.


Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA


.


XI


.

.

–Hijo, ¿me ayudas con esto? – Preguntó mi madre al mismo tiempo que arrastraba una caja de proporciones consideradas.

– ¿Qué es? – Respondí acercándome a ella.

–Algo que mandé a pedir hace tiempo. Ten cuidado. – Me advirtió. Tiré de la caja.

– ¿Cómo has podido traerlo tú sola hasta aquí? – Pregunté incrédulo.

–Aun no soy ninguna viejecita, cariño. – Respondió ella sonriéndome. – Vale, déjala ahí. Creo que va a quedar muy bien en mi estudio. – Comentó comenzando a abrirla.

–Pero, ¿qué es? – Volví a preguntar.

–No seas tan curioso, ahora lo verás. – Puse los ojos en blanco mientras ella seguía abriendo lo que fuera que estuviera ahí dentro como una niña pequeña. Era algo de decoración, eso seguro. Estaba demasiado entusiasmada.

Poco después se dejó ver un mueble, que para mí no dejaba de ser uno cualquiera. Mi madre siempre había tenido un gusto algo curioso a la hora de decorar la casa, pero tenía que admitir que sabía en qué lugar ponía todos y cada uno de los objetos que compraba.

–Es preciosa. – Susurró ella alejándose para contemplarla, con una sonrisa. – Anda, ayúdame a llevarlo a mi estudio, tengo el lugar perfecto.

– ¿Qué tiene de especial? – Pregunté. No dejaba de ser una mesa, con más patas de las normales, pero una mesa al fin y al cabo.

–Es de Donald Deskey, uno de los defensores más importantes del art déco. Usaba formas aerodinámicas. Fíjate. – Su mano acarició un extremo de la mesa. – Me encanta.

Sonreí observando a mi madre. Ella disfrutaba con esto, y yo era feliz viéndola disfrutar. Estaba preciosa.

–Bueno, ayúdame, te diré en qué lugar la quiero.

–Sí, señora. – Y me llevé la mano a la frente en un gesto militar. Ella sonrió negando con la cabeza y cogió la mesa por el otro extremo para alzarla.

–A tu prima Alice le va a encantar. – Dijo comenzando a caminar.

El corazón se me encogió al pensar que esa noche volvería a ver a mi prima. Había visto a mis tíos anteriormente, pero ella había puesto hasta ese día mil y una excusas para no pisar mi casa. Porque eso era lo que le pasaba, no quería verme, y era normal si pensaba que había dejado de hablarme ya hacía siete años por culpa de Bella.

– ¿Qué te preocupa? – Preguntó dejándola en el suelo. Yo negué con la cabeza.

– ¿Dónde la quieres?

–Siguen siendo muy amigas. Edward…

–Mamá, basta. – Insistí.

–Hijo, conozco las dos versiones.

–No las conoces.

–Sí, nunca quieres hablar de ello, pero Alice me lo contó. ¿El amor se acabó? – Fruncí el ceño, sin terminar de entender. – Alice me dijo que la distancia pudo con vosotros, lo que no entiendo es por qué se te metió en la cabeza que para ella había alguien más.

– ¡Porque lo había! – Exclamé sin poder evitarlo. Mi madre clavó su mirada en la mía.

–Edward, es imposible que para ella existiese alguien más que tú.

– ¡Me lo dijo!

–Y yo no entiendo por qué la creíste. – Yo suspiré.

–Mira mamá, no quiero hablar de esto. Dime dónde te pongo la mesa y ya está. – Ella parecía preocupada, pero no volvió a referirse al tema.

–Está bien. Ven, en esta parte.

Por suerte mi madre no volvió a hablar sobre esa parte de mi vida que con un ansia cada vez más grande intentaba olvidar y apartar de mi mente. Era increíble, cuánto más deseaba apartarla más me acordaba. Llegaba a ser frustrante.

Tocaron el timbre cuando terminé de abrocharme en último botón de la camisa que me había puesto. Debían ser mis tíos, y Alice. Estaba nervioso, eso no podía dudarlo. No había vuelto a verla desde entonces, tampoco habíamos hablado porque se había posicionado al lado de su queridísima amiga, y a mí me había olvidado. Miré los cigarrillos, y tuve tentación de fumarme uno en ese mismo instante, pero no lo hice. Me guarde la caja en uno de los bolsillos y bajé las escaleras.

–¡Jasper no ha podido venir, tía! Ha tenido que viajar. – Se disculpaba mi prima. Estaba de espaldas y parecía tener sujetas las manos de mi madre. – Pero me ha dicho que te saludara de su parte y que la próxima vez no falta.

–Jasper como siempre. ¡Qué suerte tienes!

Sabía que mi prima se había casado con Jasper ya hacía dos años, y aunque había recibido una invitación por correo hasta Boston no me había presentado a la boda. El rencor porque ella hubiese preferido a Bella antes que a mí me hizo actuar de esa manera, aunque tampoco me arrepentía de ello.

– ¡Anda, mira, Alice! ¡Tu primo! – Exclamó sonriendo mi tía.

Alice se giró, y nuestros ojos se encontraron al mismo tiempo que se hizo el silencio en la sala. Noté satisfacción al mismo tiempo que recelo en su mirada; muchos sentimientos contradictorios. Y yo me sentí extraño frente a ella después de todos los años que habían pasado, pero no pude evitar sentir un gran alivio al volver a verla y admirar la preciosidad en la que se había convertido.

–Hola, Alice. – Saludé, caminando hasta su lado, inclinándome para besarla en la mejilla. En otro tiempo la habría abrazado hasta dejarla sin respiración, y tenía que admitir que hasta ganas me daban de seguir ese impulso que sentía, dejando todo lo que hubiese sucedido anteriormente en el pasado.

Pero ella parecía distante y dolida, y no encontraba la razón. Me alejé para saludar a mis tíos.

Fue incómodo tener a Alice tan cerca en todo momento. Antes de servir la cena nos sentamos todos para tomar algo y charlar. Aunque quizá fui yo el que menos hablé, puesto que Alice daba la impresión de no notar que yo estaba presente, y eso me dolía. Muchísimo. Pronto llegó la hora de cenar y Alice y yo tuvimos que sentarnos juntos. Me había fumado un cigarrillo antes de entrar y sentarme por lo que estaba un poco más relajado.

– ¿Ahora fumas? – Preguntó cuándo el murmullo de nuestros padres presidía la cena. No parecía haber ninguna segunda intención en esa pregunta. Su voz sonaba neutral.

–Sí. – Ella asintió.

–Oye, siento estar así. – Fruncí el ceño y la miré.

– ¿Qué le contaste a mi madre? – Pregunté sin más tapujos. Necesitaba saberlo. Ella respiró hondo.

–Creo que no es el mejor lugar para hablar de ese tema. Además le dije lo que pasó. La distancia, ¿no?

–No le dijiste que Bella había conocido a alguien más. – Ella cerró los ojos con fuerza, y cuando volvió a abrirlos pude ver la rabia profunda que había en ellos.

–Es mejor que no hablemos de eso, Edward, no acabaríamos bien, y tu madre sería más desdichada. Mucho más.

–Quiere que vuelva con Bella. – Ella soltó un ¡Já! Bastante irónico.

–Creo que no tendrías la más mínima oportunidad. – Eso me enfureció y los puños se me cerraron con fuerza.

–Parece que es ella la que fue rechazada y humillada. – Susurré en un gruñido, mirando a mis padres y mis tíos. Mi prima suspiró.

–Deja el tema.

¿Qué le pasaba al mundo? ¡Por Dios! Bella había sido la culpable del fracaso de nuestra relación, y ahora parecía ser yo el que la había fallado a ella. Normalmente si nos hubiésemos reunido hace siete años, habría deseado quedarme a solas con Alice, hablando sobre nuestras cosas. Era incómodo notar como todo ya no eran como antes. Y lo peor era que dolía más de lo que pensaba. Al fin y al cabo, Alice y yo nos habíamos llevado muy bien siempre.

Recibí una llamada de Irina justo en el momento en el que me metía en la cama. No podía calificar la noche como la mejor de mi vida precisamente. Había estado deseando en todo momento que acabara. Frunciendo el ceño lo cogí.

– ¿Irina?

–Ey, Edward. – Su tono de voz parecía algo quebradizo.

– ¿Ha pasado algo? – Pregunté preocupado. Ya eran las doce de la noche.

–No. Es solo que me preguntaba si tenías algo que hacer. – Sonreí.

–Pues la verdad es que estoy en la cama. Iba a dormirme. – Y se hizo el silencio. – ¿Irina?

–Sí, sí, perdón. Había pensado en salir a tomar algo pero creo que no es el mejor momento, ¿no? – Parecía que había notado un poco de esperanza al final de esa frase. Suspiré.

–Irina, lo siento, pero no ha sido la mejor noche de mi vida. Podemos salir otra noche, ¿vale?

–Sí, claro, lo siento. No quería molestarte, solo llamaba por si…

–Irina. – La corté. – Quien tiene que disculparse soy yo. – Volví a suspirar. – Nos vemos pasado mañana.

–Claro. – Y colgué.

Había pasado una semana y media desde que había salido con Irina, y parecía mentira como a partir de aquel día nuestra relación se había estrechado. Ahora no solo nos dirigíamos un hola y un adiós, sino que tomábamos cafés juntos y nos quedábamos un ratito después del trabajo, antes de coger el coche, hablando. Había resultado ser una chica de lo más sencilla, y me gustaba como amiga. Había notado algo en ella hacia mí que en ocasiones me hacía sentir incómodo, aunque eran muy pocas ocasiones porque ella parecía muy tímida.

Lo mejor era no darle más vueltas, si notaba que la situación se volvía peligrosa le dejaría las cosas claras, y si no, no sería necesario.

Los días seguían pasando sin ninguna novedad, e intenté no pensar mucho en Bella el día de su cumpleaños. Los años habían pasado, y me había sido imposible olvidar, a pesar de todo, que cada trece de septiembre ella cumplía un año más.

Tuve intención de llamar a Mike el sábado de esa misma semana para quedar con él después de salir del hospital, pero ese día me sentía realmente cansado y lo único que quería era volver a casa para descansar.

Al fin comenzaba a intervenir en el equipo aunque solo fuese aspirando y retirando material y tejidos y asegurando una iluminación correcta durante la operación. Al menos esa era una buena noticia para mí. Me sentía mucho más útil.

Irina y sus sonrisas cada vez me hacían sentir más bien y tuve miedo por un instante de que una vez más mi corazón se abriera a una mujer. Me había jurado en un pasado que nunca jamás volvería a darle mi corazón a nadie, y supe que nada había cambiado cuando una tarde después de siete días de la cena con mis tíos y Alice me encontré a Bella muy animada hablando con Rose en la Taberna de Walter. Mi corazón seguía a salvo.

Había quedado con Josh por la mañana en el hospital para ir a tomar algo, y tuve la buena o mala suerte de encontrármela allí. Me pareció más preciosa de cómo la recordaba cuando la vi la última vez allí mismo. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta e iba vestida con un vestido de punto azul plomo que le quedaba precioso.

–No te quita los ojos de encima. – Me dijo Josh, llevándose una mano para hundirla entre su pelo castaño. Sus ojos verdes miraban en la dirección en la que las dos mujeres debían hablar animadamente. Parecía que yo no iba a ser el único de los dos que iba a tener problemas con el reencuentro.

Me había limitado a alzar la cabeza cuando la vi, solo por buena educación y ella respondió con una sonrisa, aunque sus ojos eran llamaradas apuntándome. Rose casi me taladra con la mirada llena de furia y rencor. No entendía nada.

–Eso es que no le soy tan indiferente. –Contesté con una sonrisa, de espaldas a la mesa donde estaban ellas.

–Es muy guapa, la verdad. – Opinó Josh.

–Sabe que lo es. – Susurré yo.

– ¿Y cómo dices que se llama? – Me preguntó.

–Swan, Isabella Swan.

– ¿No es la hija del Sheriff? – Volvió a cuestionar.

–Exacto, esa misma. La inocente y preciosa Isabella Swan. Aunque ya te digo que no es ni tan inocente ni tan preciosa, al menos no por dentro. – Él frunció el ceño.

–He escuchado hablar de ella, y parece que todo el mundo la adora. – Elevé una ceja y bebí de mi cerveza.

–Eso es porque nadie la conoce a fondo. – Dije guiñándole un ojo.

–Pues yo creo que está sal…

– ¿Edward? – Nuevamente esa voz familiar interrumpió a Josh.

–Hola Lilibeth, otra vez tú por aquí. – La saludé con una enorme sonrisa, sin poder dejar de recordar cuanta rabia le había tenido Bella en su momento.

–Sí. He venido con mis hijos y mi marido a tomar algo. Están allí. – Y me los señaló.

–Vaya, muy guapos los dos. – Dije cuando vi a dos pequeños sentados en una mesa, junto a un hombre alto y corpulento.

–Me alegra verte de nuevo.

–Y a mí también. – Respondí guiñándole un ojo. Luego se marchó.

– ¿Y ésta? – Preguntó Josh con una sonrisa algo alucinada en el rostro.

–Lilibeth. Íbamos juntos al instituto. – Josh solo asintió.

–Uh… Tu ex la está matando con la mirada. – Murmuró divertido. – ¿Pasó algo con ella alguna vez? – Preguntó ahora curioso. Yo fruncí el ceño sonriendo.

–No, pero Bella llegó a estar celosa por su causa. Era bastante provocativa, ¿sabes? – Le expliqué.

– ¿Lilibeth? – Preguntó él. Yo asentí. – Pues la verdad es que lo de provocativa no creo que se le haya ido del todo. Ya conoces la historia de Irina, ¿no? – Volví a asentir.

–Un poco por encima.

–Por eso no me hubiese extrañado que tú y ella… – Me encogí de hombros.

–En ese momento, cuando ella intentaba flirtear conmigo, era imposible. Estaba demasiado enamorado como para hacerle caso.

–Me pregunto qué pasó con Swan y contigo. – Yo suspiré.

–Prefiero no hablar de eso si no te importa, Josh, y menos si ella se encuentra delante. – Él asintió conforme.

Rose y Bella no permanecieron en la Taberna mucho más tiempo, y no se despidieron antes de irse, aunque sí logré ver como Bella se contoneaba hasta la salida. ¿En qué clase de mujer provocativa y fatal se había convertido? Ella no era así. ¿Por qué diablos se exhibía de esa forma? ¿Cómo se había convertido en alguien tan segura? En esos momentos me hubiese gustado correr hasta donde ella estaba, detenerla y hacerle todas esas preguntas, pero a parte de curioso estaba furioso.

Conocía a algunos de los rostros que se habían girado para contemplarla, y no podía culparlos por hacerlo porque ella era realmente preciosa, pero estaba seguro de que tenían también una idea muy equivocada de Bella. A algunos de ellos los había visto en el instituto, incluso recordaba a Hugh.

Cerré los puños con fuerza y me senté bien.

– ¿Qué sucede? – Preguntó Josh.

– ¿No lo has visto? Pero ¿qué se ha creído esa presumida? – Murmuré entredientes. Josh se estaba aguantando una sonrisa, lo podía notar. – ¿De qué te ríes?

–Creo que aun sientes algo por esa chica. – Respondió Josh de la forma más natural. Abrí los ojos sorprendido y empecé a negar con la cabeza.

–No. No sabes lo que dices. ¿Cómo podría seguir sintiendo algo por ella después de todo? Es una presumida. Es guapa, lo admito, cualquiera que no vea eso es ciego, pero de ahí a que sienta algo por ella… – Reí irónicamente.

–Lo que tú digas, amigo. – Su tono también fue irónico, y yo bebí de mi cerveza.

Después de eso cambié radicalmente de tema. Me negaba a que Josh siguiese con el mismo tema de que mis sentimientos por la señorita Swan seguían latentes, eso era una tontería. No podía ser, jamás en la vida. Le estuve comentando que había mirado una casita muy cerca de donde vivía Irina y que tenía pensado llamar esa misma noche para que me lo enseñaran y tomar una decisión pronto. Había visto algunas fotografías, y aunque no parecía grande, parecía suficiente para mí.

Cuando llegué a casa, mi madre estaba sentada en el sofá leyendo uno de sus libros con sus gafas puestas. Me sonrió tan dulce como siempre y lo cerró, dejándolo encima de la mesa de centro. Extendió su mano para dármela y me hizo sentarme a su lado para después inclinarme hasta dejar mi cabeza apoyada en su regazo. Comenzó a acariciarme el pelo.

–Siempre me ha encantado hacer esto. – Yo sonreí.

–Solías hacerlo a menudo cuando era pequeño. Tengo que admitir que yo también disfrutaba, mamá.

–Es una pena que te hayas hecho tan mayor, mi pequeño Edward. – Musitó ella melancólica después de unos minutos. – Solías corretear por todo este comedor intentando escapar de mí. – Su voz parecía transparentar una sonrisa y yo me incorporé.

– ¿Existe alguna razón para que estés en este plan tan sentimental? – Ella sonrió de nuevo, sincera.

– ¿Te parece poco que mi niño se vaya otra vez de casa? –- Y rió débilmente. Yo bajé la cabeza y después volví a mirarla.

–Tengo que hacerlo. – Nos quedamos mirando por unos instantes, y al notar que ella me analizaba bajé la vista para impedirlo, aunque fue demasiado tarde.

–Es por ella, ¿no? – Arrugué el rostro.

–Mamá, por favor. No empieces otra vez con eso. – Le rogué.

–Es que nunca vas a ser feliz si no resuelves tus problemas, hijo. – Yo suspiré. – Deberías empezar a luchar por ella. Te pertenece a ti. – Y lo dijo con fervor con una rabia extraña.

–Ella ya no es nada mío, quizá nunca lo fue. – Le contesté. Ella cogió mis manos y les dio un apretón.

–Eres un cabezota, pero ¿sabes qué? No importa, ya te darás cuenta algún día. – Yo negué con la cabeza, sonriendo. – ¿Me acompañas a preparar la cena?

– ¡Por supuesto!


.

Hasta aquí, chicas! Siguen reapareciendo personajes y presentando a uno nuevo: Josh ;). El viernes que viene se acercan curvas... Solo aviso! ;)

Muchas gracias por vuestros reviews! Os sigo leyendo!

Un besazo enorme! :)