¡Kyaaa!
Antes de empezar a leer el nuevo capítulo, deben saber que me costó muchísimo trabajo escribirlo: para mi, este capitulo es sin duda el más importante en la historia, prácticamente, lo que he escrito aquí es el motivo, la verdadera razón por la que comencé este fict… éste capitulo es la principal viñeta que me inspiró armar la historia, esa alrededor de la que giraba todo y que desde el inicio quise en narrar… y aunque en aquel entonces la idea que tenía en mente era totalmente simple y clara, lo cierto es que con el paso del tiempo y la manera en que he estado desarrollando los hechos, poder plasmarlo no fue realmente tan fácil como en aquel entonces me lo imaginaba…
Éste, lectores y lectoras, es el penúltimo capítulo de la historia, y para mi, es un orgullo y un placer poder traérselos después de tantos años…
Léanlo, saboréenlo, siéntanlo, y después me dejan un review…
Disclamer: los personajes no son míos, y la canción la interpreta La Oreja de Van Gogh.
Capitulo 13. Mi vida sin ti.
Nada es igual cuando no estas, cuando no vuelves de pasear…
Oigo reír a mi equilibrio y pienso en ti.
Pienso en ti, vuelves a mí, vuelve la paz que un día perdí:
Choque frontal, nadie con vida y yo sin ti…
Vamos a querernos toda la vida,
Como se quieren la noche y el día cuando hablan de ti…
Vamos a querernos en cualquier vida,
Porque prefiero dejarme morir que estar sin ti…
De pie, y observando minuciosamente a su mejor amigo que recostado y todavía profundamente dormido en el futon que amablemente Tenten había dispuesto en medio de la sala, Kankuro buscaba todavía un método lo suficientemente efectivo para ayudar a Kiba a salir de la depresión en que seguramente se sentía sumergido…
-Deberías dejar las cosas por la paz – sugirió de pronto la femenina voz de la maestra en armas, consiguiendo que el marionetista pasara su mirada hacia ella en el momento en que se acercaba a la mesa y dejaba sobre ésta el desayuno que le había preparado…
-Necesita nuestra ayuda – respondió con tranquilidad el muchacho, suspirando y avanzando hacia el comedor, en donde su novia esperaba a que se sentara para comer.
-Él se encuentra perfectamente bien Kankuro, ya aceptó las cosas y está siguiendo con su vida tal y cual era antes de estar con tu hermana… y si está durmiendo aquí es sólo porque tú te empeñaste en ello – le insistió ella a su vez, cruzándose de brazos y mirándolo fijamente y con reproche, a lo que el marionetista replicó.
-Pero Tenten, si fuiste tú quien dijo que Kiba se encontraba fatal...- comenzó el muchacho a exponer su defensa, a lo que la maestra en armas inmediatamente rebatió.
-¡Pero fue hace semanas! – por poco gritó, y sin embargo al ver de reojo que el bulto de apellido Inuzuka se removía, se apresuró a modular el volumen de su voz… – Si de verdad quieres ayudarlo, mejor salgan a entrenar, búscale una misión para que se distraiga o algo con lo que se mantenga ocupado – le sugirió, y aunque el castaño estuvo a punto de replicar, considerando mejor aquella opción, repentinamente sonrió…
-Una misión… claro, ¿cómo no lo había pensado? – se dijo a si mismo, y al notar el desconcierto en el rostro de su novia, se apresuró a besarla. – Tenten, eres un genio, no me esperes a comer – le dijo y dándose media vuelta se dirigió a la puerta de salida para sorpresa de la chica, que a pesar de llamado, no consiguió que se detuviera…
o . o . o . o
Observando distraídamente las manecillas del reloj que colgaba de la pared del departamento, Temari se detuvo unos instantes tras notar que faltaba poco para que Shikamaru volviera a casa.
En las últimas semanas, entre ellos habían ocurrido una serie de cambios en la rutina que antaño habían estado manejando, y aunque al principio a ella le había descolocado toda la atención que el Nara había puesto sobre ella, empezando por llevarla a vivir con él, la misma embajadora pronto se había adaptado. Después de todo, de alguna manera era lógico que su relación con el estratega cambiara: simplemente ninguno de los dos podía fingir que nada había pasado, y mucho menos iban a actuar como antes de que todo ocurriera…
Así que, guardando de momento los papeles en los que había estado trabajando aquella mañana, la rubia de coletas se puso de pie y fue a la cocina, dispuesta a comenzar con los preparativos de la comida, que sin embargo fueron interrumpidos al escuchar la llave de la puerta en la cerradura, seguido de la voz de Shikamaru que nada más abrir, la saludaba e informaba…
-Mujer, tu hermano está aquí – lo escuchó claramente decir… y aunque el de la coleta no tuviera razón alguna para mentir, la de Suna no creyó en sus palabras hasta que al asomarse, vio al marionetista entrando por la puerta…
-Kankuro – balbuceó casi incrédula ella, evidentemente sorprendida ante la inesperada visita, que ante la mueca de su hermana, se sintió repentinamente incomodo…
-Venga no pongas esa cara, no es para tanto – le dijo el castaño, arrugando el entrecejo y rascándose nerviosamente la cabeza, conciente de que, desde que su hermana había salido del hospital no se había atrevido a ir a visitarla hasta ese preciso momento… y ella, arqueando perfectamente una de sus cejas se cruzó de brazos y lo reprendió.
-¿Y qué cara se supone que debo de poner? ¡Si hasta pensé que ya te habías marchado a Suna sin siquiera avisarme! – le regañó ella, para gracia de Shikamaru que acercándose a ella pero sin obstruirle la visión del compungido rostro del castaño, le dio un corto beso en la frente.
-Yo me encargo de la comida – le dijo con tranquilidad el pelinegro, y al no esperar respuesta por parte de ella entró a la cocina, dándoles un poco de privacidad al par de hermanos, cuya charla no cambió su rumbo…
-¿Ah? ¿Qué clase de hermano crees que soy?– se defendió el de ojos avellana, mostrándose decididamente ofendido, y ella, esbozando una sonrisilla burlona, le cuestionó.
-¿En verdad quieres que te lo diga? – dijo, teniendo ya una respuesta mordaz y que ambos sabían el menor no querría saber…
-Vale, vale ya entendí, soy un pésimo hermano contigo – se apresuró a decir aunque a regañadientes, dándole un poco de razón para complacerla, pero sin darle suficiente tiempo de jactarse por lo que cambió rápidamente de tema: – lo importante es que hoy estoy aquí, Gaara me ha contactado y nos ha encomendado una misión – le dijo hablándole con tono de voz medido y serio, al tiempo que observaba fijamente a su hermana que, tomada por sorpresa, se quedó con la boca abierta unos segundos…
-¿Qué…? – dijo como primera reacción, y desviando un segundo su mirada hacia la cocina, en donde Shikamaru se encargaba de trocear algo, bajando la voz le exigió una explicación. – Pero Kankuro, yo no me puedo marchar de Konoha… – le dijo en un susurro atropellado, y su hermano, que bajando también la voz le respondió.
-Es una misión de rango C, muy cerca de las fronteras, así que volveremos aquí – le aseguró, y notando aún la incertidumbre en el rostro de su hermana, rápidamente agregó: - según tengo entendido, en las últimas semanas ha habido problemas entre dos pueblos, y los feudales han pedido a Gaara que intervenga proponiendo un acuerdo diplomático, él se ha encargado ya de organizar la reunión y nosotros sólo tendremos que mediar entre ellos para que se llegue a un acuerdo – pacientemente le explicó, y a pesar de que su hermana no estaba del todo convencida, tras unos segundos en silencio, volviendo a mirar a Shikamaru en la cocina, la ojiverde suspirando, finalmente accedió…
-Vale… entonces te veo mañana a primera hora en las puertas de la aldea – le dijo, y aliviado, el marionetista se permitió una pequeña sonrisa antes de despedirse de su hermana y marcharse del departamento…
-¿Y tu hermano? Pensé que iba a quedarse a comer – se escuchó al cabo de unos instantes la voz de Shikamaru, a quien al girarse, la rubia vio en el umbral de la cocina todavía con cuchillo y verdura en mano, mirando tranquilamente a su mujer que suspirando de nuevo, negó.
-Supongo que quería pasar tiempo con Tenten… mañana saldremos de misión – le dijo sin querer darle importancia al asunto, aunque el Nara pudo ver un matiz de preocupación en su rostro que él de inmediato compartió…
-Aún no ha pasado la cuarentena, ¿estas segura de que es buena idea? – dudó él, y aunque Temari también dudaba al respecto, poco podía hacer al respecto…
-Fue una orden de Gaara, no me puedo negar – dijo mirándolo a la cara, y el estratega, evaluando sus opciones, tras unos segundos en silencio, suspiró.
-Entonces iré contigo – dijo claro y preciso, y la de coletas tardó unos segundos en reaccionar…
-¿Qué? – dijo ella, más sorprendida que alarmada, y el Nara, dejando lo que tenía en las manos y limpiándoselas en un trapo, tranquilamente avanzó hacia ella.
-Que los acompañaré a su misión, de lo contrario no me sentiré tranquilo al dejarte ir – le aseguro mirándola a los ojos, y Temari, aunque no del todo convencida, suspiró y asintió antes de entrar a la cocina seguida por su pareja…
o . o . o . o
Sacando prácticamente a rastras al pobre Kiba que ni bien se había despertado aquella mañana, Kankuro se despidió de Tenten con un suave beso en los labios y se encaminó entusiasmado junto a su mejor amigo hacia las puertas de Konoha, en espera de encontrarse con el resto de su equipo ahí…
Y aunque si bien el Inuzuka no sentía el mismo ánimo que su amigo por aquella misión, al no querer causarle más molestias con la maestra en armas, respirando profundo el fresco aire de la aldea, el rastreador se obligó a si mismo a ver aquello como algo positivo…
Después de todo, salir de la aldea le haría bien, pensó esbozando una pequeña sonrisa resignada al ser conciente de que allá a donde fuera no encontraría el perfume de Temari flotando en el aire, por más que lo buscara…
Y sin embargo, aquella mañana, mientras avanzaba al lado de Kankuro y se acercaba más y más hacia las puertas de la aldea, su resignado y triste semblante poco a poco fue transmutando por uno que dejaba ver cada vez más la sorpresa, la sospecha, y finalmente el enojo que sintió al darse cuenta de que su olfato no estaba equivocado…
-¿Qué pasa, porqué te detienes?- le cuestionó ceñudo Kankuro ya muy cerca de su destino, volteando a ver al Inuzuka que con los puños crispados y la mandíbula apretada, lo fulminó con la mirada…
-¿Porqué demonios no me dijiste que ellos eran el resto del equipo? – le reclamó casi rechinando los dientes, evidentemente molesto, y aunque Kankuro trató de hacerse el desentendido, al escuchar los ladridos de Akamaru y la voz de su hermana, seguida de otra voz masculina que ambos conocían bien, supo que no tenía escapatoria...
-Es sólo Temari, seguramente Shikamaru ha venido solo a despedirla – le aseguró con voz tranquila. - ¿Seguimos?- dijo, y sin esperar una respuesta reemprendió el camino…
Y aunque Kiba quiso por un segundo arrancarle la cabeza por ponerlo en aquella incómoda situación, al escuchar los ladridos entusiasmados de Akamaru, que al percibir su aroma acercarse le ladraba diciéndole que se apresurara, que Temari estaba ahí con él, el Inuzuka se obligó a respirar profundo y comportarse como todo un profesional…
-Llegas a tiempo, eso es perfecto – dijo el marionetista nada más llegar, dirigiéndole una de sus sonrisas socarronas a su hermana, que dejando de rascarle detrás de las orejas a Akamaru, se irguió y orgullosa como era, le reclamó.
-En cambio tú llegas cinco minutos tarde Kankuro – le reprendió de inmediato la muchacha, cruzándose de brazos y mirando ceñuda a su hermano, ignorando por un instante los ladridos del gran perro blanco, que moviendo la cola entusiasmado se apresuró a llegar junto a su amo, que tras unos instantes, intervino en la discusión…
-Eso ha sido mi culpa – dijo haciendo una pequeña inclinación de cabeza a manera de saludo, y agregó. – No sabía que Kankuro había enviado a Akamaru por delante, y me entretuve buscándolo – le dijo tratando de actuar con normalidad, y como la rubia ya sospechaba sobre la participación de Kiba desde el momento en que vio aparecer al gran perro blanco, se mantuvo serena ante la confirmación de su participación.
-Entonces, ¿nos vamos? – intervino de inmediato el marionetista, satisfecho de la interacción entre ellos, aunque no queriendo apresurarlos tanto.
Después de todo, tendrían todo el día y parte del siguiente para tratar de reconciliarse, pensó entusiasta el Sabaku No, a quien sin embargo, pronto le arruinaron los planes…
-De hecho antes de marcharnos hay una cosa que debes saber: Shikamaru viene con nosotros a la misión – agregó para sorpresa y desconcierto de su hermano la ojiverde, tomando nota de la mueca de incredulidad del muchacho que balbuceó…
-¿Qué…? Pero… ¿porqué…? – quiso de inmediato saber, y Temari se encogió ligeramente de hombros al responder.
-No sabía que ya habías elegido a un tercer miembro para el equipo –le aclaró, mirando brevemente a Kiba a manera de disculpa. - Además, Shikamaru podría sernos de gran ayuda en caso de que hubiera alguna complicación durante la misión – le dijo, mirando esta vez al Nara, que apoyado contra el tronco de un árbol y con ambas manos en los bolsillos se mantuvo en silencio, tan sólo observando al par de hermanos…
-¿Hokage sama lo sabe?- preguntó en un suspiro Kankuro, y su hermana asintió.
-Shikamaru mismo fue a hablar con ella ayer – le dijo. Y aunque el castaño gruño con molestia ante aquel repentino cambio en sus planes, fulminando durante un segundo al pelinegro con la mirada, volvió sus ojos avellana a los verdes de su hermana...
-Entonces no se diga más – aceptó de mala gana, y sin embargo no por ello desistió de sus planes… - Nara tú vienes primero conmigo: hay que ponerte al tanto de la misión; Temari, tú y Kiba a la retaguardia. Andando – ordenó, y emprendiendo la marcha, pronto el grupo se alejo de las puertas de la aldea…
El trayecto, sin embargo, no resultó de la manera en que Kankuro había planeado. Si bien había logrado mantener al estratega lejos de su hermana, lo cierto era que Kiba no había pronunciado en todo el día una sola palabra dirigida a la muchacha, que a su vez, también se había mantenido en silencio la mayor parte del tiempo…
Así que para el atardecer, después de un par de paradas para comer y descansar, sintiéndose cada vez de peor humor al ver que su plan no rendía frutos, el marionetista ya se había resignado a que las cosas entre Temari y Kiba no iban a solucionarse nunca… y sin embargo, tras ver aparecer frente a ellos las torres de vigilancia que custodiaban las fronteras señalando la inminente llegada a su destino, y tras indicarles que se detendrían durante unos minutos a recaudar un poco más de información con los guardias, pronto el shinobi de Suna, salió de su error…
El hecho ocurrió de forma tan sutil que Kankuro prácticamente no se dio cuenta de lo que sucedía, o tal vez sólo se debía al hecho de que, enfrascado como estaba en su propia molestia, no se percató hasta mucho después de que Kiba y Temari habían comenzado a charlar…
Y aunque al darse cuenta de aquello, el marionetista hubiera querido poder escuchar más de aquella conversación, lo cierto era que Shikamaru también se había fijado en eso, y en lugar de poner atención al reporte que le estaban dando, parecía que el estratega estaba más atento a la otra conversación…
-¿Qué crees que debemos hacer?- repentinamente le llamó el castaño, haciéndolo volver sus oscuros ojos de nuevo al frente sobre el guardián de la frontera, y aunque en su rostro no apareció mueca alguna, el de Suna se podía imaginar que al Nara no le alegraba ni un poquito ver a Temari charlando tan campante con quien apenas unas semanas atrás fuese su novio…
-Los dos bandos saben que hemos sido convocados para acudir como intermediarios, sin embargo, lo lógico sería pensar que al menos uno de los grupos no está de acuerdo con nuestra intervención así que deberíamos avanzar con precaución – le hizo saber con calma el estratega que sí había escuchado todo lo que el guardia había dicho, y tras ver asentir a Kankuro, agregó: - si no queremos arriesgarnos, tal vez lo mejor sería acordar la reunión para mañana a primera hora…
-Pero no podemos hacerlo – sin reparos el marionetista interrumpió.- El encuentro fue acordado para esta noche, si lo posponemos ambos bandos creerán que tomaremos partido por el otro y las cosas sólo empeorarán – explico pacientemente su punto.
-Si ya lo has decidido entonces no queda nada que discutir – dijo, accediendo a acatar pacíficamente las órdenes…
Y es que, aunque Shikamaru ya había considerado las razones de su cuñado, al menos había querido intentar frenar un poco la situación: había algo en ese campamento que no le había agradado, y francamente, de haber sido él el capitán del equipo, hubiera preferido parar ahí durante algunas horas más e investigar…
-Entonces nosotros nos marchamos – anunció tranquilamente Kankuro, aparentemente ajeno a las preocupaciones de su compañero… - ¡Kiba, Temari, andando! – dijo, llamando al resto del equipo, y tras hacer un movimiento con su mano, reemprendió el camino seguido de cerca por Shikamaru, que nada más perder de vista el campamento, se apresuró a compartir sus impresiones con su cuñado…
Porque si bien el muchacho no tenía intención alguna de ofender al Ninja de Suna al suponer que éste no se hubiera dado cuenta de lo que creía que pasaba, al considerar sus preocupaciones como un tema de carácter importante, se atrevió a tratar el asunto con él con urgencia, para así mismo tomar cuanto antes la mejor decisión e informársela a sus compañeros, que siguiéndoles aunque un par de pasos rezagados, más ocupados en otros menesteres, evidentemente no se habían enterado…
Y es que durante aquellos breves minutos de animada charla, la pareja había puesto la mínima atención a lo que sucedía a su alrededor, dándole prioridad a los sentimientos y deseos que a lo largo de aquel mes habían estado cargando…
Después de todo, desde aquella noche en el hospital ambos habían mantenido la distancia, y al menos para Temari, poder hablar de nuevo con el Inuzuka le había resultado un alivio al saber que no le guardaba rencor por lo sucedido…
-Temari ¿escuchas algo? – habló de pronto Kiba, atrayendo por completo la atención de la rubia, que deteniendo sus pasos al mismo tiempo que él, se puso en alerta escuchando con atención… y sin embargo, nada pudo oír a su alrededor: ni el crujir de las ramas, ni el susurro del viento, ni siquiera los pasos de su hermano ni del vago…
-Shikamaru – le llamó rápidamente ella, al ver que ellos se estaban alejando, temiendo que fueran incapaces de escuchar su voz… pero el estratega, percatándose no solo del llamado sino también de la alteración en su voz, no sólo se detuvo y giró, sino que también prestó su completa atención a lo que ocurría a su alrededor…
-¿Qué pasa, porqué se detienen?- preguntó al cabo de unos instantes Kankuro, observándolos con atención.
-No se escucha nada – informó el Nara, confirmando las sospechas del Inuzuka, que olfateando en el aire, repentinamente gritó…
-¡Hay pólvora en el aire!
-¡Temari!- gritó sin pensarlo Shikamaru, queriendo en el acto volver tras de sus pasos, llegar hasta su amada y protegerla con sus brazos…
Y sin embargo, antes de que el estratega pudiera siquiera dar un solo paso, una potente explosión se suscitó muy cerca de ellos, lanzándolos a todos por los aires en medio de la lluvia de rocas y trozos de madera, sumiéndolos en una nube de humo que les impedía ver nada de lo que sucedía a su alrededor…
Durante unos instantes en medio de aquella oscuridad, para ellos todo fue caos y destrucción: una explosión tras otra hicieron temblar el suelo bajo sus pies que se agrietaba con facilidad; el espeso humo les impedía ver los árboles caídos y los escombros con los que pudieran tropezar; el intenso olor a pólvora les quemaba la garganta haciéndolos toser; y el silencio ensordecedor provocado por el impacto sónico les impedía escuchar cualquier cosa que podría estarse sucediendo a su alrededor…
Y de pronto el caos cesó.
-¿Están todos bien? – se escuchó amortiguada y a la vez lejana la voz del marionetista un par de minutos después, que a pesar de los golpes y la falta de visibilidad, hizo todo lo posible por levantarse aunque no sin dificultad…
-Nosotros, estamos bien – se escuchó esta vez la voz de Kiba un tanto más lejana, hablando por él y por Akamaru.
-Mendokusai – balbuceó Shikamaru a su vez, poniéndose dificultosamente de pie.
El humo se estaba disipado lentamente, y sin bien los golpes y heridas recibidos habían sido mínimos, lo cierto era que debido a la cercanía de la explosión, se sentía ligeramente aturdido… y sin embargo, al echar un rápido vistazo a su alrededor, pronto cualquier síntoma de confusión se disipó…
-¿Dónde está Temari? – preguntó de pronto con el corazón acelerado, buscando a su mujer con la mirada…
-No está… - dijo Kiba
-¿¡Cómo que no está!?- cuestionó al instante Kankuro, alterado, y el Inuzuka, sintiendo una opresión sobre su pecho, lo miró con genuina preocupación…
-Su aroma… no encuentro su aroma – dijo, y el marionetista palideció…
-No… eso no puede ser… - dijo Shikamaru, y sin esperar nada, salió en busca de la rubia, llamándola por su nombre a gritos, seguido de inmediato por el resto del equipo, que sin embargo tomaron diferentes direcciones en un intento de encontrarla más rápido…
o . o . o . o
Avanzando a tropezones por el terreno desigual, la respiración agitada, y sujetándose fuertemente la herida del brazo izquierdo, Temari se detuvo un instante a descansar en el piso apoyando la espalda contra un árbol, segura de que su situación no era sólo mala, sino una de las peores que en su vida se hubiera podido imaginar: estaba débil, sola, herida, aturdida, y encima de todo, sin su abanico gigante, que lamentablemente se encontraba perdido… si no estaba destrozado ya.
En algún momento del que no era plenamente conciente, Temari lo había perdido en medio del campo de batalla: durante la primera explosión que la había lanzado a varios metros de distancia y contra el suelo, todavía llevaba consigo su abanico, y sin embargo, tras una serie de repetidas explosiones, una cada vez más potente que la anterior que habían hecho temblar el suelo bajo su cuerpo y la habían aturdido de tal manera que no sabía ni donde estaba el cielo ni el suelo, pronto lo echó en falta… especialmente, cuando a pesar del espeso humo que lo había sumido todo en tinieblas, repentinamente había logrado ver una de aquellas silenciosas bombas con su diminuta mecha encendida, rodando justamente en su dirección…
Por experiencias previas, sabía que la bomba explotaría en cuestión de segundos, y aunque la idea de lanzarla lejos había sido tentadora, sabiéndose corta de tiempo y además desorientada respecto a la posición de sus compañeros, tomando una rápida y sabia decisión, Temari simplemente se incorporó y corrió lo más lejos posible del explosivo, que inevitablemente, dada la cercanía con su cuerpo, la estrelló contra los árboles cercanos, y la hirió profundamente en el brazo izquierdo, aunque ella tenía la ligera sospecha de que aquel corte había sido provocado por algo con filo metálico: tal vez un shuriuken o un kunai envenenado, lanzado por el enemigo que seguramente todavía rondaba por el lugar…
Por supuesto, ella no tenía seguridad alguna de ello, y sin embargo su intuición le alertaba a mantenerse atenta y silenciosa, esperando a escuchar o sentir el más mínimo movimiento por muy pequeño e inofensivo que pareciera… y aunque debido a la explosión, todo a su alrededor se escuchaba distorsionado o muy lejano, y de tanto desearlo, casi le pareció escuchar pasos cercanos...
-¡Temari…! ¡Temari…! -repentinamente escuchó el llamado urgente de Shikamaru: ese chico genio y a la vez vago, que desesperado, trataba de encontrarla… y aunque ella levantó a la vez su mirada color verde agua, no lo encontró…
-¡Temari…! ¡Maldición Temari! ¡Dónde estás!
-Kankuro… - la chica balbuceó lenta y suavemente el nombre de su hermano, reconociendo aquella voz… que sin embargo, también seguía buscando en otra dirección…
-¡Temari, Temari! – escuchó entonces los gritos de Kiba, y más allá los ladridos de Akamaru, que debido a la pólvora, no podían usar su olfato para localizarla…
Y aunque los párpados le pesaban como dos trozos de hierro, y la herida sangrante del brazo ardía y quemaba como las llamas del infierno, al escuchar la desesperación y preocupación que aquejaba a los chicos, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, la joven mujer se puso dificultosamente de pie…
No podía quedarse ahí echada mientras ellos la buscaban… simplemente, no podía dejarse morir así, pensó con determinación mientras avanzaba nuevamente con pasos inseguros y lentos, volviendo tras de sus pasos, y siguiendo el sonido de aquellas voces amortiguadas que la llamaban a gritos…
Tenía que llegar hasta ellos, plantarse frente a Kankuro, Kiba y Shikamaru para demostrarles que no era tan fácil derrotarla como aparentemente todos pensaban… tenía que llegar hasta ellos y regañarlos… tenía que llegar hasta ellos y decirles… ella quería decirles que no iba a morir… y entonces repentinamente lo vio…
Ahí, a menos de dos metros de distancia ella lo vio aparecer: con su cabellera toda sucia y llena de ramitas de madera, su rostro ligeramente manchado de sudor y tierra, y sus ojos… esos oscuros e hipnotizantes ojos que la miraban aliviados, llenos del amor que desde siempre había sentido hacia ella, que sintiendo repentinamente un nudo en la garganta, esbozó una pequeña sonrisa al verlo ahí, acercándose lentamente hacia ella, como si dudara que fuera real…
-Hey… - tan solo pudo balbucear Temari, apoyándose con el hombro sobre uno de los pocos árboles que a pesar de las explosiones no había caído… y aunque lo vio abrir la boca para decir algo, un ruido muy parecido a un chasquido, atrajo de inmediato la atención de ambos…
El suave murmullo viento meciéndose alrededor repentinamente fue roto y reemplazado por uno más atemorizante: el sonido de cuerdas cortarse, de hilos deslizándose, y de armas filosas y puntiagudas que cortaban el aire…
-¡Temari! – dijo alarmado el muchacho, volviendo al instante su mirada oscura hacia ella al comprender…
Y sin embargo ella, todavía débil y un tanto mareada, prácticamente no reaccionó: el veneno que le escocía en la herida había seguido actuando en su organismo, paralizando lentamente sus músculos, obligándola por fin a mantenerse ahí, de pie, en espera del golpe final…
Y es que ella sabía que iba a morir: sus brillantes ojos verdes se lo decían a él cuando intercambiaron aquella última mirada… y él, él que tanto la había amado y que estaba dispuesto a dar su vida a cambio de la de ella, en un acto herócio, y con la única idea de salvarla llenando su mente, al instante la derribó haciéndola caer de espaldas contra el piso, protegiéndola con su propio cuerpo del fulminante ataque que inevitablemente traspasó su cuerpo y lo hirió en el corazón…
Y Temari, abriendo de par en par sus almendrados ojos, sintiéndose presa de un fuerte shock al sentir la sangre caliente, plenamente conciente de lo que él había hecho, simplemente grito…
-No… no… ¡NO!
