Hola hola bellezas hehe q tal vamos? todo bien?
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 19
Bella estaba bajando las escaleras, encantada consigo misma, cuando de pronto la puerta de la calle se abrió.
-Límpiense los pies -dijo automáticamente.
Soltó una carcajada y bajó el resto de las escaleras para abrazar a sus dos hijos.
-Está lloviendo -la informó Chris.
-¿De verdad?
-Se me han empapado las hojas -Ben se quitó el abrigo y lo dejó caer al suelo.
-No se te habrían mojado si usaras la cartera.
-Eso es de chicas.
Levantó su abrigo, porque su madre lo estaba mirando fijamente y después le tendió un papel húmedo y arrugado.
-¡Un sobresaliente! -Bella se llevó una mano al corazón, como si hubiera sufrido una gran impresión-. Vaya, Edward, parece que alguien ha puesto tu nombre en ese papel.
Ben se echó a reír, un poco avergonzado.
-No, es mío.
-La prueba de ortografía de la lección treinta y uno sin un solo fallo la ha hecho Benjamín Carlisle Black? Mi Benjamín Carlisle Black?
Ben arrugó la nariz, como hacía siempre que le recordaban su nombre completo.
-Sí.
Bella lo tomó entonces por los hombros.
-¿Sabes lo que significa eso? -le preguntó solemnemente.
-¿Qué?
-¡Chocolate caliente para todos!
Una sonrisa iluminó el rostro del pequeño.
-¿Podré tomar merengues?
-Desde luego.
-¿Chocolate caliente? -preguntó Edward, que bajaba en aquel momento las escaleras. Sonrió de oreja a oreja.
Bella le pasó el brazo por los hombros a su hijo.
-Estamos celebrando que ha superado la prueba de la lección treinta y uno sin un solo fallo. Ha conseguido deletrear correctamente veinte palabras mortíferas -le mostró el examen, en el que brillaba una estrellita dorada.
-Impresionante -Edward acarició a Chris cariñosamente la cabeza y después le tendió la mano a Ben-. Enhorabuena.
-No es para tanto -musitó, pero parecía secretamente complacido por el apretón de manos-. ¿Podré comerme tres merengues?
-Estos chicos saben sacar ventaja de cualquier situación -declaró Bella-. Venga, colgad los abrigos -dijo automáticamente, mientras entraban en la cocina.
Durante los siguientes veinte minutos, la cocina se llenó de las historias que les habían pasado en el colegio a lo largo del día. Después de inflarse de chocolate, Ben y Chris se pusieron las botas y los abrigos y salieron a hacer sus tareas.
-Creo que no había probado un chocolate caliente desde hace veinte años -musitó Edward, con la mirada clavada en la taza vacía.
-¿Te trae viejos recuerdos?
-Mi madre solía hacer chocolate -cuando Bella se inclinó sobre el mostrador y sonrió, se descubrió a sí mismo continuando aquella conversación-: Es una gran cocinera. Creo que hace la mejor tarta de crema de New Jersey.
-¿Ves muy a menudo a tus padres?
-Un par de veces al año -se encogió de hombros, sintiendo aquella familiar mezcla de culpabilidad y resignación-. Nunca me parece lo suficiente.
-Te comprendo.
Bella miró hacia la ventana por encima del hombro de Edward. Llegaría un momento en el que sus hijos se marcharían, en el que tendría que dejarlos marchar. Ese era el precio de ser madre.
-Yo tampoco veo a los míos muy a menudo. Nunca están mucho tiempo en el mismo lugar.
-Continúan actuando.
-Creo que siempre lo harán -el cariño impregnaba su voz-. Basta que haya dos personas en una habitación para que se muestren dispuestos a entretenerlas. Si crees en la teoría de mi padre, es algo que se lleva en la sangre. ¡El está orgullosísimo de Rosalie! y de Alice por haber llevado la tradición familiar a lo más alto. Y le molesta que no lo haya hecho Garrett.
-¿A qué se dedica tu hermano?
-A viajar -se encogió de hombros-. Ninguno de nosotros sabe realmente a qué se dedica -tomó una galleta de la fuente y le ofreció otra a Edward-. Mi padre dice que ni siquiera él lo sabe.
-¿Y tú? ¿Has tenido algún problema con tu padre por no dedicarte a cantar?
-Oh, no -sonrió-. Yo les he dado a Ben y a Chris... eso es mejor que cualquier función. Tus padres deben estar muy orgullosos de ti.
-Mi padre hubiera preferido que me quedara en la granja ordeñando vacas -sacó un cigarrillo-. Pero mi madre dice que lee todo lo que escribo.
-No es extraño, puesto que...
-¡Mamá!
Chris irrumpió en aquel momento en la cocina, dejando un rastro de barro. Bella corrió hacia él, buscando la señal de alguna herida.
-¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado?
-Es Eve. Está enferma. Está tumbada y suda mucho.
Bella ya había descolgado el abrigo de la percha. Sin molestarse en ponerse las botas, salió corriendo de casa. Cuando llegó al establo, Ben estaba sentado al lado de la yegua, haciendo serios esfuerzos para no echarse a llorar.
-¿Se va a morir?
Bella se agachó a su lado y posó una mano en el vientre del animal.
-No, por supuesto que no -le pasó el brazo por los hombros a Ben y lo estrechó con fuerza-. Solo va a tener un potro. Ya hablamos sobre ello, ¿no te acuerdas?
-Pero parece que está terriblemente enferma.
-Cuando vienen los bebés al mundo, duele un poco. Pero pronto estará estupendamente -con el corazón en la garganta, Bella rezó para que aquella no fuera una promesa que no pudiera cumplir-. Tiene contracciones -susurró, intentando tranquilizar a la yegua-. Su cuerpo la está ayudando a sacar al bebé.
Pero lo único que Ben podía comprender era que la yegua se estaba estremeciendo. El sudor del animal empapaba el abrigo de Bella y el heno fresco.
-¿Por qué tiene que doler?
-Porque a veces la vida duele un poco, Ben. Pero merece la pena -uno de los gatos del establo maulló como si quisiera mostrarle a Eve su apoyo-. Ahora, Ben, quiero que vayas a casa y llames al veterinario. Primero dile quién eres, ¿de acuerdo?
-Sí -casi sollozó Ben.
-Después dile que Eve está de parto.
-¿De parto?
-Así es como se dice cuando alguien va a tener un bebé -le explicó, y le dio un beso en la mejilla-. Adelante. Y después vuelve. Me gustaría que vieras esto.
Ben salió a toda velocidad, suficientemente recuperado ya como para asumir con placer aquella responsabilidad. Mientras la yegua soportaba aquellas dolorosas punzadas, Bella le sostenía la cabeza en el-regazo.
-¿Puedo hacer algo?
Alzó la mirada y vio a Edward en la entrada del establo, con Chris firmemente aferrado a su mano. El niño tenía los ojos abiertos como platos y expresión de estar completamente fascinado. Bella sonrió al verlo.
-He ayudado al veterinario en algún otro parto y al final, la verdad es que no se puede hacer mucho más que consolar a la madre. Aquí es Eve la que tiene el papel estelar -Eve gimió con la siguiente contracción y Bella se inclinó hacia delante, intentando consolarla-. Oh, ya sé que duele, pequeña.
El sudor de la yegua se transfería a su propia piel. Bella deseó poder asumir también parte de su dolor.
Chris tragó saliva. Nunca había visto nada parecido. Una de las gatas había tenido gatitos una vez. Pero él los había encontrado ya acurrucados, limpios y desnudos contra su madre.
-¿Te dolió mucho cuando yo nací?
-Tú fuiste una tortuga -la yegua tenía los ojos semicerrados y respiraba pesadamente. Con la mano sobre el vientre de Eve, Bella podía sentir la fuerza de las contracciones-. Hubo momentos durante el parto en los que llegué a pensar que no tenías ninguna intención de salir. El médico me puso música. Y cuando naciste, estaba sonando Let it Be.
-¿A Eve le gustará la música?
-Estoy segura.
Deseando ayudar, Chris salió a toda velocidad y regresó a los pocos minutos con la radio. Una familiar balada inundó el estadio.
-El veterinario ha dicho que vendrá en cuanto pueda, pero que no hay que preocuparse porque Eve es muy fuerte -Ben volvió corriendo y se colocó al lado de su hermano.
-Por supuesto que sí.
Pero mientras los minutos que pasaban entre contracción y contracción disminuían, iba a aumentando la preocupación de Bella. Sabía que podía atender un parto sencillo sin necesidad del veterinario. Cuando una mujer vivía sola y tenía que criar a dos hijos, no tenía otra opción que aprender a confiar en sí misma. Pero si surgían complicaciones... Sacudió la cabeza e intentó aclarar sus pensamientos. Sucediera lo que sucediera, iba a tratar a Eve lo mejor que pudiera. Aquel caballo significaba más, mucho más, que una forma de ganarse la vida. Eve era un ser vivo, un animal por el que se había preocupado día tras día durante todo un año. Cuando el dolor atravesaba a la yegua, parecía dolerle a ella. Entonces Edward se agachó a su lado.
-Lo está haciendo muy bien -le aseguró-. Mira, nunca he estado en el parto de una yegua, pero ayudaba a parir a mis vacas.
Bella apoyó la cabeza en el hombro de Edward brevemente, con un gesto que llamó la atención de Ben.
-Gracias.
Pero cuando el potro empezó a salir, Bella ayudó a sacarlo al mundo antes de que Edward pudiera intervenir. Su propio sudor se mezclaba con el de la yegua mientras elevaba la voz para animarla. La sangre que acompañaba al nacimiento de una nueva vida empapó sus manos. La esperanza de la llegada de un nuevo ser iluminaba su mirada. Se volvió hacia Edward y descubrió que la estaba mirando. Miró a sus hijos y los vio observando el nacimiento del potro completamente boquiabiertos.
-Es increíble, ¿verdad?
Ben miró a Edward e hizo una mueca.
-Es bastante asqueroso -pero entonces vio las delgadas piernas emerger, y después una cabeza-. ¡Es un caballo! ¡Un caballo de verdad! -tanto él como Chris se acercaron para verlo de cerca.
-Pero es grande -Chris observaba al caballo intrigado-. ¿Cómo cabía dentro de Eve?
-Es una yegua -musitó Bella, llorando sin ningún tipo de vergüenza-. ¿No es preciosa?
-Está muy sucia -comentó Ben.
Entonces Eve se acercó inmediatamente a su pequeña y se dedicó a limpiarla.
-Buen trabajo -Edward le pasó a Bella la mano por el pelo y la besó-. Un buen trabajo, de verdad.
Chris alargó la mano hacia la recién nacida.
-¿Podemos jugar con ella?
-Todavía no, pero puedes tocarla.
La yegua se estremeció mientras intentaba sostenerse sobre sus patas por vez primera, haciendo retroceder a Ben.
-¡Se ha levantado! -sorprendido, miró fijamente a su madre-. Se ha levantado. La hermana pequeña de Cathy Jackson ha tardado meses en levantarse -le complacía enormemente descubrir que su yegua era mucho más lista. ¿Podemos ponerle un nombre?
-No podemos, cariño. Si el señor Jorgensen la va a comprar, querrá ser él el que se lo ponga.
-¿No nos la podemos quedar?
-Chris... -miró a Chris y después a Ben-. Sabéis que no podemos, ya hemos hablado de esto.
-Pero a Ben y a mí no nos vendiste.
-Los caballos crecen muy rápido -intervino Edward-. Y esta yegua va a estar preparada para vivir por su cuenta en unos cuantos meses.
-Podremos ir a visitarla.
Ben alzó la barbilla, como si estuviera desafiando a alguien a rebatirlo.
-Claro que sí -Bella le sonrió; Su pequeño estaba creciendo muy rápidamente-. El señor Jorgensen es un hombre muy amable.
-¿Cuando Gladys tenga el potro también podremos verlo? -Ben se acercó por primera vez a acariciar al potrillo.
-Si no estáis en el colegio... -oyó el motor de un coche y se miró las manos. Hasta entonces no se había dado cuenta de que las tenía llenas de sangre-. Ese debe ser el veterinario. Será mejor que me lave.
La emoción no disminuyó hasta mucho después de la hora de acostarse. Como lo comprendía, Bella dejó que los niños salieran a darle las buenas noches a la yegua recién nacida mucho después de la hora en la que ambos tenían que irse a la cama. Agotada, pero satisfecha, descansaba sentada frente a la chimenea del salón.
-Menudo día -musitó Edward, que estaba a su lado.
-Desde luego. Me alegro de que los niños hayan podido ver el parto. Es algo que nunca olvidarán. Creo que ninguno de nosotros lo olvidaremos.
Sentía una extraña tensión en su interior. Algo que no había experimentado desde hacía mucho tiempo. Sabía lo que era tener una vida creciendo en su interior, lo que era traerla a aquel mundo imperfecto. ¿Alguna vez volvería a llevar un niño en su vientre? Suspiró, recordándose que ya tenía dos hijos maravillosos.
-¿Estás cansada?
-Un poco.
-Y tu mente está divagando.
Bella subió las piernas al sofá y observó danzar el fuego en la chimenea.
-Creo que crees ver demasiado.
-Es extraño, yo tengo la sensación de no haber visto todavía lo suficiente.
Bella bloqueó inmediatamente sus deseos y anhelos y se enfrentó a la realidad.
-Mañana me harás más preguntas, y esperarás que las conteste.
-Para eso estoy aquí, Bella -pero ya no estaba seguro de que aquella fuera toda la verdad.
-Lo sé -tenía que aceptarlo. No podía ser de otra forma-. Pero me había hecho a mí misma algunas promesas, Edward, y voy a intentar cumplirlas.
Edward acarició su pelo, deseando que hubiera otras formas de conseguir lo que necesitaba de ella.
-Ahora mismo no va a haber ninguna pregunta.
Bella cerró los ojos un instante. Quizá, después de todo, todavía quedara espacio para los deseos.
-Esta noche, solo por esta noche, me gustaría fingir que no hay ningún libro, que no hay preguntas que hacer.
Edward sabía que podía haber presionado. Comprendía que, en aquel momento, Bella estaba suficientemente abierta como para contárselo todo. Si tocaba las teclas indicadas, obtendría todas las respuestas que esperaba. Tenía una obligación que cumplir. Deslizó el brazo por los hombros de Edward y miró el fuego que ardía junto a ella.
-En mi casa teníamos una chimenea enorme. Mi madre solía decir que se podría asar un buey en ella.
Bella se relajó contra él, como si fuera la cosa más natural del mundo.
-¿Eras feliz?
-Sí. Nunca me gustó demasiado tener que ordeñar las vacas al amanecer, pero era feliz. Había un riachuelo en la granja y también un viejo roble. Yo solía sentarme a su sombra a leer, escuchando el sonido del agua. Desde aquel rincón, podía viajar a donde quisiera.
Bella sonrió, imaginándoselo de niño.
-Y decidiste ser escritor.
-Decidí proclamar la verdad. Supongo que por eso me hice periodista. Lo hacía pensando siempre en ello -se rió de sí mismo, algo que había aprendido a hacer gracias a ella-. Descubrí que hay que ensuciarse demasiado para conseguirla.
-La verdad -Bella cerró los ojos y deseó que aquella palabra no tuviera unas aristas tan afiladas-. Es muy importante para ti, ¿verdad?
-Sin ella, el resto solo es envoltorio, excusas.
Y ella tenía muchas, pensó Bella.
-¿Y entonces por qué empezaste a escribir biografías?
-Porque es fascinante explorar en la vida de las personas, de una en una, y descubrir en cuántas vidas ha influido, las marcas que ha dejado, los errores que han cometido.
-A veces los errores son algo muy íntimo.
-Por eso nunca he escrito una biografía que no estuviera autorizada.
-¿Y si alguien escribiera algún día la tuya?
Pareció encontrar divertida la idea. Bella lo oyó reír mientras frotaba la mejilla en su pelo. Edward no podía ser consciente de la seriedad con la que estaba hablando.
-Quizá la escriba yo mismo... con todos sus defectos e imperfecciones.
-¿Nunca has hecho nada de lo que estés realmente avergonzado?
No tuvo que pensar mucho tiempo la respuesta. Cualquier hombre de más de treinta años había hecho algo de lo que avergonzarse.
-Sí, yo también he cometido errores.
-¿Y escribirías sobre ellos sin que te importara lo que pudieran pensar los demás después de haberlo hecho?
-No se puede negociar la verdad, Bella -recordó lo que Bella le había contado sobre la concepción de Chris y continuó-. A veces, cuando es algo suficientemente importante, lo único que puedes hacer es fingir que no lo has oído.
Bella pensó en ello mientras observaba el fuego. Y continuó pensando en ello mucho tiempo después.
Como quería empezar pronto a trabajar, Edward llegó a la cocina cuando los niños estaban terminando de desayunar. El tema de conversación era, como cabía esperar, el nacimiento del potro. Los niños discutían, sin demasiada pasión, sobre si Gladys podría ponerse de parto mientras estaban ellos en el colegio. Veteranos ya, se habían preparado para hacer de comadronas. Y para demostrar su valor, cada uno de ellos llevaba una fotografía hecha con la Polaroid a clase.
-Hoy darán hamburguesas en el almuerzo -recordó Ben, mirando expectante a su madre.
Bella volvió a meter el recipiente de la mantequilla en el armario.
-Ve a buscar mi monedero.
-¿Yo también? -preguntó Chris, mientras resbalaba una gota de leche por su barbilla.
-De acuerdo -abrió el bolso cuando Ben se lo llevó. Además de la cartera, sacó un par de guantes de goma y los dejó sobre el mostrador-. Aquí tenéis, pero no lo perdáis.
-No lo perderemos -Chris fue a buscar su abrigo mientras se metía el dinero en el bolsillo-. Mamá, ya sé de dónde vienen los bebés.
-Humm -Bella se estaba sirviendo una segunda taza de café.
-¿Pero cómo llegan hasta allí?
-Oh.
Bella derramó el café sobre el mostrador y descubrió a Edward sonriendo de oreja a oreja mientras se volvía a mirar a Chris. Este la miraba expectante.
Pero si solo tenía seis años, pensó Bella, preguntándose qué se suponía que tenía que decirle. Se arrodilló frente a él e intentó imaginarse cómo explicarle a un niño de -seis años cómo se hacían los bebés en los dos minutos que quedaban para que tuviera que irse al colegio.
-Los pone allí el amor -le dijo y lo besó en ambas mejillas-. Una clase de amor muy especial.
-Oh.
Satisfecho, le dio a su madre un fuerte abrazo y corrió hacia la puerta.
-Vamos, Ben -al ver que su hermano todavía se estaba poniendo el abrigo, sonrió radiante-. A que te gano.
Y tras lanzar aquel desafió, salió volando, dejando a Ben luchando contra la cremallera de su anorak al tiempo que empezaba a correr.
-Adiós, Ben -murmuró Bella.
Y, sacudiendo lentamente la cabeza, se acercó a limpiar el mostrador.
Edward la observaba limpiar con una secreta sonrisa de diversión en el rostro.
-Me gusta tu estilo.
-¿Sí? -riendo, Bella se estiró el borde de un viejo jersey-. Es bastante actual, ¿no crees?
-Me refería a tu manera de responder a una pregunta muy importante y delicada de un niño de seis años. Algunas personas le habrían dado una lección de biología y otras hubieran rechazado bruscamente la pregunta. Tú le has dado exactamente la respuesta que necesitaba -jugueteó con los restos del café-. Me gustaría haber tenido la máquina de fotos cuando te ha hecho la pregunta. Tu cara era un auténtico poema.
-Estoy segura -se acercó a la puerta y comenzó a ponerse las botas.
-Me gusta el aspecto que tienes por las mañanas.
-¿Te gusta mi cara de agotamiento?
-Me gusta tu frescor -la sonrisa de Bella desapareció-. Tu suavidad -bajo la voz-. Me gustaría estar a tu lado en la cama por las mañanas, verte despertar y volver a dormirte y saber que cuando te despiertes otra vez, podré hacer el amor contigo.
Bella sintió que se le aceleraba el pulso y se preguntó si no habría oído bien.
-A mí también me gustaría, pero los niños...
-No he dicho que no lo comprenda. Pero me seduce ligeramente la idea.
A ella la seducía mucho más que ligeramente, pensó mientras conseguía por fin ponerse las botas.
-En cualquier caso, aquí no hay mucho tiempo para quedarse holgazaneando en la cama por las mañanas. Siempre me digo que sabré que mis hijos han crecido el día que se levanten después de las siete -nerviosa, comenzó a despejar el mostrador.
-Ya me encargo yo de eso -dijo Edward, y le agarró la mano.
-No te preocupes.
-Bella -le acarició la muñeca con el dedo-. ¿Alguna vez has oído hablar de la liberación de la mujer?
Bella arqueó una ceja. A su manera, había sido una mujer liberada desde que había salido al mundo. Sus padres siempre la habían educado para que lo fuera.
-Claro. Por eso a los niños les hago fregar los platos, guardar su ropa y, en los días buenos, les enseño a pasar la aspiradora. Sus mujeres me lo agradecerán. Y mientras tanto, alguien tiene que encargarse de remar.
-Normalmente hay dos remos en toda embarcación.
Bella inclinó la cabeza y sonrió.
-Estupendo. Tú limpias la cocina y yo me encargo de los establos. Así ahorraré algún tiempo.
-De acuerdo, y seguiremos con la entrevista cuando vuelvas.
-No puedo -comenzó a guardar los contenidos de su bolso-. Tengo que ir a casa de los Smith esta mañana. Regresare al medio día.
Edward comenzó a protestar, pero algo le hizo detenerse. Ella tenía su propia vida. La observó mientras rellenaba el bolso.
-¿Siempre llevas unos guantes de goma en el bolso?, -¿Qué? Oh -soltó una carcajada-. Solo cuando voy a casa de los Smith. Ella es una fanática del amoniaco.
-¿Perdón?
-Amoniaco -cerró la cremallera del bolso y se preguntó si habrían sobrado suficientes espaguetis-. Esa mujer venera los suelos limpiados con amoniaco.
Edward arqueaba las cejas, intentando comprenderla.
-¿Y los limpias tú?
-Dos veces al mes -contestó, mientras se ponía el abrigo y pensaba en otra docena de cosas.
-¿Qué es eso, trabajo voluntario?
Bella soltó una sonora carcajada mientras se volvía hacia él.
-¡Ni muerta! Me pagan seis dólares por hora. Mira, no pongas el lavavajillas, creo que...
-¿Trabajas de doncella?
-Ama de llaves -sonrió de oreja a oreja y se ató el pelo con un pañuelo-. Supongo que idealizo un poco el término, pero yo a una doncella siempre la he imaginado con una falda negra y...
Se interrumpió cuando Edward se levantó para acercarse a ella. Algo en sus ojos hizo que se le cerrara la garganta. Nunca se le había dado demasiado bien tratar con el enfado.
-¿Por qué demonios tienes que fregar el suelo de otra persona?
Bella alzó la barbilla.
-Es un trabajo digno.
-¿Por qué?
-Porque la otra cosa que se me da bien es cantar a tres voces y, además de que no hay mucha demanda, lo pagan fatal.
Ignorando sus evasivas, Edward fue directamente al grano.
-¿Por qué la viuda de Jacob Black tiene que fregar suelos a seis dólares la hora?
Bella palideció. Había percibido la duda, el desdén en su voz.
-No tengo por qué hablar de mi situación financiera contigo, Edward -abrió la puerta, pero Edward la cerró de un portazo.
-Te he hecho una pregunta.
-Y yo te he dado la única respuesta que pretendo darte -había fuego en sus ojos, fue un fuego fugaz, pero poderoso-. No voy a tolerarte una actitud así, ni a ti ni a nadie, Edward. No tengo por qué soportar que me mires como si fuera menos persona porque me pagan por limpiar las casas de otra gente. Si lo hiciera por caridad, sería una heroína, pero resulta que lo hago por dinero.
-Lo único que quiero saber es por qué lo haces.
-Hago exactamente lo que tengo que hacer.
Y sin más, abrió la puerta otra vez y salió. Edward podría haberla seguido, pero se limitó a observarla alejarse. Entonces, con la misma determinación que ella, cerró la puerta. Ya era hora de volver a sus asuntos, se dijo. Ya era hora de volver a ocuparse de la verdad.
Las cosas se stan poniendo tensas heee jeje... DEJENME DECIRLES A LAS PERSONAS QUE TENGAN DUDAS ACERCA DE LA APARICION DE JASPER Y EMMETT JEJE ELLOS APARECERAN CLARO QUE SI PERO NO PRECISAMENTE EN ESTA HISTORIA JEJEJE ADEMAS EN LOS PROXIMOS CAPIS VAMOS RECIBIR LA VISITA DE LA FAMILIA JEJEJE ESTEN PENDIENTES...
Y cuentenme que tal les sta pareciendo la historia? bien?
Espero sus reviews jejeje xq solo asi sabre si la historia sta gustando...
