Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 17
Nunca había sido así. Nadie la había hecho sentirse tan completa, tan importante, tan viva. Las puertas se habían abierto, las persianas se habían levantado y el aire que en ella entraba era maravilloso.
Le habría gustado decírselo a Edward, pero temía que pensara que era una estúpida. De modo que decidió conformarse con posar una mano en su corazón. Latía con más tranquilidad que el suyo, pero aun así lo hacía muy rápidamente.
Nunca había sido así. Nadie lo había hecho sentirse tan real, tan fuerte, tan abierto. Bella había encendido una luz en el interior de su cabeza y la sentía brillar clara y con fuerza. Le habría gustado decírselo, pero temía que pensara que le estaba mintiendo. De modo que se conformó con estrecharla contra él.
-Así que no eres una mujer muy sensual, ¿eh?
-¿Qué?
-Me dijiste que no eras una mujer muy sensual. Supongo que no querías alardear.
Bella posó la cabeza en su hombro. Y percibió en él su propia esencia. Era una extraña y maravillosa sensación descubrir su olor en la piel de Edward.
-Yo nunca he sido muy buena en... en las cuestiones técnicas.
-¿En las cuestiones técnicas? -no sabía si echarse a reír o ponerse a gritar-. ¿Y qué se supone que significa eso?
-Bueno, el... -se interrumpió avergonzada- sexo -añadió con firmeza, recordándose que ya era una mujer adulta.
-Lo que hemos compartido nosotros no ha sido sexo -dijo Edward con sencillez, volviéndose para colocarse sobre ella-. Hemos hecho el amor.
-Eso solo es una cuestión semántica.
-Y un cuerno. No, no te apartes de mí -la agarró con firmeza para impedírselo-. Yo no soy Jacob. Mírame, mírame de verdad.
Bella intentó tranquilizarse e hizo lo que le pedía.
-Ya lo sé.
-¿Qué es lo que quieres, Bella, una evaluación?
-No -el color tiñó sus mejillas, ya coloreadas por la pasión-. No, por supuesto que no. Yo solo...
-Te estás preguntando por lo que he sentido yo, o si has hecho las cosas como es debido -se sentó, atrayéndola hacia él y manteniendo las manos sobre sus hombros incluso cuando ella buscó torpemente las sábanas-. ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que Jacob Black no era ese devastador amante que las revistas decían? ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que lo que ocurrió, o mejor dicho, lo que no ocurrió entre vosotros, pudo ser culpa suya?
No, no lo había pensado nunca. Por supuesto que no.
-Y todas esas mujeres... -comenzó a decir, y se quedó en completo silencio.
-Déjame decirte algo. Es muy fácil meterse en la cama con una mujer diferente cada noche -sintió un ligero remordimiento, recordando las ocasiones en las que él lo había hecho-. No tienes que pensar, no tienes que sentir. No tienes que preocuparte por hacer que la otra persona vea las estrellas. Lo único que tienes que hacer es satisfacerte a ti mismo. Es muy diferente cuando se trata de una pareja, de una persona a la que le has hecho una promesa, alguien a quien se supone que tienes que hacer feliz. Para eso se necesita tiempo y esperar hasta que todo salga como quieres.
Bella lo miraba fijamente, con los labios entreabiertos y los ojos abiertos de par en par. Edward soltó un juramento y le pasó la mano por el pelo.
-Escucha, ahora mismo no tengo muchas ganas de oír hablar de Jacob Black. No quiero que pienses en él ni en nadie más. Solo concéntrate en mí.
-No puedo pensar en nadie más -un poco insegura, le acarició la mejilla-. Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo -advirtió que cambiaba su expresión, sintió que su mano se tensaba en su pelo y rápidamente continuó-. Me has hecho enfrentarme a un montón de cosas que pensaba que debía mantener cerradas bajo llave. Te lo agradezco.
-Estoy empezando a cansarme de decirte que no me des las gracias -la mano que antes acariciaba el pelo de Bella se había deslizado hasta la curva de su hombro.
-Esta será la última vez -alzó los brazos para abrazarlo con fuerza. A su lado se sentía a salvo-. No te rías.
Edward le besaba suavemente el cuello.
-No tengo muchas ganas de reírme.
-Me siento como si acabara de aprender una muy compleja e importante habilidad.
Edward se echó a reír, ganándose al hacerlo un golpe en la espalda.
-¿Como nadar de espaldas?
-He dicho que no te rías.
-Lo siento -después se tumbó lentamente sobre ella-. Pero, para superarlo de verdad, necesitas practicar. Mucho.
-Supongo que tienes razón -Bella jamás había practicado aquel tipo de picardías. Lo abrazó y lo acarició con labios abiertos y receptivos-. ¿Edward?
-Humm.
-Antes he visto las estrellas.
Edward sonrió. Bella lo sintió en sus labios. Cuando se apartó para mirarla, lo vio.
-Yo también.
Edward comenzó a bajar la cabeza otra vez, pero de pronto se oyó un sollozo.
-¿Qué demonios...?
-Chris.
Bella se levantó al instante. Sacó la bata del armario, se la puso y salió de la habitación antes de que Edward hubiera tenido tiempo de recuperar los vaqueros.
-Oh, pequeño -Bella entró corriendo en el dormitorio de Chris, que sollozaba acurrucado entre las sábanas-. ¿Qué ha pasado?
-Eran verdes y muy grandes -enterró la cabeza en el pecho de su madre, disfrutando de aquel olor reconfortante y familiar-. Parecían serpientes y hacían sss y me estaban persiguiendo. Y me he caído en un agujero.
-Qué sueño más horrible -lo abrazó y lo meció suavemente-. Pero ya se ha pasado, ¿de acuerdo? Me quedaré aquí contigo.
Chris sollozó, pero parecía ya más tranquillo.
-Iban a cortarme en trocitos.
-¿Una pesadilla?
Edward permanecía vacilante en el marco de la puerta, sin saber si debía entrar o no.
-Serpientes verdes -le dijo Bella mientras continuaba meciendo a Edward en su regazo.
-Caramba. Un sueño aterrador, ¿verdad, tigre?
Chris asintió en silencio y se frotó los ojos. Fuera aquel o no su lugar, Edward no fue capaz de resistirse. Entró y se agachó delante de la cama.
-La próxima vez deberías soñar que eres una mangosta. Las serpientes no tienen ni una sola oportunidad frente a una mangosta.
-Mangosta -Chris intentó repetir aquella palabra y se echó a reír-. ¿Te lo has inventado?
-Claro que no. Encontraremos mañana una fotografía y te la enseñaré. Viven en la India.
-Garrett fue a la India -recordó Chris-. Nos envió una postal -entonces bostezó y se recostó contra Bella-. No te vayas todavía.
-No, no me iré. Me quedaré hasta que vuelvas a dormirte.
-¿Edward también?
Edward le acarició la mejilla con los nudillos.
Y allí se quedaron los dos. Bella acurrucando al niño y cantando algo que a Edward le pareció una canción de cuna irlandesa. Edward sentía una sorprendente satisfacción, no como la que había experimentado con Bella en la cama, pero igualmente intensa. Era como una firme sensación de pertenencia, como si por fin hubiera alcanzado un lugar al que hubiera estado dirigiéndose durante toda su vida. Era una tontería y se dijo a sí mismo que se le pasaría. Pero no fue pasajero. La luz del pasillo se deslizaba en la habitación y caía sobre un montón de camiones diminutos y una vieja y desinflada pelota.
Bella metió al pequeño entre las sábanas y a la vieja Mary con él. Le dio un beso en la mejilla y se enderezó, pero Edward permaneció un momento sentado en la cama, acariciando los rizos de Chris.
-Es irresistible, ¿verdad? -musitó Bella.
-Sí -se metió la mano en el bolsillo-. Va a ser difícil vivir con él cuando lo averigüe.
-Se parece mucho a Garrett... Todo encanto. Según papá, Garrett aprendió a explotarlo antes de aprender a gatear con un gesto completamente natural, tomó la mano de Edward mientras salían del dormitorio-. Quiero ver un momento a Ben.
Empujó la puerta y vio el desastre de la habitación de su hijo. Había prendas de ropa, libros y juguetes de pared a pared. Bella suspiró y se prometió que le obligaría a ordenar su habitación durante el fin de semana. Pero, en aquel momento, su hijo estaba completamente dormido y medio destapado en la cama.
Entró, le dio la vuelta, sacó un calcetín de debajo de la sábana, echó a un lado un escuadrón de pequeños hombrecillos de plástico y lo tapó.
-Duerme como un tronco.
-Ya lo veo.
Bella miró alrededor de la habitación.
-Y es un poco desordenado.
-Sí, eso no voy a discutirlo.
Riendo, Bella besó a su hijo.
-Te quiero, pequeño sinvergüenza.
Sorteo hábilmente los obstáculos en la semioscuridad y cuando estuvo de nuevo en el marco de la puerta, Edward deslizó una mano por su brazo.
-Me gustan tus hijos, Bella.
Conmovida, sonrió y le dio un beso en la mejilla.
-Eres un hombre muy bueno, Edward.
-No mucha gente estaría de acuerdo contigo.
Bella ya lo sabía.
-Quizá no hayan tenido oportunidad de conocerte como te he conocido yo.
Aquello era cierto, pero no podía decirle por qué. No lo sabía.
-Vamos a la cama.
Bella sonrió y deslizó el brazo por su cintura.
A poco no hacen una familia bella? jeje
espero reviewws...
