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Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA
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XII
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–Bueno, y esta es la última caja. – Exclamó Josh, dejándola caer en el suelo, y consiguiendo que se escuchase un gran golpe a causa del impacto.
–Menos mal que no es nada delicado. – Dije refiriéndome a que él no tenía ni idea de lo que había dentro de esa caja para decidir tirarla de ese modo.
–Creo que tus apuntes no es algo por lo que me deba preocupar. – Murmuró sonriendo al final. Elevé las cejas. – La caja se abrió al tirar de ella. – Negué con la cabeza.
–Bueno, ya está todo. – Dije girándome y observando todas las cajas en el comedor.
–Te queda lo más difícil.
–Lo sé. – Acepté suspirando desganado.
–Si quieres mañana puedo venir a ayudarte. Terminaremos antes. – Se ofreció.
–Me harías un gran favor. Irina también me dijo que vendría. – Comenté. Josh se quedó bastante serio.
–Creo que Irina está loca por ti. – Sonreí y negué con la cabeza.
–Venga, va, no digas tonterías. Irina es una compañera más, como tú, y solo quiere hacerme un favor.
–Sí, claro, como yo. – Dijo de forma irónica y en su tono pude notar algo extraño que decidí ignorar. – Bueno, amigo, mañana entonces me tendrás por aquí, a no ser que quieras un poco de intimidad con Irina. – Y una vez más ese tono. Puse los ojos en blanco, avancé hasta él y lo empujé hasta la salida, sonriendo.
–Josh, te espero mañana a primera hora, así que descansa lo suficiente.
–Mañana estaré aquí, Dios no quiera que Irina te abduzca. – Se burló esta vez.
A las nueve de la mañana el timbre sonó y corrí a abrir la puerta encontrándome a una Irina con una sonrisa complaciente y dispuesta. Últimamente sonreía más que nunca.
Al poco tiempo, cuando Irina y yo nos habíamos propuesto empezar, volvieron a tocar el timbre. Esta vez Josh con los ojos medio cerrados aun y bostezando como un poseso, entró dándole los buenos días a Irina y preguntando qué era lo que tenía que hacer.
– ¿Realmente crees que queda bien ahí? – Me preguntó Josh cuando Irina sujetaba la tabla de una estantería en la pared. Ella puso los ojos en blanco.
–Josh, no tienes ni idea. – Respondió ella.
–A lo mejor tendrías que llamar a tu madre, Edward. – Insistió Josh. Aun no comprendía por qué disfrutaba tanto haciendo rabiar a Irina.
–A lo mejor tendrías que cerrar tu maldita boca y ponerte en serio a montar el armario en lugar de estar criticando todo lo que hago, Josh. – Yo miraba algo sorprendido la escena.
Josh e Irina solían comunicarse muy bien en el hospital, sobretodo a cuanto intervenciones se refería, así que para mí era nuevo que se comportaran así entre ambos. Miré a Josh, quien parecía querer aguantarse una sonrisa.
–Sí, mi capitana. – Y salió del que sería mi pequeño estudio. Escuché bufar a Irina.
– ¿Te parece bien aquí? – Hizo su pregunta queriendo disimular su malestar, pero no lo logró del todo, y su tono fue molesto.
–-Creo que sí, Irina. – Contesté no queriendo llevarle la contraria.
–Perfecto. – Y cogió el taladro. Quise detenerla, pero miedo me dio decirle algo.
Mientras ella se ocupaba de la estantería, yo me dediqué a montar mi escritorio de cristal. Y después de ello, terminamos montando algunos muebles archivadores y pasando cables entre los tres para poder conectar el teléfono y el ordenador.
–Uf, vale. – Dijo Irina. – Nos queda el comedor.
– ¿Por qué no te aseguraste de que estuviese amueblado? – Me preguntó Josh.
–Quería ponerlo a su gusto. – Le respondió Irina poniendo los ojos en blanco.
–Pues nos habríamos ahorrado trabajo. ¿No estás cansada? – Le preguntó Josh.
–Un poco, pero aún aguanto. – Le contestó. – Por cierto, Edward, ¿tienes que abastecer la cocina?
–Pues sí. Anoche me arreglé con algo que preparó mi madre, pero debería ir al supermercado.
– ¿Terminamos con el comedor y vamos? – Preguntó ella.
–-Tú estás loca, tengo el comedor patas arriba con un sinfín de tablas que no sé de qué muebles son. – Contestó Josh, pero Irina no le miró.
–Le hablaba a Edward.
– ¿Qué te parece si te aclaras con las tablas mientras yo bajo con Irina al supermercado? – Su semblante pareció cambiar a uno de sorpresa inesperada. – Si quieres puedes ir tú con ella mientras me aclaro yo. – Le ofrecí.
–Edward, eres tú quien va a comer aquí, no Josh. Sería importante que estuvieses presente. – Volvió a responder Irina.
–No te preocupes Edward, cuando lleguéis tendrás listos todos los muebles, así que espero que prepares un buen banquete. – Continuó Josh.
–Está bien.
Conduje el Volvo hasta llegar al supermercado. Realmente iba a necesitar la mano de una mujer para que mi cabeza no olvidase nada esencial para la cocina. Me visualizaba, a cada momento, con libros de cocina, y no es que no supiese defenderme, pero no salía de los platos típicos que solía cocinarme en Boston cuando no comía el menú de la facultad.
–Creo que ahora te hace falta un poco de dulce, ¿no crees? – Me sonrió Irina.
–Dulce. No me gusta mucho el dulce. – Le contesté sonriéndole de vuelta. Ella abrió los ojos sorprendida.
– ¿En serio? ¡Pues no pasa nada! ¡Algo salado! Seguro que te gustan los frutos secos. – Salió disparada hacia la zona donde se suponía que estarían, pero me quedé en el pasillo estático al ver quien se acercaba ajeno a mi presencia.
El corazón comenzó a bombearme sin piedad con más fuerza a medida que aquella figura se acercaba. No podía moverme, él había sido para mí siempre alguien a quien le guardaba un gran respeto. Pero lo había olvidado, y en ese momento, justo cuando sin más remedio, el destino nos había hecho chocar de frente, no sabía cómo reaccionar ante él. Me visualizó cuando faltaban solo un par de pasos para llegar hasta mí, pero solo me vio. Fue al siguiente segundo cuando me reconoció y se detuvo frunciendo el ceño.
–Jefe Swan. – Saludé tragando saliva.
–Vaya. No esperaba encontrarte aquí. ¿Va todo bien? – Charlie me miraba desafiante y en el fondo de su mirada podía notar su rabia reprimida.
–Sí, todo bien. – ¿Por qué tenía que sentirme tan mal cuando yo no tenía la culpa de nada? Él asintió con la cabeza, muy serio en todo momento, y comenzó a caminar pasando por mi lado sin dirigirme ni una sola palabra más.
– ¡Papá! – Esa voz. ¡Mierda! – Mira, lo habían cambiado de pasillo. Tu crema de cacahuete. – Yo me había quedado de espaldas, así que no podía verla, pero la voz de Bella sonaba dulce y entusiasmada.
–Gracias, cariño.
Y no pude soportarlo y lo hice, siendo un completo idiota. Me giré de forma involuntaria en lugar de seguir caminando hacia delante. Bella le sonreía a su padre con el bote en la mano, pero Charlie se percató de mi reacción y no pudo evitar enfocar su mirada en mí. Le sostuve un segundo la suya antes de que Bella se diese cuenta de mi presencia. Y en ese mismo instante el tiempo se detuvo una vez más. Como el primer día en el que nuestras miradas se encontraron, la sorpresa brilló en ellos para después transformarla en rencor.
– ¡Edward! – Escuché la voz de Irina, pero no me giré.
Me di cuenta como agrandó los ojos al darse cuenta de la aparición de Irina, pero después bajó la vista hacia la crema de cacahuete, sonrió, y cogió del brazo a su padre cariñosamente hasta alejarse de allí. Algo que sin duda agradecí.
– ¡Ey! – Exclamó Irina ya a mi lado. –Mira, tienes pipas, cacahuetes, kikos, revoltillo…– Me enseñó un montón de bolsitas.
–Ponlas todas, Irina.
– ¿Ha pasado algo? – Preguntó ella. Yo suspiré antes de reírme por la situación.
–Acabo de ver al padre de Bella con ella. – Y solté una carcajada.
– ¿Y por eso te ríes? – Preguntó ella sorprendida.
–Me río porque me he dado cuenta que sigue representando la autoridad para mí. – Contesté. Irina sonrió negando con la cabeza.
–Es sheriff después de todo.
–Sí, es sheriff. – Murmuré.
– ¿Ella no te ha dicho nada? – Preguntó de manera precavida.
– ¿Bella? No. Además creo que no tenemos nada que decirnos. – Vi por el rabillo del ojo como Irina asentía no muy convencida.
Cuando volvimos del supermercado, Josh ya tenía casi todo listo. Solo tuvimos que ayudarle a montar dos muebles pequeños más. Irina se ofreció a hacer el almuerzo mientras Josh y yo limpiábamos a fondo. Nos acusó de lentos cuando al llamarnos para comer le comentamos que aún nos faltaba limpiar el cuarto de baño y mi estudio.
Así que después de comer seguimos limpiando con la ayuda de Irina, quien tenía que admitir que tenía más desparpajo que nosotros dos en eso de la limpieza.
–Dios, estoy muerta. – Comentó Irina al ponerse la chaqueta, ya en la entrada.
– ¿No vas a salir con nosotros esta noche? – Le preguntó Josh.
– ¿Vais a salir? – Cuestionó ella agrandando los ojos, evidentemente sorprendida. – ¡Yo estoy muerta! No, no. Avisadme otro día, yo esta noche me voy pronto a dormir.
–Será una lástima no tenerte con nosotros, Irina. – Le dije sonriendo. – Y gracias por todo. – Le agradecí dándole un beso.
–Ya sabes que estoy aquí para lo que desees. – Respondió ella.
–Ey, tío, ¿y yo qué? –Preguntó Josh.
–Tú tienes suficiente con que esta noche te pague lo que bebas en agradecimiento. – Él solo sonrió y le guiñó el ojo a Irina.
Decidí dormir un poco cuando ellos se fueron para aguantar aquella noche en Eclipse. Verdaderamente estaba exhausto.
Al despertar, el encontronazo con Bella llegó a mi memoria. ¿Por qué era tan difícil quitármela de la cabeza? Lo único que deseaba era alejarla de mi mente, ser libre como lo era en Boston. Cerré los ojos con fuerza. No podía quedarme tumbado pensando en ella, no era sano para mí. Si la única forma de tener la mente distraída era haciendo otras cosas, las haría.
Me dirigí hacia una de las estanterías de mi despacho en la que toda una pila de libros descansaba ordenadamente y cogí el titulado "Cirugía vascular" de Dai Yamanouchi. Lo había leído con anterioridad, pero desde hacía días releía algunos puntos que pensaba que me serían útiles para una de las próximas intervenciones. Agradecí estar entretenido en ese libro y que mi madre me llamara esa noche antes de la cena, pues no tuve tiempo de pararme a pensar.
Josh me llamó a las 11: 00 p.m., justo cuando yo salía de la ducha, para concretar a la hora que nos veríamos en Eclipse. Coincidimos que a las 11:45 p.m. sería más que suficiente.
El ambiente en Eclipse no estaba muy animado cuando Josh y yo cruzamos la puerta, pero para mí era suficiente hasta ese momento. Quizás esa noche pudiera conocer a alguna chica que me distrajera un poco más. Una hora más tarde el pub comenzó a recibir una mayor cantidad de gente y la barra casi estaba completa, a parte de algunos grupos de personas balanceándose suavemente al ritmo de la música.
Entonces la vi pasar. Iba acompañada por Rose y Alice. Avanzó por la escasa multitud con naturalidad, ajena a mi presencia, enfundada en un vestido de seda fucsia con escote en palabra de honor, y más largo de la parte de atrás que de la de alante. El cabello suelto, terminando en esos bucles en los que solía enredar mis dedos…
– ¿Edward? – La voz de Josh me hizo salir de mi trance.
–Sí. ¿Decías? – Pregunté.
–Que Bella acababa de entrar, pero ya veo que te has dado cuenta. – Dijo con voz divertida, mirándome de igual forma.
La miré de nuevo. Escaneó con sumo escrutinio la parte derecha del local, justo la opuesta a la que nos encontrábamos Josh y yo. Se dio la vuelta para mirar a las chicas y con una radiante sonrisa les indicó que había un sofá blanco de piel libre.
De nuevo comenzó a caminar, con ese contoneo tan sensual a la vez que natural, pisando el suelo tan segura subida en esos zapatos de tacón imposible de color negro. No pude evitarlo. Mis ojos recorrieron la longitud de sus tersas y blancas piernas y sentí un tirón en mi entrepierna. Me tensé.
–Parece que quiere matarte. – Una vez más la voz de Josh me distrajo, y lo agradecí infinitamente.
Cuando alcé la mirada hacia su rostro, me miraba con el ceño fruncido. ¿Se había dado cuenta que me la estaba comiendo con la mirada? ¡Dios! ¿Por qué me seguía pareciendo tan irresistible?
Le sonreí a Josh y bebí de mi cubata.
–Que lo intente. No creo que pueda conmigo. – Le contesté.
En otro momento, habría caído rendido a sus pies. Pero habían pasado siete años, y el dolor no había desaparecido, sino que había aumentado. Por supuesto, un tempano de hielo rozando toda mi piel habría provocado en mí menos dolor que el que ella me causó con su engaño. El invierno en mi vida era permanente aunque en el resto del mundo no lo fuera. Y mi corazón se había convertido en un bloque de hielo que nadie sería capaz de calentar.
–Pues yo creo que te tiene en sus manos. ¿Te has visto la cara? La próxima vez recuérdame que traiga un espejo para que te puedas ver – Bromeó. Estaba seguro de que estaba aguantándose una carcajada.
–Vale, tengo que admitir que está buena. Pero no volvería a caer en sus redes, Josh. – Le aclaré. Él asintió alzando una ceja, no muy convencido, y seguro que dándome la razón como a los locos. Eso me daba mucha rabia. – ¿Es tan difícil creer que no quiero pasar por lo mismo y que eso es suficiente para que no vuelva a caer? – Le pregunté algo enfadado.
–Para nada. Perdona, Edward. Yo solo digo que nunca puedes decir de este agua no beberé. – Y dio un trago a su cubata.
Me sumergí en una conversación sobre mujeres con Josh, tratando de no mirarla en ningún momento. Me contó que había tenido tres relaciones serias y que ninguna de las tres chicas había sido compatible con él, pero no por ello creía estar cerrado al amor. Realmente parecía muy tranquilo tratando ese tema, convencido de que algún día encontraría a su media naranja.
Yo le comenté sobre la opinión en general que tenía sobre las mujeres, y que si permitía que alguna se hiciese un hueco en mi vida sería solo como amiga, como nada más. Él discrepó en eso último, defendiéndolas y advirtiéndome que cualquier amiga podría pasar a ser alguien más en mi vida en cualquier momento.
–En serio, Edward, puede que no lo veas ahora, pero de la amistad al amor puede que solo haya un paso en más de una ocasión. Y lo mismo pasa del odio al amor. – Me volvió a repetir. Yo suspiré y puse los ojos en blanco, lo que me obligó, de forma involuntaria a mirar al lugar donde estaba Bella.
Se había quedado sola y parecía pensativa, mirando a la pista. Miré hacia su misma dirección, viendo como Rose y Alice bailaban con enormes sonrisas, seguramente algo achispadas. Yo solo asentía continuamente, haciendo algunos gestos a todo lo que Josh intentaba meterme en la cabeza. Cuando no puedes hacer cambiar de opinión a alguien, antes de provocar una discusión, dale la razón.
En un momento dado, ella debió notar que la estaba mirando, porque su profunda mirada chocolate se encontró con la mía y me la sostuvo sin pestañear ni un solo momento. Vi por un instante a la que una vez fue mi Bella; me volví a perder en su rostro como lo había hecho alguna vez en el pasado, deleitándome con el placer de ser testigo que ella seguramente estaba haciendo lo mismo conmigo.
Justo estaba asintiendo a lo que Josh me decía sin estar escuchándolo realmente, cuando vi como un chico se sentaba junto a Bella y ella rompía nuestro contacto visual.
Fruncí el ceño y me envaré sin poder controlarme.
– ¿Qué pasa, tío? – Me preguntó Josh. Su tono de voz había cambiado de tranquilo a molesto. Seguramente acababa de darse cuenta que no lo había estado escuchando. – Ah. No te preocupes por él.
– ¿Qué? – Pregunté. – ¡Ah! – Respondí cuando comprendí a lo que se refería. – No estoy preocupado por él, y por ella menos. – Dije mirándola de reojo. Josh rió entre dientes.
–Ya, claro, por eso no puedes dejar de mirarla. – Me acusó él, mirando en ese instante a la misma dirección que yo.
El chico, quien no me sonaba en absoluto la había saludado, se habían dicho algo, y él se acercó a ella para besarla en la mejilla. No me di cuenta que él llevaba un vaso en la mano hasta que se lo ofreció a Bella. Ella negó con la cabeza y se acercó para hablarle al oído para después mirarlo y sonreírle dulcemente. ¿Así se ganaba a los hombres? Él asintió apenado y le sonrió de nuevo. Ella pestañeó y se mordió el labio cuando él le dijo algo, y después le cogió la mano antes de acercarse de nuevo a su oído.
–Josh, salgo a fumar. – Le dije casi sin poder articular palabra de lo tensa que sentía la mandíbula.
Había sido suficiente. No podía tolerar más el ver a esa presumida ligando con aquel iluso. ¿El tipo no se estaba dando cuenta que ella se estaba riendo de él como ya lo había hecho hacía años conmigo? Hasta estaba comenzándome a dar pena, pero no por eso mi furia bajaba de intensidad.
Salí fuera del local y con un movimiento frenético saqué la caja de tabaco del bolsillo trasero de mis vaqueros para coger de igual forma uno de aquellos cilindros que eran los únicos capaces de calmarme. Me llevé la boquilla a los labios y con una notable calada lo encendí con mi mechero. Dios, era ridículo, pero ya comenzaba a sentirme un poco más tranquilo. Lo único que deseaba en aquellos momentos era desaparecer. Era un asco. Mi vida se había convertido en algo parecido a un cigarro. En muchas ocasiones tenía la sensación de que me iba consumiendo tan rápido que a penas podía disfrutar del momento. Y este, era uno de esos momentos.
Volvía a tener claro que el volver a Forks había sido un enorme error por mi parte, pero ahora nada podía hacer. ¿Cómo iba a decirle a mi padre que me iba? Además, mi sueño siempre había sido trabajar con él. ¿Por qué demonios tendría que irme a causa de una presumida que me había roto el corazón hacía años?
Miré el cigarrillo casi a la mitad y la pequeña línea curvada del interior de mi dedo anular llamó mi atención. En su momento me había parecido una idea maravillosa tatuarme aquel medio corazón. En esos momentos habría preferido no hacerlo. Iba a morir conmigo, así que daba gracias, al menos, a que estuviese en un lugar tan poco visible como ese.
La puerta del local se abrió de un brusco empujón y me giré al ser consciente que quien había salido había frenado de inmediato antes de dar ningún otro paso. Claro, ¿Quién más podía ser que Bella? Me pregunté mentalmente poniendo los ojos en blanco.
–Ah… – Salió de sus labios. Fue un "Ah" definido y desagradable. El mismo "Ah" desganado y burlón que yo respondería si alguien como ella intentara excusar algunas de sus culpas del pasado. Jamás podría creerla. – Así que fumas. –- Rió de manera incrédula mientras sacaba de su bolso otro paquete de tabaco idéntico al mío. –No podía imaginarme como un doctor que salva vidas consumía la suya propia con cigarrillos hasta que he visto tu viva imagen. – Intenté ignorar el tono indiferente y altivo de su voz, pero me fue imposible. Volví a llevarme el cigarro a los labios.
–Te sorprendería saber tantas cosas de mí, preciosa. – Ella volvió a reír de la misma forma que antes debido a la clara insinuación sexual impregnada en mi respuesta mientras sacaba uno de sus cigarros. Después se lo llevó a la boca para encenderlo; una acción que quedó en el intento. Su mechero había sufrido las graves consecuencias de que esa mujer se cruzase en su camino. – Yo tampoco sabía que fumabas. – Pero ella decidió ignorar mi comentario.
– ¿Me dejas el tuyo? – Preguntó enseñándome su inservible encendedor. Sonreí absorbiendo una vez más el humo de mi cigarro, infundiéndome valentía, y saqué el mechero de mi bolsillo para acercarlo al suyo antes de encenderlo.
No pude evitarlo y me fije en sus labios carnosos fruncidos absorbiendo para poder encenderlo. A cada lado se formaban dos hoyitos debido al gesto. Sus dedos índice y corazón lo aguantaban por la boquilla con suavidad y por un momento deseé quitar ese objeto para poder besarlos.
Una vez, tiempo atrás, lo había hecho y me había encantado. Como si de un llamado silencioso se tratase mis ojos miraron a los suyos y me sorprendí al notar tanta intensidad al fijarse en los míos. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza, y asegurándome de que su cigarro estaba encendido, me alejé.
–Gracias. – Respondió ella.
Yo me encogí de hombros y volví a llevarme el cigarro a los labios. Estaba intentando no parecer débil ante su presencia y parecer tranquilo, pero lo cierto era que estaba deseando acabarme aquel cigarro para encenderme otro.
Tenía que irme de allí cuanto antes.
–Tengo que irme. – Anuncié tirando mi cigarrillo al suelo y pisándolo.
–Nunca te gustó salir demasiado por las noches. – Respondió ella con el mismo tono burlón del principio. Yo elevé una de mis cejas. – O al menos eso decías.
Ella tenía razón. Nunca me había gustado demasiado salir por las noches, pero no iba a darle el gusto de que su afirmación cobrase vida; al menos no esa noche. Reí entre dientes y me giré hacia ella.
–No, no pienso irme de aquí. Solo te informaba de que me iba. No he dicho a dónde. – Alcancé a ver como ponía los ojos en blanco. – Aunque si quieres podemos irnos juntos y pasarlo bien un ratito. – Sabía que estaba siendo desagradable y grosero, pero eso se había escapado de mi boca sin poder detenerlo. Ella soltó una carcajada.
– ¿Cómo puedes ser tan directo? Desde luego que Boston te ayudó a quitarte la hipocresía y enseñarte a ser tú mismo.
No supe a qué se refería con aquella afirmación, pero supuse que se debía a una clara reacción por no saber qué contestar. Negué con la cabeza de manera divertida.
–Desde luego sí me enseñó a perfeccionar algunas cosas. Si te lo piensas mejor, solo tienes que decírmelo, preciosa. Estaré en la barra. – Y me alejé, dejándola con su cigarrillo a medias.
Volví a la barra con una sonrisa de suficiencia.
–Te la has encontrado, ¿no? – Preguntó Josh. Yo solo asentí y llamé al barman.
– ¿Me pones otro igual? – Le pedí. – Fuma. Algo nuevo también.
–Bueno, tú fumas, eres cirujano y no es un crimen capital. – Comentó él. Yo solo negué con la cabeza sonriendo y pagué.
Me bebí en unos pocos tragos el cubata que había pedido y volví a pedir otro. Miré a Josh quien me miraba con el ceño fruncido.
–Edward, tranquilízate, ¿no?
–Vamos, disfruta la noche. Ya sabes que vivo aquí al lado, no tienes que irte a tu casa si crees que no puedes conducir. – Le animé.
De hecho, Eclipse quedaba tan cerca de donde vivía que había ido caminando, ya que solo estaba a un par de calles del piso.
Cuando el barman me puso el siguiente cubata, vi como Bella se acercaba hasta las chicas y comenzaba a bailar con ellas. Su caderas se agitaron al ritmo de la música y sus brazos se movieron hacia arriba, dejando caer la cabeza hacia atrás con una enorme sonrisa. Alice se alejó solo un instante para llevar en seguida tres cubatas. Parecía más animada que antes. Bella se acercó a ella para decirle algo al oído y Alice negó con la cabeza, y parecía que volvía a insistir sobre algo porque Alice hizo un puchero.
–Si sé que te ibas a quedar toda la noche mirándola me hubiese quedado en casa. – Oí comentar a Josh, algo que por un instante me hizo sentir mal. Volví a beber de mi cubata y me acomodé mejor en el taburete, sintiendo los primeros efectos del alcohol.
–Lo siento, Josh, prometo no volver a distraerme. – Le dije antes de volver a dar otro sorbo.
–Edward. – La voz aburrida de Alice me saludó, pensaba que no iba a hacerlo en toda la noche.
–Hola. – Le dije algo seco.
–Te había visto antes, pero no quería molestar. – Se disculpó.
– ¿Cómo estás?
–-Bien, hacía mucho que no venía por aquí.
– ¿Y a qué se debe tu vuelta? – Intenté sonar lo más neutral posible, aunque tenía que admitir que me costaba.
–No creo que te incumba. – Sonreí y puse los ojos en blanco.
–Bueno, pues me alegro de haberte visto. – Le contesté sin saber qué más decir. Ella asintió y se volvió a alejar para reunirse con sus otras dos amigas. – Es mi prima. - Dije contestando a la pregunta mental de Josh cuando lo miré.
–Ah, muy guapa.
–Está casada. – Josh rio.
–Eh, tranquilo, no estaba interesado en ella. – Volvió a reír, y eso hizo que yo riera también, aunque tampoco sabía porque me reía.
Volví a girar la cabeza de manera involuntaria, y sin poder controlarme, de nuevo me tensé. Vi a Bella bailando con un chico. Él la sostenía por la cintura y ella había puesto sus manos en los hombros de él. Me sentí morir sin quererlo. Ese chico estaba tocando lo que era mío, y la sensación no me gustaba en absoluto. La miré siendo consciente esa vez de que ella me estaba mirando de reojo y que una sonrisa maléfica se pintaba en sus labios. Después le susurró algo a él en el oído. ¿Qué coño…?
El chico giró su rostro y pude darme cuenta de que se trataba de Hugh. ¡Hugh! Aquel imbécil que quiso robarle un beso una vez. El responsable que me hizo saber por primera vez lo que era sentir celos estaba volviendo a provocármelos. Vi como ella sonreía coqueta, él avanzó queriéndola besar, pero ella giró su rostro, dejándole con las ganas de probar aquellos labios apetecibles. Mis dientes dolían e intenté relajarme.
Bella volvió a decirle algo en el oído a él; algo que lo sorprendió y le hizo asentir para después alejarse. Se mordió el labio y me miró sugerente antes de alejarse hasta los aseos. Quise quedarme clavado en el taburete y no responder a aquella provocación de su parte. ¿Estaba tratando que la siguiera? Juro que no quise hacerlo, pero mi voluntad falló y el deseo de seguirla me ganó.
– ¡Edward! – Escuché que me llamaba Josh por sobre la música, pero lo ignore. Ahora era un hombre con un solo objetivo en mente.
Con pasos largos y decididos llegué hasta los baños sacando un billete bastante sustancioso de mi cartera, justo en el momento en el que ella abría la puerta del de mujeres. Rodeé con mi mano su brazo y tiré de ella hacia Dale, quien solía controlar quien entraba a los baños, y actué sin pensar. Nos conocíamos, ya que habíamos ido juntos al instituto, así que pensé que no le costaría hacerme un pequeño favor.
–Toma, tengo más de estos. – Le dije guardando en el bolsillo de su americana un billete de cien dólares.
–Pero no puedo, Edward. – Bella en ese momento se quiso zafar de mi agarre dándome una patada en la espinilla, pero la volví a empujar contra mí afianzándola, al mismo tiempo que Dale miraba la cantidad y enmudecía. – Rápido. – Me pidió dejándome pasar a una zona de acceso limitado con Bella.
– ¡Tú…! ¡Déjame, animal! – Gritaba intentando en todo momento deshacerse de mí. La empujé contra la pared, a oscuras, y la inmovilicé con mi cuerpo, rodeando sus muñecas para dejarlas también contra la pared a cada lado de su cabeza.
Le hubiese gritado que era una maldita provocadora, que cómo se le había ocurrido ponerse a bailar con semejante imbécil, pero solo fueron preguntas que me hice mentalmente. Mis labios atacaron su cuello, y ella no volvió a decir nada más, solo pataleaba intentando defenderse, intentando deshacerse de algo que ella deseaba de la misma forma que yo. Toqué sus labios con los míos en el mismo forcejeo. Ella me empujó, me dio un bofetón y quiso escapar, pero la rodeé por la cintura y volví a ponerla contra la pared esta vez atacando sus labios.
Casi me di por vencido y la dejé marchar, pero el sentir que sus labios me besaban de la misma forma que lo hacían los míos al mismo tiempo que me empujaba con sus brazos me excitó en sobremanera. Me estaba besando a pesar de que no quería, ¿Qué pasaba por su cabeza? ¿Que yo deseaba besarla de esta forma animal y necesitada? En cierto modo lo hacía, la deseaba como un loco, pero no era lo que quería que mi cuerpo deseara.
Inmovilicé sus brazos por detrás de su espalda y volví a besarla. Esta vez noté como se entregó a mis besos, y al siguiente segundo, las sensaciones me transportaron siete años atrás.
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Uy... ya dije yo que vendrían curvas, ¿y ahora qué, qué creeis que pasará? jajaja Aviso de que el lunes se acercan más curvas todavía. ;)
Muchas gracias por vuestros reviews, os sigo leyendo! :)
Un besito muy grande! :)
