Hola amados lectores! Ya les traigo un nuevo capítulo de este Fic.

Agradezco a I Love KL y Tony por dejar sus reviews, les agradezco desde el fondo de mi corazón! Espero ver sus comentarios en este capitulo chicos, deseo ver tambien los nuevos comentarios de otras personas.

ADVERTENCIA: Leer bajo su propia responsabilidad

[NOTAS: PUEDE QUE HAYAN UNA SERIE DE "EMOTICONS" A LO LARGO DEL CAPITULO, NO SE ESCRIBEN YA QUE ES UN ERROR ORTOGRÁFICO PERO LOS QUISE AGREGAR PARA DARLE UN SENTIDO "COTIDIANO" A LOS E-MAILS Y MENSAJES DE TEXTO]


"Bien, tengo que lograr conducir este automóvil hasta la Empresa Snow" pienso mientras tomo el volante con mis manos sudorosas. Giro la llave y el automóvil enciende. Salgo del estacionamiento de mi casa y me encamino hasta la Empresa Snow donde hay un vacante disponible.

No le mencione a Gale nada en absoluto acerca del puesto, ya que me conseguiría un trabajo a su modo.

Cuando me acerco a la Empresa Snow, mi celular timbra varias veces pero rechazo la llamada, es Gale y algo sospecha, le dije que saldría toda la mañana y estaría ocupado.

Piso el acelerador para llegar puntual a la cita de trabajo, la vacante para el puesto se ha abierto el día de hoy que, casualmente vi un anuncio en la web en una página para buscar empleos. ¿Patético? un poco.

Llego al edificio, no es tan alto y busco el estacionamiento.

Para entrar al estacionamiento subterráneo, un guardia de seguridad me pide que baje la ventanilla.

– ¿Qué se le ofrece en la Empresa Snow?

–Vengo por la vacante disponible.

–Adelante.

Encuentro un lugar de visitantes después de dar vueltas buscando un lugar, y estaciono el carro. Apago el motor, extraigo la llave y salgo del carro. Le pongo la alarma y camino hasta el ascensor y presiono el botón de planta baja. Me acerco a un recibidor donde se encuentra una mujer de mediana edad, me dan instrucciones para ir a con Seneca Crane que sería mi jefe si consigo el puesto. La mujer me escolta hasta la oficina de Seneca Crane.

Al abrirse las puertas de la oficina, veo a un hombre de unos treinta años de edad, ojos de color azul, con barba, apuesto.

–Sr. Crane, es Peeta Mellark. Viene para el puesto de asistente – le informa la mujer.

El señor Crane se gira y me observa. Me estudia de pies a cabeza un par de veces y le pide a la mujer que me acompaño hasta aquí que se retire. La mujer cierra la puerta cuando sale.

–Peeta Mellark, ¿no es así?

–Sí, así es señor. Mucho gusto – estrecho mi mano con la suya.

–Tome asiento por favor – me siento frente a su escritorio, tengo la carpeta con mi currículum en mi regazo y se lo tendió a Seneca. Hojea el currículum. Mi celular comienza a vibrar, alguien me llama.

– ¿Qué me puede decir, joven Mellark? – ¿por qué todos me llaman "joven"? ¿Acaso no tengo pinta de que me digan "señor"?

Me reincorporo y mi espalda la pongo recta.

–Trabaje en la revista Paradise y... aunque nunca he trabajado en la Bolsa, logro adaptarme a cualquier ambiente de trabajo.

Seneca hace una mueca mientras revisa por enésima vez mi currículum.

– ¿Cómo se enteró del puesto de trabajo, joven Mellark?

–Lo vi en un anuncio mientras navega por la web, llame a las oficinas y me dieron indicaciones para una cita de trabajo.

–Peeta, puedo ver que eres joven y dispuesto a trabajar para ganarse la vida.

–Gracias señor Crane.

–Lo diré rápido: tienes el puesto, comienzas el próximo lunes – ¡qué directo fue Seneca Crane! Se levanta de su escritorio, dejando la carpeta donde venía el currículum sobre el escritorio y camina hasta la puerta de su oficina –. Si es tan amable de seguirme, joven Mellark.

–Tutéame, señor – le digo y el asiente con una sonrisa.

Me levantó y lo sigo. Fuera de su oficina hay un escritorio con una computadora, un teléfono y un archivero.

–Como mi nuevo asistente, tendrás que responder a mis llamadas, hacer algunos pendientes y varias cosas. Supongo que te debiste haber informado, ¿no es así?

–Si – respondo en un suspiro. Como añoro mi antiguo trabajo en la revista Paradise, pero estoy consciente que no puedo estar sin hacer nada durante todo el día.

Seneca extiende su brazo y toma una agenda negra de un grosor alrededor de cinco centímetros y me la entrega.

–No entrare a varios detalles, porque la misma palabra lo dice. Peeta, esta es mi agenda y estas encargado de ella. Tú la tienes durante toda la jornada de trabajo y yo me la quedo en la noche para poder hacer algunas anotaciones o recordatorios que tengas que hacer para mí – me la entrega y yo la abro con sumo cuidado.

–Bien, señor – le digo, regresándole su agenda.

–Dígame Seneca – me sonríe y yo asiento con la cabeza tímidamente.

–Se... – estoy a punto de decir señor cuando recuerdo lo último que me ha mencionado –. Seneca, cuando especifique que vendría por el trabajo, solicité que sólo estaría disponible durante la jornada... no me gustaría tener que combinar mi vida privada con mi vida laboral – Seneca me mira con una sonrisa, esta alegré pero no me quita los ojos de encima, es un poco incómodo –. Espero que le hayan informado eso.

–Háblame de "tú", Peeta.

–Lo siento, es sólo que... me siento más cómodo hablándole de "usted".

El semblante de Seneca cambia completamente, de estar feliz, sus facciones no esbozan ninguna expresión.

–Bien Peeta, está bien como tú quieras dirigirte hacia mí, no hay ningún problema – sus labios forman una línea recta, ¿hice algo mal?

El celular me ha estado timbrando miles de veces, no que no responder ya que sería una falta de respeto hacia Seneca, así que dejo que timbre y timbre.

– ¿No vas a contestar? – ¿puede oír el zumbido? Aprieto la mandíbula, deseando que los zumbidos acaben de una vez por todas.

–No, en un rato más lo haré.

El asiente.

–En tu caso el almuerzo será a las 10:30 a.m. Todos los días y terminará hasta las 11:15 a.m.

–De acuerdo, señor.

–Entrarás a trabajar a la 8 a.m. en punto y saldrás a la 2:00 p.m. Necesitas registrar tu entrada y salida a diario, ¿todo está claro? Ah, una cosa más: cuando te dirijas al jefe, siempre llámalo señor Snow. Yo soy tu jefe, pero él es el mío y de todos en general. Aquí entre nos puede ser muy estricto.

–Perfecto – respondo con una sonrisa esbozada con dificultad.

–Peeta, hemos terminado por hoy. Te acompaño hasta la salida – asiento y caminamos hasta el ascensor. En total silencio, se alcanzan a escuchar los zumbidos del celular en el interior de mi bolsillo del pantalón, aprieto los dientes porque ahora sé que Seneca tiene un oído muy agudo.

El camino de ascensor se me hace eterno, comienzo a ruborizare por los zumbidos del celular.

Por favor Gale deja de hablarme, en un momento te devuelvo la llamada.

Al fin llego a las puertas de ascensor y me despido de Seneca estrechando su mano.

–Fue un placer, Peeta – me vuelve a sonreír d la manera extraña.

–El placer fue mío, señor – entro al ascensor y las puertas se cierran.

Me recargo en uno de los muros del ascensor, mientras presiono el botón que me lleva al sótano.

El teléfono vibra una vez y lo saco de mi bolsillo.

Tengo veinte llamas perdidas de Gale con tres mensajes de texto:

*¿Peeta, te encuentras bien?*

*No me respondes, ¿qué pasó?*

*Me estas asustando, cariño*

Sonrió al leer este último mensaje. Amo toda la forma en que se preocupa por mí.

Me llevo al celular al pecho y cierro los ojos, simplemente no puedo pedir a alguien mejor a mi lado. Salgo directo hacia mi carro y espero a que vuelva a haber señal para hablar con Gale porque en el sótano no hay siquiera para un mensaje de texto.

Conduzco hasta un Starbucks para poder conversar por celular. Llego al más cercano que se cruza en mi camino, estaciono mi automóvil y me permito hablar con Gale mientras pido mi Cappuccino.

Llamo a celular de Gale y al segundo timbre, contesta.

–Gale...

Cariño, ¿dónde estabas? Me tienes preocupado, Prim tampoco sabía dónde estabas.

Gale.

–Le hablé a Finnick y tampoco, incluso a Katniss.

Gale – insisto.

–Pensé por un instante que te había ocurrido algo...

–Gale – elevo la voz y consigo callarlo, su respiración esta agita desde el otro lado de la línea –. Estoy bien, solamente fui a una entrevista de trabajo a la Empresa Snow – le explico.

¿Fuiste a solicitar empleo?

–Si, en realidad necesito ocupar el tiempo de mis mañanas.

¿Por qué no me lo dijiste? Aunque sea durante el mensaje de "Buenos días Gale..."

–Perdón, fue de último momento. Vi que había un vacante y fui a solicitarlo. ¿Me perdonas?

Peeta, ¿cómo se te ocurre eso? Yo no enfadaría contigo por nada en el mundo, tú lo sabes. Sólo que me preocupas mucho, eres el amor de mi vida. Y eso significa que te tengo que cuidar y proteger...

–No sabes lo mucho que te amo, Hawthorne.

Entrego el dinero mientras recibo mi bebida caliente.

¡Rayos! Peeta me tengo que ir, hay una junta acerca de un nuevo proyecto. Quiero verte más tarde, ¿este bien?

–Eso ni me lo debes de preguntar. Por supuesto.

Bien, me voy. Te amo, cariño.

–Yo también te amo – cada vez que pronuncio "te amo" mi corazón se acelera, y aún más cuando Gale me las dice.

Se termina la llamada y guardo el celular en mi bolsillo del pantalón. Dirigiéndome a mi automóvil, tomo pequeños sorbos del cappuccino el cual por su temperatura me quema la lengua, sacándome una roncha en el punto. Me subo al carro y giro la llave. Puedo escuchar que el motor se esfuerza mucho por encender, mi carcacha ya está teniendo problemas y Gale me lo habían recordado cientos de veces, y lo seguirá haciendo.

Por favor, no me falles estúpido carro, hoy no.

Sigue fallando, no enciende del todo.

– ¡Maldito Carro! – grito fuerte. Tomo mi móvil con las manos temblorosas buscando el número de Gale. Lo tengo en la sección de favoritos así que me facilita la búsqueda. Marco a su celular pero no contesta.

Decido escribir un mensaje de texto: "Gale, mi carro ya no enciende... :S"

Me quedo adentro del carro bebiendo de mi café tranquilamente ya que ha bajado de temperatura. Reviso Los mensajes antiguos que escribo con Gale, sonrío cada vez que leo uno.

No me puedo quedar en el carro todo el día esperando a que Gale venga por mí.

Así que salgo de la carcacha que ahora es la palabra indicada para un automóvil viejo e inservible. Doy un portazo y cierro el automóvil con seguro para evitar robos, aunque sinceramente ningún ladrón se interesaría por el carro que conduzco y mucho menos no tengo ningún objeto de valor dentro.

Levantó la mano hacia la calle con la esperanza de que un taxi me vea y se detenga. Después de diez minutos sin respuesta absoluta de Gale, un taxi se detiene. Entro en la parte trasera y el índico al conductor la dirección de mi casa. En el radio tocan la canción "Thrift Shop" de Macklemore & Ryan Lewis. El conductor comienza a cantar a todo pulmón, sin importarle que un pasajero lo escuche. La voz desafinada del conductor y los altos forzados provocan que comience a reír. Me muerdo el interior de mi mejilla para no soltar una carcajada y así no ofender al conductor. Volteo hacia otro lado para olvidarme por completo de los gritos del taxista.

Grita a todo pulmón y esta vez suelto una carcajada. La boca me sabe a sangre, me mordí fuerte el interior de mi mejilla. El conductor ríe conmigo.

–Perdone, es sólo que a usted no le importa que alguien lo escuche cantar – explico la causa de mi carcajada.

–No se preocupe. Pero es cierto, me importa un comino lo que piensen, yo soy feliz como soy – me sonríe el conductor a través del espejo retrovisor, y luego enfoca su vista al frente.

–Todos deberíamos ser como usted.

El taxi se detiene frente a mi casa, y yo abro la puerta. Busco en mi cartera y saco el dinero. Me da la cantidad, sin embargo le dejo propina y el señor me da las gracias, ya que son casi diez dólares de propina. Me sonríe y se aleja en su taxi. Reviso mi móvil y todavía no hay respuesta de Gale.

Camino hasta el porche delantero de mi casa y abro la puerta. Se encuentra tan sola que cada pisada en el suelo retumba por toda la casa. Subo las escaleras dirigiéndome a mi cuarto. Me dejo caer en la cama mirando hacia el techo, me estiro en la cama y agarro mi móvil. Enciendo la pantalla y llega un mensaje de texto:

*¿Dónde estás Peeta? Ahora mismo voy por ti si es necesario*

Instantáneamente entra la llamada de Gale a mi móvil. Acepto la llamaba y me llevo el celular a la oreja para poder conversar.

–No es necesario que vengas por mí. Estoy en mi casa – es lo primero que explico.

Qué alivio. Me tenías asustado, pensé que se te habría detenido en medio de la autopista. Pero ya te había dicho que ese carro no era más de confianza.

–Sí, y perdona de nuevo por no haberte escuchado.

No te disculpes, Peeta. Sólo dime donde se ha quedado el automóvil para mandar una grúa por él.

–Se quedó en el estacionamiento del Starbucks al cual en el que usualmente vamos a tomar un café – no debo dar más detalles porque Gale sabe dónde es exactamente.

Gracias por la información. Creo que ese carro no volverá a servir.

– ¡Pero está en perfecto estado! – protesto

–Sólo su exterior, quizá consigue un vendedor que pague por el – dice.

–Gale...

¡Te compraré uno nuevo! – exclama emocionado.

–No te atrevas.

Déjame consentirte. Tengo mucho dinero y eso no es problema.

–Sería demasiado, Gale. No me lo merezco.

–Te mereces mucho más que eso.

–No lo podrás comprar porque tu madre no te dejará.

Ese no es problema, ya que se entere quien es mi novio, te adorará.

–Gale.

Hablando de mi madre, nos ha invitado a la mansión Hawthorne para comer con ella antes de la tormenta.

– ¿Tormenta? – preguntó.

El pronóstico del tiempo dice que abra una fuerte tormenta durante todo el fin de semana.

–Mañana es sábado...

Si, por lo que nadie podrá salir de sus hogares y todo eso. Sin embargo mi mamá ya quiere conocer al afortunado novio de Gale Hawthorne.

– ¿Afortunado?

Si no fuera por ti, no me hubiera enamorado.

¿Por qué? ¿Por qué no está frente a mí para que pueda rodear su cuello, levantarme de puntas para llegar a sus labios y besarlo?

–Si no fuera por ti, no hubiera abierto mi corazón.

Te amo, Mellark.

–Te amo, señor Hawthorne.

Me deje llevar... ¿Entonces si irás a comer con mi madre?

–Por supuesto, ya te había dicho que quería salir contigo más tarde. Y será fantástico volver a ver a tu madre.

Y llévate ropa para el fin de semana – agrega.

– ¿Ropa?

¿No entiendes mis indirectas? Hay cariño... Quiero que pases la tormenta en pent-house, conmigo.

–Sería fantástico. ¿Entonces, a qué hora pasa por mí? – parezco ansioso, estar con Gale todo el fin de semana me parece estupendo. Gale ríe por el entusiasmo que hay en mi voz, incluso a través de la línea telefónica.

A las seis. Y que no se te olvide la ropa interior... aunque no tengo problemas en prestarte una de mis prendas...

¡Cielos! Me sonrojo, el tono de voz de mi novio es seductor. Me muerdo el labio, tan sólo recordar ese fin de semana, me avergüenzo.

–Gale...

Lo siento. Debemos colgar, me salí de la junta pero debo volver. Le avisaré a mi madre que llegaremos a las seis. Ah, también conocerás a mis hermanos, pero no estarán en la cena.

–No tiene nada de malo que nos acompañen.

Pero prefiero privacidad y que no haya muchas preguntas incómodas.

–Quizá estés en lo correcto. Entonces vuelve a la junta, hasta luego Gale. Te amo.

Hasta luego, cariño. ¡Tu ropa interior! – esto último lo recuerda en un susurro antes de colgar, no hago más que sonrojarme.

Dejo el móvil sobre la mesita de noche y saco una maleta pequeña para guardar mi ropa que usaré el fin de semana. Lo primero que guardo en la maleta es la ropa interior, tal cual como Gale me dijo. Después guardó todo lo demás, excepto el bañador ya que la tormenta nos impedirá usar el jacuzzi.

Las horas pasan, tomo una ducha refrescante y me pongo algo elegante para cenar con Hazelle Hawthorne. Me pongo una camisa abotonada color beige con un pantalón caqui y unos zapatos cafés. Me peino y espero con la maleta en la mano hasta que Gale llegue. Recuerdo que debo cerrar todas las ventanas por la tormenta, así que es lo que hago. Cuando escucho el motor, salgo de casa y cierro la puerta principal con llave.

Gale se baja de su carro y abre el maletero. Me acerco con la maleta y el la toma de entré mis manos y la mete al maletero, después lo cierra y abre mi puerta. Lleva una camisa tipo polo de la marca Scappino azul obscuro, con un pantalón negro y que combinan.

Me subo al carro, me pongo el cinturón de seguridad y espero a que Gale conduzca.

–Que puntual llegaremos – le digo viendo la hora.

–Así debe ser, Peeta – me dirige una sonrisa.

Conforme nos acercamos a la colina donde se encuentra la mansión, puedo apreciar el increíble que posee la casa.

La mansión es moderna, muy moderna. Nada clásica como yo pensaba.

Es como el pent-house de Gale pero ocho veces más grande, con jardín inmenso.

Me abre la puerta del copiloto y me bajo. Sigo con la boca formando una O. Cuando caminamos hasta el interior de la mansión, la mano izquierda de Gale roza con mi mano derecha. Hasta hoy me percato de que siempre llevan reloj en su muñeca izquierda. Entrelaza nuestros dedos hasta que los mayordomos abren la puerta principal.

–Gale... ¡Y Peeta! – exclama Hazelle cuando nos ve llegar. Se acerca y me da un abrazo. Parece feliz y mucho. Gale suelta mi mano para que pueda devolverle el abrazo a su madre –. No lo quieres compartir Gale – bromea Hazelle. Lleva un vestido que muestra su esbelta figura, con el cabello suelto hasta la altura de los hombros.

Me sorprende lo mucho que esta mujer puede verse más joven de lo que es.

–Peeta, me siento tan feliz de que seas el novio de mi hijo – le acaricia la mejilla a Gale, el cual sonríe y se sonroja.

–Mamá...

–Tu siempre serás mi hijo – sonrió al notar que sigue siendo el niño de Hazelle.

–No te avergüences Gale – le digo, y sólo provoco se sonroje aún más.

–Ya vengan a cenar, no quiero que la tormenta los atrape aquí. Aunque siempre habrá lugar en esta casa para ustedes dos.

Hazelle nos conduce al comedor. Me siente frente a Gale y Hazelle a la cabeza de la mesa.

Les hace un ademan a los mayordomos para que traigan la entrada.

– ¿Le apetece algo de tomar? – me pregunta un mayordomo.

–Agua mineral, por favor.

Esperamos a que traigan la ensalada para poder comenzar a comer.

–Tengo que admitir que tenía un presentimiento acerca de ti, Peeta. Desde que llegaste a la oficina y me encontré contigo – menciona mientras disfrutamos de la entrada. Me atraganto con el pequeño bocado pero evito toser.

– ¿Enserio? – pregunto con el semblante iluminado.

–Si, además Gale me lo dijo. Quería conocerte más y el sintió atracción por ti – volteo a mirar a Gale, quien se encuentra como un tomate, nunca lo había visto tan rojo.

– ¿Eso le dijo? – pregunto sonriente.

–Eso y más...

–Mamá – Gale eleva la voz.

–Hijo, no tienes de que avergonzarte. Pero si quieres dejar de hablar de eso, bien. Cambiemos de tema – Hazelle me guiña el ojo y le sonrió.

Acabamos la entrada y nos traen la sopa. La sopa es crema de almeja.

–Y bien, dime Peeta: ¿habías tenido algún otro amorío?

Gale le dirige una mirada, yo trago saliva.

–Sí, pero no es como el que tengo con Gale.

El semblante de Hazelle cambia después de que Gale le dirigió una mirada.

Olvido todos los recuerdos y detengo el bombardeo de imágenes. Se me forma un nudo en la garganta que me dificulta pasar la sopa.

La conversación toma forma, empezamos a hablar de gustos en común. Una que otra vez, Hazelle menciona algo acerca de Gale. La charla se ve interrumpida en el platillo fuerte (langosta) por los hermanos menores de Gale. Los tres menores llegan corriendo alrededor de la mesa.

–Hijos, les dije que tendría una cena con tu hermano y su novio – reprende a los tres hermanos.

–Peeta, ellos son Rory – me señala con la mirada a un chico de quince años de edad de piel olivácea, ojos grises y cabello obscuro –. Vick – ahora es el siguiente, de diez años. Tiene características similares a sus dos hermanos –, y Posy – una niña tierna de cabello rubio y ojos grises, ronda alrededor de ocho años.

–Hola – saludo con una sonrisa.

– ¿Tu eres el que puso el apoyo a Gale de "Adonis de Seattle"? – pregunta Vick. Yo suelto una carcajada y asiento.

– ¡Vick! – reprenden Hazelle y Rory.

–No se preocupen, Vick ya me cae bien.

– ¿Y yo? – pregunta Posy.

–Por supuesto, eres la consentida de la familia, ¿no?

–Sí. Quiero que me compren una muñeca nueva pero mamá no ha podido.

–Ya niños, vayan a jugar a otro lado – los dos menores asienten y se van corriendo. Hazelle le habla a Rory –. ¿Rory, puedes vigilar a tus hermanos? Que ya no salgan al jardín.

–Claro que sí. Fue un gusto, Peeta. Gale tiene suerte de tenerte a su lado.

–El gusto fue mío Rory.

Rory se retira y seguimos conversando.

Terminamos el platillo fuerte y es hora del postre, helado de menta.

–Peeta, procura no comer una cucharada tan grande del helado, puede "quemarte".

–Creo que lo he visto en la película "The Princess Diaries".

Hazelle ríe.

–Una vez lo intente y fue horrible, ahora sólo como helado con la punta de la cuchara – comenta Hazelle.

Reímos un tiempo hasta que terminamos el helado y retiran los cubiertos y vasijas.

Gale revisa su reloj y menciona que es hora que irnos, ya que el pronóstico dice que la tormenta llegará alrededor de las nueve de la noche, son las ocho y puedo ver la inmensa nube negruzca aproximarse.

Hazelle nos acompaña hasta la puerta principal y nos despedimos.

–Espero que no sea la última vez que nos acompañes Peeta – me dice Hazelle abrazándome.

–Será la última – bromea Gale.

–Envidioso.

Besa la mejilla de su hijo y nos subimos al carro. Sonrió al recordar cómo se avergonzaba por las cosas dulces que decía su madre.

Llegamos en menos de diez minutos al edificio donde vive Gale. Deja el automóvil en el estacionamiento privado y nos subimos al ascensor. Mete la llave y el botón para su pent-house se activa. Lo presiono y subimos. Me toma de la mano cariñosamente. El carga mi maleta en mi mano derecha, mientras me toma de la izquierda.

Cada vez que entro al pent-house, me quedo sorprendido. El aire acondicionado es agradable.

Jeff se acerca a nosotros y toma la maleta.

–Señor, he dejado comida en el refrigerador como usted me lo ha pedido. Las camas están preparadas y las ventanas cerradas.

–Muchas gracias Jeff, ya te puedes retirar, y cuídate mucho. La tormenta puede ser peligrosa. Nos vemos el lunes – Gale le sonríe y Jeff se retira.

Gale me jala por la casa hasta la sala principal. Se puede apreciar como comienza a llover agresivamente, el cielo se oscurece ocultando la luna entre las espesas nubes que produce la tormenta. El viento golpea contra las estructuras. De pronto, todo Seattle da terror. Todos esperan que la tormenta no se convierta en huracán, pero en Seattle es muy común que existan fuertes tormentas tropicales.

–Ahora te doy gracias por haberme invitado a tu pent-house, Gale. No quisiera quedarme sólo con esos relámpagos que iluminan el cielo – un rayo cae a unos doscientos metros de distancia, sobresalto.

Siento unas manos protectoras en mis hombros, después esas manos rodean mi cuello por detrás y me acercan al cuerpo del individuo. Gale me abraza a mis espaldas, colocando su barbilla en mis hombros. Tiene que agachares porque mi estatura es baja y él es muy alto.

–Me gustaría estar así contigo todo el tiempo: abrazados, mirando a través de la ventana como los relámpagos iluminan en cielo negro... – susurra en mi oído.

Yo sonrió aunque no pueda verme, pero después suelto una risita.

–Así que tenías el presentimiento de que sería algo bueno en tu vida – suelto.

–Entendiste mal – Gale me desenvuelve y giro para mirarlo a los ojos –. Yo...

–Gale, me gusta que seas así conmigo. Pero, ¿en serio sentiste algo cuando me viste?

–Ya te lo había dicho, tú eres la persona perfecta para mí.

– ¿Aún con mis defectos?

–Es lo que más amo de ti – el labio inferior me tiembla.

–No sigas hablando o romperé a llorar frente a ti – le digo con una lágrima resbalando por mi mejilla. Gale la limpia con su pulgar, y acaricia mi mejilla. Toma mi cara entre sus manos, y acerca sus labios a los míos. Siempre el contacto con Gale es como un impacto en un accidente: fuerte.

Un rayo impacta a menos de cincuenta metros del edificio, sobresaltamos e inmediatamente Gale me protege en sus brazos. De pronto todo es obscuridad, no hay luz. Excepto la luz natural de los relámpagos que se puede apreciar desde una ventana.

La tormenta me trae recuerdos dolorosos, no puedo mirar los ojos de Gale y sentirme a salvo. Casi puedo imaginarme como fue el día de muerta de Cato. Cierro los ojos, apretando los párpados pero no hay nada más que oscuridad absoluta. Pero de algo estoy consciente, camino abrazado de mi Gale. No sé por dónde me lleva, sin embargo mientras este con él todo será perfecto.

Los rayos ya no logran iluminar nada, ahora si estoy en una habitación totalmente a obscuras donde no es permitida las luces de la naturaleza.

–Siéntate y no te muevas. Quédate aquí – me dice Gale, alejándose poco a poco. Me siento en la cama a ciegas, con la esperanza de no caerme.

Esta sensación de no ver nada es totalmente horrible, quiero ver un poco de luz tan siquiera.

Un cuerpo grande llega conmigo. Gale se sienta en la cama y enciendo un fósforo. Acerca el fósforo a una vela aromática y en cuanto el fuego se une a la vela, esta provoca un aroma a canela.

La luz de la flama ilumina el semblante de Gale. Enciende cuatro velas más y las coloca en las mesitas de noche.

–Con esto no nos quedaremos a oscuras – me quedo mirando a Gale por largo tiempo.

¿De verdad me merezco algo así en la vida? ¿Me merezco tener a este hombre tan maravilloso a mi lado? ¿La vida no estará jugando sucio conmigo para arrebatarme a la persona que amo? Esto no puede ser real, yo Peeta Mellark, no puedo tener a un hombre que es perfecto para mí, que ve un futuro en mí.

– ¿Qué piensas, Peeta? – me pregunta Gale –. ¿Por qué me vez tanto?

–Pienso que esto no puede ser real; me refiero al tenerte aquí a mi lado.

– ¿Qué debo hacer para demostrar que es real? – Gale se acerca a mí, me besa. Se cierne sobre mi cuerpo, besándome lentamente, con amor.

El beso se profundiza, nuestros labios se forman como uno sólo mientras ambas lenguas hacen un movimiento tranquilo, tierno. Paso mis manos por los costados de Gale, tocando su firme piel sobre la tela.

Las sensaciones son infinitas, hay tantas que no puedo describir cada una de ellas. Gale deja de besar mis labios, pero sigue su camino hasta mi cuello, donde no juguetea como la última vez, sólo besa la piel con extrema delicadeza. Mis manos recorren toda su espalda, entrelazo mis dedos en su suave cabello, doy tirones al él pero parece no importarle.

Lentamente cambiamos de posición, quedando recostados de un costado: frente a frente mientras seguimos con el beso. Gale junta mi cuerpo contra el suyo, coloco una pierna sobre su costado para tener aún más contacto con su cuerpo.

– ¿Qué es lo que debo hacer Peeta? – susurra entre nuestro beso.

No respondo, sólo quiero seguir besándolo.

Llevo mis manos a su pecho, acariciándolo sobre la ropa. Poco a poco voy bajando, recorriendo todo su torso. Meto las manos debajo de la camisa y mis dedos hacen contacto con su duro y tonificado abdomen, puedo sentir contracciones musculares cuando mis dedos hacen contacto. Le quito su camisa y el no hace objeción.

– ¿Qué haces?

No respondo, ahora puedo tocar toda su perfecta piel. Recorro sus brazos, su torso y su dorso. El desabotona mi camisa, me despoja de la prenda y sus grandes manos tocan mi torso. Nuestra piel impacta, sin embargo algo en mi interior desea más contacto con su piel. Me desabrocho el pantalón, me quito los zapatos con mis pies así como los calcetines. Me quito muy despacio e pantalón y lo arrojo al suelo con un movimiento de mis piernas. Ahora sólo visto con mis bóxer.

– ¿Qué estás haciendo?

–No lo sé.

Mis manos viajan hasta su hebilla del cinturón, le quito el cinturón y desabrocho el botón de su pantalón, bajo el cierre y sólo logro bajarle los pantalones un poco.

Las manos de Gale se posicionan en mi pecho, deteniendo el beso.

–Peeta, no te voy a presionar... si no estás listo...

–Es el punto... nunca estaré listo. Y es por eso que quiero hacerlo: contigo. Como tú dices, eres el indicado.

Es entonces cuando Gale se quita el pantalón, sus zapatos y calcetines, simplemente llevando puesto unos bóxer negros.

Se vuelve a cernir sobre mí, besando mi cuello sin prisa. Ambas erecciones hacen fricción. Me lleva por las nubes. Suelto un gemido casi quedo, al sentir como los besitos a de Gale van bajando hasta mi abdomen. Sus manos jalan el elástico de mi bóxer, dejándome desnudo, expuesto. Regresa a mis labios.

–Te lo diré mil veces… eres hermoso.

–Y tú perfecto para mí – respondo y mi respiración se convierte en jadeo cuando los labios de Gale hacen contacto con mi cuello. De pronto se aparta de mí, se pone de pie y se quita el bóxer, dejándolos caer por sus largas piernas. La luz de la vela es mínima y no alcanzo a ver bien como es Gale al desnudo.

Regresa a mis labios y sus manos recorren tocando toda mi piel expuesta. Poco a poco toma el control de nuestras bocas unidad, convirtiéndolas en una sola. Tres de sus cinco dedos se postran en mi labio inferior.

–Humedécelos un poco... – abro mi boca lentamente y los tres dedos de Gale entran, los chupo, los humedezco con lentitud.

Tres minutos en mi boca y Gale retira sus dedos con lentitud, me planta un beso en los labios y se alarga para tomar una almohada. Me dice que levanté las caderas y coloca la almohada debajo.

–Lo que haré es para que... – trata de explicar pero lo interrumpo.

–Ssht, sólo hazlo Gale – experimento vergüenza al pensar que Gale me está viendo completamente desnudo, aun con la tenue luz de las velas. Nunca antes me había desnudado frente a alguien, pero por algo lo hago frente a Gale: amor.

Lentamente introduce un dedo a mí, muerdo mi labio inferior al sentir la sensación extraña. En seguida introduce un segundo dedo. Esta vez muerdo mucho mi labio inferior, quiero que saque sus dedos de mi interior, pero el dios de la lujuria que llevo dentro muy escondido se aviva poco a poco como un incendio forestal provocado por una chispa.

Me hago un poco para atrás para zafarme de los dedos de Gale, sin embargo la sensación pasa de ser incomoda a agradable, por así decirlo. Ahora es el momento de moverme más hacia Gale para que sus dedos logren introducirse más.

–No te estoy lastimando, ¿cierto?

Niego con la cabeza. Aprieto los ojos y Gale empieza a hacer un movimiento de tijeras. Esto me provoca una sensación placentera, un gemido se me escapa de mi garganta.

El movimiento de tijeras dura alrededor de dos minutos y me decido a abrir la boca para hablar.

–Estoy listo Gale, estoy listo – confirmo. Gale extrae sus dedos de mi entrada virgen con delicadeza.

– ¿Seguro? No te quiero lastimar…

– No estoy seguro, pero confiaré en ti.

Estoy percatado que el momento se aproxima, aquel momento memorable en el que Gale me convertirá en suyo y él se convertirá en mío. El acto más romántico que puede existir, el más íntimo para una pareja. Ese preciso momento en que dos personas se transforman en una sola, en el que se entregan tanto cuerpo–alma a la persona que aman.

La cabeza de su pene se posiciona en mi entrada, listo para abrirse paso.

Abro los ojos con la esperanza de encontrarme con la mirada gris de Gale y olvidarme del posible "dolor" que ocurrirá a continuación. La luz suave de la flama ilumina los grises ojos del hombre que tengo frente a mí.

–Peeta…

Muerdo mi labio inferior y asiento levemente para que pueda proseguir.

El glande de mi novio entra en mi virginal ano. Suelto un gemido de dolor y Gale se detiene en seco.

–Continua… – le pido.

Su virilidad no es igual a sus dedos, Gale mete su pene poco a poco para no lastimarme. Muerdo con aun más fuerza mi labio inferior y hecho la cabeza para atrás, respirando profundo.

Quiero protestar, parece que no su pene no tiene el espacio suficiente para introducirse por mi ano.

Gale recarga su peso sobre el colchón. Rodeo su cuello y enredo mis dedos en su cabello, esconde su mirada en mi cuello. Aspiro su olor y jalo su cabello al sentir que el dolor se propaga por todo mi cuerpo. Se escapan gemidos de dolor de mi garganta, aprieto los ojos con fuerza y jalo el cabello de Gale.

Cada centímetro de la virilidad que entra en mi ano, son dos grados de dolor que se intensifican. Los gemidos se tornan más consecutivos. Contengo la respiración para evitar el dolor, pero el pene de Gale es demasiado largo y grueso para mi pequeña entrada y hace que sea casi imposible olvidarme del dolor.

–Me detendré unos instantes para que te adaptes al dolor – me susurra en mi oído y me planta unos besitos en mi cuello, aun con su cara oculta en mi cuello.

Dejo de jalar el cabello de Gale y paso a acariciar su espalda, su cuello y su cabello. Subiendo y bajando mis manos para acariciar todas sus extremidades. Quiero concentrarme en otra cosa que no sea el dolor que padezco.

– ¿Te estoy lastimando? – me pregunta con un susurro, deja de esconder su mirada para encontrarse con la mía. Niego apretando los párpados y la mandíbula.

Tengo un cuerpo extraño en mi interior, Gale no se mueve ni un centímetro, se queda inmóvil besando mi cuello.

–Continúa, hazme tuyo – digo y Gale comienza a salirse e introducirse de nuevo en mi ano.

Vuelve a salir y a entrar completamente, pero esta vez suelto una especie de rugido y gemido de dolor, no puedo continuar, es demasiado para mí.

–Gale... – gimo de dolor. Esta vez soy yo quien esconde su mirada en su cuello. Aprieto los omoplatos de su espalda con las palmas de mi mano.

–Peeta, tranquilo. Me saldré, no te quiero lastimar – me dice y siento como retira su erección de mí, sin embargo esto provoca más dolor.

– ¡No! – protesto con un gemido. Gale se detiene –. Sólo... – lo digo con un hilo de voz que se apaga.

Poco a poco el dolor se convierte en placer y deseo.

–Ya estoy listo, creo.

Él lo hace suavemente, sin ningún apuro. Ambos soltamos un gemido cuando Gale vuelve a entrar completamente en mí.

Gale comienza a dar embestidas suaves, con amor y sin intensiones de lastimarme.

De pronto, el dolor se convierte en placer y pasión. El dios lujurioso dormido en mi interior, despierta de golpe deseando más.

Nuestros labios se encuentran, se transforman en uno sólo. Posición o su labio inferior entre los míos. La velocidad aumenta, de vez en cuando la fricción me molesta un poco.

–Te amo, Gale – le digo entre un beso. Sus labios viajan hasta mi cuello, besa mis ojos, mi frente, la punta de mi nariz, todo espacio de mi cara lo cubre con sus tiernos besos mientras da suaves embestidas. Besa mi oreja y susurra:

–Te amo Peeta Mellark – abro mis ojos y me encuentro con su penetrante mirada que me mira fijo. Desenvuelvo su cuello y acaricio sus facciones.

Puedo notar que le es difícil entrar y salirse de mí.

–Cariño estas apretado – dice en jadeos.

Una corriente eléctrica potente recorre mi cuerpo al momento en que Gale toca un punto en específico. Suelto el gemido más ruidoso de placer que se escucha en toda la habitación.

–Oh, Gale. Vuelve a tocar allí – le digo cerrando los ojos. Gale acata mis órdenes y golpea ligeramente el punto de placer, vuelvo a gemir con fuerza. Oculto mi cara en su hombro para que el gemido no se escuche por todos lados.

Gale comienza a agitar y gemir, la velocidad aumenta, sin embargo trata de hacerlo suave. Mi piel arde, la temperatura corporal que emanamos y compartimos es alta. Sigue tocando el punto se placer y para intensificar las sensaciones en mí, besa mi cuello en el punto débil.

–Gale, creo que terminare – jadeo.

–Me corro, Peeta... – me gime.

Y término con un gemido sobre mi torso. Gale disminuye la velocidad de las embestidas.

–Peeta... – susurra, avisando que en cualquier momento llegara al orgasmo.

–Hazlo.

Un líquido caliente me llena por dentro, la esencia de Gale. Tarda unos minutos y se sale de mi interior a poco, saca un pañuelo y limpia mi torso y el suyo del fluido que solté Hace unos instante.

Recostándose a un lado mío, me rodea con un brazo, cubriéndonos con una sábana fresca y extremadamente suave. Recargo mi cabeza en su pecho y lo abrazo con ambas manos.

–Fue... la mejor noche de mi vida – digo extasiado. Aún sin poder creer que he tenido mi primera vez con Gale.

–Ahora somos uno sólo, Peeta. Te amo mucho – me dice plantándome un beso en la cima de la cabeza.

–Te amo como no tienes idea, Gale Hawthorne – susurro, jugando sobre su piel con mi dedo –. Nunca creí que tendría mi primera vez con alguien, y mucho menos con alguien como tú, Gale – confieso derramando lágrimas.

–Peeta, tranquilo – dice pasando una mano por mi cabello y después acariciando mi mejilla.

–Me has hecho la persona más feliz del mundo – digo llorando.

–Peeta, si pudiera expresar todo lo que influyes en mi vida, no terminaría... te amo, y eso no cambiará por nada.

–Te amo Gale Hawthorne – digo rompiendo en llanto.

–Yo también te amo, cariño – me responde y minutos después duermo sobre su pecho húmedo a causa de mis lágrimas.

Mis párpados se abren poco a poco, la piel cálida de Gale me recuerda que lo ocurrido anoche no fue un sueño, fue la realidad. Una hermosa, magnífica y maravillosa realidad. Mi cabeza yace sobre su pecho, mis brazos rodean su tronco y el rodea mi cuerpo. Duerme en paz con la mitad de mi cuerpo encima. Tengo miedo a moverme y despertarlo, sin embargo un trueno es causante de que mi Gale (, ahora lo puedo gritar a los cuatro vientos. Mi Gale y me llena de felicidad decirlo) se renueva un poco.

Se talla los ojos deshaciéndose del rastro de sueño que aún queda en sus ojos. Levanto mi cabeza y me encuentro con su mirada acompañada de una sonrisa. Le esbozo una sonrisa reservada para él, una sonrisa que demuestra todos mis sentimientos hacia él, la sonrisa que sólo mi Gale es capaz de conocer.

–Buenos días, dormilón – dice y me besa en los labios.

–Buenos días Gale – le devuelvo el beso con una risita –. ¿Dormilón? Fui yo quien despertó primero. ¿O lo olvidaste?

El ríe.

–Pero me dejaste hablando sólo anoche – suelto una carcajada.

–No lo volveré hacer.

–No hagas promesas que no cumplirás, el cansancio te gana muy fácil. Además pareces un bebe cuando duermes.

Reímos juntos, vuelvo a recargar me en su pecho.

–Gale, gracias por ser la persona indicada. Anoche fue perfecto. Gracias – le beso su pecho.

–Te amo, y te juro que no cambiará. Pase lo que pase.

Lo beso en sus labios con lágrimas resbalando por toda mi cara. Lágrimas de felicidad. Enseguida vuelvo a la posición en la que estaba.

–Creo que es hora de levantarse de la cama.

–No – protesto, apretando mis brazos con fuerza a su tronco – Quiero quedarme recostado sobre tu pecho Gale...

–Sí, también quiero quedarme así contigo. ¿Pero qué te parece si preparo el desayuno?

–Seria genial, por fin conoceré la comida que preparas.

Esboza una sonrisa. Me aparto de su pecho y hundo la mirada en lave esponjosa almohada que parece nube. Me concentro en los sonidos del exterior, todavía continúa la tormenta.

Siento que Gale deja algo a mi lado.

Escucho las pisadas de Gale que se dirigen hacia fuera de la habitación. Giro sobre la cama para quedar boca arriba, me incorporo apoyando mis manos contra el colchón y busco a Gale con la mirada. Lleva puesta un pants de pijama y una camisa gris de algodón sin mangas, dejando al descubierto sus tonificados brazos. Me ha dejado ropa de pijama doblada.

–Te deje ropa para que te vistas – me dice cuando cruza la puerta de la habitación.

Le agradezco y después me quedo en silencio.

Sonrío al recordar cada minuto de anoche: las manos de Gale tocando cada extremidad de mi cuerpo, la fricción de su piel contra la mía, el calor que provocamos. Los suaves besos, cuando mis manos tocaron su espalda. El acto más íntimo que realice... todas las emociones están vivas que olvido lo que hay a mi alrededor, hasta que la voz de Gale atraviesa mis oídos.

–Cariño, ya puedes venir a comer.

Una vez más esbozo una sonrisa, y me visto para ir a desayunar con el hombre que amo.

Un gran paso he dado, no me arrepiento de haber avanzado. Gale me está cambiando, y no estoy empeorando, sino mejorando...


Espero que les haya gustado, me esforcé para que fuera mas romántico! Dejen sus reviews por favor! :D

[Perdón por la tardanza de actualizar]

Nos leemos pronto! :)

Sígueme en Twitter: TributeRusher