Capítulo 8. Hacer el Amor con Otro
Quise olvidarte, con el…
¡Quise vengar todas tus infidelidades!
Y me salio tan mal…
Que hasta me cuesta respirar su mismo aire…
-Esta botella es mía Kiba – le dijo imperativamente ella, mirándolo orgullosa, aferrando con ambas manos la última botella de sake que les quedaba.
-Pero si tu ya estas borracha, si tomas aunque sea un poquito mas te quedarás dormida – replicó al instante el castaño, también con una buena cantidad de alcohol en la sangre que le daba el valor para hablarle de aquella manera a la dueña de sus desvelos… a quien por supuesto, no le agradó en lo más mínimo aquellas palabras.
-Borracha tu abuela fíjate – le espetó ella, fulminándolo con la mirada, y usando todas sus fuerzas para atraer hacia sí misma la botella, consiguiendo finalmente arrebatársela a Kiba, y de paso irse de espaldas al tiempo que gritaba…
Y al escuchar el estruendo de la botella romperse, el moreno de inmediato se inclinó por sobre la mesa para verificar el bienestar de la embajadora, sintiéndose ligeramente asustado…
-¡Temari!- casi grito, pero antes de que pudiera siquiera preguntarle si estaba bien, la melodiosa risa de la kunoichi, en conjunto de la maravillosa vista de su ropa interior y sus piernas descubiertas lo absorbieron por completo dejándolo unos segundos sin aliento…
-Esto… esto es el colmo – susurró de pronto ella, hablando todavía entre risas, inconciente del espectáculo con que su compañero se estaba deleitando. – Por egoístas, ni tu ni yo podremos tomarnos este sake – susurró poco a poco calmándose, sin poder todavía borrarse la sonrisa del rostro, pero llevándose unos segundos después la mano a los labios, queriendo tomarse las gotitas del aguardiente que le habían quedado…
Y él, que excitado no se había atrevido a moverse ni un milímetro, siguió cada uno de sus movimientos con deleitante placer, saboreándose igual que ella, al verla pasarse la lengua por sus dedos, imaginándose que era su miembro erecto… e inevitablemente, Kiba se llevó ambas manos a la entrepierna e intento en vano ahogar un gemido que aquella imaginación suya le producía…
-¿Tú también quieres un poco?- preguntó inocente la rubia, sin darse cuenta de lo que había causado en él, y separando inconcientemente las piernas y levantando ligeramente la cabeza para poder verlo a los ojos, imaginando verlo con toda su atención puesta en el lugar en donde la botella se había roto…
Y sin embargo, al ver su respiración entrecortada, su rostro ligeramente teñido de rojo, y sus brillantes ojos chocolates velados del deseo claramente fijos sobre ella, un repentino bochorno la invadió por completo, haciéndola conciente de que el Inuzuka estaba deseoso, pero no de sake… y algo en su interior se encendió.
-¿No vas a responderme?- preguntó con voz sensual, apoyándose en sus manos para poder sentarse y verlo mejor a la cara… y aunque él quería responderle, simplemente las palabras no brotaban de su garganta.
Estaba excitado, sumamente excitado, y no podía concentrarse en otra cosa que no fueran esos carnosos labios, que ante la sola idea de saberlo ansioso, sonrieron orgullosos y seductores al tiempo que volvía a empapar uno de sus dedos con el líquido regado y se lo llevaba a los labios para succionarlo lenta y placenteramente, consiguiéndole un nuevo gemido al moreno, que aunque no quería, se obligó a sentarse al otro lado de la mesa y volteó hacia otro lado para dejar de verla…
-Quieres hacerme tuya, ¿verdad Kiba? – susurró tentadora la rubia, incorporándose con gracia y sensualidad que el shinobi notó apenas de reojo, viéndola después como apoyaba ambas manos sobre la pequeña mesa, y se inclinaba hacia él para rozar lentamente con su aliento aquella piel morena…
Y es que, el hecho de saber el efecto que provocaba en un hombre como Inuzuka Kiba, repentinamente la hizo sentir inmensamente poderosa, y aunado a eso, al escucharlo ahogar un tercer gemido contra el que el shinobi ya no estaba seguro de poder luchar, su curiosidad por saber cuanto era que la deseaba, la animó a insistirle más y ponerlo a prueba…
-¿Eso tampoco vas a respondérmelo? – preguntó de nueva cuenta ella, subiéndose de rodillas a la mesa y sonriendo sumamente satisfecha ante el temblor en que el chico se estaba sumiendo nada más con sentir su aliento tan cerca… pero ella quería saber todavía cuanto tiempo más iba a poder soportar su lascivia…
Así que, sin pensar siquiera en las consecuencias de sus actos, la ojiverde de Suna pasó su mano con firmeza sobre los genitales masculinos, atrapados en aquel pantalón negro ajustado, sintiendo en el instante mismo como su presa se dejó de resistir y gimió audiblemente aunque sin tener el valor ni la voluntad de volver a mirarla a la cara, evitando en vano esconder la expresión de infinito placer que aquel toque le provocó, y que en la embajadora también causó un aumento súbito de libido que la llevó a incitarlo todavía más…
-¿Es esto lo que quieres Kiba? Onegai, dime si esto es lo que quieres… - susurró ella en su oído, sintiéndose también tremendamente excitada, pasando lentamente su lengua por su piel, succionando lentamente en su oreja, friccionando de nueva cuenta su mano contra el miembro erecto del Inuzuka, que volvió a gemir más audiblemente y se atrevió por fin a sujetarla por las caderas y halarla para atraerla contra él…
-Sí Temari, si… esto es lo que quiero – jadeó él al sentir el peso del escultural cuerpo femenino deslizarse sobre sus piernas, friccionándose sin más demora contra su cuerpo, llenándolo por completo de las más placenteras sensaciones que por fin descubría reales y más intensas que las que había experimentado durante sus húmedos sueños…
Porque Inuzuka Kiba no podía ser hipócrita e intentar hacerle creer que no deseaba sentir su apetecible cuerpo desnudo desde hacía mucho…
-Entonces tómame Kiba, ¡hazme tuya aquí y ahora! – le ordenó casi en un grito que de pronto se matizaba como una súplica, y que de inmediato, el experto rastreador acalló cubriéndole la boca con sus labios en un intenso y pasional beso que desde hacía tiempo venía deseando, dejando por primera vez a sus ágiles y masculinas manos tocar con libertan la bronceada piel bajo la larga falda de la chica, deslizándose sin demora hacia sus glúteos para atraerla todavía más hacia él y de esta manera ejercer una mayor presión entre sus cuerpos, sintiéndose en el momento mismo a punto de llegar al paraíso…
Y sin embargo, después de varios minutos degustando el dulce sabor de su boca, la suave textura de sus piernas, y el ardiente calor de todo su cuerpo, el mismo Kiba tuvo que luchar contra el impulso de tomar a esa excitante rubia ahí mismo en mitad de la sala, tal y como ella se lo pedía…
Porque, por muy excitado que estuviera, sabía y era plenamente conciente de que no sería nada bueno si Sabaku no Kankuro entraba por aquella puerta y los encontraba ahí en mitad de su sala, teniendo relaciones sexuales…
Así que, deteniendo sus besos y sus caricias tan sólo unos segundos, apenas los suficientes para que pudieran ambos recuperar el aliento, y todavía con la rubia sobre su regazo, el muchacho le miró a los ojos unos instantes antes de volver a besarla en los labios, esta vez de forma breve, con dulzura, antes de poder decirle porqué se había detenido.
-No quisiera encontrarme con tu hermano aquí… tal vez deberíamos ir a la parte de arriba - le pidió en un susurro, volviendo nuevamente a besarla con suavidad pero al mismo tiempo pasional, en espera de convencerla.
De alguna manera, él quería que su primera vez juntos fuera especial, algo inolvidable para ambos… y aunque definitivamente, poseerla en el piso de madera entre la mesa y la sala era una idea que le sonaba muy tentadora y casi inolvidable, no quería imaginar lo que le haría su mejor amigo si lo encontraba en plena faena ahí con su hermana…
Y Temari, mordiéndole suavemente el labio inferior, finalmente asintió y enroscó ambas piernas alrededor de aquel masculino cuerpo, y aferró ambas manos a la castaña melena, al tiempo que posaba deleitante sus labios muy cerca de la oreja del Inuzuka que por unos momentos no entendió lo que aquel abrazo significaba…
-Sólo si aceptas llevarme de esta manera – le pidió finalmente ella, negándose rotundamente a separarse de él.
Francamente, en aquellos precisos momentos, a la ojiverde lo que menos le importaba era que su hermano Kankuro los encontrara teniendo sexo, porque el acto de dos cuerpos desnudos unidos, era lo único importante en aquellos momentos…
Y finalmente, tras hacer uso de todas sus fuerzas y respirar profundo, Kiba le cumplió a la rubia el capricho y con gran esfuerzo se levantó con ella enroscada a su cuerpo, haciendo un par de movimientos, que le permitieron escuchar el intenso gemido de la rubia, en el instante en que sus cuerpos de nueva cuenta se friccionaron…
Y por Kami, que el Inuzuka tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para poder avanzar hacia las escaleras, y todavía necesitó concentrarse todavía más ahí, ya que a cada escalón que subía, Temari gemía con más fuerza y la fricción le parecía más y más placentera, haciéndole olvidar que de haberse separado y llevarla tan sólo tomados de las manos, ya hubieran llegado desde hacía mucho al cuarto… aunque seguramente ninguno de los dos lo hubiera disfrutado tanto.
-Es la puerta de la izquierda – susurró de pronto Temari, haciéndole ver que su torturante placer se había terminado, y guiándolo sin demora hacia la privacidad de su habitación, completa y absolutamente segura de lo que ambos estaban haciendo, y en lo que todo aquello iba a desembocar…
Porque a estas alturas, las cosas ya no eran un juego. Ahora sí que iban muy en serio.
A fin de cuentas, los dos eran ya unos adultos que sabían lo que hacían, y ella principalmente, sabía que, una cosa era jugar a excitar a Kiba, y otra muy distinta estar en su cuarto en la planta de arriba, en donde nadie podría interrumpirlos… así que, nada mas cerrar la puerta, ella dejó de aferrarse a él con brazos y piernas, y sin demora alguna comenzó a desabrocharle la chamarra mientras iba dejando un rastro de suaves y tentadores besos sobre su cuello, desfajándole sin problemas la camiseta de maya e introduciendo bajo esta el par de ágiles manos, haciéndolo estremecer y dejándolo casi sin aliento cuando recorrió con deleitante placer los abdominales bien marcados y se detuvo después junto al borde del pantalón, rozando lenta y tortuosamente aquella sensible zona, tratando sin mucho esfuerzo de incitarlo a continuar con lo que escaleras abajo estaban haciendo… y por supuesto, el rastreados accedió.
Sujetándola suavemente por las manos, e inclinando al instante su rostro para atrapar entre sus labios los suaves y sonrosados de ella, el moreno a pasos lentos la hizo retroceder hasta que llegaron cerca de la cama, deteniendo por breves momentos las intenciones de Temari por desnudarlo.
Él no quería ir demasiado rápido a pesar de todo el deseo sexual que había acumulado, porque quería por sobre todas las cosas, hacerla sentir amada, hacerle ver que para él, aquello no era sólo una aventura, que lo que pasara aquella noche era algo importante y serio, no un simple polvo…
Así que, tomándose su tiempo para mantener a raya las ansias, el Inuzuka se separo durante breves instantes de ella, mirándola intensamente a sus verdes y brillantes ojos, quitándose de un solo y ágil movimiento la camisa de maya para después, y sólo después de eso, poder sujetarla de la cintura en busca de la intersección en donde el obi se mantenía sujetado para poder quitarlo y deshacerse después de la yukata, perdiendo entonces en ese momento el aliento al descubrirla únicamente vestida con la pantaleta de encaje de lencería negra que tenía puesta y que no hacía más que incrementar la sensualidad que todo su ser desprendía, incrementando también en él su deseo de acariciarla poco a poco, de poder admirar largo y tendido su curvilíneo cuerpo, de perderse en las cumbres de sus firmes pechos, lo estrecho de su cintura y lo sinuoso de sus caderas, delineando cada parte de ese femenino cuerpo aunque fuera sólo con sus dedos…
Y sin embargo, mientras embobado observaba a esa beldad rubia, dudando unos segundos sobre si debería esperar más a despojarla de aquella última prenda, ella reclamó entonces su derecho a desnudarlo, desabrochando con agilidad el negro pantalón que por acción de la gravedad cayó limpiamente al piso, en el momento mismo en que Temari detenía sus dos manos sobre la piel morena del masculino pecho, acariciándolo mientras ascendía hasta los hombros y se entrelazaban detrás del cuello en un abrazo, mientras el resto de su cuerpo se adhería ardientemente a él al mismo tiempo que sus labios se vieron atrapados en un intenso y pasional beso seguido de las ardientes caricias de las manos masculinas que la estrechaban contra él mismo y buscaban desesperadamente llenarse de ella…
Y afortunadamente para él, la cama no estaba ya muy lejos puesto que a sólo unos minutos de haber iniciado el intenso contacto, la ardiente embajadora de Suna comenzó a despojarse de la última prenda que tenía para después seguir con la de él, rozándole el miembro erecto con los dedos y haciéndole perder todo su autocontrol que lo llevó a recostarla con prisa y sin contemplaciones sobre la cama, acomodándose de inmediato entre sus piernas que acarició fugazmente mientras le mordía ansioso los labios y la escuchaba gemir ante el peso de su cuerpo y su ágil mano que se había abierto paso hasta su intimidad, hurgando en su entrepierna con deleitante placer, acariciándola apenas de forma superficial e introduciendo poco a poco uno de sus dedos, buscando de ésta manera asegurarse que estuviera lista para recibirlo.
De ninguna manera quería lastimarla, por eso quería asegurarse de que estuviera completamente empapada, húmeda a más no poder, antes de poder dirigir su miembro erecto hacia su entrada, rozándola lenta y placenteramente antes de por fin decidirse a entrar, hundiéndose poco a poco en ella, esperando darle el tiempo suficiente a que se adaptara a él, conteniendo todavía sus ansias para poder hacerla sentir amada y no solamente deseada… porque antes que saciar sus propios deseos, Inuzuka Kiba buscaba hacerle el amor...
Comenzando un lento vaivén, el moreno dio inicio entonces al movimiento placentero en que por fin los dos se unían, acariciándole con cuidado la cintura, aferrando firmemente las manos a sus caderas, mordiendo superficialmente el fino cuello, succionando ocasionalmente la dorada piel, gimiendo y escuchándola gemir a cada movimiento de sus cuerpos, en cada lenta fricción en el interior de aquella estrecha cavidad, disfrutando con cada fibra de su ser el poder por fin tenerla, deseando fervientemente poder prolongar eternamente cada uno de sus embistes, cada una de sus caricias, cada uno de sus besos, cada uno de sus gemidos y de sus jadeos, fundiéndose una y otra vez en ella, de una manera en que nunca nadie lo había hecho, y que irremediablemente, a Temari le trajo recuerdos de Shikamaru.
Sí, de ese sensual vago, que nada mas tenerla a solas rápidamente la desnudaba para estrecharla entre sus brazos, mordiéndole placenteramente cada parte de su cuerpo, raspando su piel con la barba en cada beso, hundiéndose rápida y desesperadamente en ella sin detenerse a comprobar si estaba lo suficientemente mojada, clavándole las manos en las nalgas para sujetarla y entrar más y más dentro de ella, gimiendo estruendosamente muy cerca de su oído, olvidándose completamente de toda su actitud racional y entregándose completamente a su instinto animal, primitivo y salvaje que a ambos enloquecía, llevándola con ello al más bello de los paraísos casi en cuestión de segundos, tan apresurado, tan desenfrenado, que ahora que se encontraba haciéndolo de una forma totalmente diferente, no podía menos que hacerle recordar amargamente que no se encontraba en los brazos de su amado, conteniendo con gran esfuerzo el llanto…
Porque aunque Temari había sabido desde un principio que con quien se estaba acostando no era Shikamaru, no fue hasta aquel momento al tener a Kiba hundiéndose en su interior, que se dio cuenta que ni acostándose con otro iba conseguir olvidar el dolor que sentía en su corazón…
Aw… Ya se que había dicho que tendrían esta continuación el viernes pasado, pero escribir este capitulo me costo muchísimo más trabajo del planeado: prácticamente, me estanqué en el momento en que los dos entraron a la habitación y fácilmente, reescribí las cosas unas 4 veces hasta que me quedara como quedó… y si les soy sincera, creo que todavía me faltó un poco más no se si de narración o de sentimiento, pero de plano ya no supe como hacerle! Perdonen por la decepción u.u
Pero bueno, espero que para el próximo capitulo no me pase lo mismo, o de lo contrario, comenzaré a pensar que necesito unas vacaciones para dejar de pensar xD la canción, por supuesto que se llama Hacer el amor con otro, y la canta Alejandra Guzmán.
Gracias Titxu y TemariGothick por leer y dejarme el review!, les quiero! Espero traer el siguiente capitulo en 2 semanas sin más retrasos
