Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto-sama.


Un simple desliz.

Capítulo 3: La partida.

Konan despertó con las piernas entumecidas y los músculos del abdomen endurecidos. A pesar de esas molestias al abrir los ojos esbozó una leve sonrisa dirigida a su compañero de cama, el cual dormía plácidamente a su lado, abrazándola por la cintura.

Si bien el Uchiha tenía fama de despiadado asesino sin corazón, su aspecto no era intimidante a excepción de esa profunda mirada carmesí. Sin embargo al dormir el muchacho cobraba un aspecto totalmente distinto, tan bellamente tranquilo y pacífico. Desde donde ella estaba, hasta se le antojaba tierno.

A la peliazul le daban ganas de mirarlo por el resto de la eternidad, pero se dio cuenta de que ya estaba amaneciendo, por lo tanto debía de levantarse —por más que no quisiera— de la cama, despertar a su compañero y partir hacia la base principal donde su líder de seguro los esperaba con muchas ansias.

—Itachi-san —llamó despacio, para no exaltarlo.

El pelinegro se removió entre las sábanas. Hacía rato que no podía dormir bien o si quiera dormir y justo cuando conciliaba el sueño como no lo hacía en años lo venían a despertar. Abrió los ojos con pesar, pero su malhumor fue disipado ante el encuentro del rostro de su amante.

Se dijo que si iba a despertar así todos los días del resto de su vida realmente no le importaba si estaba soñando con un mundo lleno de paz, donde todos sus seres queridos estaban vivos y Sasuke lo amaba, mientras despertara así entonces ella podría despertarlo las veces que quisiera.

—Ya debemos partir —recordó en voz tenue.

Ya era el día de la partida, tendrían que volver a la base principal de Akatsuki para seguir con sus grises vidas de subordinados que esperaban con paciencia un final feliz en el Tsukuyomi que nadie sabía a ciencia cierta si llegaría pero que de todos modos apoyaban.

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Deidara fue al despacho del líder con la clara intención de fastidiar a Itachi, lo cual sería más sencillo ahora que estaba en Amegakure con su bella compañera peliazul. Sospechaba, en realidad estaba seguro de que ambos eran amantes y que al estar solos en una aldea en la cual Konan era venerada como un ángel y considerada una segunda líder por todos sus habitantes debían de estar pasándola como en el paraíso.

Todos o al menos la mayoría sabían del amor que el líder de Akatsuki sentía por su única miembro femenina y también estaba seguro de que a Pain no le gustaba compartir.

Tocó la puerta del despacho y aguardó a una respuesta.

—Adelante —dijo Pain.

El rubio entró con una sonrisa maliciosa de oreja a oreja al lugar que estaba mal iluminado y en el cual en su centro estaba parado con esos ojos violetas su líder.

—Líder-sama...

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Itachi y Konan saltaban de rama en rama a gran velocidad, con sus capas de alto cuello color negras con nubes rojas y unas mochilas en sus espaldas. Se dirigían con rapidez hacia la base principal, si tardaban demasiado en regresar quizá los demás sospecharían algo entre ellos.

Lo que más le preocupaba de ser descubierto, en realidad lo único que le preocupaba era ser descubierto por Pain. Si es que su líder le descubría, entonces allí tendría miles de preocupaciones más, como el hecho de que pudiera decidir enfrentarse con él en una batalla a muerte o botarlo de Akatsuki entre otras posibilidades que no lo favorecían para nada.

Bufó. Había sido un idiota y más idiota aún por arrepentirse justo cuando ya estaba hecho. Sabía bien en lo que se estaba metiendo o en lo que ya estaba metido, por un lado le preocupaba de sobremanera y por otro lado le encantaba el haber pasado esa noche con Konan, sinceramente fue de los mejores y a la vez más estúpidos deslices que hubiera podido tener.

Debían acelerar el paso y ella debía saber porqué.

—Konan —llamó.

—¿Sí? —inquirió ella, sin dejar de mirar el camino.

—Creo que nos descubrieron la primera noche que estuvimos juntos —informó como si nada.

Ella frunció el ceño por unos momentos, alarmada, pero luego los relajó. Presentía que todo estaría y bien y que él tendría un plan o alguna indicación a seguir para que no los descubrieran o por lo menos eso es lo que quería creer.

—Hay que apresurar el paso —ordenó el de ojos carmesí.

Ella sólo asintió y se apresuraron más de lo que ya estaban apresurados. Si seguían a ese paso, llegarían en menos de un día y medio.

Itachi tenía la creencia de que si alguien los había visto debían llegar más rápido, tenía el mal presentimiento de que quizá los delatarían mientras ellos no estaban o que si no sospecharían si se tomaban su tiempo para llegar a la base —aunque eso ya contaba más como paranoia.

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Ya era de noche. Estaban refugiados en una cueva, ya habían encendido un fuego que los mantenía calientes y habían decidido que dormirían ambos en la misma bolsa de dormir. No era necesario hacer guardia o algo así, con poner las capas de forma que las nubes rojas sean visibles bastaba para que cualquiera que apreciase su vida se alejara.

Ella yacía recostada sobre Itachi apoyando su cabeza en su pecho mientras él le acariciaba su cabello azulado. El frío prácticamente les calaba los huesos a ambos por lo que la peliazul se aferraba fuertemente al torso del Uchiha.

Contra todo pronóstico la de ojos ámbar levantó la cabeza y miró al pelinegro directo a los ojos, tan profundos e inextricables a sólo centímetros de su rostro.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó con voz tenue.

Los ojos de la mujer se habían tornado amables y benévolos. Jamás había visto a Konan con una mirada así, solía mirar de forma muy distinta al resto de sus compañeros.

—Depende —contestó en un susurro.

No sabía si ella querría hacerle alguna pregunta muy personal y si ese era el caso probablemente no contestaría.

—¿En qué piensas? —preguntó con intriga.

El Uchiha no se lo esperaba o quizá si, en realidad sabía que algún día alguien cedería a la intriga y le preguntaría qué rayos era lo que pasaba por su cabeza, en realidad no esperaba que precisamente ella se lo preguntara.

—En muchas cosas.

—De eso sí estaba segura —replicó con una ceja alzada—. Haré una pregunta mejor. ¿Qué es en lo que más piensas?

Esa pregunta era muy fácil de responder; Sasuke, pero no podía decírselo y a la vez no quería mentirle, aunque tampoco quería no contestarle y dejar que el silencio y el cansancio hagan lo suyo.

—Quisiera decirte, pero no puedo —admitió con honestidad.

La peliazul seguía mirando sus ojos en busca de respuestas, las cuales estaba hallando de a poco.

—Piensas en personas que quieres —contestó para sí misma.

Él levantó las cejas realmente sorprendido, pues en su vida habían adivinado qué estaba pensando. Simplemente miró a su compañera de forma imperturbable y no contestó ni acotó nada.

Silencio.

—Entonces es cierto —sentenció.

—¿Porqué quieres saber qué pienso? —preguntó intrigado.

Realmente no sabía a donde quería llegar la peliazul. Ella lo que quería era ver quien era en realidad y si seguía como hasta ahora lo lograría, mientras él sólo quería que le respondiera esa simple pregunta y luego habría decidido cerrar los ojos y hacer ademán de irse a dormir.

—Porque quiero saber quién eres, no creo que esta versión despiadada de adolescente sea verdad —respondió—. Quiero saber porqué mientes tanto a todos.

Touché.

Por un momento Itachi pensó que los ojos ámbar de Konan no eran más que un nuevo dojutsu ocular, el cual podía develar qué pensaba tu oponente o en este caso tu amante, pero luego desistió de tal absurda idea, aunque el hecho de haber adivinado que pensaba seguía siendo algo que nunca nadie había logrado.

—¿Cómo sabes que miento? —preguntó desafiante.

—Sólo lo sé —contestó honestamente.

La peliazul a sabiendas de que no lograría sacarle más información al pelinegro, se acomodó nuevamente sobre el pecho del Uchiha e hizo ademán de dormirse.

Al menos ya había descubierto algo; realmente él no era quien aparentaba ser. Ella podía ver en sus ojos —no pregunten como— la verdad o la mentira, a parte de algún que otro sentimiento profundo. Sus razones no pasaban de la mera curiosidad.

Un mal sabor en la boca del estómago la abordó al saber que quizá el destino que se avecinaba para el muchacho sería desastroso, pues solía ser así cuando alguien se ocultaba en las sombras mucho tiempo. Se sorprendió a sí misma preocupándose por Itachi, para que más tarde algo parecido al dolor mezclado con incertidumbre y una pizca de decepción le invadiera el pecho, pues empezaba a preguntarse si él sentiría lo que ella comenzaba a sentir por él.

—Buenas noches, Itachi-san —saludó antes de cerrar los ojos.

Quería dormirse y no pensar más.

—Buenas noches.

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El pelinegro despertó sin abrir los ojos. Nunca fue más pesado para él levantarse, pues como pocas veces había dormido y amanecido bien, algo que significaba que los deseos de levantarse de su comodidad eran nulos. Quiso moverse pero algo encima suyo se lo impidió; recordó que Konan estaba durmiendo con él.

—Konan —murmuró en su oído.

Luego de que ambos despertaran y desayunaran, emprendieron el regreso con una velocidad tal que inclusive llegaron antes de lo esperado. El trayecto fue silencioso.

Al llegar al destino notaron que Pain estaba en la entrada y le se notaban un poco sus ansias, pero aún así ninguno de los dos hizo comentario ante éste inusual hecho. Terminaron de acortar en trecho que los separaba del líder y éste se les quedó mirando con un profundo dolor y rencor nunca antes visto por ningún otro miembro de la organización.

—Konan, entra —ordenó con más frialdad que la que normalmente utilizaba con ella.

Ella se sorprendió mas no se dejó influenciar en absoluto, asintió con la cabeza y obedeció.

—¿Qué crees que haces con Konan? —preguntó Pain con notable molestia.

—Nada —contestó tajante y con simpleza el de cabellera azabache.

Recordó con pesar que el muchacho sabía mentir a la perfección y que a la vez había probado su lealtad, así jamás sabría si mentía o decía la verdad, por lo que por una cuestión de bueno voluntad prefería entonces no tomar medidas. Se reprendió por dejarse influenciar por las presuntas mentiras de un adolescente con resentimiento; Deidara.

—Entra de una vez —ordenó intentando decidir qué hacer.

Él obedeció y pasó por su lado en silencio y justo cuando estaba por traspasar la puerta principal Pain lo tomó por el cuello y estampó estrepitosamente contra la pared, se acercó a él, le apretó el cuello de la capa imaginando que era el cuello del pelinegro y que disfrutaba de asfixiarlo.

—Deja en paz a Konan —advirtió mientras lo soltaba lentamente.

Itachi entró en silencio y con un aura asesina bordeándolo. Luego de entrar se dirigió a su habitación y entró bufando al tiempo que cerraba la puerta de un portazo.

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¿Review?