Siento la tardanza. Espero que os guste y muchísimas gracias por todos vuestros comentarios!
Volvió a mirar el reloj y suspiró al ver que solamente se habían pasado cinco minutos desde la última vez que comprobó la hora.
Estaba en la comisaría, aburrida. Castle se había ido con Espósito y Ryan a detener a un sospechoso mientras ella se había quedado en la comisaría rellenando informes, como llevaba haciendo los últimos cinco meses. Estaba deseando tener ya al bebé, se sentía mal por pensar así, pero ella no estaba hecha para estar tanto tiempo sin trabajar, sin la acción que suponía su trabajo y que a ella le daba vida. Y pensar a lo que se había reducido eso….
Ahora su trabajo consistía únicamente en rellenar informes e intentar ayudar en lo que podía a sus compañeros en las investigaciones. Ya ni siquiera interrogaba sospechosos ya que, ver a una policía embarazada hacía que la viesen más débil. Incluso notaba cómo sus propios compañeros de trabajo la veían más débil. Al principio le pedían ayuda con algún papeleo, consulta o cualquier tipo de investigación, lo que le daba a ella algo con lo que mantenerse entretenida a parte del aburrido trabajo de rellenar informes, pero ahora ni siquiera eso. Suponían que sería demasiada carga para ella. Sin embargo ella estaba aburrida.
Dejó el bolígrafo con el que estaba jugueteando en la mesa y se levantó para ir a por algún snack a la máquina, pero al levantarse notó un fuerte dolor. Se detuvo un momento, sin saber qué hacer, pero el dolor paró, así que decidió no darle mucha importancia si no se volvía a repetir.
Un cuarto de hora más tarde, Castle, Ryan y Espósito llegaron a comisaría con el detenido esposado. Espósito y Ryan se lo llevaron para interrogarlo, Castle se quedó con Beckett, que estaba de pie, al lado de su mesa. En realidad no se había atrevido a sentarse por si al levantarse volvía a dolerle.
-¿Qué tal la detención?
-¡Genial! Hemos tenido que correr para cogerlo, cuando estaba a punto de escaparse yo he conseguido adelantarle, ponerle la zancadilla y listo- contó Castle, emocionado - En realidad creo que Ryan y Espósito están encantados de tenerme en su equipo, porque les hago todo el trabajo.
-Sí. Voy a tener que volver a decirles que no te dejen salir del – Beckett no pudo continuar con la frase porque volvió a notar otro dolor, igual que el de antes. No pudo evitar hacer una mueca de dolor.
-¿Qué ocurre? ¿Te duele? – Castle comenzó a alarmarse – siéntate.
-No. Creo que si me siento es peor. Antes me ha dolido al levantarme.
-¿Antes? ¿Te ha pasado antes y no me has llamado? ¡Te dije que me llamases ante cualquier cosa!
-Tranquilízate Castle, pareces tú la embarazada.
-Ni siquiera deberías estar en Comisaría. Estás ya de ocho meses, el bebé podría venir en cualquier momento. Puede que incluso el momento haya llegado. Deberíamos ir al médico.
-Por favor Castle, me estás poniendo nerviosa, ¿quieres tranquilizarte?
-¿Cómo puedes pedirme que me tranquilice?
-Llamaré a Lanie a ver qué me dice ella, ¿de acuerdo?
Eso pareció tranquilizar un poco a Castle. Fueron a la sala de descanso y la Detective llamó a su amiga. El escritor le hizo un gesto para que pusiese el altavoz y poder escuchar él también la conversación.
-Hola cariño, ¿todo bien?
-Hey, Lanie. La verdad es que regular.
-¿Por qué, qué pasa?
-Me ha dado un fuerte dolor en la tripa, dos veces. Y no son patadas del bebé. ¿Crees que pueden ser contracciones?
Al escuchar la palabra contracciones, Castle se asustó todavía más.
-¿Cuánto tiempo ha pasado entre los dos dolores?
-Unos quince o veinte minutos.
-Vale, tranquilízate, son contracciones – le dijo su amiga al otro lado del teléfono. Beckett miró a Castle, en busca de tranquilidad, pero estaba más nervioso que ella – las contracciones se producen – continuó Lanie – cuando el bebé ya está preparado para salir, pero no significa que eso vaya a ocurrir ya, durante las últimas semanas suelen ser normales.
-¿Entonces qué hago?
-Deberías controlar con un reloj cada cuánto exactamente son las contracciones. Si se repiten cada cinco minutos deberías ir al hospital, de lo contrario te recomiendo que no te alarmes y que descanses. Sobre todo estate tranquila en casa tumbada en el sofá o en la cama.
-Eso es lo que le he dicho yo que debería estar haciendo, pero está en la comisaría – dijo Castle, ahora algo más relajado.
-Oh, por dios, Kate, ¿Todavía estás trabajando?
-Está bien, ya lo he pillado, me voy a casa.
-Pero no vayas a volver mañana al trabajo, que nos conocemos.
Había llegado el momento de dejar la comisaría por un tiempo. Después de hablar con Gates y recoger sus cosas, se marcharon a casa. Solo había vuelto a tener una contracción más, así que tanto ella como Castle estaban más tranquilos.
Pero cuando llegó a casa no lo pudo evitar y se echó a llorar. Seguramente eran más las hormonas que otra cosa, pero tenía ganas de llorar, salir corriendo, no tener esa pesada barriga con la que apenas podía moverse y dejar de parecerle débil a todo el mundo.
El escritor, que debió de entender lo que le ocurría se acercó a ella y le abrazó. Y allí se quedaron un buen rato, abrazados los dos, con su futuro hijo en medio.
