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Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA
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XIX
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–Tengo que admitir que ha estado bien. – Iba comentando Jacob. – Aunque sigo prefiriendo las de acción, pero bueno, ya sabes, si Leah quiere una romántica... – Fue un comentario crítico, solo le había hecho falta poner los ojos en blanco. Mike le dio un golpe en el hombro en un gesto de camaradería, provocando que la coleta de este se balanceara más aun al caminar.
–Sí, te comprendo. A mí también me gusta complacer a Bella. – Contestó sonriendo. Jacob lo miró con el ceño fruncido, contrariado, como si estuviese hablando de algo diferente a lo que él se había referido anteriormente.
Apreté los puños cuando giró la cabeza y se percató de mi presencia. No pude evitarlo, y tampoco quise. Avancé los pasos que nos separaban e hice que mi puño cogiera impulso para que impactara en la mandíbula de Mike, quien salió disparado hacia atrás unos pasos. Eso por joderme la vida. Avancé de nuevo preparando otra vez mi puño para darle otro buen golpe, pero entonces sentí que me rodeaban la cintura dos fuertes brazos y pensé rápidamente en que solo podía ser Jake.
– ¡Eh, tío, no jodas! – Exclamó reteniéndome con todas sus fuerzas.
–Pero ¿Qué haces? – Preguntó Mike con gesto de dolor, recomponiéndose aun con la mano en la boca. Me regodeé al ver sangre brillante brotar de una de las comisuras de su boca. – ¡Ahora sí que la has cagado! – Bramó, irguiéndose y avanzando hasta mí para golpearme en el mismo lugar en el que le había golpeado yo a él instantes antes.
Sentí el punzante dolor cuando su puño impactó sobre un lado de mi mandíbula, pero eso no terminaría conmigo.
– ¡Eh! Mike, no hagas esto. – Le pidió Jacob, soltándome para ponerse entre ambos.
–Jacob, quítate de en medio si no quieres que te haga daño. – Le advertí.
–Venga, ¡ven! ¿A qué esperas? – Me provocaba ese malnacido.
–Lo sé todo Mike. – Dije sin poder callarme más.
Sus ojos se abrieron a la defensiva y se quedó inmóvil durante unos segundos antes de querer volver a avanzar y de que Jacob lo retuviese.
– ¡Vete si no quieres que te parta la cara! – Solté una carcajada por su ataque verbal.
–Ella va a dejarte, ¿y sabes que es lo peor que te va a pasar, Mike? Que va a volver conmigo. – Estaba descubriendo que era mil veces mejor predecirle el futuro seguro que tendría lugar en poco tiempo a golpearle. Realmente era más satisfactorio, aunque los golpes también se los había merecido. – Quieras o no, Bella volverá a mí.
– ¡Cállate! – Volvió a intentar golpearme, pero Jacob lo tenía bien sujeto.
–Mike, déjalo, tío. – Intentó calmarlo, y yo reí, negando con la cabeza.
Comencé a caminar y lo dejé allí atrapado por los demonios que gobernaban su cuerpo y sujeto entre los fuertes brazos de Jacob mascullando improperios sin sentido.
– ¡Mike! – La preocupada voz de Bella me hizo cambiar la sonrisa de satisfacción que llevaba en la cara.
–Dios, ¿estáis bien? – Reconocí la voz de Leah y me giré.
– ¿Quién te ha hecho esto, Mike? – Sentí una punzada de dolor en el corazón al verla con las dos manos sostener de forma delicada su mandíbula, analizando la herida que le había hecho.
–No importa, pequeña.
– ¿Edward? – No me había fijado que Leah, quien estaba al lado de Jake, se había girado y me había visto hasta que escuché como me llamaba.
– ¡Tú! – Exclamó llena de ira Bella. – ¿Cuándo vas a dejarnos tranquilos? – Vociferó hecha una furia.
Sus palabras y el modo en el que se dirigió a mí me lastimaron hasta lo más profundo. Bella y yo podríamos haber seguido juntos de no ser por ese miserable que ahora se sentía con derechos de poner sus asquerosas manos sobre su cintura. Cerré los ojos con fuerza, incapaz de tolerar esa imagen.
–Cuando sepas la verdad. – Le contesté a unos metros. Ella frunció el ceño algo desconcertada por mi firme declaración, pero sin perder ese gesto de exasperación.
Hubiese querido llevármela de allí a un lugar tranquilo para que pudiésemos hablar de todo lo que había descubierto hacia tan poco tiempo, hubiese querido arrancarla de esas manos que la sostenían y refugiarla entre mis brazos para que nunca tuviese que volver a abandonarlos. Y eso quise intentar.
–Habla conmigo, por favor. – Le supliqué. Ella tragó saliva, alzó la cabeza y cuadró los hombros.
–No pienso hablar contigo. – Sentenció cogiendo a Mike de la mano. – Ven, vamos a pedirle a Walter un poco de hielo.
–Déjanos en paz, Edward. – Dijo Mike. Me tensé al escucharlo y cerré las manos en puños de nuevo viendo como ella tiraba de él.
– ¡Te está mintiendo! ¡Te ha estado mintiendo desde siempre! – Exclamé intentando que mi voz le llegara antes de que desapareciera por las puertas de la taberna. – ¡Mierda! – Bramé, pateando un pivote de hormigón que se encontraba allí en esos momentos.
Todo volvía a estar en mi contra ahora. Estaba viviendo una cruel pesadilla que se había ensañado conmigo de la peor forma posible. La cólera unida a la impotencia se abrió paso en mi pecho arrasándome desde dentro como un huracán arrasaría con una gran ciudad, y yo me sentía amargado, proyectando con esos golpes mi dolor.
Me detuve para sentarme inquieto en el borde de la acera, teniendo la impresión de que todo volvía a cerrarse para mí otra vez, y que ahora era mucho más doloroso.
¡Yo no había tenido la culpa! No entendía porque Mike tenía que llevarse las atenciones de Bella cuando debería ser odiado por ella por lo que nos había hecho hacía siete años atrás. Intenté recomponerme, respirando hondo, queriendo pensar con claridad, pero parecía imposible. ¿Por qué tenía que seguir permitiendo que él la siguiese engañando? Me levanté de inmediato y miré decidido la puerta de la taberna.
Tendría que escucharme, por las buenas o por las malas, pero iba a hacerlo.
Traspasé la puerta hecho una furia, provocando que todos los clientes se giraran para mirarme cuando golpeé con fuerza la puerta. Avancé sin mirar a Mike con aquella seguridad que me había faltado el día que dejé que ella rompiera con nuestra relación, observando solo aquellos ojos chocolates que me habían hecho tan feliz cuando había sido niño y en mis años de adolescencia. Nada podría detenerme ahora que sabía la verdad.
–Vas a hablar conmigo, quieras o no. – Mi voz, grave e imperativa hizo que ella frunciera el ceño. Miró mi mano cuando rodeó su brazo y tiró de él.
–No puedes obligarme. – Discutió, intentando deshacerse de mi mano de un tirón, pero no lo consiguió.
–Déjala, Edward. – Mike había dejado sobre la barra los hielos cubiertos por una servilleta de tela para erguirse al lado de Bella. – Suéltala. – Me retó con la mirada.
– ¿Crees que no me creerá? – Pregunté riendo. – Eres tan estúpido que crees que cuando sepa la verdad no me creerá. – Mike se tensó y quiso atacarme físicamente de nuevo, pero Jake logró evitarlo.
–Edward, es mejor que te vayas de aquí. – Pidió Jacob.
Por un momento escuché el impropio silencio en el que estaba sumida la taberna, pero no me importó. No iba a irme de allí hasta que Bella no supiese la verdad.
–Como no vengas, montaré un escándalo, y creo que Walter no se lo merece, preciosa. – Bella gruñó bajito.
–No voy a hablar contigo.
–Edward, tío, arregla tus cosas en otro momento y lugar, no quiero que me obligues a hacer nada que no quiera. – Walter realmente parecía apenado por la situación, y yo no deseaba montar un numerito, pero Bella me lo estaba poniendo muy difícil.
–Bien. – Suspiré. – Lo pediré educadamente. – Dije aclarándome la garganta después e intentando cambiar la expresión de mi cara a una más agradable. – Señorita Swan, ¿tendría la amabilidad de hablar conmigo? – Ella puso los ojos en blanco, y Mike se tensó aún más.
–No, Edward. Estoy cansada de todo esto, por favor. – Mi humor volvió a cambiar y mi paciencia cada vez estaba menguando a mayor velocidad.
Mike seguía a su lado en un patético intento de impedir que me acercara más a ella y en una posición erguida que trataba de imponer la propiedad que pensaba que tenía sobre Bella. ¿Es que ella no se daba cuenta de la asquerosa cucaracha que era él?
–De acuerdo, entonces no me dejas otra alternativa.
Sin que nadie se lo esperase, ni siquiera Mike, me agaché y la cogí por los muslos para cargarla sobre mis hombros al mismo tiempo que escuchaba su grito por la sorpresa y yo echaba prácticamente a correr.
– ¡Joder! – Bramó Mike.
– ¡Salvaje! Bájame ahora mismo si no quieres que… – Enmudeció, pero no dejaba de golpearme la espalda con los puños tratando de que la dejara en el suelo.
– ¿Que qué? – Le pregunté. – Por las buenas o por las malas. Te lo he advertido, preciosa. – Me sorprendí a mí mismo al ser consciente de la tranquilidad con la que hablaba a pesar de la situación.
– ¡Suéltala! – Escuchaba a Mike detrás de mí.
Abrí la puerta del coche y la metí dentro, cerrando la puerta al instante. Ella trató de salir, pero cerré mientras tanto con el cierre centralizado.
– ¡Abre ahora mismo esa puerta o llamaré a la policía! – Gritó Mike. Yo reí. – ¡A Charlie! – Elevé una ceja y di la vuelta al coche con Mike pisándome los talones.
–Supongo que puedes llamarle, porque cuando Bella vuelva desmentirá todo esto. – Comenté con una sonrisa que no desapareció aun cuando me empujó con toda su fuerza hacia la puerta del conductor. – Aunque puedo darte una razón mejor para que le llames. – Y me giré para atizarle un golpe en el estómago que lo dejó doblado antes de meterme en el coche y sufrir las protestas de Bella.
–Pero, ¡ ¿estás loco? ! ¿Qué quieres conseguir con todo esto? Esta vez estás llegando demasiado lejos, te juro que no voy a poder perdonarte nunca. – Estaba tan concentrada en todo lo que salía por su boca que no trato de escapar de nuevo cuando arranqué el coche y aceleré. – ¡Ah! ¡Detente! ¡Déjame salir! – Gruñó. – ¡Joder, eres un gilipollas! – Enarqué las cejas por la palabra con la que se había dirigido a mí y después intenté controlar el volante cuando comenzó a golpearme.
– ¡Eh, eh, eh! Si no quieres que tengamos un accidente vas a tener que tranquilizarte. – Bella refunfuñó enfadada y, de repente, se hizo el silencio, aunque podía sentir también el aura cargada de furia que ella irradiaba. – Me has llamado gilipollas, nunca me habías llamado así… – Comenté después de unos minutos.
–Es lo que eres. – Contestó únicamente. Yo suspiré.
–Bella, vas a cambiar de opinión en cuanto sepas la verdad.
– ¿Y por qué no empiezas ya? – Preguntó cruzándose de brazos.
–Porque tienes que calmarte un poco para que puedas reflexionar tú y no tu odio. – Le contesté saliendo del pueblo. Ella bufó.
– ¿Dónde vas a llevarme? ¿No estamos lo suficientemente lejos ya?
–No sé dónde voy a parar, supongo que esperaré a notar que tus ganas por golpearme se reducen. – No dijo nada, simplemente se quitó sus botines, flexionó sus piernas subiendo los pies al asiento y abrazó sus rodillas.
Aumenté un poco la calefacción temiendo que estuviese pasando frío y recé porque su calma llegase en algún momento. Había intentado actuar pensando con la mente fría, dejando esto, en parte, en manos de Alice, pero me había sido imposible. Tenía que conseguir sembrar en ella al menos la duda.
Se lamentó por el camino cuando se dio cuenta de que se había dejado el bolso con su móvil dentro en la barra de la taberna y su resentimiento creció.
Había conducido durante diez minutos y aun no se sosegaba, pero no me iba a rendir tan fácilmente. Ella tenía que escucharme y no iba a dejar pasar este momento. Había estado pensando en cómo abordar el tema, pero ninguna forma me parecía adecuada.
En algún momento de la 101, percibí que el ambiente estaba más relajado. Aunque la tensión seguía crispándola, estaba seguro de que podía conseguir razonar con ella. Así que me detuve en el primer apartadero de tierra que encontré.
La noche era cerrada y en el lugar en el que nos encontrábamos la iluminación era muy escasa, así que encendí la luz del interior del Volvo para poder verle mejor. Tenía los ojos llenos de lágrimas, y me sentí mal por hacerla llorar cuando en realidad lo único que pretendía era hacer un bien.
–Bella, lo siento. – Ella sorbió la nariz y se enjugó sus lágrimas silenciosas antes de mirarme.
– ¿Y por qué lo haces? ¿Por qué estás haciendo esto?
–Porque no he tenido otra opción. Tienes que escucharme, por favor. – Le rogué, girándome en mi asiento para poder verla mejor. Ella no se inmutó.
–Supongo que tendré que hacerlo. – Parecía exhausta.
–Yo nunca te engañé, Bella. – Ella bufó y negó con la cabeza dando la impresión de que no quería escuchar nada de lo que saliese de mis labios. – Tienes que creerme. Todo esto lo planeó Mike. No sé qué pasó por su cabeza para hacernos esto, pero lo hizo.
– ¡No! – Lo defendió ella. – Mike me ayudó muchísimo. – El convencimiento que impregnaban sus palabras me dolió en lo más hondo de mi ser. – Tú no sabes cuánto sufrí, Edward. ¡No tienes ni idea!
–Y por eso quisiste hacerme pagar con la misma moneda. – Ella se calló. – He estado hablando con Alice, y sé lo que pasó. – Ella se sorprendió al escuchar el nombre de la que parecía ser su mejor amiga y después cerró los ojos con fuerza.
–Yo vi las fotos, Mike me lo confirmó. No fui suficiente para ti y decidiste engañarme. – Harto de escuchar esos disparates que no dejaban de salir de sus labios, me acerqué a ella y la sostuve de los brazos con fuerza, obligando a que sus ojos y los míos quedasen a una distancia considerable que permitiese que ella misma me analizase.
–Mírame. – Gruñí zarandeándola. – Tienes que dejar de lado ese maldito orgullo que nos hace tanto daño. Siempre decías que lo único que necesitabas era mirarme a los ojos para saber la verdad. Compruébalo por ti misma, solo mírame. Estoy loco por ti, Bella. ¿Crees que habría sido capaz de mentirte de esa manera? – Mis palabras habían sido pronunciadas en un murmullo pero con fuerza, deseando que ella me creyese.
Sus ojos, abiertos de par en par, miraban los míos. Vi como poco a poco se rendían a mi verdad; como una vez más, después de tantos años, la verdadera realidad comenzaba a cobrar vida entre nosotros. Su respiración se apaciguó y pestañeó varias veces antes de terminar cerrando sus ojos con fuerza, dejando que una lágrima se escapase de ellos.
Había derribado el muro, y ahora acercarme a ella parecía mucho más sencillo. El invierno por momentos parecía alejarse a más velocidad con su doloroso frío hacia otra parte. Solo deseaba un poco de más calor, unos grados más que me ayudasen a sentir la pequeña esperanza de que el sol podría volver a salir y derretir toda la nieve que me rodeaba.
– Te amaba. – Susurré.
–Pero yo las vi. Vi las fotos.
–Fuimos unos estúpidos los dos al dejar que esto pudiese con nosotros. Tú debiste llamarme para aclararlo y yo no tuve que haberte dejado escapar tan fácilmente. ¿Te das cuenta del error que cometimos? – La solté, no queriendo presionarla más, pero aun así permanecí cerca de ella.
–No puede ser. Edward… – Sollozó llevándose las manos al rostro para ocultarlo y echando la cabeza hacia atrás en el sillón.
–Sé que quizá ahora estés confundida, pero tenías que saberlo. Yo… no podía dejar que siguieses al lado de él.
No dije nada más ni intenté tocarla mientras escuchaba su llanto desconsolado. Había vuelto a subir las piernas al asiento y sus manos no habían abandonado su rostro. Estaba destrozado por todo lo que nos había pasado también, pero sobre todo al verla a ella así, de aquella manera. Me sentí mucho más culpable por que no fui capaz de actuar en el pasado como hubiese tenido que hacerlo, y ahora tenía que aguantar el dolor que me provocaba ver a Bella así.
– ¿Entonces esas fotos eran montajes? – Preguntó después de varios minutos. Se había secado las lágrimas, aunque permanecía con los ojos rojos e hinchados.
–No voy a mentirte. No recuerdo nada de fotos con otras mujeres. Estoy confundido en cuanto a eso. – Frunció el ceño.
–Eran tan reales… – Podía percibir el dolor en su voz.
–Alice dice que Mike afirmó que yo me había besado con Tanya. – Ella asintió. – Pero yo jamás lo hice, yo…
– ¿Qué?
–Mis pérdidas de memoria. Mike estaba en Boston la primera vez que me pasó. –Los ojos de Bella se abrieron imitando el gesto de los míos.
– ¿Quieres decir que…?
– ¿Por qué no? Te juro que no recuerdo nada. Cuando desperté y vi tus mensajes y las veces que me habías llamado… – Suspiré. – Por favor, tienes que creerme.
–No sé qué creer. – Musitó. – Lo veía todo muy claro. No había sido suficiente para ti, Mike me lo había confirmado. Se portó tan bien conmigo… – Negó con la cabeza. – Pero tu mirada y tú. – Suspiró. – Algo en mí quiere creerte, y no sé si hago bien confiando en tu palabra.
–Sí que lo haces. Confía en mí y no te arrepentirás, Bella. – Le rogué en un murmullo.
–Dios. – Las lágrimas volvieron a aparecer en sus ojos. Esta vez no pude evitarlo, llevé mis manos a su rostro acunándolo y pasé mis pulgares por sus mejillas.
–No llores. – Murmuré. – Por favor, no me gusta verte llorar. – Sus ojos me miraron apenados y llenos de culpabilidad. – Eh, no. – Musité. – No, preciosa. – Dejé un sentido beso en su frente. – Ya nada podemos hacer para evitar lo que pasó, pero tenemos suerte de que la verdad siempre salga a la luz. – Sus labios temblaban desconsolados y pestañeó provocando que más lágrimas cayeran por sus mejillas.
Hacía años que sus ojos no me miraban de esa manera, que no sentía como me miraban al alma. Ese momento mágico se quedó suspendido en el tiempo. Estaba viéndome de verdad. Por fin sentía como la nieve se desvanecía por completo gracias a la calidez que los rayos del sol le proporcionaba a mi corazón. La expresión en su rostro reflejaba el arrepentimiento y la culpabilidad en su máxima potencia.
–Edward. – Musitó. – ¡Edward! – Repitió en un sollozo, abriendo sus brazos para rodear mi cuello y esconder su cara en el mismo lugar. – Perdóname, perdóname.
–Shh. Tranquila, ya todo ha pasado. – Me compadecí por ella y odié a Mike al pensar en que ellos dos hubiesen tenido intimidad. ¡Dios! Quería matarlo. – Bella.
–Fui una estúpida. Lo he sido todo este tiempo. – Seguía sollozando aferrándose con fuerza a mí.
Mis brazos la rodeaban por la cintura, complacido y eufórico por volver a sentirla en mí. Una lágrima se me escapó a mí también, incapaz de poder retenerla después de todo. Lo había conseguido por fin.
Me di cuenta de que todo esto hubiese resultado más fácil si desde un principio ella hubiese accedido a hablar conmigo. Había aceptado la verdad sin que hubiese tenido que insistir sobre ella porque aun, en el fondo de su corazón, confiaba en mí más que en Mike. Pero no podía culparla porque me hubiese evitado tampoco. No sabía cómo me habría sentido yo si la situación hubiese sido a la inversa.
La sujeté más fuerte, respirando su olor, escuchando como su llanto se iba calmando y sintiendo el tacto se sus dedos aferrarse a mi cuello y a mi cabello. Era doloroso verla así, pero no podía evitar alegrarme también al sentirla tan cerca.
Mis oscuros sentimientos hacia Mike habían bajado de intensidad para dejarles paso a otros mucho más esperanzadores y fáciles de querer. No me había dado cuenta realmente de cuánto la había necesitado hasta que me había sentido así con ella, recibiendo uno de sus abrazos al mismo tiempo que yo la rodeaba a ella con los míos.
– ¿Estás mejor? – Pregunté separándome de ella para poder mirarla. Ella asintió. – Creo que Alice va a matarme cuando se entere de cómo he hecho las cosas, pero no podía soportarlo más.
–Es lo mejor que has hecho, Edward.
– ¿Me perdonas por haberme sobrepasado contigo más de una vez desde que llegué a Forks? – Ella sonrió, aunque esa sonrisa carecía de emoción alguna a pesar de que por fin la verdad había triunfado.
– ¿Y tú me perdonas por haberme comportado tan mal contigo también? – Respondió con otra pregunta. Yo le sonreí y negué con la cabeza.
–Parece que estamos en paz. – Suspiró.
–Sí.
–Oye... tenemos que hablar, pero necesito que estés bien. – Ella se mojó los labios con la lengua y suspiró antes de asentir.
Tenía muchas ganas de hablar de todo lo que había pasado con ella, pero notaba su cansancio. Habría muchos días para dedicarnos a aclarar todo lo que pasó de verdad. Lo más importante era que ella descansase para que pudiese recibir la información con la mente abierta y con la fuerza necesaria.
–Te llevaré a casa.
–Como tú quieras.
La vuelta a Forks, aunque fue silenciosa, fue muy fácil de saborear. Sentía la mirada de Bella en mi rostro constantemente y yo en algún momento que otro había dejado de mirar la carretera para observarla. Su intensidad era abrumadora, tanto que incluso a veces me hacía sentir un cosquilleo incómodo en la boca del estómago, aunque ese cosquilleo incómodo podía achacárselo a las dichosas mariposas que revoloteaban felices en él. Por fin una sensación deseable y apetecible se abría paso en mí, y me gustó sentirme inquieto a causa de ella.
–Suerte con Charlie. – Le deseé a Bella en cuanto llegamos. Él siempre había sido muy sobreprotector con Bella, así que no me extrañaba que aunque esa pequeña y dulce provocadora fuera lo suficientemente mayor para entrar y salir a su antojo de casa, Charlie siempre tendría un par de palabras de más.
El tiempo de regreso me había resultado corto, porque si ya antes de saber la verdad, me sentía atraído por ella, ahora no deseaba separarme. Bella me miró con una pequeña sonrisa, sus ojos seguían levemente hinchados y estaba convencido de que cuando cruzara el umbral de la puerta de su habitación probablemente comenzaría a llorar de nuevo, pero me intenté consolar pensando en que eso era lo que necesitaba en esos momentos.
–Gracias. – Musitó. Se acercó hasta mí y llevando una de sus manos a una de mis mejillas, me besó en la otra, presionando sus labios en mi piel y provocando que un agradable hormigueo se concentrase en ese punto de mi cuerpo para después enviar un estremecimiento hasta mi columna.
–Buenas noches. – Contesté atrapado en aquel momento, viendo cómo se bajaba del coche y caminaba hasta su casa, desapareciendo en su interior.
Suspiré satisfecho dejando caer la cabeza en el asiento del Volvo y con una sonrisa sincera aceleré para volver a mi apartamento.
…
Irina se quitó la mascarilla cuando salimos del quirófano y yo la imité para después quitarme los guantes.
–Qué satisfactorio es salvarle la vida a alguien. – Opinó, dejando libre su cabello rubio recogido en una coleta.
–Hemos tenido suerte de que llegase a tiempo también. – Contesté.
–Supongo que tienes razón. – Sonreí sinceramente y suspiré. – ¿Vas a contarme de una vez por qué irradias tan buen rollo? – Reí y terminé de quitarme los patucos y el gorro verde.
– ¿Te apetece un café después de que salgamos del despacho de mi padre? – Frunció el ceño dejando escapar una sonrisa.
–Creo que sé a quién se debe ese buen humor. ¡Pero claro! Me tienes intrigada.
Cuando llegamos le estuve contando con lujo de detalles el día tan estresante y lleno de acontecimientos que había vivido el día anterior. Desde mi vuelta al prado, pasando por mi reconciliación con mi prima y llegando al alivio que sentí cuando Bella aceptó la verdad con aquella facilidad.
Se quedó pasmada, escuchando en todo momento mis palabras sin abrir ni por un segundo la boca para interrumpirme. Después se enderezó en su silla y abrió esos enormes ojos celestes.
–Parece el capítulo de una telenovela retorcida. – Me encogí de hombros. – Así que la mosquita muerta de Mike no es más que un hombre repugnante y sin escrúpulos.
–Ahí lo tienes. – Suspiró.
–Bella debe sentirse fatal. – Comentó apenada, sosteniendo una de mis manos.
–Aún no sabemos exactamente qué fue lo que pasó, pero resulta evidente que el único culpable es Mike. Cada vez que pienso en que la ha estado engañando y que le ha puesto sus sucias manos encima… – Me tensé lleno de rabia.
–Sí, supongo que debes sentirte también muy mal. Se ha comportado como un cobarde, Edward. – Apretó una de mis manos. – Pero aunque comprendo el odio que sientes hacia él, ahora quien te necesita de verdad es ella.
–Anoche no me hubiese separado de ella, ¿sabes? – Sonreí recordando lo bien que me había sentido en su compañía al final. – Pero no quería presionarla tampoco y sé que necesitaba estar sola.
–Vaya, Edward. – Musitó. Sus ojos azules estaban llenos de alegría sincera por mí, algo que me hizo sonreír agradecido por sus nobles sentimientos.
– ¿Qué?
–Creo que hay muy poca gente que, después de haber sufrido tanto, aun siga sintiendo unos sentimientos tan profundos por otra persona. Pero creo que tú los sientes por Bella; son puros y fuertes. – Negué con la cabeza.
–Las medias naranjas existen, Irina. – Contesté intentanlo rebatirla. – Y Bella es la mía.
–Bueno, puede que tengas razón. – Sonrió. – Me alegro mucho de que por fin algo te esté saliendo bien.
–Gracias. No solo por lo de hoy, sino por todo. Eres una buena amiga.
–Y tú también lo eres. – Respondió dándome un apretón cariñoso.
Cuando salí del hospital ya pasaban de las siete. Había pensado en ducharme y llamar a Bella para saber cómo estaba. Alice me había llamado esa mañana para hacerme saber que Bella le había contado todo lo que había pasado el día anterior y que se iban a ver esa tarde. A pesar de no estar del todo de acuerdo con mis modales, se le notaba relajada y contenta.
–Sí, al final todo fue tramado por Mike. – Le contesté a Angela sentado en el sillón del Volvo.
Me había llamado justamente cuando acababa de estacionar frente a la entrada de mi apartamento y le había estado contando también la trampa de Mike. Ya había repetido algunas veces la misma historia durante todo el día, pero no me cansaba de hacerlo porque parecía que cuanto más hablaba sobre ella más real se volvía.
Angela también se había vuelto loca al conocer la verdad y me hizo saber, que durante todos esos siete años, ella había pensado que algo más tenía que haber detrás de todo. Argumentó que no quiso intervenir al principio porque como hacía tan solo unos meses que nos conocíamos no se sentía cómoda del todo haciéndome saber su opinión en un momento en el que yo me sentía tan dolido, y cuando lo intentó más tarde ya me encontraba envenenado por el sentimiento del odio.
Ben también estuvo hablando conmigo unos minutos asombrado por el giro que había dado mi vida en apenas unas horas, pero se alegró tanto como su novia.
–Tío, te mereces ser feliz. Lucha por ella ahora que no querrá saber nada de esa cucaracha asquerosa. – Arqueé una ceja dejando salir el humo del cigarro que me estaba fumando por la ventanilla del coche.
–Ese es uno de mis peores miedos, Ben. Estoy convencido de que sigue sintiendo algo muy especial por mí, pero no sé si ella llegó a enamorarse de él. – Comenté un poco deprimido.
–Qué va. – Pero sus palabras sonaron vacías.
–Tenías que haberla visto llorar. – Apunté. – Estaba desconsolada.
–Quizá solo lloraba porque le duele que esa mentira os separase. – Me quedé en silencio y escuché como Ben exhalaba. – Oye Edward, he sido testigo de lo mal que lo has pasado y de cuánto la querías…
–Y la quiero. – Le corté. Ben rio mientras yo volvía a aspirar la boquilla del cigarro.
–Pues por eso. Me refiero a que con tus actos, tú mismo demostrabas que la seguías queriendo, aunque no te dieses cuenta. Tienes que acabar junto a ella.
–Eso es lo que más deseo.
–Pues dúchate y ve a buscarla.
–Había pensado en llamarla primero. Quizá no haya vuelto de estar con mi prima, y además, no sé cómo se tomaría su padre el verme aparecer en su casa. Creo que me odia.
–Pues no sé, haz lo que veas, pero no la dejes.
–No está en mis planes. – Le confirmé tirando la colilla por la ventanilla.
–Esa es la actitud. Bueno tío, te tengo que dejar. Hablamos pronto y nos vas informando.
–Por supuesto. Hasta luego, Ben.
No sabía si iba a poder aguantar hasta después de la ducha. Cogí el móvil de mi bolsillo y marqué su número de memoria para después borrarlo. No sabía cómo se encontraría y si era conveniente que la llamara. Durante todo el día en el hospital, tal y como le había comentado a Ben, a mi cabeza le había dado tiempo a dar tantas vueltas que ahora veía la posibilidad de que ella estuviese sufriendo porque en realidad había sentido algún tipo de amor por él.
Aunque en seguida se me vinieron a la cabeza las dos veces que habíamos hecho el amor y la forma tan receptiva en la que se había entregado a mí a pesar de su reticencia al principio. No podía dejar de pensar en volver a tenerla junto a mí, de poder besarla y amarla, de demostrarle que la seguía amando.
Salí del coche y me detuve repentinamente, sorprendido cuando me encontré a Bella sentada en el suelo con la espalda apoyada en la puerta de mi casa.
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En fin... ¡Al fin Bella se ha enterado de todo! ¿Y ahora qué? ¿Qué hará en casa de Edward? :) El viernes volveré a subir capítulo!
Un besito, preciosas y gracias por los rr :)
