Tenía la respiración agitada, se miró las manos y se dio cuenta de que también estaba temblando. Debía haber gritado al despertarse, porque Castle se había despertado también y encendió la lámpara rápidamente.
-¿Estás bien? – le preguntó, preocupado - ¿te duele algo?
-Sí. Estoy bien – dijo ella, todavía con la respiración acelerada – solo ha sido una pesadilla.
-¿Quieres una manzanilla? ¿té? – preguntó él. Ella negó con la cabeza – te traeré un vaso de agua.
Kate se sentó cómo pudo, ya apenas le era posible encontrar una postura cómoda. Castle volvió con un vaso de agua y se lo ofreció a la Detective, quién lo cogió sin poner objeciones. En realidad le vino bien, aquella pesadilla le había dejado la boca seca.
-¿Mejor? – preguntó él.
-Sí.
Él se recostó en la cama, a su lado y la rodeó, abrazándola, haciendo que ella se recostara sobre su pecho. A ella le reconfortó, además, encontraba esa postura bastante cómoda.
Ninguno de los dos dijo nada. Él estaba deseando saber qué había soñado, qué era lo que la atormentaba, pero sabía que tenía que dejarle su espacio. Sobre todo cuando se trataba de algo relacionado con su madre y esto, estaba relacionado con ella, porque Kate se había despertado llamándola. Pero ya se lo contaría.
Ella se relajó y poco a poco se quedó dormida, abrazada a él.
Esa mañana, Castle se levantó temprano y preparó chocolate, tortitas y zumo, lo puso todo junto en una bandeja y lo llevó al dormitorio. Ella todavía dormía, así que dejó la bandeja sobre la mesilla y se sentó en el borde de la cama, se inclinó y besó a Kate en la frente, mientras le acariciaba el vientre con una mano. Entonces el bebé dio una patada. Beckett se despertó, sobresaltada, pero cuando se dio cuenta que solo había sido una patada ante las caricias de su padre, ambos echaron a reír.
-Alguien tiene hambre – dijo Castle.
-No creo que sea capaz de comerme todo eso – dijo ella, mirando con tentación la bandeja.
-Te recuerdo que ahora tienes que comer por dos.
Él le ayudó a incorporarse, poniendo varios cojines detrás y colocó la bandeja sobre la cama.
-¿Cómo te encuentras? – le preguntó, refiriéndose a la pesadilla de anoche.
-Algo cansada – dijo ella, tras tomarse unos segundos para evaluar cómo se sentía.
-¿Quieres hablar de ello? – le preguntó él, mientras le cogía la mano.
Ella le miró, dudando, pero no se lo pensó dos veces. Ya no era como antes, ahora sabía que podía compartir cualquier cosa con él, en lugar de guardárselo y atormentarse ella sola, como hacía antes.
-Siento como si estuviese dejando a un lado el caso de mi madre, como si…. – no terminó la frase. Recordó las palabras del psicólogo: no puedes decepcionarla, Kate, está muerta.
-Pero no lo estamos dejando Kate, es algo temporal. Te prometo que daremos con algo que haga que el Senador Bracken page por todo lo que ha hecho – le puso la mano en la barbilla, haciendo que le mirara – te lo prometo.
Kate alargó su mano y le acarició la cara.
-Gracias – susurró ella.
-Siempre.
