.
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA
.
IV
.
.
El bullicio de la puerta por donde saldrían los pasajeros procedentes de Seattle comenzó a agobiarme. Había dos personas de mediana edad con una pancarta enorme de bienvenida para alguien llamada Mary. Justo al lado de ellos dos hombres negros con túnicas largas y coloridas se encontraban entretenidos manteniendo una conversación en su idioma de lo más entretenida, según parecía. Un poco más adelante, casi a la altura del pasillo por el que saldrían los pasajeros, una niña de unos cuatro años estaba en brazos de su madre mirando con atención la puerta.
Avancé con cuidado un poco más hacia delante intentando ver a mi amigo pero era casi imposible. Tenía al lado un hombre del tamaño de Emmett con un semblante de muy pocos amigos a quien no quería enfadar, y en frente a un tipo alto, más que yo, no tan fornido como el de mi derecha, pero que tenía, de espaldas al menos, un aspecto de chusma increíble con ese pelo engominado reunido en una coleta baja.
Decidí que lo mejor era molestar a la señorita de mi izquierda. Una joven que no debía pasar de los veinticinco años y quien miraba con ansias la puerta.
–Lo siento. – Me disculpé antes de molestarla y avanzar hasta la altura de la niña de cuatro años en brazos de su madre.
Los pasajeros comenzaron a desfilar por el pasillo, reuniéndose uno a uno con sus familiares, pero yo no lograba interceptar a Mike aun.
Una chica de unos veintisiete años se reunió con aquellos que sujetaban la pancarta. Un hombre negro, vestido en traje de chaqueta del mismo color, se reunió con los dos hombres con túnicas. Una chica llena de piercing se reunió con el del pelo engominado dándole un feroz abrazo. Después de uno o dos minutos, un hombre de unos treinta años, vestido en traje de chaqueta y portando un maletín, caminó rápido por el pasillo y se reunió con la niña de cuatro años y la mujer que la sostenía llenándolas a ambas de besos. Y la chica de los supuestos veinticinco años recibió con un abrazo y un ansioso beso al que supuse que sería su novio.
Eso me hizo pensar en Bella. Solo hacía dos semanas que habíamos vuelto a la universidad y me parecían dos siglos. Y ver a aquel hombre tan feliz al reunirse con las dos chicas de su vida me hizo sentir envidia.
Por supuesto que la última noche que habíamos pasado juntos no había sido fácil. Habíamos estado despiertos hasta bien entrada la madrugada, sin volvernos a importar si al día siguiente nos moríamos de sueño. Habíamos hablado de nuevo de nuestros miedos, y nos habíamos reído y excitado hablando de algunos temas más calientes. Habíamos hecho el amor y habíamos vuelto a hablar para después volver a hacerlo. Habíamos disfrutado de nuestras caricias en silencio, de los besos robados y correspondidos, de las miradas cargadas de significado y sentimientos, y en definitiva de nuestra presencia.
Pero después la mañana llegó y fue peor que la primera última noche que pasamos juntos. Sabíamos qué podíamos esperar estando separados, lo mucho que nos íbamos a echar de menos y nos íbamos a necesitar. Sabíamos a la perfección lo difícil que era estar juntos en la distancia, pero no por ello íbamos a hundirnos en la tristeza.
Prometimos sacar algo bueno de ello, fortalecer de ese modo más nuestra relación y darle un extra. Los reencuentros serían inolvidables y apasionados al igual que todas nuestras despedidas, pero merecería la pena. Sabía que sí, y ella también.
Además, nuestro próximo reencuentro no estaba muy lejos. Faltaba poco para Navidad.
Recordé como su mano se agitaba desde la puerta de su casa cuando me alejé con mis padres en coche. Ella no saldría de Forks hasta dos horas después para coger su vuelo. Así que tendría un poco de margen para despedirse de sus padres también.
Suspiré silenciosamente al observar la escena a mi lado. La pequeña gritando con esa voz chillona llena de felicidad "papi", su risa contagiosa mientras aquel hombre en esos momentos le besaba el cuello y le provocaba cosquillas, y la hermosa sonrisa de aquella mujer viendo la escena maravillada.
– ¡Ey! ¿Qué miras ? – La voz de Mike junto con un golpe de puño en la espalda me hicieron girar para encontrarme con mi amigo.
En seguida nos saludamos con un abrazo y un par de golpes en la espalda.
– ¡Uau! No sabes las ganas que tengo de que me lleves por ahí. He visto unas señoritas muy guapas por ahí dentro. – Murmuró con una sonrisilla pilla. Yo negué con la cabeza.
–Yo también me alegro de verte, Mike. – Contesté con una sonrisa.
El camino hasta casa con el taxi no fue en exceso largo, quizás debido a nuestra extensa conversación sobre los últimos partidos jugados de fútbol americano. No es que me aburriera, pero no era tan aficionado como mi amigo.
Mike me había tomado la palabra y no se lo pensó mucho para comprar un billete de avión y plantarse en Boston. Había sido todo muy repentino y apenas había tenido tiempo de prepararme para su visita. Ni siquiera sabía por dónde íbamos a salir, puesto que jamás me había llamado la atención hacerlo desde que había llegado a la ciudad.
Y sabía qué era lo que quería Mike: alcohol, chicas y sexo.
Estaba convencido de que en su cabeza se había formado mil y una expectativas sobre las dos noches que pasaría en Boston, concretamente en sus discotecas. Así era él.
El taxi paró frente al Starbucks y los dos bajamos para llegar hasta mi apartamento.
– ¡Es jodidamente enorme! – Exclamó.
–Sí, creo que me viene un poco grande. – Respondí con una sonrisa.
Tiró su equipaje sobre el suelo del comedor y comenzó a investigar el interior de la casa.
– ¿Dónde voy a dormir? – Preguntó desde mi habitación.
–Puedes utilizar el diván del comedor. No creo que estemos muy cómodos si dormimos en mi cama los dos. – Contesté. – Además, no es mi sueño dormir contigo precisamente. – El rio con ganas.
–Te aseguro que el mío tampoco. No cambio dos tetas por dos bolas. – Y ahí estaba Mike en su más puro estilo. –Ah, mira. – Dijo cogiendo el retrato que descansaba sobre mi mesa de noche. – Aquí tienes a Bellita. Hablé con ella hace unos días. – Fruncí el ceño.
– ¿Con Bella? – Pregunté bastante extrañado. Ella a mí no me había dicho nada, y ya no era solo eso. ¿Desde cuándo se caían tan bien como para hablar por teléfono?
–Sí, Bella. – Respondió dejándolo de nuevo en su lugar y girándose para mirarme. – Sé que no me he estado portando muy simpático con ella, así que… – Yo asentí, aunque realmente no me había gustado en absoluto enterarme por Mike que había hablado con ella. – Bueno y… ¿ya sabes dónde vamos a ir esta noche? – Preguntó entusiasmado, saliendo de la habitación para dirigirse al comedor. –Te aseguro que vengo con mi tarjeta de crédito cargada. Pienso invitarte a todas las rondas, ¡va a ser increíble! – Exclamó antes de tirarse sobre el sofá.
–Me han hablado sobre un lugar que parece estar bien. Por cierto no iremos solos, algunos compañeros de la facultad se han apuntado, si te parece bien.
– ¿Y compañeras? – Yo sonreí, negando con la cabeza y retirando sus pies del sofá de un manotazo para poder sentarme.
–Sí, vendrán algunas compañeras, pero no te pases con ellas, Mike. No quiero problemas. – Le advertí frunciendo el ceño. Él levantó sus dos manos.
–Tranquilo, no pienso hacer nada malo con ellas. – Su tono de voz pillo acompañado de su sonrisa y aquel movimiento sugestivo de cejas me hizo rodar los ojos.
–En serio, Mike. No quiero malas caras ni nada de eso. Pórtate bien con ellas. – Él bufó.
–Te estás volviendo un aburrido desde que estás con Bella. – Murmuró fastidiado. Yo simplemente lo dejé pasar. Él no tenía ni idea de lo que era estar enamorado.
–Por cierto, supongo que ya es hora de que cenemos. Después tengo que llamar a Ben para acordar donde nos encontramos. – Le informé. Él asintió, se levantó hasta su equipaje abriendo su maleta y empezó a rebuscar.
–Entonces antes de cenar voy a ducharme. – Yo asentí.
Su entusiasmo debería haberme contagiado de algún modo pero no lo logró.
Cuando Mike me anunció que iba a venir me alegré pero ahora simplemente me sentía algo fastidiado porque había venido a robarme mi tranquilidad. No tenía ganas de salir de las cuatro pareces de mi habitación, lo único que quería era dormir y volver a soñar con Bella. Pero de algún modo yo lo había invitado y bueno, él era mi mejor amigo, así que tenía que poner todo mi esfuerzo para que se lo pasase genial ese fin de semana que pasaría conmigo.
Mi móvil vibró, mostrando el número de Angie y fruncí el ceño algo confuso. No era con ella con quien tenía que hablar. Yo mismo había quedado en llamar a Ben.
– ¿Angie? – Pregunté extrañado.
–Ey, hola Edward. – Saludó ella con la voz un poco apagada. – Oye, siento tener que decirte esto, pero Ben y yo no vamos a poder salir. Al menos no esta noche.
Sin duda esa información llegó a fastidiarme. Angie y Ben eran las dos personas más parecidas a mí en esos momentos dentro del grupo que habíamos formado en la Escuela de Medicina. Aunque tampoco pude evitar preocuparme al escuchar el tono en el que me había dado su explicación.
– ¿Ha pasado algo? – Pregunté. Ella suspiró.
–Ben no está bien. Tiene la cabeza metida en el retrete cada dos por tres, ya me entiendes.
–Pero esta mañana estaba bien. – Le dije recordándolo esa misma mañana.
–Ha empezado a encontrarse mal hace un par de horas y está vomitando. – Escuché ruido al otro lado de la línea y luego un gemido forzoso. – Tengo que dejarte, de nuevo está en el retrete.
–Vale, Angie, tranquila. Saluda a Ben de mi parte y cuídale.
–Gracias. Adiós, Edward. – Respondió ella rápidamente antes de colgar.
Me dejé caer en el sofá derrotado. Ahora que no vendrían Angie y Ben, tendría que lidiar con la compañía de mi fiestero amigo de Forks, Tanya, Victoria, Damon, Morgan y Yuu. Al menos Yuu era un poco más serio que los demás, aunque demasiado inocente también, o al menos era lo que me parecía.
Busqué en los contactos de mi móvil el número de Yuu para quedar con él y crucé los dedos para que estuviese en perfectas condiciones.
El chico sonó igual de fastidiado que debí sonar yo cuando le conté lo que le había pasado a Ben. Sí, sin duda él era de los míos. Logré quedar con él en The Black Rose, cerca de Christofer Columbus Watherfront Park, y también del aeropuerto Logan. Él me aseguró que se encargaría de avisar a los demás.
Sin poder aguantar más tiempo, marqué el número de Bella de memoria y esperé a que ella contestase el móvil, esperando que Mike tardara más.
–Hola, princesa. – Contesté cuando ella me saludó.
– ¿Ya estás con Mike? – Preguntó ella.
–Sí, aunque él está ahora en la ducha. – Me tomé la libertad de acabar de acomodarme en el sofá y me tumbé, cruzando mis pies.
–Pues yo estoy sola. Alice y Rose han salido de compras aunque no creo que tarden en llegar. – Me dijo ella con el tono de voz algo apagado.
– ¿Estás bien? – Escuché su suspiro profundo.
–La verdad es que me gustaría ser Mike en estos momentos. – No pude evitar reírme.
– ¡Vamos, Bella! No digas tonterías. Dios quiera que jamás suceda eso. ¿Qué sería de mí si tú fueras Mike? – Ella rio entre dientes.
–Sí, tienes razón, ha sido una bobada. Pero es que tengo ganas de verte.
–Yo también te echo de menos pero la semana que viene volveremos a estar juntos. – El silencio se abrió paso entre nosotros a través de la línea telefónica y mi mente recordó lo que Mike me había dicho hacía unos minutos. – Oye, ¿por qué no me habías dicho que Mike te había llamado? – Intenté que mi voz sonara tranquila y normal.
–No sé. – Respondió ella. – Supongo que no le di importancia. – Después suspiró. – Imagino que cuando hablamos me olvido de todo lo que he hecho durante el día. – Una sonrisa se dibujó en mi rostro.
–Es nuestro momento del día.
–Ajá. – Su voz seguía siendo apagada. – Oye, Edward…
–Dime.
– ¿Y con quien vais a salir esta noche? – Intenté reprimir una carcajada, sabiendo que si ella me escuchaba podría enfadarse. Así que esa era la razón de su estado de ánimo.
–Con unos compañeros de la facultad. – Una vez más silencio. – Bella no tienes por qué preocuparte de nada.
– ¿Van muchas chicas? – Puse los ojos en blanco.
–Tanya y Victoria.
– ¿Y cómo son ellas? – Mojé mis labios tratando de tranquilizarme. ¿Por qué tenía que hacerme esto?
–Pues un par de simples chicas, Bella. Nada más que un par de compañeras que no tienen la más mínima posibilidad de conseguir nada conmigo aunque ellas quisieran. ¿Entiendes?
– ¿Son guapas? – Volvió a preguntar.
– ¡Por el amor de Dios, Bella! – Exclamé perdiendo la paciencia, sentándome en el sofá. – ¿Es que no confías en mí?
–Sí, sí confío en ti. – Después escuché otro suspiro. – Lo siento.
–Sé que la distancia no es fácil pero tienes que confiar en mí, preciosa. – Contesté más calmado. – Mira, conociéndote sé que no vas a pegar ojo esta noche mientras te imagines que estoy por ahí con Mike y esas dos chicas. Así que, ¿qué te parece si me llamas? – No me hacía gracia en absoluto, porque eso sería una señal de desconfianza hacia mí, pero estaba dispuesto a ponerle las cosas más fáciles.
–Yo… Edward no desconfío de ti. Lo siento, ha sido una estupidez por mi parte. – Yo suspiré más aliviado al mismo tiempo que escuché la puerta del baño abrirse.
–Tengo que dejarte. Mike acaba de salir del baño y tenemos que cenar.
–Tranquilo, lo comprendo.
–Te quiero muchísimo, no lo olvides. Eres mi vida, Bella. – Mis palabras sonaron tan veraces como eran mis sentimientos.
–Lo sé, yo también te quiero, Edward. Pásalo bien.
–Hasta mañana, princesa.
–Hasta mañana.
Me quedé mirando el móvil un poco preocupado cuando colgamos. Me di cuenta de que no había sido del todo comprensivo con ella.
Para mí no había más mujer que Bella en mi vida. Me era imposible imaginarme con alguna otra chica. Supuse que por eso había reaccionado tan a la defensiva. Aunque podía entenderla si yo mismo hurgaba en mis miedos y ahí, alejados de todos los demás, podía encontrar el miedo a que otro chico me la quitase.
Era algo a lo que nos habíamos expuesto cuando decidimos separarnos para estudiar, eso estaba claro. Pero yo intentaba confiar una y otra vez en nuestra relación, en los fuertes sentimientos que la caracterizaban y en la confianza que nos teníamos mutuamente. Nada podría con nosotros si creíamos en lo nuestro y confiábamos en que todo saldría bien.
Por eso me aterrorizaba que en algún momento ella perdiese la confianza.
– ¿Crees que las chicas se me tirarán al cuello? – Preguntó Mike apareciendo por el comedor. Llevaba un polo azul y unos vaqueros. Yo me encogí de hombros, afectado aun por mi conversación con Bella. – ¿Acabas de hablar con ella? – Adivinó señalando con su cabeza en dirección a mi móvil.
–Sí. – Suspiré levantándome del sofá e intenté cambiar mi ánimo. – He quedado con Yuu sobre las 11:30 p.m. en The Black Rose, dice que va mucha gente de nuestra edad y que sirven unas cervezas deliciosas.
– ¡Ya quiero estar allí! – Exclamó Mike.
–Vayámonos a cenar algo. No pienso tenerte encerrado ya que has venido. – Dije cogiendo mi chaqueta y caminando hacia la salida.
Fuimos a cenar a un restaurante de comida rápida. Mi preocupación por Bella pasó a un segundo plano cuando me di cuenta de que estaba comenzándome a distraer con Mike. Seguramente ella se había quedado algo más tranquila, o eso esperaba.
Quizás no había sido tan mala idea que Mike viniera a Boston. Realmente necesitaba salir un poco de mi apartamento y despejar mi cabeza. Normalmente lo único que hacía era ir a clase y volver a casa a estudiar y pensar en Bella, pero siempre ponía alguna excusa cuando algunos de los de mi grupo me proponían hacer algo.
Lo único que había hecho alguna tarde había sido acompañar a Ángela y Ben a alguna cafetería y como mucho se había apuntado alguna vez Yuu con nosotros también. Y siempre acababa hablando de Bella, era algo que no podía evitar.
–Esto puede estar muy bien. – Murmuró Mike cuando salimos del taxi justo a la entrada de The Black Rose.
– ¡Ey, Edward! – Me giré al reconocer aquella voz. Tanya me estaba saludando junto a Victoria agitando una mano.
– ¿De dónde has sacado a tremendas mujeres? – Murmuró Mike entre dientes antes de que nos acercáramos hasta ellas.
–Hola. – Saludé con una sonrisa. – Chicas, él es Mike, un amigo de Forks. Mike, ellas son Tanya y Victoria.
–Encantado, señoritas – Ellas dos solo se limitaron a reír entre dientes.
–Mira, por ahí vienen Damon y Morgan. – Apuntó Victoria, mirando detrás nuestra.
– ¡Ey, Edward! ¡Hola preciosas! – Saludó Damon.
Él era tan alto como yo, atractivo a los ojos de las chicas. Ellas siempre solían quedársenos mirando a los dos cuando paseábamos juntos por la facultad para ir de un aula a otra. Era de piel pálida y ojos azules, más claros que los de Mike.
– ¿Aún no ha llegado Yuu? – Preguntó Morgan.
Él era el menos extrovertido de nosotros. Casi no hablaba, aunque era agradable tenerlo como compañía porque irradiaba paz. Era de piel tostada, moreno y de ojos oscuros como el carbón, los cuales quedaban tras unas gafas de pasta negra.
–No creo que tarde en llegar. – Opiné. – Aun no es la hora.
– ¿Y vas a quedarte mucho tiempo, Mike? – Preguntó Tanya.
–Oh, no. Solo vengo a pasar este fin de semana. Tengo que atender un negocio en Forks. – Respondió él.
– ¿Un negocio? – Interrogó Victoria.
–Sí, es familiar. Mi padre está enseñándome toda la gestión y todo eso. – Tanto Tanya como Victoria asintieron con la cabeza. Yo le pegué un vistazo a mi móvil, pero no tenía nada.
–Por ahí viene Yuu. – Escuché a Tanya.
– ¡Perdón! – Venía disculpándose. – Lo siento de verdad, pero el taxi que venía a recogerme se ha retrasado más de lo normal.
Los rasgos orientales de sus ojos parecían más achinados de lo normal y parecía realmente apurado por el supuesto retraso. Su cabello negro azabache y más liso que si alguno de nosotros se lo hubiese alisado con una plancha a doscientos treinta grados tenía un poco más de forma que otras veces en su flequillo.
–Tranquilo, Yuu, llegas puntual, ahora mismo son las 11:30 p.m. en punto, al menos en mi reloj. – Comentó Damon. – ¿Entramos, chicas? – Preguntó él, poniéndose en medio de las dos y pasando sus brazos alrededor de cada una de las cinturas de ellas, mientras las empujaba al interior.
–Tu amigo mola. – Murmuró Mike en mi oído. Yo solo puse los ojos en blanco.
Damon no tenía novia y estaba seguro de que no la estaba buscando tampoco. Él solía ser muy liberal con las chicas. Era el típico que cada dos días o tres tenía una cita con una diferente. Le encantaba usar palabras mágicas para regalarles el oído y conseguir lo que quería para después deshacerse de ellas. Era triste, o al menos yo lo veía de ese modo, pero en el fondo era un buen tipo. Era algo así parecido a Mike aunque su afición por las chicas era mucho más remarcable.
La música irlandesa inundó mis oídos nada más entrar. Había muchísima gente, casi todos entre unos dieciocho y veinticinco años. Las mesas estaban llenas de jarras de cerveza y el ambiente era agradable a pesar del bullicio que parecía empezar a haber.
Logramos encontrar un sitio en la barra.
–Es mejor que nos quedemos aquí hasta que alguna mesa se vacíe. – Me dijo Yuu al oído. Yo solo asentí.
– ¡Ey! ¿No queréis cerveza? Edward, no dejes que tu amigo se vaya de aquí sin probar una. No te lo perdonaría. Por cierto, soy Damon. – Se presentó él, ofreciéndole la mano a Mike.
–Yo Mike, amigo. – Contestó él estrechándosela con la suya.
– ¿Quieres una? En serio, debes probarla. – Le preguntó.
–Sí, claro. – Dijo Mike.
–Damon, yo pediré alguna más tarde. – Le dije a él.
– ¿Qué dices tío? Para una vez que sales, ¡que sea grande! Ya que tienes novia al menos ponle los cuernos con otro tipo de rubia. – Dijo guiñándome un ojo, refiriéndose a la cerveza. Yo reí, Damon era Damon.
–No, en serio, ahora mismo no me apetece. – Insistí.
–De acuerdo. Pero no puedes irte sin probar al menos una. – Yo asentí y volví a mirar mi móvil.
–Edward, por favor, deja eso ya. – Escuché a Mike a través de la música.
– ¿Qué? – Pregunté sin saber a qué se refería.
–Deja de pensar un poco en ella. Mira, sé que la quieres pero tienes ojos, amigo. ¿Has visto esa rubia? Tanya. Vamos, está buenísima. – Alcé una ceja incrédulo ante lo que mis oídos creían estar escuchando.
–Mike, no te metas con Tanya, por favor. – Le advertí. Él rio.
–No lo decía por mí, lo decía por ti, Edward. – Yo solo puse los ojos en blanco.
–Mike, si quieres que esta noche salga todo bien, mejor deja de decir las estupideces que están saliendo de tu boca. No las voy a consentir. – Le aclaré. Él solo bufó fastidiado.
– ¡Ey, Mike! Aquí la tienes. –Damon apareció con dos jarras de cerveza en su mano, delante de Yuu y Morgan quienes traían otras.
–Gracias. – Dijo Mike, quitándosela y llevándosela a los labios. – Está buenísima. ¿Quieres probar? – Me ofreció.
–No, más tarde. – Contesté y él se encogió de hombros dándose la vuelta.
– ¡Ey! ¡ ¿No nos has pedido a nosotras. Damon! ? – Preguntó Victoria.
–Yo os invito, chicas. – Se ofreció mi amigo. – Anda venid por aquí, estoy viendo un hueco en la barra más allá. – Ellas rieron y lo siguieron, y yo suspiré apoyándome en mi lado de la barra.
–Creo que a tu amigo le interesa Victoria. – Opinó Yuu, poniéndose a mi lado.
–Se la está comiendo con la mirada. – Continuó Damon, dando un trago a su jarra mientras miraba en su dirección.
Mike volvía a las andadas. Así jamás encontraría a su chica. Estaba diciéndole a Victoria algo en el oído y después se acercó a Tanya quien frunció el ceño por algo que él le había dicho, aunque después frunció los labios y una mueca llena de complicidad asomó en su rostro.
– ¿Habéis visto a Tanya? – Preguntó Damon. – Creo que le gusta tu amigo. Esto se está poniendo interesante ¿Te imaginas que al final acaban los tres liándose? – Soltó una sonora carcajada volviendo a beber.
–No, por Dios, Damon. – Le pedí. – En mi casa no va a entrar ni una señorita. Si Mike quiere hacer algo que lo haga en un coche, en un callejón ¡No sé! Qué se busque la vida. Mi apartamento no se va a convertir en un picadero este fin de semana.
–Sí que puedes llegar a ser aburrido. – Dijo él con una sonrisa. – Eres jodidamente raro. – Señaló.
–Di mejor: estás jodidamente enamorado. – Contestó Yuu. Eso me hizo volver a mirar mi móvil, pero no había nada. Descubrí que en el fondo deseaba que ella me llamase.
Damon acabó tan pronto como fue capaz de terminar su cerveza y volvió a pedir otra. Yo volví a negarme, diciendo que pediría alguna cuando me apeteciese. Después de unos minutos él y Morgan se pusieron a hablar con un par de chicas que estaban a nuestro lado en la barra y me quedé solo con Yuu, quien tenía su primera cerveza en la mano aun por la mitad.
Mike se había quedado en aquel lugar de la barra hablando muy animadamente con Tanya y Victoria, por lo que decidí dejarme de preocupar por él un rato y atender a la conversación que tenía con Yuu que no era nada del otro mundo tampoco.
Al poco tiempo conseguí un taburete. Eso fue un milagro puesto que el lugar estaba empezando a llenarse en exceso, resultando incluso agobiante.
–Tengo que ir al baño, Edward. – Dijo dejando la enorme jarra en la barra ya por fin vacía. – Ya sabes, la cerveza es diurética y mi vejiga no puede más. –Yo sonreí.
–Tranquilo Yuu, aunque creo que tendrás que tener un poco de paciencia. – Comenté mirando hacia la enorme cola que había para los aseos.
– ¡Oh, Dios! Vuelvo cuando pueda. – Yo asentí.
Suspiré sacando mi móvil al sentir una vibración. Era un mensaje de Bella. Una sonrisa enorme apareció en mi rostro.
.
Lo siento, pero no puedo dormir. Te quiero y te echo de menos.
.
No era extenso, sin embargo aquellas palabras eran suficientes para pensar en que me había comportado un poco duro con ella esa noche cuando hablamos. Me daba la impresión de que iba a ser más difícil de lo que jamás me había imaginado mantener la confianza que tanto nos teníamos cuando estábamos cerca. Y no podía culparla, porque en el fondo yo también estaba muerto de miedo.
Yuu regresó a los pocos minutos diciéndome que volvía a casa porque no se encontraba muy bien. Intenté despedirme de él con la mejor cara que pude aunque no sé si lo conseguí.
Mike, Tanya y Victoria parecían haber hecho muy buenas migas puesto que no habían vuelto hasta que Yuu salió por la puerta. Supuse que a mi amigo le había encantado el gesto que Damon había tenido con ellas al principio, pues venía en medio de ambas, rodeándolas con sus brazos.
– ¿Ya estás con el móvil? ¡Anda, ten! Tienes que probarla, está buenísima. – Insistió Mike. Puse los ojos en blanco cuando me di cuenta que Tanya traía dos jarras.
–Debías haberme pedido antes si quería, Mike. – Le reprendí antes de cogerla.
–No seas así. Anda, diviértete un poco. – Yo suspiré.
Dejé un minuto la jarra en la mesa para responderle el mensaje a Bella.
.
Hola, princesa. No te disculpes, por favor. Todo está bien, Mike como siempre, ya sabes. Acaba de traerme la primera cerveza, así que en cuanto me la acabe no dudes que te llamaré. Yo también te echo de menos. Te amo.
.
Esperaba no tardar mucho en acabarme aquella jarra, aunque la verdad temía terminármela por como era Mike. Seguramente me traería otra, y otra más. Cuando lograse hablar con Bella, la segunda podría tomármela con más calma y si me lo proponía incluso podría durarme toda la noche. Sí, era un buen plan.
Así que empecé a beber. Debía admitir que estaba muy buena. La música irlandesa no había cesado y la gente había aumentado. Cielos, esto resultaba agobiante. Estaba deseando terminarme la cerveza para salir de allí y airearme un poco al mismo tiempo que escuchaba la voz de Bella decirme que me amaba y me echaba de menos.
Damon y Morgan se habían alejado un par de metros mientras seguían hablando con las dos chicas del principio y Mike estaba muy entretenido con Tanya y Victoria. No sabía de qué debían estar hablando, pero parecían muy concentrados en lo que decían.
Agradecí que no estuvieran intentando integrarme en su tema de conversación pues lo único que deseaba era salir de allí para marcar el número de Bella. Miré la jarra. Llevaba un poco más de la mitad. ¡Era increíblemente enorme! Un poco ansioso dejé la jarra en la barra decidido a salir del lugar sin importarme si me la había acabado o no, pero tuve que detenerme cuando intenté levantarme.
Mis piernas flojeaban y un pequeño mareo sobrecogió mi cabeza dándome la impresión de que todo el local estaba dando vueltas. Cerré los ojos con fuerza varias veces, pero la sensación empeoraba.
– ¿Edward? – La voz de Tanya me hizo abrirlos de nuevo. – ¿Te encuentras bien, cariño? – Preguntó llevando sus manos a mi rostro.
¿Cariño? ¿Me había llamado cariño? Como pude, obligué a mis manos alzarse para prohibirle que me siguiera acariciando de ese modo. ¿Qué pensaba que estaba haciendo? Dios, y yo no podía moverme, ¿dónde cojones estaba Mike?
–Toma, bebe un poco, quizás te sientas mejor. – Volvió a hablar ella, esta vez con la voz algo distorsionada, ofreciéndome la jarra.
Yo reaccioné dándole un manotazo y tirándola al suelo. Ni siquiera escuché el cristal romperse.
–Edward… – Una vez más sentí las manos de Tanya en mi rostro.
Cada vez me costaba más mantener los ojos abiertos, lo cual no era muy agradable porque me mareaba aún más y lo veía todo a través de pequeños flashes pero mis párpados pesaban muchísimo y era incapaz de mantenerlos bajo control.
Mi respiración también había aumentado. Dios, tenía que llamar a Bella, tenía que hacerlo. Tanya… ¿Qué estaba haciendo?
De repente movía mis manos con las suyas, pero no supe el lugar a donde las llevaba. Solo sentí que se acercaba demasiado a mi rostro, demasiado y yo estaba a punto de ahogarme en una inconsciencia extraña sin poder hacer nada al respecto.
¡Mierda, mierda, mierda! Me sentía tan débil. Mi cuerpo no respondía a las órdenes de mi cerebro, y ¡Dios! Si nadie me sostenía iba a caerme al suelo.
–Vamos, solo uno, solo uno…
…
Y bueno... ¿qué os parece que ha pasado aquí? La cosa se va a ir complicando cada vez más, ya lo advierto... jajaja. Por lo pronto os aviso de que en el siguiente capítulo seguimos en Boston.
Muchas gracias por vuestros reviews, de verdad que aunque sean poquitos me hacen sentir muy bien :) La próxima actualización será el lunes, así que hasta entonces, chicas!
Un besazo enorme :)
