.
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA
.
XVIII
.
.
No me di cuenta de que las lágrimas caían silenciosamente recorriendo mis mejillas hasta que una ráfaga de frío viento impacto en mi rostro. Me llevé el dorso de las manos a la cara para eliminarlas al mismo tiempo que el coche de Alice desaparecía de mi vista también. Sentí como el estómago se me contraía así como mi corazón latía descontroladamente y las fuerzas me fallaban. Caí de rodillas derrotado y recordando únicamente las palabras que habían salido de los labios de Bella con esa veracidad tan tenaz impregnada en su voz, en sus ojos y en sus golpes: ¡Lo sé todo, Edward! ; ¡Te acostaste con Tanya! ; Yo te quería.
¿Cómo había llegado esa falsa información hasta ella? ¿Por qué creía tan ciegamente en esa afirmación? Durante el tiempo que estuve con ella nunca había sido capaz de fijarme en ninguna otra chica, incluso debía admitir que había sido un estúpido todos esos años al creer en la posibilidad de que podría olvidarla por completo. Ni siquiera, durante esos siete años, me la había podido quitar de la cabeza por más que me había esforzado, por más que quería creer que así era.
Arrodillado e inmóvil por fin conseguí aceptar totalmente que nunca había dejado de amarla. Mi corazón no había vuelto a crear aquellos sentimientos por ella ahora que había vuelto, sino que jamás habían desaparecido. Solo Dios sabía el profundo deseo que había crecido en mí, desde el día que recibí esa fatal llamada, de querer odiarla y desterrar su recuerdo de mi mente, pero había sido inútil. Todo había sido inservible; en vano todas las mujeres con las que me había acostado; el desprecio que intentaba sentir por todas ellas; su supuesta traición al dejarme por amar a alguien más.
No entendía sus palabras, y no sabía cuál era el origen de ese pensamiento tan absurdo que se había grabado con tanto ahínco en su mente, solo podía recordar otra vez sus palabras: Yo te quería.
– ¿Edward? ¡Edward! – La voz y el zarandeo de Josh me hizo alzar la cabeza. Se había arrodillado frente a mí y me miraba con la inquietud trasparentando su mirada. – ¿Qué ha pasado, tío?
–Quiero ir a casa. – Fueron las únicas palabras que fui capaz de pronunciar.
– ¿Cómo vas a ir así a casa? – Me levanté sintiendo la fuerza de nuevo en mis rodillas y miré a Josh, quien me había imitado.
–Necesito estar solo. – Me miraba confundido e impotente, pero no tenía ganas de hablar.
–Espera. Voy a llamar a Irina y te acompañamos. – Negué con la cabeza, poniendo una mano sobre uno de sus hombros.
– Por favor. – Le pedí.
–Pero no puedes conducir así. – Insistió.
–Estoy bien, Josh. Solo necesito estar solo. – La indecisión cruzó su rostro y estaba seguro de que quería volver a llevarme la contraria, pero consiguió contenerse.
–Llámanos cuando lo necesites. – Asentí, le di una débil palmada a su brazo agradeciendo sus intenciones y me alejé para meterme en el Volvo.
Agradecí estar cerca de casa, aunque a decir verdad, metido en mis pensamientos como estaba, fui incapaz de saber cómo llegué.
Mi cabeza seguía dándole vueltas una y otra vez a las palabras de Bella tumbado en la cama incapaz de encontrar algún posible indicio que la hubiese llevado a pensar que yo había sido capaz de engañarla de esa manera. Porque eso era lo que ella pensaba, que le había sido infiel. Lo creía firmemente. Todo esto debía tener una explicación, y no sabía cómo, pero daría con ella en cualquier momento.
Me había dicho que me quería cuando me dejó. Me quería, y yo la quería a ella… ¿Cómo demonios pudo pasar todo esto? ¿En qué momento dejamos que todo esto pudiera con nosotros? ¿Por qué no habló conmigo y me dijo lo que realmente pasaba? Quizás porque prefirió hacerme daño queriendo vengarse de mí.
Saqué otro cigarro y lo encendí.
Tenía que volver a hablar con ella como fuese. Debía encontrar la forma de conseguir que bajara ese enorme muro que había construido con el paso del tiempo para que me dejara conocer lo que exactamente había pasado hacía siete años, aunque me daba la impresión de que iba a ser un trabajo muy difícil.
Me costó trabajo no correr hasta casa de los Swan para obtener la información que quería, pero sabiendo lo terca que era Bella y el desprecio que había visto las veces con las que me había cruzado con su padre, era una pérdida de tiempo presentarme allí exigiendo explicaciones. No conseguiría nada, solo que ella quisiese alejarse más de mí.
Mike me vino a la mente y no pude esquivar la posibilidad de que él hubiese tenido que ver con esto. No entendía como Mike, a quien nunca le había caído bien Bella, en estos momentos podía estar saliendo con ella. Pero no iba a pensar más en ese indeseable, lo único que me importaba en ese instante era esa mentira, ese malentendido o lo que fuese. Tenía que aclararlo.
Esa noche no pude pegar ojo, y al día siguiente me sorprendí a mí mismo visitando el prado. Aquel cerco libre de árboles y lleno de flores y hierba sobre el que alguna vez Bella y yo nos habíamos tumbado para relajarnos o simplemente para disfrutar tranquilamente de nuestra compañía. Aquel lugar había sido testigo de muchos momentos entre ambos, y sin dudarlo me había parecido una buena idea llegar hasta allí para intentar ordenar mis pensamientos. Aunque tampoco pude.
Los recuerdos llegaron en forma de anhelos, y me arrepentí por un segundo de haber ido allí. Ese lugar parecía tan mágico como todas las veces que había estado allí con Bella. Como si esos siete años no hubiesen pasado por él, como si se tratase de un lugar imperecedero, libre de la muerte y en el que emergía la esperanza a través de cada hoja nacida en las ramas de los árboles, en los tallos de las flores y sus pétalos, provistos de colores alegres, y en la tierra.
– ¡Es precioso! – Exclamó ella correteando entre las flores llenando el hermoso lugar con el sonido de su risa. – ¡Mira, Edward! ¡Mira qué colores tan bonitos!
Yo sonreía satisfecho de verla feliz, de pie junto a un árbol. Sus mejillas arreboladas la hacían parecer preciosa. Habíamos caminado tanto por el bosque que nos habíamos perdido y ahora no sabíamos cómo volver a donde estaban nuestros padres.
Aunque eso poco parecía importarle a la niña que reía alegre entre las hermosas flores de aquel prado que acabábamos de descubrir. Y lo cierto era, que era un lugar que desprendía una serenidad desbordante.
Se detuvo y se agachó para acariciar los pétalos de las flores. Unos segundos después se irguió y me miró con la boca abierta, asustada.
– ¡Estamos perdidos! – Recordó. Me acerqué hasta donde ella estaba y sostuve una de sus manos. La miré fijándome en esas pecas que adornaban graciosamente su nariz.
–Tu padre nos encontrará. ¿Tienes frío? – Pregunté cuando sentí su mano helada. Ella se sonrojó y se mordió el labio.
–Un poco. – Me quité la chaqueta que llevaba puesta.
El sol estaba en lo más alto y su luz alumbraba todo el prado provocando que los colores de las flores y el verde resaltasen más, aunque sabía que poco más iba a durar pues las nubes también se movían con rapidez. Le tendí mi chaqueta.
–No hace falta, Edward. – Su voz sonaba apenada, y yo le sonreí.
–Charlie se va a enfadar mucho cuando nos encuentre, así que no quiero que tenga una razón más para que se enfade aún más conmigo. – Sabía que ella no estaba muy conforme, pero también conocía muy bien a su padre, así que terminó aceptándola.
–Gracias. – Murmuró, poniéndose de puntillas para dejar un beso en mi mejilla. Sonreí satisfecho por su gesto. – Es bonito, ¿verdad? – Preguntó volviendo a girar su rostro hacia el lugar.
Me llevé la mano a la mejilla, recordando aquel beso. A mis nueve años ya la amaba aunque no fuese consciente de ese hecho. Siempre pendiente de su bienestar, siempre tratando de que fuese feliz. Ese siempre había sido mi objetivo en la vida: Ella.
Así que no entendía como habíamos podido acabar de esta manera.
Mi cabeza pensaba una y otra vez formas para convencerla de que teníamos que hablar, pero la esperanza cada vez se desvanecía más. Ella había tocado fondo, y era tan testaruda, que conociéndola, no querría volver a verme, más en esos momentos. Sabía que se encontraba al límite, pues no había podido ocultar más la razón por la que dio fin a nuestra relación, y eso la iba a hacer alejarse más aun de mí.
Sentado sobre un tronco y respirando profundamente, de repente una idea cruzó mi mente a la vez que el sol encontró paso entre las nubes y lo bañó todo con su luz.
Alice.
Su imagen y su nombre llenaron mi mente y con ánimos renovados me levanté del duro tronco para comenzar a andar.
Bella ya había dejado la punta del hilo suelta desde la que podría tirar, y pensaba hacerlo. Mi prima tenía que ayudarme esta vez, tendría que aclararme y explicarme mejor el por qué Bella pensaba que me había acostado con Tanya.
Cuando llegué al coche el sol ya casi se había escondido y me sentí mucho más optimista que cuando había salido del prado. Alice no podía ser tan terca como lo había sido Bella.
Conduje hasta casa de mis tíos, incapaz de dejar pasar más tiempo. Tenía que saber dónde vivía Alice con Jasper pues jamás me había preocupado por saberlo antes. Aunque mi tía se mostró extrañada al verme llegar a su casa y preguntarle con tanta desesperación la dirección de mi prima, la conseguí y pude llegar hasta allí.
En medio del bosque, no muy lejos de la de mis padres, una casa de dimensiones considerables destacaba entre toda la naturaleza. No me sorprendí al ser consciente de que era más grande que en la que vivían sus padres, pero aun así me costó asimilar que mi prima ya no vivía con ellos aunque sabía desde hacía dos años que se había casado.
Se quedó paralizada al verme tras la puerta de entrada y frunció el ceño confusa. – Pensaba que nunca te vería en este lugar.
–Siempre hay una primera vez. – Le contesté intentando ser amigable.
– ¿Qué haces aquí? – Preguntó llena de perplejidad. Me quedé en silencio, sin saber qué contestar. Realmente no sabía qué decirle, había pasado tanto tiempo desde que no manteníamos una larga y profunda conversación… Y yo me presentaba de un día para otro en su casa. Suspiró y me miró desganada. – Edward, no creo que hayas hecho bien en venir. – Entonces su mirada cambió a otra de alarma. – ¿Ha pasado algo? ¿Están tus padres bien?
–No, no. – Me apresuré a tranquilizarla. – Ellos están bien. Es solo…
– ¿Qué? – Me presionó cuando vio como me quedaba callado.
–Necesito hablar contigo. – Ella puso los ojos en blanco.
–Tú necesitas hablar con todo el mundo, pero no te das cuenta de que ya es demasiado tarde para eso, Edward. – Vi la intención en su mirada de cerrarme la puerta en las narices, por eso lo pude impedir con mi mano.
– ¡Espera! – Le pedí.
–Edward, por favor… – Suplicó ella apoyando su cara en un lado de la madera.
– ¿Qué pasa, Alice? – La voz de Jasper se sumó y la puerta se abrió dejándolo ver. – Ah, hola, Edward. – Saludó extrañado. Yo solo le respondí con un gesto de la cabeza, y miré de nuevo a mi prima.
–Por favor. Sé que Bella no va a querer verme, pero lo que dijo el otro día...
–Le hiciste mucho daño. – Esas cuatro palabras que fueron pronunciadas con un profundo sentido de la decepción, me estremecieron.
–Creo que hubo un malentendido. – Alice frunció el ceño y me miró con asco.
– ¿Malentendido? – Rio irónicamente. – ¡Edward, no seas hipócrita!
–No me acosté con nadie. – Intenté defenderme.
–Vete, vete de aquí. – Insistió Alice, empujando la puerta. – La engañaste a ella y nos decepcionaste a los demás. ¡Vete!
–Espera, Alice. – La voz tranquilizadora de Jasper no pareció tener efecto en ella. – Alice, cariño. – Volvió a llamarla, esta vez tomándola de las manos. – No pierdes nada hablando con él. ¿Qué pasa si tiene razón?
– ¿Cómo puedes hablar así? Yo lo vi, vi esas fotos. No hay nada que pueda eximirlo de culpa. – Tras escuchar esas palabras me enderecé y di un paso más hacia ellos, provocando que Alice me mirara advirtiéndome con la mirada que no me acercara más.
– ¿Fotos? ¿Qué fotos? – Pregunté sin entender nada. Alice negó con la cabeza, en un gesto de desencanto.
– ¡Las fotos que le hicieron abrir los ojos a Bella! No sé cómo pudiste revolcarte con esa rubia oxigenada, teniendo como tenías a Bella.
¿Acaso estaba volviéndome loco? No entendía nada de lo que Alice me acusaba. Fotos donde supuestamente me acostaba con Tanya. Eso jamás había pasado.
– ¡Joder! – Exclamé golpeando con mi puño la jamba de la puerta. Sentí un dolor punzante en mis nudillos pero hice caso omiso debido a la frustración. – ¿Quién coño os mandó esas fotos? ¡Eso es mentira! Quizá fue una manipulación, ¡no sé!
– ¡No! – Gritó Alice.
–Cariño, déjale pasar. Habla con él. – Alice miró sin entender a Jasper. – Él solo quiere saber. – Continuó fijando, esta vez, su mirada en la mía. Sabía que no estaba de mi lado por la forma precavida en la que me miraba, pero siempre había sido el más sensato de todos.
–Está bien. – Le contestó ella. – Entra.
Entrar en casa de Alice me recordó entrar en casa de mis tíos. Ella siempre había tenido que ver con la decoración de esa casa, y parecía haber trasladado algunas de sus manías a esa nueva que ahora compartía con Jasper. Me senté en el sofá beige que descansaba frente a la chimenea y ella lo hizo en uno de los sillones. Jasper había desaparecido supuse que para dejarnos a solas. Se cruzó de brazos y piernas y adoptó una postura reticente.
No me había visto hasta hacia unas horas en esa situación con mi prima, así que me era muy difícil comenzar a hablar.
– ¿Piensas quedarte callado?
–Cuéntamelo todo. – Le pedí sin más preámbulos.
–No puedo. – Contestó únicamente. Suspiré de forma cansina.
–Alice… – Noté como la entereza que había estado intentando reunir se evaporaba, y ahora solo quedaba mi desesperación.
Mi labio inferior comenzó a temblar, aunque conseguí evitar las lágrimas. Aun me encontraba confundido y lo único de lo que podía ser consciente era de que muy posiblemente alguien nos hubiese jugado una mala pasada. Pero ¿Quién? ¿Tanya? ¿Mike? ¿Habrían sido ellos capaces de armar semejante mentira? Hasta ese momento eran los únicos que se me venían a la cabeza.
– Me dejó destrozado después de que me llamara. Yo pensaba que había otro chico, y ahora me entero de que me dejó porque supuestamente yo le había sido infiel. Es mentira, te lo juro. Ella siempre fue lo primero para mí. Ni la distancia ni otras chicas pudieron cambiar eso nunca. – La resolución inicial en su mirada pareció ceder, y sus piernas se descruzaron para moverse un poco más al filo del sillón.
– ¿Qué estás diciendo, Edward? Yo vi las fotos, Bella me las enseñó. – Su actitud era más razonable ahora que parecía dudar de lo que ella misma estaba diciendo, y quise aprovechar la situación. Me levanté del sillón y me arrodillé frente a ella, cogiendo una de sus manos.
–No sé de qué fotos hablas, pero mírame. ¿Crees que te estoy mintiendo? Sabes perfectamente que Bella para mí lo era todo, Alice. Eres testigo de lo enamorado que estaba de ella. Por favor, cuéntame quien le envió esas fotos. – Alice parecía más confusa que antes, pero en su mirada había fe, y quise pensar que era por las palabras que acababa de escuchar.
–Pero en esas fotos salías besándote con esa tal Tanya en la cama. – Me crispé de inmediato.
– ¿Qué? – Pregunté en un murmullo, sorprendido una vez más. – Pero… Te juro por lo que más quieras que nunca hice algo así. Yo nunca le fui infiel a Bella.
–Lo fuiste.
–No. – Suspiré. – Alice, tienes que creerme. – Le supliqué. – Todos os habéis empeñado en convertirme en el culpable, pero no es así. Fui una víctima, como Bella. Los dos lo fuimos. – Intenté aclararle. Me miraba casi sin pestañear, atenta a todas mis palabras y mucho más receptiva que cuando me recibió. –Nadie me dio la oportunidad de explicarme y defenderme. Eso fue lo que pasó. – Volví a suspirar. – Me dolió que tú también dejaras de hablarme. ¿Cómo fuiste capaz? – Susurré. – ¿Por qué tú también desconfiaste de mí?
–Yo… – Alice se levantó dejándome de rodillas. – No sé qué pensar, Edward. Me parecía imposible que tú le hubieses hecho algo así a Bella, no me entraba en la cabeza. Incluso creí que era un montaje o una trampa, no sé, pero entonces algo más pasó, y dimos por hecho que… – Alice se silenció de inmediato.
– ¿Que qué? – La apremié.
–Esas fotos eran imágenes realizadas desde un móvil, borrosas pero se podía ver que estabas tú. Conseguí convencer a Bella para que no se dejase llevar por ellas sin hablar antes contigo. – Parecía estar hablando para ella misma, analizando todo lo que estaba saliendo por su boca.
– ¿Y qué?
–Espera… – Me puse de pie lentamente. Alice me indicaba con la mano que me callase. Sus pupilas se movían y parecía que un nuevo pensamiento se estaba formando en su mente. Finalmente suspiró y me miró apenada.
– ¿Qué pasa? – Volví a preguntar.
– ¿Me juras por lo que más quieras que tú no hiciste nada? – Me acerqué hasta ella, la tomé de las manos, y la miré a los ojos al mismo tiempo que asentía solemnemente. Apartó una de sus manos de entre las mías y acunó mi mejilla, mientras me miraba con ojos cristalinos. – No luchaste, Edward, y eso consiguió que terminara de creerlo. Después te vi cuando volviste, y parecías tan diferente…
–Cambié, Alice. Pensé que era cierto; creí que de verdad había otro chico. – Alice negó con la cabeza y una lágrima se deslizó por su mejilla.
– ¿Cómo pudiste creerle? Los dos fuisteis estúpidos por inseguros. Y yo también caí en esa mentira, todos caímos. – Ahora su voz se había agravado a causa de la rabia.
–Cuéntamelo, ¿Qué pasó después? – Alice suspiró, se alejó un par de pasos y se llevó la mano a la frente antes de volver a mirarme.
– ¿Te acuerdas del día que desapareció justo antes de que te dejara? – Asentí. – Se había ido llevándose esas fotos con ella. Cuando poco después volvió y me las enseñó pensé en torturarte de mil y una formas por haberla dañado de esa manera, pero poco a poco fui razonando y logré convencerla para que te pidiese una explicación, creyendo firmemente que mi enamoradísimo primo no había podido hacerle algo así.
– ¿Y por qué no me llamó para pedírmela en lugar de dejarme? – No pude evitar que de mis labios saliese esa pregunta. Alice volvió a mirarme apenada y prosiguió.
–Mike había estado llamando seguido a casa para saber de las dos. – Cerré con fuerza los puños al escuchar el nombre de Mike y mi mandíbula se tensó. – Para Bella era muy importante que Mike intentara interactuar con ella porque sabía que para ti significaría mucho que tu mejor amigo y ella se llevasen bien por fin. – Se sentó en el sillón de nuevo y comenzó a juguetear con los dedos de su mano. – Bella cogió el teléfono sin mirar el número pensando que serías tú, pero no fue así.
–Mike… ¿Qué coño dijo Mike?
–Él notó en la voz de Bella que había estado llorando, y Bella terminó contándoselo todo. – Se detuvo unos segundos y alzó la cabeza para mirarme. Yo la miraba expectante, con las ganas de romperle la cara de nuevo a Mike. – Al principio se lo negó rotundamente, pero después terminó confesando que tú le habías contado algo de Tanya. – Me miró con el arrepentimiento y el dolor en su mirada. – ¿Cómo íbamos a pensar que tu mejor amigo te hiciese algo así?
– ¿Qué? – Bramé. – ¿Qué ese malnacido dijo qué? – Pregunté de nuevo.
–Parecía preocupado de verdad por todo, Edward. Parecía sincero.
– ¡Ahora mismo va a pagármelas todas juntas! – Exclamé comenzando a caminar en zancadas, pero Alice se levantó y me detuvo.
– ¡No! – Exclamó. – ¡Edward, no vayas!
Jasper apareció alertado por el jaleo. – ¿Qué pasa?
–Voy a matar a Mike, eso es lo que pasa. – Le contesté enfurecido. – Alice, déjame.
–No lo hagas. Hazle pagar con la misma moneda, pero no te metas en un lío. Estuvo a punto de denunciarte la vez pasada.
– ¡Se lo merecía! ¡ Y quiero volver a hacerlo!
–Edward, tranquilízate. – Me pidió Jasper, cogiéndome de un brazo y tirando de él para llevarme al sofá. Me senté a regañadientes. – ¿Qué está pasando, Alice? – Mi prima suspiró, sentándose a mi lado, y por primera vez, después de mucho tiempo la sentí tan cercana como hacía siete años. Llevó su mano a mi nuca.
–Hemos sido injustos todo este tiempo. No entiendo porque me cegué de esa manera. – Contestó negando con la cabeza. – Todo fue un malentendido, Jasper. Edward tiene razón.
–Pero entonces las fotos…
–Parece que todo fue planeado por Mike.
– ¿Mike? – Parecía sorprendido. Mike había jugado bien sus cartas. – ¿Nuestro Mike?
–Dios, Edward... – Alice parecía desolada a mi lado. – No sé cómo Mike logró hacer esas fotos, pero perdóname. – Me pidió cogiendo una de mis manos.
– ¿Por qué dudo de mí? Hubiese hecho lo imposible por ella, Alice. – Yo también me encontraba devastado por el testimonio que mi prima me había hecho llegar. – Y ella me quería... ¡Dios! Ese traidor... – Mis manos se cerraron en puños al pensar que nada de lo que estaba pasando ahora tenía porque haber sucedido.
–Mike siempre estuvo con nosotros. – Contestó Jasper al lado de mi prima, pasando su brazo por los hombros de ella. –Y después de lo que pasó con Bella y contigo jamás tuvo una mala palabra para ti, al menos delante nuestra.
–Solo dejamos de hablar de ti. No queríamos que Bella sufriese más. – Continuó mi prima, llevándose la mano libre a su mejilla para secar sus lágrimas.
Me deshice de la mano de mi prima que sostenía una de las mías y apoyando los codos en las rodillas oculté mi rostro con mis manos sin poder creer nada de lo que estaba escuchando aun, del error que habíamos cometido los dos. Alice tenía razón. Si tan solo ella hubiese decidido enfrentar conmigo la situación de alguna manera, o yo hubiese reaccionado de forma diferente a su última llamada todo podría haber sido muy diferente.
Tiré de mi pelo impotente por no poder hacer retroceder el tiempo y que alguno de los dos hubiese actuado de forma diferente. Seguramente aun estaríamos juntos...
–Si tú hubieses luchado por ella, esto podría haber acabado de forma diferente. – Fruncí el ceño y me erguí mirando a mi prima dolido.
– ¿Yo? – Alice me miró sin entender mi pregunta. – Claro que todo podía haber sido diferente si yo hubiese indagado más sobre los verdaderos motivos por los que ella me dejaba, pero también es cierto que ella podía haber procedido de otra manera; me podía haber preguntado a mí sobre esas fotos, sobre lo que estaba pasando... ¡No sé, Alice! – Suspiré. – Me volví loco con esa llamada. La odié... – Me puse en pie de nuevo, incapaz de estar sentado, dándole la espalda a Alice. – Ella había estado un poco diferente desde hacía un tiempo, eso es verdad. Las dudas que tenía hacía a mí a veces me hacían enfadar con ella, porque no comprendía algunas cosas, pero supuse que tenía que ver solo con la inseguridad que traía consigo la distancia. – Me giré para encararla. – Lo que no puedes hacer es echarme a mí todo el peso de la culpa porque no lo tengo. – En la mirada de Alice pude comprobar que mis palabras estaban haciendo efecto en ella. Suspiró y se levantó, dejando sentado a Jasper.
–Tienes razón. Lo siento, Edward. – Su mano acarició mi bíceps en un gesto de consuelo. – Siento haber creído en ese momento esa mentira.
– ¿Qué voy a hacer ahora? – Le pregunté a mi prima. – Bella no quiere verme. – Alice me sonrió brevemente y en sus ojos adiviné que se había dado cuenta de que mis sentimientos por ella no habían muerto.
–Aun la quieres, ¿verdad? – Me sentí al descubierto, pero después de haberme admitido a mí mismo lo que seguía sintiendo por esa pequeña provocadora, no iba a callarme.
–Sí. Absolutamente. – Mi prima hizo un gesto con los labios de conformidad y dio un saltito de aquellos que tanto la caracterizaban y de los que hacía tanto tiempo que no había podido ver.
–Entonces tendré que ayudarte. – Me tensé de inmediato.
–No, no quiero que ella lo sepa por ti. – Llenó sus pulmones de aire mirándome cansinamente.
–Tú lo has dicho antes. No va a querer hablar contigo, es terca como una mula cuando cree que tiene razón. – Después sonrió. – Nada en ella ha cambiado, Edward. ¿Sabes que fue ella la que le pidió a Mike que no te denunciara a pesar del enorme resentimiento que te guarda?
Miré a mi prima, intentando comprender al mismo tiempo que hablaba el significado de sus palabras. Tenía que admitir que me aliviaba el hecho de que hubiese sido Bella la que le pidiese a Mike que no lo hiciera. No tenía por qué haberlo hecho después de lo pesado que había sido con ella tampoco. Sin embargo parecía que no todo lo que aparentaba lo sentía de verdad. El resentimiento, por muy grande que fuera, no llegaba a ser odio. Y con eso yo podía lidiar.
–Déjame que la prepare. – Volvió a pedirme mi prima.
–Estás conmigo en que Bella es una terca. No querrá verme si no le explicas los verdaderos motivos.
–Confía un poco en ella, ¿vale? – Agaché la cabeza, pensando en todo lo complicado que estaba siendo volver a acercarme a Bella.
–Mataría a Mike. Te juro que lo mataría. – Mis puños se cerraron con fuerza. – No le cuentes nada a Bella, voy a ir a casa de los Swan ahora mismo. – Mi determinación nos cogió a todos por sorpresa, incluido a mí. – Va a tener que escucharme. – Y comencé a caminar hacia la salida.
– ¡No! – Gritó mi prima. – ¡Espera! – Puse los ojos en blanco cuando me sostuvo del brazo.
– ¡Alice, tengo que resolver esto cuanto antes! – Gruñí lleno de rabia. – No puede seguir con Mike, ¡me niego a que siga con él!
– ¡Mírate! – Respondió señalándome con ambas manos. – No puedes presentarte en casa de Bella en ese estado. ¿Has pensado en Charlie? – Me golpeé mentalmente cuando escuché ese nombre. – Bella le dijo lo mismo que a tus padres, que vuestra separación se debía a la distancia, pero…
–Pero está claro que Charlie se huele que hubo algo más. – La corté. Ella asintió apenada.
–Charlie no sabe ni la mitad de lo que Bella pasó, tuvo suerte de que ella se encontrase lejos, pero no se lo perdió todo. – Me llevé la mano al puente de la nariz, impotente. – Además, presentarte tan alterado y exigiendo hablar con Bella lo único que hará es que tanto él como ella se nieguen más.
Comencé a respirar rápidamente cuando comprendí las palabras de mi prima. Tenía la urgencia, la necesidad de que Bella supiese ya de qué estaba hecho Mike, pero tenía que admitir que estaba demasiado nervioso y enfadado con todo lo que aún tenía que digerir como para presentarme así en su casa.
Así que viendo que todas las puertas se me cerraban, la impotencia me sobrepasó y las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro aun cuando hice el intento por mantenerlas a raya. Estaba desesperado y no sabía cómo arreglar la situación.
–Edward. – Mi prima me llamó suavemente. – Encontraremos la forma. – Volvió a decirme, esta vez rodeando mi cuerpo con sus brazos en un tímido abrazo.
Me costaba respirar, más si pensaba en todo lo que había conseguido Mike a costa de una cruel mentira como la que le había hecho creer a Bella. Ese bastardo se las había ingeniado muy bien para ponerle las manos encima a la que él sabía que era la chica de la que estaba profundamente enamorado.
¡Joder, éramos amigos! Aun no entendía por qué él había sido capaz de actuar de aquella manera. Para mí siempre fue como un hermano y supuse en todo momento que yo para él también era como alguien de su sangre. Me hizo desconfiar y odiar a las mujeres cuando en realidad tenía que haber enfocado mi odio hacia él.
–Tío, ponte tranquilo. – Pidió Jasper, quien también se había acercado.
Enfoqué a mi prima con los ojos empañados de lágrimas, encontrándome a aquella chica de mi familia que alguna vez fue tan importante para mí también. Ella también tenía lágrimas en los ojos; estaba sufriendo por mí, arrepentida por haber creído en Mike en lugar de confiar en mí. Respondí a su abrazo con fuerza, escondiendo mi cara en su cuello y sintiéndome por fin entendido.
–Perdóname. – Sollozó aferrada a mí. – Perdóname, Edward. Te juro que te ayudaré, haré hasta lo imposible para que Mike lo pague.
Me separé de ella, poniendo mis manos en sus hombros para mirarla. – Gracias, Alice. – Ella negó con la cabeza.
–No hay nada que debas agradecerme. Te lo debo. – Llevé una de mis manos a mis mejillas para secarlas y respiré un poco más tranquilo, aunque sin dejar de percibir aquella ira enfocada al que alguna vez consideré mi mejor amigo. Suspiré y miré hacia la puerta.
–Bueno, creo que debería irme. – Alice asintió y caminó detrás de mí hacia la puerta.
–-Sabes que puedes venir cuando quieras, Edward. – Sonreí por el cambio de curso que había tomado nuestra relación en apenas dos horas. Cuando había llegado casi me había echado a patadas y ahora me invitaba a regresar cuando quisiese. Tomé sus dos manos.
–Gracias, y ah, toma. – Dije sacando mi móvil del bolsillo y ofreciéndoselo. – Apunta tu móvil, porque voy a llamarte muy seguido. – Ella sonrió apuntando su número.
–Me alegro de que todo se haya arreglado. – Comentó Jasper apareciendo y pasando el brazo por los hombros de Alice.
–Bueno, entre tu mujer y yo. – Aclaré. – Ahora falta lo más difícil. – Murmuré abatido y pesimista.
–Toma. – Dijo Alice devolviéndome el móvil. – Y no te preocupes, todo se va a arreglar. – Su mano acarició mi mejilla, avanzó un paso y me besó.
–Adiós, Alice. – Me despedí.
–Hasta pronto. – Sonrió ella, agitando la mano aferrada a Jasper.
Conduje aun con restos palpables de mi mal humor y mi enfado hacia Mike mientras me fumaba un cigarro. A pesar de que en su casa Alice había conseguido abrir mi mente y hacerme comprender que no podía actuar de ningún modo en esos momentos, ahora que me encontraba en soledad, sentía unas peligrosas ganas de ir a buscar a Mike y hacerle pagar con golpes todo lo que nos había hecho pasar a mí y a Bella.
Así que queriendo eludir el deseo de pegarle una paliza a golpes a ese ser infame, decidí pasar por la taberna de Walter para intentar aclarar las ideas homicidas que pasaban por mi mente al pensar en que él me hubiese traicionado de una manera tan cobarde. A parte de difamar en mi contra frente a ella y todos mis amigos con esa calumnia sobre mí, le había puesto esas sucias manos encima a Bella.
Me estaba muriendo de los celos, y me sentía incapaz de quedarme sin hacer nada mientras él seguía disfrutando de ella.
Iba por el segundo bourbon cuando tomé una nueva resolución y decidí poner fin a mis impulsos. Iría a casa de Mike. Walter se quedó con su "gracias" suspendidas en el aire al recibir, en lugar de mi contestación, un gruñido bajo.
Salí a la calle dando zancadas cuando me detuve en seco. Parecía ser que ese día todo se había puesto a mi favor, porque a unos metros, ajeno a mi furiosa presencia, Mike se acercaba a la taberna hablando entre risas con Jacob.
.
En fin, chicas. Mike ha aparecido en frente de un Edward furioso... ¿Qué hará esta vez? ¿Pensáis que le hará caso a Alice o no? Parece que no está por la labor pero... Umm... el lunes lo sabremos!
Un besito chicas, y gracias por todos vuestros rr :)
