Hola que tal hasta ahora? les parece?
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes s Stephanie Meyer
Capitulo 8
El fuego del salón todavía estaba ardiendo. Había visto a Bella encenderlo la noche anterior y había tenido que admitir que había hecho un trabajo mejor que el que habría hecho él en su lugar. Pasó por delante del salón y se metió en la cocina.
Bella estaba sentada en el mostrador, en medio de la oscuridad. La única luz que se filtraba por la cocina era la de la luna creciente. Bella apoyaba los codos a ambos lados de una taza y reposaba la barbilla en las manos. Edward pensó que parecía terriblemente sola.
-¿Bella?
Bella se sobresaltó. Podría haber sido divertido si Edward no hubiera advertido su palidez antes de que Bella fijara en él la mirada.
-Lo siento, no pretendía asustarte.
-No te he oído bajar. ¿Ocurre algo?
-Quería tomarme un café -pero en vez de acercarse a la cocina, se acercó a ella-. Pensaba que estabas en la cama.
-No podía dormir -sonrió ligeramente, pero no se dedicó a atusarse el pelo o a cerrarse las solapas de la bata, como Edward habría esperado-. Probablemente el agua todavía esté caliente. Acabo de hacerme una infusión.
Edward se sentó a su lado.
-¿Tienes algún problema?
-Me siento culpable.
Sus instintos de periodista se pusieron alerta, batallando contra el inesperado deseo de pasarle el brazo por los hombros para ofrecerle consuelo.
-¿Por qué?
-He visto lágrimas en los ojos de Chris cuando le he mandado acostarse sin ver su programa de televisión favorito.
Edward no sabía si reírse de sí mismo o de ella.
-Estoy seguro de que se recuperará.
-El plato no era lo importante -levantó la taza y la bajó sin haber bebido-. Nunca uso esa vajilla. Es feísima.
-Ajá, entonces quizá deberían haberla dejado fuera del establo de los caballos.
Bella abrió la boca y soltó una carcajada. En aquella ocasión, cuando levantó la taza, sí que bebió. El té le suavizaba la garganta, que tenía seca y un poco dolorida.
-No me atrevería a hacer algo así. Janice le regaló esa vajilla a Jake. A Jacob y a mí -se corrigió, quizá con demasiada rapidez-. Era un regalo de bodas.
-Y debería ser tratado con respeto -dijo. No le había pasado por alto su desliz-. ¿Entonces, cuál es el problema?
-He perdido la paciencia.
-¿De verdad? En ningún momento has levantado la voz.
-No hace falta levantar la voz para perder la paciencia -se asomó a la ventana otra vez y deseó que no hiciera tanto frío. Si fuera primavera, podría salir, sentarse en el porche y contemplar las estrellas-. Al fin y al cabo, solo era un plato.
-Y solo era un programa de televisión.
Con un suspiro, Bella se recostó contra el respaldo del taburete.
-Crees que estoy siendo ridícula.
-Supongo que estás siendo una madre. No tengo mucha experiencia en ese tema.
-Es tan difícil cuando eres la única que tiene que tomar decisiones... y cometer errores -se pasó la mano por el pelo, en un gesto inconsciente que le hacía mostrar la belleza de su rostro-. A veces, por la noche, pienso que quizá soy demasiado dura con ellos. Que espero demasiado de ellos. Solo son niños. Esta noche, cuando los he mandado a la cama, Chris estaba llorando y Ben de mal humor, y...
Edward la interrumpió.
-Quizá estés siendo demasiado dura con su madre -Bella lo miró y volvió el rostro hacia la taza.
-Yo soy responsable.
Ah, era eso, podía oírlo en su voz. Estaba aprendiendo a detectarlo en su voz, a verla encerrarse en su tristeza. Pero, pensara lo que pensara de ella, sabía que vivía completamente entregada a sus hijos.
-Mira, no conozco a muchos niños, pero yo diría que estos son perfectamente normales. Quizá deberías felicitarte, en vez de darte golpes en el pecho.
-No me estoy dando golpes en el pecho.
-Claro que sí. Vas a empezar a darte latigazos en cualquier momento.
Bella esperó a que llegara el enfado, pero no llegó. Al contrario, sintió que hasta el sentimiento de culpabilidad se desvanecía.
-Gracias -rodeó la taza con las dos manos-. Supongo que viene bien recibir un poco de apoyo moral de vez en cuando.
-De nada. Odio ver a una mujer refunfuñando sobre una taza de té.
Bella se echó a reír, pero no estaba segura de si se reía de sí misma o de él.
-No suelo refunfuñar, pero soy un genio de la culpabilidad. Había veces, cuando llevaba a Ben en ese terrible remolque, en las que llamaba a mi madre solo para que me dijera que no por eso mi hijo iba a ser un maniaco homicida.
-Yo pensaba que ese tipo de cosas se compartían con el marido.
-No habría tenido... -se interrumpió. Era tarde, estaba cansada y se sentía demasiado vulnerable-. Te prepararé el café -empezó a decir.
-No quiero que me esperes -posó la mano en su brazo y, aunque el roce fue ligero, fue suficiente para que Bella se apartara.
Porque sentía una urgencia, imposible, increíble, de estar en sus brazos. Quería acurrucarse en ellos, quería abrazarlo sin que hubiera preguntas. Pero, por supuesto, él las haría. Siempre preguntaría, y ella no siempre podría contestar. Bella recobró la compostura y se mantuvo a una distancia prudente.
-No quiero que me entrevistes ahora.
-No has hecho ninguna mención a la faceta de Jacob como padre. ¿Por qué?
-A lo mejor porque no has hecho ninguna pregunta al respecto.
-Te lo estoy preguntando ahora.
-He dicho que ahora no quiero que me hagas preguntas. Es tarde y estoy cansada.
-Y estás mintiendo -la agarró del brazo, haciendo que el corazón le latiera erráticamente.
-No sé de qué estás hablando.
Edward ya estaba harto de evasivas, harto de mirar aquel rostro y saber que nunca vería la verdad reflejada en él.
-Cada vez que me acerco a ciertos temas, me das ese tipo de respuesta. Respuestas muy precisas y perfectamente ensayadas. No puedo menos que preguntarme por qué. Por qué quieres encubrir a Jacob Black?
Le estaba haciendo daño. No en el brazo, apenas podía sentir sus dedos sobre él, pero le estaba haciendo daño en rincones muy profundos que Bella se había engañado al pensar que estaban a salvo.
-Era mi marido, ¿no te parece suficiente?
-No -podía percibir la emoción que hacía temblar su voz. Así que iba a presionarla en ese momento-. La hipótesis que estoy manejando es que, cuanto mejor quede él, mejor quedarás tú. Y si consigues aparentar que el vuestro era un matrimonio feliz, Janice Black estará feliz. Jacob era hijo único y alguien tendrá que heredar todo ese dinero.
Por segunda vez, la vio palidecer, pero en aquella ocasión reconoció la rabia en su mirada, no el miedo. Crecía en su interior, podía sentirlo; podía sentirlo rozando simplemente su brazo. Y él quería aquella rabia. Quería que las lágrimas desgarraran su compostura y abrieran el camino a la verdad. Y a ella.
-Déjame irme.
Su voz vibraba en medio del silencio de la cocina. Tras ellos, un tronco se rompió en la chimenea y las chispas crepitaron contra la pantalla. Ninguno de ellos lo notó.
-Antes quiero una respuesta.
-Pareces tenerlas todas.
-Si quieres que piense de otra forma, dímelo.
-Me importa un comino lo que puedas pensar.
Y tras decirlo, Bella se dio cuenta de que aquella era la mayor mentira que había dicho en su vida. Le importaba, y porque le importaba, su acusación le había dolido. Le había pasado en otras ocasiones y había comprendido que lamentarse por ello para lo único que servía era para humillarla.
-Te diré lo que quieres oír y ni una palabra más. He elegido explotar mi matrimonio, comerciar con la muerte, la fama y la reputación de mi marido. Y como estoy segura de que Janice Black leerá el libro, quiero que quede satisfecha con los resultados. Evidentemente, quiero que piense que mi matrimonio con Jacob era un matrimonio sólido. Y si quieres otro tipo de información, no la vas a obtener de mí, ¿satisfecho?
Edward la soltó. En cuestión de segundos, Bella había confirmado todo lo que pensaba de ella y había contradicho todo lo que empezaba a pensar.
-Sí, satisfecho.
-Estupendo. Si tienes más preguntas que hacer, hazlas mañana, cuando la grabadora esté en funcionamiento.
Mientras la observaba marcharse, Edward se preguntaba cuánto tiempo tardaría en separar las mentiras de la verdad.
Espero les ste gustando jeje xq x lo que se ve se sta poniendo interesante verdad?
reviews?
