HE AQUI EL MOMENTO ESPERADO JEJE GRACIAS POR SUS REVIEWS SUS FALLOWS Y LAS ALERTAS EN FIN POR TODO LA VERDAD ESQ ME ALEGRA QUE LA HISTORIA HAYA GUSTADOO..

PERO RECUERDEN QUE AQUI NO SE ACABA ESTOO JEJE QUE PASARA CON ALICE ? ROSE? Y PARA LOS QUE QUIERAN SABER, QUE HABRA PASADO CON GARRETT?

TIENEN CURIOSIDAD JEJE, PUES LES DEJO UNA SORPRESA ABAJO..

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 27

-¡Deja de gritarle a mi madre!

Ben permanecía rígido y pálido como el papel en la puerta de la cocina. Desconcertada, Bella solo fue capaz de quedarse mirándolo fijamente.

-Ben

-Deja a mi madre -le temblaba el labio inferior, como si estuviera a punto de llorar, pero le dirigió a Edward una mirada de hombre a hombre-. Déjala y vete. No te queremos aquí.

Disgustado consigo mismo, Edward soltó a Bella y se volvió hacia el pequeño.

-Yo jamás le haría ningún daño a tu madre, Ben.

-Se lo estabas haciendo, te he visto.

-Ben -Bella caminó rápidamente hacia él-. No lo entiendes. Nos hemos enfadado y las personas a veces se gritan cuando se enfadan.

El niño apretó la barbilla de una forma que a Bella le recordó casi dolorosamente a su propio padre cuando se enfadaba.

-Yo no quiero que te grite. Y no voy a dejar que te haga daño.

-Cariño, yo también le estaba gritando -le dijo suavemente, acariciándole la cabeza-. Y no me estaba haciendo daño.

Los ojos de Ben brillaban con una mezcla de humillación y enfado.

-A lo mejor lo quieres más que a mí...

-No, pequeño...

-¡Yo no soy pequeño! -su pálido rostro se sonrojó mientras se alejaba-. ¡Te lo demostraré!

Bella todavía continuaba agachada en el suelo cuando la puerta se cerró tras él.

-Oh, Dios mío -Bella se levantó lentamente-. Creo que no he llevado esto demasiado bien,

-La culpa ha sido mía.

Edward se mesaba nervioso los cabellos. El quería dar, ofrecerles todo lo que estuviera en su mano a todos ellos. Pero lo único que había conseguido había sido herir a Bella y enfadar a Ben.

-Déjame ir a hablar con él.

-No sé. Quizá debería... ¡Oh, Dios mío! ¡Ben, para, para!

Antes de que Edward hubiera podido decir nada, ya había salido corriendo. Edward corrió tras ella durante los primeros metros, pero no tardó en adelantarla.

Ben acababa de montar a Trueno y el enorme semental caracoleaba de forma peligrosa.

Bella sentía el corazón en la garganta mientras el niño se aferraba al lomo del caballo; ni siquiera era capaz de gritar. Por un momento, pensó que Ben sería capaz de controlar al animal y desmontar, pero de pronto el semental se encabritó. El niño y el caballo parecían un solo cuerpo, su figura se elevaba, recortándose contra el azul del cielo. Y entonces Ben fue arrojado del caballo con la misma facilidad con la que el animal podría haberse desprendido de una mosca.

Bella oyó el grito de su hijo mezclado con los relinchos del semental. Lentamente, como si el tiempo se hubiera suspendido, Bella observó los cascos del caballo danzando alrededor de Ben y, milagrosamente, sin rozarlo. Bella sentía el sabor del miedo, un miedo que sentía como óxido en la boca mientras acortaba corriendo los últimos metros que la separaban de su hijo.

-Ben. Oh, Ben.

No podía llorar. Ayudada por Edward, comenzó a examinar el cuerpo de su hijo buscando señales de vida.

-Está bien, pero inconsciente. Creo que se ha roto un brazo -Edward también estaba temblando. Si hubiera sido más rápido, solo unos segundos... -. Bella, ¿puedes acercar el coche?

Ben yacía con el rostro blanco como el papel. Bella deseaba abrazar a su hijo y llorar hasta quedarse sin lágrimas. Alzó la mirada y vio a Chris a su lado, temblando como una hoja.

-Vamos, Chris -le tomó la mano-. Vamos a llevar a Ben al hospital.

-¿Está bien? ¿Se va a poner bien?

-Claro que se va a poner bien -respondió Bella mientras corrían hacia el coche.

-¿Puedes conducir? -le preguntó Edward cuando Bella volvió con el coche-. Yo no me sé el camino.

Con un asentimiento de cabeza, Bella lo ayudó a instalarse en el asiento de delante con su primogénito en el regazo. Apretando los dientes, recorrió lentamente aquel camino plagado de baches. En cuanto llegaron a la autopista, pisó el acelerador y dejó de pensar.

Cuando Ben se movió, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y se obligó a dominarlas. Los primeros gemidos de Ben llegaron acompañados de sollozos; el niño comenzaba a recuperar la consciencia. Chris, desde el asiento de atrás, se inclinó hacia adelante y le acarició tentativamente la pierna. Sin saber qué otra cosa hacer, Edward abrazaba al pequeño con fuerza y le acariciaba delicadamente el pelo.

-Ya casi hemos llegado, Ben. Aguanta.

-Me duele.

-Sí, lo sé.

Cuando el niño volvió el rostro hacia él, Edward lo estrechó con fuerza. Por primera vez en su vida, comprendía lo que significaba sentir el dolor de otro.

Bella dejó el coche en la acera, junto a la puerta de emergencias y salió para ayudar a Edward con Ben.

Todo se hacía interminable. Los dientes comenzaron a castañetearle mientras daba en el mostrador de admisiones toda la información sobre el seguro y el historial médico de su hijo. Respiró hondo e intentó tranquilizarse cuando se llevaron a Ben a la sala de rayos X. Su pequeño había intentado, en medio de su enfado, demostrarle que era un hombre. En ese momento estaba herido y ella solo podía esperar. Edward permanecía a su lado, con Chris en brazos.

-Siéntate Bella, esto tardará algún tiempo.

-Solo es un niño.

Sabía que no podía derrumbarse en aquel momento. Ben iba a necesitarla. Pero las lágrimas comenzaron a correr silenciosamente por sus mejillas.

-Estaba tan enfadado. Nunca se le hubiera ocurrido montar el semental si no hubiera estado tan enfadado.

-Bella, casi todos los niños se rompen un hueso alguna vez -pero él mismo tenía un nudo en el estómago.

-¿Qué le va a pasar a Ben? -cuando vio las lágrimas de su madre, Chris comenzó a sollozar.

-Se pondrá bien -Bella se llevó las manos al rostro para secarse las lágrimas-. Los médicos lo están curando.

-Creo que le van a poner una escayola -Edward acarició los delgados bracitos de Chris-. Y en cuanto esté seca, podrás escribir en ella tu nombre.

Chris inspiró lloroso al pensar en ello.

-Solo sé dibujar.

-Eso bastará. Venga, vamos a sentarnos.

Bella se obligó a sí misma a sentarse. Cuando Chris se sentó en su regazo, tuvo que esforzarse para no abrazarlo con demasiada fuerza. Con cada minuto que pasaba, crecía el vacío que sentía en su interior. Se sentía hueca, vacía.

Estaba levantándose, sintiendo el vértigo del miedo, cuando se acercó un médico a la sala de espera.

-Ha sido una rotura muy limpia -le explicó. Al reconocer la ansiedad de Bella, le estrechó cariñosamente el hombro-. Va a causar sensación con la escayola en el colegio.

-¿Tiene... tiene algo más?

Por su mente habían pasado todas las posibilidades: desde una conmoción cerebral hasta todo tipo de heridas internas.

-Es un chico fuerte, robusto -con la mano todavía en el hombro de Bella, el médico pudo sentir el alivio provocado por sus palabras-. Está un poco nervioso, y algunos de los golpes van a causarle serios moratones. Me gustaría que se quedara en observación un par de horas, pero no creo que tenga que preocuparse por nada. Le daré unas recetas y una lista de lo que puede y no puede hacer. De momento, ya le hemos dicho que se aleje de los caballos durante una temporada.

-Gracias -Bella se llevó las manos a los ojos un instante. Un hueso roto. Eso podría curarse sin problemas, se dijo aliviada-. ¿Puedo ir a verlo?

-Desde luego.

Parecía tan pequeño en aquella camilla blanca. Bella tuvo que luchar contra una nueva oleada de lágrimas cuando se acercó a él para abrazarlo.

-Me he roto el brazo -iba haciéndose a la idea mientras mostraba su flamante escayola.

-Impresionante -su hijo ya la había perdonado. Bella podía verlo en sus ojos, sentirlo en la forma que tomaba su mano-. Supongo que te dolerá mucho, ¿verdad?

-Ahora estoy un poco mejor.

Chris se acercó para inspeccionar el yeso de cerca.

-Edward dice que puedo poner mi nombre.

-Supongo que sí -Ben alzó por primera vez la mirada hacia Edward-. A lo mejor podéis hacerlo todo. ¿Trueno se ha escapado?

-No te preocupes por Trueno -le respondió Bella-. El sabe perfectamente dónde está el grano.

Ben bajó la mirada hacia su mano y movió tentativamente los dedos.

-Lo siento.

-No -Bella lo tomó por la barbilla-. Soy yo la que lo siente. Has intentado defenderme. Gracias.

Ben respiró la familiar esencia de su madre cuando esta lo besó. Ya no se sentía tan valiente. Estaba, simplemente, cansado.

-De nada -musitó.

-Los médicos quieren que te quedes un rato en el hospital. Y yo tengo que ir a comprarte unas medicinas.

-¿Por qué no se van Chris y tú, Bella? -Edward se acercó a la camilla-. Me gustaría hablar con Ben.

Como vio que, más que enfadado, su hijo estaba ligeramente avergonzado, Bella asintió.

-De acuerdo. No tardaremos mucho.

-¿Puedo beber algo?

-Se lo preguntaré al médico -Bella lo besó en ambas mejillas-. Te adoro, trasto.

Ben sonrió ligeramente y bajó la mirada hacia la escayola. Cuando Bella volvió a mirarlo desde el marco de la puerta, estaba mirando a Edward.

-Supongo que estarás enfadado conmigo -comenzó a decir Edward.

-Supongo.

-Gritarle a alguien que quieres es una tontería. Los adultos pueden llegar a ser muy estúpidos algunas veces.

Ben estaba totalmente de acuerdo con él, pero continuaba mostrándose receloso.

-Quizá.

¿Cómo podría acercarse a él? Con la verdad. El había pedido sinceridad, la había exigido y esperado. Quizá hubiera llegado el momento de ser sincero. Todavía con cierta cautela, Edward se apoyó contra la camilla.

-Tengo un problema Ben. Y espero que puedas ayudarme a solucionarlo.

El niño se encogió de hombros y comenzó a juguetear con el borde de la sábana. Pero escuchó.

Ya casi había anochecido cuando llegaron a casa. Instalaron a Ben en la cama, en medio de un montón de juguetes y libros. El día estaba a punto de terminar y el niño se durmió antes de haber terminado la cena. Y mientras Bella lo arropaba, Edward subía a Chris, también completamente dormido, a su habitación.

-Se ha quedado dormido encima de la pizza -le dijo a Bella con una sonrisa.

-Yo lo acostaré.

-Puedo hacerlo yo, no te preocupes. ¿Por qué no bajas y preparas un par de copas?

Había unas cuantas botellas de vino, regalo de Rosalie. Bella sirvió un par de copas y atacó la pizza al darse cuenta de que no había comido desde aquella mañana. Pero no había terminado ni media porción cuando la asaltaron nuevamente los lágrimas. Cerró cuidadosamente el recipiente de cartón, apoyó los brazos y la cabeza sobre el mostrador y lloró a lágrima viva.

Así la encontró Edward al bajar, y no vaciló. La abrazó con fuerza para que llorara contra él.

-Es una tontería que llore ahora -consiguió decir Bella-. Ben está perfectamente. Es solo que continúo viéndolo en el aire, suspendido en el vacío durante un horrible segundo.

-Lo sé. Pero Ben está perfectamente -la separó ligeramente de él y comenzó a secarle las lágrimas-. De hecho, además de que solo se ha roto un brazo, es un chico magnífico.

Bella le acarició la mejilla y lo besó.

-Tú sí que eres magnífico. No sé qué habría hecho sin ti.

-Lo, habrías hecho estupendamente -sacó un cigarrillo. El mismo estaba nerviosísimo-. Esa es una de las cosas más amedrentadoras de ti.

-¿Amedrentadora? -segundos antes, no estaba segura de que pudiera volver a reír, pero no le resultó en absoluto difícil-. ¿Yo?

-Para un hombre no es nada fácil salir con una mujer que es totalmente capaz de hacer cualquier cosa. Llevar una casa, criar a unos hijos y dirigir una granja. Y mucho menos darse cuenta de que hay mujeres que no solo pueden hacer todas esas cosas, sino que, además, disfrutan haciéndolas.

-No te entiendo, Edward.

-No esperaba que lo hicieras -apagó el cigarrillo, descubriendo que realmente no le apetecía-. Para ti es todo tan natural, ¿verdad? Es increíble.

Bella tomó una copa y se la tendió.

-Si no te conociera mejor, creería que has estado bebiendo.

-Solo estoy empezando a pensar claramente.

-Yo también -tomó la copa y bebió. El vino estaba desacostumbrada y maravillosamente frío-. Sé que estabas muy enfadado conmigo esta mañana.

-Bella...

-No, espera un momento. Lo último que me has dicho antes de que Ben entrara... Me gustaría explicártelo ahora, todo, y dar ya por terminado este asunto.

Edward podría haberle dicho que ya no importaba; que para él había dejado de tener importancia. Pero sabía que para Bella sí la tenía.

-De acuerdo.

-Esta mañana me has preguntado que por qué había seguido con Jacob. La respuesta es sencilla: me quedé con él porque había hecho una promesa. Al cabo de un tiempo, cuando comprendí que tenía que poner fin a mi matrimonio, tuve la necesidad de asumir toda la culpa. De alguna manera, me resultaba más fácil abandonar el matrimonio creyendo que había sido yo la que había cometido un error, la que, de alguna manera, había fracasado.

Tenía la voz tensa. Bella bebió otro sorbo de vino y continuó.

-Pero no cometí ningún error, Edward. Y tengo dos hijos maravillosos para demostrarlo. Tú dijiste que había sido Jacob el que había fracasado y tenías razón. El tenía muchas posibilidades, pero tomó las opciones equivocadas. Y ya es hora de admitir que yo tomé las correctas. Es algo que siempre tendré que agradecerte.

-Acepto tu gratitud, pero no es eso lo que busco.

Al igual que le había ocurrido en la sala de espera del hospital, Bella sintió un nudo en el estómago.

-Jamás olvidaré lo que hiciste con solo venir a esta casa.

-Me resulta difícil oírte hablar en pasado. ¿No quieres saber de qué hemos estado hablando Ben y yo cuando os habéis ido?

Bella bajó la mirada hacia su copa.

-Pensaba que me lo dirías si quisieras que lo supiera -después alzó la mirada hacia él y sonrió-. Además, si tú no lo haces, siempre podré sacárselo a Ben.

-Esa es una de las cosas que más me gusta de ti.

Bella lo miró con cierto recelo y, desde luego, sin ninguna calma.

-Edward, esta mañana, cuando estabas gritando, has dicho...

-Que me había enamorado de ti. ¿Tienes algún problema al respecto?

Bella sujetaba la copa con las dos manos, pero no desviaba la mirada.

-La verdad es que no estoy segura.

-Déjame explicártelo como se lo he explicado a Ben -bajó su copa, tomó la de Bella y dejó las dos sobre el mostrador-. Le he dicho que estaba enamorado de su madre. Y que era la primera vez que me enamoraba y no sabía cómo manejarlo. Le he dicho que sé que he cometido algunos errores y que espero que me eche una mano.

Deslizó la mano por el pelo de Bella y la posó en su mejilla, después la apartó.

-Le he dicho que no sé cómo se lleva una granja, que no tengo mucha experiencia en hacer de marido y mucho menos de padre, aunque quiero intentarlo.

Bella abría los ojos como platos. Eran unos ojos tan grandes y vulnerables que Edward deseó estrecharla contra él y prometerle que la protegería de todo. Pero no quería precipitarse a hacerle promesas. Ella ya se había precipitado en otra ocasión y había tenido que romperlas.

Edward pensaba que las segundas oportunidades debían estar basadas en la confianza y la fe en el otro.

-¿Vas a darme una oportunidad?

Bella ni siquiera podía tragar. Y no estaba segura de cómo conseguía seguir respirando.

-¿Qué te ha dicho Ben?

Sonriendo, Edward le acarició la mejilla.

-Le ha parecido una muy buena idea.

-A mí también -se arrojó a sus brazos-. Oh, Edward, a mí también.

Quizá fuera gratitud lo que Edward sentía. Quizá fuera alivio. Y, mezclada con aquellos dos sentimientos, estaba la sensación de que por fin había llegado a su hogar.

-Pero, por favor, ahora no empieces a pensar en comprar vacas.

-No. Nada de vacas, lo prometo -cuando Bella rió, Edward buscó sus labios.

Había encontrado todo: el amor, la confianza, la esperanza. La vida ofrecía a veces una segunda oportunidad y él había encontrado la suya.

-Bella... -podría pasar horas abrazándola.

-¿Mmm?

-¿Crees que podremos convencer a tu padre para que baile en nuestra boda?

Bella lo miró con ojos risueños.

-Odiaría verte intentando impedírselo.

FIN


Henos akii jeje tan rapido ya en el final jeje, pero en fin, lo prometido es deuda asi quee

ADELANTO CULLENS II: DANZA DE SUEÑOS

-¿Sabes quién nos patrocina?

Alice asintió con la cabeza mientras bebía un sorbo de agua.

-Discos Withlock.

-¿Y sabes por qué una compañía de discos como esa se ha peleado por ser la única patrocinadora de un musical?

-Para tener los derechos exclusivos a la hora de editar un álbum.

-Efectivamente. Jasper Withlock es nuestro ángel de la guarda, un pez bien gordo hijo de otro pez gordo. Y, por lo que me han contado, mucho más duro que su viejo. El no está interesado en nosotros, corazón. Solo está interesado en sacar un jugoso beneficio.

-Me parece justo -reflexionó Alice al cabo de un instante-. ¿Sabes? Me gustaría que sacara una buena ganancia con la obra. Y cuanto mayor sea, mejor para todos.

-Bien pensado. A la ducha.

.

.

Pero en aquel instante el chico dio un tirón tan fuerte que Alice perdió el equilibrio. No pudo, sin embargo, cantar victoria: al oír un fuerte grito, se asustó y soltó la bolsa, que cayó al suelo como una piedra. Debido a que se había abierto con el forcejeo, su contenido se desparramó por el suelo. El ratero no perdió ni el tiempo ni el aliento en soltar siquiera una maldición, sino que salió disparado como un bólido y desapareció detrás de una esquina. Rezongando, Alice se agachó para recuperar sus pertenencias.

-¿Se encuentra bien?

Estaba recogiendo una de sus medias de lana cuando vio unos elegantes zapatos italianos, impecablemente limpios. Conforme fue subiendo la mirada, vio unos pantalones de color gris pálido, de raya perfecta, con un cinturón de hebilla de oro. Llevaba la chaqueta abierta, revelando un torso amplio, de cintura estrecha, con una camisa azul cielo y una corbata de un tono más oscuro. Todo de seda. A Alice le encantaba la seda.

Miró la mano que le había tendido para ayudarla. Era morena, de largos y finos dedos. En la muñeca llevaba un reloj de oro de aspecto tan caro como práctico. Cuando la aceptó para levantarse, percibió en ella calor, fuerza y, según le pareció, una cierta impaciencia.

-Gracias -pronunció antes de mirarlo a la cara.

Por el rápido examen que le había hecho,-era alto y delgado. Y con el mismo interés con que había observado su cuerpo, examinó su rostro. Iba muy bien afeitado. Tenía las mejillas ligeramente hundidas, lo cual suavizaba la dureza y severidad de su aspecto, dándole incluso un ligero tinte poético. En aquel momento su boca apenas era una fina línea, revelando una obvia desaprobación por lo sucedido. Tenía la barbilla hendida y una nariz recta, aristocrática. Los ojos eran de un color gris oscuro, y parecían lanzar el inequívoco mensaje de que no le gustaba en absoluto perder el tiempo rescatando damiselas en apuros.

Pero el detalle de que lo hubiera hecho, a pesar de no gustarle, no pudo menos que conmoverla un tanto. Vio que se pasaba los dedos por su cabello color rubio tostado y la miraba fijamente, como temiendo que de un momento a otro fuera a sufrir los efectos de un shock.

-Siéntese -le dijo con la voz de un hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido. Inmediatamente.

-Estoy bien -pronunció, sonriendo.

El desconocido advirtió por primera vez que no estaba ruborizada ni pálida, y que sus ojos no reflejaban ningún temor.

-Me alegro de que apareciera tan oportunamente -añadió Alice-. Ese chico no estaba atendiendo a razones.

Volvió a agacharse para seguir recogiendo sus cosas. El hombre se dijo que debería marcharse y dejarla allí, pero en lugar de ello aspiró profundamente, consultó su reloj y, por último, se agachó también para ayudarla.

-¿Siempre intenta razonar con los ladrones?


Que les parecioo mi surprise ? espero les haya gustado jejeje

esta historia va star muuuy interesante jeje espero me sigaaan jeje

reviews?