Hola hola, se que me perdi un buen buen tiempo pero aqui regreso con una super adaptacion, la cual espero les guste y la sigan hasta el final jeje espero su apoyo...
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes s Stephanie Meyer
Prologo
-Puede gritar todo lo que quiera, señora Cullen.
La respiración de Esme se había transformado en una sucesión de jadeos. El sudor resbalaba por sus mejillas mientras clavaba los dedos en la mesa de partos y se abrazaba a sí misma.
-Esme Cullen no grita cuando trae a sus hijos al mundo.
No era una mujer grande, pero su voz, incluso en el tono normal en el que hablaba, llegaba a todos los rincones de la sala. Tenía un tintineo, un aire musical, aunque había tenido que reunir hasta sus últimas fuerzas para conseguirlo. Su marido la había llevado al hospital a toda velocidad, solo minutos antes de las últimas etapas del parto.
No había habido tiempo para prepararla, ni para palabras de consuelo ni para caricias cariñosas. En cuanto el obstetra le había echado un vistazo, la había llevado a la sala de partos completamente vestida.
La mayor parte de las mujeres se habrían asustado al verse en una ciudad extraña, dejando en manos de desconocidos su vida y la del hijo que estaba a punto de llegar al mundo.
-Es usted una mujer fuerte, ¿verdad? -el médico le hizo un gesto a la enfermera para que le secara la frente. El calor en la sala de partos era cada vez más intenso.
-Todos los Cullen son fuertes -consiguió decir, pero lo que en realidad lo que le apetecía era gritar.
Dios, cuánto deseaba gritar mientras el dolor vociferaba en su interior. El bebé estaba a punto de llegar. Ya solo podía rezar para que no fuera demasiado pronto. Las contracciones eran cada vez más frecuentes. Cuando llegaba una, ni siquiera le daba tiempo a prepararse para la siguiente.
-Tendremos que agradecer que el tren no llegara con retraso, porque en ese caso habría tenido que dar a luz en el vagón cafetería -había dilatado completamente y el bebé estaba a punto de salir.
Esme lo maldijo con toda la experiencia en palabras malsonantes que había adquirido en siete años de vida junto a Carlisle y siete más actuando en los clubes de todas las mugrientas ciudades que podían encontrarse desde Los Ángeles hasta Catskill. El doctor se limitó a chasquear la lengua mientras ella respiraba como una máquina de vapor y lo fulminaba con la mirada.
-Muy bien, muy bien. Ya estamos a punto. Empuje, señora Cullen. Sacaremos a ese bebé de un batacazo.
-Ya le daré yo un batacazo -le prometió, y empujó a través de aquel insoportable dolor.
El bebé llegó con un aullido que rebotó en todas las paredes de la sala. Esme lo miró atentamente, con los ojos llenos de lágrimas, mientras el médico sacaba una cabecita diminuta, los hombros y después el torso.
-Es una niña.
Riendo, Esme dejó caer la cabeza hacia atrás. Una niña. Lo había conseguido. Carlisle iba a sentirse orgulloso. Agotada, escuchó los primeros gritos de su bebé.
-No ha hecho falta darle un azote en el trasero -comentó el médico. Era pequeña, pensó, como mucho pesaría dos kilos y medio-. No es muy gordita, señora Cullen, pero tiene un aspecto tan bueno como el oro.
-Por supuesto que sí. Escuche esos pulmones. Serán capaces de oírla hasta en el último rincón de cualquier sala. Ha llegado unas semanas antes de lo previsto, pero... Oh, Dios mío.
Al sentir una nueva contracción, Esme intentó incorporarse.
-Sujétela -el médico le pasó la recién nacida a una enfermera y le hizo un gesto a otra para que agarrara a Esme por los hombros-. Parece que su hija tiene compañía.
-¿Otra? -debatiéndose entre el dolor y el júbilo, Esme comenzó a reír. Pero no había nada de histérico en su risa, sino algo robusto y desafiante-. Maldito seas, Carlisle. Siempre consigues sorprenderme.
El hombre que estaba en la sala de espera caminaba nervioso, pero había una gracia especial en cada uno de sus pasos, a pesar de que miraba el reloj cada tres minutos. Por su forma de andar, era evidente que aquel hombre pasaba más tiempo bailando que caminando. Era delgado y vivaz y en sus ojos resplandecía un optimismo perpetuo. De vez en cuando, se acercaba a un niño que descansaba medio dormido en una silla y le acariciaba la cabeza.
-Vas a tener un hermanito, Garrett. En cualquier momento saldrán a decirnos que ya ha nacido.
-Estoy cansado, papá.
-¿Cansado? -con una sonora y alegre carcajada, el hombre levantó al niño y lo abrazó-. Este no es momento para dormir, pequeño. Este es un gran momento. Está a punto de nacer un Cullen. Esta es una noche especial.
Garrett apoyó la cabeza en el hombro de su padre.
-No vamos a poder hacer teatro.
-Habrá otras noches para eso -solo había pensado un instante en la cancelación del espectáculo. Pero había clubes incluso en Duluth. Estaba convencido de que antes de que hubieran tomado el próximo tren, habrían conseguido un par de contratos.
Él había nacido para el espectáculo, para cantar y bailar, y agradecía a las estrellas la suerte de que Esme fuera como él. Dios sabía que hasta entonces no habían conseguido gran cosa, salvo seguir el circuito de bares y clubes de segunda, pero ya tendría tiempo de triunfar. El éxito podía llegar con cualquier actuación, en una sola función.
-Antes de que te des cuenta, seremos Los Cuatro Cullen. Entonces nadie podrá pararnos.
-Nadie podrá pararnos -murmuró el niño, que ya había oído aquello otras muchas veces.
-¿Señor Cullen?
Carlisle se detuvo. Se aferró con fuerza a su hijo mientras se volvía hacia el médico. El solo era un hombre y no sabía nada sobre partos.
-Sí, soy yo -se le había secado la garganta. Le resultaba imposible tragar-. Esme... ¿Está bien?
El médico se frotó la barbilla y sonrió de oreja a oreja.
-Su esposa es toda una mujer.
El alivio llegó como una envolvente ola. Abrumado por aquella sensación, Carlisle besó a su hijo.
-¿Has oído eso, Garrett? Tu madre es toda una mujer. Y el bebé, sé que ha sido prematuro, ¿pero está bien?
-Fuerte y guapa -empezó a decir el médico-. En realidad todas lo son.
-Fuerte y guapa -dio dos pasos de baile-. Mi Esme sabe cómo traer un hijo al mundo. Puede llegar a confundirse en el momento de salir a escena, pero siempre sale del aprieto como toda una veterana... -se interrumpió de pronto y se quedó mirando fijamente al médico, que continuaba sonriéndole-. ¿Ha dicho «todas»?
-¿Este niño es hijo suyo?
-Sí, es Garrett. ¿A qué se refiere con eso de que todas lo son?
-Señor Cullen, su hijo acaba de tener tres hermanas.
-Tres -con Garrett todavía en brazos, Carlisle se dejó caer en una silla. Sus nervudas piernas de bailarín parecían haberse convertido en agua-. Tres. ¿Al mismo tiempo?
-Con un par de minutos de separación, pero tres.
Carlisle permaneció sentado, atónito. Todavía no había averiguado cómo iba a poder alimentar a uno más. Tres. Todas chicas. Cuando se recuperó del impacto, se echó a reír. Había sido bendecido con tres hijas. Fallirse Cullen no era un hombre que maldijera al destino. Él siempre lo abrazaba ilusionado.
-¿Has oído eso, chico? Tu madre y yo hemos hecho unas trillizas. Tres por el precio de una. Y yo soy un hombre que adora los buenos negocios -se levantó, estrechó la mano del médico y la sacudió con calor-. Dios lo bendiga. Si hay un hombre más afortunado que Carlisle Cullen esta noche, me muero por conocerlo.
-Felicidades.
-¿Está usted casado?
-Sí.
-¿Cómo se llama su esposa?
-Isabella.
-Entonces una de ellas se llamará Isabella. ¿Cuándo puedo ver a mi familia?
-Dentro de unos minutos. Le diré a una de las enfermeras que baje a quedarse con su hijo.
-Oh, no. El viene conmigo. No todos los días se tienen tres hermanas.
El médico comenzó a explicarle las normas del hospital, pero de pronto se interrumpió.
-¿Es usted tan cabezota como su esposa, señor Cullen?
Carlisle sacó pecho.
-Ella aprendió de mí.
-Venga por aquí.
Carlisle las vio primero a través del cristal del nido, eran tres niñas diminutas, tumbadas en sus respectivas incubadoras. Dos de ellas dormidas, mientras la otra gritaba enfadada.
-Le está diciendo al mundo que está aquí. Esas son tus hermanas, Garrett.
Completamente desvelado ya, Garrett las estudió con espíritu crítico.
-Son muy flacuchas.
-También tu eras una cosita escuálida, pequeño babuino -llegaron las lágrimas. Y Carlisle era demasiado irlandés para avergonzarse de ellas-. Haré todo lo que pueda por vosotras. Por todas y cada una de vosotras -posó la mano sobre el cristal, esperando que fuera suficiente.
Asi que aqui regrese no? jejeje espero que les haya gustado el primer capi jejeje y como soy buena les subire mas jeje
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