.


Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA


.


V


.

.

Percibí, tras mis párpados cerrados, como la luz proveniente del sol comenzaba a traspasar los agujeritos de la persiana de mi habitación. Me estiré un poco quedando boca abajo y me eché la sábana por la cabeza tratando de apartar aquella luminosidad tan molesta, pero estaba claro que no iba a disminuir en su persistencia. Amodorrado y sintiendo el cuerpo ligeramente pesado, me removí hacia el otro lado, quedando de lado. Tuve que volver a moverme tras sentir una sutil punzada a la altura de la cadera; la sensación al presionar un hematoma.

No era demasiado molesto, pero sí lo suficientemente curioso como para intentar recordar en qué momento de la salida de la noche anterior me había golpeado esa parte de mi cuerpo. Fruncí el ceño cuando me di cuenta de que los recuerdos no fluían por mi mente de la forma en la que había esperado. De repente el sueño y el cansancio se posicionaron en un segundo plano y mis ojos se abrieron de una sola vez al mismo tiempo que uno de mis brazos retiraba las cobijas que me cubrían. Ya no importaba la luz ni el pequeño dolor de cabeza que apareció de repente.

Estaba sentado en la cama, escaneando mi habitación en busca de los recuerdos que me faltaban. Por mi mente solo eran capaces de pasar imágenes borrosas y difíciles de relacionar unas con las otras. Imágenes en las que los colores violetas y morados se intensificaban, otras de mí hablando con Mike mientras me terminaba una cerveza y mi cuerpo pedía más líquido. Tenía otro recuerdo en el que Yuu volvía del baño y me sonreía, diciéndome algo de lo que no me acordaba, y también una imagen frente a Tanya, muy cerca de ella, en la que los ojos me pesaban y los sentidos querían abandonarme…

Recordaba vagamente cuando me despedí de Yuu, reírme a carcajadas con Damon y Mike, y pasarle en algún momento el brazo a Tanya por los hombros, pero nada más. No había nada más.

Sin mucha fuerza me levanté, caminé hasta el baño y me planté frente al espejo del lavabo, sosteniendo sobre el mismo, con mis manos mi cuerpo. Mi aspecto no pintaba muy bien. La preocupación y la incertidumbre se hacían eco en mi cara. Tenía los ojos muy abiertos y la piel brillante por la fina capa de sudor que me había nacido como consecuencia del nerviosismo. Yo tan solo había querido beber una maldita jarra de cerveza, una sola. ¿Por qué cojones había cedido y me había visto envuelto en una juerga de la que casi no recordaba nada?

Suspirando enfadado y sin entender nada, me cepillé los dientes minuciosamente tratando de eliminar el desagradable sabor que había quedado en mi boca impregnado por el alcohol. Después volví a mi habitación y volví a sentarme en la cama. En ese momento mi mirada se posó en la preciosa foto de Bella y un recuerdo certero acudió a mi mente desubicada.

– ¡Mierda! – Medio exclamé.

Había quedado en llamar a mi novia. ¿Lo había hecho? No sabía si quería saberlo, porque tampoco sabía qué era mejor: si haberla llamado borracho como una cuba o no haberlo hecho. Evidentemente, me parece que prefería la primera opción, aunque me hubiese hartado de decirle tonterías. La había cagado; había metido la pata hasta el fondo. Aunque no sabía cómo había llegado a ello, porque por muchas cervezas que hubiese bebido solo recordaba con certeza haber bebido la primera, las otras imágenes en las que sostenía jarras eran vagas y borrosas. ¿Y tantas cervezas había bebido como para perder la cabeza de este modo? Jamás había tenido lagunas cuando me había emborrachado alguna vez con mis amigos en Forks, y menos unas tan grandes.

De repente me acordé de que Mike seguía en Boston y que estaba en mi casa durmiendo. Así que sin pensármelo dos veces, salí de la habitación hacia el comedor, encontrándomelo dormido como un tronco en el diván todo espatarrado.

Realmente deseé poder estar durmiendo como lo hacía en esos momentos mi amigo. Me sentía muy agotado, e increíblemente perdido. Sin importarme interrumpir su sueño, subí las persianas de los grandes ventanales y corrí las cortinas, dejando que el sol resplandeciente que ese día lucía en Boston entrase e iluminase el cuerpo de Mike, quien se revolvió molesto sin abrir los ojos.

–Dime qué pasó anoche, Mike. – Demandé con la voz contenida. Él siguió ignorándome. – Mike.

Sentía en mi cabeza un desorden de recuerdos muy incómodo y que me hacían sentir muy inseguro conmigo mismo, y necesitaba su ayuda. Pero a los pocos segundos escuché un ronquido, algo que me encolerizó sin duda.

– ¡Dios! – Exclamé llevándome en seguida la mano a la cabeza por el dolor que mi propio grito había provocado en mí. Retiré las cobijas con las que tapaba su cuerpo y por fin abrió los ojos. – Dime qué pasó anoche.

–Dios, Edward, duerme un poco. Aún es temprano. – Se quejó alargando su mano con intención de estirar de las mantas, pero yo fui más rápido.

–No, quiero que me digas qué pasó. Y quiero que me lo digas ahora. – Ordené serio. Él suspiró.

–Creo que la cerveza te sentó como esperábamos, ¿contento? – Bufé por la nariz, intentando controlar mi enfado.

–Mike, ¿no te parece extraño que de buenas a primeras me bebiese no sé cuántas jarras cuando había repetido hasta el cansancio que no me apetecía? – Él se aclaró la garganta y se puso boca arriba, aun tumbado.

–Lo que yo recuerdo es que no te encontrabas muy bien anímicamente. A lo mejor tu estado de ánimo te llevó a eso. No dejaste de pensar en Bella ni un minuto. – Elevé las cejas ante esa explicación estúpida.

–Bella está a kilómetros de aquí. No estoy hablando de ella ahora. – Contesté molesto.

–Yo solo digo que quizás ese estado melancólico en el que te encontrabas influyó.

– ¿Pero cuántas cervezas me bebí? – Pregunté.

– ¡Edward, no puedo decirte un número, tío! ¡Te bebiste hasta el agua de los floreros! – Dijo carcajeándose. – ¿En serio no lo recuerdas? – Fruncí el ceño.

–Mike, no juegues conmigo.

–No, amigo. Lo pasamos genial. Lo único es que del pedo que llevabas te caíste al suelo y casi te abres la cabeza si no es por mí. – Volví a fruncir el ceño.

–Mike, ¿en serio que pasó eso? – Las voces de Tanya volvieron a mi memoria. Sabía que mi voluntad por muy borracho que estuviese seguía intacta y que nunca le habría podido fallar a Bella, pero las dudas a causa de la falta de recuerdos controlaban mi seguridad. –Recuerdo que Tanya me llamaba, una y otra vez.

–Tanya se asustó de verdad. La pobre cuando casi te caíste sobre ella se puso a llamarte como una desesperada y después quiso llamar a la ambulancia.

– ¿Y por qué no la dejaste? – Pregunté ofendido. ¡Joder, era su amigo! Cualquiera en su sano juicio lo habría hecho. Si él hubiese estado en mi lugar y yo me hubiese asustado no me lo habría pensado. Él se encogió de hombros.

–Era solo una borrachera, Edward. Hacía mucho que no bebías y ya está. No le des más vueltas.

Harto de escucharlo y algo decepcionado por su comportamiento, me llevé la mano a la cabeza en un acto desesperado. ¿Por qué no me acordaba de nada? La explicación de Mike no terminaba de gustarme porque no me aportaba nada que me hiciese recordar. Aunque quizás eso se debía a que estaba desorientado y era consecuencia de…

No, pero no podía ser, aunque cabía esa posibilidad, y no podía descartarla tan rápido tampoco. ¿Y si me habían drogado o… no sé? No entendía como Mike podía estar tan tranquilo.

–Ve a descansar, Edward. Yo realmente me encuentro muy cansado también. – Me dijo volviéndose a tumbar y cubriéndose con las sábanas.

Decidí dejarlo pasar, ya que yo estaba demasiado confundido y quizás necesitaba relajarme un poco para que los recuerdos volvieran a mí. Así que me alejé de allí y entré de nuevo a mi cuarto. Mi ropa estaba a los pies de la cama, tirada de cualquier manera. Supuse que mi móvil aun debía estar en algún bolsillo de mi pantalón.

Al encenderlo tenía veintidós llamadas perdidas y seis mensajes de Bella que volvieron a desconcertarme. ¿Cuándo había recibido todas esas llamadas y mensajes? ¿Por qué no me había percatado de ellos? Los abrí en seguida.

.

Edward, ¿estás bien? ¿No ibas a llamarme?

Bella, 03:56 a.m.

.

¿Estás tan ocupado con la cerveza y Mike que eres incapaz de acordarte de que tu novia está esperando a que la llames?

Bella, 04:32 a.m.

.

Esto está comenzando a asustarme… Por favor, Edward, si lees los mensajes llámame.

Bella, 04:59 a.m.

.

¿Es tan difícil marcar mi maldito número? Por favor, llámame. Estoy asustada.

Bella, 05:37 a.m.

.

Me tienes preocupada, he llamado a Mike y tampoco coge el móvil. Por favor contéstame o llámame cuando puedas. Te quiero.

Bella, 05:50 a.m.

.

Edward, ¿Qué diablos estás haciendo? Espero que estés bien, en serio.

Bella, 06:19 a.m.

.

Mierda, estos mensajes probaban que no la había llamado como habíamos quedado. Lo peor de todo era que no recordaba haber sentido la vibración del móvil en mi bolsillo. ¿Tan borracho iba? Me sorprendía el hecho de haber dejado el tema de Bella a un lado, cuando ella siempre era lo primero en mis pensamientos.

Sin pensármelo dos veces marqué su número.

– ¡Edward! – A pesar que me tranquilizó el sonido de su voz, tuve que apartarme un poco el auricular del oído a causa de la intensidad que desprendía. Sonaba enfadada pero también aliviada, y pude adivinar que estaba algo cansada por su voz quebrada al hablar.

–Bella. – Murmuré.

– ¿Quieres explicarme qué hiciste anoche? – Me preguntó en tono demandante. – ¿Sabes lo asustada que he estado? ¡Se me pasó de todo por la cabeza!

–Lo siento, princesa, lo siento.

–No me llames princesa, porque no estoy para mimos hoy. No tienes ni idea de cómo he estado. ¿Tan difícil era enviarme un mísero mensaje de texto al móvil? – Después de comprobar que yo estaba sano y salvo, su preocupación se había marchado y ahora se mostraba claramente enfadada. Y podía entenderla, pero yo también tenía derecho a explicarme.

–Bella, déjame contarte qué fue lo que pasó.

– ¿Conociste a alguien? ¿Te olvidaste de mí porque te fuis…? – Su voz sonaba cautelosa y algo amedrentada en ese momento, pero no la dejé si quiera terminar la pregunta.

– ¡No! ¿Cómo se te puede pasar por la cabeza eso? – Me había sentido obviamente ofendido. – Bella, por favor, deja que te explique. – Le supliqué. Escuché un suspiro al otro lado de la línea, invitándome a comenzar. –Mira, no sé qué pasó anoche. – La escuché bufar incrédula. – En serio. Mike me trajo una cerveza y no sé cómo acabé bebiéndome no sé cuántas más. Tengo muchísimas lagunas y me siento muy perdido y desubicado en cuanto a lo que hice anoche.

–Pero…

–Tienes que creerme. – Le pedí. Ella volvió a suspirar, y el silencio se abrió durante algunos segundos agoniosos para mí. ¿Qué estaba pasando por la cabeza de Bella? Por favor que no insista más, por favor que no insista más.

–Sí, sí. Vale, lo siento, confío en ti. Siento lo que he insinuado antes, pero no sabes todo lo que llegué a pensar. – Esta vez el que suspiré fui yo, aliviado. – ¿Crees que puedan haberte drogado? – Preguntó. Su voz sonaba un poco más aguda de lo normal. Estaba preocupada.

–No sé, Bella. Mike me asegura que no fue así, que me emborraché hasta el punto de caerme, y quiero creerle. Creo que jamás me engañaría, pero no deja de ser extraño. No recuerdo cómo me sentía. – Le aclaré.

–Quizás no te acuerdes por algún efecto del alcohol.

–No sé, Bella. Tuve que beber mucho realmente… Lo siento. Perdóname, por favor. Te prometo que no volverá a pasar.

–Eso espero, porque me lo has hecho pasar muy mal.

Continuamos hablando un poco más sobre el tema. Yo intenté hacer memoria hablando con ella sobre lo que había hecho la noche anterior. Pero no recordaba más que a Mike ofreciéndome una cerveza, algunos recuerdos irrelevantes que percibía por mí mismo desordenados y no sabía si tenían lugar antes o después de empezar a sentirme mareado.

Mike con Tanya y Victoria, Damon y Morgan hablando con un par de chicas, la música irlandesa tronando en mis oídos junto a los gritos de algunas personas cantando al mismo ritmo, la voz de Tanya llamándome.

Seguramente solo había bebido más de la cuenta y era incapaz de recordar otra cosa que no fueran solo pequeños sucesos. Aunque sin duda era algo que me extrañaba e inquietaba, no podía desconfiar de la versión de mi mejor amigo. Mike sería incapaz de mentirme. Era como mi hermano. Y a esa conclusión fue a la que llegué con Bella, quien sabía que estaba intranquila y turbada, pensando en lo que podría haber pasado la noche anterior, a consecuencia de la supuesta borrachera.

–Princesa, puedes estar segura que ni estando loco podría fijarme en otra chica que no fueras tú. Así que no te atormentes pensando en si habrá pasado algo. Estoy totalmente seguro de que sería incapaz. Yo solo tengo ojos para ti. Te quiero solo a ti. – Le dije. Ella no había sido capaz de decirme lo que sentía, pero yo podía adivinar mediante el tono de su voz su miedo.

–Lo sé. Yo también te quiero, Edward. Estaba tan asustada. ¿Por qué Mike no te detuvo?

–Más bien me pregunto cómo fui capaz de beber tanto si estaba tan desganado anoche. No sé, Bella, pero no volverá a pasar. Siento haberte asustado tanto. – Me volví a disculpar.

–Está bien. Pero, Dios, no vuelvas a hacerlo. – Yo sonreí para mí.

–Te lo prometo. – Escuché un bostezo. – No te he dejado dormir en toda la noche, ¿verdad? Lo siento.

–Ya está, Edward. Deja de disculparte. Te perdono, ya está. – Habló algo más animada.

–Bueno, creo que deberíamos descansar algo más ambos. Yo también me siento destrozado. Aunque siento, en realidad, que he dormido mucho, sigo cansado. – Le confesé.

–Será lo mejor. Es lo que tiene la resaca, señor "no voy a beber". – Me reí entre dientes.

–He perdido práctica.

–Ya, claro…

–Que descanses, mi amor. – Murmuré dejando notar todos mis sentimientos con aquella despedida. Ella suspiró; un suspiro lleno de tranquilidad por fin.

–Lo mismo te digo. Te quiero, Edward.

–Y yo a ti. Que sueñes conmigo. – Le dije dejando notar una pequeña sonrisa.

–Siempre lo hago.

–Yo también.

–Hasta luego.

–Hasta luego. – Y colgué.

Miré mi almohada. No iba a rendirme tan fácilmente, iba a esforzarme en recordar. Me sentía inseguro sin saber qué había hecho anoche. Y ya no tenía nada que ver con Bella, porque sabía que habría sido incapaz de hacer algo indebido que pusiese en juego nuestra relación. Tenía que ver más conmigo.

Pero no logré pensar mucho más, necesitaba dormir y descansar para conseguirlo. Quitarme este horrible dolor de cabeza y sentir mi cuerpo fuerte de nuevo. Así que no le di más vueltas: me tumbé, me tapé y no tardé nada en volver a quedarme dormido.

Estaba haciendo el mayor esfuerzo posible para no alterarme y mandar a Mike a la puta mierda.

Eran las ocho de la tarde y seguía insistiendo en volver a salir de fiesta a pesar de que yo no me sentía del todo al cien por cien. Si no me había negado rotundamente y le había sugerido que se fuese él solo, era porque en el fondo era consciente de que le quedaba solo una noche más aquí y que al día siguiente volvería a Forks.

Así que intentaba ignorar su egoísmo no intencionado y me repetía mentalmente que tenía que hacer un esfuerzo por él. Aunque en un par de semanas todos nos volviésemos a ver, era probable que Mike no viajase de nuevo a Boston por un gran tiempo.

Suspiré largamente, infundiéndome ánimos.

–Tú ganas. Pero por favor, quiero volver pronto a casa, así que será mejor que salgamos temprano. – Le pedí a cambio.

– ¿Estás negociando conmigo? – Su gesto había cambiado del de niño malcriado al de grandes expectativas y eso provocaba que me imaginara un gran cartel sobre él muy iluminado con el rótulo "peligro".

–Digamos que sí. No tengo muchas ganas de salir esta noche, como habrás podido darte cuenta. Lo estoy haciendo solo por ti, Mike. Solo has venido dos noches y quiero que lo pases bien. Eso sobretodo. – Le comenté francamente. – Pero quiero que hagas también algo a cambio. Así funciona la amistad, ¿no? – Él se quedó mirándome por un larguísimo segundo.

– ¡Hecho! – Podía adivinar que por su cabeza estaban pasando rubias con grandes pechos y traseros en esos momentos. – ¿Tus amigas no vendrán esta noche? – Preguntó. Yo puse los ojos en blanco, sin poder ocultar una sonrisa.

–No. Esta noche vamos a salir solo los dos. ¿O es que no te conformas con tu mejor amigo? – Él me dio una palmada en la espalda, mordiéndose el labio alegremente.

– ¡Claro que sí!

Al menos cumplió con su parte del trato. Aunque no sin antes ligar con alguna chica y llevarla a algún lugar discreto para añadir a su lista de polvos, originados únicamente en Forks, una excepción en Boston.

Yo me había entretenido mandándole algún que otro mensaje a Bella.

.

Esta noche pienso enviarte un mensaje en cuanto llegue a casa. No creo que tardemos en irnos, Mike está cumpliendo su objetivo y no creo que tarde mucho más. Te quiero.

Edward, 02:03 a.m.

.

Jaja. De acuerdo. ¿Estás muy cansado? Porque estaba pensando que en vez de enviarme un mensaje, podrías llamarme para hablar sobre temas interesantes cuando vuelvas.

Bella, 02:06 a.m.

.

Sonreí por su mensaje y sentí como mi entrepierna sonreía también, pero de diferente manera. Estaba realmente cansado y necesitaba dormir, pero no podía negarme a nada que tuviese involucradas las palabras "temas interesantes" y que tuviese que ver con Bella.

.

¿Mi princesa requiere mis servicios exclusivos para ella para desfogarse un poquito? Estoy ansioso por llegar a casa.

Edward, 02:07 a.m.

.

Tu princesa está deseosa por volver a verte. Tengo tantas ganas de volver a sentirte dentro de mí que mataría por hacerme con una varita mágica y presentarme esta noche en tu cama.

Bella, 02:09 a.m.

.

Sonreí de nuevo aun apoyado en la barra con el móvil en la mano. Tuve que cambiar de postura y me aclaré la garganta, mirando a mi alrededor y comprobando que seguía siendo el único que sabía cómo me encontraba. Bella estaba jugando con fuego y estaba claro que yo no era de piedra. Respiré varias veces, intentando relajarme y eliminar según que escenas obscenas de mi cabeza, las cuales todas tenían que ver con ella. Eran demasiado excitantes para mi propia salud.

.

Cuida esas palabras. Soy un hombre, cariño, y puedo asegurarte que tus palabras pueden causar un efecto inmediato e inevitable. Espero poder hablar contigo en unos minutos más. Te quiero.

Edward, 02:11 a.m.

.

Entonces será mejor que deje de incitarte. Sé que si despierto al monstruo probablemente se haga notar, y no estoy dispuesta a compartir su tamaño con nadie, y mucho menos que alguna ilusa crea que es por su causa o porque necesitas algún favor. Eres mío ;) Te quiero, mi príncipe.

Bella, 02:14 a.m.

.

Adoraba cuando Bella se ponía en plan seductor y cuando se le subía la libido. Era todo un terremoto y un espectáculo tanto para mis oídos como para mis ojos. Aunque la notaba más cariñosa. Nunca se había referido a mí como "mi príncipe". De hecho, no solía utilizar ningún apelativo cariñoso para llamarme, así como yo solía llamarla princesa.

Aunque no me importaba. Me gustó y me sentí pletórico cuando leí "mi príncipe". Podría ser todo lo que ella quisiese que fuese para ella. De eso no cabía duda.

Guardé mi móvil en el bolsillo de mis vaqueros justo en el momento en el que Mike apareció con la chica que suponía que se había beneficiado por la puerta del local. Se acercaba con una enorme sonrisa de oreja a oreja, al igual que ella. Seguramente había sido algo bueno para él.

– ¿Nos vamos? – Pregunté sin dejar si quiera que Mike terminara de acercarse a la barra. Estaba deseando salir de ahí.

–Sí, claro. – Aunque su cara cambió por completo a otra más seria que intentó disimular.

–Te espero fuera para que puedas despedirte.

Y salí de allí, dejando la música a todo volumen atrás y notando como mis oídos sufrían las consecuencias al salir a la silenciosa noche.

.

Ya volvemos a casa. Tengo suerte de que el comedor esté suficientemente lejos de mi habitación. No creo poder dormir bien si no me ayudas a resolver el grande problema que has causado entre mis piernas.

Edward, 02:19 a.m.

.

Mike casi no tardó ni tres minutos en reunirse conmigo para coger el taxi que nos llevaría de regreso a mi apartamento.

– ¿Lo has pasado bien? – Le pregunté.

–Ha estado genial. Pero también ha sido mi despedida. Creo que ha llegado la hora de que siente la cabeza. –Sus ojos me miraron fijos. Parecían llenos de planes, pero no quise preguntar nada. Tampoco tenía muchas ganas de hablar.

–El tiempo es sabio, Mike. No basta con que te propongas sentar la cabeza. Lo harás cuando aparezca la chica perfecta para ti.

Mi móvil vibró en mi bolsillo y lo saqué con urgencia deseando ver qué había contestado Bella.

.

¿Quieres un pequeño adelanto? Estoy sola, en mi cama, SOLO con tu camiseta, la que utilicé para dormir la última vez que nos vimos en Forks y después me quedé. ¿Quieres que me la quite, cariño?

Bella, 02:29 a.m.

.

Mi excitación se apoderó de mí. Joder, ¿No le había dejado claro que era un hombre? Sonreí de manera forzosa, sintiendo mi mandíbula tensa para mirar a Mike, quien seguía mirándome de la misma manera.

–Y creo que sé quién es esa chica. – Murmuró, antes de sonreír y girar su rostro para observar el paisaje urbano a través de la ventanilla.

Yo hice lo mismo, cerrando los ojos e intentando visualizar a Bella. No veía el momento en el que pudiera encerrarme en mi habitación con el teléfono pegado a la oreja.


.

Bueno chicas, hasta aquí!

Edward ha decidido confiar en su amigo... pero esto no acaba, como os he dicho a algunas va para largo... jaja Así que paciencia chicas :) Subiré el próximo capítulo el viernes, y... llega la Navidad a Forks! Hasta entonces! :)

Muchas gracias de nuevo por los rr!

Un besazo!