Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Aclaraciones y Advertencia: Este fic está ambientado en los juegos de calabozos y dragones y contiene, fantasía, yaoi, lemon y AU.
Parejas: Ninguna hasta el momento.
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Hetalia Fantasy
Capitulo 6.- Tzizimine
Habían reanudado el viaje, ahora con la compañía de Luka en el grupo, a ninguno de ellos les agradaba la presencia del hechicero, pero habían hecho un trato y debían cumplirlo; aunque aún estaba la misión del rey pero por alguna razón, las pistas que obtenían para recuperar el objeto del monarca parecían guiarlos en la misma dirección al que el miembro de la orden del oso polar.
El más molesto con aquella situación era sin duda Itzamma, pues cada kilometro recorrido, con cada hora, cada día y noche se acercaban más a Uxmal.
Se detuvieron cerca de un río para pernoctar; Itzamma se alejó del grupo junto con Miquiztli para refugiarse en los árboles. El moreno recargó su cabeza en el grueso tronco, aspiró el delicioso aroma del bosque que llenaba sus sentidos y lo relajaba; la madre naturaleza era increíble, con tan algo tan simple era capaz de hacer que sus hijos se sintieran protegidos y amados.
Miquiztli miró a su compañero, hizo algunos sonidos que Itzamma comprendía a la perfección pues hizo un puchero y se cruzó de brazos.
—¿Crees que no lo sé? —dijo molesto, dio un largo suspiro. Había estado rogando a los dioses para que su misión del rey los llevara lejos de Uxmal, pero parecía que alguna fuerza estaba empeñada en hacer justamente lo contrario.
Itzamma comenzaba a preocuparse, si su padre u otro líder de clan se enteraba que él ayudaría a un grupo de humanos a entrar a Uxmal, lo más probable es que tuviera una muerte dolorosa y peor aún… deshonrosa.
Inconscientemente comenzó a acariciar la cabeza de Miquiztli quien había comenzado a ronronea relajado por las atenciones del moreno. Los pensamientos de Itzamma lo transportaron a los días en los que corría entre las arboledas junto a su hermana, saltando de copa en copa, cazando, practicando los antiguos rituales de guerra, pero ahora esos días habían quedado atrás.
—Itzamma se ve preocupado, da —aquella voz los sobresaltó, ocasionando que ambos se maldijeran internamente por haber bajado la guardia; algo cómo eso pudo a verles costado la vida.
—Iván… —dijo tratando de recuperar la compostura; miró sus manos y agradeció a los dioses que su disfraz no hubiese desvanecido. —¿Qué sucede?
El bárbaro lo miró unos segundos haciendo que Itzamma se sintiese incómodo.
—Nada, estoy bien —respondió desviando la mirada.
—¿Es porque debes llevarnos a Uxmal? —Itzamma observó a Iván sorprendido, su tono de voz expresión había cambiado, ahora se veía más masculino. —¿Por qué los extranjeros no pueden entrar? —el moreno dio un largo suspiro.
—En tiempos pasados, Uxmal solía comerciar con los pueblos extranjeros —Iván asintió con la cabeza; había escuchado viejas leyendas sobre los objetos provenientes de aquel místico reino. —Cuando Jagadht comenzó con su conquista; Quetzalpétatl y Quetzalcóatl crearon montañas tan altas que mi las criaturas del cielo podrían pasarlas, un río en cuyas aguas habitaba una serpiente gigante, pero dejaron una pequeña entrada con el fin de que el comercio continuara.
Pero con el tiempo los otros reinos comenzaron a repudiar a Uxmal al ser el único lugar en no sufrir la furia del dios oscuro.
—Aún así, algunas personas de Uxmal no perdían la fe y seguían llevando su mercancía al exterior, hasta que… —Itzamma apretó los puños sintiendo hervir la sangre —los atacaron, la mayoría logró escapar pero un joven no tuvo la misma suerte —cerró los ojos.
—¿Qué le sucedió?
—Fue quemado vivo —respondió Itzamma con voz cargada de ira.
Iván se quedó callado; ahora comprendía la razón por la que los habitantes de Uxmal no abandonaban su hogar, aunque no entendía el porqué Alfred no había sido asesinado y en lugar de eso, Itzamma lo acompañaba.
—¡Izama, la cena está lista! —gritó Alfred. Itzamma dijo unas palabras en un idioma que Iván no logró comprender. Detestaba que ése rubio le cambiara el nombre y lo tratara cómo si fuesen amigos.
Itzamma bajó del árbol con la gracia de una pluma, a los ojos de Iván, el joven hechicero parecía flotar.
—Vamos grandote que tú también necesitas comer —le dijo Itzamma desde el suelo.
Después de comer y se prepararon para dormir; a la mañana siguiente reanudaron el viaje. Itzamma seguía de mal humor, esto no mejoraba gracias a Alfred y sus intentos por alegrar a su amigo.
—Pronto llegaremos al encuentro de mis compañeros —habló Luka de repentinamente ocasionando que Itzamma parara su caballo en seco y lo mirara cómo una bestia salvaje a punto de atacar a su presa.
—No, definitivamente no —dijo con voz oscura. —Ya es suficiente con tener que llevarlos a ustedes.
—Es necesario, ellos…
—Me importa un carajo —lo interrumpió —Al idiota de Alfred no le harán nada porque le debemos la vida de uno de los nuestros, pero ustedes son intrusos y los mataran y a mí también por llevarlos —suspiró. —No es broma, no nos agradan los invasores y tan pronto como los vean, los mataran.
Alfred se acercó a Itzamma y posó una mano en su hombro tratando de tranquilizarlo pero éste se apartó con brusquedad. El hechicero estaba furioso y al rubio le preocupara que su verdadera forma saliera a flote.
—Tenemos un trato…
—¡El trato era que sólo los llevaría a ustedes! —rugió Itzamma. Iván contuvo la respiración, por un momento las manos del moreno se volvieron garras.
—Itzamma, recuerda que le prometiste a tu padre que no te alterarías —cual mágicas palabras, el aludido se calmó, cerró los ojos y respiró profundamente para alejar los restos de furia. Alfred suspiró aliviado —. Sería bueno que nos detuviéramos a descansar.
El grupo asintió, estaban demasiado confundidos como para replicar. Itzamma dio un largo suspiro, bajó de su caballo y sin medir palabra se adentró en el bosque; de pronto tenía la urgencia enorme de escapar de todos.
Corrió entre los árboles, tratando de alejarse de todos y de todo. Cayó de bruces. Golpeó el suelo con los puños hasta lastimarse; maldijo en nombre de todos sus dioses el sentirse tan furioso, pero no podía evitarlo, estaba llevando a un grupo de humanos a tierra sagrada; a Itzamma poco le importaba si le ejecutaban por romper una de las más importantes leyes, sí era únicamente él le daba igual, pero con seguridad los grandes sabios castigarían a su familia y a su pueblo y eso era algo que no podía permitir. Detuvo sus pensamientos; sus sentidos se alertaron pero inmediatamente se relajaron al comprobar de quien se trataba.
—Iván —dijo levantándose pero sin mirarlo de frente.
—¿Itzamma se encuentra bien? —el aludido asintió con la cabeza pero aún le daba la espalda al bárbaro.
—No debiste venir… ¿es que Alfred no te detuvo? —Iván no respondió. La verdad era que el tirador ni siquiera había hecho intento de detenerlo más allá de decirle que Itzamma podía arrancarle la cabeza si lo molestaba en su estado actual.
—Es mejor que regresemos —Itzamma iba a responder pero se paró en seco, acababa de sentir una presencia y segundos después escuchó el llamado de Miquiztl, algo malo estaba pasando.
…..
El grupo estaba siendo atacado por unos seres de cuerpos translucidos y aspecto repugnante; aquellos seres no podían ser heridos con arma o hechizo alguno. Sus chillidos laceraban los oídos.
Debían encontrar una forma de acabar con ellos o estarían perdidos.
Cuando Iván e Itzamma llegaron no podían creer lo que veían; las criaturas que atacaban a sus compañeros tenían cabezas de cráneos humanos, largos cuellos de donde parecían nacerles serpientes, sus cuerpos eran como los de perros de gran tamaño.
—Maldición —gruñó Itzamma, sus ojos se volvieron rojos y se dilataron como los de un gato, sus manos se volvieron garras por un segundo. Cerró los ojos, murmurando unas palabras que Iván no logró comprender; de pronto una gran ave de plumas multicolor apareció y comenzó a cantar.
Cuando aquellas bestias escucharon al plumífero, comenzaron a retroceder, soltando chillidos, cómo lamentos y desaparecieron.
—¿Se encuentran bien? —preguntó Itzamma con indiferencia mientras se alejaba unos pasos y se cubría la nariz con una mueca de asco al percibir el olor a sangre.
—¿Qué… fue lo que hiciste? —preguntó Arthur mirándolo como si de pronto le hubiese crecido otra cabeza.
—Eran Tzizimine, espíritus malignos que se alimentan del miedo. Ningún arma o encantamiento puede lastimarlos, sólo el canto de un quetzal puede matarles —Itzamma dio un largo suspiro. —Bien, los llevare a los limites de Uxmal, no más lejos…
—El trato era que nos condujeras por el reino… —replicó Luka en tono molesto. El moreno frunció el ceño y soltó un gruñido parecido al de un león.
—El trato se rompió en el momento que tú quisiste incluir más personas —Luka abrió la boca para protestar pero Itzamma no se lo permitió —. Cuando estemos en el inicio del bosque de Uxmal, hablare con los ancianos, si ellos aceptan los dejaran entrar, si dicen que no, nada podre hacer —sentencio.
Luka dio un largo suspiro pero asintió con la cabeza.
—Bien, pero pasaremos por mis compañeros al siguiente poblado.
—De acuerdo.
Era una locura e Itzamma lo sabía, pero lo que acababa de ocurrir lo obligaba a actuar; ya no tenía alternativa, la aparición de Tzizimine fuera de la entrada del Mictlan, eran el indicativo de algo peor.
Continuará…
