Capitulo 12. Hoy ya me voy
Y no llegue aprenderte a amar, aunque quisiera yo no pude…
Crucé tus labios con mi boca y te entregue mi cuerpo…
Cansada me detengo y pienso, si esto es lo que merecemos…
Hoy ya me voy amor, y deseare que tengas un buen viaje
Y no llorare, porque se bien que yo intente quererte,
Y le dije no a ser feliz porque solo pensaba en ti,
Que yo aprendería a amarte como tú lo hacías…
Y hoy debo decir adiós…
-¿Se puede saber donde demonios has estado metido durante todo este tiempo Shikamaru? – preguntó con una falsa tranquilidad Tsunade sama, fulminando con su dorada mirada al muchacho que permanecía de pie frente a ella en absoluto y completo silencio, para irritación de la mujer que haciendo acopio de toda su paciencia, se obligó a respirar profundo y mantener una calma que no sentía…porque, precisamente aquella noche, la Gondaime Hokage se sentía especialmente agobiada e intranquila.
No solo estaba cansada gracias a las gigantescas columnas de papeleo que durante todo el día había estado revisando. Más bien, en aquellos precisos momentos, la Ninja más importante de la aldea oculta del país del fuego se sentía agotada tras intervenir médicamente a la embajadora de Suna que había ingresado de emergencia… y no conforme con eso, agregándose a su lista de actividades extenuantes, tenía también que hablar seriamente con Nara Shikamaru, uno de sus más prominentes y notables shinobis, que tras hallarse en calidad de desaparecido durante varias semanas, finalmente había elegido aquella fatídica noche para regresar…
Y como el genio estratega parecía no dar señal alguna de hablar pronto, la irritada mujer, conteniendo ligeramente su descomunal fuerza, descargó un poco de su frustración golpeando con uno de sus puños el escritorio frente a ella y alzó ligeramente la voz al hablar, amortiguando un poco el crujido que emitió el fracturado escritorio…
-¡Con un demonio Shikamaru! ¿Qué no te das cuenta de que si no me dices en donde demonios has estado metido, te pueden inculpar de lo que le pasó a la embajadora de Suna?- le preguntó, haciendo caso omiso de la grieta que con su puño había formado en el mueble, y que el pelinegro había seguido con atención… hasta que se obligó a sí mismo a mirar a Tsunade sama a la cara tras escucharla hacer referencia al estado de salud de la kunoichi de la arena…
-¿Cómo se encuentra ella? – no pudo evitar preguntar él, olvidándose por un segundo del peligro al que se exponía al no responderle a la Hokage que como respuesta tan sólo bufó.
¿Acaso ese mocoso insolente no se daba cuenta del problema en que estaba metido?, se preguntó tras unos segundos la rubia, casi sintiendo su sien inflamándose poco a poco, y aunque empezó a considerar seriamente darle unos cuantos golpes o cachetadas de advertencia para hacerlo hablar, lo cierto es que conocía a ese muchacho lo suficientemente bien para saber que los golpes no le servirían… así que, haciendo un esfuerzo sobre humano para mantener la paciencia, la mujer de ojos dorados respiró profundo y apoyando de nueva cuenta su espalda contra el respaldo de la silla, le repitió de nueva cuenta la pregunta sobre en donde había estado durante todo aquel tiempo, ignorando abiertamente la propia pregunta que él le había formulado…
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-Adelante, ya puede pasar – dijo finalmente la enfermera, y tan sólo agradeciendo con un suave y casi imperceptible movimiento de su cabeza, el muchacho se coló al interior de la habitación incluso antes de que la mujer hubiera salido por completo, avanzando veloz hasta posicionarse junto a la cama de su amada…
-Hey… ¿Cómo te sientes?- preguntó Kiba, sentándose en la silla que ahí había, apresurándose a tomar la mano de la ojiverde entre las de él, mirándola evidentemente preocupado por su salud…
-Estoy bien, cansada pero bien – le respondió al instante ella aunque con voz débil y dirigiéndole una lánguida y profunda mirada…
-Entonces trata de descansar – le sugirió él, extendiendo su diestra hacia el rostro de la rubia para apartar algunos de los mechones de su cabellera suelta que pudieran molestarle… -Anda, descansa… te prometo que me quedaré aquí a cuidarte… - le aseguró de inmediato él, tratando de convencerla para que durmiera, sujetando todavía entre sus manos la de ella, que sin embargo, todavía mirándolo a los ojos con aquella expresión afligida, dio un suave apretón a la mano del muchacho y negó…
-Kiba hay algo de lo que tenemos que hablar – le dijo entonces ella casi en un susurro, y él, parpadeando, por un segundo no supo qué decir…
-Pero Temari… tienes que descansar… – dijo él finalmente esforzándose por mostrarse tranquilo, a pesar de que por dentro comenzaba a sentirse sumamente inquieto: había algo en la forma en que lo miraba, que estaba poniéndolo nervioso…
-No Kiba, lo que tengo que decirte no puede esperar – insistió ella a su vez… y aunque por un segundo el moreno consideró replicar, finalmente asintió…
-Te escucho – dijo, y ella, consiente de que lo que estaba a punto de decirle lo destrozaría, desvió durante unos segundos la mirada, respiro profundo, y estrechando ambas manos del muchacho entre las suyas, de nueva cuenta lo miró y le confesó aquello que tanto la estaba atormentando…
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-¿Podría rellenar este formulario, por favor?- pidió amablemente una de las enfermeras de turno, entregándole en la mano a Tenten una hoja de registro de ingreso para pacientes, que ella más obligada que de buena gana, recibió.
-¿En cuanto termine de llenarlo por fin van a revisarlo?- preguntó refiriéndose al pobre y maltrecho Kankuro, que sentado en una de las sillitas al fondo de la sala, esperaba de mala gana a que lo atendieran… y la enfermera, sin pronunciar una palabra más se limitó a asentir con un movimiento de su cabeza para posteriormente darle la espalda a la morena que aguantándose las ganas de gritarle a la muchacha, tan sólo la fulminó con la mirada antes de regresar al lado de Kankuro, que con el entrecejo arrugado, le preguntó.
-¿Podemos por favor irnos ya?- preguntó hablándole en voz baja para que sólo ella lo escuchara… - Estoy bien Tenten, de verdad no era necesario que viniéramos hasta el hospital – trató de convencerla el de Suna, evidente incómodo de encontrarse en aquel lugar en vez de estar en la cama con ella… y sin embargo la experta en armas, con la vista fija en las preguntas que debía anotar en el papel, lo ignoró.
-Eres menor que yo un año, ¿verdad? – le preguntó ella, garabateando apresurada las respuestas referentes al nombre y la edad del castaño, que mirando a su alrededor para comprobar que nadie le prestaba atención, tampoco le hizo mucho caso a lo que ella preguntó.
-Tenten ¿Crees que si esto fuera algo grave me hubiera atrevido a venir hasta aquí así?- le replicó el muchacho, tratando de sonar lo más razonable que le fuera posible, y aunque por un segundo la kunoichi pensó dejar pasar por alto aquel comentario, pronto lo reconsideró por lo que apartando la vista del formulario, clavó sobre él sus grandes ojos de color chocolate y le preguntó…
-¿Estás diciéndome que no arriesgarías tu vida para venir hasta aquí a verme?- le cuestionó muy seria ella, debatiéndose internamente entre mostrarse dolida o indignada, y Kankuro, mirándola a los ojos durante unos instantes, conciente del pésimo argumento que había usado, exhaló un suave y casi imperceptible suspiro mientras desviaba sus ojos color avellana sobre el formulario y le respondió…
-Mi tipo de sangre es O+, hasta donde sé no soy alérgico a nada, hace siete meses me hicieron una transfusión sanguínea… y sí, sí arriesgaría mi vida para estar aunque fuesen sólo unos segundos junto a ti – le dijo, dándole la información que le pedían para ingresarlo, cediendo finalmente a la petición de dejarse revisar… y Tenten, esbozando una débil pero sincera sonrisa, dejando el formulario intacto unos segundos más, extendió una se sus manos hacia el rostro de él consiguiendo que el marionetista la mirara, y tras mirarse en silencio un breve instante, la castaña agregó:
-Eres un tonto – le dijo, y sin más lo besó en los labios…
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Caminando a paso lento por los pasillos del hospital y en dirección del cuarto en donde le habían dicho estaba ingresada la embajadora de Suna, Shikamaru se sentía más agotado que nunca en su vida…
Y aunque en gran medida se sentía de aquella manera gracias a la gran cantidad de alcohol que durante semanas había estado ingiriendo, al Nara lo que más le pesaba era la parte de responsabilidad que tenía sobre el actual estado de salud de la mujer a la que amaba…
Porque, aunque él no quisiera pensar concientemente en eso, la verdad era que desde que la viera derrumbarse en aquel cuarto mohoso y sucio en que se había convertido su departamento, a su mente no habían dejado de acudir las imágenes de su última pelea con ella, así como las cientos de posibilidades de lo que hubiera podido ocurrir de no haber sido tan cobarde para marcharse y de haber permanecido con ella durante aquel tiempo en que se había encontrado ausente, emborrachándose…
-Kuso…- murmuró con frustración, deteniéndose en medio de aquel pasillo y apretando con fuerza los puños de sus manos, aguantando a duras penas los deseos de golpear las paredes con todas sus fuerzas para auto castigarse…
Después de todo, sabía que aunque se destrozara a sí mismo los nudillos, ni los golpes y ni las magulladuras que se causara no podrían borrar ni quitarle la culpa que tanto lo atormentaba en aquellos precisos momentos…
Así que obligándose a respirar profundo una y otra vez, el Nara trató de mantener al margen aquellos sentimientos para no importunar a Temari, cuya habitación se encontraba a tan sólo un par de puertas, más específicamente, en la tercer puerta a su izquierda… misma que un segundo después, se abrió, dándole paso a Inuzuka Kiba, que contrario a Shikamaru, no se contuvo al verlo…
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-Te dije que no era necesario venir hasta aquí – dejó escapar el muchacho nada más salir del consultorio en donde el médico de guardia le había mandado algo para desinflamar.
-Sí, sí, ya me lo has dicho una y mil veces Kankuro – le respondió tranquilamente ella, girando al final del pasillo, y agregó: - pero en lugar de repetirme lo mismo una y otra vez, deberías de agradecerme el preocuparme por ti – básicamente le reclamó, mirándolo unos segundos con una de sus delgadas cejas claramente arrugada en muestra de genuino reproche… y el muchacho, divertido, insistió en llevarle la contraria…
-¿Me estás diciendo malagradecido? ¿A mí que viajé durante dos días y medio desde Suna hasta Konoha con el abdomen morado para poder venir a verte? – le cuestionó él, mostrando una indignación que verdaderamente no sentía… y ella, deteniéndose a la mitad de aquel pasillo, mirándolo incrédula durante breves instantes, al notar de inmediato la sonrisa burlona que enmarcaba el rostro del castaño, hiso un pequeño puchero, sin dudarlo ni un instante le golpeó con fuerza apenas contenida en el brazo…
-¡Auch! ¡Eso dolió…!- se quejó el marionetista al tiempo que se sobaba en donde ella le había golpeado… y esbozando una sonrisa satisfecha, la de ojos chocolate, se burló.
-Eso te pasa por llamarme malagradecida – le dijo, y él, todavía sonriendo aunque ya no de la misma manera, le respondió mientras movía la cabeza de lado a lado, negando.
-No pongas palabras en mi boca Tenten, porque yo en ningún momento te dije malagradecida, y mucho menos dije que no estuviera agradecido contigo – le susurró, llevándole todavía un poco la contra pero tratando al mismo tiempo de aclarar ya la situación para llevar aquello a una verdadera discusión… y la atractiva morena, encontrando increíblemente sensual y persuasiva la media voz con que su novio estaba hablándole, accediendo también a dejar el asunto por la paz, de forma impulsiva acortó la distancia entre ellos y acarició con suavidad el brazo que instantes atrás le había golpeado, mientras posaba su otra mano sobre el fornido pecho del muchacho…
-Entonces… ¿todo se trató de un terrible malentendido…?- le cuestionó hablándole intencionalmente de forma seductora y relamiéndose sensualmente los labios, dispuesta a aprovechar a su favor que él no le quitaba la mirada de encima y que además estaban solos en medio de aquel largo y apenas iluminado pasillo… y Kankuro, con la sangre corriéndole a toda prisa a causa de la cercanía de su novia, asintió al tiempo que acariciaba con una de sus manos la suave y tersa mejilla de ella…
-Sí, todo ha sido un malentendido – susurró, inclinando ligeramente su rostro sobre el de ella, entrecerrando sus ojos y entreabriendo ligeramente sus labios, dispuesto a besarla… y sin embargo, ella no le permitió que lo hiciera tal y como él quería…
-Ya veo… - dijo al instante ella, dejando que sus labios apenas y se rozaran unos instantes antes de apartar ligeramente su rostro, pero adhiriendo al mismo tiempo su cuerpo ardiente al de él que sin dudarlo la abrazó rodeándole la cintura… - supongo que entonces tengo que recompensarte de algún modo por hacerte pasar este trago amargo… – sugirió sensualmente ella, pasándole los brazos por sobre los hombros mientras saboreaba el dulce aliento de su novio, que aspirando el delicado perfume que la chica desprendía, se saboreaba más y más…
-¿Acaso tienes algo en mente?- le preguntó, y ella asintió.
-Me parece que hay algo que puedo hacer que estoy segura que te gustará… - susurró, y antes de que Kankuro pudiera preguntar algo, Tenten le empujó haciéndolo retroceder hasta la pared, y sin esperar más, lo besó al tiempo que comenzaba a friccionar su cuerpo contra el de él descaradamente, haciéndolo gemir en ese mismo instante…
-Tenten…- gimió el nombre de ella el muchacho, deslizando sus manos hacia abajo, sujetándole con descaro los firmes y bien torneados glúteos…
Y aunque la muchacha planeaba hacer caso a su parte racional y apegarse al plan de no llevar la situación en aquel lugar más allá de las caricias, al escucharlo decir de aquella manera su nombre y al sentir sus firmes manos acariciándole sin pudor, experimentó una súbita excitación que le exigía más que solo friccionar ese ardiente cuerpo completamente adherido al suyo… y de sólo imaginarse siendo penetrada por Kankuro en aquel lugar público, inevitablemente también gimió…
-Te necesito Kankuro… te necesito dentro…- le susurró con urgencia, aumentando un poco más la velocidad de la fricción… y sintiéndose sin aliento ante aquella petición, durante unos instantes el muchacho dudó…
-¿Estás… segura… de que quieres hacer esto aquí? – le cuestionó, no tanto por hacerla desistir sino para darle la oportunidad de que se retractara… pero ella, ahogando los gemidos que la sola fricción de su pelvis contra el miembro erecto de su novio le provocaba, sin ninguna duda asintió…
-Estoy segura Kankuro… estoy segura - le susurró…
Y el castaño, conciente de que debía hacer aquello rápido, se giró para dejarla de espaldas a la pared y con un rápido movimiento la despojó de la pantaleta y el pantalón, y dejando que fuera ella quien lo ayudara a liberar su miembro inhestó de la ropa, la sujetó nuevamente por los glúteos para levantarla tan sólo unos centímetros, y al sentir la humedad de su intimidad en la punta de su miembro, inmediatamente la penetró haciéndola gemir una y otra vez con cada una de sus embestidas, disfrutando ambos del placer que recorría sus cuerpos ardientes y ansiosos de tan excitante contacto, saboreándose todavía los labios…
-¡Eres un maldito hijo de puta!
Y entonces, escuchando aquella voz en medio del pasillo, aterrados de saberse descubiertos, tanto Kankuro como Tenten enrojecieron avergonzados aunque sin saber qué hacer… al menos hasta que escucharon el sonido propio de un golpe y un cuerpo caer…
-Quédate aquí – ordenó de inmediato el marionetista, separándose inmediatamente de ella y acomodándose la ropa rápidamente mientras se dirigía al siguiente pasillo, que era de donde se había escuchado la voz… pero Tenten curiosa como era, se acomodó rápidamente la ropa y lo siguió.
-Si en verdad querías morirte, ¿por qué demonios tenías que regresar? –se escuchó de nueva cuenta, y más seguro de que aquella había sido la voz de Kiba, el shinobi de Suna se echó a correr para entrar en el siguiente pasillo que era de donde provenía la voz…
-Porque la amo – balbuceó Shikamaru, y aunque Kankuro no alcanzó a escuchar la respuesta, al entrar en el pasillo y ver al Inuzuka que sujetaba a su rival por el cuello del chaleco, de inmediato los interrumpió…
-¡Hey, hey! ¡Esto es un hospital! – les recordó de inmediato el marionetista, corriendo a separarlos aunque no fue necesario dado que Kiba, aunque de mala gana, soltó a Shikamaru que de nuevo cayó contra el suelo sin hacer nada por evitarlo…
-Mas te vale que la cuides- le advirtió el castaño, con cierto grado de rencor en la voz… y el Nara, limpiándose la sangre que tenía en el labio, le respondió.
-No tienes que decírmelo – dijo, y Kankuro, que sin comprender del todo lo que había pasado, al ver a su mejor amigo darse media vuelta y alejarse, se dispuso rápidamente a seguirlo… pero Tenten se lo impidió sujetándolo por el brazo, haciéndolo voltear…
-Yo me encargo de él – anunció rápidamente la morena, pidiéndole con la sola mirada que confiara en ella… y él, asintiendo a regañadientes, la vio salir detrás antes de fijar su atención en Shikamaru, que con esfuerzo, se ponía lentamente de pie…
-¿Y bien? ¿Qué demonios pasó aquí?- preguntó sin demora dispuesto a averiguar lo que había pasado… y el Nara, yendo directo al grano, le soltó la bomba a su cuñado…
-Temari tuvo que ser intervenida quirúrgicamente hace unas horas, el reporte medico indica que se encuentra estable pero debe permanecer algunas horas en esa habitación – le dijo, señalando con un movimiento de su cabeza hacia una de las puertas… y Kankuro, sorprendido, miró hacia la puerta, apretó los puños con fuerza y sin darle las gracias ni nada, entró a la habitación de su hermana sin siquiera llamar a la puerta.
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Corriendo con todas sus fuerzas por las calles de la aldea, Kiba buscaba desesperadamente perder a Tenten, aunque sabía que iba a serle difícil conseguirlo.
La había escuchado pedirle a gritos que se detuviera y que la esperase, que lo único que ella quería era ayudarlo… y sin embargo en esos instantes, él lo que menos quería era tener compañía, y más sabiendo que no había nada en lo que su amiga pudiera siquiera tratar de ayudarle…
-¡Kiba, por favor espera Kiba!- le llamaba con insistencia la chica, olvidándose de que a aquellas horas la mayoría de los pobladores estarían durmiendo, y sin embargo él, poco interesado en lo que le ocurriera al resto del mundo, siguió corriendo y sin detenerse se internó en uno de los tantos campos de entrenamiento...
Quería estar solo. Necesitaba estar solo. ¿Es que acaso ella no lo comprendía?, se preguntaba a sí mismo, apretando con fuerza los puños de sus manos, saltando ahora de rama en rama, queriendo mimetizarse en aquella boscosa oscuridad, deseando más que nada el poder perderse para siempre para no sufrir ni pensar ni recordar…
Y sin embargo, entre más y más avanzaba, entre más y más sólo se encontraba, las dolorosas palabras que Temari había pronunciado hacía tan sólo algunos minutos atrás, regresaban frescas y más insistentes a la mente del Inuzuka, que rindiéndose finalmente al dolor, se lamentó desde lo más profundo de su ser …
-Maldición… ¡Maldición!- rugió con impotencia el muchacho, golpeando una y otra vez un grueso árbol que había justo frente a él, tratando una y otra vez de derribarlo, al tiempo que golpe a golpe buscaba desesperadamente deshacerse del oprimente sentimiento que tenía albergado dentro de su pecho… y sin embargo, con cada uno de los certeros golpes que el muchacho daba, la tristeza y la desolación de saberse derrotado más y más lo embriagaban…
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Sentado pacientemente en el incómodo banquito de madera que había en el pasillo junto a la puerta, Nara Shikamaru se mantuvo en silencio y con la vista fija en la pared de enfrente a la espera de que Kankuro saliera de la habitación…
Porque, por mucho que deseaba ver a la embajadora y asegurarse de que su estado de salud era favorable como las enfermeras le habían dicho, la verdad era que el estratega no había querido interrumpirlos, conciente de lo mucho que ambos tendrían que hablar… y aunque por su mente había llegado la posibilidad de marcharse y regresar mas tarde, casi de inmediato él mismo la había desechado, temiendo que ocurriera algo malo mientras se encontrara ausente…
Y entonces, sin que él se lo esperara, la puerta de la habitación repentinamente se abrió y el marionetista salió silencioso, mirando seriamente a Shikamaru durante unos segundos, antes de finalmente hablar…
-Ella quiere verte – le anunció, y poniéndose lentamente de pie, el Nara hizo una ligera reverencia y le agradeció la atención…
-Arigato – le dijo, pero el marionetista no le respondió…
De hecho, el joven de Suna no hizo más que mirarlo de forma penetrante, casi de mala manera dejándole bien en claro que no estaba de acuerdo con la decisión que su hermana había tomado… y sin embargo, al ver al pelinegro avanzar hacia la puerta, el muchacho no hizo más que cederle el paso y marcharse del lugar una vez el de la coleta hubo entrado…
-¿Como estas?- preguntó Shikamaru, nada más cerrar la puerta y caminar hasta la cama, mirando atentamente a la rubia, que levantando la cara y volteando a mirarlo, sencillamente le respondió…
-Lo perdí… - le dijo en un susurro inexpresivo, y él, sentándose a su lado en el borde de la cama, tomó una de sus manos entre las suyas y le acarició cuidadosamente el rostro, apartando los mechones que caían desordenados sobre su frente…
-Todo irá mejor la próxima vez – trató de animarla él, suponiendo que aquel debía ser un momento terriblemente doloroso para ella, que asintiendo en silencio, mirándolo a la cara, prestó especial atención a su labio roto…
-¿Qué…? - susurró en un murmullo ella, dudando si debía o no preguntar, a lo que el de coleta rápidamente se adelantó…
-Fue obra de Kiba – le contó sin entrar en detalles, pero notando claramente como sus bellos ojos se cubrían repentinamente con un fino toque de tristeza…
Y tras unos breves instantes en silencio en los que simplemente estuvo observándola sin saber exactamente qué podría decir, el Nara finalmente se recostó junto a ella para abrazarla contra su pecho, rodeándola con tanto cariño y tanto amor, que ella no pudo contener mas las lágrimas, y aferrándose a su cuerpo, estalló en llanto, liberando ese torrente de sentimientos encontrados que no quiso mostrar ante su hermano, y mucho menos ante Kiba, cuya relación, para bien o para mal, había decidido finalmente terminar…
My Goodness!
No puedo creer que por fin el fict haya llegado hasta aquí, pero lo que creo todavía menos, es que me haya tardado tantos años para poder terminarlo!
Y aunque claro este no es todavía el final, me complace decirles que estoy a prácticamente nada de terminarlo… ¡Pero no nos adelantemos y mejor concentrémonos en lo que les ha parecido este capitulo! Así que, cordialmente las invito a que me dejen un review, tal y como hicieron Nonaher y Natzhu en el capítulo pasado xD
Y ahora sí, sin nada más que decir, me despido no sin antes agradecerles que me hayan leído y esperado. Cuídense mucho, nos leemos pronto, bye bye! nOn
