.


Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA


.


XVI


.

.

Volví a recorrer el pasillo del supermercado, buscando el Bourbon para esa noche. Irina, Josh y Hanna iban a cenar esa noche en casa y después habíamos decidido quedarnos allí tomando algo. Sabía que seguramente a ellos, sobre todo a Josh y a Irina les apetecería ir a Eclipse y yo había decidido, después de una semana de meditación, que podía ser el único lugar en el que podría acercarme a Bella.

Ella había correspondido a mis caricias y a mis besos, y eso solo podía significar que me deseaba tanto que era incapaz de serle fiel a Mike. Así que había decidido por todos los medios robarle a su chica, igual que él me la había robado anteriormente. Venganza sería la palabra adecuada para describir el plan que rondaba en mi cabeza.

Mi corazón había sufrido suficientes desengaños una y otra vez como para dejarse engañar de nuevo. Así que no iba a volver a dejar que aquella provocadora lo volviese a dañar. Ahora era mi turno.

Iba caminando con mi botella de Bourbon por el pasillo hacía las cajas, cuando la figura de Charlie se cruzó conmigo. Sabía que hacía un par de noches él y Renee habían estado cenando en casa porque mi madre me lo había dicho.

Con semblante serio y autoritario levantó la cabeza en un gesto rígido, casi obligado. Tragué saliva después de devolvérselo, avanzando hasta la primera caja que encontré. ¿Qué mentiras le habría contado Bella a ese hombre para que se dirigiera a mí de esa manera? Charlie siempre había sido un padre muy protector con su única hija, pero me había aceptado de buen grado cuando se enteró que estábamos saliendo.

Sin querer pensar más en ese asunto salí del supermercado para volver a casa. Irina, Josh y Hanna no tardarían. Habíamos decidido pedir unas pizzas para cenar, así que en cuanto los cuatro estuvimos juntos llamamos a la pizzería Gold. Cenamos escuchando algunas historias de Josh, y me reí interiormente al ser consciente de que a Irina cada vez le gustaba más, aunque ella misma quisiese evitarlo.

–No tengo ni idea de fontanería. – Siguió explicando él. – Se me olvidó cortar el agua y ya podéis imaginaros como terminé.

Los cuatro estallamos en risas. Sentía mi cuerpo bajo los leves efectos del alcohol, y cada vez me sentía más ansioso por ir a Eclipse.

Irina y Josh parecían más unidos que nunca y Hanna había decidido acercarse un poco más a mí. La miré de reojo, eufórico por mi estado, con una enorme sonrisa a pesar de lo profundamente deprimido y vengativo que me sentía. Esa noche quería olvidar; necesitaba reír y vivir como si todo siempre hubiese ido bien en mi vida.

–-¿Y si nos vamos ya a Eclipse? – Preguntó Irina sosteniéndose del hombro de Josh. –- ¡Tengo ganas de bailar!

Sonreí de nuevo. Irina y Josh tenían pinta de caer esa noche. Se gustaban, estaba más que a la vista. Josh no me había contado nada fuera de lugar, pero tenía la impresión de que se habían seguido viendo a solas, y estaba seguro de que no era por mi causa.

Nos bebimos una última copa y salimos caminando hacia Eclipse. Mis dos amigos iban delante, cantando una canción bastante patética, aunque a Hanna y a mí nos conseguían sacar una sonrisa.

–Pareces más sonriente esta noche. – Comentó la chica a mi lado. Tenía los párpados algo caídos y las pupilas dilatadas a causa de la oscuridad nocturna. Yo solo me encogí de hombros como respuesta, dando otra calada a mi cigarro. – Oye, Edward, sé que no soy como Irina y Josh, pero me caes bien. – Siguió diciendo con una pequeña sonrisa.

–Tú a mí también. Sois el mejor equipo que alguien puede tener. – Ella rio.

–Tampoco es que hayas conocido muchos. – Puse los ojos en blanco, y ella volvió a reír.

– ¿Y tú cuántos has conocido? – Intenté burlarme. Ella abrió la boca pero no pudo decir nada.

– ¡Eh! ¿Por qué no cantáis con nosotros? – Irina retrocedió los pasos que nos separaban y rodeó mi cintura con uno de sus brazos, llevándome hacia delante. Le hice un gesto a Hanna, quien sonreía mirando la escena, para que nos siguiera.

El local estaba a rebosar cuando llegamos, y lo primero que hice fue escanear el espacio, buscando entre las personas a esa pequeña provocadora, pero no había ni rastro de ella. Tampoco de Mike, Jake, Leah…

Me fui directo a la barra y pedí otro Bourbon. La música me zumbaba en los oídos y el gentío se movía a mi alrededor libremente, bailando, riendo y disfrutando. Saludé a Dale gesticulando con la cabeza, quien había ido a la barra a pedir algo antes de volver a los baños, y eso me hizo pensar en aquella noche en la que fui capaz de darle dinero a cambio de que me dejase estar a solas con Bella unos efímeros minutos.

Esa mujer me había devuelto el beso de forma desesperada después de todos aquellos años que permanecimos distanciados, pero estaba con Mike. ¡Me había traicionado con el que alguna vez fue mi mejor amigo! Y eso no podía perdonárselo a ninguno de los dos.

Me bebí de un trago todo el contenido del vaso y me limpie la boca con el dorso de la mano, sintiendo el calor ardoroso recorrer mi garganta otra vez. Me las pagarían en algún momento.

–Creo que me quedo aquí contigo. – Gritó a mi lado una Hanna jadeante levantando la mano para pedir algo y sacándome por fin de mis desagradables pensamientos. Me giré buscando a Irina y Josh.

– ¿Y esos dos? – Pregunté. Ella se encogió de hombros con una sonrisa pilla.

–Supongo que estaba sobrando.

–Lo que hace el alcohol. – Murmuré y me volví a girar, buscándolos con la mirada.

Efectivamente, allí estaban los dos bailando muy acaramelados a pesar de que la música no lo requería. Irina había escondido la cara en el cuello de Josh y él sonreía como un tonto. Pronto ella levantó la cabeza, y como si de dos imanes se tratara acercaron sus labios y empezaron a besarse.

– ¡Y ahí los tienes! – Le exclamé a Hanna, golpeándola levemente con mi hombro. Ella se llevó una mano a la boca soltando una carcajada.

– ¡Vaya dos! – Contestó llevándose a los labios su vaso esta vez.

– ¿Quieres bailar? – Ella me miró pensativa y luego asintió frenética, cogiéndome de la mano y casi arrastrándome a la pista.

Sentí la música de nuevo zumbar en mis oídos y decidí dejarme llevar. Bella y Mike no estaban allí esa noche así que solo tenía que encargarme de disfrutarla. No más Bella por el momento, no más Mike.

Hanna se movía rítmicamente, riendo y cantando todas las canciones. Yo la miraba divertido, alegre de que no solo Irina hubiese sido capaz de acercarse a mí. Ella y Josh se habían ido a la barra y no paraban de hacerse arrumacos continuamente.

Puse mi atención de nuevo en Hanna quien soltó otra carcajada presa del efecto del alcohol. Yo le respondí con otra sin saber por qué, aunque supuse que eso se debía a lo mismo. Después de unos segundos, ella subió sus brazos, echó la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y siguió el ritmo de la música, hasta que un chico a su lado la empujó accidentalmente y cayó directamente sobre mí, provocando que tuviese que dar un paso hacia atrás por el impacto.

Hanna era alta, y su rostro quedó a escasos centímetros del mío. Por un instante quise ser otra persona. Vi en su mirada el deseo por acortar la distancia que nos separaba y quise sentirlo yo también, pero no encontré nada. Así que delicadamente, rodeé sus brazos con mis manos y la aparté.

– ¿Estás bien? – Le pregunté amablemente. Ella me devolvió una sonrisa asintiendo.

–Lo siento. – Le dijo el chico que había provocado la colisión. Ella negó con la cabeza y le hizo un gesto con la mano para restarle importancia.

En seguida intenté retomar el ritmo que habíamos dejado antes de que ese chico chocara con Hanna, pero ella ya no parecía tan cómoda. Intentaba esforzarse, pero sus movimientos cada vez eran más desganados.

Se acercó hasta mi oído. – Creo que voy a irme, Edward.

– ¿Ya? – Le pregunté con el ceño fruncido. – ¿Vas a dejarme solo con esos dos? – Ella rio, pero se notaba que ya no estaba tan implicada como antes.

–Estoy cansada y me ha entrado sueño. – Se excusó.

–Bueno, entonces debería irme yo también. – Ella puso una mueca de disculpa.

–Oye, lo siento. Yo…

–No pasa nada, Hanna. Lo hemos pasado muy bien, ¿no? – Le contesté con una sorisa. Ella asintió. – Te acompañaré. – Volvió a asentir y me siguió hasta la barra. – Ey, siento interrumpir, pero nosotros nos vamos.

– ¿Ya? – Preguntó Josh.

–Sí. Os dejamos solitos. – Grité en su oreja, dándole una palmada en el hombro. –Deja el listón bien alto. – Él solo rio. Después me dirigí a Irina. – Sabía que pasaría. – Ella como respuesta me abrazó.

–Lo sé.

–Es buen tío pero tú eres maravillosa, así que espero que no haga el tonto. – Me separé para sonreírle.

– ¡Eh! ¿No te ibas? – Preguntó Josh, haciéndose el ofendido. Mientras rodeaba a Irina con su brazo a mí me empujaba. –Nos vemos mañana. Adiós. – Dijo antes de buscar los labios de Irina de nuevo.

Hanna y yo salimos y la estuve acompañando mientras me fumaba un cigarro. Casi no habló, y se despidió con un simple "hasta mañana" cuando se metió en su casal. Había sido testigo del efecto que causaba en las mujeres una vez más, sin embargo ya no me sentía como antes.

Todas aquellas chicas que utilicé en Boston. Tanya, Victoria; ellas no habían significado nada. Y la única persona que creía que podría ser capaz de cambiar ese aspecto había vuelto a dañarme.

Volví a recordar Eclipse. Todas las veces que había salido me la había encontrado. ¿Por qué esa noche no había salido ninguno de ellos? Era extraño, pero derrotado, me alejé caminando hasta mi apartamento.

Negué divertido con la cabeza cuando vi a Josh decirle algo a Irina al oído. Ella contestó con una sonrisa y asintió juguetona con la cabeza. Miré a Maira a mi lado sonriendo felizmente. Entrelazó nuestros brazos y comenzó a caminar conmigo hacia la cafetería ya que teníamos un descanso.

–Tengo que admitir que hacen buena pareja. – Comentó ella riendo entre dientes.

–Supongo que todas las parejas en algún momento, terminan siéndolo. – Opiné. Ella me miró sonriendo marcando esas pequeñas arrugas que tenía alrededor de los ojos.

–No te creas. Mi marido y yo seguimos sin pegar. – Suspiró en un gesto de rendición. – Pero le quiero. – Elevé las cejas incrédulo.

–Tu marido y tú también hacéis buena pareja. – Ella se encogió de hombros, pero no dijo nada más.

–Pensaba que eras tú quien le gustabas a Irina. – Abrí los ojos sorprendido.

–Me extraña que tu observación haya fallado esta vez.

–Supongo que con los años algo se me escapa, pero es cierto que me lo parecía. ¿Desde cuándo estarán así? – Me preguntó antes de pedir los cafés. Yo reí.

–Se supone que desde que salimos este fin de semana. El sábado. – Había hablado con Josh al día siguiente, y aunque parecía bastante esquivo, algo conseguí sonsacarle.

– ¿Cuatro días? ¡Así están de acaramelados! – Exclamó. Cogimos nuestras tazas de la barra y nos sentamos en una de las pequeñas mesas.

–Sí, supongo.

Intenté sonreír. De hecho estaba muy feliz por Josh e Irina. Los dos se merecían y tenían derecho a hacerse felices mutuamente. Pero verles a ellos a veces me recordaba a mí unos años atrás, a mi felicidad, a ella… Y por supuesto todos aquellos recuerdos felices desembocaban en su posterior traición y el daño que me hizo y me hacía actualmente, en mi rencor y resentimiento actuales.

– ¿Y a ti no hay nadie que te guste, cariño? – La voz maternal de Maira salió a flote y su sonrisa se dulcificó.

–No, por ahora no. – Contesté moviendo el contenido de la taza con la cuchara. Escuché su suspiro.

–Seguro que sí, pero no quieres decírmelo. Siempre tenemos a alguien que nos guste, aunque solo sea un poco, pero tranquilo, no voy a insistir. – Murmuró poniendo su mano sobre la mía, dándole un cariñoso apretón.

Le sonreí. Maira siempre quería saber sobre la vida de todos nosotros, pero nos respetaba de igual manera cuando deseábamos guardarnos algo. Agradecía que mi padre tuviese a esta gran persona en su equipo.

Estaba tomando un trago de mi café cuando una voz muy familiar me hizo alzar la cabeza. – ¡Joder! En serio, aun duele. – Emmett McCarty se quejaba sentándose en una silla y mirándose su pantorrilla escayolada.

–Eres un burro jugando a fútbol. Lo extraño es que no te hubiese pasado antes. – Contestó Jasper Hale a su lado.

–Eh, tíos, voy a pedir a la barra, ¿Qué queréis? – Preguntó Jake.

–Un café bien cargado. – Contestó Emmett.

–Lo mismo. – Le siguió Jasper.

Me los quedé mirando unos instantes. Lo extraño había sido que no me los hubiese encontrado antes en los casi dos meses y medio que llevaba ya en Forks. Emmett estaba imponente al lado de Jasper con ese cuerpo tan desarrollado. ¿Siempre había sido así de enorme? No lo recordaba.

Por un momento Jasper giró su rostro y me vio. Alzó la cabeza sonriendo educadamente, saludándome con un simple gesto al que contesté de igual manera y puso de nuevo su atención en Emmett, quien repitió su gesto con un brillo especial en los ojos. No pude evitar recordar aquellas tardes en las que nos reuníamos para jugar los chicos. Emmett y yo éramos los mejores.

– ¿Los conoces? – Me preguntó de repente Maira, provocando que terminase el contacto con ellos dos.

–Eran muy amigos míos antes de que me fuera a estudiar fuera. – Le contesté intentando parecer indiferente.

– ¿Y ya no sales con ellos? – Negué con la cabeza. – Pues a lo mejor deberías intentarlo. – Volví a negar de igual forma.

–Es difícil, Maira.

Les miré de nuevo. Jake se había unido a ellos, sentándose en la mesa después de repartir las tazas. El que alguna vez fue uno de mis mejores amigos sonrió de forma lobuna antes de decir algo que no alcancé a escuchar.

Hasta eso me lo había arrebatado esa pequeña e irresistible provocadora que había vuelto a engañarme. Mis amigos.

–Ve y acércate. No hay nada de malo en preguntar qué le ha pasado, ¿no?

–Supongo que no.

Pero cuando fui a ponerme en pie, Mike apareció en escena con una Rosalie nerviosa. Ella se abrazó a Emmett y luego le riñó, aunque de lo único que era capaz en esos momentos era de fijarme en Mike, parado en frente de ellos, aun con algunos leves signos de los golpes que le había dado desde hacía una semana y poco más.

– ¿Cómo te encuentras? – Preguntó él, vestido en chándal, igual que los otros tres.

–Creo que el calmante ha hecho un poco de efecto, pero ha sido horrible. ¿Y Bella? – Me tensé en mi lugar.

–Me ha dicho que como no ha sido nada grave prefería quedarse en casa. Creo que aún está agotada por la excursión de este fin de semana. – Emmett y Jake rieron.

–Aún le debe doler ese golpe en el culo. Parece que la Bella patosa anda de vuelta. – Contestó Jake.

–No sé, está distraída últimamente. – Dijo Rose esta vez.

– ¡Está como siempre! – Contestó Mike algo fastidiado, provocando que los demás le miraran sorprendidos.

Fruncí el ceño ante su tono de voz. ¿Es que acaso era posible que Mike se sintiese inseguro? Una pequeña sonrisa se abrió paso en mis labios, entonces sentí la mano de Maira en uno de mis brazos.

–Creo que estoy empezando a seguirte. – Murmuró. – Pero acércate. – La miré confundido. ¿A seguirme?

–Maira, no creo que puedas seguirme.

–Te gusta la chica del último chico que acaba de llegar. – Elevé una ceja interrogante. – Te has tensado al escuchar el nombre de Bella y es evidente que odias a ese chico. No sé qué te habrá hecho, pero no es justo que tengas que reprimir tus ganas de hacer algo por él. – Respiré hondo, mirándolos de nuevo.

Me sorprendí a mí mismo al reconocer que lo que más me apetecía era acercarme a ellos, pero ya no solo por cruzar un par de palabras con Emmett, Jasper y Jake, sino por ver la cara de Mike cuando me viera aparecer. Si quería hacerle pagar su ingratitud hacia mí, debía empezar en ese mismo instante. Así que me levanté y me acerqué a ellos decidido, viendo como a medida que lo hacía los rostros comenzaban a enfocarme, hasta que Mike reparó en mí. Su actitud ese día era de alguien fuerte. No había rastro del Mike asustado de la última vez.

Rose soltó un bufido de fastidio muy mal disimulado antes de taladrarme con esos ojos azules.

Antes de llegar a la mesa en la que estaban me di cuenta de que tal vez no había sido prudente al acercarme hasta ellos. Después de todo yo había sido quien había ido a casa de Mike para atacarlo con unos buenos golpes merecidos. Aun así quería intentarlo y observar sus reacciones.

– ¿Cómo estáis, chicos? – Mi pregunta solo recibió como respuesta el silencio durante algunos segundos. Emmett, Jake y Jasper me miraban desconcertados, y Rose seguía clavándome su mirada amenazadora.

–Pues ya ves. – Dijo Emmett señalando con un dedo su pierna. – Estábamos jugando un partido y me he roto la pierna al caer mal yo solo.

–Se ha sentado encima con ese gran culo que tiene. – Respondió Jake riéndose, provocando que Emmett se carcajeara. Yo reí entre dientes y miré a Jasper, quien los miraba divertido también.

–Quil, Sam, Paul y Embry en vez de ayudar solo se han reído. – Vaya, los recordaba. Alguna vez habíamos quedado con ellos para jugar.

– ¡Eso ha sido porque iban perdiendo! – Respondió Emmett.

–No. – Dijo Jake. – Debías haberte visto la cara antes de caer. Ha sido muy divertido. – Rose puso los ojos en blanco.

– ¿Ha sido muy grave? – Pregunté.

–El peroné y una fisura en la tibia. – Asentí.

–Sabíamos que estabas aquí por Jake y Mike. No solemos salir mucho por Eclipse, eso se lo dejamos a las chicas. – Dijo Jasper.

–Preferimos la compañía de la Xbox, ¿eh, hermano? – Comentó Emmett dándole un pequeño empujón con la mano en el hombro de Jasper, quien asintió con una sonrisa.

Envidié la relación que había entre ellos. Recordaba la confianza y la complicidad que teníamos todos los chicos y los buenos amigos que éramos. Quise ser uno más otra vez, aunque me di cuenta que parecía que Jasper y Emmett habían estrechado más su relación. Jake no se había quedado atrás del todo y aun se percibía un aura de confianza con ellos también, pero Mike era el más diferente. ¿Seguirían viéndose porque él estaba saliendo con Bella y ella era amiga de sus novias? Me pregunté si con ellos tres sí que habría esperanza de volver a establecer algún tipo de relación.

– ¿Qué es de vuestras vidas? – Pregunté lleno de curiosidad.

–Yo trabajo con Rose en un bufete de Port Angeles. – Contestó sonriendo Emmett.

–Yo monté un taller. – Dijo Jake.

–Y yo dirijo una pequeña empresa de publicidad junto a unos compañeros que conocí en California. – Continuó Jasper.

Me sentí orgulloso de ellos y me alegré por poder entablar una conversación sin que hubiese tensiones de ningún tipo, excepto por Mike y Rose.

–Ya vemos que al final has conseguido trabajar donde querías. – Siguió Emmett. Me encogí de hombros.

–En realidad sí. Dicen que quien la sigue la consigue. – Contesté.

–Y eso es verdad. –Dijo Jasper.

–Bueno, me alegra haberos visto. Espero que te recuperes lo antes posible, Emmett. – Le deseé.

–Gracias.

Maira me esperaba a la salida de la cafetería y en seguida me abordó.

–No ha ido tan mal, ¿no? – Yo me encogí de hombros. –Bueno, la verdad es que la rubia casi te mata, y el chico que odias creo que te odia a ti también, pero los otros tres te han aceptado bastante bien.

–Supongo que podía haber ido peor. – Le contesté con una pequeña sonrisa.

Al salir del hospital acepté ir a tomar algo con Irina a la taberna de Walter. Josh se había quedado con mi padre en su consulta e Irina me había dicho que luego se sumaría a nosotros. Me gustó verla sonreír más aún de lo que acostumbraba. Se notaba que estaba pasando por un buen momento en su vida.

–No pensé que pudiese acabar con Josh. – Dijo soltando una carcajada.

–Yo siempre supe que a Josh le gustabas, aunque creo que él ha sido consciente hace poco también. – Le contesté dando un trago a mi cerveza.

–A veces no ves lo que tienes delante de las narices. – Se encogió de hombros. – Creo que Josh sí es para mí. –Continuó poniéndose algo más seria.

–Oye, Irina. Sé que no he conocido a tu ex, pero Josh es trigo limpio. Salta a la vista que es un buen tío. – Mis palabras consiguieron que volviera a curvar sus labios en una graciosa sonrisa.

–Sí. Supongo que siempre se siente un poco de pánico cuando se vuelve a empezar otra vez con alguien. – Murmuró mirando su cerveza.

– ¡Ey, rubia! – Exclamó Josh de repente, apareciendo de la nada, besándola en los labios y sentándose junto a ella. – ¿Qué pasa, tío?

–Creo que me voy ya. – Contesté levantándome.

– ¿Ya? ¿Por qué? – Preguntó él.

–Te la he entretenido un rato. – Le guiñé un ojo a Irina. – Y la verdad, es que estoy cansado. – Saqué de mi vaquero la caja de tabaco y saqué un cigarro. Josh suspiró. – ¿Nos vemos mañana? – Irina me lanzó un beso y Josh me palmeó un costado cuando pasé por su lado.

Iba encendiéndome el cigarro cuando salí a la calle. El cielo permanecía encapotado y gris como esa mañana, pero no llovía. Me ajusté un poco mejor el cuello de la chaqueta para resguardarme un poco mejor del frío y me dirigí directo al coche, expulsando el humo.

Pero me detuve al verla a ella. La pequeña provocadora salía de su coche con un cigarrillo en su mano, ajena a mi presencia, y cerraba la puerta para después usar el cierre centralizado al mismo tiempo que expulsaba el humo también. Se quedó inmóvil cuando se dio la vuelta y me vio a tan solo unos pocos pasos de ella. En su rostro permaneció la sorpresa y el sonrojo durante unos segundos antes de que su seriedad y odio hiciesen acto de presencia; entonces volví a darme cuenta de que, aunque siempre salía a relucir ese odio que no entendía hacia mí, también lo hacia ese delicioso nerviosismo inicial.

Así que me enderecé, cuadré los hombros y avancé hasta donde estaba, llevando el cigarro a mis labios para absorber con fuerza una vez más. Algún día tendría que ceder.


.

Bueno, reapariciones de personajes y nueva parejita... :) En el próximo capítulo alguien tocará fondo, ¿quien será? Me parece a mí que está más que claro, ¿no? ;)

Muchas gracias por todos vuestros rr, un besazo enorme!

Nos leemos el lunes, y venid preparadas :P