Hola Bellezas spero sten disfrutandoo muchoo

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 15

Eran después de las once cuando la oyó entrar en la casa. Ya tenía información sobre los primeros años profesionales de Black y sobre el pasado de su familia. Había pasado a papel su primer encuentro con Bella desde su propio punto de vista, utilizando parte de la información que la propia Bella le había dado sobre aquel momento y sobre la historia de su familia. La gente estaría interesada en la hermana de una de las más recientes estrellas de Hollywood y de una de las actrices más exitosas de Broadway. Por supuesto, Edward no había pasado por alto su pasado artístico. Tres hermanas, tres actrices. Pero él estaba a punto de reescribir en guión de la vida de Bella.

Bella lo oyó bajar, pero continuó lavando los huevos.

-Buenos días -no se volvió y continuó trabajando-. Hay café recién hecho.

-Gracias.

Edward se acercó hasta la cocina y Bella lo miró. No se había afeitado. Como siempre, sintió un nudo en el estómago, quizá provocado por haberse imaginado aquel rostro rudo y ligeramente primitivo contra el suyo.

-El señor Petrie ha vuelto. Creo que debería haberse quedado en casa un par de días más, pero echaba de menos a los caballos.

-¿Ya has terminado con los caballos?

-Por ahora sí. Pero de vez en cuando tendré que ir a ver cómo están las yeguas.

-Estupendo -se sirvió una taza de café, se encendió un cigarrillo y puso la grabadora en funcionamiento-. ¿Cuándo decidieron divorciarse Black y tú?

Se cayó un huevo al suelo. Bella se lo quedó mirando perpleja. Sin decir una sola palabra, comenzó a limpiar.

-¿Quieres que te repita la pregunta?

-No -su voz sonaba amortiguada al principio, pero no tardó en recuperar las fuerzas-. No, pero me gustaría saber de dónde has sacado esa idea.

-Leah Brewer.

-Ya entiendo -Bella terminó de limpiar el desastre y se volvió para lavarse las manos.

-Se acostaba con tu marido.

-Lo sé

Bella se secó minuciosamente las manos. Las sentía firmes. E intentó conservar aquella firmeza.

-No era la primera.

-También soy consciente de ello -se acercó a la cocina y se sirvió un café.

-¿Tienes hielo en las venas? -replicó Edward. Bella se volvió con calma hacia él, desafiándolo sin pretenderlo-. Tu marido hacía el amor con cualquiera que llegara hasta su cama. Te engañaba constantemente. Leah Brewer solo fue la última de una larga lista.

¿Creía que estaba haciéndole daño?, se preguntó Bella. ¿Pensaba que todavía podía sentir dolor, que todavía podía sentirse traicionada? Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había experimentado aquellos sentimientos. Ya no sentía nada, salvo una vaga curiosidad por el enfado que veía en los ojos de Edward.

-Si ambos lo sabemos, ¿qué sentido tiene hablar de eso?

-¿Iba a dejarte por ella?

Bella dio un sorbo a su café. Le servía para relajarse. Le diría la verdad, al menos hasta donde era posible decírsela.

-Jacob nunca me pidió el divorcio -bebió otra vez, sintiendo cómo aquel líquido fuerte y caliente se extendía por su cuerpo-. Aunque es muy posible que le dijera a Leah que lo había hecho.

Aquello era cierto. Sus entrañas le decían a Edward que en aquella ocasión Bella estaba siendo completamente sincera. Pero aquello embrollaba las cosas todavía más.

-Leah no es ninguna estúpida. Estaba convencida de que Black y ella estarían casados antes de que acabara el año.

-No puedo hacer ningún comentario sobre lo que ella pensaba o dejara de pensar.

-¿Y sobre qué puedes hacer algún comentario? -el enfado estalló y se dejó llevar por él. Quizá con la furia pudiera por fin derribar sus defensas-. Dime, ¿cómo te sentías al saber que tu marido te era infiel?

Bella sabía que aquella pregunta tenía que llegar. Se había preparado para ella. Pero, de alguna manera, le resultaba difícil contestarla.

-Jacob y yo... nos comprendíamos -qué vehemente sonaba, qué ridículamente sofisticada-. Yo, bueno, sabía que estaba sometido a muchas presiones, tenía que estar en las pistas mes tras mes...

-¿Y eso le daba permiso para liberar sus tensiones como quisiera?

Bella no estaba tan tranquila como le habría gustado, pero todavía tenía la situación bajo control.

-No estoy hablando de que tuviera derecho, y tampoco pretendo excusarlo, Edward. Pero ese era el motivo.

-¿Crees que estar separado de ti, en las pistas y presionado para ganar, es razón suficiente para que se entregara a las mujeres, al alcohol y las drogas?

-¿Drogas? -el semblante de Bella adquirió la palidez de un cadáver. Si el impacto que reflejo su rostro no era real, debería estar con su hermana en Hollywood, decidió Edward-. No sé de qué estás hablando.

-Estoy hablando de cocaína.

Su voz había adquirido el tono duro y acusador de un periodista. Y estaba intentando no odiarse por ello.

-No -había una repentina y pura desesperación en su voz. Edward observó que palidecían sus nudillos mientras se agarraba al mostrador-. No, no me lo creo.

-Bella, tengo esa información de distintas fuentes -suavizó el tono de voz. Sabía que Bella estaba sufriendo. Podía haberle mentido en otras ocasiones, pero en aquel momento, su dolor era real-. No lo sabías.

-No puedes escribir eso. No puedes. Los niños -se cubrió los ojos con las manos-. Oh, Dios mío, ¿qué hecho?

Edward la agarró del brazo. Pero ella no lo había oído levantarse.

-Siéntate -cuando empezó a sacudir la cabeza, Edward la condujo hasta un taburete-. Siéntate, Bella...

-No puedes escribir eso -repitió, elevando y bajando la voz al hablar-. No puedes estar seguro de que es cierto. Si pones eso en el libro, retiraré mi autorización. Te demandaré.

-Lo que tienes que hacer ahora es tranquilizarte.

-¿Tranquilizarme?

Se retorcía las manos de tal manera que le dolían los dedos. Solo la determinación le permitía continuar enfrentándose a él, con los ojos arrasados por la desesperación.

-Acabas de decirme que Jacob era... -tragó saliva, intentando dominarse-. Apaga eso -le dijo quedamente, y esperó hasta que la grabadora dejó de funcionar-. Esto que te voy a decir ahora no tiene nada que ver con el libro, ¿lo comprendes?

Habían desaparecido las lágrimas de sus ojos y su voz volvía a ser firme. Edward la recordó subiendo su maleta al segundo piso. Era más fuerte de lo que parecía.

-De acuerdo, Bella.

-Si Jacob utilizaba drogas, yo nunca lo supe.

-¿Y crees que deberías haberlo sabido?

Bella cerró los ojos. Una desgarradora sensación de fracaso se extendía por todo su cuerpo.

-No.

-Lo siento -Edward tomó su mano, y se maldijo a sí mismo cuando Bella la apartó-. Lo siento. Su madre lo sabía. Al parecer, incluso intentó que se desintoxicara.

Una idea terrible asaltó a Bella en aquel momento.

-La última carrera...

-Iba limpio -el alivio de Bella fue casi tangible-. Simplemente iba demasiado rápido.

Bella asintió y enderezó los hombros. Si algo había aprendido durante aquellos años, había sido a ir paso a paso para poder continuar.

-Edward, no te estoy pidiendo ningún favor, pero me gustaría que recordaras que hay gente inocente implicada en este asunto. Los niños se merecen algún legado de su padre. Si intentas publicar algo sobre esto, encontraré la manera de impedirlo, aunque tenga que recurrir a Janice.

-¿Tanto interés tienes en ocultar esa información, Bella?

Bella lo miró abiertamente.

-Deberías preguntarme mejor por el interés que tengo en proteger a mis hijos.

Edward sintió una punzada de culpabilidad, pero intentó reprimirla.

-En cuanto las cosas empiezan a rodar, ya no es posible detenerlas. Habría sido más inteligente paralizar el libro desde el primer momento.

-¿No tienes suficiente con el sexo? -le espetó, desesperada por sentirse de nuevo en terreno seguro. ¿Cómo iba a poder ir paso a paso cuando cada vez que lo hacía se encontraba metida hasta las rodillas en arenas movedizas? ¿También tienes que hablar de ese turbio asunto? ¿No puedes dejarles nada a los niños?

-¿Quieres que escriba un cuento de hadas?

La agarró de la muñeca antes de que pudiera alejarse del mostrador. Debería estar resentido con ella por hacerlo sentirse responsable, pero no podía. Bella parecía tan perdida e indefensa...

-Bella, ya es demasiado tarde para intentar parar el libro. La editorial te demandaría si lo intentaras. Habla conmigo, dime la verdad. Confía en mí.

-¿Que confíe en ti? -lo miró fijamente, deseando poder ver en su interior, encontrar en él algo de bondad-. Confiaba en mí misma y mira el desastre en el que me encuentro -enfrentándose a lo inevitable, dejó de impedir que Edward le tomara las manos-. No tengo elección, ¿verdad?

-No.

Bella esperó un momento, hasta que estuvo segura de que tenía fuerzas suficientes.

-Vuelve a encender la grabadora.

Edward tenía la sensación de que en cuestión de segundos, se había alejado a kilómetros de él. En cuanto la grabadora se puso en funcionamiento, Bella comenzó a hablar otra vez. Pero no lo miraba.

-Jacob nunca consumió drogas en mi presencia. Estuvimos casados durante cuatro años y nunca lo vi consumir drogas de ningún tipo. Por lo que a mí concierne, no las utilizaba en absoluto. Jacob era un deportista y, por lo tanto, un hombre muy disciplinado con su cuerpo.

-Pero, durante la mayor parte de vuestro matrimonio, vivisteis separados.

-Eso es cierto. Cada uno de nosotros tenía responsabilidades que atender que nos impedían estar juntos,

-A mí me parece que tú tenías ciertas responsabilidades que deberían haberos mantenido juntos.

Bella lo ignoró. No iba a hundirse en la culpa o en la autocompasión otra vez.

-Volviendo a tu pregunta anterior, Jacob a menudo se sentía muy solo. Era un hombre atractivo y las mujeres forman parte del circuito.

-¿Y tú lo aceptabas?

-Aceptaba que Jacob no era capaz de serme fiel. Me daba cuenta de que el matrimonio es responsabilidad de dos. Y, en ciertos aspectos, yo no era capaz de darle lo que necesitaba.

-¿De qué estás hablando?

Había que olvidarse del orgullo. Bella había descubierto que casi nunca servia de nada.

-Yo solo tenía dieciocho años cuando nos casamos. Y, a pesar de que toda mi familia se dedicaba al mundo del espectáculo, había estado muy protegida. Era virgen cuando me casé con Jacob y él a menudo me decía que continuaba siéndolo. Fracasé en la cama, así que comenzó a mirar hacia otro lado. Quizá no estuviera bien, pero creo que fue algo natural.

-Deja de humillarte de esa forma.

Bella advirtió su furia apenas contenida y se volvió hacia él.

-Querías respuestas y te las estoy dando. Jacob se acostaba con otras mujeres porque su mujer no lo satisfacía.

-Al infierno -la hizo girarse, obligándola a enfrentarse a él-. Eres una estúpida si de verdad crees lo que estás diciendo.

-Edward, yo sé lo que ocurría en mi dormitorio, tú no.

-Pero yo sé lo que sucede en tu interior.

-Me has preguntado que si tenía hielo en las venas y te estoy contestando.

-No, no lo tienes -la levantó del taburete y se acercó a ella-. Ahora te lo demostraré.

La tenía muy cerca. Su boca descendió sobre la suya, ardiente, furiosa, antes de que Bella pudiera pensar siquiera en protestar. La excitación burbujeaba en el interior de Bella, batallando contra la fuerza de su instinto de supervivencia. Intentó resistirse. Había algo salvaje y aterrador en la forma en la que Edward avivaba su deseo hasta convertirlo en algo doloroso. Posaba las manos en su pelo con una delicadeza exquisita, pero la sostenía cerca de él con un fuerte sentimiento de furiosa posesividad. Lenta, pero inevitablemente, Bella se dejó llevar.

Edward había ardido de deseo por ella durante toda la noche, durante toda la mañana también, pero no imaginaba que sería algo así. Lenguas de fuego y humo lo cegaban. El cuerpo de Bella estaba tenso como la cuerda de un arco mientras luchaba para resistirse a la pasión que Edward era capaz de despertar en ella. Pero, en vez de empujarlo, clavaba los dedos en sus hombros. Edward casi podía oír los latidos del corazón de Bella... Miedo, emoción, deseo, no le importaba. Siempre que estuviera seguro de que latía por él.

Y, de pronto, con una increíble naturalidad, Bella se relajó. Sus labios se suavizaron, su cuerpo cedió, y de pronto fue suya.

Su corazón no aminoraba su marcha. De alguna manera, incluso parecía latir más rápidamente cuando lo rodeó lentamente con sus brazos. Suspiró. Edward sintió su cálido aliento contra su boca; y acarició el pelo de Bella suave, lentamente, porque ella parecía necesitarlo. La llama parecía haberse extinguido, pero el calor estaba todavía allí, hirviendo, chisporroteando. Podría haberse quemado vivo de ternura.

-Ven a mi habitación, Bella -le susurró al oído y después contra su boca-. Sube conmigo.

Bella quería hacerlo. Y darse cuenta de ello la impactó. Ya había aceptado que se sentía atraída por él, pero una cuestión muy diferente era estar dispuesta a acostarse con un hombre.

-Edward, yo...

-Te deseo -su boca descendió hasta la barbilla de Bella, que mordisqueó suavemente-. Ya lo sabes.

-Creo que sí, pero, por favor...

Le temblaba la voz y sentía los músculos como si se hubieran transformado en gelatina. Pero no podía permitirse el lujo de caminar al borde del precipicio por segunda vez sin mantener los ojos bien abiertos.

-Me deseas -Edward alzó las manos, moldeando sus caderas, dibujando sus costillas y tentando sus senos-. Puedo sentirlo en cada una de tus respiraciones.

-Sí -era absurdo negarlo-. Pero necesito algo más -tomó la mano de Edward y se la llevó a la mejilla-. Necesito algún tiempo.

Edward la tomó por la barbilla. Bella tenía las mejillas sonrojadas, como en más de una ocasión había imaginado que ocurriría. Sus ojos se mostraban recelosos, inseguros; si no hubiera sido por ellos, por la intensidad y la casi completa confianza con la que lo miraban, habría ignorado sus protestas y la habría subido a su habitación.

-Me pregunto cuánto daño te hizo.

-No -sacudió la cabeza-. Esto no tiene nada que ver con lo que ocurrió entre Jacob y yo.

-No te crees lo que estás diciendo, y yo tampoco lo creo. Él es el que te ha servido como criterio. Antes o después, te darás cuenta de que no puedes compararme con él.

-No pienso en Jacob cuando te beso. No pienso en él nada en absoluto.

Edward tensó los dedos sobre su piel.

-Bella, si lo que quieres es tiempo, será mejor que tengas cuidado.

Bella sintió que la energía que minutos antes la inundaba la había abandonado.

-Yo no sé cómo se llevan estas cosas. No sé andarme con juegos, ni utilizar ardides... Esa es la razón por la que fracasé tan terriblemente la otra vez.

-A mí no me interesan los juegos. Y tampoco oírte echarte la culpa de todo. Hagamos un trato.

Bella se humedeció los labios y deseó poder estar segura de sí misma otra vez.

-¿De qué clase?

-Dime la verdad. La verdad -repitió, posando las manos en sus hombros-. Escribiré objetivamente. Después, dejaremos que la culpa caiga en el lado en el que corresponda.

Lo hacía parecer tan fácil, pero él no tenía nada que perder.

-No sé si podré hacer eso, Edward. Tengo dos hijos en los que pensar. Y a veces la verdad es muy dolorosa.

-A veces sirve para purificar -la contradijo él-. Bella, de una manera u otra, averiguaré todo lo que tengo que saber

Era una amenaza. Edward era consciente de ello, y por el cambio que se operó en la mirada de Bella, comprendió que ella también.

-Deberías pensar en ello. ¿No crees que sería preferible tener tu propia versión? Yo no quiero hacer ningún daño a esos niños.

Sintiéndose atrapada, Bella lo estudió atenta y críticamente.

-No, no creo que quieras hacerles daño, pero es posible que no estemos de acuerdo en lo que es mejor para ellos.

Edward acarició su rostro y comenzó a caminar por la cocina. El no era un hombre al que le gustara establecer compromisos. Tampoco le importaban. Pero la estaba apremiando a llegar a uno. ¿A causa del libro? Estaba empezando a pensar que en realidad el libro significaba muy poco. Quería la verdad de ella, sobre ella. La quería para sí mismo. Y pensó que quizá también la quisiera para ella.

-Bella, cuéntame la verdadera historia, la auténtica, sin evasivas. La escribiré y antes de enviársela a nadie para que la publique, te dejaré leerla. Si hay algo que no te guste, lo quitaremos. Ambos quedaremos satisfechos con el manuscrito antes de que se publique.

Bella vaciló.

-¿Estás hablando en serio?

Edward se volvió. Bella todavía no estaba preparada para confiar en él. A aquella mujer la habían engañado antes, pensó, y la habían engañado de la peor de las maneras.

-Estoy grabando -señaló la grabadora, que todavía estaba en funcionamiento.

Bella dio un paso adelante, aunque las piernas le temblaban.

-De acuerdo.

Cuando Edward se acercó a ella y le tendió la mano, Bella contuvo la respiración y la aceptó. Otro compromiso, pensó, esperando poder mantenerlo mejor que el que había contraído consigo misma.

-Él te hizo mucho daño.

Edward lo dijo muy tranquilo. Tanto, que Bella contestó sin vacilar:

-Sí.

Aquello lo hizo enfadar. Lo puso furioso. No podía explicarlo, pero sabía que la furia no evitaría que consiguiera la verdad. Y, durante años, quizá durante demasiados años, aquella había sido la ambición que lo impulsaba.

-¿Por qué no te sientas otra vez?

Bella asintió, se sentó con las manos cruzadas sobre el regazo y miró a Edward con sorprendente tranquilidad.

-Bella, Black y tú teníais serios problemas matrimoniales.

-Es cierto.

De pronto, le resultaba extraordinariamente fácil decirlo. Era, como el propio Edward había dicho, purificador.

-¿El problema eran las otras mujeres?

-En parte. Jacob necesitaba más de mí de lo yo que podía darle en muchos aspectos. Supongo que también yo necesitaba algo más de él. No era un mal hombre -añadió inmediatamente-. Quiero que comprendas eso. Quizá no fuera un buen marido, pero no era un mal hombre.

Edward esperaba llegar a formarse su propia opinión.

-¿Por qué dejaste de viajar con él?

-Estaba esperando a Ben -dejó escapar un pequeño suspiro-. Sinceramente, no puedo decirte si era más una buena excusa o una razón legítima, pero el caso es que yo ya llevaba varios meses de embarazo y viajar se había convertido en algo difícil. Estábamos viviendo con su madre en Chicago. Al principio... Al principio él se las arreglaba para venir a yerme bastante a menudo. Creo que era feliz, quizá estuviera un poco asombrado ante la idea de ser padre. En cualquier caso, se mostraba muy atento conmigo cada vez que venía a casa y me animaba a quedarme en Chicago para que me cuidara. Intentó, realmente lo intentó, mejorar la difícil relación que yo tenía con su madre. Después, las separaciones comenzaron a ser más largas.

Bella regresó al pasado mientras recordaba las semanas, los meses pasados en aquella lujosa casa de Chicago; aquellas largas y ociosas mañanas y las silenciosas tardes. Era como un sueño, un sueño de aspecto suave, pero con duras y afiladas aristas.

-Yo estaba bastante contenta y satisfecha de mí misma. Me dediqué a decorar la habitación del bebé y hasta llegué a tejer... -soltó una carcajada al recordar sus torpes intentos con las agujas y la lana-. Creía que lo tenía todo bajo control. Pero un buen día descubrí una de esas revistas de cotilleos encima de mi cama. Siempre me he preguntado si sería Janice la que la dejó allí -Bella sacudió la cabeza, a aquellas alturas, ya no importaba-. Salía en ella una fotografía de Jacob con una mujer increíblemente atractiva junto a un artículo repugnante.

Miró hacia la ventana y contempló los árboles mecidos por el viento.

-Me quedé allí sentada, enorme y torpe, con casi ocho meses de embarazo. Estaba destrozada y absolutamente convencida de que aquello era el fin del mundo. Jacob llegó a casa ese fin de semana y yo le arrojé la revista a la cara, exigiéndole una explicación.

-Y te la dio.

-Se enfadó porque me había creído aquella historia. Dijo que era basura y tiró la revista a la chimenea. No se defendió, de manera que de pronto me encontré yo a mí misma disculpándome, ¿lo comprendes?

Edward podía imaginársela frágil, sola. Y su enfado aumentó.

-Sí, lo comprendo.

-A mí solo me faltaba un mes para tener a mi bebé y estaba terriblemente asustada. Decidí creerlo pero, por supuesto, lo que en realidad estaba haciendo era aceptar su mentira. ¿Lo entiendes? -¿por qué se lo preguntaba? ¿Tan importante era? Se presionó los ojos un momento y se juró no volver a preguntárselo otra vez-. Creo que al aceptarla, lo único que conseguí fue hacerle daño.

-¿Piensas que si te hubieras enfrentado a él quizá se habría detenido?

Su mirada era solemne.

-Nunca estaré del todo segura. Y después hubo otras mujeres. Recuerda que Jacob y yo no vivíamos juntos en circunstancias normales y que nuestras relaciones sexuales estaban muy deterioradas. Él era un hombre que necesitaba victorias, pero en cuanto las conseguía, necesitaba más. Para él, incluso un niño era una tremenda presión para el éxito, para ser el mejor, el número uno.

Fatigada, dejó escapar un suspiro.

- Precisamente por eso, necesitaba sentirse constantemente seguro de que era el mejor. Al cabo de un tiempo de matrimonio, yo ya no podía proporcionarle aquel sentimiento. En cualquier caso, pensaba, o esperaba, que después de que Ben naciera, podríamos vivir como una verdadera familia. Pero sabía, o debería haber sabido al casarme con Jacob, que lo último que él quería era sentar cabeza. Se produjo un pequeño y feo escándalo con una de sus admiradoras. Empezó a escribirme cartas en las que amenazaba con suicidarse si Jacob no se casaba con ella. Jacob estaba muy afectado porque las cosas se le habían ido de las manos. Hubo un intento de hacer las paces conmigo, quizá con él mismo también. Pero al poco tiempo hubo otra carrera.

-Y tú no fuiste con él.

-No. Durante una temporada, me dediqué a intentar crear un hogar. Tenía la sensación de que Jacob lo necesitaba. Y el caso era que yo sí lo necesitaba -observó el humo del cigarrillo de Edward curvándose hacia el cielo-. Durante algún tiempo, después de que Ben naciera y antes de quedarme embarazada de Chris, comencé a darme cuenta de que nuestro matrimonio no funcionaba, de que Jacob y yo solo fingíamos que lo hacía. Volvió una temporada a casa, pero después ganó otra carrera en Italia. Quería que vendiéramos la granja y nos fuéramos. Tuvimos una discusión terrible por eso. Mientras estábamos peleando, Ben entró gateando a la habitación. Jacob estaba hecho una furia y le gritó a Ben, que estaba llorando.

Se pasó la mano por el pelo, inundaba por la tristeza de aquellos recuerdos.

-Ben apenas tenía un año. Yo perdí la paciencia y le dije a Jacob que se marchara. Jacob se montó en su coche y salió en estampida. Yo tranquilicé a Ben y conseguí que se durmiera. Era tarde cuando me fui a la cama. No esperaba que Jacob volviera y la verdad era que tampoco me importaba. Pero volvió.

Había bajado la voz hasta convertirla casi en un susurro. Mientras la observaba, Edward se dio cuenta de que ya no estaba hablando con él. Estaba exorcizando sus propios fantasmas.

-Había estado bebiendo. Nunca bebía mucho porque no le sentaba muy bien el alcohol, pero aquella vez había bebido mucho. Subió al piso de arriba y volvimos a discutir. Yo estaba intentando que se fiera a dormir a una de las habitaciones de invitados, para que no molestara a Ben. Estaba demasiado furioso y bebido para entrar en razones. Me dijo que jamás había sido una buena esposa y mucho menos una amante. Decía que a mí solo me importaban Ben y la granja. Dios, y era cierto. Era cierto y yo no podía admitirlo. Dijo que ya era hora de que aprendiera lo que un hombre quería de su mujer. Lo que un hombre esperaba y aquello que tenía derecho a tener. Así que me empujó a la cama y... me violó -dijo con rotundidad bajo la mirada fija de Edward-. Después se puso a llorar como un bebé. Se marchó antes del amanecer. Unas semanas después, descubrí que estaba embarazada

La mano le temblaba mientras se acariciaba el pelo.

-Esa es la verdad, Edward. Esa es la verdad -lo miró otra vez-. ¿Debería decirle a Chris que él está en el mundo porque su padre me forzó? ¿Esa es la verdad que le debo a mi hijo?

No esperaba una respuesta de Edward. Se levantó lentamente y salió de la habitación.


para las que querian saber como era el Jacob pues ahi lo tienen jeje algo malo cierto?

espero les ste gustando la historia

espero que sii jeje