Espero sten bien y que les guste el cap...

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 12

Bella no recordaba haber subido al dormitorio, pero, a la mañana siguiente, se despertó en su propia cama. Y se despertó tarde. Sintió algo caliente y velludo contra la mejilla. La alarma inicial se convirtió en asombro, y después en amor mientras acurrucaba en sus brazos a la harapienta y preciada perrita de Chris. Debía habérsela llevado cuando estaba dormida. Al incorporarse en la cama, vio una enorme hoja de papel rosado, pegada a uno de los postes de la cama en la que leyó: MAMA, PONTE BUENA.

Reconoció los trazos inseguros de Ben y los ojos se le llenaron de lágrimas. Quizá fueran unos monstruos, pero eran sus monstruos. Y estaban a su lado cuando los necesitaba.

¿Y ella? Restregó a Mary con aire ausente contra su mejilla. Eran casi las diez de la mañana y ni siquiera les había preparado el desayuno a sus hijos.

Disgustada, se obligó a levantarse de la cama. Ignorando el temblor de las piernas, sacó la bata del armario y fue a darse una ducha. Había muchas cosas que hacer y no podía hacerlas desde la cama.

Después de sacar de la bañera un convoy de camiones, se metió en la ducha. El agua chocaba contra sus doloridos músculos y su piel febril. Se abrazó a sí misma, apoyada contra los azulejos, y alzó el rostro para que el agua caliente cayera sobre ella. Poco a poco, fue superando el frío y sintiendo cómo se le despejaba la cabeza.

Edward. ¿No era una mala señal que, en cuanto se le había aclarado la mente, había sido él la primera persona en la que había pensado? Quizá no fuera una mala señal, pero, desde luego, no era nada seguro. Había empezado algo que iba mucho más allá de todo aquello para lo que se había preparado. Estando a solas, podía admitir que no tenía ni la más vaga idea de lo que iba a hacer a continuación. La atracción que sentía por Edward no entraba en sus planes. Lo más prudente sería ignorarla, ¿pero podría? ¿Y podría hacerlo él?

Años atrás, había sentido una excitación parecida. Y, años atrás, había actuado sin concederse siquiera la posibilidad de razonar. Era un error que no se podía permitir el lujo de cometer por segunda vez. No podía decir cuánto tiempo le había costado superar las heridas que Jacob le había causado, pero sabía que no podía volver a sufrir un dolor como aquel. No, sabía que no sería capaz de sobrevivir ni iniciar una nueva vida por segunda vez, de manera que la opción estaba clara. Ninguna relación merecía correr el riesgo de perder. No había ningún hombre que se mereciera el precio que había que pagar por ello. Además, tenía unos hijos en los que pensar y una casa que mantener para ellos.

Pero por encima de las dudas que tenía sobre sí misma, estaban las dudas sobre el proyecto que había llevado a Edward hasta su casa. Si se permitía el lujo de sentir algo por él, le iba a resultar mucho más difícil mentir, eludir sus preguntas y esconder la verdad.

Bella salió trabajosamente de la ducha. No podía correr el riesgo de sentir, ni el de dar, ni siquiera el de recibir cuando se trataba de Edward. Y tendría que aferrarse a esa idea, porque de ella dependía su supervivencia. Para ella, Edward solamente sería el biógrafo del padre de sus hijos.

Después de secarse, salió al pasillo. Un rápido vistazo a las habitaciones de los niños le indicó que estos ya se habían levantado. Bajaría, prepararía café, les haría el desayuno y les dejaría ver los dibujos animados.

Los encontró exactamente donde esperaba, acurrucados frente al televisor mientras en la pantalla aparecían las últimas aventuras de un héroe de los dibujos animados. Lo que no esperaba era encontrarse a Edward con ellos.

-¿Y a esto lo llamáis dibujos animados?

Chris estaba sentado al lado de Edward en el sofá y Ben tumbado a sus pies. La escena parecía tan natural como silos tres estuvieran acostumbrados a pasar juntos todas las mañanas de los sábados.

-Son unos dibujos geniales -contestó Ben-. Asteroide John persigue a los malos, pero nunca consigue agarrarlos a todos. Y menos al doctor Disaster.

Edward pensó que ya sabía de quién era partidario Ben.

-Escucha, Bugs Bunny sí que es un buen dibujo animado. Tiene estilo e ingenio, no solo rayos láser. El coyote intentando agarrar al Correcaminos, Bugs sirviéndose de su astucia para evitar a Elmer. Eso sí que son dibujos animados.

Ben bufó burlón y concentró en Asteroide John toda su atención.

Pero Chris tiró a Edward suavemente de la camisa.

-A mí me gusta Bugs Bunny.

Divertido por el serio semblante del pequeño, Edward le pasó el brazo por los hombros.

-Chris se parece a Bugs Bunny -sentenció Ben.

Sonrió de oreja a oreja, esperando la venganza. Pero antes de que Chris pudiera bajar a atacarlo, Edward lo sentó en su regazo.

-No -respondió, después de examinar atentamente el rostro del pequeño-. Tiene las orejas demasiado cortas. Pero, Ben -alargó el brazo y le tiró a Ben de la oreja-, creo que eso podríamos arreglarlo.

Riendo, Ben dio media vuelta y se tapó las orejas con las manos.

-Yo soy el doctor Disaster y voy a hacer añicos el planeta Kratox.

-¿Ah sí? ¿Tú y quién más? -agarró al niño en brazos y lo sostuvo con una llave-. Todos los maleantes del espacio sois iguales.

-¿Terribles?

-No, cosquillosos -comenzó a hacerle cosquillas en las costillas, haciéndole gritar.

En menos de un segundo, estaban los tres rodando en el sofá. Encantado, Chris trepó por los hombros de Edward y fue entonces cuando vio a su madre en la puerta.

-Hola, mamá.

-Buenos días.

Observó a sus hijos, sonrojados por la pelea y después a Edward. No se había afeitado, y podría haber sido un hombre cualquiera en una perezosa mañana de sábado.

-Se supone que no debemos pelearnos encima de los muebles -le susurró Ben a Edward al oído.

-Muy bien -Edward se separó de los niños y examinó a Bella con la mirada-. Se supone que deberías estar en la cama.

-Estoy bien, gracias -¿por qué le parecería incluso más excitante cuando se mostraba un poco duro y arisco? ¿Tendrían que gustarle siempre los hombres sin ninguna capacidad de ternura?-. Iba a preparar café.

-Ya hay café hecho en la cocina.

-Oh -vaciló, odiando tener que alejarse de los niños-. Ben, Chris, en cuanto terminen los dibujos, necesito que vengáis a desayunar y me ayudéis a dar de comer a los animales.

-Ya lo hemos hecho -le dijo Ben, aliviado al ver que no había regañinas ni lecciones sobre cómo había que tratar los muebles.

-¿Ya les habéis dado de comer?

-Y hemos desayunado. Tortitas -le dijo Chris-. Edward las hace muy buenas.

-Oh -se metió las manos en los bolsillos de la bata sintiéndose tonta y, lo peor de todo, inútil-. Entonces me calentaré el café.

-Tenedme al tanto de cómo acaba lo del planeta -dijo Edward, se levantó y siguió a Bella a la cocina-. ¿Problemas? le preguntó.

-No.

Solo una docena, pensó mientras encendía el fuego de la cocina. ¿Cómo se suponía que iba a poder mantener las promesas que se había hecho a sí misma cuando lo veía jugando con sus hijos? ¿Y cómo se suponía que iba a mantener la mente ocupada cuando todas las tareas estaban hechas antes de que ella se hubiera levantado? No había un ápice de ternura en aquel hombre, ni un ápice de amabilidad... Si quería sobrevivir, tenía que seguir creyéndolo.

Se tensó cuando Edward la agarró por los hombros, pero él la ignoró y le hizo darse la vuelta. Mirándola a los ojos, posó la mano en su frente.

-Todavía tienes fiebre.

-Me encuentro mucho mejor.

-Te encuentras fatal -respondió. La agarró del brazo y la acercó a un taburete-. Siéntate

-Edward, estoy acostumbrada a controlar mi vida.

-Estupendo. Y deberías ser capaz de volver a hacerlo a partir del lunes.

-¿Y qué se supone que voy a hacer hasta entonces? -le espetó acaloradamente mientras la debilidad la obligaba a sentarse-. Estoy cansada de estar en la cama y de comer sopa. Estoy cansada de tener el termómetro en la boca y de tomar aspirinas.

-Uno de los primeros síntomas de mejoría es el mal genio -puso un vaso de zumo frente a ella-. Bébetelo.

-Se te da muy bien dar órdenes.

-Y a ti muy mal cumplirlas.

Bella lo miró con el ceño fruncido, levantó el vaso y lo yació.

-Ya está. ¿Satisfecho?

Sin estar muy seguro de si mostrarse enfadado o divertido, Edward se acercó al mostrador.

-¿Qué te pasa, Bella?

-Acabo de decirte... -se le quebró la voz cuando Edward posó la mano en su rostro.

-No me has dicho ni la mitad. Pero lo harás -incapaz de resistirse, le acarició la mejilla con el pulgar.

-No.

Bella le sujetó la muñeca con la mano, pero no fue capaz de apartarlo.

-Las personas son mi especialidad -murmuró Edward-. Hasta ahora, me está resultando muy difícil averiguar qué es lo que te hace enfadar. ¿Te gustan los desafíos, Bella?

-No -contestó, casi desesperadamente-. No, no me gustan.

-A mí sí -deslizó la otra mano por el pelo de Bella, todavía empapado por el agua de la ducha-. Los encuentro intrigantes y, en algunos casos, muy excitantes.

Había estado pensando en Bella durante la noche. Pensando en ella y en lo que deseaba. Y cuanto más pensaba, más seguro estaba de que las dos cosas podrían ser la misma. Acercó sus labios a los suyos.

-Me excitas, Bella. ¿Qué demonios podemos hacer con eso?

-Basta -luchaba para mantener sujetas sus emociones, pero continuaba deslizando la mano lentamente por la muñeca de Edward-. Los niños pueden vernos.

-Si nunca han visto a su madre besando a un hombre, deberían haberlo hecho -tensó la mano que posaba en su cabeza y, en aquella ocasión, no se limitó a rozar sus labios, sino que prácticamente la absorbió.

Sus labios eran más suaves de lo que Bella imaginaba. Más cálidos... más pacientes. Nada era como esperaba. ¿Así era como besaba un hombre a una mujer que deseaba, a una mujer que le importaba? ¿Era eso lo que se había estado perdiendo durante toda su vida, lo que había estado anhelando sin comprenderlo? Porque si era eso, no iba a ser capaz de continuar luchando contra ello. Aquella delicadeza echaba por tierra todas sus defensas como no habrían podido hacerlo nunca unas demandas más severas. Lentamente, casi sin querer, Bella se abrió para él. La cabeza le daba vueltas, pero seguramente sería por la fiebre. Bella necesitaba esa excusa.

Edward no conseguía entender la sensación de inocencia que emanaba de Bella, pero lo excitaba. No podía explicar aquel repentino deseo, pero agitaba todos los rincones de su cuerpo. La deseaba. Quería estar a solas con ella, ver esa mirada de pánico y pasión en sus ojos cada vez que la tocaba. Quería sentirla derretirse contra él, ansiosa y reluctante a la vez. Quería oír cómo se aceleraba su respiración, indicándole que estaba olvidándose de todo, salvo de él. Fuera cual fuera el juego al que estaba jugando, fueran cuales fueran las mentiras que le estuviera diciendo, todo dejaba de importarle cuando la boca de Bella se rendía a la suya.

Sabía que obtendría respuesta a las preguntas que se hacía a sí mismo. Y sabía también que encontraría las respuestas a las preguntas que Bella despertaba en él. Y no le importaba que llegaran unas u otras primero.

-Quiero acostarme contigo -musitó Edward contra su boca y después deslizó los labios por su rostro-. Pronto, Bella, muy pronto.

-Edward, yo...

-¿Estás viendo si mamá tiene fiebre?

Bella retrocedió y se quedó mirando fijamente a Chris. El la miró, y también a Edward, con aquella abierta y amistosa curiosidad innata en él.

-Mamá me besa en la frente cuando tengo fiebre. ¿Puedo beber un poco de zumo?

-Sí -farfulló Bella mientras Chris se acercaba a buscar un vaso-. Edward solo...

-Estaba diciéndole a tu madre que debería volver a la cama -terminó Edward por ella-. Y tú y Ben poneos los abrigos. Nos vamos a la ciudad.

-¿A la ciudad?

Bella miró a Edward y vio en su rostro fría diversión. Sabía que no podía esperar otra cosa.

-Necesitamos unas cuantas cosas -comentó Edward con naturalidad. Y necesitaba salir, alejarse de ella, hasta que hubiera vuelto a poner sus pensamientos en orden.

-¿Podremos comprarnos un chicle? Sin azúcar -añadió Chris, acordándose de su madre.

-Probablemente.

Chris dejó el vaso de zumo en el mostrador y fue corriendo a buscar a su hermano.

-No tienes por qué llevártelos -comenzó a decir Bella.

-Prefiero tener compañía.

La diversión ayudaba a relajar la tensión.

-Oh, pues vas a tener más de la que quieres. ¿Alguna vez has ido de compras con dos niños?

-Ya te lo dije -le contestó sonriendo-. Me gustan los desafíos.

-Sí, desde luego -intentando recuperar la calma, Bella se levantó-. Intentarán convencerte para que compres el doble de cosas de las que necesitas.

-Soy duro como una roca.

-No me digas que no te lo he advertido.

En aquel momento, Ben y Chris entraron corriendo en la cocina, dispuestos para la próxima aventura.


A poco no stuvo bueno el capitulo?

espero me dejen reviews