Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Aclaraciones y Advertencia: Este fic está ambientado en los juegos de calabozos y dragones y contiene, fantasía, yaoi, lemon y AU.
Parejas: Ninguna hasta el momento.
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Hetalia Fantasy
Capitulo 5.- Laberinto
No lo entendía, simplemente no comprendía. ¿Por qué no simplemente atacaban la prisión, liberaban a Miquiztli y huían?
Él era uno de los hechiceros más importantes de Uxmal. No tenía por qué estar pasando por eso, entonces… ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué se involucraba en eso? Gruñó por lo bajo al escuchar la escandalosa risa de Alfred a sus espaldas y recordó la estúpida promesa que lo ataba a él.
— ¿Necesita algo más? —le preguntó el encargado con amabilidad. Itzamma y Alfred habían ido a la armería para comprar algunos cuchillos, una espada corta y otras cosas para la pronta misión.
—No —dijo Itzamma secamente mientras pagaba la mercancía; aun tenía que comprar algunos ingredientes para darles magia.
—¡El héroe quiere esto! —chilló Alfred levantando un pesado mazo del doble de su tamaño; cuando el comerciante lo vio, casi le da un infarto. Itzamma dio un largo suspiro, seguramente algún dios lo odiaba.
Después de un rato salieron del establecimiento, de repente, Itzamma chocó con alguien, ocasionando que ambos cayeran al suelo, uno sobre otro.
—I-Iván… —tartamudeó el moreno, un tanto sorprendido. Estaba ligeramente sonrojado por la cercanía pues no estaba acostumbrado al contacto humano.
—¡Es mío! —escucharon de Alfred, antes de levantar a Itzamma, cargándolo por la cintura como un saco de patatas.
—¡Suéltame idiota!—gruñó el hechicero pateando y dando manotazos a su compañero quien estaba entretenido mirando a Iván con deseos homicidas.
Pero Iván no se inmutaba con las miradas de Alfred, él también le dedicaba las propias. La pelea se vio interrumpía cuando Jones dejó escapar un fuerte grito; Itzamma acababa de morderlo ocasionando que su compañero lo dejara caer de manera brusca.
—¡Idiota! —gritó Itzamma antes de golpear a Alfred y dejarlo inconsciente con su propio mazo.
Iván parpadeo un par de veces, por un momento había sentido el mismo terror que le causaba su hermana pequeña.
—Vamos grandote, necesito compañía —dijo Itzamma entregándole el bolso donde llevaba todo lo que acababa de comprar, por inercia, Iván lo tomó, dejándose conducir por el habitante de Uxmal.
Iván e Itzamma se encontraban sentados en la orilla de una fuente –increíblemente, Alfred los había dejado solos –, el moreno comía algunos dulces que había comprado en el mercado.
—¿Cómo es tu pueblo natal? —preguntó Itzamma, mirando al azabache.
—Frío —respondió Iván sonriendo infantil —. En Russel siempre es invierno, nada crece, salvo algunas plantas de sabor amargo y fibroso, da.
—Debe ser horrible —comentó el hechicero quien estaba acostumbrado al buen tiempo de Uxmal.
—El mundo fuera de Uxmal es extraño… —comentó Itzamma —pero me alegro de estar aquí —agregó con una sonrisa.
Iván miró detenidamente al moreno; tenía deseos de preguntarle sobre su hogar, pero temía que el hechicero se alejara, por suerte para él no hubo necesidad de preguntar, pues Itzamma mismo comenzó a contarle de su hogar.
Uxmal era un lugar místico en donde la magia de la naturaleza dominaba todo el lugar. Era el hogar de elfos, hadas, animales y otras criaturas que odiaban a los humanos por creerlos culpables de la gran guerra.
—Alfred fue el primero en ser aceptado —admitió Itzamma —, todo por haber salvado a mi hermana.
Iván no lo comprendía, para él, Itzamma se veía como cualquier humano; tenía dos manos, dos piernas, un rostro masculino pero hermoso, cabellos negros y largos, ojos café oscuro, piel morena corrompida por tatuajes de estaños diseños.
Itzamma cerró los ojos, un agradable viento meció las copas de los árboles. Estaba confundido por el extraño cosquilleo que parecía nacer en su estómago, su corazón estaba acelerado y lo invadieron unas ganas enormes de abrazar al bárbaro. Sacudió la cabeza al darse cuenta que no sólo quería abrazarlo, sino ir más allá; era estúpido, él no podía tener esa clase de deseos por nadie que no fuese de Uxmal, las consecuencias serían terribles, además, Iván era un humano y…
— ¿Le sucede algo a Itzamma? —preguntó Iván un poco preocupado por su compañero.
—No —respondió secamente.
Nuevamente el silencio se apoderó de los jóvenes; aunque éste, no duró mucho, pues a le hechicero le carcomía por dentro.
—Yo… se que debes tener tus propias razones para participar en esta misión, pero… —Itzamma dio un suspiro, le costaba tanto dejar de lado su orgullo. —Gracias, por ayudarme a rescatar a Miquiztli —dijo y sonrió.
Esto tomó por supresa a Iván, pues Itzamma era la primera persona que lo trataba con normalidad, el hechicero no parecía asustado de él. Y es que el hechicero se sentía más cómodo con el bárbaro que en compañía de los demás, especialmente de Alfred.
—¿Sabes? No me molesta la idea de que tú visites Uxmal, pero no que el resto lo haga —admitió sin darse cuenta. —En fin, hay que ir con los demás.
Luka los había citado en las afueras del poblado del lado este donde las alcantarillas descargaban sus pestilentes aguas al río. Según los informes que había recabado, había historias que hablaban de criaturas extrañas habitando las cloacas que se parecían a la descripción que Francis, Antonio y Gilbert habían dado.
—Las alcantarillas son una red de canales que se entrelazan entre sí —dijo Luka —. Debemos dividirnos para abarcar más terreno.
—Bien, Gilbert y Alfred serán el primer equipo, Francis y Arthur el segundo, Itzamma e Iván el tercero, el resto seremos el cuarto.
Luka les entregó un mapa a cada equipo y daba gracias porque Tino se tomara las molestias de hacer duplicados.
—De ninguna manera dejare a Itzamma con este idiota —habló Alfred enojada.
—No pedí tu opinión —respondió Elizabeta con el ceño fruncido.
—Tú no eres mi jefa —dijo desafiante —. Itzamma y yo debemos estar juntos —el aludido puso los ojos en blanco por el berrinche de su compañero de viajes.
La tensión alrededor de ambas era grande y de sus ojos salían pequeños rayitos; ninguno quería ceder.
—Bien, tú, Iván y Itzamma harán un equipo —habló molesta
Luka miró al Uxmali y a Alfred, ¿Por qué motivo debían estar siempre juntos? Quizás muy pronto lo averiguaría.
….
Las cloacas eran una maraña de túneles que bien podrían llevar a un callejón sin salida o una caída mortal, los mapas que Luka les había dado sólo les servían para la primera parte, pues los pasadizos parecían mutar a cada tanto.
La oscuridad sólo era rota por pobres y sucios rayos de luz que se colaban por los accesos que había en las calles para permitir la entrada al agua y basura del poblado.
Las innumerables bóvedas y los estrechos pasillos hacían del lugar un perfecto escondite para muchos tipos de alimañas.
Entre las penumbras eternas. Sólo los ojos de los elfos eran capaces de ver lo que el velo oscuro guardaba con recelo. A Itzamma no le suponía un gran problema la oscuridad, por eso iba delante de Iván y Alfred.
Alfred había tenido la idea de que su compañero creara bolas de fuego para iluminar el camino pero lo descartaron ya que los gases encerrados en ese lugar podrían llegar a ser peligrosos.
— ¿Qué sucede? —dijo Alfred al chocar de lleno con la espalda de su amigo.
—El camino se divide dos metros más adelante —respondió Itzamma. —Son tres pasadizos.
— ¿Cuál debemos tomar? —preguntó Iván.
Itzamma agudizó sus sentidos con ayuda de un hechizo. El camino de la izquierda conducía a una cascada; podía escuchar claramente el agua y por el ruido que ésta hacía, sabía que debía tener por lo menos unos diez metros. La del medio no tenía salida por lo que sólo quedaba la de la derecha.
Por otro lado, Luka y Elizabeta había llegado hasta una cámara. La luz se filtraba en ese lugar con mayor facilidad que el resto de los sitios que tuvieron que atravesar. Aún así, la oscuridad gobernaba casi todo.
La guerrera escuchó un sonido proveniente de las sombras, como el sonido de ratas, unas de gran tamaño. Llevó su mano a la empuñadura de la espada, cerrando sus dedos en ella, llamó la atención del hechicero.
— ¿Qué sucede? —como respuesta, ella sacó su espada señalando al frente.
—No estamos solos —Luka pudo distinguir entre las sombras unos ojos tan rojos y brillantes como carbones encendidos.
—Tal parece que ese trío no estaba mintiendo —dijo Elizabeta poniéndose en posición de pelea.
Luka creó una esfera de luz que lanzó al techo donde estalló arrancando el velo de tinieblas y revelando a las horrendas criaturas. Un espantoso chillido resonó por todos los rincones saliendo a la superficie como un llanto fantasmal.
— ¿Qué fue eso? —dijo Francis sintiendo como todo su cuerpo se tensaba y los bellos de su piel se erizaban por causa de ese sonido de ultratumba.
—Fue cerca de aquí —habló Gilbert echando a correr, seguido por sus dos compañeros.
También Iván, Itzamma y Alfred corrieron pues el Uxmali había sentido la magia de Luka muy cerca de ahí. El hechicero sospechaba que él y Elizabeta iban a necesitar mucha ayuda.
Ambos equipos llegaron justo en el momento en que la pelea se desató con esas horrendas criaturas que parecían salidas del mismo infierno.
Eran alrededor de una veintena cuando llegaron pero iban aumentando con forme el chillido seguía, hasta que llegaron a ser mas de cien.
— ¡Cuidado! —Alfred le cortó la cabeza a una de las criaturas que habían intentado atacar al moreno. Itzamma chasqueó la lengua. Cerró los ojos y se centró en crear tres esferas de fuego que comenzaron a girar a su alrededor con una enorme velocidad. Una de ellas salió disparada contra un grupo de cinco que atacaba a Francis.
—Gracias hermosura —le dijo el bardo guiñándole un ojo ocasionando un ligero sonrojo en el hechicero que por poco pierde la concentración.
Por su parte, Gilbert y Antonio hacían lo propio. Ambos ladrones luchaban cuerpo a cuerpo, mientras que Alfred disparaba a diestra y siniestra.
La encarnizada pelea terminó poco después con la caída del más grande. Con la calma restaurada, el grupo pudo percatarse que una de esas cosas era la misma que habían encontrado en la posada.
—Con esto, la guardia no tendrá más remedio que dejar en libertad al felino —dijo Luka una vez recuperó el aliento.
—En ése caso no me queda más que llevarte a Uxmal —habló Itzamma con seriedad; estaba consciente que llevar extranjeros a tierra sagrada era el peor de los crímenes y lo iba a pagar con la vida, pero le debía la libertad de Miquiztli y su honor lo obligaba a saldar la deuda.
Salieron de las cloacas. Marcharon rumbo a la alcaldía cargando con el cuerpo del verdadero asesino.
Como fue pactado Miquiztli quedó en libertad y el alcalde les dio a todos una medalla por su valentía, el más grande honor en ese poblado, además de doscientas piezas de oro a cada uno y sus armas.
Esa noche se ofreció un gran banquete en el que todo el pueblo participó para honrar a sus nuevos héroes. Él único que no celebraba era Iván, quien se había refugiado en las sombras, ocultándose de la gente y de sus compañeros. Desde su lugar podía ver cómo sus compañeros se divertían.
—A mí tampoco me agrada —dijo Itzamma quien había aparecido tan de repente que le sobresaltó —. Los humanos me parecen tan hipócritas —el jaguar gruñó como dándole la razón a su compañero.
Iván levantó una ceja interrogante. Cómo si el moreno estuviera escuchando sus pensamientos dijo:
—No soy humano, este es un disfraz, los de Uxmal no somos como piensas.
El jaguar pareció decir algo e Itzamma asintió con la cabeza; hizo un gesto con la mano a modo de despedida y se fue dejando a Iván con más preguntas que respuestas.
¿Qué habrá querido decir con que no era humano?
Continuará…
