.


Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA


.


III


.

.

Su aroma, su calor, sus caricias, el sonido de su voz, de su risa y nuestra tranquila conversación.

Me sentía en casa de nuevo, como antes.

Parecía ser que el primer asalto no había sido suficiente. Después de ese, le había seguido rápidamente el segundo, obligándonos, al final, a quedarnos dormidos en seguida.

El tercero había sido Bella buscando guerra, y yo encantado la había enfrentado, quedándonos de nuevo dormidos a causa de la gran batalla. Pero eso no había sido el final, pues en sueños, por si no me había bastado despierto, había tenido una ensoñación de lo más erótica y caliente, y me había despertado con un grave problema, obligándome a despertar a Bella para solucionarlo rápidamente.

Sabía que nunca podría cansarme de ella; de su sabor, de su olor, de su suavidad y del sonido que su garganta dejaba escapar a causa del placer que yo le provocaba. Solo esperaba que estos años de facultad pasasen muy rápidos para disfrutarla como era debido.

– ¿Te acuerdas de la primera vez que lo hicimos? – Preguntó dejando escapar una pequeña risa, acercándose más a mi cuerpo.

Estábamos desnudos, arropados por el nórdico y por nuestros cuerpos.

– ¿Cómo olvidarlo? Éramos tan inexpertos. – Contesté dejando escapar una pequeña sonrisa, mirando al techo, recordando aquel episodio de mi vida como lo más especial que había vivido nunca.

–Ni que ahora fuéramos profesionales en la materia. Te recuerdo que tan solo llevamos practicando sexo desde hace unos pocos meses. – Murmuró dejando un beso en mi pecho. Después se removió y alzó su cabeza para mirarme en la oscuridad de mi habitación.

Solo la luz de la luna alumbraba débilmente mi habitación, pero era suficiente para poder perderme en su mirada.

–Haciendo el amor. – Le corregí sin dejar de sonreír.

–Bueno, pues haciendo el amor. – Repitió ella, dejando un beso en mis labios.

–Y ya... – Le di la razón. – Pero me refiero a que… ¡Dios! Quería que la noche de nuestra graduación fuese inolvidable, y…

–Y lo fue. - Me cortó.

-Sí, pero… – No pude evitar reír entre dientes. –… qué preocupación. Yo no quería hacerte daño… – Seguí diciendo, dejando de mirarla cuando los recuerdos de aquella noche volvieron a hacer eco en mi memoria.

– ¿Y qué me dices de los primeros intentos? – Preguntó soltando de nuevo una risa contagiosa.

–No me lo recuerdes. – Una de mis manos, que como la otra, estaba perdida por su espalda, ascendió hasta su nuca y la presioné para poder alcanzar sus labios. – Fue tan vergonzoso.

–No, fue bonito. Los dos haciendo el amor por primera vez. Los dos dejando de ser vírgenes juntos. ¿Te das cuenta de que hasta eso hemos compartido? – Preguntó mirándome de nuevo. Podía discernir el brillo de sus ojos a pesar de la poca luz que había y eso me maravillaba.

–Me doy cuenta de que estamos hechos el uno para el otro. – Dejé un beso más en sus labios. – ¿Te has acordado de traer lo que te pedí? – Le pregunté cambiando radicalmente de tema.

– ¡Sí! – Exclamó en un susurro, levantándose de la cama.

La había visto desnuda. No tantas veces como a mí me habría gustado, ya que había estado soñando con ella mucho antes de ser consciente de mi enamoramiento, pero su visión jamás me dejaba insatisfecho. Toda ella me encantaba. Así que no pude evitarlo, tuve que darle una palmada a su trasero. Eso le pasaba por ser tan malditamente tentador.

– ¡Ey! – Se quejó medio sonriendo.

–La culpa es suya. – Contesté dejando salir una sonrisa, mientras señalaba su trasero.

Ella hizo un gracioso mohín tímido antes de seguir su camino.

Cogió su bolso que estaba al lado del escritorio para volver a sentarse en la cama, encendiendo la luz de la lamparita de mi mesita de noche. Sacó su cartera y la abrió.

–No puedo creer que no tengas ninguna foto mía. – Parecía un poco ofendida, aunque tratara de disimularlo.

–Tengo una, pero estás unos cuatro o cinco años más joven. – En ese momento en su cartera se dejaron ver dos fotos. Una me sonaba bastante, pero la otra…

–Dios, Bella. ¿Qué haces con esa foto? – Pregunté divertido. – ¿Cuántos años debía tener ahí? ¿Doce?

–Trece. – Dijo pasando suavemente dos de sus dedos por la foto de manera cariñosa. – Y estabas guapísimo. – Aquella afirmación de sus labios había salido con una enorme adoración. Algo que no podía entender, pues a esa edad ¿Quién demonios podía encontrarse atractivo?

–Deberías tirar eso.

– ¡Eh! Déjalo… No pienso tirarla, es mía y me encanta. ¿De acuerdo? – Argumentó seria, dejando ver un segundo después su sonrisa.

–Bueno, está bien. ¿Me enseñas lo que me pertenece? – Pregunté besando su hombro desnudo sin dejar de mirarla a los ojos.

Metió los dedos por detrás de mis fotos y sacó otra. La mía.

Salía ella al sol de California, con un sombrero naranja, unas gafas de sol y una camiseta blanca. Simplemente preciosa.

En seguida se la quité y me senté bien en la cama para observarla con detenimiento.

– ¿Te gusta? – Me preguntó.

–Sales guapísima. Me encanta. Gracias. – Susurré llevando mis labios a los suyos para acariciarlos lentamente.

Escuché como dejaba caer su bolso al suelo y me quitó la fotografía de las manos dejándola sobre mi mesilla de noche para después rodear mi cuello con sus brazos y profundizar el beso.

–No puedo cansarme de ti – Susurró entre besos.

–Yo tampoco de ti. – Contesté.

Sus ojos me observaron de nuevo. Y no dudé en volver a perderme en ellos, sabiendo que me quedaba poco tiempo para hacerlo. Quería que el recuerdo que tuviese de ella cuando estuviese en Boston fuese lo más cercano a la realidad posible.

Dejó un suave y dulce beso en mis labios.

– ¿Me dejas una camiseta para dormir? – Preguntó. Yo reí negando con la cabeza.

–Claro, coge la que quieras.

Me sonrió antes de levantarse e ir hasta el armario, de donde cogió una camiseta lisa de algodón de color verde del cajón de abajo. Observé como se la ponía. Le quedaba grande y ancha, a medio muslo, pero desde la primera vez que la vi con algo mío puesto supe que jamás había visto algo más sexy.

–Y ahora a dormir. – Me susurró, dejando un beso en mis labios antes de apagar la luz de la lamparita, rodear mi mano con la suya y darme la espalda aferrándola a mi pecho y obligando a mi brazo, más que encantado, a rodear su cintura.

–Entendido, señorita – Contesté dejando un beso más en su coronilla y abrazándola.

Me daba la impresión de que nos íbamos a despertar muy tarde…

–Ugh, creo que voy a vomitar. – Escuché a Mike a mi lado.

Su comentario provocó que interrumpiera la sesión de suaves y dulces besos que mis labios estaban ofreciéndole al cuello de Bella, quien estaba sentada entre mis piernas, frente al mar. Había demasiadas nubes, y una ligera brisa fría acariciaba mis mejillas. Las manos de Bella, entrelazadas con las mías bajo una mantita, reaccionaron ante la detención de mi placentera acción.

Sonreí y volví a dejar un beso más en su cuello antes de dirigir mi mirada hacia el mismo lugar al que observaba Mike.

Era sábado, el día en el que todos nosotros nos despedíamos.

La fiesta organizada por Rose para después de la cena de Acción de Gracias dio como fruto una pareja más: Jake y Leah.

Los había notado muy pegados desde que había vuelto de viaje, pero lo que jamás me había podido imaginar era que acabarían así de juntos. Digo, podía comprenderlo. Yo era un tipo enamorado que no podía pasar más de dos segundos sin estar en contacto con Bella. Pero, ¿Jake y Leah? Ellos dos solían tener innumerables discusiones y peleas. Eran los componentes del grupo que parecía que menos se soportaban desde siempre. Por eso Bella y yo nos habíamos sorprendido el viernes, cuando los vimos aparecer de la mano entrando a la Taberna de Walter.

No habían querido hablar nada al respecto, aunque bueno, era algo que tenían en común: eran muy reservados. Y eso no me parecía que encajara muy bien en el esquema de que si eran reservados mostraran tan abiertamente sus sentimientos por el otro frente a todos nosotros.

Habían caminado hasta la orilla de la mano. Jake la cogía en brazos dando vueltas en círculo y Leah gritaba llena de felicidad entre risas.

–Supongo que vas a ser el último de nosotros en emparejarte. – Le dije a Mike, quien con su dedo índice hacía formas sin sentido en la arena.

Mike no dijo nada, siguió mirando a la arena moviendo su dedo.

Supuse que quizás no se sentía muy bien por el hecho de que Jake ahora no lo acompañaría como soltero. Era el único del grupo sin pareja y eso debía ser, sin duda, algo que le debía afectar.

–Algún día llegará Mike. – Escuché murmurar a Bella, quien lo observaba. – Solo tienes que esperar a la correcta.

Mi mejor amigo alzó la cabeza y se quedó observando a mi novia fijamente sin mover un solo músculo facial, con la mirada irritada. Quizás las palabras de Bella no le habían sentado del todo bien, pero no podía quitarle razón a ella.

Mike era algo parecido a Jake. No se sentía cómodo abriendo sus sentimientos frente a nuestro grupo. Supuse que por eso llegamos a ser mejores amigos, porque todo lo que él sentía me lo confiaba solo a mí. Y yo me sentía algo así como alguien importante e imprescindible en su vida. Lo había llegado a ver casi como a un hermano. Estaba claro que primero, en esos momentos, estaba mi novia y que ella no tenía nada que ver con lo que sentía hacia Mike.

Por Bella era capaz de hacer todo lo que ella me pidiese y más. Aunque no estuviese en mis manos, estaba seguro que sería capaz de conseguirlo de alguna manera. Ella era la otra mitad de mi alma, aquella parte de mí que quería proteger con todas mis fuerzas, aun incluso si eso significaba perder la otra mitad, que era yo. Eso lo tenía muy claro.

Estaba muy seguro de poder hacer lo que hizo Ben Thomas por Emily Posa en Siete Almas si eso significaba evitar su muerte. Podría planear mi muerte para salvarla a ella. Y estaba claro que por Mike no lo haría, al menos en las condiciones en las que mi vida se encontraba en esos momentos: con Bella a mi lado, haciéndome la persona más feliz del mundo aun en la distancia.

No. Con él sería un perro egoísta. Pero suponía que eso era algo comprensible. Él seguramente, si al algún día se enamoraba de una chica de la misma forma de la que yo estaba enamorado de Bella, me comprendería.

Hacía él sentía un sentimiento de camaradería importante. No podía olvidar que él fue uno de esos chicos que me confesó que le gustaba Bella al principio en el instituto, pero pareció pasársele cuando comenzó a salir con Lillibeth.

Debía admitir que me había distanciado en esa época de él. Tampoco lo consideraba mi mejor amigo, ya que en aquella época era el amigo inseparable de Bella, pero sí era el chico con el que más me relacionaba de todos. Poco a poco, cuando Mike comenzó a saltar de flor en flor y todo lo de Bella había parecido olvidársele, comenzamos a apegarnos más, como antes.

Yo hablaba de las reservas de mis amigos, aunque yo no había sido menos. Jamás había abierto mi boca en cuanto a mis sentimientos por Bella. Pero había sido por miedo más que por otro aspecto. La amaba tanto que tenía miedo de perderla si ella no sentía lo mismo y consideraba que era una locura.

Cuando Mike se enteró de que yo amaba a Bella fue cuando nos presentamos al siguiente día de confesarnos nuestros sentimientos frente a nuestros amigos de la mano y más acaramelados de lo normal. Supuse que el que yo le hubiese ocultado algo tan íntimo que se suponía que debía haberle confiado por ser mi mejor amigo le cayó muy mal, pues estuvo serio durante todo aquel rato.

Me sentí mal por ello. Así que cuando tuve oportunidad de disculparme lo hice, asegurándole que no tenía que ver con la confianza que tenía en él, sino que me aterraba que si alguien más sabía de mis sentimientos y por alguna extraña razón esa persona de algún modo desafortunado se enteraba de que Bella jamás podría sentir lo mismo que yo sentía por ella, mi preciosa princesa se esfumara de mi vida, o que todo entre nosotros cambiara.

Supuse que desde ese momento debió sentir algo en contra de Bella también, y aunque mi novia no me lo había dicho, sabía que Mike no era del todo de su agrado. Y eso no me gustaba en absoluto.

Por eso me sentí orgulloso de Bella cuando en ese mismo instante intentó ser amable y comprensiva con él, aunque él eso no pareció importarle, porque seguía con esa mirada enfadada y recriminatoria. Algo que jamás entendería.

Presioné con más fuerza la cintura de Bella entre mis brazos, al igual que hice con sus manos que aún estaban entrelazadas con las mías, agradeciéndole de alguna forma lo que acababa de hacer. Volví a dejar un beso más en su cuello.

Sería el último día que estaríamos juntos antes de volver a nuestras universidades. Al día siguiente era domingo y nuestros vuelos salían temprano. Así que no pensaba desperdiciar ni un segundo junto a ella.

–Bella tiene razón, Mike. – Dije, provocando que sus pupilas se movieran hasta las mías.

Él suspiró y sin decir ni una palabra más continuó con su trabajo en la arena.

Y yo solo me di por vencido. Si Mike no quería hablar del asunto cerraría mi boca y frunciría mis labios para seguir besando a mi novia hasta algún momento en el que pudiese estar a solas con él y animarlo abiertamente.

Ese momento llegó cuando, minutos después, llegó Emmett con Rose y Jasper con Alice y ésta última me robó a Bella, llevándose a Rose en el acto, supuse para hablar sobre temas privados de chicas, o quizás debía decir mejores amigas.

No quería ni imaginar cuánto sobre mí sabían esas dos de mis habilidades en el sexo. Era evidente que ellas se contaban esas cosas. Lo sabía, pero me daba igual; ellas se emocionaban mutuamente entre ellas hablando sobre esos temas y alguna vez Bella venía con ganas de poner en práctica alguna nueva lección que estaba seguro, aunque ella no lo admitía, que sus experimentadas amigas le habían comentado para añadirla a nuestra lista en nuestra propia versión.

Jake seguía divirtiéndose junto a Leah, pero más tranquilamente. Estaba a punto de pedirles que se fueran a un lugar más privado. Acabaría dándole la razón a Mike.

Jasper golpeó un balón con la punta de su pie, haciendo toques.

– ¿Os apetece? – Preguntó simplemente, guardando la concentración, dando por hecho que sabíamos a qué se refería.

– ¿Ya has calentado? – Preguntó Emmett con una sonrisa ya de pie y listo. – Os voy a machacar, ¿vienes en mi equipo, Edward? Vamos a enseñarles quienes son los reyes del balón a estos dos antes de volver a nuestras aburridas obligaciones.

Emmett y yo solíamos ser invencibles cuando jugábamos, si íbamos juntos, aunque en el equipo contrario fuesen tres. Pero en esa ocasión me reuniría más tarde con ellos.

Me reí por su comentario. –Serán aburridas para ti, a mí me encanta lo que estudio.

–Yo me quedo aquí. – Murmuró Mike.

–Y yo me quedo un rato también.

Emmett me miró como si de repente algo extraño estuviese pasando en mi rostro.

–Vamos, tíos. ¡No seáis así! Podemos divertirnos un día más antes de que todos volv…

–Sí, Emmett. Te aseguro que vamos a volver a brillar juntos, pero necesito unos minutos, ¿quieres? – Emmett suspiró y se giró para robarle el balón a Jasper en pleno vuelo.

–No tardéis.

Miré a Emmett y a Jasper alejarse y después desvié mi mirada hacia las chicas, quienes estaban muy entretenidas hablando sobre algo secreto por lo que parecía, ya que mantenían sus rostros muy cerca y después se aguantaban sus estómagos riendo con verdaderas ganas.

Me fijé en Bella. No debía haberme permitido que se alejase sin la manta. Sabía que tenía frío. Cada dos por tres tiraba de los puños de su jersey tapándose las manos y luego las cerraba en puños, sujetándolo de esa forma. Además no dejaba de mover los pies y cruzar sus brazos bajo su pecho.

–Una chica puede llegar a ser muy importante en tu vida, Mike. – Murmuré sin dejar de mirar a Bella.

– ¿Qué quieres decir con eso? – Preguntó él con la voz algo desganada.

–Supongo que no sé cómo debes sentirte ahora, pero puedo intentar imaginármelo un poco. Jake está feliz ahora con Leah y te has quedado un poco al margen. Aunque sinceramente no es lo que pienso, puedo llegar a comprenderlo. – Suspiré. Mike ahora miraba al mar, serio y desanimado. – Que yo esté con Bella, que Jake esté con Leah, no significa que dejes de importarnos, Mike.

–Soy un jodido apestoso. – Murmuró él. – Nunca podré tener a la chica que quiero, Edward. – Y esa afirmación salió con la voz teñida de odio. Eso, por alguna extraña razón me hizo quedar algo confuso.

– ¿Estás enfadado? –Esperé unos segundos, pero él no habló. – Mike… – Suspiré. – Debes confiar en mí como nunca antes lo hayas hecho. ¿Ha pasado algo en estas semanas con alguna chica que yo no sé? – Él rio irónicamente.

–Por supuesto que no.

– ¿Entonces simplemente es porque Jake está empezando a salir con Leah? – Él no contestó de nuevo. – Mira Mike, esto lo has vivido prácticamente con todos nosotros, aunque yo también debo confesar que jamás había imaginado ver a Jake y Leah de esa forma tan… no sé si es la palabra adecuada, pero ¿pegajosa? – Logré con eso que Mike dejase escapar una sonrisa.

–No intentes hacerme sentir mejor. De todas formas ahora estáis todos muy esparcidos por otros estados, realmente no me preocupa que Jake haya encontrado a Leah, o que Leah haya encontrado a Jake. – Dijo él mirándome. Su mirada ahora se mostraba convincente.

–Pues no lo entiendo. Quiero ayudarte, pero me lo estás poniendo difícil. – Dije perdiendo un poco la paciencia.

–-Es solo que tengo que hacer algo para no acabar solo. – Y aquellas palabras sonaron terriblemente desesperadas.

–No tienes que hacer nada, Mike. No te obsesiones. Ignoro tanto como tú cuándo llegará tu chica, pero las cosas caen por su propio peso y no dudes que ella llegará en el momento preciso y adecuado. Quizás aquí o ¿quién sabe? Podrías probar en Boston – Mi voz de repente cobró ese tono de fraternidad entre dos buenos amigos, casi hermanos. Mike negó sonriendo con la cabeza.

–Eres el único que piensa que algún día encontraré a la chica de mi vida. Ni creas que me he tragado la frasecita de Bella. – Confesó.

–Ella solo estaba tratando de ser comprensiva contigo. – La defendí.

Él volvió a negar con la cabeza, dio una fuerte palmada en mi espalda y con ánimos repentinamente renovados se puso de pie y comenzó a caminar hacia donde Emmett y Jasper jugaban.

–Mueve tu jodido trasero y disfruta con nosotros éste último día. – Gritó él dándome la espalda.

Sonreí negando con la cabeza y miré de nuevo a Bella quien seguía muerta de frío. No me lo pensé más, recogí la manta al mismo tiempo que me levantaba y caminé hacía las chicas. Estaban tan entretenidas contando, supuse, algo tan altamente secreto que ni se dieron cuenta de que yo me estaba acercando.

– ¿En serio puedes hacer eso? – Preguntaba Bella asombrada. A pesar de que fue un murmullo, la dirección del viento hizo que la conversación llegara a mis oídos.

–Claro que sí, Bells. – Respondió Rose. – Tengo dos buenas pechugas para abrazar a ese enorme pedazo de carne que tiene mi novio entre las piernas. – Ag. Por dios, sabía que estaban hablando de eso.

–Alice y yo andamos un poco escasas. – Decía Bella. Intenté aguantarme la risa que esa afirmación me provocaba. Bella no tenía los pechos del tamaño de Rose, pero los prefería con diferencia. Simplemente porque eran de ella y a mí me volvían loco.

–Habla por ti, primita. Yo sí me veo capaz de… ¡Ops! – Alice enmudeció cuando me vio a dos metros de ellas poniéndose las dos manos en los labios.

– ¿Podrías ser un poco más ruidoso? ¿O lo estabas haciendo a conciencia? – Preguntó Rose de brazos cruzados, un poco a la defensiva.

–No he hecho nada a conciencia, Rose. Y deja de mirarme así, no sé de qué estáis hablando. – Mentí. – Solo he venido a dejarle la manta a Bella. – Expliqué rodeando con ella su cuerpo y dejando un beso en sus labios. – Vuestros novios y Mike me reclaman. – Les dije a Alice y Rose. –Podemos irnos si tienes mucho frío, princesa. – Le susurré a Bella. Ella negó con la cabeza.

–Estoy bien, pero no creo que debamos tardar mucho en irnos. Recuerda que mañana debemos madrugar y si voy a quedarme en tu casa a dormir… – A medida que su frase avanzaba su voz se iba convirtiendo en un susurro y sus labios se acercaban más a mi oído. – …debemos descansar también.

La última noche…

Sabía que acabaría como la primera última noche que pasamos antes de separarnos, pero era eso o desperdiciar tiempo con ella.

–Vale, pero solo avísame cuando quieras que nos vayamos. – Respondí, agachándome para abrazarla y besarla en los labios dulcemente.

– ¿No son monos? – Escuché la voz de mi prima, y eso hizo separarme de Bella con una sonrisa, apoyando mi frente en la suya.

–Son demasiado babosos. – Contestó Rose.

–Tú no sabes lo que es tener a tu novio lejos, Rose. – Nos defendió mi prima.

–Solo avísame. – Repetí de nuevo en un susurro ignorando la pequeña trifulca de opiniones que se había formado entre Alice y Rose. Ella asintió.

–Te quiero. – Dijo aferrándose a mí con más fuerza.

–Y yo a ti te adoro. – Dije antes de alejarme y reunirme con mis amigos.


.

Bueno chicas, aquí tenéis el tercer capítulo. Espero que lo disfrutéis :) He subido un par de imágenes: una del capítulo II, otras dos del capítulo III. El próximo capítulo lo subiré el jueves, y estaremos en Boston con la visita de alguien.

Muchas gracias por los reviews y nos leemos pronto.

Un besote!