Hola hola espero sten bien... y espero que la historia les ste gustandoo jeje
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 7
No estaba siendo sincera con él. Edward no necesitaba un detector de mentiras para saber que Bella eludía la verdad cada vez que hablaban. Pero lo hacía sin perder la calma y mirándolo directamente a los ojos. Solo algún cambio de voz casi imperceptible o la más breve de las vacilaciones le hacía comprender que le estaba mintiendo.
A Edward no le importaban las mentiras. De hecho, en su trabajo las esperaba. Las razones para ellas eran diversas: instinto de conservación, la vergüenza, o la necesidad de disimular la propia imagen. La gente quería mostrar los aspectos más luminosos de su vida y de su personalidad y a él le correspondía descubrir las sombras. Una mentira, o más precisamente, las razones para una mentira, a menudo le decían más que la verdad. Su pasado como periodista lo había enseñado a basar las historias en hechos, a comprobarlos y a dejar que fueran los lectores los que juzgaran. Su opinión podía filtrarse en sus escritos, pero sus sentimientos rara vez lo hacían.
Su principal problema con Bella era que todavía no había sido capaz de descubrir cuál era su motivación. ¿Por qué mentía, cuando indudablemente la verdad la ayudaría a vender muchos más libros? El sensacionalismo era mucho más vendible que una apacible vida doméstica. Tampoco podía decirse que hubiera descrito su matrimonio como un idilio, pero, desde luego, había conseguido pasar rozando por las áreas más problemáticas.
Que eran muchas, por cierto.
Solo en su habitación, con la única luz de la lámpara, Edward sacó un montón de papeles. Una rápida mirada al reloj le indicó que acababan de dar las doce. El resto de la casa dormía en silencio en la cama, pero él nunca había sido hombre de horarios regulares. Los horarios y el tiempo eran como una jaula para los hombres. Y las únicas paredes que Edward soportaba eran las que él mismo erigía. Podía trabajar de día, si así lo decidía, o podía quedarse a trabajar durante toda la noche, porque no le importaban las horas que en ello invirtiera. Solo le importaban los resultados.
La casa estaba en silencio, solo se oía el susurró del viento contra las ventanas. Era como si estuviera solo, pero era consciente, quizá demasiado consciente, de que no lo estaba. Había otras tres personas en la casa. Tres personas a las que encontraba fascinantes.
Chris y Ben, recordó Edward con simpatía, se habían metido en sus respectivos dormitorios después de una firme regañina y unas cuantas lágrimas. Utilizar la mejor vajilla de su madre para dar de comer al perro no había sido una idea demasiado ingeniosa. Bella no les había puesto la mano encima y tampoco les había gritado, pero su regañina y su tono de desaprobación habían dejado destrozados a los niños. Una buena estrategia. Aunque lo divertía, Edward decidió olvidarse de aquel asunto. Tenía trabajo que hacer y una mujer a la que descubrir.
Ya había hecho algunas entrevistas para reunir datos sobre Jacob Black. Las opiniones y sentimientos que aquel hombre despertaba eran variados, pero nunca moderados. Edward había encontrado gente que lo adoraba o lo detestaba. Tomó la primera de las cintas grabadas que tenía sobre la mesa y la volvió.
Grover P. Stanholz había sido el primer patrocinador de Jacob. Era un adinerado abogado de Chicago que adoraba las carreras y tenía relaciones personales con los Black. Durante diez años, había hecho de padre, mentor y promotor de Black. Había visto cómo aquel joven entusiasta e inexperto se transformaba en uno de los hombres más importantes del circuito. Solo un año antes de su muerte, Stanholz le había retirado el soporte económico a su famoso protegido.
Edward metió la cinta en la grabadora y la pasó hasta el final. Tardó solo unos segundos en encontrar lo que estaba buscando.
-Black era un ganador, una buena inversión y un gran amigo.
Edward oyó su propia voz a través del aparato. Automáticamente, bajó el volumen para que el sonido no traspasara las puertas de su habitación.
-¿Y por qué le retiró su apoyo cuando era el favorito para ganar el Grand Prix francés?
Se producía un largo silencio en la cinta y después se oía crujir un papel. Edward recordaba que Stanholz había sacado un puro y se había tomado su tiempo para desenvolverlo.
-Como ya le he explicado, mi interés en Jacob no era solamente económico. Yo había sido muy amigo de su padre y era amigo de su madre -se produjo otro silencio mientras Stanholz encendía el puro-. Cuando Jacob comenzó, ya era un ganador. Se veía en su mirada. Lo mejor de él era que tenía un profundo respeto y amor por el deporte. El era... especial.
-¿En qué sentido?
-Iba a ir directamente a la cima. Tanto si yo lo financiaba como si tenía que arrastrarse para encontrar el dinero que necesitaba, iba a llegar hasta la cima.
-¿No podría haber utilizado el dinero de los Black?
-Para correr -la carcajada y los resuellos de Stanholz llegaban hasta la cinta-. El dinero de Jacob estaba invertido en negocios seguros. Janice adoraba a ese chico. Jamás le hubiera prestado dinero para conducir a más de trescientos kilómetros por hora. Créame, me machacó literalmente por hacerlo, pero era imposible decirle que no a ese chico -suspiraba con arrepentimiento-. No todos los días aparecen hombres como Jacob. Para correr en el circuito, se necesitan dosis de paciencia y humildad. Sentido común y un cierto desapego por la vida. Es una cuestión de equilibrio. Jake estaba completamente entregado a su profesión y quería hacerse un hombre. Yo siempre me he preguntado si quizá el problema no fue que ganó demasiado pronto. Jake se convirtió en una persona autodestructiva. E irresponsable.
-¿Irresponsable?
Allí se producía otra pausa, después una ligera vacilación y a continuación un suspiro.
-Hiciera lo que hiciera estaba bien porque era él el que lo hacía. Se olvidó, no sé si entenderá lo que quiero decir, de que era humano. Jacob Black inició una peligrosa carrera consigo mismo. Si no hubiera muerto en Detroit, lo habría hecho en cualquier otra parte. Yo pensé que, si me retiraba como patrocinador, podría hacerle pensar.
-¿Qué quiere decir con eso de que estaba compitiendo consigo mismo?
-Jake estaba acelerando demasiado su propia máquina. Antes o después iba a estallar.
-¿Drogas?
-No puedo comentar nada al respecto -era la voz seca y rotunda de un abogado la que hablaba.
-Señor Stanholz, se rumorea que Black había estado consumiendo drogas, más específicamente cocaína, durante algún tiempo antes del fatal accidente de Detroit.
-Si quiere ese tipo de información, tendrá que ir a otra parte. Jacob no murió como un hombre admirable, pero tuvo sus grandes momentos. Esos son los que yo recuerdo.
Insatisfecho, Edward apagó la grabadora. Como mucho, lo único que podía decir era que el abogado no lo había negado. Había encontrado a otras personas que se habían negado a declarar delante de la grabadora que Jacob Black había desarrollado una peligrosa dependencia de las drogas. Pero la última carrera lo había dejado claro. La autopsia lo había determinado. En cualquier caso, esa era una sola de las zonas oscuras. Había muchas otras.
La siguiente cinta llevaba el nombre de Brewer. Leah Brewer era la hermana del hombre que había patrocinado a Black durante el último año de su vida. Aquella divorciada y antigua modelo, se definía a sí misma como una mujer a la que le gustaban los hombres capaces de correr riesgos. La esposa de Black no estaba en las gradas en la última carrera del piloto. Pero sí su amante.
Edward metió la cinta en la grabadora y presionó el botón.
-… el hombre más excitante y dinámico que he conocido nunca.
La voz de Leah tenía el tono grave y sensual del acento sureño.
-Jacob Black era una estrella. Sabía lo que valía. Y eso es algo que yo admiro en un hombre.
-Señora Leah, durante casi un año usted fue la compañera sentimental de Black.
-Su amante -lo corregía-. No me avergüenzo de ello. Jake era tan magnífico amante como piloto. El no hacía nada a medias -soltaba una grave y sensual carcajada-. Y yo tampoco.
-¿Pero no la molestaba que estuviera casado?
-No. Yo estaba a su lado y ella no. Mire, ¿qué clase de matrimonio puede ser uno en el que la pareja solo se ve tres o cuatro veces al año?
-Un matrimonio legal.
Edward recordaba que Leah se había tomado su respuesta con total naturalidad. Se había encogido de hombros antes de responder:
-En cualquier caso, Jake estaba pensando en divorciarse. El problema era que ella tenía el control de todas sus cuentas bancarias. Los abogados estaban intentando negociar un acuerdo.
Edward apagó la grabadora y murmuró un juramento. Durante su conversación con Bella, esta no había mencionado ni una sola vez el divorcio. Había alguna posibilidad de que Jacob le hubiera mentido a Leah Brewer. Pero, en ese caso, Edward no creía que la muy astuta señora Brewer se hubiera dejado engañar durante tanto tiempo. Y si se habían iniciado los trámites de divorcio, Bella era la más indicada para saberlo.
Edward todavía no la había presionado, ni siquiera había sacado a la luz el nombre de Leah Brewer. Era consciente de que, cuando lo hiciera, Bella comenzaría a mirarlo como a un enemigo. A partir de entonces, todo lo que quisiera saber sobre ella iba a tener que arrancárselo. De modo que esperaría. Lo que él quería de Bella iba a tener que ganárselo con paciencia.
Dejó de lado cintas de otros pilotos, mecánicos y mujeres y eligió una marcada con el nombre de Bella. No se le ocurrió pensar que, de entre todas las cintas que tenía, aquella era la única que había marcado solamente con un nombre. Había dejado de pensar en ella como la señora Black. La cinta era de esa misma mañana, cuando la había acorralado en el salón. Bella estaba doblando la colada y a Edward se le había ocurrido pensar que hacía años que no veía a nadie realizar aquella callada y laboriosa tarea. Había un antiguo disco de los cincuenta sonando en el estéreo y Bella se dejaba acompañar por los sha-la-las mientras doblaba calcetines.
Recordaba su aspecto. Se había recogido el pelo en una cola de caballo, de modo que mostraba la sutil elegancia de sus pómulos. El cuello de una camisa de franela asomaba por el cuello cerrado de una enorme sudadera, convirtiendo las curvas de su cuerpo en un misterio. No llevaba zapatos, iba con calcetines. El fuego de la chimenea crepitaba tras ella, mientras las llamas se arremolinaban alrededor de los troncos. Bella parecía tan tranquila y satisfecha consigo misma que, por un momento, Edward pensó en no molestarla. Pero tenía un trabajo que hacer. Exactamente el que estaba haciendo en ese momento. Edward presionó el botón de la grabadora.
-¿Las carreras provocaron tensiones en tu matrimonio?
-Deberías recordar que Jacob ya era piloto cuando nos casamos -su voz sonaba tranquila y sólida en la cinta tras haber escuchado la voz melosa de Leah Brewer-. Las carreras formaban parte de su matrimonio.
-¿Disfrutabas viéndolas?
Se había producido una larga pausa mientras Bella intentaba encontrar las palabras adecuadas para contestar.
-En algunos aspectos, creo que Jacob daba lo mejor de sí mismo tras el volante, en la pista. Era increíblemente competente. Y confiado -añadió, con la mirada vuelta hacia su propio pasado-. Confiaba tanto en sí mismo, en su capacidad, que jamás se me habría ocurrido pensar que pudiera perder una carrera. Y, mucho menos, perder el control.
-Pero después de los primeros ocho o nueve meses de matrimonio, dejaste de viajar con tu marido.
-Estaba embarazada de Ben -había sonreído suavemente mientras sacaba un pequeño jersey de la cesta-. Comenzó a ser difícil para mí ir de ciudad en ciudad, de carrera en carrera. Jake era... -y allí estaba, advirtió Edward, aquella ligera variación en la voz-. El era muy comprensivo. Poco después compramos esta casa. Un hogar estable. Jacob y yo estábamos de acuerdo en que Ben, y después Chris, necesitaban esa clase de estabilidad.
-Resulta difícil imaginarse a un hombre como Jacob Black asentándose en un lugar como este. Pero, en realidad, nunca llegó a instalarse aquí, ¿verdad?
Bella se había puesto a doblar muy cuidadosamente una camisa roja.
-Jacob necesitaba una casa a la que llegar, como todo el mundo. Pero también necesitaba las carreras. De modo que combinamos las dos cosas.
Evasivas, pensó Edward mientras detenía la cinta. Medias verdades y mentiras. ¿A qué estaba jugando? ¿Y por qué? La conocía lo suficiente como para saber que no era una estúpida. Debería estar enterada de las infidelidades de su marido y, principalmente, de su relación con Leah Brewer. ¿Estaría intentando protegerlo? Le parecía poco factible que estuviera intentando proteger a un hombre que la había engañado sin ningún tipo de discreción.
¿Sería Bella el tipo de mujer que se daba por satisfecha manteniéndose en un segundo plano, y manteniendo encendido el fuego del hogar? ¿O sería una mujer que no había querido despreciar una buena oportunidad?
¿Y qué clase de hombre habría sido Black? ¿Habría sido el piloto egoísta, el amante generoso o el marido comprensivo y padre generoso? Edward encontraba difícil creer que un hombre pudiera ser las tres cosas. Y Bella era la única que tenía las respuestas que él necesitaba.
Pasándose nervioso la mano por el pelo, se apartó del escritorio. Quería transcribir algunas cosas. Una vez que lo hiciera, podría empezar a poner orden y a mirar las cosas con perspectiva. Edward miró la máquina de escribir y las cintas. Café, decidió. Aquella iba a ser una larga noche.
La luz del pasillo estaba encendida. Automáticamente, desvió la mirada hacia el final del pasillo. La puerta de la habitación de Bella estaba entreabierta y la habitación a oscuras. Sintió la repentina urgencia de correr hasta allí, abrir un poco más la puerta y verla dormir.
¿Qué importancia tenía para él su intimidad? Hurgaba en ella cada vez que le hacía una pregunta. Y ella había cobrado un cheque que le daba a él permiso para hacerlo.
No, le importaba un comino su derecho a la intimidad. Pero su instinto de conservación era un asunto diferente. Si la miraba, querría tocarla. Y si la tocaba, quizá no fuera capaz de retroceder. Así que dio media vuelta y comenzó a bajar las escaleras.
El fuego del salón todavía estaba ardiendo. Había visto a Bella encenderlo la noche anterior y había tenido que admitir que había hecho un trabajo mejor que el que habría hecho él en su lugar. Pasó por delante del salón y se metió en la cocina.
Hola espero la sten disfrutando jejeje y que me lo demuestren dejandome muchos reviews...
jeje cuidence
