.


Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL INVIERNO QUE PRECEDE A LA PRIMAVERA


.


XXIV


.

.

–Oye, si crees que te vas a escaquear hoy también, estás muy equivocado. – La impropia advertencia impregnada en la voz de Josh me hizo alzar las cejas.

–Le he dicho a Bella que cuando saliese del hospital iría a buscarla. – Dije, después de darle una calada al cigarro que me acababa de encender. Él puso los ojos en blanco.

–Bella, Bella, Bella. – Farfulló. – Llevas una semana entera sin ir al gimnasio por Bella – Fruncí el ceño algo molesto, su comportamiento ya estaba empezando a colmarme la paciencia.

–Eh, que tengas una mala semana con Irina, no quiere decir que todas las parejas también estén pasando por un mal momento. ¿Aún no quieres hablar de ello? – Solo miró hacia otro lado, bufando por la nariz.

Irina sí lo había hecho. Por lo visto la visita de la madre de Josh había conseguido tambalear un poco la relación entre ambos. Por lo que me había contado, en la semana que, la que iba a ser su suegra, había estado en casa de Josh, no encontraba correcta ninguna de las tareas y actividades de Irina mientras la había ido a visitar cada día a casa de su novio. Siempre tenía alguna objeción que poner a su manera de colocar los cubiertos sobre la mesa, a su manera de barrer y, en definitiva, a su manera de hacer casi todo. Josh no había sido capaz de pararle los pies a su madre y defender a Irina, y eso la había molestado y dañado en cierto modo.

–Seguro que te sentirías mejor, pero tú mismo. – Continué. – Yo he quedado con mi novia y, lo siento mucho, pero no habrá fuerza que me impida ir a por ella. – Un silencio incómodo se abrió paso entre ambos durante un par de segundos, y después mi amigo suspiró, pareciendo arrepentido.

–Lo siento, Edward. Llevo una semana al revés por esta mierda. – Se llevó una mano a la cabeza en un gesto desesperado. Yo volví a llevarme el pequeño y delgado cilindro a los labios.

– ¿Por qué no hablas con ella? – Le pregunté.

–Porque no querrá. Me evita a todas horas, y ya no sé qué tengo que hacer.

–A lo mejor le tenías que haber dado su lugar frente a tu madre. – Josh me miró sin pestañear con la mano en su nuca.

Tenía la mirada cargada de impotencia y culpa. Quizá me tenía que haber quedado callado, pero no había podido evitar decírselo. Irina era muy buena amiga mía, y Josh se había portado también muy bien conmigo desde siempre. No soportaba que los dos estuviesen disgustados entre ellos.

Ya hacía una semana que la madre de Josh se había ido, pero el enfado parecía haber dado paso a una competición de orgullos, y ninguno de los dos parecía tener intención de ceder.

–Te diré algo. – Dije después de darle una calada más a mi cigarro. – Mi madre es para mí la mujer que me dio el regalo de la vida, y gracias a ello me encontré con Bella. Solo por eso ya le debo más de lo que alguna vez podré darle. Me ha educado como mejor ha sabido, y ha estado a mi lado en cada triunfo y en cada fracaso, ha estado junto a mí por encima de cualquier decepción, apoyándome incondicionalmente. Y no sabes cuánto la quiero. – Sonreí. – Bueno, igual puedes hacerte una idea. Pero Bella es la mujer de mi vida, la persona que permanecerá a mi lado día tras día, amoldándose a mis virtudes y defectos. Aguantará cada día que permanezcamos juntos a pesar de los malos momentos porque me quiere de verdad, y yo la quiero a ella aun con todas las virtudes y defectos que pueda tener. Y esos defectos se convierten en virtudes que apreciaré igualmente, porque seguirá a mi lado. Toda la vida, Josh. Ella será quien me regale a mis hijos. – Suspiré, y posé mi mano en uno de sus hombros. – Olvídate del gimnasio y ve a verla a su casa. Estoy seguro de que está perdida sin ti también.

Movió la cabeza y después me miró apretando los labios, dejando salir una pequeña sonrisa agradecida. Le di un golpe en el hombro con mi mano y me reí. – Tío, eres un sentimental de cojones. – Contestó negando con la cabeza. – Pero tengo que admitir que tienes razón. Tenía que haberle dado el lugar que le pertenecía a Irina. Y no fui capaz, y no es porque no la quiera. – Murmuró apesadumbrado. Yo sonreí y volví a darle otro golpe.

–Deja de compadecerte y vete ya. – Él asintió.

–Mañana no vienes al hospital, ¿no?

–Ni al gimnasio. – Sonreí. –Es mi día libre, y nos vamos con mi prima a hacer una excursión. Iré el viernes por la tarde al gimnasio. – Volvió a asentir.

–Entonces ya nos veremos allí, y gracias, tío. – Con un movimiento de cabeza me alejé.

Di las últimas caladas seguidas al cigarro, y solté el humo antes de entrar al coche. Al menos, parecía que Josh había entrado un poco en razón, y eso ya era un gran avance para mí. Estaba seguro de que Irina lo perdonaría en cuanto fuese testigo del cambio de expresión en el rostro de mi amigo.

Encendí la radio y la canción de Use somebody de Kings of Leon se dejó escuchar. Después de dos semanas, todo parecía ir de bien a mejor. Bella había empezado a trabajar en la taberna de Walter hacía una semana, aunque también seguía dedicada a escribir una novela romántica, de la que por más que había intentado convencerla, no había conseguido leer ni una línea. Había visitado a los Swan en dos ocasiones y me había sentido como un extraño que se presentaba como novio formal de su hija por primera vez.

Renee había sido tan servicial y amable como siempre, demostrando que le gustaba la idea de que Bella y yo volviésemos a estar juntos. Podía notar en ella la satisfacción que le causaba cada vez que Bella se refería a mí verbalmente o cuando nos veía juntos, y eso hacía que me sintiese muy bien. El problema era cuando Charlie se encontraba a su lado, observándonos con una expresión neutral y contenida, como si quisiese decir algo y se estuviese reprimiendo. Parecía reticente y su mirada, casi siempre, intimidante y fija en mi persona, me coaccionaba en mis acciones y expresiones, y me hacía sentir incómodo.

Comprendía que el padre de Bella pudiese sentir miedo de que su hija volviese a sufrir a mi lado, pero me preocupaba que se estuviese encerrando en la idea de que en algún momento le haría daño intencionadamente. Charlie jamás había objetado casi nada cuando Bella y yo comenzamos a salir hacia siete años. Sorprendentemente, solía ceder y confiaba en que Bella estaba conmigo a salvo siempre. Pero su mirada de ahora nada tenía que ver con la de entonces.

–Qué guapa estás. – Piropeé a Bella cuando entró en el coche.

Ella no dijo nada. Dejó la bolsa de deporte en el asiento trasero y en cuanto cerró la puerta del asiento del copiloto, se abalanzó sobre mí, besándome en los labios con su habitual fervor y necesidad, consiguiendo estremecerme de pies a cabeza. Enterré una de mis manos en sus cabellos ondeados y la otra viajó por su espalda acercándola más a mi cuerpo para responderle con el mismo entusiasmo.

Nos habíamos hecho adictos, más aún si cabía, el uno del otro con el paso de los días. No había querido ir al gimnasio en toda esa semana porque no soportaba la idea de permanecer separado de Bella. Si hubiese ido, no habría estado concentrado en mis ejercicios; estaba seguro.

Y no importaba en qué situación estuviésemos juntos. Habíamos ido a cenar a casa de mis padres y yo había visitado a los suyos después de alguna jornada en el hospital. Habíamos ido en un par de ocasiones a pasear a Port Angeles y a ver un par de películas. Habíamos comprado chucherías y palomitas y nos habíamos comportado como unos verdaderos adolescentes de quince años que habían empezado a salir. Habíamos cenado alguna noche en casa de Alice y habíamos visto más películas en mi apartamento. Habíamos hecho el amor y nos habíamos quedado dormidos juntos para amanecer con una sonrisa radiante al día siguiente.

No importaba qué estuviésemos haciendo, siempre que lo hiciésemos juntos. Entre tanta actividad, no había tenido tiempo de pasear por la calle, y seguía respetando el miedo de Bella a que la gente nos viese juntos y nos convirtiéramos en el chismorreo de Forks. Aunque era evidente que estábamos juntos.

–Gracias. – Murmuró sobre mis labios volviéndolos a besar antes de sentarse bien en su asiento y abrocharse el cinturón.

Tenía puestos unos pantalones vaqueros de pitillo y unos zapatos marrones de tacón, y eso ya era suficiente para mí.

– ¿Cómo ha ido en la taberna? – Pregunté acelerando.

–Muchísima gente. Creo que si no hubiese estado pensando todo el día en este momento, habría muerto. – Sonreí y deslicé mi mano por su rodilla.

–No digas eso. Deberías buscar otro tipo de trabajo, este nos quita mucho tiempo para estar juntos. – No la vi, pero adiviné que había puesto los ojos en blanco.

–Todos los trabajos nos quitan mucho tiempo, Edward. Más cuando parezco tener la sensación de que nunca es suficiente el tiempo que paso contigo. – Suspiré. Sus palabras me inundaron el corazón de ternura.

–Yo tengo la misma sensación. – Dije dándole un cariñoso apretón en su rodilla.

–Alice me ha pedido puntualidad esta vez. – Sonreí al recordar la última vez que habíamos ido a cenar a casa de Alice, cuando nos enredamos en mi casa más de la cuenta.

No tardamos en llegar. Cuando salí de la ducha, me sequé lo más rápido que pude con la toalla antes de ponerme unos vaqueros y una camisa. Bella se había quedado mirando la televisión en el comedor. Casi nos habíamos vuelto a enredar por culpa de sus malditos labios adictivos. Y tuvo que ser ella quien se apartase para que consiguiera llegar hasta la ducha.

Alice nos recibió una vez más efusiva. Mi prima solía ser siempre así de entusiasta, pero no recordaba que sus manifestaciones de júbilo y satisfacción fueran tan demostrativas, aunque me gustaba que ella volviese a comportarse conmigo como siempre debió ser. Alice para mí siempre había sido muy especial, y en realidad me había hecho mucho daño que de ser, a parte de mi prima, una de mis mejores amigas, pasase a no ser nada. Por eso me alegré de darme cuenta, la primera vez que quedamos los cuatro, de que todo podría volver a ser como antes o incluso mejor.

Habíamos estado hablando sobre la excursión que haríamos al día siguiente. Alice y Jasper conocían un lugar conduciendo al noreste de Forks que según ellos era fantástico y que nos iba a gustar mucho. Habíamos acordado en salir antes de que el sol saliese para aprovechar bien las horas de luz, ya que había que andar bastante para llegar a la supuesta maravilla que nos habían prometido. Bella parecía ilusionada con la salida de los cuatro, aunque sabía que hubiese preferido también que Rose, Emmett, Jake y Leah se hubiesen apuntado.

–Parece como si nada hubiese pasado. – Fruncí el ceño al mirar la sonrisa radiante y risueña de mi prima. Bella rio entre dientes, y comprendí que se refería a todos. – Estamos todos tan cómodos, como si siempre hubiese sido así y como si nunca Mike hubiese interferido. No hay nada forzoso en el modo en el que hablamos. Y luego estáis vosotros. – Elevé una ceja divertida.

–Parece que no ha pasado el tiempo. – Continuó Jasper, respondiendo a mi silenciosa pregunta.

–Sí. No sé, me encanta que de nuevo estéis así de bien. – Alice sonrió.

Yo miré a Bella y entrelacé nuestras manos.

–Hemos cambiado. – Dije después de un par de segundos. – Pero supongo que todo esto también nos ha hecho más fuertes. – Miré a mi prima, y me encogí de hombros.

La quería más que nunca, pero eso sería algo de lo que no hablaría frente a todos. Bastaba con que Bella lo supiera.

Mi prima suspiró emocionada y después se enderezó en su silla.

– ¿No has pensado en llamar a Jake y Emmett? – Sentí el apretón que Bella le dio a mi mano y carraspeé.

–No quiero forzar las cosas.

–Ellos están deseando que lo hagas. – Contestó Jasper. – De hecho Jake creo que necesita apoyo. Las cosas con Leah no andan muy bien últimamente. – Fruncí el ceño.

– ¿Qué les ha pasado? – Pregunté. Escuché como Bella y Alice suspiraban.

–Lo mismo de siempre. Parece que a cada día que pasa se soportan menos. – Jasper se encogió de hombros.

–Sabes que antes de que empezasen a salir discutían mucho. – Comentó Bella, y yo asentí. – Pues después de siete años, parece que esas discusiones cada vez son más frecuentes, y sus personalidades ceden menos con el tiempo a querer contribuir al bienestar de su relación.

–Pero se les veía muy enamorados. – Opiné. – Bueno, no sé cómo ha sido su relación en todo este tiempo, pero…

–Se quieren mucho. – Respondió Alice. – Pero chocan bastante también. No son capaces de ponerse de acuerdo a no ser que sea algo que les apetece a los dos.

Pensé en ello. Mi felicidad en esos momentos se regía por la de Bella. Si ella estaba bien, yo estaba bien. Mi felicidad significaba verla a ella feliz, porque la amaba. Jake y Leah no podían estar tan enamorados. Me resultó extraño que Bella no me comentara nada al respecto, aunque cuando estábamos a solas, sobretodo esos últimos días, no habíamos hablado mucho sobre los chicos.

–Y ya no es raro para nosotros presenciar más distanciamientos que momentos felices y de complicidad entre ellos. – Prosiguió Alice.

–Es una lástima, porque cuando están bien parecen tan felices. – Apreció Bella.

–Lo que más me fastidia es que parece que esta vez Jake ha llegado a su límite, y no quiere volver. – Asentí.

–Me parece lógico.

–Este fin de semana hemos quedado para jugar a la Xbox. ¿Por qué no venís Bella y tú? Nos lo pasaríamos muy bien. – Miré a Bella, quien me miraba con una sonrisa alentadora.

–De acuerdo, el viernes empiezo las mañanas en el hospital, así que genial.

–Emmett no deja de repetir una y otra vez que quiere jugar un partido en La Push. – Comentó Bella divertida, cambiando el ambiente que se había generado entre nosotros.

–Sí, y estoy seguro de que ya tiene en mente que forméis ese equipo invencible de siempre. – Jasper rio entre dientes. – Sus victorias se redujeron bastante. – Yo reí.

– ¿En serio? – Pregunté divertido, Jasper asintió. – ¿Cada cuánto los jugáis? ¿Seguís con los chicos de La Push?

Y de esa manera Jasper y yo nos adentramos en temas muy interesantes, mientras Bella y Alice se dedicaban a hablar sobre otros asuntos.

Escuché el sonido fastidioso y escandaloso del despertador y gruñí bajito antes de estirar el brazo y apagarlo. En esos momentos me parecía una muy mala idea salir de la cama sintiendo como Bella se removía a mi lado y se aferraba a mi cuerpo, dejando un débil beso en mi hombro. No podía estar en un lugar mejor que en la cama con ella.

Bajé mi mano por su cintura hasta la curva de su cadera, vestida con una de mis camisetas, y seguí bajando por su muslo suave y desnudo, provocando que se apretara aún más a mí.

–Buenos días. – Murmuré bajito, junto a su frente, dejando un beso ahí.

–Mmm… – Fue su simple contestación. Atrapó una de mis piernas con una de las suyas y suspiró.

–No deberíamos llegar tarde. – Mi mano presionó su trasero y ella movió la cadera hacia delante.

No llevaba nada debajo de mi camiseta. Habíamos vuelto temprano de casa de Alice porque queríamos dormir bien para despertarnos con energías, pero el deseo como siempre había ganado, y cuando nos habíamos reunido en la cama después de prepararnos para dormir, sucumbimos al famoso ajetreo. Llevaba puesta una camiseta de algodón azul y no recordaba, todo lo bien que me hubiese gustado, que le quedara tan bien mi ropa.

Su mano acarició mi pecho desnudo concienzudamente y se irguió unos centímetros solo para besarme en los labios y hacerme mucho más difícil el trabajo de salir de la cama. Aun teníamos que preparar los sándwiches, la fruta, los zumos, el agua, y lo más importante, nosotros mismos. Pero Bella realmente me lo estaba poniendo muy difícil, sobretodo porque no podía pensar en otra cosa más que en su pequeña mano bajando por mi abdomen directamente hasta mi entrepierna, que como cada mañana, daba los buenos días en posición de firmes bajo los bóxers.

–Cariño. – La llamé con la respiración ya agitada al mismo tiempo que detenía su mano rodeando su muñeca con la mía. – No me busques.

–Compláceme. – Susurró con la voz cargada de excitación. – He estado mucho tiempo sin tenerte. No me niegues esto, te prometo que llegaremos con tiempo. – Dejó un húmedo beso en la base de mi cuello que me hizo aflojar el agarre en su muñeca. – Hazme el amor, Edward. – Continuó diciendo, dejando un mordisquito en el lóbulo de la oreja. – Hazme el amor. – Volvió a susurrar pasando la punta de su lengua por la línea de mi mandíbula tensa.

–Te has espabilado muy rápido. – Mi voz había perdido toda la firmeza inicial, y se había reducido a un susurró roto y ronco que transparentaba mis verdaderos deseos y enterraban mi razón en las más oscuras profundidades de mi mente.

Apreté los dientes y me moví para quedar sobre ella, entre sus piernas.

–Tú tienes la culpa por colarte hasta en mis sueños. – Continuó ella, llegando con su mano finalmente hasta su objetivo. Se me aceleró aún más la respiración. Esa urgencia se debía seguro a un sueño erótico. Sonreí.

– ¿Crees que podremos terminar en cuatro minutos? – Esperaba que estuviese lo suficientemente preparada para llegar al éxtasis en poco tiempo, porque en esas condiciones, no podía ofrecerle más. Mi mano subió la camiseta y acaricié muy superficialmente uno de sus pezones rosados, provocando que cerrara los ojos.

–Estoy segura. – Y tiró de mi miembro para que acariciara sus pliegues empapados de excitación. Gruñí. – Te necesito, mi amor. – Susurró irguiendo la cabeza para besarme.

Nunca me había llamado así. Y ese apelativo lo único que consiguió fue enternecerme el corazón y endurecerme aún más la entrepierna para que terminase de una vez por todas con nuestro deseo común. Volver a unirnos físicamente, volver a convertirnos en una única persona. Nada podía compararse con aquel gesto de amor incondicional, con la pasión y la sinceridad de nuestros te quiero, con el roce de nuestros cuerpos, con el tacto suave de sus manos sobre mi cuerpo y las delicadas curvas que las mías acariciaban, con los cálidos y húmedos besos que nos dábamos, con el éxtasis del final…

Permanecer abrazados después de llegar a la cima y sentir sus besos en mi cuello y sus manos acariciando mi espalda era como estar abrazado a la vida y sentirme querido por ella. No podía haber nada mejor, pero por desgracia, sí algo peor, y era el enfado de mi prima si llegábamos tarde. Por eso nos tuvimos que separar a regañadientes, darnos una ducha rápida mientras el otro preparaba lo necesario para la excursión y dejaba la habitación más o menos decente. Cuando nos dirigimos a casa de Alice no sabíamos si nos habíamos dejado en casa algo importante, pero tampoco nos importaba mucho en esos momentos, porque llevábamos una sonrisa radiante que nadie tendría el poder de eliminar.

Seguimos con el coche a Alice y Jasper, y nos condujeron por la 101 hasta que nos desviamos por una carretera desconocida y condujimos un buen rato hasta pasar el Lago Wentworth. Bella y yo no parábamos de bromear entre risas haciendo hipótesis sobre el lugar al que iríamos a parar. Después de otro buen rato, parecía que el camino por fin se acababa y Jasper y yo nos detuvimos.

–Estamos cerca del Lago Ozette. – Dijo bajándose del coche mientras yo me colgaba la mochila a la espalda y cogía a Bella de la mano.

–Pensaba que no íbamos a llegar nunca. – Me medio quejé.

–Estoy segura de que os va a encantar. – Continuó mi prima, pasando uno de sus brazos por la espalda de Jasper.

– ¿Pues a qué esperamos? – Preguntó Bella. – Coged lo que tengáis que coger y vámonos.

Saqué el paquete de tabaco y saqué un cigarrillo para Bella y otro para mí.

– ¿Cuándo vais a dejar eso? – Preguntó. Yo me encogí de hombros.

Cuando más solía fumar era en los momentos en los que estaba alejado de Bella. Y en los descansos que hacía en el hospital solía fumarme incluso dos cigarros seguidos, y otro antes de subir a mi planta. Aunque a mi favor, debía apuntar que mi consumo se reducía considerablemente cuando Bella estaba conmigo. Con ella me sentía pleno, tan tranquilo que apenas me acordaba del tabaco. No sabía cuántos cigarrillos solía fumarse Bella antes de que volviésemos, pero tampoco solía fumar mucho cuando estábamos juntos.

Cuando Jasper y Alice al fin estuvieron listos, comenzamos a andar hacia la montaña. No había una senda marcada, por lo que caminábamos detrás de Alice y Jasper siguiéndolos paso a paso entre los árboles. Como siempre, mi preciosa chica, solía tener algunos problemas para caminar con sus zapatillas de deportes sobre la superficie del bosque, pero eso no le impidió seguir el ritmo de nuestros compañeros.

Después de un buen rato, comenzamos a pisar la superficie mullida de la tierra, bañada por un sinfín de hojas caídas de los árboles. Caminamos durante un buen rato entre las gigantescas coníferas y los cedros, que crecían sobre la endeble base formada por las hojas caídas y el musgo en las piedras. Los troncos y las ramas de los árboles parecían tapizados en musgo también, y pronto los helechos se hicieron más espesos. Pensé en el verde y la humedad de aquella zona y me sentí encantado de presenciar tal maravilla, aunque de ser de noche, sabía que seguramente parecería un lugar bastante siniestro.

Nos cruzamos con algún ciervo de vez en cuando, escuchamos los correteos de las ardillas alejándose de nosotros, los pájaros cantando; todo parecía realmente extraordinario.

– ¡Ay! – Sentí el resbalón de Bella y la sujeté de la cintura para detener su caída.

Estábamos subiendo una cuesta algo empinada y la mano de Bella no había llegado a coger la de Jasper. Sentí la risita mal disimulada de mi prima cuando la inesperada caída provocó que su trasero aterrizara en mi cara.

–Tienes que tener un poquito de más cuidado, cariño. – Y le di un mordisco en el culo.

– ¡Eh! – Se quejó. Yo solo contesté con una sonrisa y la empujé para que esta vez Jasper consiguiera subirla, antes de subir yo. Pude escuchar el ruido del agua cayendo seguramente de alguna cascada.

–Bueno, ¿y qué os parece? – Preguntó Jasper.

Cuando al fin me levanté y conseguí entrelazar la enguatada mano petrificada de Bella con la mía, me quedé mirando el paisaje sin pestañear. Frente a nosotros el agua que caía procedente de la cascada daba la impresión de arrojar espumosas nubes hacia el pequeño lago que se encontraba bajo nuestros pies, a tan solo un par de metros del pequeño nivel de tierra en el que nos encontrábamos. Las rocas que se veían entre el agua espumosa estaban revestidas de musgo, igual que las pequeñas piedras de la orilla, y dentro de la laguna, las hojas en diferentes estados de descomposición, lucían sus colores bajo las sombras de los altos cedros que nos rodeaban.

Pero como si ya eso no fuera mágico, alrededor de esa cascada y todo el lago estaba rodeado de coníferas, piceas, cedros, helechos, flores, que mezclaban sus diferentes tonalidades, otorgando al lugar una magia espectacular.

–Dios mío. Es precioso. – Murmuró Bella, alucinada.

Yo no me encontraba muy diferente a ella. El camino a nuestro prado había sido parecido al que habíamos hecho hacia el lago, y aunque nuestro pequeño círculo desprovisto de árboles seguía siendo para mí un lugar sagrado, tenía que admitir que esa cascada, el lago, y en definitiva el encanto del bosque me habían fascinado.

– ¿Por qué no hemos venido antes? – Preguntó Bella. Jasper se aferró más a la cintura de Alice.

–Porque es un lugar muy especial. Aquí le pedí matrimonio a Alice. – Miré en dirección a mi prima que tenía la cabeza apoyada en el hombro de Jasper, sonriendo.

–Pensamos que también os gustaría. – Contestó ella. – A Jasper y a mí parece habernos traído suerte. – Apreté los labios reprimiendo una sonrisa y mi respuesta porque sabía que lo había hecho con toda la buena intención del mundo. Pero yo jamás iba a volver a separarme de Bella, y no sería por visitar ese lugar maravilloso.

–Nunca me lo habría imaginado así cuando lo contaste, Alice. – Comentó – ¿Te gusta? – Me preguntó Bella en un murmullo, abrazándome y mirándome con una sonrisa.

–Me encanta, pero no hay nada que pueda superarte. Ya lo sabes. – Su sonrisa se ensanchó, y acortó la distancia para dejar un dulce beso en mis labios que respondí gustosamente.

– ¿Comemos? – La pregunta de Alice nos hizo separarnos.

–De acuerdo. – Contesté sin dejar de mirar a Bella.

Las horas volaron a partir de ese momento. Me vi bajando la montaña y me di cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo. Bella iba a mi lado con su mano agarrando fuertemente la mía para sentirse más segura. Habíamos desperdiciado siete años en los que podíamos haber disfrutado de nosotros todo lo que nuestras carreras nos hubiesen permitido. Pero todo podía haber acabado en el momento en el que Mike llevó a cabo su mentira, y sin embargo, ahí estábamos: cogidos de la mano y juntos de nuevo, porque su farsa no había podido con nuestro amor.

Me sentí afortunado por ello.

A la mañana siguiente me preparé para ir al hospital. Tuvimos dos intervenciones programadas, y se llevaron a cabo todas con éxito. Al salir, me dirigí directamente al gimnasio con Josh. No habíamos tenido mucho tiempo de hablar durante la mañana, pero por lo poco que me había dicho las cosas con Irina habían mejorado.

– ¿Entonces te perdonó? – Josh ralentizó el ritmo de la cinta de correr y respiró hondo.

–Sí, al final me disculpé, y le hice entender que me sentía como un estúpido porque no había sabido valorarla frente a mi madre. – Asentí mientras seguía corriendo en mi cinta. – Así que anoche le preparé una cena romántica en mi casa. Eso a las chicas les gusta.

–Sí, eso funciona, la verdad. – Sonreí, ralentizando la mía.

–A veces pienso que es demasiado buena para mí. – Puse los ojos en blanco.

–Eso lo suelo pensar muy a menudo también. Pero ¿es que acaso te ves con otra persona? ¿O la ves a ella con otro hombre? Que Dios me perdone, pero yo vi a Bella con Mike y estuve tentado de matarlo. – Los músculos de la mandíbula, los brazos y la espalda se me tensaron, y sentí resbalar un par de gotas de sudor por mi piel cuando comencé a caminar sobre la cinta. Josh se detuvo.

–Tienes razón. No la merezco, pero nadie la va a querer como yo lo hago. Conmigo sé que estará segura.

–A eso me refería. – Le di la razón.

–Voy a la polea.

Paré la cinta y me sequé con la toalla un poco el sudor de la frente antes de seguirlo. Me agradaba que hubiese sabido darse cuenta de lo que estaba menospreciando inintencionadamente. Irina se merecía a alguien que la protegiese y deseara su felicidad por encima de todo, y Josh era el hombre que haría eso realidad.

– ¿Y Bella? ¿Lo pasasteis bien?

–Sí, muy bien. – Contesté tirando hacia abajo la polea.

–Podríamos salir los cuatro algún día. Seguro que a Irina no le vendría mal un poco de compañía femenina.

–Pensaba que Hannah se encargaba de la compañía femenina. – Josh sonrió, subiendo la polea. – ¿Qué es gracioso?

–Hannah está un poco deprimida. – Y por su expresión creí adivinar el por qué.

– ¿Por mí?

– ¿Por qué iba a ser sino? Esa chica se ha enamorado de ti, y la verdad es que lo único que hace cuando está con Irina es hablar de ti y de la mala suerte que tiene. – Negué con la cabeza.

–Parece más grave de lo que pensé en un principio.

–No sé, pero esa chica es un poco rara, ¿no?

–No, la verdad. – Contesté de inmediato. – Es introvertida, pero es una chica normal. Y supongo que subestimé los sentimientos que debe tener hacia mí.

–Eso seguro.

–Tendré que volver a hablar sobre el tema con ella.

–Irina la intenta animar, pero parece inútil.

Respiré y cerré los labios dando por concluida la conversación y seguimos los ejercicios en silencio. No podía permitir que Hanna estuviese pasándolo mal por mí. Parecía alguien sensible, con una falta evidente y ridícula de autoestima que la hacía sentir esos estados depresivos incontrolados. Estaba casi seguro. Por eso tenía que hablar con ella.

Al llegar a casa, después de hablar con Angie y Yuu, decidí llamar a Jake. Bella me había dado su número de teléfono. Había estado pensando en él durante todo el día y me pareció un buen momento para llamarlo. Temía un poco la reacción que pudiese tener, pero de alguna manera me dolía que estuviese pasando por tan mal momento.

–Hola, Jake. – Saludé cuando respondió la llamada.

– ¿Edward? – Me aclaré la garganta.

–Sí, tío. Tenía… Tenía intención de haberte llamado antes pero con todo esto…

–Ah, no te preocupes. Ya me han hablado sobre lo que pasó en realidad, y de verdad que lo siento. Si lo hubiese sabido, jamás habría dejado a Bella en las manos de semej…

–Lo sé. – Lo corté. A pesar de la rabia evidente que transparentaba su voz al hablar, un deje de tristeza parecía impreso en su tono.

–Lo siento. – Se disculpó.

–No, Jake. No tienes por qué hacerlo. – Suspiré. – ¿Tú cómo estás?

–Bien. – Después carraspeó. – Bueno, no sé si Bella te habrá contado algo sobre lo que ha pasado.

–Sí, algo. – Dije, sin querer decir más de lo que él deseaba que yo supiera.

–Entonces, algo jodido. En realidad, bastante jodido. – El dolor al hablar era palpable, y quise servirle de ayuda; quise apoyar a mi viejo amigo.

–Sé que ha pasado mucho tiempo, Jake, pero si necesitas hablar estoy aquí. – Él no habló, y no quise que malinterpretara mi ofrecimiento. – No pretendo que volvamos a ser tan buenos amigos como hace siete años, pero te apoyaré en lo que haga falta, y si necesitas un oído aquí estaré también.

–Gracias. – Murmuró. – La verdad es que necesito hablar con alguien que no esté en el círculo habitual. Bella, Emmett, Rose, Alice y Jasper han vivido estos siete años y conocen las dos versiones, así que les cuesta más posicionarse. – Suspiró. – A lo mejor tú me sirves de más ayuda. – Sonreí.

–Puedes venir si quieres y nos tomamos un par de copas.

– ¿En serio? – Preguntó algo perplejo.

–Claro.

–Entonces voy para allá.

–Aquí te estaré esperando, apunta la dirección.

Había llegado la hora de recuperar lo que Mike me había robado. La amistad para mí siempre había sido algo muy importante. Los chicos me habían acompañado durante mi infancia y adolescencia, de una forma u otra, y no iba a parar hasta recuperarlos a todos.

Lo saludé con un golpe en el hombro al entrar. Su sonrisa lobuna parecía manipulada, nada natural. Recordé al viejo Jacob, y al chico con el que me había cruzado durante un par de ocasiones en mi vuelta a Forks, y no encontré restos de él en ningún lugar de su anatomía. Tenía los hombros caídos, la mirada apagada, y sonreía con mucho esfuerzo. Le invité a pasar al comedor sin muchos preámbulos y le llené un vaso de bourbon, el cual aceptó de buen grado.

–Ag. – Gruñó, con las facciones de la cara contraídas. – Siempre me ha parecido muy fuerte. ¿Bebes esto con mucha frecuencia? – Preguntó sentado desde un lado del sofá.

–Ahora no. – Contesté con una sonrisa. Me había sentado en la butaca de al lado. – Bebe lo que quieras, no sabía cuándo acabar la botella, y esta parece una buena ocasión.

–La verdad es que el quemazón parece que alivia otro tipo de dolor. – Sonreí por su comentario.

–Eso solía decir yo. No fue fácil enterarme de que Bella estaba saliendo con Mike, y eso – Dije mirando con un gesto su vaso. – era lo único que parecía aliviar un poco mi rabia y mi dolor. – Jake suspiró.

–Tío, ojalá hubiese sabido antes lo que había pasado. Te habría ayudado a darle su merecido a Mike en lugar de defenderlo. Me da rabia pensar que nos tuvo a todos engañados. Es un cabrón. – Me serví un poco en mi vaso.

–Quise matarlo.

–Yo lo habría hecho. – Reí. – En serio. Si ese mal nacido nos hubiese hecho algo así a Leah y a mí lo habría hecho.

–Seguro que te hubieses retraído por Leah, o por tu padre. Siempre hay una razón. – Respondí encogiéndome de hombros.

Jake se quedó en silencio. Decidí no hablar porque no quería presionarlo. Si Jacob seguía siendo mi viejo amigo, estaba seguro de que estaba tratando de exteriorizar el dolor que llevaba dentro, pero eso siempre llevaba su tiempo. Bebí de mi bourbon, y Jake alzó la cabeza.

–No sé. – Dijo después de unos minutos. Miró el vaso y se terminó de un trago el contenido. – Necesito más. – Murmuró extendiendo el brazo hacia mí.

–Sírvete tú mismo. – Le ofrecí señalando la botella con un gesto de la cabeza. Se llenó el vaso y dio un gran trago antes de volver a mirarme. – Bella me dijo que tu taller va viento en popa. – La sonrisa que esbozó a continuación pareció, al menos, sincera.

–Sí. La verdad es que me he ganado una buena reputación como mecánico. – Volvió a beber, y el gesto que hizo al tragar fue más suave que los anteriores. – Así que si algún día tu Volvo tiene algún problema, no dudes en traérmelo.

–Estaba pensando en cambiarlo, aunque ya dudo que sea ahora. – Jake me miró alzando una ceja.

–Apenas lo has usado. – Yo reí.

–Sí, ya lo sé. Pero las modas cambian, ¿no? – Negué con la cabeza, mirando mi vaso. – A ti te gusta arreglar coches, y a mí me gusta comprarlos.

–Bueno… – Dijo encogiéndose de hombros. – Dejémoslo en cualquier objeto con chapa y motor. – Reí. – ¿Y a ti cómo te va en el hospital?

Nuestras vivencias durante esos siete años que habíamos permanecido sin contacto desfilaron del mismo modo que se vaciaba la botella de bourbon. Hablar con Jake fue para mí como una liberación. Con Bella había temas con los que no me sentía cómodo, sin embargo, con mi viejo amigo, a pesar de los años, podía entrar en detalles escabrosos teniendo la sensación de que al fin los podía sacar de mi interior y despedirlos. Había cometido muchos errores a causa del dolor causado por la treta de Mike, y de alguna forma, en esos momentos, me di la oportunidad de contárselo a alguien que parecía seguir siendo la misma persona que alguna vez consideré uno de mis mejores amigos.

Pero poco a poco, las copas fueron haciendo el efecto esperado, y nos encontramos sentados uno al lado del otro riendo a carcajadas por cualquier necedad.

– ¡Y aquí estamos! – Exclamó Jake en tono ebrio, levantando su vaso medio vacío y riendo al mismo tiempo. – ¡Tú cirujano! – Dijo pronunciando exageradamente la J. – ¡Y yo un mecánico de la leche! – Continuó emitiendo un sonido nasal al pronunciar la sílaba tónica de su profesión. – No me digas que no es genial. – Yo entre risas me repantingué en el sofá.

– ¿Y por qué tú eres de la leche, y yo solo soy un cirujano? – No me sentí avergonzado por la terrible pronunciación. Jake me apuntó con un dedo de su mano libre muy serio y después comenzó a reír de nuevo.

– ¡Tú eres un cirujano y punto! ¿Qué más quieres? – Continuó hablando arrastrando las palabras. – Te has tirado a más tías de las que un hombre puede soñar.

– ¡Eh! – Me quejé, enderezándome y retándole con la mirada. – Eso no tiene gracia. – Él me miró serio y volvió a soltar una carcajada.

–Estamos borrachos y la tiene. – Su risa me contagió, y me llevé una mano al abdomen. – Y yo soy un cabrón hijo de puta que no sabe valorar lo que tiene. – De repente, debido a la intensidad y preocupación con la que pronunció Jacob sus palabras, el ambiente se transformó de forma radical, y cambié drásticamente mi sonrisa para ponerme serio, llevando una mano a su hombro, e intentando concentrarme.

– ¿Qué dices? – La seriedad del asunto provocó que la embriaguez pasara a ser un estado secundario.

–Que ya no quiero a Leah, que he dejado de quererla. Eso es lo que digo. – Y conforme terminó su frase la expresión de su rostro se entristeció hasta el punto de permitir que una lágrima resbalase por su mejilla. – Soy un capullo. – Me quedé sin saber qué decir.

– ¿Desde cuándo…?

–Las cosas no iban bien desde hace tiempo, pero la situación se ha vuelto insostenible. – Sorbió la nariz cabizbajo y más lágrimas cayeron por su cara. – No quería admitir que nuestra relación había acabado porque no quiero hacerle daño, pero ya no puedo más.

–Le haces más daño si callas tus verdaderos sentimientos.

–Quiero a Leah, y me importan su bienestar y su seguridad. Es muy especial para mí, pero…

–Entiendo. – Suspiré.

–No sé cómo decírselo. Jasper, Emmett y Bella quieren que vuelva con ella, pero ya no puedo.

– ¿Saben ellos que ya no la amas?

–No.

–Quizá deberías empezar por ahí. – Él irguió la mirada.

– ¿Y qué van a pensar? Yo no quería que pasara nada de esto. – Volvió a mirar hacia sus rodillas y se tapó la cara con las manos.

–Quizá al principio sea doloroso para todos, pero es lo mejor. – Di una palmada a su hombro. – No sé qué sientes, pero alguien me dijo una gran verdad no hace mucho: no hay nada en esta vida que sea lo bastante fuerte para acabar con nosotros. – Suspiré acordándome del viejo Freeman. – Sé valiente. No solo estarás haciéndolo por ti, piensa que Leah a largo plazo saldrá beneficiada también. No es justo que viva una mentira. – Jake asintió y volvió a sorber la nariz, limpiándose las lágrimas.

–Gracias, tío. – Murmuró. – Gracias de verdad, necesitaba esto.

A pesar del patente efecto del alcohol, era consciente del sufrimiento de Jacob. Entendía que no quisiese hacerle daño a Leah, pero tampoco era justo seguir adelante intentando despertar unos sentimientos que ya habían muerto.


.

Bueno pues las cosas siguen muy bien. Suelen salir mucho con Alice y Jasper y ha apoyado a Jacob en un momento duro para él... :) En fin chicas, espero que os haya gustado. El lunes volveré a subir capítulo, y solo digo que habrá una reaparición... ¿Quien será? :O

Muchas gracias por todos vuestros rr.

Un besazo enorme