Un simple desliz.
Capítulo 4: Celos.
Se quitó la la capa de la organización y su camisa, las cuales estaban llenas de sangre, quedando así sin nada en su torso. Lo mismo hacía su socio Kisame, quien estaba tras de él.
El de agallas se volteó y al ver la espalda de su compañero, frunció el ceño levemente confundido y quizá divertido.
—¿Qué te han hecho en la espalda, Itachi? —preguntó el de piel azul.
Hoshigaki veía con una sonrisa ladina los arañazos que el pelinegro tenía en su espalda. Algunos eran simples raspaduras un poco rojas, otras eran marcas que probablemente no se quitarían en mucho tiempo y otras simplemente eran cortaduras las cuales apenas si estaban cicatrizando.
El moreno jamás contestó a la pregunta, pues sabía que el pez conocía su relación con Konan. El peliazul, conociendo su característica personalidad evasiva y reservada, simplemente se quedó viendo cómo éste cerraba la puerta tras de sí para luego continuar quitándose su ropa mientras negaba con la cabeza con una sonrisa picara en el rostro.
Itachi llegó al cuarto de lavado dejó allí su ropa manchada de sangre, para luego buscar un espejo y contemplar con una media sonrisa los arañazos. Luego de contemplar las marcas decidió ir al baño a darse una merecida ducha.
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La peliazul estaba recostada pensando en la discusión que sostuvo con Nagato cerca del mediodía. Le había preguntado seriamente si sucedía algo con Itachi, a lo que ella contestó inmediatamente que no y aparentó ofenderse con la pregunta, provocando con esto que él se fiara de su respuesta.
No duró mucho la discusión pero sí lo suficiente como para que Pain terminara cabizbajo, pidiéndole perdón por haber desconfiado de ella creyendo que podría tener un fallo de esa índole al saber el trato tan distante que mantenía con los demás miembros.
Realmente le molestaron de sobremanera los celos tan obsesivos que solía tener por ella y más aún la injusticia que resultaba no poder hacer nada al respecto pues, ¿cómo contrariar a su Dios?
Sintió un ruido y salió de su ensimismamiento al ver como su compañero favorito entraba a la habitación con intenciones lujuriosas. Ambos estaban cansados pero ningunos de los dos quería dormirse aún dado que habían adquirido el hábito de mantener diálogos amenos antes de dormir, generalmente iniciados e instados por ella.
A estas alturas no era sólo el deseo de hacer el amor, con con el tiempo —habían pasado 6 noches seguidas juntos desde que llegaron de Amegakure— irremediablemente algo se despertó en ellos que les pedía que se vieran aunque ellos no quisieran darse cuenta, ahora sólo quedaba disfrutar de ello.
Ambos se miraron a los ojos por un largo rato y como cada vez que eso pasaba la peliazul hizo su habitual pregunta.
—¿Qué piensas?
—Adivina —desafió el pelinegro.
Quería ver hasta dónde podía llegar esa capacidad para verle a los ojos y saber qué pensaba. Y para que la que peliazul no descubriera cosas que no precisaba saber, intentó pensar en cosas en las que no solía pensar, aunque no eran menos importantes que las demás.
Konan se tomó unos segundos antes de responder.
—No lo sé —dijo con desánimo y honestidad.
El pelinegro sonrió de lado con satisfacción; si ella no podía saber lo que pensaba entonces nadie más podría. Miró sus ojos ámbar, luego su hermosa cabellera azul seguido de sus labios los cuales le encantaba besar y...
—Piensas en mí —dijo de repente, aunque parecía más bien una pregunta.
Estaba sorprendida. Si que estaba sorprendida pero de la manera en la que la miró e inspeccionó de hito en hito, se podría decir que jamás estuvo tan segura respecto a adivinar qué era lo que pensaba su amante.
El pelinegro dio un suspiro de resignación—: Así es —concedió con tranquilidad.
Tenía la esperanza de que sólo ella pudiera saber lo que pensaba, si no estaría en problemas y sobretodo con su líder.
«Pain.», pensó el Uchiha. De respetar a su líder pasó a odiarlo profundamente, primeramente porque quería meterse entre él y Konan, algo que no podría permitir, y que además creyera que esa mujer era de su propiedad era una de las cuantas cosas que más le molestaba a Itachi.
—¿Y en Pain? —preguntó Konan llenándose de incredulidad.
El pelinegro no respondió. Lo bueno es que ella sólo sabía que estaba pensando en Pain y no en lo que le molestaba de él.
Eso sí, le molestaba sólo porque él tenía la creencia de que nadie era propiedad de nadie o por lo menos tenían derecho de elegir propiedad de quien ser y le estaba negando ese derecho al ángel, claro si es que ella no quería ser propiedad de aquel controlador, aunque estaba casi seguro de que la respuesta era no.
Se preguntó por un momento si se trataba de simple molestia o celos hacia Konan; esperaba que la respuesta no fuera un sí.
—Ya vuelvo —dijo la peliazul levantándose de la cama de repente.
El pelinegro reprimió su impulso de bufar; la de ojos ámbar tenía ganas de ir al baño por enésima vez en la noche. Al rato volvió del año y se acomodó nuevamente junto a él.
—¿Qué piensas? —preguntó el pelinegro.
Ella no dejaría que adivinara, no le haría jueguitos ni le daría vueltas al asunto, sentía una especie de confianza hacia al él. Le gustaba que le preguntara.
—En Pain, al igual que tú —contestó honesta—. Me preguntó qué pasaba entre nosotros, no le contesté concretamente pero puedo asegurarte que por un buen tiempo no sospechará nada.
Él se dio cuenta de la pena que se instaló en la mirada de la peliazul al tocar el tema.
—Pero aún así sigues preocupada —concluyó el de coleta.
—Así es —confirmó, después de suspirar.
Por alguna razón, hablar de todo ese tema del líder puso algo sentimental a la peliazul.
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Konan despertó junto con el amanecer. Al abrir los ojos notó que Itachi ya no estaba con ella, y eso no le pareció muy agradable que digamos, le habría gustado despertar en sus brazos pero de seguro se había ido antes que los demás despertaran para que nadie lo viera.
Se levantó y se puso su uniforme con con cuidado, luego de terminar de ponerse su capa salió de su habitación y se dirigió a la salida de la guarida Akatsuki. Se dijo que el encierro no era bueno para nadie. Al salir respiró profundo y miró al cielo, para luego divisar en el techo a su Dios. Subió junto con él.
—Buenos días —saludó él.
Ella respondió amablemente y se paró a su lado para ver juntos como amanecía.
«Si tan solo él estuviera vivo. Si tan sólo ese cuerpo sin vida fuera...», pensó la peliazul con gran pesar al mirar al hombre a su lado. Casi involuntariamente y sin pensarlo llevó su mano hasta la de Tendo y la tomó. No entendía porqué se había levantado tan melancólica y llorona ese día pero quería tomarle la mano al Camino Deva y fingir que era Yahiko.
Y así lo hizo, para luego sonreír con tristeza. El pelinaranja vio de reojo como la peliazul tomaba su mano y apretó el agarre.
—Bajemos —pronunció el de ojos violáceos.
De la mano, ambos bajaron hasta la entrada, donde desgraciadamente se encontraba Itachi. La peliazul tragó grueso y en el momento en que quiso quitar su mano de la del Camino, éste apretó el agarre y se lo impidió. De todas formas su semblante continuó serio e impasible como siempre.
Al igual que el del pelinegro, que en realidad por dentro ardía de la furia de ver a Konan de la mano de ese tipo —por no decir algo peor— que creía que podía adueñarse de ella como de un muñeco. ¡Él se había ganado el cariño de ella, no lo había exigido!
—Quita la mano —susurró el pelinegro en un arranque de ira al ver la mirada desafiante del de ojos violáceos.
Sabía que lo había escuchado y aún así no quitó su mano. Eso era una invitación a que el Uchiha lo triturara por desafiarlo, con ese pequeño gesto se había declarado la guerra y el pelinegro no pensaba perderla. Todo quedó en silencio.
La situación era incómoda y más para la peliazul que sentía ganas de correr, abrazar a Itachi e intentar explicarle todo lo sucedido y que eso no era lo él pensaba pero aún así cerró su boca y continuó expectante a lo que sucediera.
—¿Dijiste algo? —preguntó el del Rinnegan a Itachi.
Él supo que lo hacía a propósito, ahora debía repetir lo que había dicho. Se dijo a sí mismo que en definitiva su imbecilidad no tenía límite alguno.
—Que quites tu mano de la Konan —repitió con tranquilidad, una que sorprendió a ambos presentes.
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Oyaho, gracias por leer, espero les haya gustado, los amaré si me dejan un review.
¿Review?
