Hola bellezas espero esten pendientes hee xq stamos a 5 capitulos del gran final... jeje

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 22

Cuando Gladys se puso de parto, se produjo un ligero alboroto que afectó a toda la familia. Bella estaba sumida en su rutina matutina, con su padre pegado a los talones en todo momento. El terreno ya se había secado y endurecido y comenzaba a mostrar los inicios de una nueva vida. Los zapatos de Carlisle golpeaban el suelo al alegre ritmo de sus pasos. Bella nunca se cansaba de oírlo contar historias sobre la vida en la carretera. Aunque se había pasado media vida en el mismo mundo que habitaba su padre, Bella era capaz de olvidarse de la realidad y creer que todo era glamour, emoción y noches de estreno.

-Voy a decirte una cosa, Bella, es una gran vida. Ciudad tras ciudad, pueblo tras pueblo. Es una bonita manera de ver el mundo.

Carlisle nunca mencionaba las entradas por callejones oscuros, las salas llenas de humo o el desinterés del público. Aquellas cosas no existían en el mundo de Carlisle Cullen. Y Bella se lo agradecía.

-Las Vegas... ¡qué lugar! Las luces de neón, el tintineo de las máquinas tragaperras. La gente bailando con trajes de gala a las ocho de la mañana... Ah, daría cualquier cosa por volver a actuar en Las Vegas.

-Estoy segura de que lo harás.

Quizá no en el Strip, y quizá tampoco con su nombre expuesto en las marquesinas, pero seguro que volvería a actuar en Las Vegas. Al igual que había actuado en docenas de ciudades hasta entonces. Un hombre como Carlisle Cullen no podía parar de actuar, de la misma forma que no podía dejar de respirar o vivir. Lo llevaba en la sangre, como tantas veces le había dicho a ella. Y era por la llamada de esa misma sangre por lo que estaba en pie antes de las ocho de la mañana, paseando por un corral junto a su hija, cuando normalmente nunca se levantaba antes de las doce. Y saberlo era suficiente para que Bella lo quisiera todavía más.

-Este lugar -Carlisle se detuvo e hizo un gran esfuerzo para no resollar-. Supongo que encajas en él. Debes haber salido a tu abuela. Ella nunca quiso abandonar su granja en Irlanda -hubo una punzada de tristeza ante aquellos recuerdos que, en realidad tenían más que ver con los sueños que con la memoria-. ¿Eres feliz, Bella?

Bella pensó la pregunta porque tenía la sensación de que era importante la respuesta. Aquel lugar le proporcionaba comodidad y satisfacción personal. Los niños... Sonrió al recordar sus quejas por tener que ir al colegio cuando había tantas emociones en casa. Los chicos le proporcionaban una sensación de arraigo, orgullo y un tipo de amor que nunca podría describir. Y Edward. El había llevado pasión, fuego y serenidad a su vida. Era como si por fin estuviera completa. Incluso siendo consciente de que sería algo temporal, le parecía suficiente.

-Soy más feliz de lo que he sido en mucho, mucho tiempo -también aquello era cierto-. Me gusta lo que tengo aquí. Es muy importante para mí.

Carlisle no era capaz de comprender que alguien pudiera ser feliz estando siempre en el mismo lugar. Pero él siempre había querido que sus hijos tuvieran lo que más deseaban. No lo importaba lo que fuera, siempre que pudiera hacerlos felices.

-Ese escritor... -se interrumpió un instante. Aquel era un terreno en el que no solía adentrarse-. Bueno, Bella, haría falta estar ciego para no darse cuenta de cómo te mira.

-Estoy enamorada de él.

Era extraño lo fácil que le resultaba hablar, sin punzadas de arrepentimiento, sin ningún miedo.

-Ya entiendo -dejó escapar un silbido entre sus dientes-. ¿Debería hablar con él?

Por un momento, Bella palideció. Después soltó una carcajada.

-Oh, no, papá. No tienes que hablar con él -se interrumpió y besó a su padre en su recién afeitada mejilla-. Te quiero.

-Y tienes por qué -la tomó por la barbilla-. Ahora ya puedo admitir que tu madre y yo estamos preocupados por ti, viviendo sola en esta casa tan grande y haciéndote cargo de todo -sonrió radiante y le tiró suavemente del pelo-. La cuestión es que tu madre dice que no hay ningún motivo para que nos inquietemos, pero yo me preocupo de todas formas.

-No tienes por qué. Los niños y yo disfrutamos de una vida muy agradable. De la vida que queremos.

-Es fácil decirlo, pero para un padre, sus hijas son una cosa muy seria. Rosalie, bueno, ella ya me dio suficientes quebraderos de cabeza cuando era adolescente, así que supongo que esa etapa ya está superada. Y Alice puede usar su labia para salir de cualquier aprieto.

-Igual que su padre.

Carlisle sonrió.

-Sí, igual que su padre. Pero tú siempre has sido distinta. No nos diste ni un minuto de preocupación en toda tu infancia, y después... -se interrumpió.

No era justo ni ético decirle en aquel momento las horas que había pasado sufriendo por lo que estaba ocurriendo en su vida, los corazones destrozados, sus esfuerzos. Aunque era un hombre bondadoso, nunca había sufrido por su yerno. El solo había rezado por la paz mental de su hija.

-Pero ahora sé que vas a poder contar con un hombre, con un hombre bueno, y creo que por fin puedo descansar.

La brisa de la mañana susurraba entre el pelo de Bella. Era cálida, casi agradable. Muy diferente del viento de unas semanas atrás.

-No voy a quedarme con Edward, papá.

-Pero acabas de decir...

-Ya sé lo que he dicho -pateó una pequeña piedra del camino y deseó que todos los obstáculos fueran tan fáciles de eliminar como aquel-. El no se quedará aquí, papá. Esta vida no es para él. Y yo no puedo irme de aquí, porque esta vida es la que yo quiero.

-Jamás en mi vida había oído una tontería semejante.

Bella abrió la puerta del establo y aunque en realidad Carlisle no tenía intención de entrar, se sintió impulsado a seguirla. Había llevado a su familia por todo el país, ¿no debería ser capaz de seguir a Bella a donde ella quisiera ir?

-Las personas enamoradas necesitan hacer ciertas adaptaciones, no sacrificios -Bella sabía que su padre nunca había creído en los sacrificios-. Compromisos y cosas de ese tipo, Bella. Las cosas no tienen porqué ser como con el otro... -no nombraba nunca a Jacob. Simplemente, su garganta se lo impedía-. Eso es lo que lleva a dos personas a comprometerse. Si solo es una la que hace todos los arreglos, es como una goma de borrar. Se gasta o se rompe.

Bella lo miró con atención. No era un hombre guapo, pero sí atractivo, con aquella complexión ágil y esbelta y su animado rostro. A menudo hacía el payaso porque no había nada que le gustara más que provocar la risa, pero no era ningún tonto.

-Eres muy sabio, papá -Bella le dio un beso en la mejilla y recordó todas las veces que su padre había estado a su lado cuando ella había sufrido algún tropiezo-. Edward no es como Jacob. Y estoy empezando a darme cuenta de que yo tampoco soy la mujer que se casó con ese hombre tan irresponsable.

-¿Y sabes lo que siente por ti?

-No lo sé -encendió las luces-. Supongo que en realidad no quiero saberlo porque de esa forma se complicaría todavía más la situación. Pero ahora no te preocupes -posó las manos en los hombros de su padre-. Ya te he dicho que soy feliz tal como estoy. No estoy buscando a un hombre que me quiera y me cuide, papá. Eso ya lo hice hace mucho tiempo.

-Y él hizo un mísero trabajo.

Bella soltó una carcajada y lo besó otra vez. Cuando Carlisle Cullen se dejaba llevar por su genio, era como estar presenciando una actuación.

-Él no me cuidó, papá, y yo no podía cuidar de él. Y ya sabes que el matrimonio no puede consistir en una relación así. El matrimonio es un equipo, como tú y mamá.

-Esos dos niños necesitan tener un hombre cerca.

-Lo sé -y últimamente eso era algo que la hacía sentirse culpable-. Pero no puedo darles todo lo que me gustaría.

Carlisle se detuvo porque había advertido en su voz el matiz del arrepentimiento, de la culpabilidad. Le tomó las manos y se las estrechó.

-Has hecho un magnífico trabajo con ellos. A pesar de lo que cualquiera pueda decir, han salido a Carlisle Cullen.

Bella se echó a reír, recordando algunas discusiones al respecto. Carlisle podía ser un hombre pequeño, pero le gustaba pelear.

-¿Por qué no me ayudas a dar de comer a los caballos?

Carlisle retrocedió un poco, un tanto receloso.

-Bueno, yo no sé mucho sobre estas cosas. Bella, hija, soy un hombre de ciudad.

-Venga, papá, seguro que quieres ver el potro.

Se dirigía hacia el primer cubículo cuando la intuición la hizo mirar hacia Gladys. Con movimientos rápidos, abrió la puerta y se acercó a la yegua, que estaba ya de parto.

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? -su padre prácticamente saltaba tras ella-. ¿Está enferma? ¿Puede ser contagioso?

Bella no pudo menos que echarse a reír mientras examinaba a la yegua.

-Tener crías no es una enfermedad contagiosa, papá. Ve a la cocina, busca mi agenda y llama al veterinario.

Carlisle soltó una ristra de juramentos en irlandés.

-¿Necesitas agua? ¿Agua caliente?

-Solo llama al veterinario, papá. Y no te preocupes. Tengo experiencia en partos.

Carlisle se marchó corriendo y no volvió a aparecer. Tampoco Bella esperaba que lo hiciera. En su lugar, envió a Edward, aunque, para sorpresa de Bella, también Rosalie asomó la cabeza tras él.

-¿Debo prepararme para repartir los puros?

-Supongo que pronto podrás hacerlo. ¿Papá ha llamado al veterinario?

-Lo he llamado yo -Edward se colocó a su lado-. Carlisle ha entrado corriendo en la cocina pidiendo agua caliente. Creo que tu madre está intentando tranquilizarlo. ¿Cómo está Gladys?

-Bastante bien.

Alzó la mirada hacia su hermana. Rosalie permanecía tan fría y elegante como siempre, con unos pantalones de cuero y una blusa de seda.

-Te has levantado temprano -le comentó.

Rosalie se encogió de hombros, sin molestarse en explicarle que cuando la vida de alguien se iniciaba alrededor de las seis de la mañana, madrugar se convertía en un hábito.

-No quería perderme algo tan emocionante -después, conmovida por la yegua y solidarizándose de mujer a mujer, se agachó al lado de Gladys-. ¿Puedo hacer algo?

-Ya está casi todo hecho -anunció Bella.

De modo que Edward y Bella sacaron al mundo a su segundo potro, trabajando juntos con una compenetración que hizo que Rosalie los observara con los ojos entrecerrados. Quizá se estuviera equivocando. Pero ella no solía equivocarse al juzgar a un hombre. Ya no.

-¿Qué está pasando aquí?

Todavía con las arrugas de la sábana en la cama y vestida con un overol dos veces más grande que ella, Alice entró en el establo.

-Se supone que tengo que traer un mensaje del frente. Al parecer el veterinario ya está informado de lo que ocurre. Viene hacia aquí, pero es posible que tarde todavía un poco -bostezó-. Papá está hirviendo agua. Si el veterinario no llega pronto, amenaza con llamar a los paramédicos. Ni siquiera es posible tomarse un café en la cocina.

-Nosotros estamos preparándonos para tejer cuatro patucos de lana rosa -le dijo Rosalie. Se levantó y se sacudió las rodillas.

-Vaya, mira eso -Alice fijó sus somnolientos ojos en el potro-. Esperen, que nadie se mueva, voy a buscar la cámara -y salió corriendo de allí.

-Bueno, ahora que ya ha pasado todo, voy a la cocina para ver si consigo que papá deje de hervir agua. Me muero por un café -Rosalie salió caminando y dejando tras ella una estela de perfume.

-Tu familia es increíble -murmuró Edward.

-Sí -Bella se secó el sudor de la cara con la manga del jersey-. Lo sé.


Que tal vamos hasta ahora?

todo bien?'

espero me dejen reviews.. jejeje