores, no estaba acostumbrado a dedicarle tanto tiempo al Quidditch. Ni siquiera había sido capaz de escribir una carta para Weasley, tampoco lo había intentado, ¿qué le diría? No quería contarle cómo no había estado en el partido, seguramente ella ya sabría eso. Se sentía patético, se supone que debería quedar ante ella como un triunfador… no como los perdedores de sus novios anteriores.

No tendría que estar tomando alcohol, pero al diablo las estúpidas reglas de su equipo. Bien, esto no era del todo por la derrota, la mayor parte era por su madre, había aparecido y había sacudido la poca estabilidad que había creado.

Verla lo había echo pedazos, la extrañaba y también sus mimos, la visita hubiese sido calificada como agradable si no hubiese tratado de llevarlo de vuelta a Londres para arreglar las cosas con Lucius y no se había conformado con eso, el colmo fue que había comenzado a sermonearlo por su relación con Ginevra Weasley.

Si se había ido de casa era para no vivir más eso, no quería sentirse títere de nadie y sobre todo no quería hablar de lo que le estaba pasando con Weasley.

—Maldición…

—¿De nuevo de mal humor?

—Idiota —murmuró hacia su primo, gracias a su aparición repentina había derramado su copa.

Terry soltó un chasquido divertido. —No deberías estar bebiendo.

—Cierra la boca, no estoy de humor

—¿En serio? ¡Vaya novedad!

—Terrence.

—Relájate Draco, ¿no se supone que estas aquí para eso?, si piensas estar con un humor de los mil demonios, regresa por donde viniste.

—Imbécil.

—Bien el juego fue mal, no has sido titular después de eso, pero lo harás. Estas manteniéndote en tu decisión de alejarte de tus padres, ser independiente y tienes una novia ardiente. Tú vida podría ser más miserable, ¿no crees? —bromeó, sentándose en el sofá cómodamente.

Draco apretó su boca, tensando los músculos de su mandíbula y giró el rostro hacia otro lado con tal de no ver a su primo.

—Eres tan sentido que no me sorprende que estés medio amargado.

Gruñó un improperio, notando por la ventana una lechuza parda acercarse.

—¿Alguien te escribe? —cuestionó levantando su ceja.

—¿No es para ti?

—Lo dudo.

La lechuza picoteó el vidrio, Draco quitó el seguro y abrió la ventana dejándola pasar, al obtener la carta notó su nombre.

—¿De tu novia?

Algo en su interior se agitó. ¿No podía estar sintiéndose emocionado por recibir una tonta carta de Weasley, o si? Y ni siquiera estaba seguro que fuese de ella, lo cual era aún peor, estaba vuelto un gran idiota.

La abrió para terminar de una buena vez con esa tontería y cortar aquellas emociones, pero las cosas no funcionaban así, su corazón sufrió un cambio de ritmo nada más comprobó que se trataba de ella.

¿Así es como juegas Malfoy? ¿Creía que ibas a ser la estrella del equipo? Suerte para la próxima.

P.D: La final es contra Slytherin y barreremos el campo con sus traseros.

Soltó una risa llena de sarcasmo, aquello había sido un golpe a su orgullo y viniendo de ella le retorcía las entrañas. Hizo una pelota la carta y la incinero sin más.

—¿Era ella, no? ¿Malas noticias?

—Métete en tus asuntos —gruñó dejando su botella empezada, las cenizas de una carta y a su primo intrigado al verlo salir como un toro enfurecido.

*º*º*º

Los días pasaron uno tras otro y pronto se encontraban a mediados de abril. Los encabezados escandalosos y prejuiciosos fueron desapareciendo dando paso a otras noticias más frescas. Harry y Hermione habían tenido días buenos y malos en sus terapias, pero su relación seguía viento en popa.

—Sé que podrás, inténtalo una vez más —dijo Hermione, sentada a unos metros de él sobre una roca.

Habían ido a un lugar alejado de la población para que Harry pudiera practicar, la recuperación de su magia había sido lenta y dolorosa. Muchas veces había caído en la desesperación y la depresión, pero ahí había estado ella para tenderle una mano, darle un beso y seguir animándolo. Misma situación que hacía él cuando ella pasaba por una pesadilla, un ataque de pánico o malas noticias respecto a su condición.

Harry hubiese deseado pasar su día libre con Hermione haciendo otro tipo de cosas, pero ella había dicho que al menos debían dedicarle una hora a la práctica y ahí estaban. Respiró con fuerza, se concentró en visualizar el objeto en su mente y movió su varita.

¡Accio Saeta de Fuego!

La escoba se movió siguiendo la orden del encantamiento convocador. Harry la recibió lo suficientemente sorprendido para soltar un ruido de jubilo. De inmediato volteó su cuerpo hacia ella.

—¡¿Lo has visto?! ¡Lo he logrado!

Hermione aplaudió y le brindó una sonrisa brillante, pero no quedó ahí se dirigió hacia él dándole un pequeño beso.

—Sabía que lo conseguirías.

—Siempre sabes todo.

—¡Claro que no!

—Sabelotodo —bromeó regresándole el beso con travesura.

—Bobo.

Él sonrió y miró hacia su escoba, teniendo una genial idea. —Vamos a dar una vuelta.

—¿No estarás pensando…? —Dirigió sus ojos asustados hacia la escoba.

—Si.

—No, no.

—Oh vamos, no lo hemos hecho ni una sola vez… y quiero volar contigo.

—Primero la moto y luego esto. No —respondió tajante.

Harry soltó una risa afanable. —Te gustará.

A pesar de las pegas que su novia estaba poniendo sabía que terminaría accediendo, preparó su escoba y se subió en ella, extendiendo su mano hacia ella.

—Vamos.

—Harry, no quiero. Hazlo tú, te puedo esperar aquí.

—En verdad quiero que vengas conmigo.

Ella hizo un puchero, mirando con desconfianza la escoba. Sabía que él no dejaría que le pasara nada, estaba segura de eso, pero volar… ya estaba sintiendo esos feos calambres en su panza y ni siquiera había subido en ella o tal vez era que deseaba que él le insistiera un poco más, para aceptar.

—Anda —insistió, poniendo su mejor sonrisa.

—¡No es justo! —exclamó moviendo sus manos, cuando él sonreía de esa forma no podía ignorarlo, le provocaba taquicardias.

Su sonrisa se volvió una de satisfacción, cuando la vio preparase para subir. Ella se sentó de lado, aprovechando esto, él pasó sus manos frente a ella para sostener el mango y abrazarla al mismo tiempo. Golpeó el suelo con su pie, comenzando a elevarse.

—No se por qué dejo que me convenzas de estás locuras.

—Porque en el fondo te gustan.

Hermione no contestó, no por qué no tuviese una respuesta en la punta de su lengua, sino porque se le ocurrió mirar hacia abajo y eso fue su perdición. Al instante le pasó las manos por la cintura, sujetándolo con temor. Enterrando su rostro en su pecho, negándose a abrir sus ojos.

Él rió ante su actitud infantil. Manipuló su escoba, sobrellevando la corriente de viento. —Un poco más fuerte y sentiré que quieres romperme en dos, Hermione.

Ella sintió sus mejillas en llamas por la pena, aflojó un poco su agarre pero mantuvo sus manos tensas a su costado. —Sabías que esto pasaría.

—Sí.

—Entonces no deberías quejarte.

—No lo hago, me gusta tenerte pegada a mi —dijo lo suficiente alto para que alcanzara a oírlo.

¿Por qué tenía qué decir cosas así en esos momentos?, la hacía sentirse en las nubes y estaba en las nubes.

—Eres un tonto.

—Vamos, abre los ojos… tienes que ver esto.

Ella negó moviendo su cabeza. —No quiero.

—Te gustará.

—Dijiste que esto me gustaría y no esta pasando.

—Es porque te niegas a disfrutarlo, no seas una gallina… o avestruz, saca tu cabeza y ve esto que te estoy ofreciendo.

Hermione hizo un ruido de negación que estaba segura él ni siquiera escucho, pero al menos sintió el pequeño golpe que ella le dio en el hombro en represalia.

—Merlín, te odio… —Se alejó de él y abrió los ojos, sintiendo la brisa pegar contra su rostro, parpadeó y se quedó sin aliento ante el panorama.

Había comenzando a atardecer y el cielo se estaba pintando de distintas tonalidades calidas. Era mejor que ver una pintura de la corriente impresionista. Se sintió afortunada de poder ver ese espectáculo, los humanos a veces olvidaban agradecer por vivir en un mundo así de impresionante y perfecto.

Harry dedicó un momento para ver el rostro complacido de su novia, vivía por esos instantes robados. Verla contenta, sonriendo o riendo, era su gran satisfacción. Le recordaba que aún eran capaces de ser felices, a pesar de los tiempos difíciles, la alegría arrebatada y las heridas que tardarían en cerrar y ser cicatrices, tal vez algunas incluso no cerrarían, pero aunque formaban parte de ellos, no terminarían siendo ellos, los definirían, pero no los destruirán.

El cabello rebelde de su novia comenzaba a salir de su moño y el disfrutaba de la naturalidad que le daba eso. Besó su cuello y volvió su vista al frente, era bueno que no hubieran obstáculos o parbadas porque probablemente ya hubiesen tenido un accidente.

Hermione cerró sus ojos al sentir un estremecimiento provocado por los labios de su novio. —Es increíble.

—Ves, no es tan terrible.

—No te adelantes, sabes que me gusta poco.

—Estira tus manos.

—¿Qué? ¡No! —dijo aterrada, pegándose a él como sanguijuela, logrando que él riera.

—¿En serio crees qué te dejaré caer?

—Sé que no lo harías, pero… —Había estado ya en su moto, en un dragón, en un hipogrifo, en el sentido práctico tendría que dejar de ser miedosa, él siempre estaría ahí para atraparla—. Bien.

Harry estabilizo su vuelo, mientras ella lo soltaba lentamente dejando ver su titubeo como si en cualquier momento fuese a volver a abrazarlo por la cintura para no caer.

Hermione cerró los ojos y extendió sus manos hacia los lados, sintiendo la brisa golpear su cuerpo, logrando que se estremeciera de frío. Llevaba un abrigo ligero no apto para esas actividades.

Su sonrisa era sólo el preludio de la travesura que iba a jugarle. Se inclinó hacia delante cambiando la dirección, yendo en picada. Ella soltó un grito inolvidable que pudo haberse escuchado a varios metros a la redonda.

—¡Te amo, Hermione Granger!

Si no fuese por lo que estaba sucediendo, Hermione hubiese disfrutado más del revuelo que le había causado aquella declaración. La risa de felicidad de Harry resonó en el cielo despejado.

*º*º*º

Ginny había tenido una semana muy intensa o más bien un mes, había estado estudiando mucho para recuperarse y salir bien en los E.X.T.A.S.I.S, pero también se había reunido con su equipo para entrenar duro preparando su estrategia para el partido contra Slytherin, había seguido los consejos de Malfoy que después de todo habían sido útiles pues la habían hecho ganar, aunque admitirlo le iba a costar. Habían estado mandándose cartas con pullas, nada de romance en eso, sólo pura diversión.

Ginny leyó varias veces el articulo de la revista que sostenía.

—Es un maldito hurón con suerte —rumió con una sonrisa.

—¿Dijiste algo? —preguntó Nata, levantando su vista de su pergamino.

—Nada —rumió—. Tengo que mandar una carta.

—¿Ahora?

—Sí.

—Pero…

—Volveré para terminar de estudiar.

En un abrir y cerrar de ojos, Ginny se había ido. Natalie se fijo en lo que había estado leyendo tan concentrada su amiga. Apenas recogió la edición, supo de que iba todo. Sonrió negando con su cabeza.

Hace unos meses parecía un dementor, pero sólo basto que peleara con Malfoy para recuperar el ánimo, ¿quién hubiese pensado que esos dos podían terminar de esa manera?

*º*º*º

Draco estaba en un bar con sus compañeros de equipo, el ambiente se había vuelto más optimista entre ellos a partir de que ganaran. Él se encontraba ya más integrado al grupo y después de obtener la snitch en él ultimo partido se había ganado su respeto.

—¿Por qué no vas con los demás? —cuestionó Whrent, uno de los cazadores del equipo, también era uno de los más grandes.

—Odio a las chicas ruidosas.

—¿En serio? No lo pensé, pareces disfrutar de tener admiradoras.

—Lo hago, pero no estoy interesado en compartir con ellas.

—Tienes una chica.

Malfoy frunció su ceño. —No tiene que ver con eso.

—¿Es linda?

—¿Y tú por qué no estás con ellos?

—Soy viudo, mi mujer estaba en Londres cuando pasó lo de la guerra, había ido a ver a unos familiares, murió a manos de unos mortifagos. No estoy por ahora interesado en mujeres —respondió y mientras lo decía aún podía notarse su tristeza—, pero aún recuerdo lo que era tener tú edad, la pasaba en grande.

Él estómago de Draco se volvió un nudo y lo que había estado tomando ahora parecía haberse vuelto ácido dentro de él.

«Muerta a manos de unos mortifagos.»

—Te has puesto tan pálido como un fantasma, ¿qué sucede?

«¿Habrá visto mi cicatriz? ¿Sabrá que fue de la marca oscura?».

La cabeza le parecía un torbellino de pensamientos.

—Chico —llamó colocando su mano sobre su hombro.

Draco se alejó de inmediato, logrando que él hombre lo viera más confundido. Se tocó el brazo izquierdo y apartó la vista. Se dio vuelta incapaz de seguir ahí, pero Whrent lo siguió.

—Malfoy.

—Déjeme.

—¿Qué demonios va mal contigo? —Lo detuvo de un jalón.

Draco se giró atormentado. —Si esta intentando vengarse o cualquier mierda, se equivoco de mortifago, yo no la mate.

—Por todos los magos, no pensé que fueses tan sensible… no soy un jodido loco que quiere destripar a las personas, ni siquiera a esos bastardos que le hicieron eso a mi Mary.

Malfoy se descolocó, no sabía si confiar o no. —Sabía que tenía la marca.

El hombre se encogió sin darle mayor importancia. —Lo escuche.

—¿Fue por eso que me lo contó?

—No sé lo que hiciste para ellos, pero no veo en ti un asesino.

Draco se calmó, parecía un animal herido y asustado. —No lo soy, no lo soy.

—Un crío como lo eres tú no debería haber pasado por eso, aún cuando tenga mala personalidad.

—¿Qué?

—¿Por qué estás aquí? ¿Por qué viniste a Francia?

—Eso no es de su interés, métase en sus asuntos. —Se giró y siguió caminando completamente alterado con el corazón rugiéndole dentro su caja toráxica.

—Huiste de tu realidad, no soportaste ser señalado, tachado como un criminal —prorrumpió el hombre siguiéndolo—. No te estoy juzgando, te ofrezco un mano, no puedes haber vivido ese infierno y no tener secuelas, ¿tienes pesadillas?

Draco se detuvo de golpe, con la espalda recta como una tabla. Receloso apretó sus puños, luchando consigo mismo. —¿Cómo me ayudaría?

—Hay un grupo.

—No soy un freaky.

—No es sobre eso, hay muchas personas que han vivido situaciones como la tuya, no eres él único.

Draco estaba temblando como un mariquita. No quería escuchar eso, no lo necesitaba, en serio que no.

Una lechuza fue directamente hacia él, picándole la mano.

—¡Rayos!

Observó la carta, sabía que venía de Ginny. Bonito momento había escogido para escribirle.

—Sólo piénsalo —manifestó Whrent antes de dejarlo solo.

Ahora no se iba a sentir cómodo con ese sujeto en el equipo. Tomó la carta sin delicadeza y la metió en su bolsillo, sin ganas de leerla ahí.

*º*º*º

Semanas después, Hermione se encontraba riendo frente a su escritorio en su cuarto, había estado haciendo sus deberes cuando la carta de Oliver llegó. Su relación con el jugador había llegado a convertirse en una buena amistad, se veían de vez en cuando y ella disfrutaba de esos momentos, él era alguien confiable con quién podía pasarla bien, pero también podía mostrar su lado débil, era una gran apoyo para ella.

—¿De qué te ríes? —preguntó Harry al entrar en su habitación.

Ella se giró mostrándose sorprendida por su presencia. —Pensé que llegarías más tarde.

—Salí antes —comentó quitándose su suéter y lanzándolo sobre la cama—, ¿aún no me has dicho por qué reías?

Hermione regresó su atención a la carta que tenía en las manos. —Ah, eso es porque Oliver nos ha invitado a su partido.

—¿Él mismo al que te invitó Viktor? —inquirió dejando ver su lado hosco. Había limado las asperezas con el jugador, más que nada por su novia que por otra cosa, sabía que ella apreciaba a Krum, pero él aunque había aceptado su derrota, seguía mirando a Hermione con esos ojos de borrego y comportándose tan galante con ella como si no entendiera que él era su novio, alimentado su descontento y sobretodo sus celos.

Ella de inmediato notó su tono, era difícil no hacerlo. Se levantó yendo hacia él con una sonrisa de gran deleite. —¿Alguna posibilidad de qué estés celoso?

—Lo estoy —gruñó mosqueado.

Sonrió aún más por su respuesta, envolvió sus brazos alrededor de su cuello, plantándole un delicioso beso, buscando quitarle su mal humor.

—Te amo demasiado como para fijarme en otros, deberías estar seguro de eso ya.

—¿Me estás tratando de sobornar para que vayamos? —inquirió elevando su ceja, aún con el sabor de su amiga en su boca.

—Tal vez.

—No quiero —replicó apretando sus manos alrededor del talle de su novia de forma posesiva.

—¡Pero te gusta el Quidditch!

—Sí me gusta, pero a ti no… tú vas por verlos a ellos.

—Honestamente, no seas infantil —reprochó, frunciendo sus labios.

Él alzó su rostro mirando al techo, para evitar aquel gesto en la cara de Hermione que lograba persuadirlo de cualquier cosa.

—Entonces iré con alguien más —soltó sin más.

—¿Qué?

—Tengo pensado ir contigo o sin ti, estoy segura que a Lavender le gustaría acompañarme y Ron seguro que me acompaña, los Chudley Cannons son su equipo favorito.

—Ron no iría.

—¿Quieres ver como si lo hará?

—¿Cuándo te volviste así? —preguntó con los ojos estrechados tras su gafas.

—Mmmm cuado mi novio no desea aceptar una invitación.

—¡Me querían quitar a mi novia!

—Eso es una tontería, ni siquiera estaban cerca de hacerlo —replicó con los brazos en forma de jarra.

Harry podía enumerar los momentos en los que sintió que estuvo a punto de pasar, los tenía grabados en la mente. Era tonto seguir con esa platica, sabía que terminaría acompañándola, confiaba en ella, pero no estaba demás mantener sus ojos en ellos. —Tú ganas, iremos.

—No podré apoyar a ninguno —comentó poco después, mordiendo sus labios. Sufriendo por no saber a quién irle.

—No lo hagas —contestó veloz. Ella nunca se había perdido sus partidos de Quidditch, debía ser a él a quién apoyara únicamente, ese era su privilegio y no quería compartirlo con nadie más, pues lo hacía experimentar cuán especial era para su amiga.

Ella movió su cabeza negando y volvió a abrazarlo, dándole pequeños besos que él recibió gustoso, acariciando su cintura.

—Vamos a cenar.

—¿Está Sirius?

—No, no ha estado en todo el día, Smigol me lo dijo.

—¿Pasaría algo? —cuestionó, líneas de preocupación aparecieron en su cara. Por lo que sabía aún no lograban capturar a los que estaban robando pociones de la botica.

—Puede ser, ¿quieres qué…?

—No, no puedo involucrarme más en casos del Departamento de aurores hasta que haya salido de la Academia, no quiero traerle problemas a Sirius.

Acarició su mejilla sabiendo que no estaba a gusto con esa medida. —Estás por terminar el primer año.

Él lo sabía, había estado trabajando arduamente por hacerlo. Los instructores no eran blandos con él, pero con todo lo que había pasado no esperaba que fuese de otra forma.

—Aún no se si seré aceptado para él siguiente año.

—Pienso que sí, te has esforzado y cumplido con lo que te pedían.

Dejó escapar un suspiro largo que no alcanzó a sacar el peso de su angustia. —Mejor vamos a cenar.

—¿Qué hicieron los elfos?

—Les pedí que no prepararan nada.

—¿Por qué?

Hermione se ruborizó, bajando la mirada. —Quiero que vayamos a otro lugar, no es lujoso ni nada.

—¿Olvide… una fecha importante? —preguntó tentativo.

—No, sólo pensé que nos vendría bien salir. Hemos estado ocupados y casi no lo hemos hecho.

—Es cierto, lo siento.

—Esta bien, pronto serán vacaciones y tendremos más tiempo para hacerlo.

—¿No tienes planeado algún viaje con tus padres?

—Han mencionado algunas ideas, pero no hemos decidido nada.

Harry no quería estar separado de ella por tanto tiempo, su mente se movió rápido entre pensamiento y pensamiento. —Si se van de viaje, diles que no podrás ir con ellos.

—¿Por qué?

Le tomó la mano, acercándola a él. —Quiero que hagamos un viaje juntos, sé que tengo lo del servicio y están las terapias, no podríamos ir lejos, yo estaría viajando para cumplir con eso, pero podríamos buscar algún lugar o lugares cercanos…

El corazón de Hermione dio brincos de emoción. —Sí, iré contigo, no importa el lugar.

—¡Gracias. Merlín, te amo! —declaró, sonriendo como un loco.

¿Qué haría sin ella?

Atrajo a Hermione plantándole un largo y tórrido beso, que no terminó ahí, los llevó a otros besos, donde sus lenguas se deslizaban en la boca del otro, prolongando el contacto húmedo hasta que chocaron contra la pared. Donde se detuvieron para calmar sus respiraciones y sus latidos, pero las corrientes eróticas seguían ahí, debajo de su piel, avivando el fuego que sólo requería de una chispa para volverse en un incendió de pasión.

Se sonrieron aún con sus labios unidos, era tan difícil detenerse. —Vamos —dijo, no quería dejar en el aire el plan que había organizado.

Hermione asintió, pero no puso distancia entre ellos, tiró de su labio inferior entre sus dientes, logrando un jadeo bajo de Harry, que se apretó nuevamente contra ella, provocando otro largo beso como promesa de terminar más tarde lo que habían iniciado.

*º*º*º

Draco observó la última carta de Ginny, no le había dado respuesta. No por qué no tuviera una, pero había estado liado con todo lo que le había dicho Whrent y por si fuera poco Pansy había aparecido, trayéndole noticias de Goyle. Su mente había estado muy ocupada pensando en el pasado, en sus acciones y en Crabbe. Las pesadillas habían estado con él más que nunca y no quería vivir así. Siendo un cobarde y un miedoso de su propio pasado. No estaba orgulloso de él, pero no quería arrastrarlo por lo que le restaba de vida.

Finalmente había tomado una decisión, vería de qué iba ese grupo y si sentía que iba con él, asistiría. Sino tendría que buscar algo más que le funcionase.

*Él nunca se había interesado en ser mejor persona, pero ahora esa era una inquietud que había comenzado a molestarle.

Se sentó frente a su escritorio y decidió escribir la carta. Sus ojos volaron hacia el calendario. Pronto se terminaría el ciclo en Hogwarts y Ginevra saldría de ahí. Mandarse cartas no había sido tan tedioso ni aburrido cómo pensaba, pero ya era hora de cambiar el juego.

Vaya Weasley así que tienes talento para el Quidditch. ¡De nada, se que ganaste por mis ideas! Claro que atrape la snitch, ¡soy muy bueno en todo lo que hago! No lo olvides, no te sientas nerviosa por estar a mi altura. Felicidades Weasley, has cumplido dos de tus metas. Te mandé tu premio, no te emociones demasiado.

Firmo la carta y sacó del cajón, una pequeña caja, lista para ser enviada.

*º*º*º

Ginny estaba teniendo un buen desayuno con sus amigas, el correo llegó y ella ni siquiera volteó a ver las lechuzas, hacía días que esperaba la respuesta de Malfoy, pero al parecer él estaba demasiado ocupado para atenderla.

Se metió la cuchara a la boca con enojo, cuando una carta y una caja cayeron frente a ella. Del susto casi se ahoga.

—¿Estás bien?

—Sí —repuso tosiendo, palmeando su pecho.

Las chicas volvieron a sus desayunos, abriendo sus propias cartas y ella pudo concentrarse en lo que había recibido. Al ver la caligrafía, supo que era de él y cómo no quería entrometidos o chismes corriendo por ahí, se levantó rápida como un rayo, olvidando su molestia, tomó sus cosas y su correspondencia.

—Las veo después.

—Pero, ¿por qué?

—¿Qué dice la carta? ¿Te mando algo?

—Adiós —respondió misteriosa.

—¡No llegues tarde!

No podía ir a los terrenos o a su habitación, tenía poco tiempo, así que aprovechó la soledad de un pasillo, para leer la carta.

—Tonto, ni siquiera sabe dar una felicitación apropiada, ¿y qué es eso de a su altura? ¿Qué es una torre? Alzado… —murmuró haciendo una mueca.

Guardó la carta y se dispuso a abrir la caja, no sin antes comprobar que no tuviera ninguna maldición.

«Mejor ser desconfiada a terminar como Katie Bell.»

Bien, eso había sido un pensamiento horrible, pero no estaba de más. Ganarse la confianza no era algo fácil y Malfoy apenas iba en la mitad del camino.

Cuando comprobó que no había nada raro, quitó la tapa.

—¿Una snitch?

Sus cejas se encontraron y su decepción fue palpable.

La tomó, la snitch abrió sus alas mientras ella la apretaba en su mano, notando una nota en el fondo.

No te emociones, Weasley. No es una joya, quizás un día de estos.

Consérvala, para que sepas que un Malfoy consigue lo que se propone.

En tus manos esta mi triunfo, el primero de muchos.

—¡Vaya bruto! ¡Cómo si yo quisiera sus joyas!

Observó con detenimiento la snitch, no puedo evitar sonreír. Él le había mandado su trofeo, la primera snitch, de su primer partido ganado como jugador profesional, quitando sus bobadas, era un gran gran detalle.

Era la extraña la forma en cómo había ido cambiando su forma de ver a Malfoy, aún seguía siendo un cretino, pero ahora se estaban conociendo de otra forma y que su familia la perdonara pero lo iba a seguir tratando, porque le gustaba.

—Tonto hurón.

*º*º*º

Ronald no había tenido noticias de Luna, habían pasado meses desde su última carta. No podía dejar de pensar que se había enojado con él por lo que había pasado en Hogsmeade y ahora ese tipo andaba por ahí lanzándole miradas enfurruñadas como si fuese el gato de Hermione. Neville no se había quedado atrás, otra vez le había dejado caer un comentario que lo hacía retorcerse de enojo.

«¿Aún no lo has entendido, Ron? Hasta yo lo hice, no puedo creer que sigas haciéndole pasar malos ratos a Luna.»

Así que cuando se había presentado la oportunidad de verla la había tomado. Era el día en que ella junto con Ginny, terminaban Hogwarts. Había ido con toda su familia, su madre y su padre habían hablado con ellos sobre la relación de Ginny con Malfoy, ninguno estaba a gusto con esto, pero no iban a dejarla a la deriva, seguía siendo una Weasley, su única hija y hermana.

Y mientras su familia estaba con Ginny, él aprovechó para buscar a Luna. No era tarea fácil con todas las personas que estaban ahí, pero no quería fallar en esto, hablaría si o si con ella.

Después de dar vueltas un rato y de creer que ella ya se había ido. La diviso a unos metros de ahí hablando justamente con su familia.

—Con este vale podrá sostener descuentos en nuestra tienda —comentó Fred, entregándoselo a Luna.

—Es un genial regalo, también tendrás acceso a nuestros últimos productos.

—Gracias, pero aún tengo las últimas cosas que nos mandaron.

—No hay necesidad de hacer un guardado, ahora podrás ir a la tienda cuando quieras.

—Y no olvides ver con buenos ojos a nuestro hermanito. —Le guiñó el ojo con una gran sonrisa.

Fred codeó a su hermano, señalando hacia Ron.

—¿Dónde te has metido?

—Fuiste a hacer travesuras.

—Eh Luna, ¿podemos hablar? —preguntó con pena.

—Bien —asintió con ligereza, por un momento había pensado que él no había acudido. Su corazón parecía un gran tambor, le sorprendía que los demás no escucharan la melodía tan estridente. Les dio una pequeña sonrisa a los gemelos antes de seguir a Ron.

—Vayan tortolitos —apuró Fred, chocando su mano con su gemelo.

—Les veo futuro.

—Sólo si nuestro hermanito no lo arruina.

—¿Qué es lo que están haciendo? —inquirió Billy, detrás de ellos.

—Contemplando el futuro.

*º*º*

Ron se detuvo en los terrenos. Luna no había dicho ni una sola palabra mientras avanzaba a su lado, eso lo ponía aún más nervioso. Se limpió las manos en el pantalón y se giró para enfrentarla.

—Luna, yo… sobre Hogsmeade…

—No sé exactamente qué fue lo que te molesto.

—No fue por algo que tu hicieras —Se apresuró a aclarar en un atropellado dialogo.

—Eso creí, te escribí cartas.

—¿Lo hiciste? Nunca me llegaron.

—No las mande.

—¿Por qué?

—Estabas molesto conmigo y no intentaste escribirme.

—Eso es porque soy…

—También tengo algo que darte por tu cumpleaños.

—Luna. —Ahora se sentía aún peor, había escavado en el pasado y este había dejado ver todo un agujero.

—¿No estás enojado conmigo?

—No.

—Yo tampoco lo estoy contigo.

Eso era un alivió, pero aun no se sentía así. Él se movió incapaz de estar quieto, no tenía una nudo en la garganta que le impidiera hablar, era sólo su vergüenza que no lo dejaba.

—Lo lamento.

—¿Por qué?

—Toda esa escena con Rolf, tratarte así...

—Acepto tus disculpas porque sé que eres sincero, lo tienes escrito en el rostro.

—¿Qué yo que?

Ella recuperó su sonrisa y él se quedó enbobado. —Iré en estos días a tu casa, para darte las cartas y el regalo.

—Claro, eres bienvenida en la casa.

—Tus hermanos me dieron esto —Mostró el vale—, quieres que lo aprovechemos juntos.

—¿No te gustaría hacerlo con Ginny, Neville o Rolf?

—No.

La seguridad con la que lo dijo, produjo una descarga de jubilo.

—Tengo extenso conocimiento de lo que venden, he pasado mucho tiempo por ahí, te recomendare lo más divertido…

Luna no ocultó su entusiasmo y por fin después de meses de incertidumbre respecto a él, podía volverse a sentir calma y esperanzada.

—Deberíamos volver con los demás, tu papá debe de estar buscándote.

—Sí, pero ¿quieres acompañarme a despedirme de los thestrals?

—Vayamos —respondió sin poner objeciones, no deseaba estar en otro lugar ni con otra persona en ese momento más que con ella y sus rarezas.

—Pasé a las cocinas por algo para ellos…

*º*º*º

Continuará…

*º*º*º

*Fragmento de la letra de Do The Hippogriff de The Weird Sisters.

*Esto salió del texto extenso que publicó J.K, nos dio la idea, así que la tomamos. (Sin embargo, su extraño interés por los manuscritos de alquimia, con los que nunca intenta crear una piedra filosofal, señala el deseo de obtener algo más que riqueza, quizás el querer ser mejor persona.) Información. bloghogwarts 2014/12/22/jk-rowling-revela-un-nuevo-y-extenso-texto-acerca-de-draco-malfoy/