Diclaimer: Todos los personajes conocidos y la trama principal de Shingeki no Kyojin, le pertecen a su creador Hajime Isayama.
A su vez, todos los personajes que aparecerán junto con ésta misma historia son de mi entera originalidad y propiedad, espero que disfruten de la misma tanto como yo en escribirla y compartirla con ustedes.
¡Que les guste el capítulo!
"Quiero vivir lejos". La primera vez que pensó en vivir lejos de aquellas tierras y conocer que traía el exterior, fue al momento de que el señor Lawler abofeteo a la joven Elise de 13 años, al haber cometido el pequeño error de derramar un poco de su café en uno de sus libros de finanzas, en un escritorio tan desordenado como la vida que llevaba. Al ver su error, intentó ver el golpe en su mejilla, disculpándose entre medio, pero no había servido de mucho, como una joven impulsiva y emocional, la joven salió corriendo de la sala, dejando atrás el corredor, el pequeño cuarto de limpieza para llegar al jardín, sin perder un segundo más en contemplar las hermosas rosas, continuo su marcha hacia el camino de piedra que la llevaría hacia los comienzos de la muralla Rose.
Con una marcha acelerada, sostuvo con una mano su larga falda azul marino por arriba de los tobillos, siendo más sencillo y rápido su andar, mientras que con la otra mano limpiaba las grandes lágrimas que corrían por sus mejillas, intentando que el llanto cesara un poco, aunque tenía tiempo, el camino hacia Chlorba era bastante largo. A pesar de que buscaba la calma, los sollozos volvían otra vez, agradecía estar completamente sola en ése camino, el sol en lo más alto del cielo anunciaba que era la hora cercana del almuerzo, aún tenía un par de horas más antes del atardecer, tiempo para llegar a la ciudad del oeste y, para su enojo, volver a aquella casa.
En mitad de su recorrido, surgió entre medio de su relación calma/llanto una pregunta en su cabeza "¿por qué aún vivo con ellos?". Se cuestionaba cómo habían terminado aceptando, hace tres años, permitirla convivir con la familia Lawler, porque era captable, en su estadía en esos años, que no aceptaban en la mayor parte del tiempo su presencia – aunque si habían un par de personas que me recibieron con los brazos abiertos – murmuró en voz alta, recordando el primer día en que llegó a esas tierras: la señora Elizabeth Lawler como así también su esposo Adam Lawler y el hijo menor de la pareja, Gael, un año mayor que ella. Disfrutaba su tiempo junto a Liz, como le gustaba llamarla, con sus técnicas de tejido y bordado, para la dama era "maravilloso tener otra hija con quien compartir todo mi conocimiento", recordaba sus sonrisas maternales y sus cantos luego de cada merienda, por otro lado, si no estaba bordando, escuchaba a Gael y sus historias de grandes caballeros antiguos, antes de que la humanidad fuera presionada a vivir en esas jaulas llamadas muros de paz "eso serán el resto de mi vida, solo una ilusión de la tranquilidad que llevan las personas" pensaba a diario, viendo a la lejanía la muralla.
Todo parecía tomar un equilibrio armonioso al lado de ellos, dejando de lado las miradas reprobatorias de los demás integrantes de la familia, o por lo menos pensaba así. En la primavera siguiente brotó una fuerte epidemia en la zona, a pesar de todos los medicamentos recomendados, un grupo de pobladores fueron afectados gravemente, entre ellos Liz, falleciendo a finales de estación, considerada una segunda madre para la joven, fue un gran golpe para todos los integrantes de la familia y sabían cada uno que, la sonrisa que brillaba con ella, fue apagada para siempre.
-"A los dos años de mi llegada y luego del fallecimiento de Liz, las cosas habían cambiado. El señor Lawler se apartó de la familia y apenas lo veíamos en la cena, ocupaba todo su tiempo en sus tierras en el interior y el comercio junto a su padre que, pienso, ya no importa si estoy presente. Al no encontrarse la cabeza de la familia en la casa, Dirk, el hijo mayor, se encargaba de la administración del terreno en el que vivíamos, siendo el principal heredero, se introducía al trabajo de su padre. Adalia continuaba siendo la misma, sin fijarse de mi presencia, se preocupaba más en ser una dama perfecta para comprometerse, lo cual escuché que estaba cercano a concretarse, en cambio, Gael continuo siendo el mismo de siempre, quizás con menos tiempo que antes pero tenía su ventajas: cambió sus libros de cuentos por conocimiento, gracias a las clases que mantenía con su maestro, compartiendo cada una de sus ideas" – sus pensamientos divagaron en los momentos de esos tres años, pero, la idea principal de vivir lejos aún estaba presente.
En ese momento, una serie de ruidos a su espalda llamó su atención, reconoció las herraduras chocar contra la tierra, varias en diferentes tiempos, algunas conversaciones que se acercaban a cada paso de daba, peino una parte de su cabello negro intentando de cubrir su mejilla afectada, no querían que vieran su aspecto. Los caballos, uno a uno, comenzaron a pasar por su izquierda, a pesar de que su andar era lento, los podía apreciar y percatarse quienes montaban a esos hermosos animales: reconocía esas simbólicas alas blancas y azuladas unidas entre sí en cualquier lugar, la marca de las Alas de la Libertad estaba en cada hombre y mujer, en sus capas en la espalda.
Estaba sorprendida, lo admitía, que la Legión de Reconocimiento estuviera en ésta parte de la muralla, siendo común su ruta de recuperación por el sur, en la última ciudad periférica como era el Distrito de Shiganshina. No dejó de observarlos, teniendo la oportunidad de verlos cerca gracias a su lento andar, su mejilla hinchada ya no importaba y sus problemas se habían convertido tan pequeños al lado de la imagen que daba la tropa – Disculpe señorita… - si ya nada importaba - ¿Necesita ayuda? – Excepto la voz que le hablaba en ese momento, dirigió su mirada al dueño de la misma, sus ojos chocaron con una mirada azul, un poco más oscura que los suyos, profundos, cabello rubio perfectamente peinado, un rostro finamente cuadrado, quizás era un par de años mayor que ella, estaba a punto de responderle cuando otra persona la interrumpió.
-¿Elise? – la llamó otro joven, con una gran sonrisa en su rostro, estando atrás de la persona que acababa de ofrecerle su ayuda.
-¿Alfons? – respondió, sin creerse que era el mismo niño que jugaba con ella cuando aún vivía con sus padres.
-Ha pasado mucho tiempo -
-Entonces ¿cómo has estado? – aún continuaban con su lento andar, así que Alfons podía iniciar una conversación, Chlorba ya había dado su anuncio de la llegada de la Legión al hacer sonar sus campanas, a lo lejos.
-A decir verdad, bastante bien – respondió, observándolo.
-¿Segura? – volvió a preguntar, percatándose de la marca roja en su mejilla.
-¡Oh! ¿Esto? – exclamó su hinchazón con la mano – Fue un error, no te preocupes "y quizás sea el último" – pensó, intentando de no preocuparlo, había pasado bastantes años desde la última vez que se vieron, el último encuentro se llevó a cabo en su casa, antes de que se uniera al entrenamiento militar.
Continuaron hablando de varios temas, entre ellos relacionados a su niñez compartida, cuando Elise era tan solo una niña y Alfons la protegía de los niños problemáticos de la aldea, o a veces viceversa, mientras más conversaban, fueron descubriendo que había sido del otro en esos años, ella descubrió, por su parte, que ésta era la tercera expedición afuera de los muros de él, también que al comienzo, comentó, no pesaba en unirse a la Legión pero en los tres años de entrenamiento su pensamiento hacia ellos se fue transformando y, una vez terminada la ceremonia, tenía su decisión tomada.
-¿No te arrepientes? – preguntó entremedio de la primera anécdota de su viejo vecino contra los titanes.
-¿La verdad? No… de alguna forma… es interesante arriesgarse para conocer el exterior – murmuró para que solamente ella lo escuchara - ¡Además! Tengo a mi compañero de escuadrón Benno, nos cubrimos la retaguardia mutuamente, claro que soy yo el que más lo hace – canturreo mientras golpeaba el hombre de su compañero de al lado.
-Eso quisieras, maldito suicida – sonrío el joven soldado, contestando con la misma acción. Cuando pasaron por la puerta de Rose, una fila de personas en la calle los esperaba, curiosas de conocer a toda la Legión de Reconocimiento, tanto así que los niños estaban encima de los hombros de sus padres o en cajas, buscando una mejor vista para ver a los integrantes de la tropa, al fin y al cabo no todos los días la gente de Chlorba podía observar el comienzo de una exploración.
Con la orden del comandante, todos se detuvieron a mitad de camino, estaba cercana la hora del atardecer y un descanso era necesario, según Alfons, habían partido a las primeras señales del amanecer y desde ese día que estaban cabalgando, su verdadero descanso era en la ciudad periférica de la muralla María del oeste, con esto en cuenta, Elise decidió que ya era momento de despedirse – Ha sido bueno verte de nuevo Alfons pero tengo que volver – sonrío hacia su amigo.
-Comprendo Elise, de todas formas si no fuera por el sargento Smith, quizás no te hubiera descubierto a un lado del camino – comentó mientras bajaba de su caballo, escuchó una broma por parte de Benno, surgiendo al instante una amistosa discusión entre ellos dos.
-¿Sargento? – Volteó su mirada, dejando a esos dos peleando, hacia el rubio que anteriormente había ofrecido su ayuda – "debería haberle agradecido…" – pensó mientras tomaba valor para acercarse, estaba a unos pasos de él cuando una voz interrumpió su acción.
-¡Elise! – gritó un joven de 14 años, alto, poseedor de unos verdes claros y cabello rubio ceniza, corriendo hacia la dirección de ella.
-¡Gael! – exclamó al verlo llegar, agachándose para tomar aire.
-Te estuve buscando – suspiró – padre estaba preocupado por la forma en que saliste de la casa – observo su alrededor, percatándose de los soldados que estaban en el lugar – no preguntare sobre esto pero debemos volver – tomó la muñeca de su hermana y hacerse paso entre la gente - ¡Vamos Elise! Heiko nos está esperando – decía, alejando a la joven de su objetivo principal.
-¡Oh! Pero, espera Gael – sabía que él no la escucharía, así que volteando rápidamente para observar al sargento, su mirada chocó con su figura y esos ojos azul profundo. Con su mano aún libre, intentó hacer una seña de despedida, sacudiendo la misma – Gracias por lo anterior… - soltó de sus labios, mientras sonreía, no pensaba obtener alguna respuesta de su parte, tampoco sabía si su mensaje había llegado, así que se enfoco en escuchar como su hermano explicaba cómo había llegado a saber de lo sucedido.
-Lamento si te preocupe, por la tarde… - susurró en su espalda mientras Gael dirigía a Heiko, el caballo favorito del muchacho, hacia su casa.
-¿Ah? ¿Quién dijo que estaba preocupado? – contraataco.
-Siempre te preocupas por mí… - siguió enfatizando en la palabra preocupación, sonriendo.
-Hum… Quizás fue así…- una pequeña risa salió de sus labios, Gael siempre se preocupaba por ella, sea en la situación que estuvieran. Continuaron su camino en silencio, tal como había pensado, el atardecer se presentaba en el cielo con sus tonos naranjas y tenues rosas, aunque la vista podía verse hermosa, la muralla llegaba a ocultar hasta donde llegaban esas tierras.
"De alguna forma… es interesante arriesgarse para conocer el exterior"
-Gael – quizás era una locura pero debía intentarlo - ¿Qué pensarías si yo entrara al entrenamiento militar? – sintió al momento como los músculos de su hermano se habían contraído.
-¿Por qué me preguntas eso? – Volteo a verla, deteniendo a su vez a Heiko - ¿Qué está cruzando por tu cabeza en este momento? – tenía que pensar bien que decir pero era Gael, nunca había ocultado nada a él.
-Quiero empezar a hacer mi vida – suspiró – Y sabes que intentando comprometerme con algún amigo cercano de tu familia es una opción para mí, es todo lo contrario. Es por eso que, entrando a alguna de las fuerzas militares, será un gran comienzo para mí – aunque él seguía callado, sabía que le estaba dando la razón. Escuchó como respiro hondo y soltó todo el aire acumulado, en un gesto de resignación.
-Si es lo que decides, puede que padre lo apruebe pero…- sacudió las riendas del caballo para seguir la marcha – no pienso abandonarte en esto – abrió sus ojos por la sorpresa – Sé que vas a decir ¡Pero Gael, tú tienes un hogar en donde estar y en donde prosperar! – Imitándola con una voz más aguda de lo normal – Si, es verdad, tendré un hogar sin embargo Dirk será el que heredara todo y Adalia se irá con algún noble de la Muralla Sina, entonces ¿qué me queda a mi? – su mirada era de una gran determinación, sorprendiendo a la misma Elise, "quizás ya había pensado en esa posibilidad".
-Entonces, está decidido…- recostó su cabeza en su espalda nuevamente, podía pensar que él no estaba tomando la decisión correcta pero de algo estaba segura: no importaba ni el lugar ni el tiempo en el que estaban, los dos como hermanos se apoyarían mutuamente, sin importar nada más.
¡Ahora si! ¿Qué tal les pareció el primer capítulo? Espero que interesante. Gracias por leer, agregar a sus favoritos y dejar algún review para conocer su gusto por el fic. También pueden dejar preguntas relacionadas a la historia (desde alguna duda acerca de algún personaje, como así también mis ideas bases para hacer lo trama, entre otras, ¡lo que ustedes desean conocer! Sean creativos.
Nos leeremos pronto.
CLMayer.
