La Detective Beckett llevaba un rato intentando concentrarse en terminar los informes que tenía sobre su mesa, pero le estaba resultando una tarea imposible ya que Castle estaba a su lado, jugueteando con una bola de papel.
-Castle, si te aburres te puedes ir a casa. Ya te he dicho que no hace falta que me acompañes mientras relleno informes – Castle dejó de lanzar la bola de papel – te llamaré si tengo que interrogar a algún sospechoso – insistió ella.
-No importa. Estoy bien. ¿Quieres café? No, café no. ¿Leche, té?
-He tomado un té hace veinte minutos – le recordó al escritor - ¿estás bien?
-Sí. Claro. ¿Por qué no iba a estarlo?
-Vale. Suéltalo. ¿Qué ocurre?
Castle llevaba todo el día muy raro. Desde que se habían despertado esa mañana apenas había abierto la boca y una vez en comisaría se había sentado en silencio a observar a Kate hasta que comenzó a jugar con bolígrafos y bolas de papel.
-Vale. No te enfades, pero mi editora me ha dicho que tal vez deberíamos dar la exclusiva a alguna revista.
-¿Qué? Ni hablar, Castle. Mi vida privada es privada y lo sabes.
-Sí, lo sé – trató de explicarse el escritor – pero ¿no te das cuenta de que si no lo contamos, algún paparazzi te pillará desprevenida y sacará una foto a traición? ¿O tengo que recordarte cómo se hizo público que estábamos saliendo?
Beckett recordó aquella página del magazine en la que salían Rick y ella besándose a la entrada de una librería. Algún paparazzi les había fotografiado sin que se dieran cuenta y había publicado la foto y para colmo se había inventado que 'ya había pasado algo entre el escritor y la detective durante los cuatro años anteriores antes de atreverse a dar el paso'.
Se lo pensó unos instantes. No le gustaba que su vida privada se hiciese pública, pero estaba enamorada de un escritor famoso en todo el mundo por sus best-sellers basados en ella y además, estaba esperando un hijo de él. Quizás era mejor que diesen la exclusiva y así contar lo que ellos querían que se sepa y no lo que se inventase un periodista del tres al cuarto.
-Está bien – aceptó finalmente la Detective – pero no quiero nada de fotografías.
-Pero…
-No. Ese es el trato.
-Está bien. Llamaré a mi editora.
Dos días más tarde, Beckett tenía en sus manos un ejemplar de The New York Times Magazine, con una fotografía de Castle impresa en una de las páginas debajo del titular: Richard Castle espera un bebé de su musa, la Detective de homicidios. El artículo simplemente contaba que dentro de cinco meses el escritor y la Detective serán papás. También hablaba de los libros que el escritor había escrito siguiendo a Beckett y cómo se habían conocido, cinco años antes.
-¿Contenta? – le preguntó Castle, sentándose a su lado en el sofá.
-Estaría más contenta si no fueses famoso.
-Entonces ningún psicópata asesino habría matado utilizando las ideas de mis libros y tú y yo no nos habríamos conocido.
-Suena macabro.
-Lo es – le dijo, mientras se reían y se besaban.
