Durante los siguientes días, Beckett no hizo otra cosa que ir del sillón a la cama y de la cama al sillón, exceptuando algún que otro paseo de quince minutos que había dado aprovechando la ausencia de Castle.

Aun así, apenas le había dado tiempo de aburrirse ya que Castle estaba haciendo todo lo posible por mantenerla distraída. Él también había dejado de ir a la Comisaría para quedarse cuidándola, así que intentaba distraerla viendo películas, jugando a algún juego de mesa, leyéndole o simplemente hablando.

Esa tarde, estaban los dos en el sofá. Ella tumbada y él sentado a su lado, enredando sus dedos en el pelo de ella. Beckett acababa de terminarse un bol lleno de fresas con chocolate por encima. Se trataba de un antojo y como no era la primera vez, Castle ya tenía en la nevera un arsenal de fresas preparado, por si acaso.

-Nunca me has hablado de cuando Meredith estaba embarazada de Alexis – dijo Kate.

Castle se quedó callado durante unos segundos, quizás recordando esa etapa de su vida. Kate levantó la cabeza, mirándole, y él se decidió a hablar.

-Bueno…. Merdith y yo ya estábamos casados y ella se había ido de gira a Los Ángeles con un grupo de teatro. Cuatro meses después volvió y entonces es cuando supe que estaba embarazada. No me lo dijo ella, sino que lo supe al verla. – Hizo una breve pausa. Beckett no interrumpió – Sabía que el bebé era mío porque el mes que se quedó embarazada fue el mes después de nuestra boda, que nos lo pasamos prácticamente sin salir del dormitorio – Kate le miró, haciéndole saber que el comentario sobraba. Ella no había dudado ni un momento en la paternidad de Castle. Y sí, que le dijese que se había pasado un mes entero con su ex-mujer sin salir de la cama, le ponía celosa – Lo siento – dijo él, y continuó – al mes siguiente ya sabíamos que iba a ser niña, porque a diferencia que tú a ella no le importaba saber el sexo del bebé– dijo en tono de burla. Beckett sonrió – Cuando nació, Meredith se vio superada por la situación. Decía que no estaba preparada para ser madre y se marchó. Desde entonces yo me hice cargo de Alexis. Esa es la historia.

Los siguientes minutos los pasaron en silencio. Beckett pensaba en lo duro que tendría que haber sido para Castle, verse solo en la tarea de ser padre, saber que su hija iba a crecer sin su madre al lado. Entonces Kate cogió la mano del escritor y la puso sobre su vientre, dándole a entender que ahora iban a estar los tres juntos, que ella iba a estar ahí. En unos minutos, ella se quedó dormida.

Cuando se despertó, tenía la cabeza apoyada sobre un cojín en lugar de sobre las piernas de Castle. Se incorporó para saber qué hora era y al hacerlo, vio a alguien en la cocina. Tuvo que esperar unos segundos, todavía adormilada, hasta darse cuenta de que era Espósito, que sujetaba tres botellas de cerveza.

-¿Qué haces aquí?

-Castle nos llamó para que le ayudásemos con una cosa – dijo señalando las escaleras. Beckett supuso que se refería a Ryan también y que debían estar haciendo algo en el piso de arriba - ¿Cómo te encuentras?

-Algo cansada ¿Qué tal en la comisaría, mucho trabajo?

-Bah, lo de siempre. Aunque debo decir que se nota tu ausencia.

-Sí. Castle se empeña en que nada de crímenes hasta dentro de un tiempo. Incluso me quita el teléfono para que no os llame. Es un paranoico.

Ambos se echaron a reír. En ese momento, Castle y Ryan bajaron las escaleras.

-¡Ey ya te has despertado! Vamos, te quiero enseñar algo.

Subió las escaleras con la ayuda de Castle. Odiaba no poder hacer las cosas por sí sola, aunque le reconfortaba saber que eso no duraría mucho.

Cuando llegaron al piso de arriba, Castle abrió la puerta de lo que iba a ser la habitación del bebé. Beckett no pudo evitar emocionarse ante lo que habían preparado. Castle, con la ayuda de los chicos, había montado la cuna para el bebé, el cambiador, habían pintado la habitación y la habían decorado. Era preciosa, en un tono canela.

-¿Cuánto tiempo he estado dormida? – preguntó Beckett, provocando las risas de todos.

-En realidad, yo la había estado pintando estos últimos días cuando dormías – confesó Castle – y a montar la cuna y los muebles me han ayudado los chicos.

Kate miró a sus compañeros, agradecida. Después se volvió hacia Castle, le cogió la mano, le hizo acercarse a ella y le besó dulcemente en los labios.