Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE PERFECT GENTLEMAN
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.
*º*º*º
Finales y comienzos.
(N/as: El capítulo contiene una escena subida de tono)
Sirius había vuelto al trabajo hacia un mes, debía aceptar que había echado de menos la presión que venía con éste, aunque Remus no lo había dejado del todo fuera y él había disfrutando de ese tiempo libre, pensando en él, en los años que llevaba fuera de Azkaban, en cómo llevaba su vida desde entonces, las mujeres que lo habían acompañado por breves momentos, pero sobre todo en una que había dejado un hueco en él difícil de llenar. Anhelaba su juventud, ser rechazado no era lo mismo ahora que tenía más edad.
—Bienvenido al Magicongreso Único de la Sociedad Americana.
—Gracias, ¿dónde será la reunión? —No podía creer que había tenido que hacer tan largo viaje sólo para una reunión, esperaba que no fuese aburrida y larga. La próxima vez pediría que fuese en Londres o en un país dónde no estuviese su ex novia, que le distraía la mente aún sin quererlo. Saber que se encontraba en aquel lugar, tan cerca de ella hacía que deseará verla aún más.
Krutov le había dicho que ella lo había rechazado hacia unas semanas, la noticia lo había sacudido. El auror no era un mal tipo —tenía que reconocerlo— y la había tratado mejor que él en muchos aspectos, la idea de que ella lo había aceptado lo estuvo torturando, pero esa negativa lo había puesto a pensar en si aún ella estaba pensando en él y si deseaba que la buscara.
Estuvo devanándose el cerebro buscando tomar una decisión, pero hasta ese momento no lo había hecho, pero ahora estaba ahí, quizás… el destino estaba complotando, obligándolo al actuar al estar en el mismo lugar y dejar atrás su cobardía e inseguridades.
—La reunión fue cancelada, ¿no recibió el mensaje?
—¿Cómo? ¿Cuál mensaje?
—Incluso recibimos la confirmación de recibido —señaló el hombre, mostrándole una carta breve firmada por Nymphadora Lupin.
—Pero qué… ¡ah esa chica! —rumió, apretando los dientes. Se la había hecho y en grande, incluso Lunático estaba involucrado, él mismo lo había llevado a tomar el traslador. Ese par, su amigo debería serle fiel a él, que lo conocía desde hace años antes que a esa duende maligna que era su sobrina, no importaba que fuese su esposa…
Bien, tal vez exageraba, incluso creía saber porqué lo habían mandado.
—¿Está todo bien?
—Sí —ladró, saliendo del lugar para que sus pulmones obtuvieran algo de aire fresco y su mente se enfriara, su plan dio un giro completo cuando vio a Yannel Cornwell, entrando por la puerta.
Se quedó paralizado con una fuerte sensación de vértigo.
Yannel iba de regresó a su cubilo después de tomar el almuerzo, esos días habían sido calmados. Después de la visita de Nigel, no había tenido momentos que la dejaran en blanco, ni que la agitaran tanto hasta ese momento o más bien hasta que Sirius Black había aparecido de nuevo.
—Sirius…
Esto no podía estarlo imaginando, estaba de pie frente a ella, luciendo sólido y real como la última vez que lo había visto.
Black fue él primero en recuperar la movilidad, tenso de la cabeza a los pies se acercó a ella. ¡Por los calzones de Merlín, ¿no podía lucir natural y gallardo?!
—Luces bien.
Yannel sintió como el corazón le daba un saltó en el pecho, ¡el muy traidor! No podía culparlo del todo por reconocer al hombre que le hacia perder la cabeza.
—Gracias. —Su voz sonó tan afectada que deseó no haber dicho nada.
—Vine a una reunión, pero… ¿podríamos hablar en otro lugar? —¡Por todas las gárgolas! Sentía el cuerpo temblándole, se estaba conteniendo demasiado, quería tomarla ya entre sus brazos. ¿Por qué había jodido tanto las cosas?
Yannel se sintió aún menos dueña de si cuando la mirada plateada de él la recorrió cómo si no existiera nada más. —Estoy en mi horario de trabajo, no creo que…
Sirius miró su reloj, haciendo cálculos rápidos. —Si no me equivoco aún tienes unos minutos antes que se acabe tu horario de almuerzo, ¿o aquí se manejan de otra forma?
Touche.
—No —Tragó en seco, necesitaba recobrar el control de su cuerpo, esto no podía estar pasándole—. Vamos.
Él no esbozó una sonrisa triunfante hasta que ella se dio vuelta, no quería hacerla enfadar tan pronto. La siguió por el lugar observando su figura delante de él, el balanceo de sus caderas, su espalda recta, su cuello alto descubierto de su cabello por el peinado que llevaba, quería poner sus labios ahí, acariciarla hasta hacerla gritar de placer. Tuvo la oportunidad de hacer eso y que poco lo aprovecho, quizás ahora debería comenzar de otra forma, tal vez haciéndola feliz y un buen inicio sería hacerla reír mucho, hasta que le doliera el estómago y las lágrimas salieran de sus ojos.
«Tengo que lograr que me de otra oportunidad.»
—Hay un parque cerca —mencionó sin aguantar un minuto más el silencio; tenía la sensación de que no había apartado la mirada de ella y no lo soportaba, debía hacer que dirigiera su atención a otro lugar.
—Esta bien, estaba deseando algo de aire —comentó dando unos pasos más para ir a su lado, porque de seguir por el camino que iba su mente, los pantalones le quedarían demasiado apretados.
—¿Pasó algo?
—Vine a una junta y no hay tal junta.
—Nada ha cambiado, ¿eh? Sigues siendo un desordenado. —Sus labios se abrieron curvándose en una sonrisa que él disfruto como si estuviese viendo una gran obra de arte.
—Esta vez no fue mi culpa, pero no esta mal haber venido después de todo —pronunció dejando ver los signos de coqueteo.
Yan se quedó callada, apretando su boca, sintiendo un vuelco en su estómago.
«Todo esta bien, no caeré.»
Siguieron el camino en silencio hasta llegar al parque, dónde Sirius no pudo seguir callado.
—Es un lugar agradable.
—Lo es —confirmó, mirando los árboles moverse por el viento—. ¿Cómo esta la situación allá?
Canuto agradeció el haber podido sacarle más de una palabra, aunque su pregunta pertenecía a un tema espinoso y no era algo que quisiera contar. —Han pasado muchas cosas desde que te fuiste.
—Me lo imagino.
—Fui suspendido.
—Espera… —Lo tomó del brazo deteniéndolo de forma brusca— ¡¿Qué?!, ¡¿Por qué?!
—¿No te lo contó mi querida sobrina? —inquirió sorprendido por su intensa reacción.
—Eh… no.
Se sintió dolido. Ella ni siquiera estaba enterada por lo que había pasado, ¿así estaban las cosas? No quería saber de él.
Eso si que le había dado un buen bajón.
Yannel cerró los ojos por un momento, reprendiéndose un poco ante la obvia decepción del hombre.
—No importa, debes estar ocupada con tu vida aquí.
—Sabes cómo es esto de ser auror.
—En un nuevo lugar con otras personas. Sí, lo puedo imaginar —comentó arrastrando sus palabras, teniendo un ligero ataque de celos. Reinició la caminata, aferrándose a no perder la cabeza.
Cirse bendita, esta conversación iba que volaba para ser un desastre.
—Aún extraño a mis compañeros, echo de menos a todos.
—Sé que Krutov vino a verte.
—¿Lo sabes? —La pregunta brincó de sus labios sin que pudiera detenerla.
—¿Sorprendida? No pienses que soy un acosador, él me lo dijo.
La boca de Yan cayó y su andar ceso. ¿Cuándo se habían vuelto esos dos tan cercanos?
—No somos cavernícolas, sabemos ser caballeros.
—Esto, es tan extraño. —Fue lo único que pudo decir, andando nuevamente.
—Lo rechazaste.
Él no había formulado una pregunta, pero sin duda estaba en el aire, el corazón le bombeó con fuerza. —No es lo que crees.
—¿Y qué creo? —Presionó, enarcando su ceja.
—Que fue por ti —respondió de forma atropellada.
Sirius mostró una sonrisa lobuna. —¿Lo hiciste por mi? —Su voz ronca, la hizo estremecerse.
—¡No! No tienes porqué creer eso.
—¿Fue por otro?
—No. ¡Por todos los duendes! ¡Basta! ¡No hagas eso!
—¿Qué es lo que estoy haciendo?
—¡Eso!, estás creando este juego…
—Deberías tranquilizarte un poco —aconsejó tomándola de los brazos, en un gesto que no era ni intimo, ni agresivo.
Cornwell sintió el calor de sus manos atravesar las capas de su ropa, su fuerza sosteniéndola. Había esperado no volver a experimentar su tacto y aunque no estaban piel contra piel, seguía alterándola.
Dio un paso hacia atrás y él la soltó sin poner resistencia.
—Lo siento, es mejor que vuelva.
—No tienes que disculparte, soy yo el que debe hacerlo.
—No importa, dejemos esto aquí. —Buscó ponerle fin a ese absurdo encuentro, pero él se interpuso sin dejarla pasar.
—No puedo, quiero que hablemos.
—No.
—Sólo quiero que me escuches.
—¿Por qué debería? —cuestionó esperando por su sinceridad.
—Por lo que hubo —hay— entre nosotros.
Yannel llevó aire a sus pulmones con una profunda respiración, mientras sus miradas se sostenían y ella se sentía caer en las redes del hombre. No quería sentir esto, pero ahí estaba ese hormigueó en su panza, esa emoción oscura que él despertaba en ella.
«Soy una tonta, no debo olvidar lo que sucedió.»
—Nada va a cambiar —mencionó convencida de sus palabras.
Black sonrió como un demonio. —¿A qué hora es tu salida?
—A las 6.
—Bien, ahí estaré.
—No, ¿por qué lo harías?
—¿Vives cerca? Dame tu dirección, iré ahí.
Ella no lo hizo de inmediato, tenía la mente como un juego de atracción dando vueltas y vueltas. Merlín, estaba a punto de hacer lo que creía.
«No puedo ser débil.»
Canuto se retiró los mechones que caían sobre sus ojos, cambiando de pie su peso, aguardando, sin querer decir más, por temor a presionar demasiado.
De pies a cabeza, era la imagen de un hombre que emanaba maldad, no del tipo oscuro, sino del que es peligroso para las mujeres. Era el tipo del que te advertían tus padres en la adolescencia, pero vamos, ella ya no era una adolescente, pero no por eso las advertencias caducaban.
Sentía como si Sirius tuviese el encantó de una veela y estuviese extendiendo tentáculos invisibles hacia ella, era como si no tuviera forma de defenderse ante aquel ataque de seducción.
La alerta en su cabeza se encendió, pero aún así se encontró recitando su dirección.
Y ahí iba de nuevo a quemarse con el fuego, ¿o esta vez las cosas podrían resultar distintas?
*º*º*º
Sirius mató el tiempo entre buscar un lugar para quedarse por si hacia falta, comer y recorrer el lugar. No era del tipo que se aburría estando solo y menos después de haber pasado esos años encerrados en Azkaban, para después pasar otros tantos encerrado en la vieja casa.
Llegar a la dirección no le costó demasiado y mientras esperaba checó las barreras y alarmas. Sorprendiéndose de la seguridad. No le parecía una zona peligrosa, pero le agradaba saber que cuidaba de su protección.
Yannel se detuvo a unos metros de su casa, observando al hombre parado ahí. Las últimas horas no había hecho más que pensar en lo que pasaría. ¿Por qué había vuelto a meterse en ese asunto?
Pff era hora; a lo hecho, pecho.
Caminó a su encuentro, luciendo segura por fuera, pero sólo era la carcasa que encubría a la gelatina de nervios que era por dentro.
—Estoy aquí, ¿qué te parece el lugar?
—Agradable —dijo simplón—. Que sea seguro es más importante, ¿por qué tienes tantas protecciones?
—Mujer sola en casa, es el blanco de muchos crímenes.
—Eso pensé, cuando dijiste que venías a Estados Unidos me preocupaba lo que pudiera sucederte estando lejos… —reveló casi sin darse cuenta.
El pulso se le elevó a Yannel. —¿En verdad? Soy aurora.
—Lo sé, pero eso no cambia las cosas —dijo más consciente.
Ella no dejó que la atmósfera entre ellos se expandiera y comenzara a afectarle los sentidos. —Permíteme. —Se abrió paso para abrir la puerta.
Ya dentro, las luces se encendieron iluminando el lugar. La mirada de Sirius vagó por la casa, no era lujosa pero si cálida.
«Vive bien.»
No es que deseara que no lo hiciera, pero eso lo hacía sentir que sobraba que ella en verdad había seguido relegándolo al olvido.
—¿Quieres algo de beber? —inquirió deseando mantenerse ocupada.
«Sí, a ti.»
Genial, ahora estaba pensando como un maldito chupasangre.
—Lo que tengas esta bien.
—¿Has comido?
—Lo he hecho.
—Prepararé algo para la cena.
—Yannel —llamó, tomándola del brazo—, esta bien. Hablemos primero.
Ella se puso rígida como una estatua, él pensó que era debido a su agarre así que la soltó.
—Traeré las bebidas.
Sirius se restregó la cara con una mano. No era un hombre que tuviera discursos hechos en la cabeza para situaciones así, las palabras siempre había fluido cuando las necesitaba y de mujeres se trataba, sabía encantarlas, pero no resolver los problemas con ellas y hablaba de los serios, no peleas tontas de enamorados.
¿Estaba sudando? Demonios sí.
Tenía que hacer las pases con el amor.
«Aquí vamos, vamos a ser socios.»
Desearía hablar hablado con Remus antes, pero su primera reacción hacia él había sido mandarle un patronus diciéndole un par de cosas sobre hacer ese tipo de jugadas a sus espaldas, confabulándose con su colorida esposa.
Tal vez si era infantil y tomar las responsabilidades no iba con él o no todas.
«Si ella muriera, te recriminarías el resto de tu vida que tus miedos decidieran por ti.»
Justo en ese momento tenía que recordar lo que Harry le había dicho tiempo atrás.
Ya había pensado lo suficiente el asunto, no iba a romperse la cabeza más.
—¿Estás bien? —preguntó Yannel, sosteniendo una copa frente a él.
—Sí, ¿por qué?
—Parecías algo ido.
—¿En serio? No le des importancia.
—Bien.
—Así que tenías alcohol.
—Sí, para las noches difíciles… —Si para esas en las que había sufrido por su corazón roto, aunque no exclusivamente para eso— ya sabes, suele haber un par en este trabajo.
—Sí. —Si lo sabía él, había visto cosas horribles trabajando en el Ministerio y fuera de él.
—Puedes sentarte, los sillones no te morderán el trasero.
Sirius soltó una risita. Yan se sentó en otro sillón, recogiendo sus pies, adoptando una postura de protección.
—Debería comenzar ya, ¿no?
—Puedo esperar unos minutos.
Él no pudo sonreír. ¡Gryffindor!, se pasó la lengua por los labios humedeciéndolos. No tenía un nudo en la garganta, pero aún así le costaba sacar aquello de su pecho.
—Yo… demonios —Hizo una pausa. Yannel supo en ese instante que algo grande había pasado—. Perdóname.
Se quedó patidifusa, esta no era otra disculpa común, en verdad podía sentir cuánto lo sentía, emanaba de cada parte de él. Incluso su postura había perdido arrogancia, cabizbajo con los hombros caídos y el torso contraído.
—Sé que lo has escuchado antes, pero nunca de esta forma. Debí haber hecho esto hace mucho, pero exponer el corazón no es algo que los hombres vayan haciendo todos los días y menos yo. No soy el hombre que mereces, no me he comportado como debía, te falle, me aleje… y te herí, sólo por querer mantenerme intacto, por no querer dar todo de mi, el amor no era algo que fuese mi prioridad, tenía tanto pavor de perderte que al final eso hice. Pensé que eras obstinada por no aceptarme de nuevo, pero él obstinado era yo.
Yan no sabía si en verdad estaba escuchando aquello o si es que había entrado a otra dimensión.
—Por fin fui honesto conmigo, pasaron décadas antes de que estuviese en una relación real, cuando era joven no le di la importancia que merecía a ninguna de las chicas con las que salí o estuve, estábamos en guerra, tenía otras prioridades y luego estuve en Azkaban, ¿con quién iba a tener una relación?, ¿con un dementor? Joder, estar ahí volvía locos a todos, pero yo no lo estaba tanto como para verlos atractivos y dejar que me besaran —bromeó, ella estaba tan callada e inexpresiva que no sabía si estaba yendo por buen camino, pero tal vez no debería estar jugando, no cuando ella necesitaba verlo serio, seguro—. Después volqué toda mi vida en Harry, en desenmascarar a ese bastardo de Pettigrew, las cosas se complicaron, no tenía de nuevo tiempo para relaciones. Luego apareciste tú, aún recuerdo la primera vez que te vi, estabas con Dora y no podía apartar los ojos de ti… sé que lo arruine, que cuando estuvimos juntos fui un desastre y que te arrastré a eso, pero no quiero que esto tenga ese final, quiero salvar las cosas contigo.
Yannel estaba conmocionada y tal vez ese término se quedaba cortó en cómo se sentía ante la exposición del corazón del hombre.
—Mierda —susurró al ver caer de sus ojos lágrimas—. No he venido aquí para hacerte llorar. —Se levantó y fue hasta ella limpiando con manos cayosas sus mejillas.
—En verdad estoy deseando lanzarte una maldición y verte retorcer en mi alfombra, sólo para que lo sepas.
Bien, no era lo que él estaba esperando oír, pero estaba bien volver a escucharla hablar y debía buena señal el que no lo estuviera echando.
—Y he estado deseando todo el maldito día… no, todo este tiempo, él poder besarte y hacerte mía.
Ella soltó un bufido de incredulidad. Aquello había sonado bien y se sentía increíble, pero las heridas le pedían ser cautelosa.
—Debería decirte que te metas tus disculpas por el trasero.
Canuto soltó una carcajada dejando ir un poco de la tensión que estaba experimentando. —Y lo tendría bien merecido.
—No sé si podré con esto.
—No te forzaré a hacerlo —comentó acariciando su rostro, poniéndose de cuclillas frente a ella.
—Deseé mucho escuchar esto.
—Siento llegar tarde.
Ella negó con su cabeza, él le quitó el vaso de las manos, antes de alzarse y tomar su boca de terciopelo, tomándose todo el tiempo del mundo para recorrerla. Ella titubeó antes de unirse a él en un juego interminable de roces y caricias.
*º*º*º
Sirius se removió en la cama, sintiendo el roce de las suaves sábanas contra su cuerpo desnudo. Buscó a tiendas el cuerpo de Yannel, pero ella no se encontraba ahí, esto lo hizo abrir los ojos de golpe.
Aún no amanecía, más razón para buscarla. Se incorporó ligeramente con ayuda de sus codos, encontrándola sentada en un sillón junto a la ventana, estaba usando su camisa y el viejo Merlín no lo dejaría mentir, lucia ardiente o tal vez era él, un tonto enamorado que aún no tenía suficiente de su mujer.
¿Así era cómo se sentía estar feliz, sin miedos ni cadenas?
Simplemente dejándose ir.
—¿Qué haces ahí?
Ella giró el rostro con el asombro dibujado en él, era claro que no había esperado que despertara o no tan pronto. Él esperó la respuesta, pero esta no llegó, en cambio ella se levantó mostrando sus piernas torneadas, era una buena visión, bastante estimulante, quería volver a recorrerlas mientras le rodeaban la cadera.
—Sólo estaba pensando.
—¿En qué?
—En esto —musitó sentándose en la cama, pasando sus dedos por la melena oscura, buscando acomodarla.
—¿Algo va mal?
Movió su cabeza negando, una suave sonrisa cubrió su boca, pero estaba desprovista de una alegría que él estaba sintiendo.
—Tienes que volver a casa.
—¿Vendrás conmigo? Sabes que tu lugar esta allá.
Ella bajó su mano y tomó una larga respiración. —Eso es lo que estaba pasando y he decidido no hacerlo.
—¿Por qué?
—Porque no voy a dejar mi vida para seguirte a ti, no funciona así, acabamos de poner unos puntos claros entre nosotros, pero aún faltan más. Además no quiero volver a llevar mis problemas amorosos al trabajo, no hemos descubierto si esto —Lo señalo, para después señalarse— va a caminar.
Sirius cambió totalmente su expresión, la felicidad parecía ser algo que duraba muy poco. —¿Y cómo esperas que pase si estaremos separados?
—No será así, será una prueba… vamos a tomarlo lento esta vez. Antes no funcionó y estábamos en el mismo lugar, ahora será un poco más difícil pero es posible, si lo quieres.
Él soltó un gruñido, no le gustaba nada lo que estaba pasando.
—No te quiero lejos.
—La distancia, nos mantendrá con los pies en la realidad.
—Nuestros trabajos, los horarios que tenemos, no harán fácil que nos veamos.
—Encontraremos el tiempo, estamos a la distancia de un traslador y hay otros medios, no seas tan dramático.
—¿Dramático? —resopló irritado.
—Esto es sobre los dos, ¿estás conmigo o tomamos esto como una despedida?
—Despedida mis bolas —masculló con las tripas retorciéndole, aquella no era el saludo que deseaba tener al despertar, era más como un par de puñetazos de realidad horrorosa.
—¿Es un no?
—Es un jodido sí, no te vas a deshacer de mi tan fácil. —La tomó tumbándola de nuevo en la cama, recibiendo un gritillo a causa de esto—. Si voy a estar lejos de ti, voy a disfrutar hasta del último minuto que este aquí.
Cornwell recuperó su brillo de felicidad, su rostro se volvió a embellecer con la presencia de su sonrisa real.
—Ven aquí —profirió haciéndole lugar entre sus piernas, mientras sus bocas se alcanzaban, devorándose nuevamente.
*º*º*º
El día del cumpleaños de Harry llegó, él había estado tan ocupado que apenas recordaba que lo era y ese día no fue la excepción. Había quedado de ver a Ron y Hermione en la tienda de los gemelos, para tomar y cenar algo por la fecha, lo cual lo mantenía aún en pie. Arribó al lugar y él sólo ver las luces con los letreros le dieron ánimos, era difícil no sentirse contagiado de aquella vibra.
Abrió la puerta y sin más le llovieron cantidades de confeti mientras su familia salía de los rincones cantando por su cumpleaños.
—Harry, querido —llamó la señora Weasley, él fue a su encuentro dejándose abrazar por ella—. Has crecido tanto, pero… ¡oh! has perdido peso, ¿qué es lo que has estado comiendo?
—Es por la Academia y el servicio.
—Ven, debes poner algo de comida en tu cuerpo.
—Mujer, espera que terminemos de saludarlo —comentó Arthur, abrazando al chico, lo quería como si fuese su propio hijo y verlo cumplir un año más, le llenaba de alegría el corazón.
—¿No pensarás que lo había olvidado? —inquirió Sirius con una sonrisa de lado.
Harry recibió con gusto el apretón de manos de su padrino y su abrazo lleno de fuerza, al igual que el cálido saludo de Remus, las palabras graciosas de Nymphadora y la sonrisa del pequeño Teddy, que aplaudió apenas lo vio.
Fue abrazado tantas veces que se sintió mareado de felicidad, pero aún faltaban las dos personas que lo habían acompañado todos esos años. Ron apareció primero, tenía una mancha de crema batida en la mejilla.
—Ya era hora que llegarás, camarada.
—Hubiese llegado antes si hubieses sido claro.
—Límpiate la cara —dijo Ginny, dándole una servilleta, mientras pasaba por ahí. Había felicitado a Harry, junto con los gemelos, así había sido menos raro e incomodo.
Hermione esperó que él y Ron terminaran, para lanzarse hacia él, dándole un gran abrazo, llenó de todo el amor que sentía por él. Harry la sostuvo, sintiendo dificultad al respirar, ella en verdad lo estaba estrechando con fuerza, pero no le importaba, porque en serio le gustaba sentir su calidez, su entrega y su cariño, le tocaba el alma cada vez que tenía esos gestos con él. Siempre habían sido importantes para él aún cuando todavía eran amigos y él no conocía el corazón de su amiga ni tampoco el suyo.
—Feliz cumpleaños, Harry —murmuró en su oído, causándole un estremecimiento—. Te amo.
—Y yo a ti. —La alejó tocando su cara, cada vez que la miraba la encontraba hermosa, no porque ella usara maquillaje o pusiera empello en su arreglo, si fuese así no la encontraría adorable al despertar, era porque la veía como ella era, realmente lo hacía. Hermione se sonrojó suavemente, conociendo aquella expresión en el rostro de él. A corto la distancia y lo besó hasta quedar sin aliento, sintiendo las piernas temblarle.
Harry con su corazón creciendo de felicidad, mantuvo a su novia cerca mientras recuperaban la normalidad de sus respiraciones, escuchando los silbidos y burlas a su alrededor.
Ron sabiendo que sobraba, dio vuelta, su estómago se había encogido un poco, pero nada que no pudiese manejar. Al ver a Luna sirviéndose un vaso de ponche fue hasta ella, habían tenido un gran día juntos justo en ese lugar, dándole un buen uso al vale. Se habían divertido un montón pasando el rato con los inventos de sus hermanos. Su risa aún tintineaba en sus oídos como una pequeña campana cada vez que lo recordaba o estaba en ese lugar.
—Ronald, ¿quieres un poco?
—Sí, gracias
—Es una agradable reunión, creo que le traerá mucha alegría a Harry.
—Lo necesitaba.
—Sentir el apoyo de los amigos aligera el corazón, le da alas —pronunció segura.
Ron sonrió ligeramente, sintiendo una sensación distinta en el estómago, incluso puso una mano sobre él buscando calmarla. —¿Eso crees?
—Sí. Toma.
—Gracias —mencionó tomando el vaso, sintiendo sus dedos rozarse, produciéndole un hormigueo agradable.
—Mi padre me ha dicho que iremos de viaje al Bosque Negro.
—¿En serio? ¿Cuándo será eso?
—Ah… la próxima semana. Rolf me ha dicho que veremos muchas criaturas.
«Rolf, otra vez ese.»
Ahora su bebida le parecía ácido. No había arreglado las cosas con él, pero no le daba la gana viendo cómo tampoco se prestaba para hacerlo y lo único que hacía era pasar tiempo con Luna.
—Me imagino que sí —contestó adusto.
—Iré a comprar algunas provisiones para los días que estemos acampando, ¿quieres acompañarme?
Ron casi se ahoga. —¿Quieres que lo haga?
—Podríamos ir después por unas golosinas.
—Sí —afirmó sin dudas.
—Bien. Llevaré unos cuantos vasos por allá.
—¿Quieres qué te ayude?
—Si quieres —dijo alzando sus hombros con gracia.
*º*º*º
Harry había perdido todo el cansancio que había sentido antes de ir ahí, ahora estaba riendo, disfrutando de la reunión. Observó a Ron andar con Luna por la tienda, se veían cómodos el uno con el otro.
—Yo también los he visto —comentó Hermione, mirándolos con ojo analítico.
—¿Crees…?
—Me gustaría.
Él no sabía si Ron ya había superado del todo su herida o si sería capaz de compartir con Luna mucho tiempo, eran distintos, pero si ocurría estaría completamente de acuerdo.
—Mira a Teddy, parece que quiere venir hacía aquí.
Su pequeño ahijado tenía los ojos puestos en él, Harry bajó su cerveza y fue por él. Las manos de Teddy de inmediato fueron a su rostro, encontrando curiosas sus gafas.
Hermione lo siguió con la mirada, siempre había creído que él lo hacia bien con el pequeño. Se llevó una mano a su vientre de forma inconsciente, en verdad esperaba que la magia de curación avanzará, no pedía tener un puñado de niños, pero si fuese capaz de engendrar uno, estaría más que satisfecha por el resto de su vida.
Estaba tomando el asunto con mayor aceptación, su sanador le había dicho que no se obsesionara, que fuese de poco a poco.
—¿Estás bien?
—Si, si —Salió del estupor, encontrándose con Ginny a su lado, aquello la tomó por sorpresa. No habían hablado mucho, apenas cruzaban saludos escuetos y sonrisas tímidas—. ¿Tú?
—Bien.
Hermione, miró sus manos, estaba un poco nerviosa por estar con ella, tal vez no debía decir nada, pero aquel asunto sobre Malfoy seguía siendo una espinita para ella y no sabría si habría otra oportunidad. —Ginny, no se si deba, pero…
—Malfoy no me ha matado. Sé que también quieres advertirme, pero no lo hagas. No soy una dama en apuros y él no es un criminal. No necesito ser rescatada.
Hermione la miró por un largo momento. —Sólo ten cuidado.
—No te preocupes.
Hermione no agregó nada más. Estaban caminando sobre la cuerda floja, no estaba bien tensar las cosas aún más en su primer plática.
—Teddy tiene a Harry comiendo de su dedo meñique.
—Lo sé.
—Respecto a él… fue bueno que me dijeras las cosas, sólo quería que lo supieras.
Los primeros amores no a todos los funcionaban, Harry lo había sido para ella, pero había tenido que esperar mucho por él, sólo para terminar dándose cuenta que no estaban hechos para un por siempre. Sólo bastaba con ver como se miraban esos dos para darse cuenta que aunque ella hubiese seguido en medio, ellos hubieran encontrado el camino para unirse, había sido mejor lo que había vivido aunque no por eso menos doloroso.
—Gracias —repuso después de lograr controlar sus emociones.
—Iré por más pastel. —Y así como la brisa se fue, dejando a Hermione con un buen sabor de boca. No sabía si en un futuro su amistad volvería, pero esperaba que si.
*º*º*º
Harry estiró sus músculos al entrar en su casa. La había pasado muy bien y su estado de ánimo era ligero y burbujeante como el de un niño pequeño.
—Creo que caeré rendido.
Hermione soltó una risita. —Espero que no tanto.
Él le lanzó una mirada curiosa, pero ella no agregó más, haciéndose la misteriosa.
—Tomo una ducha y voy a tu cuarto.
—Esta bien.
Antes de separarse, él la atrajo para un beso profundo. —Gracias por la fiesta.
—No lo hice sola, pero me alegra que la hayas pasado bien.
Cada quién fue a su habitación y mientras Harry tomaba una ducha despreocupada, Hermione lo hacía de forma veloz. Salió corriendo del cuarto de baño con una toalla amarrada al cuerpo. Sobre la cama yacía el regalo de navidad que le había dado Sirius. Bien, había llegado el momento de ser valiente y usarlo. Harry le había dicho meses atrás que deseaba vérselo puesto y ella había estado demasiado apenada para querer usarlo, desde entonces lo había guardado y cuando habían comenzado a tener relaciones simplemente nunca encontró el momento, porque todo se había dado sin tiempo de preparativos extras, pero ahora le parecía una buena ocasión.
Él ya la había visto desnuda, no tenía porque causarle problemas, aunque aún le daba mucha vergüenza. No se consideraba sexy, ni con un cuerpo escultural que hiciera resaltar esa ropa, sólo esperaba no hacer el ridículo.
Se puso crema hidratante en el cuerpo, una pequeña prenda a juego y el delicado camisón. Se sentía fresco contra su piel y caía sobre su cuerpo con gracia. Caminó al espejo dando vueltas, viéndose de todos los ángulos.
«Menos mal que no luzco grotesca o vulgar.»
La anticipación y los nervios, no la dejaron estar mientras se secaba su cabellera de rizos rebeldes, ponía un poco de color en su rostro y se echaba un poco de perfume del que tanto le gustaba a él.
Finalmente prendió las velas aromáticas y fue a la cama. No creía que Harry tardara mucho más, sólo esperaba que no se hubiese quedado dormido.
No iba a adoptar ninguna pose sexy, sólo se mantuvo boca arriba jugando con un cojín.
«Espero no verme ridícula.»
*º*º*º
Harry se quedó un buen rato remojándose, se tomó su tiempo en ponerse un pijama y finalmente con pasos perezosos cruzó el pasillo para entrar en la habitación de su novia.
Lo primero que notó fue la falta de luz, pero eso quedó en el olvido cuando encontró a su amiga sobre la cama en una posición cómoda usando aquella prenda reveladora. Los ojos le dieron vueltas, aquello fue lo suficiente estimulante para despertar su interés sexual. Soltó una maldición silenciosa y aventó la puerta, logrando que se azotara.
Hermione respingó por el sonido, se quedó quieta sin saber si moverse era la mejor opción. Así que lo dejó ver cuanto quiso, notando su reacción, sus pantalones de pijama comenzaron a abultarse, no había duda que escondían una erección. Aquello le dio la seguridad que necesitaba, fue un cumplido sin necesidad de ponerlo en palabras.
—Tú quieres volverme loco —soltó con un fuerte suspiro. Se subió a la cama y como si temiera que ella fuera a desaparecer la atrajo hacia él con delicadeza.
—P-pensé que querías verme con él.
—Demonios sí y te veo. —No estaba para ser elocuente, podía sentir como la excitación comenzaba a hacerse cargo de su mente y su cuerpo. Observó su cara con esos labios entreabiertos invitándolo a tomarlos, su cuello expuesto mostrando únicamente el collar que él le había dado en navidad. Sus ojos se oscurecieron de deseo, podía notar a través de la tela de encaje las puntas de sus senos, su miembro palpitó bajo su pantalón de franela. Su cintura apenas estaba cubierta, su calzoncillo negro se asomaba por debajo de éste, llamándolo.
Se quitó la camisa de un tirón aventándola lejos, el calor que sentía lo iba a asfixiar si no terminaba sin ropa ya. Por un momento pensó en cómo deseaba tenerla y finalmente se decidió bajó de la cama atrayéndola a la orilla, dejando que sus piernas colgaran y fue justo ahí donde se colocó.
—Harry —llamó desesperada por tener ya alguna atención de él.
Su cuerpo se inclinó sobre el de ella como una sombra, encontró su boca en un beso que avivó el deseo en ambos. Hermione repaso la espalda de Harry, disfrutando del calor que emitía su piel de la forma en que él respondía frotándose contra ella y sólo podía pensar que necesitaba más, más, más..
¿Acaso lo había dicho en voz alta? Porqué el rió contra su garganta de forma oscura, logrando que un hormigueo intenso la recorriera.
—¿Debo ir lento?
—No, por favor… —pidió metiendo su mano en la melena azabache, mientras la otra se aferraba a su piel tostada, marcándola.
Él la complació rozando su erección contra la piel sensible entre sus piernas. Ella apretó sus muslos a la cadera de él, buscando más fricción, dejando que sus cuerpos sucumbieran a sus instintos, guiándolos por aquella senda abrasadora que iba hacia su placer.
La recorrió con sus manos, como un artista recorre su obra al pulirla, sintiendo la tela acariciar sus manos en el proceso. Sus labios se perdieron en aquel escote, humedeciendo su piel con sus besos y mordidas. Ella guió su cabeza hacía sus senos, curvándose imposiblemente esperando así obtener un poco de atención ahí.
Harry sonrió contra su seno cubierto, buscó aquella punta de seda, envolviéndola con su boca, tirando de ella, succionándola. Aquello enloqueció a Hermione, su respiración se volvió aún más trémula, él alcanzó su otro seno con la mano, presionándolo, tocándolo de aquella forma que ella tanto le gustaba y como premió recibió una melodía de candentes suspiros y suplicas incompletas.
Iba a venirse en sus pantalones y aún ni siquiera había comenzado. Fue descendiendo por su cuerpo con lentas y cuidadosas caricias, levantando el camisón a su paso, revelando la suave piel que olía exquisitamente, tocarla era un sueño, sentir su respuesta, el calor que transmitía, era para volverse loco.
Y finalmente estaba esa panty, lo único que lo separaba de la gloria, la tocó sobre ella comprobando su humedad, logrando que ella jadeará con fuerza.
—Mmmm… tócame, Merlín, te necesito…
Él la complació disfrutando de verla tan desesperada, sus dedos tiraron de la prenda descubriéndola, la bajó por sus piernas hasta que quedó relegada en el suelo. Regresó al lugar donde deseaba ir fue lento, aprovechó para acariciar sus piernas, sus muslos, el interior de estos, repartiendo pequeños besos y tiernas mordidas.
—Harry, por favor… —Se removió en la cama como si estuviese en el límite sin poner lograr alcanzar la meta, siendo una dolorosa tortura.
Él la complació llevando su mano aquella suave piel, acariciando su centro, penetrándola con los dedos, logrando que ella se volviera una masa temblorosa que alcanzó de forma avasalladora su orgasmo, dejando escapar su nombre, siempre su nombre como si fuese una plegaría a un dios.
No es que él se considerara así, ni tampoco un experto, pero había aprendido lo que a Hermione le gustaba, sonrió malditamente satisfecho. Ella lo miró a través de sus parpados ligeramente caídos, una sonrisa floja apareció en sus labios, antes de que elevara su pierna mostrándose, ofreciéndole tomarla.
—Ven.
—Joder Herms. —La deseaba con locura como si nunca antes la hubiese tenido. Se bajó los pantalones de un tirón, mostrando su orgullosa erección, que no tardó en sumergir en el cuerpo de Hermione, deseó ir lento pero no pudo hacerlo y ella no pareció importarle, lo recibió alzando sus caderas, logrando que él fuera más profundo.
Harry emitió un sonido desde lo profundo de su garganta, comenzó a moverse apasionado deleitándose con el calor, la estrechez, la forma en que ella iba a su encuentro. Hermione creía haber quedado desecha después de su orgasmo, pero apenas él la había penetrado todo comenzó de nuevo.
—Ah… sí, más rápido.
Eran exactamente las palabras que él deseaba oír. Sus manos envolvieron su trasero, guiándolo, apretándolo, mientras el rodaba sus caderas, entrando en ella con un ritmo duro y rápido, una y otra vez con más intensidad sin pausas, ni delicadezas. Todo se volvió una locura que los hizo olvidar todo, su mente se desdibujo mientras sus cuerpos se encontraban en ese vals vehemente, necesitado, cada vez más cerca, sus frases muriendo en gemidos entrecortados, mordidas y besos rápidos.
El placer los sacudió como un terremoto, corriendo por todas su terminaciones nerviosas, dejándolos en blanco por un momento.
Harry no pudo seguir en pie, se rindió desparramándose sobre el cuerpo tembloroso de su novia. Aquello había sido bastante intenso. Sabía que debía liberarla de su carga, pero era algo que le parecía imposible en esos momentos.
Finalmente lo hizo, ya más en sí, con la cabeza liberándose de la bruma del sexo. Fue muy cuidadoso al salir de ella, ahora que tomaba consciencia, quizás se había sobrepasado un poco, nunca se había dejado ir con tanta intensidad. Sacó los pies de su pantalón y la miró seguía con los ojos cerrados luchando por recuperarse. La tomó en brazos y ella se sorprendió, clavando su mirada en él cuestionándolo.
—¿Estás bien? —inquirió dejándola en la cama en una posición más cómoda, sus piernas seguro lo agradecerían—. Creo que… fui un poco violento.
Ella negó con una sonrisa cansada pero llena de satisfacción. —Fantástica.
Él dibujo una gran sonrisa que mostró sus dientes. Menos mal que le había gustado, tal vez podrían hacerlo nuevamente. Se apresuró a ir a su lado, Hermione se acorrucó y él la besó con cariño, yendo lento mientras invadía su boca, envolviendo sus lenguas en un juego flojo pero suficiente intimo para estremecerlos.
—Me volviste loco en verdad.
—De haber sabido que te gustaría tanto, lo hubiese usado antes —comentó haciendo referencia al camisón—. Ni siquiera me lo has logrado quitar.
—No es la ropa, eres tú y eso tiene solución —dijo con una brillante idea, esta vez iría lento—. Merlín, te amo.
—Y yo a ti. Feliz cumpleaños, amor.
—El mejor, ahora que estas conmigo.
La segunda vez fue más suave, se tomaron el tiempo de disfrutar cada instante, recorriendo centímetro a centímetro sus cuerpos, grabando cada detalle, memorizando caricias y suspiros.
*º*º*º
Ginny había ido a ver los nuevos modelos de escobas al Callejón Diagon, había querido que Luna se uniera a ella, pero había estado ocupada con su padre, así que se había resignado a ir sola.
Después de salir de Hogwarts había recibido una carta del equipo profesional de Las Arpías de Holyhead, en donde le decían que formara parte de sus filas. Ella estaba tan contenta por eso que incluso lloró y bailó al mismo tiempo, algo gracioso de ver. Luego las semanas habían pasado y ella no había tenido más noticias, la carta decía que debía esperar a que ellas se pusieran en contacto y por fin el día anterior la entrenadora del equipo había aparecido en la Madriguera para hablar con ella de los pormenores y su ingreso al equipo.
—¿Te gusta?
Por todas las gárgolas, conocía esa manera de hablar arrastrando las palabras. Ladeó el rostro, observando a Malfoy, el corazón se le agitó por el ramalazo de emoción que experimento. Él había crecido unos centímetros, se veía más estilizado y tenía el cabello más largo, tuvo ganas de pasar sus dedos por aquellos hilos rubios. Justo ahora se le veía a la mente que ambos tenían un color de cabello bastante llamativo, no podían pasar desapercibidos, aunque claro no lo hacían por otras razones que no venían al caso.
Ni siquiera deberías estar pensando en esas tonterías en un momento como ese.
—Mmm no mucho —respondió intentando lidiar con esa sonrisa burbujeante que se abría paso en su boca.
—¿Por qué?
—Prefiero la estabilidad y la velocidad de la Saeta.
—¿Te gusta la velocidad?
—Me encanta —respondió avanzando para ver otros modelos. Él la siguió lentamente, comentando todos los modelos en los que ella se veía interesada.
—Ya sé cuál quiero.
—Bien, cómprala y salgamos.
—No la compraré.
Se quedó callado, apretando los músculos de la mandíbula. Su primer deducción fue porque ella era pobre y no tenía el suficiente dinero para darse ese lujo.
—La compraré para ti.
Ella negó con su cabeza, adivinando lo que él estaba pensando. —Tengo dinero —comentó mostrándole su cartera, aunque no su contenido.
—¿Entonces?
Una linda sonrisa apareció en su cara pecosa. —Charlie me la quiere obsequiar y quería saber cuál era la que quería, por eso vine hoy aquí.
Malfoy sintió los celos arañándole las entrañas, pero su expresión no vaciló, se quedó fría. como si nada pasará, como sino hubiese escuchado el nombre de otro hombre.
«¿Quién demonios es ese?».
—¿Charlie?
—Sí, un momento, ¿qué esta pasando por tu cerebro de chorlito?
Él rodó sus ojos con fastidio. —Weasley…
—Celoso.
—No soy celoso.
—Claro, por eso el ambiente bajo unos grados, Charlie es mi hermano y me quiere regalar la escoba —contó con una gran sonrisa.
Draco se reprendió mentalmente, como había dejado pasar que tenía como cien parientes, claro él no estaba interesado en conocer sus nombres, pero ahora se cuestionaba si no debería saber eso al menos.
—Los Malfoy no tenemos sentimientos tan mundanos.
Ella arqueó sus cejas. —¿Mundanos? No seas ridículo —señaló con risa, avanzando hacia la salida.
—Es cierto.
—Bien, no los tienes.
—Weasley detente, no pienso perseguirte por todo el Callejón.
—¿Por qué?
—Quiero que vayamos a otro lugar.
—¿Es tu forma de pedirme una cita? —preguntó mirándolo con coquetería.
—¿Cita?
—¿No?
—Deja de lado las cursilerías, sólo ven conmigo —Ella lo miró largamente, hasta el punto en que él se impacientó—. ¿Vendrás o no?
—Sólo porque tengo curiosidad y nada qué hacer, iré.
—Por favor, deberías estar agradecida de tener mi compañía.
—En mil años, Malfoy… y puede que ni siquiera entonces.
—No te creas, Weasley.
Él la guio a una zona sin tanto transito para poder desaparecerse. Ginny abrió los ojos encontrándose en un callejón, oscuro y pequeño.
—¿A dónde me has traído? —inquirió alejándose de él y posando su mano en su varita, lista para cualquier cosa que pasara.
—No hagas dramas, sólo sígueme… es por ahí —señaló una puerta. El tocó con sus nudillos y ésta se abrió, ella apenas pudo ver al elfo. El lugar por dentro se veía completamente diferente, incluso lujoso, caminaron hacia las escaleras de madera talladas. Draco sacó su tarjeta de su pantalón, Ginny pudo leer claramente el número 6.
—¿Es un hotel?
—No seas tan escandalosa, aún no me voy a aprovechar de ti.
—Aish, como si quisiera que lo hicieras.
—Querrás, créeme.
Ella torció su rostro, cruzándose de brazos. Tomaron el elevador y salieron en el tercer piso, Ginny puso más atención a las paredes del pasillo. Estaban tapizadas con tonos claros y tenían un par de cuadros adornando el paso.
—Es aquí —Sacó su varita y apuntó a la puerta, lanzando un encantamiento distinto al Alohomora—. Pasa.
Había un gran ventanal que daba a un jardín, la habitación estaba amueblada con una sala y un pequeño comedor, donde ya se encontraba servidos un par de aperitivos.
—Vamos.
—¿Qué es esto?
—Una sala privada.
—Oh.
—¿Nunca has estado en una?
—No realmente, lo más cercano a esto fue la Sala de Menesteres.
Draco tenía horribles recuerdos de ese lugar, él sólo recordarla le produjo un latigazo de temor y dolor. Tuvo que obligarse a respirar, había hablado de eso en aquel grupo extraño al que asistía, pero aún había muchos detalles de su pasado que estaban demasiado arraigados a él.
—Malfoy… ¿qué ocurre?
—Nada.
Ella no se tragó su respuesta, entonces pensó en la batalla y en Hogwarts. Bien, no quería hablar de eso tampoco.
—¿Por qué me has traído aquí?
—Privacidad —contestó simple, sentándose en la sala.
—Oh, ¿ahora soy tu secreto sucio?
—Ya les dimos a las revistas de que hablar, seguro dirán que nos vieron en el Callejón Diagon.
—Cierto —musitó, tendría que comentárselos a sus padres antes que se enteraran por otro lugar. Se sentó en el mismo sillón a una distancia prudente, se habían estado escribiendo cartas, pero estar nuevamente frente a frente era extraño, tal vez un poco incómodo—. ¿Y… qué tal la Liga?
—Tenemos buenas oportunidades.
—Eso he leído —murmuró estirándose.
—No me defraudas, estás al pendiente de mi carrera.
—Lo hago porque me gusta el Quidditch.
—¿Y yo? —preguntó guasón, restando la distancia entre ellos, acercando su rostro al de ella.
—Tonto engreído —repuso aventando su torso con una mano, para así alejarlo un poco—, ¿cómo puedes ir por ahí con ese ego tan grande?
—Eso es sencillo.
Draco resto la distancia acallando las palabras de Ginny con un beso. Había estado deseando hacer eso por meses. Colocó su mano en su cuello, llevando los dulces roces al siguiente nivel, pasó la lengua por su labio inferior y aprovechó que ella dejó escapar un ruidito de aprobación para colarse dentro, recorriendo con maestría su boca.
Weasley perdió timidez conforme avanzaba el reloj y pronto se sintieron más cómodos besándose y lo que en un inicio sólo iba a ser un beso, se volvió en dos y tres. En su último encuentro las cosas no se habían dado tan fáciles, ahora había sido mejor. Sin tantos peros, miedos y reticencias.
Ginny sintió sus mejillas arder cuando él pasó su pulgar por sus labios, aquello había sido increíble para hacer suspirar a cualquiera y por la expresión de satisfacción que tenía él no creía que pensara lo contrario.
—Tengo algo para ti.
—¿Otra snitch?
—Sólo hay una de esas, debes saberlo, es muy valiosa.
—¿Debería devolvértela?
—Sólo la estoy dejando a tu cuidado por un tiempo.
—¿Para impresionarme?
—¿Funcionó? —inquirió con un tonó pícaro, haciendo crecer su sonrisa ladeada.
—Que va, para nada —murmuró girando su rostro ruborizado. Lo había hecho un poco pero no necesitaba saberlo.
—Sé que lo hice. —Metió la mano en su saco, obteniendo una caja larga.
El movimiento hizo que ella regresara su atención a él. —Espero no sea un collar.
—¿Por qué?
No quería decir por Katie Bell, eso sería cómo lanzarle un bombarda a la cara, pero era lo primero que le había venido a la mente.
—Es un decir, escribiste que no me emocionara que no me darías joyas.
—Dije que no en esa ocasión.
—¿Es un collar? ¿Me estás tratando de comprar? Yo no necesito eso.
—Relajate Weasley, a los tontos con los que has salido les has dicho esto ¿o sólo conmigo porque tengo dinero?, ¿es un tipo de prejuicio?
—Malfoy.
Aquello le supo mal a Draco, al punto en que estuvo a punto de explotar, pero ella le arrebato la caja distrayéndolo. Ginny se levantó alejándose de él, para evitar que se la quitara, al abrir la caja. Se encontró efectivamente un collar. Se trataba de un pieza en oro en forma de escoba de Quddicth.
—No tienes que quedártelo…
—¿Por qué…?
—¿Qué?
—¿Por qué una escoba?
—Por casualidad escuche que te habían reclutado en un equipo de Quidditch.
Ella miró el collar con la emoción bordeando sus ojos. —No pensé que lo supieras.
—Hay pocas cosas que no sé.
—Engreído.
—¿Lo usarás o no?
Cerró la caja y la puso sobre sus piernas, meditando la respuesta que le daría. Le gustaba en serio, pero no sabía si aceptarlo era buena idea.
—Todo esto que está pasando entre nosotros ha sido tan impredecible, poco normal y no estoy diciendo que no me agrade, pero…
—Detente —pidió, no le gustaba cómo estaba sonando eso. No iba a ser rechazado, él era Draco Malfoy, aunque claro para ella no era importante. Se levantó con un nudo formándose en su garganta y fue hacia la ventana, necesitaba ordenar sus pensamientos que habían comenzado a tomar un rumbo inquietante.
Ginny dejó el collar en el sillón y fue tras él. —Malfoy…
—No necesito ser rechazado por ti, Weasley. Dejémoslo aquí… digamos que esto nunca pasó y si lo dices, lo negaré todo —dijo por ella, ya que no quería escucharlo. Era un orgulloso y al parecer eso no iba a cambiar, pero también venía de lo que estaba sintiendo y no era grato.
Ella se pasó la mano por el cabello tratando de no perder la paciencia. Respiró suavemente y lo abrazó por detrás, recargando su cara en su espalda, respirando su aroma. Fue consciente del momento exacto en el que él se tenso. ¿Acaso estaba tan poco acostumbrado a ser abrazado?
—Suéltame.
—No quiero.
—No necesito un abrazo de consuelo —repuso de mala talante.
—Eres tan… ¡no te estoy rechazando, grandísimo tonto! —pausó buscando retomar la calma—. Sólo digo que comencemos a partir de aquí, sin arrepentimientos, juegos retorcidos, mentiras ni intenciones ocultas. Salgamos y veamos a dónde nos lleva. Si llego a jugar en verdad, en mi primer partido ganado espero verte ahí, entonces aceptaré el collar.
La rigidez de su cuerpo lo fue abandonando y su corazón inquieto encontró de nuevo la calma. —Complicas todo demasiado, ya estamos saliendo.
—No conmigo en Hogwarts y sólo lanzándonos pullas, quiero todo, las citas, las platicas sin sentido, las profundas, los buenos y malos ratos… la diversión, las peleas —no tantas—, las reconciliaciones…
—Para ya, no pensé que fueras tan… empalagosa, ¿qué acaso eres una niña?
Ginny sonrió, tenía un largo camino por delante… Malfoy no sabía nada de relaciones, eso lo tenía claro, tal vez había sido un Donjuán en el pasado o quizás no y todo habían sido chismes, de cualquier forma podía saber como enrollarse con las chicas —un buen ejemplo era Parkinson—, pero definitivamente no cómo tratar a una cuando las cosas se ponían serias.
—Eres tú el que se comporta como un niño mimado y asustado.
—Patrañas —expresó claramente ofendido, buscando alejarse de ella… aunque apenas era un intento flojo, en realidad le gustaba sentirla así, aferrándose a él.
—No me culpes, tus acciones me dejan que pensar, hace un momento, dedujiste cosas que no eran —Ginny lo soltó y se puso frente a él—. Merlín, eres un sentido.
Él posó sus frías pupilas en ella. —Debí volverme loco para aceptar todo esto —señaló agitando su melena rubia con su mano.
—Espero no tan loco como Lockhart.
Draco soltó un bufido. —¿Qué clase de ejemplo es ese? No me compares con ese viejillo inútil.
—Creo que después de todo tienen…
—No te atrevas decirlo, porque si no mal recuerdo en segundo curso estabas en la librería viendo a ese payaso, que firmaba su autobiografía.
Ginny de inmediato recordó de que hablaba, sus mejillas enrojecieron de vergüenza. Aquel verano cuando habían ido a comprar su lista para ingresar a Hogwarts, había tenido un desagradable encuentro. Él había dicho que era la novia de Harry, y ella había terminado con aquel diario maldito en medio de toda esa pelea.
Su historia era bastante desastrosa y explosiva.
—Ese tampoco fue un buen comienzo —murmuró más para sí que para él.
Draco apartó su mirada de ella. Que tan lejos habían llegado desde entonces. Su padre le había inculcado el desprecio a los Weasley, pero en aquel momento él sólo había visto a una niña salir en defensa de Potter, eso fue lo que lo irritó más. Ese niño sin chiste había rechazado su amistad y se había rodeado de esa gente, luciendo tan contento, como si no lo necesitará, ni a él, ni lo que representaba… aún lo ponía enfermo pensar en todo esto, aunque ahora no era por las misma razones que entonces. Tal vez siempre habría un parte de él —mínima— que envidiará a Harry Potter, pero no estaba interesado en seguir ese camino más.
—Hey, aún estoy aquí —exclamó Ginny, agitando su mano frente al rostro de él.
—Tenías la cara roja encendida de rabia.
—Quería darte un puñetazo.
—Nuestras familias no han sido muy civilizadas.
—Nosotros tampoco, no sé si por las teorías de sangre o por las tonterías del dinero.
—Ambas.
Ginny notó la falta de entusiasmo, había perdido las ganas de hacer comentarios venenosos y parecía distante.
—¿Aún no te arreglas con ellos?
—Sí ya hubiese cedido, no podría reunirme contigo.
El estómago se le hizo nudo, pensó en sus padres que aún cuando no comprendían su relación con él, la seguían queriendo y apoyando. Ciñó sus manos en la cintura delgada y alzó su rostro para encontrar los labios de Malfoy. Él metió sus dedos en su cascada roja, amoldando sus movimientos, embriagándose con su sabor, con su cuerpo ligero curvándose contra el suyo de forma deliciosa.
Un beso podía hacer milagros, Malfoy olvido sus problemas por el resto del día, gracias. a Ginny Weasley, y ella encontró en él todo lo que no había buscado, él no era el chico de sus sueños, ni representaba un amor platónico, era más bien el que había llegado a su camino para ser su catarsis de Harry Potter y adueñarse de su corazón.
*º*º*º
Sirius entró a Grimmauld place a la media noche, al pasar por la sala vio una silueta en las sombras y rápido descartó que se tratara de una visita o un invasor, no era extraño en esos tiempos encontrarse a Harry o Hermione despiertos o a ambos.
Se dirigió ahí, reconociendo a su ahijado parado junto a la ventana con un vaso.
—Beber solo esta mal, Harry.
—Tú lo haces a menudo.
Sirius soltó una risa áspera. —¿Estás diciendo que te di un mal ejemplo?
—No soy un niño que imita a sus mayores.
—Demonios, gracias a todos los cielos, porque no quiero pensar como serías debido a esos tíos tuyos, al menos yo tengo estilo, inteligencia y magia, conozco la diversión y no negarás que tengo sentido del humor.
Harry elevó su ceja, mientras las esquinas de su boca se levantaban.
—¿Qué sucede? —preguntó después de un rato, sirviéndose un trago para acompañarlo.
—Mañana comenzaré el servicio en Azkaban.
Sirius dejó su vaso a la mitad del camino entre su boca y la mesa de centro. Aquello si que le desinfló su buen animo.
—Estarás bien.
—Entonces por qué no lo siento así.
—Has recuperado tu magia y tu control…
—No por completo, no me siento preparado. —Se sinceró, recordando las altas y bajas en su tratamiento, no había vuelto a crear un caos tan grande debido a su magia, pero si había tenido incidentes de baja repercusión.
—Ha pasado casi medio año desde ese episodio, los sanadores dicen que lo estás, sino fuera así, no te dejarían ir y de cualquier forma no estarás solo.
—Desearía que fueses tú él que me acompañará.
—Krutov es un buen agente, no te dejará cometer una estupidez.
—¿No será el único?
—No, sabes que habrá más.
Harry no se sintió más relajado al conocer eso aún sentía piedras en el estómago. La tensión y el estrés que le causaba esa situación ni siquiera lo habían dejado dormir esas últimas noches.
El pensar en estar cerca de Augustus lo alteraba, si bien no tenía ya la intensión de matarlo, seguía deseando su desgracia. Ahora entendía que matarlo era como premiarlo, demasiado rápido, poco sufrimiento y no, prefería saberlo pudriéndose día a día en la cárcel, eso era lo suficientemente lento, aún no sería agónico pero esperaba que se convirtiera en eso con el paso de los años. Era una ventaja para los magos vivir 150 años, pero no lo era cuando no tenías la libertad para disfrutarlos.
Y sí todo eso estaba en su cabeza, pero cuando perdía el control, no podía garantizar nada. Eso era a lo que le temía, que volver a verlo, le desencadenara un ataque de rabia.
—Te harás viejo preocupándote por lo que aún no pasa, enfrenta las cosas cuando estén pasando —aconsejó, llegando a su lado—. Por esta vez pasaré por alto que estés tomando una copa, pero hasta que no estés libre de ese tratamiento, debes dejar mis botellas en paz.
Harry exhaló casi riendo. —No te queda ser así.
—Lo sé, no me hagas hacerlo… no soy buen ejemplo, chico —musitó con la risa en la boca—. Sólo recuerda lo que el cuadro de Walburga decía de mi.
—Sin ofender, Sirius, tú madre era escalofriante y dudo que haya tenido buen juicio.
Canuto rió entre dientes. —Mi madre era una bruja y no bromeo con eso.
—Lo haces bien, ya sabes… conmigo, todo este tiempo.
Canuto experimentó un golpe de calidez que fue directo a su corazón. Se aclaró la garganta sin saber cómo responder, no era bueno con las sensiblerías. —Menos mal, no quiero ir al otro lado y que tus padres me partan el trasero por echar a perder a su hijo.
—Ellos están agradecidos, lo sé por la piedra de la Resurrección.
—Ojala hubieses conservado ese anillo —murmuró anhelando poder ver a sus amigos.
—Mejor que no, mejor que no —respondió fúnebre, su sonrisa se desvaneció dejando un tenso gesto en su rostro. Las reliquias volvían locas a las personas, tener dos en un solo lugar sólo les traería problemas.
Le basto voltear a ver a su ahijado para saber que lo que había dicho lo había puesto así. Había metido la pata. —Hey controla tu humor, estás haciendo que descienda la temperatura —comentó frotando su brazo, la piel se le había erizado por el cambio de estación.
Harry agitó su cabeza, buscando liberar sus oscuros pensamientos.
—Vamos, sentémonos… no nos vemos muy cuerdos estando frente a la ventana, pensarán que estamos husmeando la vida de nuestros vecinos y no es que tengan una muy interesante. —Lo arrastró al sofá, esperando que el ambiente se aligerara al dejar ese tema atrás.
—He notado que Ron ha pasado más tiempo aquí y las cosas han vuelto a la normalidad entre ustedes, ¿por qué no le dices que vuelva?
—Lo he intentado, pero él no quiere.
—No me sorprende…
—Él no habla de ello, pero probablemente no se sienta tan cómodo viéndonos juntos a Hermione y a mi.
—¿No ha estado tonteando por ahí?
—Nada serio, se ha enredado un poco en unas fiestas con unas chicas —divulgó, a decir verdad se sentía un poco culpable por sus acciones, sabía que estaba herido y no quería que cayera en un lío más grande, sólo por querer olvidar.
—Aún es torpe en eso.
—No quiero que acabe envuelto en otra relación como la que tuvo con Lavender, ya sabes él no la quería en realidad y después no encontraba la forma de dejarla.
—Déjalo cometer sus errores, no te sientas responsable de lo que haga porque estás con Hermione. Es tu amigo, lo sé y puedes darle consejos, lo demás déjaselo a él.
Harry se escurrió en el sillón, aquello no le sentaba muy bien, apestaba en realidad, aunque lo entendía.
—Creo que le gusta Luna.
—¿Luna, Luna… la chica de las criaturas y el cabello sucio?
—No lo tiene sucio.
—Es un decir —contestó risueño, recordando el asco que era el suyo al salir de la prisión—, y no quería ir con ella al Baile —murmuró con sarcasmo.
—Aunque no creo que quiera llevar las cosas más allá de su amistad. No sé si se da cuenta de que le gusta.
—Mmm dale tiempo, puede que se de un par de golpes antes de toparse de cara a sus sentimientos.
—Eso espero, Luna… no quiero que salga herida.
—A veces se deben correr riesgos, pero no te adelantes.
Asintió moviendo la cabeza, mientras dejaba ir un suspiro.
—¿Cómo están las cosas con Hermione?
Si bien, los veía juntos y enamorados, pero quería cerciorarse de que todo caminaba como debía ser, con todo lo que estaban pasando.
—Normal.
—¿A secas?
—No pienso darte detalles que puedas usar después en nuestra contra —señaló con humor, mirándolo de hiato.
—Oh vamos, le quitas la diversión… quiero volver a tener mañanas divertidas en las que bromeo con ustedes.
—¿Bromeas? ¡Te burlabas de nosotros!
—Extraño esos tiempos en los que eran inocentes.
Harry tosió poniéndose rojo. —Sirius, no creo…
—Bah, lo sé.
—Hermione me matará si le dices algo así.
—Lo sé, las mujeres toman todo muy apecho.
No contestó, porque no supo que decir. Sabía que las cosas con Yannel habían mejorado, pero no al punto en que Sirius deseaba, lo suponía porque ella seguía en Estados Unidos.
—Sé que aún no hay buenas noticias respecto a la condición de Hermione…
Aquel tema espinoso, si seguía siendo una daga clavada en su corazón, un dolor interminable.
—Lo esta llevando lo mejor que puede, es muy fuerte.
—Sí lo es, pero y tú…
—Sé que no cause el daño, pero hubiese deseado poder protegerla más, que no tuviese que vivir con eso.
—Has cambiado tu forma de ver las cosas.
—No del todo, pero lo hago por ella.
—Hazlo también por ti.
—Es fuerte, pero quisiera poder juntar por completo lo que se rompió dentro de ella, no sé si podré hacerlo —comentó agobiado.
—Lo estás haciendo —respondió lleno de sinceridad, brindándole una sonrisa tranquilizadora.
—Eso espero, en verdad deseo poder formar una familia con ella, sabes que no me importaría no tener hijos propios.
Sirius cabeceó, entendía su sentir y estaba seguro que las cosas se acomodarían para ellos de una u de otra forma. —Hay muchas formas de ser una familia y ser padres. Hay magia, lo sabes…
—Si, lo sé, es sólo que a veces pienso… mierda, no sé.
—Tranquilo, eso es normal.
—Eso dice mi sanador.
—No dejes que te afecte, estarán bien, todavía nada es definitivo y aún son jóvenes, las investigaciones avanzan, la magia curativa también.
—Gracias Sirius.
—Estoy aquí para lo que necesiten, sólo no volvamos a lo sensiblero.
Harry estaba de acuerdo en eso, le dio un trago a su vaso sintiéndose más deshogado. Se quedaron ahí, un largo rato, sosteniendo una platica ligera, llena de risas y alejada de temas serios. Justo lo que él había estado necesitando.
*º*º*º
Hermione se removió en la cama sintiendo un gran espacio vacío, parpadeó aún medio dormida buscándolo, al no verlo alrededor se sentó haciendo las mantas a un lado.
«Sabía que estaba preocupado, aunque se empeñaba en hacerme creer que no. Apenas lo encuentre me va a escuchar.»
No tardó en abrigarse, cruzó el pasillo para verificar la habitación de Harry, pero no había señales de él. No sabía si Sirius había llegado y no quería despertarlo si es que estaba, pasó de puntillas frente a su puerta, apenas estuvo en la planta baja, escuchó voces.
«Así que ahí estaba.»
Estaba a punto de anunciar su presencia, pero se detuvo antes de dar el paso dentro de la habitación detenida por la conversación que sostenían los hombres. No había sido su intención espiar pero al final sucedió así.
Regresó a su cuarto con la mente abrumada, claramente angustiada. Se sentó frente a su escritorio observando el calendario, había señalado ese día con plumón rojo desde la audiencia con el Ministro.
Harry había avanzado mucho en el control de su magia y sus emociones, ella era testigo de ello y confiaba plenamente en que saldría adelante en esta nueva prueba, desearía habérselo dicho una vez más el día anterior antes de dormirse para que le entrara en su cabeza de piedra, pero no podía cambiar eso y no había estado mal que Sirius también se lo recordará. Eran en momentos como estos en que necesitaba el apoyo de sus seres queridos.
Esperó por él, calmando sus pensamientos con un libro, aunque no logró avanzar muchas páginas.
—Estás despierta —dijo medio sorprendido, cerrando la puerta.
—Sí —repuso dejando el libro, ladeó su cuerpo hacia él lanzándole una larga mirada que él supo descifrar.
—Estoy bien, sólo tenía cosas que pensar, Sirius apareció y me quede platicando con él.
Hermione caminó hacia él. —Si no estás bien, puedes decírmelo… no soy una muñeca de porcelana, no me quebraré porque compartas tus pesares conmigo.
—Lo hago, pero…
Ella levantó su mano, impidiéndole seguir, aún no había terminado de decirle todo lo que quería. —No me gusta que me dejes fuera, ni siquiera cuando se trata de tu servició y de… Rookwood.
El rostro de Harry se contrajo en una mueca. —¿Escuchaste…?
—Sólo me basta con ver el calendario y saber lo que ocurrirá hoy, pero si quieres que diga más puedo hacerlo —Se cruzó de brazos—, te conozco y estos días no has estado bien como te empeñas en hacerme creer.
Él se rindió, lo había descubierto. —Lo siento. —Era todo lo que podía decirle, porque sí tenía razón y sostener su punto sobre no querer preocuparla, no los llevaría a ningún lado y lo último que quería era una discusión.
La expresión en el rostro de Hermione se suavizó, enredó sus manos alrededor de él, recargando el rostro en su torso.
—Sé que es difícil, no te diré lo contrario, ni te llenaré de palabras… sólo quiero que confíes en ti, en lo que has logrado, se que hallarás la fuerza para enfrentar tu servicio.
Harry hizo una profunda respiración, mirando al techo, asimilando lo que su novia estaba diciendo. —Tengo miedo.
Ella aferró su agarre, deseando protegerlo de esa fría emoción. —Esta bien tenerlo, sólo no dejes que te controle.
—No quiero fallarle a nadie, ni siquiera a mí.
—Recuerda tus fortalezas, tu corazón.
Los brazos de Harry la rodearon, respondiendo a su gesto. —No sé qué haría sin ti.
—Tonto.
Él dibujó una sonrisa floja. Se merecía ese pequeño regaño, pero en su defensa podía decir que siempre estaba pensando en ella y tal vez ella odiase por querer protegerla, pero no era algo que hiciera apropósito para hacerla enfurecer, era instintivo. Sus acciones podían ser estúpidas, sin embargo, siempre eran con la mejor intensión.
*º*º*º
Harry no había vuelto a la isla desde lo ocurrido, estar ahí significaba mucho para él. Un punto trascendental en su vida. Sentía aquella revolución de emociones latigueando en su interior, pero su mente era la que reinaba indicándole que se mantuviera sereno, frío y eso era lo que malditamente iba a hacer.
Su varita se había quedado en la zona de revisión, entendía porque debía ser así, pero era como sentirse desnudo, incompleto.
—Los prisioneros reciben su desayuno en sus celdas temprano, la comida se reparte de 12:00 a 13:30, te encargarás de llevarla a los prisioneros del ala este y de recoger los platos. La cocina es por allá, ahí te darán la lista con los nombres y números de celda.
—¿Por qué no aparece la comida en su celda simplemente?
—Hubo un tiempo en que se manejo así, pero las cosas cambiaron.
—Por mi.
—Eh… no, ya eran así antes, digamos desde que llegó el nuevo Ministro.
—Mmmm. —No estaba muy convencido de eso.
—Y señor Potter, no hable con los prisioneros, no importa lo que ellos digan. Espero haya leído más de una vez el reglamento, no rompa ninguna regla o tendré que reportarlo.
—Lo tendré en cuenta.
Rumsfeld lo dejó y Harry exhaló liberándose de la presión.
—Un poco tenebroso, ¿eh? —murmuró Krutov detrás de él.
—Sí.
—Sólo le esta poniendo los puntos a las íes, trata de intimidarte.
Harry sabía que era así, las personas solían actuar de distinta forma en su presencia y después de todo lo que se había dicho de él —cierto y falso—, no le sorprendía esa actitud.
—Vamos.
Asintió y caminó hacia el fondo donde se encontraba la cocina.
*º*º*º
Augustus Rookwood se enteró por el movimiento que había en el lugar que Potter estaba ahí. Las autoridades lo habían mandado para pagar una condena que era de risa, ¿servicio comunitario? Por favor, eso no era un castigo, su oscuridad y su odio no se apagarían como una bombilla de luz, por darles de comer a prisioneros o hacer cualquier tontería en la prisión.
Sentado en su camastro con una pierna recogida y la otra rozando el suelo. Observó las marcas en el la pared, era el tiempo que había pasado ahí y lo que le faltaba para escapar.
Un cuervo se detuvo en la rendija de su celda, sus ojos rojos se posaron él. No era la primera vez que venía a él y no sería la última.
*º*º*º
Lavender frunció su frente al ver a Hermione sin probar bocado, había estado así durante toda la comida mientras ella reinaba en la conversación, porque su amiga tenía la boca pegada al parecer.
—¿Qué pasa?
Exhaló largamente. —No es nada.
—¿Nada? ¿Por eso esas ojeras? Y no creo que sean por tener una buena noche con Harry —Hermione ni siquiera tenía el animo para reprenderla por hacerle esos comentarios en público y eso era grave—. ¿Es por él?
Finalmente asintió con un movimiento de cabeza.
—¿Es lo del servicio? —agregó tanteando el terreno, Hermione no solía comentar mucho sobre eso y entendía las razones.
—Hoy es su primer día en Azkaban.
—¿No crees qué él haga algo…?
—No, por supuesto que no, pero no es como los otros lugares, el orfanato o el comedor comunitario.
—Claro que no, ese lugar me da escalofríos de sólo pensarlo, no es un buen ambiente para nadie.
—Lo sé, aún sin dementores ese lugar es horrible —murmuró afligida.
Lavender pasó sus ojos por ella, sonrió lentamente sabiendo que consejo darle. —Ve a casa y espera a Harry, es lo que ambos necesitan.
Hermione la miró con un gesto de indecisión. —¿No te importa?
—Es sólo una comida, además no es como si en realidad estuvieras aquí —repuso con un ligero reproche.
—Lo siento —Hizo hacia atrás su silla, tomó sus cosas y se levantó—, yo invitaré la próxima vez.
—Te lo recordaré, ¡vete ya! —expresó sonriendo ampliamente, agitando su mano.
Hermione arribó a la vieja casa con una idea en mente, dejó sus cosas en la biblioteca, yendo directamente a la cocina. Le prepararía algo de cenar ligero, probablemente él no tuviera estómago para algo más pesado, incluso no querría cenar, pero debía hacerlo, ya había tenido suficientes noches con el estómago vacío, si seguía así desmejoraría.
*º*º*º
Rumsfeld mantuvo un ojo en Harry todo el tiempo, eso había sido realmente sofocante, demasiada atención en él y por si fuera poco su presencia si que había causado revuelo, los prisioneros no estaban calmados, hablan e incluso gritaban tratando de traer su atención mientras repartía las bandejas.
Para cuando terminó, Rumsfeld ya se encontraba esperándolo.
—Recogerás las bandejas dentro de 40 minutos, no antes y no después. Un guardia te acompañara por si tienes dificultades, algunos de nuestros huéspedes a veces se niegan a entregarlas.
Harry asintió malhumorado. —Podría hacerlo sin ayuda si tuviera mi varita.
—No es el caso, señor Potter. No olvide porqué esta aquí, es mejor apreciarlo desde afuera que estar dentro —manifestó sombrío—. El tiempo aquí no se gasta, mientras espera que pasen los 40 minutos, se encargará del área de las regaderas —agregó caminando por los pasillos dirigiéndose al lugar—, normalmente se limpian con magia, pero usted se encargara de fregarlas sin ésta.
Sus ojos tras las gafas recorrieron el húmedo y oscuro lugar, no parecía que hubiese sido aseado en los últimos tiempos. Tenía suerte de que los baños de los prisioneros estuvieran en las celdas, al menos eso no le dejarían hacer, porque para eso tendría que entrar en contacto con ellos.
—Comience, no debe perder ni un minuto.
Rumsfeld salió y él se quedó de pie en medio de ese cuarto.
Sirius apenas había hablado de sus años en prisión, no podía terminar de imaginarse lo que había vivido en ese tiempo, en que ese lugar estaba abandonado por parte del Ministerio, sin las condiciones necesarias para vivir. Kingsley sin duda se había preocupado por mejorar el funcionamiento, pero aún así seguía siendo espantoso al punto en que él mismo tenía ganas de salir corriendo y ni siquiera iba a la mitad de sus horas ahí.
«Es un milagro que Sirius aún parezca humano.»
Miró cada rincón y pensó en sus actos, en cómo había perdido el control justo afuera de esos muros. Si hubiese cumplido con su meta, estaría ahí pagando una condena por la vida de Rookwood, Hermione estaría sola, sufriendo por él.
«Que cerca estuvo»
Se imaginó encerrado en una celda en la sección de alta seguridad tratado como un criminal que no podría volver a ver la luz del sol y si hubiese logrado escapar sería un prófugo como lo había sido Voldemort.
Se talló los brazos sintiendo el frío irse hasta su piel. No, no pensaría en lo que pudo ser, afortunadamente había sido capaz de corregir y tomar otro rumbo.
«Hacer esto es mil veces mejor que ser un delincuente.»
Pensando aún en su situación, se puso a hacer su trabajo, después de todo ya había gastado varios minutos.
*º*º*º
Harry no estuvo más contento de ver llegar una hora que ese día, en un abrir y cerrar de ojos estuvo en el punto de revisión, listo para tomar su varita y salir de la isla. Necesitaba poner distancia con ese lugar ya.
—¿Listo para irte? —inquirió Krutov detrás de él, sonriéndole con comprensión.
—Sí.
—Salgamos de aquí entonces, yo también quiero irme ya.
—Lamento que tengas que estar aquí por mí.
Nigel le restó importancia con un gesto. —Sólo vayamos a casa.
Él estuvo completamente de acuerdo.
Hicieron su camino juntos hasta estar fuera de la isla, entonces cada quién se fue por su lado y Harry no tardó en aparecerse cerca de Grimmauld place.
*º*º*º
Hermione colocó los platos de la cena en la mesa de la sala, sólo quedaba cuidar que Crookshanks no se robara nada. Observó su reloj de pulsera, Harry debía haber salido ya y haciendo cálculos sino tenía imprevistos tendría que estar por llegar y rezaba porque así fuera.
—Hey… —No alcanzó a decir más al ver entrar, pues Harry se había abalanzado sobre ella abrazándola, dejándola confundida.
—Sólo quedemos así un momento.
Ella asintió, comprendiendo la situación sin necesidad de más. Llevó sus manos a la espalda de él, dándole pequeños golpecitos.
Harry cerró sus ojos dejándose embargar por la calidez de la figura que lo envolvía, por el perfume de manzana y vainilla que inundaba sus nariz, alejando el profundo aroma de la humedad y muerte que tenía Azkaban.
Hermione era el lugar seguro en el que podía resguardarse de todos sus demonios, ella siempre lo sostenía sin más, aferrándose a él de la misma forma.
Quería ese momento durara por siempre, donde su mente estaba tan clara y su corazón tan ligero contrario a lo que le pasaba estando en esa prisión.
Lentamente se fueron separando, ella tomó su rostro y lo bajó hacia ella depositando un beso en su frente, en su nariz, en sus mejillas y por último en su boca.
—Estás en casa ahora —murmuró, sus labios formaron una suave curva—. Te prepare la cena.
—Lo tomó de la mano, llevándolo hasta el sillón.
—No se si pueda comer.
—Hice algo ligero para que no tengas el estómago vacío.
—No lo tengo vacío, esta revuelto…
—Podemos esperar un rato a que te sientas mejor —sugirió.
Él asintió, incapaz de negarse y menos viendo el esfuerzo que ella había puesto.
—¿Quieres hablar del servicio?
Potter titubeó, no quería contaminarla contándole, pero sólo le bastó ver esos ojos cafés cariñosos y comprensivos, para mostrar su acuerdo. Había quedado en que no la dejaría fuera, así que no lo haría.
—Ese lugar es aún peor de lo que creíamos, cuando entras ahí el ambiente te absorbe… es tristeza, enojo… tal vez no haya dementores, pero es como si aún siguieran ahí, todos los pensamientos buenos comienzan a desaparecer y piensas en la vida que llevan las personas que están ahí…
Hermione mantuvo sus manos unidas mientras lo escuchaba desahogarse, para ella representaba mucho que él estuviera haciéndolo, quería decir que estaba entendiendo lo que habían hablado horas antes.
—… sé que se lo merecen y no estoy seguro que para todos sea un castigo justo, algunos deberían sufrir algo más horrible, como… —pausó evidentemente mortificado por traer a la platica a Rookwood.
—Como él, lo sé, pero confió en este sistema que ha puesto el Ministerio.
Harry tragó saliva deseando pasar el nudo que tenía en la garganta, bajó la mirada hacia sus manos. —Pude estar ahí…
—Sí, pero estas aquí conmigo y eso es lo que debe importarte —afirmó categórica, sacando ese lado Gryffindor que la caracterizaba—. No eres como Tom Ryddle, ni Augustus Rookwood, sólo eres tú, una persona que en su momento no pudo controlar sus emociones, pero que ahora ha aprendido que no quiere ir por ese camino y que para hacer justicia no es necesario llenarse las manos de muerte.
—Me tienes en mucha estima.
—No, es porque sé quien eres y tú no deberías olvidarlo. —Depositó un beso corto en sus labios.
Él encontró su mirada, llenándose de su confianza.
—No te presiones, es un día a día… recuerda que yo estaré aquí esperándote.
Su corazón se calentó, llenándose de calma, echando fuera su angustia.
—Ve a lavarte, te esperaré aquí —habló Hermione, pasando su mano por el cabello azabache.
—Gracias. —Presionó su boca contra la de ella en suaves roces.
—Ve —dijo al separarse, empujándolo.
—Volveré y me contarás cómo estuvo tu día —añadió sellando sus labios, antes de levantarse por fin.
—Bien.
*º*º*º
Harry emergió de las llamas verdes de la chimenea, Hermione fue por él recibiéndolo con un breve beso, sacudiendo sus pesares de ese día y las cenizas en su ropa.
—Bienvenido.
Él sonrió de forma vaga.
—¿Cómo te fue?
—Estuve en otra sección, hay viejos prisioneros ahí… hubo uno que habló de la primera guerra… dijo cosas sobre mis padres.
Hermione lo llevó al sillón de la pequeña casa, habían rentado un lugar por unas semanas. Como le habían dicho habían salido de Grimmauld, para pasar unos días juntos en otros lugares. Ahora mismo estaban en Canterbury, Kent. Un lugar viejo lleno de encanto e historia en todos los rincones. Ese día habían hecho el plan de dar una vuelta en bicicleta y después encontrar un lugar donde cenar.
—Probablemente no sea el único que los conozca, tus padres se dieron a conocer por luchar contra Voldemort y sus hombres.
—Lo sé.
—Esta es la razón por la que una de las reglas es no hablar con ellos. Harry, probablemente él sólo quiera jugar con tu mente, sólo no lo dejes entrar.
Él sabía que era lo mejor que podía hacer. Ese sujeto no era el primero que le hablaba, muchos le decían cosas de todo tipo, pero ese hombre en verdad había sabido llegar a él. Tal vez sus cuerpos se estaban deteriorando, pero las mentes de esos sujetos seguían siendo igual de retorcidas.
«Seguro Rookwood terminará así, sin arrepentirse…».
Cerró los ojos con fuerza, no abriría de nuevo la caja de Pandora. Se quitó los lentes y se frotó los ojos cansados.
—Te traeré un poco de té.
Se alejó de él mordiendo sus labios en un gesto preocupado. Colocó la tetera a fuego alto. No sabía cuánto de este servicio le ayudaría a Harry o si sólo le causaría más mal.
Preparó dos tazas con un té relajante y volvió a la sala. Harry se había quedado dormido, colocó la bandeja en la mesa de centro y fue por la manta al final del sillón, la extendió con cariño sobre él. No se atrevió a moverlo por temor a despertarlo, necesitaba de esa siesta, no había estado durmiendo bien, había tenido una que otra pesadilla, pero nada grave. Le retiró los cabellos de la frente, revelando su cicatriz en forma de rayo, la acarició por segundos antes de apartar su mano. Esa cicatriz aunque lo representaba y la llevaba por fuera, no era la más grande, le preocupaban más las ocultas, las que seguían haciéndole daño.
—Te quiero, duerme bien.
Se fue a su parte del sillón, tomó sus auriculares —sus padres le habían comprado un celular para estar en contacto, no funcionaba muy bien a veces por culpa de la magia, pero tenía su utilidad— y un libro que había traído consigo, así se dispuso a velar el sueño de su novio.
*º*º*º
El trío había ido por un par de cervezas de mantequilla como no lo hacían hacía mucho, quedaban unos días antes de que fuera 1 de septiembre y tuvieran que volver a sus actividades.
Ron había recibido su carta de la Academia antes que Harry y la de él vaya que había sido larga, no querían dejar ningún cabo suelto. Él estaba por terminar en unas semanas su servicio y el seguimiento que le estaban haciendo concluiría, volverían hablar con él entonces, pero por ahora podía estar tranquilo, la Academia no lo había botado.
Hermione también había recibido su carta, seguida de la lista de libros que ocuparía para el nuevo ciclo. Harry y ella habían hecho sus compras juntos, acompañados por los señores Granger.
—Desearía que hubiese más vacaciones —resopló Ron.
—Las estipuladas son más que suficientes —mencionó Hermione con aquel tono de ñoña.
—No es tan malo volver a la Academia.
Ron sabía que era cierto, pero justo cuando estaba comenzando a disfrutar de despertar tarde y de llenarse de la comida de su madre sin preocuparse por subir libras. Ahora tendría que volver a hacerlo, porque no se había ejercitado y eso no era bueno para las misiones, ni los entrenamientos.
—Supongo.
Hermione se limpió la boca de la espuma, levantándose casi enseguida, señalando el baño. El momento de conexión que había tenido con Harry, llenó los espacios, él sabía lo que ella deseaba que hiciera. Habían hablado de eso antes, pero él no había querido ser un participante activo en esto y sin embargo ahí estaba accediendo a ese loco plan.
—Eh Ron… ¿has visto a Luna últimamente?
La columna del pelirrojo se enderezó como impulsada por la descarga eléctrica. Su rostro tenía una mueca de interrogación y un rubor comenzaba a extenderse por toda ella. Bien, esa había sido una respuesta obvia.
—Un par de veces desde que volvió de su viaje con su padre —comentó escapando de la mirada de su amigo, moviendo sus manos de forma nerviosa por la mesa.
—¿Te has vuelto cercano a ella?
—Sí… ¿hay un problema con eso? —cuestionó receloso.
—No, ninguno —aclaró veloz—. Es… bueno, parece que le gustas —agregó casual, evaluando la respuesta física de su amigo.
—¿Qué? —No creía haber oído bien.
—Sé que sólo es amistad, pero no esta demás que lo sepas…
Y todo comenzó a caer en su mente como piezas de tetris encajando una a una. Las palabras de Luna, la molestia de Neville y sus sermones, la actitud de Scamander. Hasta lo que había dicho Lavender en el Baile, la actitud de los gemelos hacia ella y por no hablar de la manera en que Ginny lo molestaba diciéndole que no vería un elefante rosa aunque lo tuviera enfrente cada vez que salía a ver a Luna.
Joder, aquello era grande en verdad.
Era una total revelación que quizás no debería sorprenderle tanto.
Él ya había entendido que sí, le gustaba Luna, algo que le había llevado su tiempo —y una buena plática consigo mismo—, pero no se había atrevido a siquiera mover el asunto, porque no tenía idea cómo manejarlo y luego estaba la duda de saber si era reciproco, y por Merlín, él no quería que esto fuese en la dirección equivocada
Harry se sintió terriblemente mal al ver toda la clase de expresiones que estaban corriendo por el rostro de su amigo, al ser amigos por tantos años conocía bien cuáles eran y por Gryffindor parecía que le había dado un material imposible de manejar.
—Ron, Ron —Tuvo que inclinarse para sacudirlo con su mano—, ¿qué esta mal?
Ronald volvió a enfocar sus ojos en él. —Me… me gusta —profirió como si fuese una tragedia.
Santas barbas, si bueno… no era tan sorprendente, era algo que ya sospechaba, pero si la afirmación saliendo de Ron. Aquello le dio un subidón de buen ánimo, ahora podía sentirse mejor con él, ya que no estaba rompiéndole más y más el corazón por estar con Hermione y reunirse los tres.
—¿Has pensado en decírselo?
—Ella no me ha dicho nada y no sé si quiero hablarlo con ella.
—¿Por qué?
—No quiero complicarlo.
—¿Complicarlo?
—Sí, ya sabes… arruinar la amistad.
Las cejas de Harry cayeron. —No creo que eso pase, no con Luna.
—No estoy seguro, le he hecho pasar malos ratos, quizás no somos compatibles, ella es tan rara a veces y yo…
Habían existido muchas veces que Harry no había dicho todo lo que pensaba por no molestar a su amigo, no quería quedarse sin él, pero esta no iba a ser una. —Ron creo que tú eres el que ve todo complicado.
—Alguna vez dijiste que preferías enfrentarte al dragón que invitar una chica…
—No creo que este sea el caso, conoces a Luna… y el Baile ya pasó, ahora han estado saliendo no veo porque eso vaya a cambiar.
—Cambiará, lo sé.
Harry se hizo hacia atrás, recargándose en el respaldo de la silla. Él no era el mejor en esto, vamos podía contar con una mano las relaciones que había tenido y tal vez uno que otro desliz, pero eso no lo hacía experto. No estaría mal que Sirius se pasará por ahí, al menos tenia más experiencia y a veces buenos consejos, siempre que no estuviera jugándote una broma.
—Sólo habla con ella.
—No. —Se hundió en la silla, deslizándose.
—Bien, no lo hagas y haber que pasa…
—¿Qué? ¡No, tienes que decírselo! —exclamó Hermione desde atrás.
Ron saltó en su silla al igual que Harry.
—¿Estabas escuchando? —reclamó Ron, mirándola con los ojos desorbitados.
—No, es decir… lo último solamente —se justificó—. No me iba a quedar todo el tiempo en el baño.
Ronald poco convencido soltó un gruñido y volvió a su cerveza.
—En serio Ron, debes decírselo…
—Lo dices por qué así te sentirías mejor, así no le arruinaría su romance…
—¡No, claro que no!
—Chicos por favor, no hagan esto —pidió Harry, ya habían comenzado a volar cosas hirientes, era mejor pararlos antes de que las cosas se volvieran más difíciles.
—¡Eres un insensible y un terco!
—¿Yo? Pero…
—Basta —dijo Harry alzando su voz sobre su discusión—. Ron sólo piénsalo. Hermione respetemos lo que él decidida —habló tomando su mano, dándole un apretón.
Ella exasperada asintió tensa. Rodeó la mesa y se sentó en su lugar, aunque ya no con el mismo gusto, ni Ron tampoco, su cerveza había perdido todo sabor y su estómago se negaba a aceptar una gota más.
*º*º*º
Lovegood miró hacia la luna llena, tenía ya todo preparado para lo que llevaría a cabo esa noche, había estado girando y girando en su cabeza un encantamiento que había descifrado del viejo grimorio. No estaba segura que funcionará, las bibliotecas no poseían mucha información sobre esto, pero no le extrañaba que las familias desearan guardar en secreto este tipo de situaciones, pues el Ministerio no aprobaría muchas de estás practicas.
Este encantamiento podía hacerse una vez al mes, cuando hubieses conseguido las velas preparadas con yerbas especiales, las flores y los cuarzos, pero el detalle más importante es que debías ser virgen para realizarlo y ella cumplía con todos los requerimientos.
Su padre se encontraba dormido, había colocado un encantamiento alrededor de la casa para evitar que los sonidos del exterior entraran, además de una alarma que le haría saber si él salía de su cuarto.
Se había alejado varios metros de la construcción para mayor privacidad, colocó las velas en un gran circulo y en el centro ella estaba ubicada, la luz de luna bañaba su figura cubierta por un delgado camisón que retiró cuando estuvo lista, mostrándose desnuda ante los astros, la naturaleza y la magia.
Hacía frío y su cuerpo se estremecía con pequeños espasmos, debía ponerse en movimiento para entrar el calor. Esperó a que fuera la hora adecuada y tomó el sacó de pétalos de flores y demás ingredientes molidos con anterioridad. Cerró los ojos, dejando ir la tensión que la acompañaba, dándole la bienvenida a la serenidad que necesitaba.
—"Una soy con el universo estoy, mi cuerpo es recipiente de la magia de la naturaleza, agua, tierra, viento, fuego. Los astros hoy me bañan con su luz, pura soy, traigan a mi el verdadero amor…"
Llevando a cabo una danza dentro del círculo de velas encendidas, fue regando la mezcla en un patrón que formaba una estrella, poniendo en cada pico una piedra. Su mente, corazón, cuerpo físico y espiritual sincronizados, expuestos, libres de ataduras.
Pura como la naturaleza la había traído al mundo.
*º*º*º
Ron despertó de golpe sentándose en la cama, se llevó la mano al centro de su pecho, frotándolo, no se trataba de sentirse mal, una pesadilla o una angustia, era otra clase de sensación la que lo tenía en ese estado de alerta.
Bajó sus pies al suelo y respiró un par de veces, miró el reloj notando que apenas era media noche.
—¡Que demonios!
No entendía lo qué le estaba pasando, pero era algo que no lo dejaba en paz. Echó a un lado las manos y se levantó, andando por la pequeña habitación sobando su nuca.
—¿La cena me habrá caído mal?
No sentía dolor de estómago, pero seguía sintiendo una especie de pesadez en su cuerpo. ¿Acaso era signo de que algo iba a suceder?
En su mente hizo la lista de dónde se encontraba toda su familia y no estaban siendo atacados, incluso comprobó la seguridad de la casa. Luego pensó en sus amigos.
«Que no sea Harry otra vez.»
Se vistió con rapidez y manteniendo sus zapatos en una mano —pues no deseaba que escucharan sus pisadas—, salió de su casa y buscó un lugar para desaparecer, llegando así a Grimmauld. La vieja casa estaba en completo silencio, subió los peldaños de la escalera de dos en dos, pero cuando estuvo frente a las habitaciones, no supo qué hacer, Harry y Hermione probablemente estaban juntos y eso era una imagen que no quería tener en la mente, caminó unos pasos y tocó en la puerta de la otra persona que se encontraba ahí.
Para su estado de agitación que Sirius tardara en abrir sólo lo hizo perder más los nervios.
—¿Ron? ¿Qué haces aquí? ¿Pasó algo?
—No… bueno… ¿está todo bien aquí?, ¿están Harry y Hermione?
—Sí, pero ¿qué ocurre?, no tienes buena cara… ¿pasó algo?, ¿los necesitas?
—No, no, nada.
Sirius se recargó en el marco de la puerta con su ceño fruncido. —No te ofendas, pero no es una respuesta inteligente, no vendrías aquí a esta hora por nada, ¿o es qué has comenzado a desarrollar el sonanbulismo?
Ron se vio reducido a aceptar que no había estado actuando muy racional, pero seguía teniendo ese tipo de presentimiento.
—Me desperté y sentí que algo no andaba bien.
—Tal vez sólo es estrés, ya sabes… secuelas de todo lo que pasaron.
—No, es diferente.
Sirius se pasó una mano por la barba, analizándolo. —Escucha, vamos abajo, tomamos algo y pasas la noche aquí.
Estuvo tentado a aceptar, pero no lo hizo, no se sentía correcto, tenía que ir a otro lugar, como si estuviese siendo convocado.
—No creo que sea buena idea.
«¿Convocado? Estoy chiflado.»
—Ron.
—Debo irme, nos vemos después.
—¿Estás seguro?
—Sí, sí.
Salió de la casa con la mente revuelta, pero sus instintos seguían activados.
—¿Dónde debo ir?
Miró el cielo cómo si esperará que una señal cayera de ahí, pero sólo se encontró con una hermosa luna llena que lo mantuvo hipnotizado borrando su mente dejando sólo una imagen clara de una chica rubia y extraña.
—Luna.
Un extraña y fuerte necesidad de verla se apoderó de él. Era una tontería ir a esa hora y aún consciente de eso, no se detuvo.
*º*º*º
Las extrañas circunstancias que lo habían llevado a ir a la casa de Lovegood parecieron drenarse apenas llegó. Las luces de la casa estaban apagadas y todo parecía sereno, no parecía ocurrir nada para que él estuviera ahí. Sus ojos se posaron una vez más en la ventana de Luna, tal vez con la esperanza de que ella apareciera pero no sucedió.
—Los gemelos han conseguido volverme loco —murmuró dándose la vuelta para irse, no quería provocar que las alarmas del lugar se desataran y causar así un escándalo. Anduvo unos pasos cuando un canto llegó a sus oídos. Se detuvo en seco al tiempo que un fuerte estremecimiento lo recorría, dejándole la piel de gallina.
«¿Qué fue eso?».
El corazón le rugió en el pecho y su cuerpo dio vuelta de inmediato, siguiendo la melodiosa canción.
Luna, Luna…
Rodeó la casa sintiendo una oleada de energía aumentando con cada paso que daba, era cómo estar traspasando un escudo. Sus ojos agudos recorrieron la extensión de terreno frente a él, no tardó en ubicar el centro de la magia y por Merlín bendito que tuvo la impresión de su vida.
Luna en un círculo con velas, danzando desinhibidamente mostrando su cuerpo bañado por los rayos de la luna y la luz cálida de las velas que arrancaban brillos a sus cabellos rubios.
Su voz, era ella la que cantaba y parecía ser una melodía para él, sólo para él.
Se había vuelto un marinero cediendo ante la voz de una sirena en medio del mar. ¿Acaso sería arrastrado a su muerte?
Había imaginado cómo era su cuerpo después de aquel día que había despertado en su casa con esa horrible resaca, ella había estado usando un suave camisón que en verdad le había acelerado la sangre, despertado su libido… abriéndole los ojos, para verla de otra forma. Siempre le había costado ver a sus amigas como chicas, ahí estaba como ejemplo lo que había pasado en cuarto año con Hermione, no fue hasta el Baile que supo que era una.
Este espectáculo ni siquiera se lo había esperado, lo peor es que no podía apartar los ojos y comportarse como un caballero, lo tenía fascinado. Tenía medidas imperfectas para los exigentes, pero no para él, nunca para él. No podía más que pensar en que era un sueño, simplemente y llanamente.
Respiró con fuerza, sintiendo cómo el calor de todo su cuerpo se concentraba en sus pantalones y no era para menos tenía la estimulación necesaria para presentar una erección.
Lo peor es que incluso su mente se había quedado en cero, nada… ni siquiera estaba pensando en lo que estaba ocurriendo ahí.
*º*º*º
Luna dejó atrapado en su boca el antiguo canto, al tiempo en que se detenía por completo. Congelada por los resultados. Parpadeó varias veces, sin terminar de creer que lo que sus ojos le mostraban era real.
Ronald estaba ahí, había acudido a ella… el encantamiento había funcionado. Después de esas semanas en las que se percató de cómo él había hecho pequeños cambios en la forma de mirarla, tratarla, en cómo desviaba su rostro cuando se ponía colorado, avergonzado o enojado hasta hacer sus orejas resplandecer y también estaba cuando hablaba atropelladamente o maldecía por lo bajo si no salían las cosas como deseaba. Él había estado evitando cualquier contacto físico incluso el más inocente. Entonces ella comprendió —no sin ayuda—, que le gustaba, que por fin se trataba de ella, que él había volcado su atención en verdad en ella.
¡Cuán emocionada y jubilosa había estado en ese instante!
Sólo podía compararlo con ese momento, el ahora y el aquí. Había hecho ese encantamiento pensando en el amor, apostándole a que este funcionara y le trajera al hombre que la amaría, todo el tiempo había tenido en la mente pero sobre todo en el corazón a Ron, normalmente no sabías a quién traería, pero ella no había contemplado otra posibilidad y de haber ocurrido seguro que hubiese sido otra situación y quizás en este instante se sentiría muerta de vergüenza.
—Ronald. —Suspiró nombre salió en un suspiro anhelante de sus labios. El cuerpo llenó de aquella magia le hormigueaba, deseando su toque y su corazón galopaba sin reservas, libre, en paz, alegre.
No intentó cubrirse, para ese momento él ya la había visto completa, no había nada de que avergonzarse ya.
Ron se sintió envuelto en una espiral apenas sus miradas se encontraron, una corriente eléctrica lo hizo volver a ponerse en movimiento y al ver que ella lo llamaba, su cuerpo cobró más confianza y su expresión se volvió más decidida.
No tuvo miedo de atravesar el circulo, las llamas de las velas se alzaron y una brisa removió los pétalos del campo.
—Estoy aquí. —No sabía ni porqué había dicho eso, pero le había nacido de lo más profundo de su ser.
—Llegas a tiempo.
Ron sintió como una sonrisa surgía en sus labios, los nervios lo envolvieron. No podía concentrarse con ella desnuda y el rostro brillante.
—¡Merlín Luna!, no puedo estar parado junto a ti contigo así… —Se sacó la chamarra y la envolvió en ella, en ese momento le alegró más que nunca el ser alto, pues su ropa era lo suficientemente grande para cubrirla.
—Tengo mi camisón.
—¿Por qué te lo quitaste? ¿Y qué es todo esto? No quiero ni pensar en que alguien más te estuviera viendo, no puedes hacer este tipo de cosas —reprochó.
Soltó una risita risueña. —Te llamaba a ti.
Él sintió una gran ternura. —Tonta… no necesitabas hacer todo esto.
Al demonio con las palabras, él no era bueno con ellas y tampoco lo era con el romance, la atmósfera estaba cargada de sentimientos sobrentendidos y que los magos le ayudaran, porque estaba a punto de soltarse, en ese momento no podía pensar en nada que lo detuviera, ni las rarezas, ni el futuro, sólo quería estar con ella como fuera.
Envolvió su rostro en sus manos y se entregó en ese beso, siendo recibido por ella con todo el amor que había estado guardando para él. No fue un beso perfecto, pero fue el primero que los unió, el que no olvidarían al pasar el tiempo y que siempre les recordaría lo que había iniciado esa noche de luna llena.
*º*º*º
Ginny chocó su tarro de cerveza de mantequilla con el de Luna que se veía tan linda sonriendo con sus mejillas arreboladas.
—¡Eres una chica loca, no puedo creer lo que hiciste!
—Sólo sucedió así.
—Te juro que si mi hermano no se terminaba de dar cuenta sobre tus sentimientos iba a atacarlo con mil mocomurciélagos.
Luna soltó una risa fresca. —Fue en el tiempo y momento adecuado.
—¿Lo fue? ¿Crees qué ese hechizo hizo que él…? —preguntó con curiosidad.
—Pudo haber atraído a cualquiera o no funcionar, Ronald sentía lo mismo que yo antes de que yo lo hiciera —explicó sintiendo un revoloteó en su estómago.
Ginevra sacó su lengua. —Quisiera ver tú reacción si hubiese sido "cualquiera".
—Eso nunca lo sabremos —contestó simple.
—No sé qué le ves a mi hermano —murmuró jugando, Luna y ella habían hablado sobre ello antes, pero siempre había sido con un tono de bromas.
El rostro de Luna se bañó de ensoñación y su mirada se perdió en los recuerdos de años pasados. —Recuerdas sexto año cuando narre el partido de Quidditch de Gryffindor contra Hufflepuff? Ronald me dijo que había hecho una buena narración a pesar de que todos los demás habían dicho que fui desastre, pensé que se estaba burlando de mi pero él era sincero… y cuando me alejaba les dijo a Harry y Hermione que yo le empezaba a agradar, él seguramente piensa que no lo escuche, pero lo hice. Ellos fueron mis primeros amigos…
Ginevra miró a su loca amiga con gran cariño. —Pudiste decírmelo antes, te has guardado esto y quién sabe cuántas cosas más.
—Cuando estuve encerrada en la mansión de los Malfoy, solía pensar en mis padres y en los momentos que había tenido con todos ustedes. Cuando Ron y los chicos fueron capturados fue horrible, nunca desee verlos ahí, pero también fue volver a sentirme viva con mayor esperanza. Él aún en su desesperación por ayudar a Hermione me miró, sólo fueron unos instantes, no sé lo que pasó por su cabeza, pero pude ver retazos de varias emociones en sus ojos que fueron sólo para mi.
—Merlín, Luna…
—No pongas esa cara, no es una historia triste… estoy respondiendo a tu pregunta.
—Pero…
—Como yo lo veo, mi relación con Ron es un cuento con matices, justo como el tuyo con Draco.
Viéndolo de esa forma, no podía decir lo contrario. —Pero si alguna vez se porta horrible contigo sólo házmelo saber y…
Luna rió dejando atrás el pasado para concentrarse en el presente y lo que estaba viviendo, algo que la hacia gratamente feliz.
*º*º*º
Ron iba caminando con Harry rumbo al campo de Quidditch, mientras le contaba las nuevas.
—¡Te juro compañero, que jamás espere eso!
Apenas podía seguirle el paso al relato cuando habían salido a relucir las palabras: "desnudo", "hechizo", "canto", supo que definitivamente era de Luna de la que hablaban. Ella definitivamente no haría una confesión normal, pero lo que había hecho si que había sido muy loco, menos mal que en lugar de alejar a Ron, había terminado uniéndolos.
Harry no creía que Ron entraría en razón tan fácil, pensaba que le llevaría un poco más de tiempo aceptar su corazón, alejar las excusas y luchar por lo que quería, pero era toda una sorpresa cómo se había logrado resolver todo. Le alegraba y lo tranquilizaba de muchas formas el saber que se había dado esa oportunidad. Tenía que reconocer que no le parecía tan lejano el día en que los dos habían terminado enfrentados por Hermione, pero esa etapa terminaba ahora.
—¿No te importa que este loca?
—Es Luna y esta bien.
—¿En verdad eres Ron? Aún recuerdo cuando no querías ir con ella al Baile y te preocupaba lo que usaría o si llevaría zapatos.
—¡Oh, cállate hombre!—exclamó avergonzado dándole un golpe.
Soltó una risa alejándose de su amigo. —En verdad te gusta.
—Parece increíble, lo sé —contó con una sonrisa—. Sabes, ella estuvo ahí cuando menos lo espere, fue mi amiga, soporto mi malhumor y siempre tenía una sonrisa para mi. Es graciosa, se ríe de mis bromas...
—Es una gran chica.
—Sí. —Había sido lento y ciego para verlo, pero poco a poco lo había hecho. Su camino había coincidido en Hogwarts y después de muchas vueltas ahora estaban ahí caminando juntos.
—Fred y George deben estar haciendo fiesta.
—No me lo recuerdes...
Harry ya podía imaginárselo, deseaba tener más tiempo libre para pasar por la tienda y bromear con ellos.
Ronald dejó su sonrisa de lado al notar la expresión de su amigo, podía ver que él ya no estaba más en su conversión. —¿Estás bien? Ya sabes... te ves un poco cansado.
—Lo estoy.
—Pronto estarás libre.
—Estoy contando con ello —suspiró clavando sus ojos en el lugar dónde ya se encontraban otros chicos.
Ronald palmeó su espalda en un gesto de apoyo. —No dejes que te afecte demasiado.
—Estaré bien.
—No sé cómo hablar con Hermione de lo que le sucede, no quiero terminar diciendo algo que no... pero, ¿los sanadores han sabido algo?
—Aún no —respondió pasando la mano por sus cabellos oscuros—, pero tienen que hallar algo, no me puedo dar por vencido.
Ron sintió su alegría decrecer. —Seguro que pronto encuentran algo.
—Eso espero.
No dijeron nada más hasta entrar al campo y saludar a los demás.
—Hagamos un buen juego —dijo Ron sonriendo, buscando animarlo.
*º*º*º
Potter nunca pensó que llegaría el día en que terminaría su servicio comunitario, incluso se sentía extraño y por si fuera poco una idea arriesgada había estado dando vueltas en su cabeza, negándose a salir de ella.
Se dio un golpe en la cabeza, no haría estupideces que lo pusieran nuevamente en dificultades.
«No voy a usar la capa.»
Venía repitiéndose eso todo el rato, incluso en ese momento en el que había comenzado a repartir las bandejas de comida.
—¿Estás bien, Harry? —inquirió Krutov, después de notarlo especialmente callado.
—Sí, ¿por qué no lo estaría?
—Lo sé, por fin saldrás de ese maldito lugar —expresó pasando su mirada por la construcción—. Es bueno que no haya más dementores aquí o estaríamos en serios problemas de salud mental o quizás ya hasta te hubieran besado.
—No bromees con eso, hubo un tiempo en que en verdad les tuve miedo —reveló recordando su tercer año en Hogwarts— y terminar esto es lo que más deseo.
—Sólo unas horas más —dijo, palmeando su espalda antes de alejarse y dejarlo trabajar.
«Pronto todo acabará, no debo hacer nada estúpido.»
Se concentró en lo que tenía que hacer, sin dar paso a pensamientos extraños, pero no le fue sencillo requirió de toda su voluntad y buenos recuerdos. El tiempo parecía caer a cuenta gotas, burlándose de él, sabiendo que estaba desesperado por terminar aquel turno.
Realizó una fuerte respiración como si deseara inhalar todo el aire disponible, aunque eso era imposible.
«Debo estar tranquilo.»
Lo intento, en verdad lo hizo, pero en un abrir y cerrar de ojos, cerca de su hora de salida desapareció bajo su capa, contaba apenas con unos minutos antes de que notaran su ausencia —aunado a que había tomado su varita del punto de revisión—, y todo se pusiera mal. Fue a la sección de alta seguridad, dónde se encontraba Rookwood junto con otros criminales considerados de alta peligrosidad. Retirar los hechizos de la celda no había sido tan sencillo, pero todo el tiempo que había estado ahí le dio la oportunidad de observar un par de veces como lo hacían los guardias.
Augustus sentado en su catre, registró el moviendo y esperó a que alguien entrara cuando no sucedió y la puerta se cerró supo que se encontraba frente a un hechizo de invisibilidad o una capa.
—Así que por fin estás aquí —murmuró sin moverse ni un centímetro. Tuvo miedo, pero fue apenas una chispa, sabía que Potter no se atrevería a matarlo, tal vez hubo un momento en que si, pero ahora… bah, no había posibilidad.
¿Cómo lo llamaban?
«Harry Potter se había reformado.»
Harry deslizó su capa mostrándose. —¿Sabes lo qué es esto?
—¿Vienes aquí para hablar conmigo de capas?
—¿En serio no lo sabes? —continuó Harry, tomando la capa con una mano, poniéndola frente a la cara demacrada del hombre.
—Es una reliquia —respondió, retirando sus ojos codiciosos de ella para clavarlos en los verdes.
—Es por esto que causaste tanto sufrimiento y no, ni siquiera has estado cerca de poseerla, me pertenece como el resto de ellas.
—¿De verdad crees qué sigues siendo el dueño de ellas, de la varita? ¿En todo este tiempo nadie te ha desarmado, Potter?
Ese detalle no es algo que no hubiese pasado por su mente ya, había hecho recuento de las batallas y duelos que había tenido desde su encuentro con Voldemort, en la Academia con los entrenamientos o en mismo St. Mungo y le aterrorizaba pensar que era una posibilidad, la única forma de comprobarlo sería ir a la tumba de Dumbledore, tomar la varita y utilizarla, pero era algo que ni siquiera estaba en sus planes.
«La varita da más problemas de lo que en realidad vale.» Refirmaba sus palabras cada vez que cruzaba su mente.
Por lo pronto no corrían peligro, porque de ser cierto y si él no fuese más el dueño, no sabía quién allá afuera podría serlo, pero mientras ese mago no tuviera el conocimiento de que lo era, todos estaban a salvo de su poder.
—Olvidas un detalle, sigo siendo el único que sabe dónde ésta y de ser necesario daría mi vida para proteger ese secreto.
Rookwood bajó su cabeza, apretando su mandíbula. —Que tonto eres, tanto poder y desperdiciarlo así… podrías haberla usado contra mi, ¿acaso no deseabas matarme?
Harry mostró signos de tensión apenas aquel terminó de escupir su veneno. —No necesitaría de esa varita para hacerlo, no me provoques… porque incluso ahora podría hacerlo, pero me parece más tentador dejarte vivir pensando en lo que nunca podrás tener, pudriéndote en estas cuatro paredes.
Augustus aplaudió, soltando una risa entre dientes. —¡Bravo, gran discurso! ¿Y qué es esta reunión?… ¿por qué estás aquí sino para matarme?, ¿para hablar?, ¿es esto una conclusión entre nosotros? No has visto el final de mi… ¿cómo esta tu mujercita… esa horrible sangre sucia?
Harry giró el rostro rabioso, aguantando las ganas que tenía de pisarlo como a un insecto, desaparecerlo.
«No voy a perder ante él.»
—Como yo lo veo, esto es un cierre… tú te quedarás aquí —dijo señalando las paredes frías y desgastadas, llenas de gritos y desgracias— y yo viviré mi vida sin pensar en ti, porque tú sólo estarás en mi pasado.
Rookwood soltó una carcajada, tocándose su barba. —Eres tan ingenuo… ¿en serio crees eso? No te apresures, no sabes lo que te puede esperar en el futuro.
—No voy a dejar que juegues conmigo.
—No me atrevería a hacerlo… oh, pero ya lo he hecho y sigo haciéndolo, podrás haberme encarcelado, pero eso no concluye las cosas.
—Estas demente.
—¿Lo estoy? Tal vez eres tú, el que no ha aprendido nada.
—Piensa en lo que has hecho, ¿realmente valió la pena?
—Todo valió la pena, cada grito, muerte… batalla. Seamos realistas no me convertiré en un lastre que suplicara perdón... tú no lo entiendes, le temes tanto al poder, ¿acaso sabes lo que podrías hacer con él? Esos muggles… podrías dominarlos, acabarlos... reinar en el mundo mágico, hacerlo más fuerte, eres tan cobarde y corto de mente.
—Puede ser, pero tú sólo eres un maldito enfermo —musitó con el estómago revuelto, le alegraba no haberlo matado, se había ganado sufrir cada día viviendo así, miserablemente, aunque eso no fuese ni la mitad de lo que merecía.
—Adiós Potter, recuerda que tal vez hoy me ves aquí, pero no sabes si un día podrías ser tú el que lo éste… cuídate, no sabes cuando el enemigo atacará.
Harry sintió pena por el hombre ahí, le lanzó una última mirada, recorriendo el lugar estrecho con apenas un water viejo y un lavabo con moho. Se colocó su capa y salió reinstalando todos los encantamientos de seguridad.
«Ahora sé que puedo controlarme, no lo mate, no deje que mis emociones se involucraran.»
Se había enfrentado a su miedo y logrado salir victorioso.
No volvería a pensar en ese hombre, para él había dejado de existir.
*º*º*º
En las sombras del Bosque Negro, un hombre rasgaba con su pluma un pedazo de pergamino.
«Nuestra alianza llegó a su fin, púdrete en Azkaban, ya no necesito nada de ti.»
Una sonrisa llena de maldad cubrió el rostro desfigurado del hombre.
—Un último viaje Ay —dijo, lanzándole un pedazo de comida al cuervo. Ató la nota a su pata y lo mando volar.
El ave se alzó en medio de la noche, agitando sus alas con fuerza perdiéndose rápidamente en el cielo.
La información que había llegado a él, valía cien veces más que la que ese idiota tenía. Augustus se había equivocado al querer jugar con él, traicionarlo había sido su sentencia. No movería ni un solo dedo para sacarlo.
—Hubo un cambio de planes, los hombres deben saber a quién obedecer ahora.
El sujeto a unos metros, asintió con la cabeza, alejándose con pasos sigilosos por el camino terroso.
«Ahora es mi turno.»
Había esperado tanto por ese momento, pero había valido la pena.
*º*º*º
Harry no había querido que Hermione lo esperase afuera de la isla, él le había dicho que cuando acabará iría a buscarla a la biblioteca. Ella trató de quedarse dentro del edificio y estudiar como debía hacerlo, pero finalmente cuando vio la hora salió a esperarlo.
Se arrebujo en su túnica moviendo sus ojos entre un lado y el otro de la calle.
—Creí que te había dicho que esperaras dentro —regañó quitándose su bufanda para enredarla alrededor del cuello de su novia.
—Tardaste y estaba nerviosa porqué no aparecías —comentó tocando la prenda terminando de acomodarla—. Gracias.
—Lo siento, quería estar un momento solo antes de verte.
Se miraron intensamente sosteniendo una platica silenciosa. —Ya veo.
—Caminemos un poco.
Ella lo siguió comprendiendo su estado.
—Vi a Rookwood —confesó después de un largo silencio.
Hermione no se detuvo sorprendida, continuó andando sintiendo una fría y horrenda emoción en la base de su estómago, había presentido que algo así podría ocurrir, sólo que no había previsto que fuese ese día.
—No lo mate —aseguró al ver el rostro compungido.
—No es él quién me preocupa —exhaló en media voz.
Bajó su rostro con una pequeña sonrisa. —Estoy bien.
Ella pareció recuperar el aliento al escucharlo decir eso. —No deberías haber ido, te arriesgaste demasiado.
—Lo sé, pero así como termine con el servicio tenía que hacerlo con él.
—¿Cómo…? ¿Qué… dijo? —Odiaba que su voz se quebrara.
Harry le pasó el brazo por los hombros atrayéndola hacia él. —No importa lo que dijo, todo termino.
Dentro de todo Hermione encontró consuelo en eso, habían estado viviendo con esa carga mucho tiempo que llegar a este punto le parecía un sueño.
—Es cierto, sólo quedan las cicatrices.
Sabía a lo que se refería ambos tenían que vivir con eso, pero no se iba a dar por vencido con ella. —Vamos a estar bien.
Granger no dejó que su ánimo decayera, levantó la mirada, lanzándole una sonrisa. —Tienes razón.
Había llegado a su fin una etapa muy dura, no había fecha que no se cumpliera y ella estaba feliz de que eso sucediera.
*º*º*º
Augustus Rookwood esa noche definitivamente perdió la cabeza, jurando venganza contra los que lo habían puesto en Azkaban y traicionado, dejándolo sólo para que muriera sin ver la libertad nuevamente.
*º*º*º
Harry había acompañado a Hermione a St. Mungo, le tocaba su revisión mensual. Estaba nervioso porque no lo habían dejado entrar con ella, aunque lo entendía, pero ya había pasado medía hora y no tenía noticias.
Finalmente la puerta se abrió y ella salió abstraída, fue hasta ella poniendo las manos en sus hombros sacudiéndola ligeramente.
—¿Sucedió algo? ¿Estás bien?
—Harry… —musitó y fue todo lo que salió de su boca.
—¡Por Gryffindor dime algo, que me estoy volviendo loco!
Hermione aspiró con fuerza, moviendo sus parpados como si intentara que no se volvieran a humedecer.
—Habla o entraré ahí a…
—Han encontrado algo.
Harry se quedó helado por el momento que su mente tardó en procesar lo que ella había dicho. —¿Qué…? ¿Qué fue?
—Aún no pueden decirme, me informaran cuando ordenen y traduzcan lo que han encontrado.
—Pero puede ayudarte —mencionó emocionado.
—Eso creo —titubeó aún abrumada por la noticia.
—¡Eso es fantástico! —manifestó tomándola de la cintura, dando una vuelta con ella.
Ella por fin dejó que la conmoción se fuera dando pasó a la alegría que la iluminó por completo.
—Sí, lo es.
«Por favor que esto sea real, que pueda funcionar en mi.»
Se sujetó de Harry con fuerza, justo como lo haría a esa esperanza que había aparecido después de una larga espera.
*º*º*º
Hermione apareció en el viejo pueblo mágico, iba tarde y lo odiaba, pero es que no había podido evitar el retraso, se había topado con un profesor al salir de la biblioteca y lo que había sido un saludo, se había vuelto una pequeña charla sobre el Ministerio y las viejas leyes.
Había aligerado su bolso para no lidiar con el peso de los libros que llevaba, pero ni así conseguía correr más veloz. Finalmente diviso la casa de los Potter, Harry se encontraba de pie frente a ella.
—Lo siento, Harry —dijo casi sin aliento con las mejillas sonrosadas por la carrera.
—Hermione Granger llegando tarde —murmuró con fingida reprobación.
Ella le dio un pequeño puñetazo en su hombro logrando que él se quejara sobándose. —No es para burlarse, tenía todo organizado, pero el profesor Hills me detuvo.
Harry le quitó su bolso de la escuela, llevándoselo al hombro. —Y te quedaste hablando con él.
—No era mi intensión, lo juró… pero comenzamos a hablar y paso el tiempo volando, tuve que cortarlo para poder llegar, espero no se moleste.
—Sólo fueron unos minutos, puedes relajarte —comentó besando sus labios con ternura.
Asintió con una sonrisa ligeramente aturdida.
—Vamos. —Tomó su mano, alejándola de lo que una vez fue su hogar.
—¿Por qué estabas ahí?
Una media sonrisa frunció su boca. —Quería venir desde que termine el servicio comunitario. —Había ido ahí, para hablar con sus padres a imaginarse una vez más la vida que llevaban, a agradecer el poder caminar por esas calles con la cabeza en alto, sintiéndose libre.
Esos meses habían estado llenos de altibajos, no podía creer que pronto cumpliría un año de aceptar sus sentimientos por su amiga, de decidir estar juntos y seguir enfrentando el día a día sosteniéndose como uno solo.
Eran afortunados, no todos encontraban con quién querer compartir su vida tan pronto.
—Debemos ir a dejar unas flores a tus padres.
—Lo haremos después, antes quiero que veas algo.
—¿Vamos hacia el terreno?
—Sí, ¿qué pasa? —preguntó al ver que su ánimo decaía.
—Nada, me trae recuerdos. —No quería volver a pensar en ese día en que Harry había desaparecido, pero al ir hacia ese lugar era algo que volvía a ella sin remedio haciéndola experimentar un dolor en su corazón.
—Todo esta bien ahora, no desapareceré —repuso contestando a lo que seguramente la afligía, tanto así la conocía para darse cuenta.
Ella buscó calmar su inquieto corazón, aferrándose a la mano que sostenía la suya, ahí estaba su calor, su peso y su fuerza para recordárselo. Tomó una respiración y volvió sus ojos al frente.
—¿Por qué hay una tienda?
—Primero entremos y te lo explicaré.
—¿Quieres que acampemos?
—No —dijo y ella pudo percibir la risa en sus palabras.
—Harry…
—Entra. —Abrió las telas para ella.
Era una tienda modesta y pequeña, distinta a la que habían usado cuando estaban en busca de los horrocruxes.
La guió hasta la mesa, donde se encontraba extendido un pergamino, Hermione se sentó en la silla casi sin darse cuenta con la vista clavada en aquel pedazo de papel, sus ojos bien abiertos recorrían cada centímetro.
—¿Qué te parece? —preguntó Harry, esperando con emoción su respuesta.
—Esto… —Estaba tan emocionada que no encontraba las palabras.
—Si quieres hacer un cambio, dilo… la próxima semana comenzaran a construirla.
—Espera… ¿ya? Digo, ¿no es muy pronto?
—¿Te parece? ¿No te gusta? Creí que te gustaría la noticia —profirió descolocado.
Hermione se incorporó y le dio un intenso abrazo. —Me gusta, en serio… ¿esto es lo que has estado haciendo los últimos días?
—Sí, tuvo que buscar a la gente indicada para este proyecto.
—Harry…
—Sé que te preocupaste y no sé qué ideas locas estaban cruzando tu cabeza, pero quería que esto estuviera listo.
Acarició su mejilla y dejó caer un beso en su boca. —En serio me gusta.
—¿De verdad? —preguntó hablándole al oído.
—¿Cómo podría no gustarme? —repuso mirándolo a los ojos con una sonrisa tan brillante como el sol— Sólo hay un detalle…
—¿Cuál? ¿Quieres hacer más grande la biblioteca?
—No, tontito… aunque gracias por pensar en mi —musitó dándole un beso sencillo, antes de girar su rostro hacia el plano—. ¿Tres habitaciones de niños?
Harry desplegó una lenta sonrisa. —Sí, te dije que quería una familia grande.
La alegría que antes reinaba en Hermione se fue diluyendo. —Pero tú sabes qué…
Él apretó sus manos en su cintura, llenando de besos su mejilla. —¿Acaso no los sanadores han encontrado algo?
El corazón de Hermione se sacudió, no quería poner todas su esperanzas en ello, porque podía no funcionar. —Aún esta todo en libros, les llevará tiempo transformarlo en un tratamiento… son datos vagos del siglo XVII, por eso no habían querido decírmelo hasta que reunieran todo.
Harry le puso un dedo en su boca.
—No conozco alguien que pueda ser mejor investigadora que tú. Si ellos no encuentran más información, lo haremos nosotros. Te dije que si no hallábamos la forma de curarte aquí recorreríamos el mundo y no mentía Hermione, si no es aquí buscaremos en otra parte dónde daremos con la respuesta y si aún así no lo lograríamos, estoy seguro que allá afuera hay muchos pequeños a los cuales les encantaría vivir en esta casa.
Hermione se estremeció, bajo su cara dejando caer dos gruesas lagrimas. —Sí, tienes razón, tendremos una familia.
—Ya somos una familia, yo te tengo a ti y tú me tienes a mi, eso es algo que nadie podrá cambiar nunca.
Alzó su cara y se limpió la cara con rapidez. —No se ni por qué estoy llorando… me encanta todo, has recordado cada cosa que yo quería que tuviera.
—No iba a olvidarlo —contestó abrazándola por detrás, recargando su mentón en su hombro.
—Nuestra casa, aún me parece algo difícil de creer —espetó rozando con sus dedos el plano, sintiendo una enorme dicha.
—Para mi también fue así, pero todo se volvió claro conforme nuestra relación avanzó.
Hermione ladeó su rostro buscando sus labios. Harry la fue girando sin romper el beso para poder estar más cómodos. Sintiendo como ella se presionaba contra él, mientras su manos recorrían su espalda con suavidad, disfrutando del magnetismo que se producía entre los dos.
El llegar ahí no había sido un camino fácil y de darse la situación ambos lo recorrían nuevamente sin si quiera dudarlo. Tenían un futuro por vivir, tal vez no supieran que les depararía, pero de lo que estaban seguros es que estarían juntos y su amor trascendería hasta el final de sus días.
*º*º*º
THE END
