Por fin, aquí está el capítulo esperado. Espero que os guste :), espero vuestros comentarios!


Castle corría por el loft como loco, buscando las últimas cosas que creía necesarias para el hospital y Kate había olvidado meter en el bolso: cámara de fotos, cámara de vídeo por si esta última fallaba, las zapatillas de estar por casa de Kate, un par de pijamas más por si acaso…

Kate había ido a cambiarse de ropa. Acababa de romper aguas hacía cinco minutos, antes de acostarse. Intentaba coger aire y respirar. Según le había dicho Lanie, debía estar relajada ya que desde que rompía aguas se podía pasar incluso un día sin dar a luz.

Salió del cuarto de baño, Castle estaba esperando en la entrada del loft, un taxi les estaba esperando abajo.

-¿Lo llevamos todo? ¿Crees que nos dejamos algo? - preguntó él ya en el ascensor. Casi tenía la respiración más acelerada que ella.

-Rick – le dijo ella, poniendo su mano sobre la barbilla de él, obligándole así a mirarla y casi gritándole – tranquilízate. Necesito que te tranquilices, bastante nerviosa estoy yo y bastante dolor tengo como para que me pongas más histérica, ¿vale? Te necesito a mi lado, pero te necesito apoyándome.

Él pareció captar el mensaje.

-Lo siento.

Ambos se miraron a los ojos durante los cinco segundos que quedaban antes de que el ascensor llegase al piso de abajo. Estaban asumiendo lo que estaba ocurriendo, su bebé estaba a punto de nacer y ambos estaban realmente felices por ello. Sonrieron y se besaron, justo cuando el ascensor llegó abajo.

Cuando salieron del edificio no les estaba esperando ningún taxi, sino Ryan y Espo en el coche patrulla.

-¿Qué…. ?

-Pensé que así llegaríamos antes – le cortó Castle – vamos.

Espósito y Ryan se comportaron e intentaron también tranquilizar a Kate. No podían disimular estar felices, Beckett era para ellos como una hermana y Castle también era uno de los suyos. Con las luces de emergencia y a gran velocidad, llegaron al hospital en cinco minutos.

Una vez arriba, se llevaron a Kate a hacerle algunas pruebas, para ver cuánto había dilatado. Dependiendo de eso, el niño estaba a punto de nacer o todavía tendrían que esperar un rato más. Castle quería estar a su lado, pero ella le dijo que fuese a llamar a Martha, Jim y Alexis, supuso que Espósito había avisado ya a Lanie.

Cuando Castle regresó al lado de Kate, ésta ya llevaba puesta la bata de hospital y estaba sobre una camilla. Una enfermera le decía que cogiese aire y expirase.

-¿Es usted su marido? – le preguntó a Castle.

-Sí – contestó él. En realidad no estaban casados formalmente, pero eso no importaba en estos momentos.

-Hágalo usted con ella, le ayudará a concentrarse – le dijo la enfermera mientras ella se marchaba a comprobar unos papeles con otra enfermera.

Kate agarró la mano de Castle. Le agarraba tan fuerte que creía que le iba a arrancar los dedos. Castle trató de tranquilizarla.

-Ya he llamado a todos. Están de camino – entonces lo vio en sus ojos, estaba asustada, aterrada – Escúchame, todo va a salir bien. No me voy a separar de tu lado, ¿entendido? – ella asintió, mientras trataba de respirar como le había dicho la enfermera – Estoy aquí – dijo mientras le daba un beso en la frente.

Las contracciones habían ido a más y ella ya no podía aguantar el dolor. Apretó más fuerte todavía la mano del escritor y chilló. Un grito de dolor que hizo que hasta Castle lo sintiera. A él le estaba empezando a molestar que las enfermeras estuviesen por la habitación como si nada, controlando de vez en cuando mientras Kate se retorcía de dolor, a su lado. Ya le habían puesto la epidural, que se supone que debía calmarle, pero ella seguía gritando.

-¿No pueden hacer algo más para que no le duela?

-No podemos hacer nada más contra ese dolor – dijo la enfermera, con voz serena – En dos minutos vamos al paritorio.

Cinco minutos más tarde Kate estaba gritando como nunca antes había gritado, mientras Rick, de su mano, le gritaba que empuje. Ella lloraba de dolor, no creía ser capaz de poder empujar más.

-No puedo – dijo con lágrimas en los ojos, mirando a Castle.

-Un empujón más – gritó la enfermera – ya casi está aquí.

-Kate, sí puedes, estoy aquí, estoy aquí – dijo Castle, al que se le estaban comenzando a inundar los ojos, emocionado – una vez más Kate - le dijo agarrándole más fuerte la mano.

Ella empujó con todas sus fuerzas, hasta que escuchó el llanto de su bebé. Ya está. Todo había pasado.

-Ya está – le dijo Castle, le dio un beso en la frente y se acercó a la enfermera, que estaba cortándole el cordón umbilical a su bebé.

-Es un niño, felicidades – le dijo la enfermera. Envolvió al bebé en una toalla y se lo puso a Castle en brazos, quién sonreía, orgulloso, lleno de alegría – muéstreselo antes de que lo llevemos a lavar – le dijo, refiriéndose a Kate.

Castle se acercó a Kate y le puso a su hijo en brazos.

-Es un niño. Lo has hecho muy bien – le dijo Rick mientras besaba a Kate en la mejilla.

Ella no podía contener las lágrimas. No lloraba de dolor. Lloraba de alegría, la mayor alegría que jamás podría haber imaginado. Besó a su hijo en la cara, que se había tranquilizado al ponerlo en los brazos de su madre, y le dijo:

-Te quiero – Entonces supo que ese era el te quiero más sincero que jamás iba a pronunciar. Miró a Castle y le dijo – quiero que se llame Jameson.

-Jaime – susurró Castle, acariciando la cara de su hijo con el dedo – es perfecto.

Una enfermera vino a llevárselo para lavarlo.

-¿Quieres que me quede contigo? – le preguntó a Beckett.

-No. Ve con él – le pidió ella.

-Luego te veo – le dijo, dándole un beso en los labios.


Una vez que las enfermera habían bañado, pesado y medido al bebé, Rick le puso un pijama a su medida que Kate y él habían comprado una semana antes. Le quedaba perfecto. Rick se fijó en cómo se parecía el niño a Kate y sonrío, feliz. Tenía el pelo castaño, como los dos. La nariz, la boca y las orejas eran igualitas a las de su madre, incluso la forma de la cara. Esperó que por lo menos habría heredado el color de sus ojos. Aunque eso todavía era pronto para saber, ya que todavía no los abría del todo y sabía que a las semanas el color siempre variaba un poco.

Cogió al bebé en brazos y subió a la habitación, acompañado por una enfermera. Ésta le dijo que en unos minutos subirían a Kate.

-¿Pueden avisar a los familiares que están en la sala de espera? Para que conozcan al bebé. – preguntó él.

La enfermera asintió y en unos segundos llegaron Jim, Martha, Alexis, Ryan, Espósito y Lanie.

-Os presento a Jameson. Podéis llamarle Jaime – dijo Castle, orgulloso.

Los primeros que se acercaron fueron Jim y Martha, seguidos de Alexis. El bebé escuchaba atento las voces.

-Oh, pero mira qué preciosidad – dijo Martha, emocionada.

-¿Queréis cogerlo? – preguntó Castle mirando a los tres. Jim y Martha se negaron.

-Parece tan pequeño, tan indefenso, que parece que le podamos hacer daño – dijo Jim. Martha estaba de acuerdo y tampoco se atrevió a cogerlo.

-¿Puedo cogerlo yo? – preguntó Alexis.

Castle puso a Jaime en brazos de su hermana. Su padre sacó el móvil y les sacó su primera foto juntos. Después, mientras Alexis tenía al bebé en brazos, Espo, Lanie y Ryan. Aprovecharon para felicitar a Castle y preguntarle por Beckett. Pero enseguida vino una enfermera, diciendo que habían terminado las visitas.

-¿Yo puedo quedarme, verdad? – le preguntó Jim a la enfermera – para ver qué tal está mi hija.

La enfermera le permitió quedarse, mientras todos los demás abandonaban la sala.

Jaime comenzó a llorar y Castle comenzó a acunarlo un poco en sus brazos.

-¿Tienes hambre? – le decía – ahora viene mamá. –Se sorprendió a sí mismo poniendo gestos y hablando a su hijo con esa voz.

Jim se acercó a él y le puso el dedo en la mano al bebé, que se la agarró como acto reflejo. Estaban riendo por lo que el pequeño acababa de hacer, cuando unas enfermeras entraron a Kate en una camilla. Jim se posicionó al lado de la cama y abrazó a su hija, felicitándola.

-Gracias papá – le dijo ella, devolviéndole el abrazo. Tenía ganas de decirle cuánto echaba de menos a su madre, ahora más que nunca, pero no lo hizo, sabiendo que a su padre también le causaría un gran dolor.

-¿Cómo te encuentras? – le preguntó.

-Cansada – aseguró ella – pero feliz – ambos sonrieron.

Castle le puso al bebé en brazos. Parecía que se calmaba al estar cerca de ella.

-Te reconoce. Sabe que eres tú – le dijo Castle – se calma cuando lo coges.

Eso hizo sonreír más a Kate.

-Creo que tiene hambre – dijo.

-Me voy a ir para que podáis descansar tranquilos – dijo Jim, besando a su hija en la frente y acariciando suavemente al bebé – me pasaré mañana. Adiós Rick – dijo, dándole unas palmadas en el hombro.

Por fin se quedaron los tres solos.

-Es precioso – dijo ella, acariciando el rostro de su pequeño bebé.

-Se parece mucho a ti. Espero que por lo menos tenga mis ojos. Y mi talento – dijo Castle, bromeando.

Después de darle de comer, Jaime se quedó dormido en los brazos de su madre. Ni ella ni Rick podían quitarle ojo de encima, era tan pequeñito y dormía tan a gusto… pero ambos decidieron que lo mejor era ponerlo en su cunita, que estaba al lado de la cama de Kate, para que ella también pudiese descansar.

Castle acercó un sofá que estaba al lado de la ventana y lo puso al lado de la cama y la cuna y le dio la mano a Kate. Los dos se quedaron dormidos también en cuestión de segundos.


El nombre del bebé, Jameson, es por los libros de Castle (Jameson Rook es su personaje)