.


Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA


.


XXI


.

.

La situación me había superado, y en pocos segundos me encontraba frente a la puerta de Mike. Me reprendí mentalmente por haberla dejado acudir a ella sola sin saber qué sería capaz de hacer Mike cuando supiese que volvíamos a estar juntos. Toqué el timbre, pero mi impaciencia era mayor. Así que al esperar un par de segundos y no recibir respuesta de ningún tipo, volví a tocar el timbre sumándole unos cuantos golpes a la puerta. Cielos, ¿Qué coño estaban haciendo?

Mike apareció molesto, pero su ceño se frunció más al comprobar de quien se trataba. – ¿Y qué cojones haces tú aquí?

– ¿Por qué Bella no ha salido ya?

– ¡Esfúmate! – Exclamó antes de empujar la puerta con la intención de cerrármela en las narices, pero fui más rápido que él y lo impedí con la pierna.

–Déjala salir.

–Estamos hablando.

– ¡Joder! ¡Te digo que la dejes! – Gruñí empujando la puerta con todas mis fuerzas.

– ¡Mike, déjalo! – Escuché su voz a unos metros y encontré más fuerza aun en mí.

– ¡No te quiero aquí, Edward! – Gruñó esta vez él.

Por fin pude conseguir pasar por el espacio que mi pierna había dejado y Mike me clavó su acusadora mirada azul.

–No sé cómo puedes creerle, Bella. Viste esas fotos. – Después la miró a ella. – Te engañó porque no fuiste suficiente para él, porque Edward no es para ti. Yo sí he sabido valorarte.

Ahora sabía por qué Bella estaba tardando tanto. Este gilipollas estaba intentando convencerla de que seguía teniendo razón. Y además lo hacía tan bien que parecía que estaba diciendo la verdad, eso era lo peor de todo. Tenía que estar enfermo, no había otra explicación.

Sus palabras me habían encendido y de un segundo a otro me encontraba sobre él propinándole uno, dos puñetazos, antes de sentir que Bella tiraba de mi brazo. – ¡No, no! ¡Me lo prometiste! – Mike debía darle las gracias a Bella, porque ella era la única que podía detenerme en ese momento, y lo hice apartándome y apartándola de él.

Mike se incorporó y tiró de su jersey, el cual se había subido, antes de mirar a Bella. – En esto te va a convertir si sigues con él.

–Cállate de una puta vez. No sigas. – Bramé. – ¿Cómo puedes decirle que no fue suficiente para mí? Ella es más que suficiente, es todo lo que necesito para poder vivir. ¡Y tú me lo quitaste! – Continué. – Deja a Bella tranquila. Te advertí que cuando ella supiese la verdad no querría saber nada más de ti, y aquí está, conmigo, a mi lado, de donde nunca debió apartarse.

–Vámonos, Edward. Vámonos, por favor. – La petición de Bella alegró a mis oídos, porque lo único que deseaba era irme de allí con ella y que Mike jamás volviese a aparecer en nuestras vidas.

El que alguna vez fue mi mejor amigo elevó una mano mirando a Bella derrotado, con la clara intención de pedirle una vez más que no se fuera pero no intentó impedirlo cuando nos alejamos.

–Es un cínico. – Gruñí metiéndome en el coche y sacando un cigarro. – ¿Cómo se atreve a seguir insistiendo sobre lo mismo? Dios, es irritante. – Inhalé cuando lo encendí.

–Ya está, Edward. Ya estamos aquí. – Intentó tranquilizarme cogiendo mi mano libre. – Te creo a ti, estoy aquí contigo, ¿vale? – Sus ojos me miraban preocupados, tratando de calmarme. Desprendía ese color achocolatado sólido y cálido que tanto me gustaba.

Comprendí que Mike ya había perdido toda credibilidad para ella, y que ahora era yo el que se había vuelto a ganar su confianza. Tenía que relajarme, pensar que todo estaba zanjado y que Mike ya no volvería a ser un problema para nosotros.

–Te quiero, Bella. – Murmuré algo más tranquilo, llevando la mano que tenía entre las suyas a su mejilla. – Siempre voy a hacerlo. – Ella me sonrió.

–Y yo a ti. Mucho. – Respondí a su sonrisa y me incliné para dejar un suave beso en sus labios.

–Necesito despejarme ¿Vamos a tomar algo ahora? – Volví a presionar mis labios en los suyos.

–Hecho.

–Necesito un poco. – Pidió mirando el cigarro en mi mano.

–Por supuesto. – Dije pasándoselo. – ¿Dónde has dejado tu paquete?

–Está en el bolso, pero prefiero tu cigarro. – Sonreí negando con la cabeza antes de arrancar.

La taberna de Walter estaba bastante llena cuando llegamos. Escaneé todo el local sin encontrar una mesa vacía, hasta que me percaté de que alguien movía el brazo llamando mi atención. Sonreí al darme cuenta de que eran Irina y Josh.

–Vamos a tener suerte. – Murmuré inclinándome hacia Bella. – Vas a conocer a dos amigos que trabajan conmigo. – Bella abrió los ojos algo amedrentada y se mordió el labio. – ¿Qué?

–Todo el mundo cree que sigo con Mike. – Comentó alzando nuestras manos unidas. Lo cierto era que no había caído en ello.

–Bueno, pues tendrán que acostumbrarse a vernos juntos de la mano y haciéndonos arrumacos.

–Supongo. – Contestó en un suspiro.

–Vamos.

Josh no dejaba de mirar en nuestra dirección mientras nos acercábamos con una radiante sonrisa que temí que le partiera la cara en dos, e Irina esperaba pacientemente con una expresión de lo más entusiasta, aunque menos exagerada que la de Josh.

–Tenéis suerte de que estemos aquí. Ya casi nos íbamos a ir. – Comentó Josh. Sonreí.

–Hacía días que no sabía de ti. – Contesté apartando una silla para que Bella se sentase. Se encogió de hombros.

–No es mi culpa que andes tan gratamente ocupado estos días. – Dijo mirando en dirección a Bella, quien en seguida se ruborizó. Seguía amando sus sonrojos también. En todo el tiempo que duró aquella mentira no había sido capaz de vislumbrar uno.

–En vista de que Edward es un maleducado, soy Irina. – Se presentó sonriéndole amablemente. – Y él es Josh, mi novio, aunque nunca pensé que acabara siéndolo. – Josh frunció el ceño e Irina se rio, acariciando su mejilla después en un gesto de disculpa.

–Encantada, yo soy…

–Bella. Bella Swan. – Puse los ojos en blanco cuando Josh no la dejó terminar.

–Bueno… – Continuó Irina en tono de disculpa. – Eres la hija del sheriff, algo teníamos que saber.

–A parte de que el cansino de Edward no ha dejado de hablar de ti. – Respiré hondo.

–Pero bueno, ¿maleducado? ¿cansino? ¿No hay nada bueno para mí hoy? – Pregunté haciéndome el ofendido y cogiendo la mano de Bella, quien miraba colorada a mis dos amigos con una sonrisa.

–Supongo que sí. – Contestó de forma sugerente mi amiga. Volví a poner los ojos en blanco antes de que el mismo Walter se acercara a tomarnos nota.

–Una cerveza. – Le pedí

–Yo quiero otra. – Fruncí el ceño.

–A ti no te gusta la cerveza. – Ella se encogió de hombros.

–Tampoco me gustaba fumar. – Sonreí y negué con la cabeza, supuse que tendría que aprender algunas nuevas costumbres.

–Nosotros ya nos vamos, Walter. – Dijo Irina levantándose. El aludido asintió y se alejó dando zancadas. Estaba hasta arriba de trabajo.

– ¿Ya? – Pregunté yo.

–Sí, mi madre viene unos días, y está al llegar. No quiero que no me encuentre en casa. – Josh rodeó la cintura de Irina y yo asentí.

–Entonces nos vemos pronto.

–Mañana.

–Eso espero. Hasta luego tío. – Dije dándole una palmada en el brazo. – Adiós, Irina.

–Hasta luego, felicidad personificada. – Se mofó removiéndome el pelo. – Y encantada de haberte conocido, Bella. – Se despidió de ella con una sincera sonrisa.

–Igualmente, chicos.

Nos quedamos en silencio observando como Josh e Irina se alejaban con las manos entrelazadas y riendo cómplicemente. Josh era un buen tipo e Irina, aunque al principio había estado confundida conmigo, también merecía ser feliz. Me alegré por ellos, porque después de todo al final se hubiesen encontrado. Y volví a mirar a Bella, alegrándome por mí esta vez.

–Perdona por cómo me he puesto con todo el tema de Mike. – Intenté disculparme. No sentía haberme enfurecido realmente por lo que esa cucaracha había hecho, porque era así como realmente me sentía, sino el haber perdido los papeles estando Bella presente. Ella se encogió de hombros y se inclinó sobre la mesa, apoyando el codo sobre la superficie y la cabeza en su mano.

–Supongo que es normal. – El humor que había aparecido en presencia de Irina y Josh se había esfumado. – Yo tampoco estoy feliz con todo esto, Edward. De verdad que es muy duro para mí darme cuenta de que todos estos años he estado viviendo una mentira; que los dos la hemos vivido. – Me acerqué a ella y acuné su rostro con una de mis manos.

–Haría todo lo que fuera necesario para volver siete años atrás y evitar que todo esto pasase. – Le confesé. Ella sonrió y se enderezó en su silla.

–A lo mejor si no hubiese pasado esto, habría pasado algo más que nos hubiese obligado a separarnos. No sé. – Fruncí el ceño. – Pero no quiero pensar en eso ahora. Estamos aquí. – Relajé el semblante y me acerqué para dejar un beso en sus labios. – Eh. – Susurró algo avergonzada, mirando después a todo el local.

–Van a tener que acostumbrarse. Has vuelto con tu primer novio. – Ella negó con la cabeza, y nos alejamos un poco más cuando Walter dejó nuestras cervezas sobre la mesa. – No puedo creer que vaya a verte beber una cerveza.

– ¡Eh! – Se quejó dándome un débil manotazo juguetón en el hombro. – Yo no me meto con lo que bebes o dejas de beber. Yo reí.

–Lo siento, no estoy acostumbrado. – Mi móvil comenzó a vibrar en mi bolsillo, y algo fastidiado por la interrupción, lo cogí. – Hola, mamá.

–Hola, cariño. ¿Qué haces? – Miré a Bella quien me observaba bebiendo de su cerveza.

–Eh… estoy tomando algo.

–Hace tres días que no vienes por casa. ¿Cuándo voy a verte? – Realmente mi madre se desesperaba cuando pasaban más de dos o tres días sin que fuera a verla. No sabía si se debía a todo el tiempo que estuvimos alejados.

–Pronto, te prometo que pronto. Tengo que contarte algo. – Le adelanté sin poder reprimir una sonrisa llena de felicidad.

–Pareces contento. ¿Vas a dejarme así?

–Por ahora no puedo contarte nada más. – Aunque suponía que tendría que contárselo pronto si no quería que llegase a sus oídos por terceras personas.

– ¿Por qué no vienes a cenar esta noche? –- Miré a Bella que seguía haciendo lo mismo conmigo. No sabía qué planes tenía ella, y aunque realmente prefería seguir pasando tiempo con mi preciosa chica, también deseaba contarle a mi madre qué estaba pasando en mi vida.

–De acuerdo. Cuando termine aquí iré a casa.

–Te espero entonces. Un beso, mi amor.

– ¿Esme? – Preguntó Bella cuando guardé el Smartphone.

–Ajá. Quiere que vaya a cenar esta noche. – Dije poniendo los ojos en blanco. – No puede vivir sin verme más de dos o tres días. Además quiero contarle que estoy contigo. – Abrí los ojos cuando se me ocurrió una idea. – ¿Quieres venir? Seguro que le alegraría verme aparecer contigo.

–Oh, no, Edward. – Se negó con una pequeña sonrisa. Después suspiró. – Aun no le he dicho nada a mis padres. Debería hacerlo antes de que se enteren por alguien más. – Suspiré.

–De acuerdo, preciosa. – Bella sonrió y bebió de su cerveza.

Seguimos hablando un poco más sobre algunos temas relacionados con nuestros padres. Las cenas y comidas que seguían haciendo juntos, la incansable sobreprotección de Charlie con Bella, la actitud infantil que seguía teniendo Renee, el gran trabajo que hacía mi padre en el hospital o el enorme amor que era capaz de seguir transmitiendo y sintiendo mi madre.

Evidentemente hablar de nuestros padres era mucho mejor que sacar a relucir cualquier recuerdo que hubiese transcurrido en aquellos siete años que pasamos separados. Y recordar momentos que vivimos antes de ese periodo de tiempo seguramente habría dado pie al problema que Mike se había encargado de enredar.

Prefería verla sonreír contándome episodios graciosos que había vivido con su padre y con Renee.

Pronto nuestras jarras se vaciaron y decidí pedirle la cuenta a Walter, quien parecía estar mucho más tranquilo después de que casi, al menos, la mitad de clientes ya se hubiesen ido.

–Me alegra que hayáis arreglado vuestras diferencias. – Dijo él sonriendo realmente de manera sincera. – El otro día no me hubiese gustado nada haber tenido que llamar a tu padre, Bella. – Ella se aclaró la garganta incómoda y trató de soltarse de mi mano, pero se lo impedí.

–Quería disculparme por el numerito, Walter. Lo siento, tío. – Walter negó con la cabeza pasándose el dorso de la mano por la frente. – Pero tenía que aclararle algo a mi preciosa chica.

–La verdad es que optaste por el mejor método, y me alegra que estéis de nuevo juntos. – Comentó guiñándole el ojo a Bella.

– ¡Walter! – Su nombre se escuchó desde alguna mesa y el susodicho se enderezó.

–Tengo que dejaros, desde que Norman me dejó tirado hace dos días no doy abasto. Espero veros pronto por aquí. – Y se alejó llevándose con él el dinero también.

Bella y yo salimos cogidos de la mano y en silencio. Ella no había abierto la boca desde que Walter se había dirigido a nosotros y tampoco quería presionarla para que me contara qué estaba pasando por su cabeza, pero me moría por saberlo.

Le abrí la puerta del coche para que entrara y después di la vuelta para subirme yo.

– ¿Qué es lo que pasa? – Le pregunté directamente.

–Nada. – Respondió ella mirándome. Aunque ni su tono de voz ni la expresión de sus ojos opacada por la escasa luz podían engañarme.

–Bella, he crecido conociendo todos y cada uno de tus estados de ánimo a través de tus gestos y expresiones. No puedes engañarme. Dime qué te inquieta. – Le pedí alargando la mano para entrelazarla con la suya. Ella se las quedó mirando un par de segundos antes de comenzar a hablar.

–Hace tres días había entrado con Mike como su novia a esta taberna, y me sacaste a la fuerza tú. Y hoy he vuelto de la mano contigo como si fuésemos la pareja feliz y como si estos siete años separados no hubiesen existido. – Negó con la cabeza, sin dejar de mirar nuestras manos. – No puedo evitar preocuparme por lo que pensará la gente.

–Oye, preciosa. No importa lo que piense la gente.

–Sí importa. – Contestó levantando la mirada para observarme, apretando mi mano. – Soy la hija del Sheriff, y tú el hijo de Carlisle. Nos conoce todo el mundo, y…

–Y todo el mundo sabe que estamos enamorados.

–No. La gente hasta hace tres días pensaba que estaba con Mike. ¿Qué van a pensar ahora? Él era tu mejor amigo. No sé, Edward. ¡No sé! – Exclamó soltándose de mi mano y llevándose las suyas al rostro para ocultárselo. – Creo que me estoy agobiando.

Suspiré tratando de entenderla. Obviamente en un lugar tan pequeño la voz se correría rápidamente y estaba claro que habría opiniones de todo tipo, pero no era algo por lo que me sintiera preocupado. Las opiniones no dejaban de ser eso; pareceres que se hacían las personas a partir de un par de situaciones que habían visto sin entender realmente el por qué, sin tener ni idea del trasfondo.

–Lo siento, Edward. – Se disculpó de repente, mirándome de nuevo. – Pero no puedo evitarlo. Me siento muy bien contigo, creo que nunca me he sentido mejor. Tengo claro que te quiero y que te necesito a mi lado, pero no sé si me siento bien conmigo misma.

–Nadie tiene idea de lo que Mike nos ha hecho. – Le contesté acunando su rostro. – ¿Te sientes culpable? ¿La opinión que puedan tener los demás te hace sentir así, Bella? – Frunció el ceño y se atrapó el labio inferior entre los dientes cuando le empezó a temblar.

La atraje a mi cuerpo en un fuerte abrazo y llené de besos su frente y su cabello cuando comenzó a sollozar. Debí haberme imaginado que todo esto tenía que seguir estallando. Y esta tarde debía haber sido demasiado intensa para ella.

Mike y seguidamente la taberna. Me pregunté si no me había propuesto ir allí porque quería demostrarme algo a mí. La abracé con más fuerza y ella se agarró a mi chaqueta de la misma manera hasta que se tranquilizó y consiguió regular poco a poco la respiración. No había nada que me doliera más que ver a Bella llorando de esa manera y más saber la razón de su llanto, pero ahora estaba a su lado e iba a ser yo quien la consolase. No iba a separarme de ella jamás. Nadie lo conseguiría.

– ¿Estás mejor? – Le pregunté separándome un poco. Ella sorbió la nariz y me miró aun con restos de lágrimas en sus ojos y mejillas, así que las sequé con mis pulgares y le sonreí intentando animarla. – No quiero que hagas nada que no desees. – Me miró confusa y después pareció reaccionar.

–Quiero estar contigo.

–Pero parece que eso, de algún modo, te hace daño. Y yo no quiero hacerte daño. – Besé su frente, y ella reaccionó abrazándome por el cuello.

–No, tú no me haces daño. Nunca me lo has hecho. – Murmuró con la cara escondida en el hueco entre mi cuello y mi hombro. –Todo esto es culpa de Mike. – Se quedó aferrada unos segundos más a mí antes de separarse de nuevo para mirarme. – Supongo que hoy me he visto superada, pero estoy bien. Solo te necesito a ti para estar bien.

– ¿Prefieres que vayamos un poco más despacio? ¿Vas a sentirte mejor si no nos dejamos ver en lugares así juntos? – Ella se quedó callada y miró nuestras manos unidas. – Bella, solo quiero que estés bien. Y si para eso tenemos que ir más despacio, yo no tengo ningún inconveniente. – Ella me miró, y cuando volvió a mirar nuestras manos, esbozó una pequeña sonrisa agradecida.

–Eres muy comprensivo. Siempre lo has sido. – Me ahorré el decirle que excepto el día que me hizo creer que me dejaba por otro.

–Porque te quiero, preciosa. Y lo único que deseo es que tú estés bien. – Se mordió el labio sonriendo y después dejó un breve pero dulce beso en mis labios que yo respondí gustosamente. – ¿Quieres uno? – Pregunté sacando el paquete de tabaco.

–Sí, creo que lo necesito.

La llevé a casa de sus padres y allí estuvimos charlando unos minutos más hasta que noté que la hinchazón de sus ojos desaparecía. Me hubiese encantado hacer algo con ella esa noche, pero tenía que admitir que Bella tenía razón en algo: era un pueblo pequeño, y ahora que nos habían visto juntos debíamos contarles a nuestros padres lo que estaba pasando entre ambos.

Acerqué su rostro al mío para despedirme de ella con un beso tierno y dulce. Una vez más las caricias de nuestros labios dialogaron sin palabras y me sentí tan pleno que la simple idea de tener que alejarme de ella por unas horas me entristecía. Me sonrió cuando nos separamos y yo le contesté de igual forma dejando un pequeño beso una vez más en ellos y recordando las famosas despedidas varios años atrás. Siempre me había costado separarme de ella, y ahora me costaba más.

–Mañana entro a las 03:00 p.m. en el hospital – Susurré contra sus labios. – Si quieres puedo pasar a recogerte por la mañana y hacemos algo. – Ella asintió provocando que, a causa de la cercaría de nuestros rostros, nuestras narices se acariciasen.

–Gracias. – Musitó dejando un beso más en mis labios.

–Hasta mañana. – Y le di un beso más antes de que se girara para abrir la puerta, pero se quedó estática.

Fuera, en la calle, justo en la acera frente a la casa de los Swan, su padre Charlie miraba mi coche con el ceño fruncido intentando ver con los ojos entornados, a través de los cristales tintados, si había alguien dentro.

–Mierda. – Susurró Bella, girándose para mirarme, aunque de lo único que fui consciente fue del movimiento que hizo ella sin ver realmente su expresión.

Tragué saliva sin poder apartar la mirada de Charlie. Sentía un nudo en la garganta y un cosquilleo bastante desagradable comenzó a apoderarse de mi estómago. Charlie ahora se había inclinado y se esforzaba más en su actividad. Y la sensación de respeto me recordó a la primera vez que le pedí si Bella podía quedarse a dormir en mi casa.

Logré salir de mi ensimismamiento y de ese estado cuando escuché la risa amortiguada de Bella. Tenía la mano en la boca y sus ojos chispeaban divertidos mirándome.

– ¿De qué te ríes, joder? – Le pregunté viendo como Charlie daba la vuelta al coche.

–Tu cara. – Contestó a duras penas, riendo silenciosamente.

– ¡Joder! - Murmuré cuando vi que se acercaba a mi puerta.

– ¡Ay, no! – Exclamó en un susurro esta vez ella, dejando la risa nerviosa.

Los nudillos de Charlie golpearon los cristales de la ventanilla y el nudo en mi garganta empeoró. – ¿Edward? – Su voz llena de desconcierto se escuchó perfectamente. Miré al techo antes de bajar la ventanilla.

–Jefe Swan, buenas noches. ¿Cómo está? – Tragué saliva cuando sus labios se abrieron y se volvieron a cerrar rápidamente al percatarse de que no estaba solo y, sobre todo, al ver quien era mi acompañante.

– ¿Bella? – Sus ojos se abrieron sorprendidos y después los entornó. – ¿Qué haces ahí?

Mi cabeza intentaba pensar lo más rápido posible, pero era incapaz de formular una frase coherente sin que descubriera la noticia y sin que sonase a excusa o mentira.

–Señor Swan, yo…

–Tenemos que hablar, papá. Edward tiene que irse, Esme le debe estar esperando.

Bella intentó sacarme decentemente del lío, pero ya que Charlie tenía tan mala imagen de mí, no podía seguir permitiendo que esa imagen creciera. Tenía que afrontar el problema tal como había venido. Así que salí del coche y le ofrecí mi mano en un saludo. Escuché como Bella chasqueaba la lengua antes de salir del coche y unirse a nosotros.

–Supongo que tengo que expresar mi sorpresa, hija. – Después me miró a mí con dureza. – Estoy esperando.

– ¿No vas a invitarlo a entrar en casa al menos, papá? Hace frío. – Y para más inri unas finas gotas de lluvia comenzaron a caer sobre nosotros.

–Será mejor que entres, no quiero que te constipes, Bella. – Le contestó Charlie. Bella bufó y con los brazos cruzados dio un paso por delante de mí.

–Edward no es culpable de nada, papá.

–Bella, será mejor que hagas caso a tu padre, puedes resfriarte. – Comenté yo, pero no me hizo caso alguno.

–No le trates injustamente. Yo lo he hecho durante mucho tiempo. – Charlie no miraba a Bella, seguía con su vista fija en mí.

– ¿Y Mike? ¿Sabe que estás con él? – Escuchar el nombre de Mike me enfureció y entristeció a partes iguales. Confiaba en esa infame cucaracha que se había aprovechado de su hija montando una mentira y en cambio desconfiaba de mí, que siempre la había amado sinceramente.

–Papá, ¿puedes escucharme? Mike no es como piensas.

–Bella, a casa.

– ¡No! – Exclamó ella exasperada, consiguiendo que Charlie apartara la vista de mí para mirarla desconcertado. – ¡Estoy harta, papá! ¡No soy una niña pequeña! Estoy aquí porque quiero estar junto a Edward. – Charlie abrió más los ojos. Después me miró a mí y volvió a mirarla a ella repetidas veces. – Sí, estamos juntos. – Le confesó cogiendo una de mis manos para entrelazarla con la suya. – ¿Podemos entrar y te lo aclaro? Edward tiene que irse.

–Pero… ¿Qué demonios estás diciendo? – Charlie no podía salir de su asombro y no dejaba de mirar a Bella.

–Puedo hacerlo yo, Bella. Entra en casa. – Le pedí.

– ¡Qué no! – Suspiró cansada y esta vez me miró a mí. – Quiero hacerlo yo, Edward. En serio, tú vas a contárselo a tus padres, yo quiero hacerlo con los míos. ¡Por Dios! Soy capaz de hacerlo. – Ahora parecía ofendida y me golpeé mentalmente.

–Está bien, pero… ¿Me dejas un par de minutos a solas con tu padre? Solo un momento, te lo prometo. – Ella volvió a suspirar, pero dio un apretón a mis manos y me besó en la mejilla.

–Mañana estaré lista a las 09:00 a.m. ¿Es buena hora? – Asentí con una pequeña sonrisa. –No seas duro con él. – Le pidió a su padre.

Y se alejó para dejarnos a Charlie y a mí solos. El silencio era tan denso que hasta se escuchó la puerta de la entrada de los Swan cerrarse claramente. El padre de Bella tosió incómodo aunque con expresión de poco amigos, y yo intenté no acobardarme. Charlie siempre había defendido a Bella y la había sobreprotegido, pero ahora, a partir de ese momento, era yo quien quería tener parte de ese privilegio también. Porque Bella para mí jamás sería una carga pesada.

–Señor Swan, supongo que debo disculparme de alguna forma por haber estado viendo a Bella sin su conocimiento. Quizás tendría que haber hecho mejor las cosas y empezar con Bella una vez se hubiese aclarado todo.

–No estoy entendiendo nada. – Me cortó él.

–Y no hace falta que ahora lo entienda, lo entenderá cuando su hija le cuente toda la historia. Voy a respetar su petición de ser ella quien cuente lo que pasó, yo siempre la respetaré. Lo único que quiero que sepa es que me encantaría volver siete años atrás para que ni ella ni yo hubiésemos sufrido tanto. – Charlie frunció el ceño. – La amo y le juro por lo que más quiero, que no está muy lejos de aquí, que siempre voy a cuidar de ella. Esta vez sí. – El padre de Bella suspiró.

–Me da igual lo que pasara. Tú deber era hacerla feliz, eso era lo único que tenías que hacer, pasase lo que pasase. Confié en ti y en tus sentimientos y por eso nunca podré perdonarte que la abandonaras. – Murmuró avanzando hasta mí de forma amenazante. Retrocedí un paso viendo claramente la intensidad intimidante de su mirada. – Mi hija se quedó hecha polvo. Tú no sentiste lo que yo sentí, Edward. Ella luchaba por parecer feliz y no preocupar a nadie, pero yo sabía que muy dentro de su corazón se escondía un dolor inmenso.

Y por un momento me sentí culpable. Era cierto que yo no había vivido esa parte, pero podía imaginar por el dolor que ella había pasado si recordaba el mío.

–Los dos fuimos víctimas, señor Swan. – Una puerta volvió a escucharse en el silencio, y adiviné que detrás de ella debía estar Bella, pues cuando Charlie alzó la vista se separó de mí, y sin despedirse se alejó.

Suspiré, aliviado por, al menos, haberme dirigido al padre de Bella. Esperaba que con mis palabras le hubiese demostrado que pasara lo que pasara no estaba en mis intenciones separarme de su hija.

Bella no volvió a salir, y yo me metí en el coche para ir a casa de mis padres. Durante todo el trayecto no había podido evitar recordar la imagen de Charlie. Parecía realmente envuelto en odio cuando me estaba mirando. Evidentemente Mike no solo nos había hecho daño a nosotros dos, sino a nuestros padres también al ver cómo sufríamos. Y, en cierta manera, podía entender el posible rencor que el padre de Bella me guardaba.

Solo esperaba que entendiera nuestra situación en cuanto Bella le aclarase todo lo que había pasado. Porque eso mismo fue lo que hicieron mis padres después de escuchar mi largo relato. Mi madre apenas pudo contener las lágrimas y yo pude percibir cómo mi padre sufría por mí y se decepcionaba del que alguna vez fue mi mejor amigo. Aunque también se alegraron cuando por fin les confesé que Bella y yo, después de aclarar toda esa mentira, habíamos decidido volver. Mi madre me abrazó con fuerza dándome continuos besos, y mi padre, emocionado, se unió a nosotros. Daba gracias por tener una familia como en la que había crecido.

De vuelta a casa, una vez más, los recuerdos de Boston recurrieron a mi mente. Aun no entendía de qué manera pudieron hacerme semejantes fotografías. Siempre había tenido la sospecha de que alguien, que por supuesto desconocía, me había drogado aquellas dos noches de las cuáles no recordaba nada ni había intentado recordar después de que Bella me dejara. Sí que había tenido algunas pesadillas, y en sueños mi subconsciente me había jugado malas pasadas, proyectando el engaño de Bella de forma adversa. En aquellos mal sueños yo dejaba a Bella porque había sido yo quien le había engañado.

Una vez en mi casa, y cansado de pensar, decidí llamar a Tanya sin importarme las tres horas de diferencia horaria, y que en Boston ya pasase más de la 01:30 a.m. Ya que, según Bella y Alice, era con ella con quien salía en las imágenes, tendría que aclararme algo.

–Vaya, ¿me llamas por qué has vuelto a Boston y deseas verme, Eddie? – Su saludo, si es que se le podía llamar de ese modo, me hizo poner los ojos en blanco.

–Tanya…

– ¿Nos vemos en el Four Seasons en una hora? Me he comprado un salto de cama nuevo, y quizás tengas ganas de verme únicamente con…

– ¡Tanya! – Exclamé cansado, enderezándome en el sofá.

– ¿Te parece mucho una hora? Podemos vernos en media si lo así lo prefieres.

–No estoy en Boston. – Le pude aclarar, por fin. El silencio se hizo en la línea telefónica, por un par de segundos.

– ¿Ah, no? – Su tono de voz parecía de alguien confundido. – ¿Y si no estás en Boston por qué me llamas?

–Necesito que me aclares algo. – Le pedí.

– ¿Cuándo vas a volver? – Me preguntó ignorando descaradamente mi demanda.

–No voy a volver nunca. Y jamás volverá a haber revolcones entre tú y yo. – Silencio otra vez. – ¿Puedo hacerte una pregunta? – Más silencio, así que decidí continuar. – ¿Qué tuviste que ver con Mike?

– ¿Mike? ¿Quién es Mike? – Realmente parecía perdida.

–Mike, el chico que vino a visitarme el primer año que estuve en Boston. – Silencio de nuevo. – Tanya, a mi novia le enseñaron unas fotografías en las que supuestamente salíamos tú y yo en una situación bastante íntima, y quiero saber qué pasó. ¿Tuviste algo que ver?

–Yo…

–Sé sincera. – Le exigí.

– ¿Por qué me estás preguntando esto? – Puse los ojos en blanco.

–He descubierto por qué mi novia me dejó.

– ¿Tu novia…? ¿Estás con ella? – Suspiré, cansado por sus continuas preguntas.

–Creo que te he hecho una pregunta que deberías contestar.

– ¿Pero estás con esa Jenna? – Fruncí el ceño.

–Es Bella, y sí, hemos vuelto. ¿Vas a contestarme? Estoy a punto de perder la paciencia. – Dije levantándome del sofá al mismo tiempo que me pellizcaba el puente de la nariz.

– ¿Entonces no vas a volver?

– ¡Tanya, joder! ¿Es tan difícil que me hagas ese favor? ¿Qué pasó esa noche? – Escuché un largo suspiro al otro lado de la línea.

–Realmente me avergüenza tener que admitirlo. – Mi mandíbula se tensó, al igual que todos los músculos de mi espalda, pero me quedé callado, esperando que continuara. – Tú me gustabas mucho y Mike me dijo que iba a ayudarme si yo le ayudaba a él. Me dijo que tenías novia y que estabas con ella porque Jenna…

–Bella. – La corregí entredientes, escuchando atentamente.

–Porque Bella había estado saliendo con él antes y tú siempre querías todo lo que él tenía.

–Maldito hijo de puta…

–Me dio una jarra de cerveza y me pidió que te la diese. Te juro que no sé qué llevaba, pero poco después empezaste a comportarte como él había deseado y yo siguiendo con el plan te besé y dejé que nos fotografiara. Hacías todo lo que te pedíamos, aunque nunca me devolviste un mísero beso. – Dijo con rabia.

– ¿Qué? – Pregunté en un susurro. Tanya volvió a suspirar.

–Se supone que tu novia tenía que haberte dejado poco después, pero seguíais juntos. Así que después de un tiempo, como seguíamos en contacto, me dijo que cuando tuviera una oportunidad te echase escopolamina en tu bebida. Me dijo dónde conseguirla, y así lo hice.

– ¡ ¿Pero tú estás loca? ! – Bramé. – Me jodiste la vida, Tanya. ¡Tú y ese gilipollas que se hacía pasar por mi amigo me jodisteis bien!

–Yo te quería. Estaba desesperada.

– ¿Qué coño pasó después? – Pregunté hecho una furia.

–Te llevé a casa con Damon que estaba borracho. Damon se había quedado dormido en el bar, así que no fue un problema. Yo junto con Victoria te desnudamos e hicimos esas fotos, haciéndole creer a ella que eran fotos recreativas y que habías accedido a hacer un trío.

–Joder. Pero… pero Bella jamás mencionó eso. Ella solo habló de que nos habíamos acostado.

–Te quiero, Edward.

–Tú eres incapaz de querer a nadie, Tanya. Nadie que ama a otra persona hace algo así.

–Lo he callado siempre porque prefería tenerte cuando tú quisieras. Sabía que no podía atarte a una relación.

– ¿Te estás escuchando?

–Yo lo notaba. En el momento en el que me ponía un poco más cariñosa o te demostraba un poco mis sentimientos hacia ti, tardabas meses en llamarme. – Volví a sentarme en el sofá, sintiendo los nervios de punta.

– ¿Y por qué has decidido contármelo?

–Porque has vuelto con Jenna.

–Bella. – Gruñí bajito. – ¿Y?

–No soy tonta, Edward. Siempre supe que si algo de esto salía a la luz no podría volver a tenerte. – Me mordí la lengua para no contestarle que ella jamás me había tenido. – No puedo luchar contra ella.

–Tú no luchaste, te comportaste como una cobarde, igual que Mike.

–Cada uno juega con las cartas que tiene. Y yo te quería a toda costa. Quizá sea verdad que los años cambien a las personas y por eso te esté confesando lo que pasó.

– ¿Te arrepientes?

–No. – Apreté en teléfono contra mi oreja.

–Creo que tú y yo ya no tenemos nada más de qué hablar.

–Edward. – Me llamó. Yo guardé silencio. –Si algún día dejas de quererla, llámame.

–Estás enferma. – Dije con el ceño fruncido antes de colgar.

Aun no podía creer que de los labios de Tanya hubiesen salido todas esas palabras. ¿Qué tipo de persona era ella? ¿Realmente tenía la autoestima tan baja que dejaba que yo jugara con ella cuando a mí me diese la gana? Más que estar enamorada de mí, debía estar obsesionada, sino no podía explícame a mí mismo todo lo que acababa de escuchar.

Rohypnol. Había estado buscando información sobre ese fármaco justo el día en el que Bella me dejó. Pero no se me había ocurrido que hubiesen utilizado escopolamina. Si hubiese ido a hacerme esas malditas pruebas muy difícilmente habrían podido detectar esa sustancia en mi organismo. Sentía rabia. Victoria también lo sabía y ninguna de las dos fue capaz de decirme ni una sola vez nada. ¿Cómo había llegado a ser tan estúpido de acostarme con dos de las responsables de que se llevase a cabo esa mentira? Había sido un ingenuo creyéndome astuto y malicioso.

Me levanté del sofá y me quité la ropa para meterme en la cama. Esa noche, después de darle una y otra vez vueltas a todo lo que había escuchado, soñé con jarras de cerveza, The Black Rose, Mike, Tanya, la sensación de no poder mantenerme en pie, besos inevitables, balbuceos ininteligibles, Damon borracho, color rubio rojizo sobre la almohada de casa, brazos y piernas, unos abundantes rizos rojos a unos metros, más balbuceos…

Me desperté bruscamente al escuchar el despertador, y los recuerdos de los continuos sueños que me habían acompañado toda la noche golpearon mi mente inevitablemente, dándome cuenta de que eran pequeñas imágenes en forma de recuerdos muy lejanos de lo que debía haber pasado.

Aturdido y confuso apagué el aparato y me senté en la cama. Cuando Bella me dejó me olvidé de aquellos dos episodios llenos de interrogantes porque dejaron de importarme. Estaba demasiado sumido en la pérdida de Bella, en buscar las causas de su abandono, en mantener a raya el dolor como para pensar en ello. Y ahora, de alguna forma, esos recuerdos robados volvían.

Seguía sintiendo rabia, pero una parte de mí agradecía que parte de esos huecos hubiesen sido rellenados. No eran recuerdos nítidos, pero eran familiares y aceptables para mi memoria. No los recordaba como algo extraño, lo cual podría resultar chocante, sino como algo que realmente había pasado hacía siete años.

Me había enfadado mucho con Tanya la noche anterior, pero tenía que admitir que sino hubiese sido por ella, seguramente jamás hubiese sabido qué habría pasado. Había dado el pequeño empujón que mi mente necesitaba. Y aunque no se arrepentía de lo que había hecho en el pasado, al menos, me había ayudado a recordar.


.

Bueno! Hasta que Edward descubre lo que realmente pasó siete años atrás y quienes fueron los responsables de sus pérdidas de memoria... Vamos a ver qué pasa ahora, estos dos aun tienen que hablar de muchas cosas ;) El viernes nos leemos, chicas!

Muchas gracias por todos los rr!

Un besito!