Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Aclaraciones y Advertencia: Este fic está ambientado en los juegos de calabozos y dragones y contiene, fantasía, yaoi, lemon y AU.

Parejas: Ninguna hasta el momento.

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Hetalia Fantasy

Capitulo 7.-

Gimió de placer; odiaba esa sensación no por ser una debilidad de su cuerpo, no, lo detestaba ser producido por alguien tan molesto como lo era el rubio. Cerró los ojos al sentirse invadido y contuvo sus deseos de vomitar cuando su cuerpo fue llenado por el producto del orgasmo.

—Itzamma siempre es delicioso —dijo Alfred sonriendo de oreja a oreja en el momento que salía del cuerpo del hechicero. Los ojos del moreno se volvieron como los de un gato, largos y afilados colmillos se asomaron por debajo de sus labios y gruñó molesto.

—No sabes cómo te detesto, humano idiota —Alfred rió estridente; salió de la cama para comenzar a vestirse.

—Iré por algo de comida, ¿se te antoja algo en especial?

—Qué tal… ¿tu corazón en salsa verde?

Itzamma se cubrió con las sábanas para no ver a Alfred. El rubio sonrió al distinguir el movimiento de una cola bajo las colchas que delataba el enojo del moreno; aún recordaba el día que llegó por causalidad a Uxmal y lo sorprendido que estaban de ver a todos esos extraños seres que no eran ni humanos ni bestias.

Alfred recordó a Aquetzalli (cuya belleza no se comparaba a la de su hermano Itzamma), una amazona en toda la extensión de la palabra; era fuerte y orgullosa, tanto que no había emitido ni un solo sonido a pesar de estar recibiendo una paliza por parte de un grupo humano, a ella lo único que le interesaba era proteger a su hermano y a sus amigos inconscientes, fue por eso que decidió ayudarla.

Sonrió al recordar lo confundido que estaba cuando el líder de la tribu dijo que ahora Itzamma lo acompañaría por seis años para pagar la deuda que tenían con él por salvar a su princesa; Alfred se llevó una mano a la mejilla de forma distraída al recordar el golpe que Coautli le había propinado, era el único que en verdad parecía querer a Itzamma.

—¿Aún sigues aquí? —dijo Itzamma sin mirarlo —Ya lárgate de una puta vez.

Alfred no dijo nada, sabía bien que no debía molestar a su amigo después de tener sexo pues por alguna razón siempre se enfadaba. Abandonó la habitación en silencio. Cuando Itzamma estuvo seguro que se había alejado lo suficiente, se incorporó en la cama para quedar sentado; su cuerpo estaba desprovisto del disfraz humano, hizo una mueca de enfado; Alfred siempre lo tomaba con su apariencia verdadera, lo que le hacía pensar que era una clase de zoofórico.

—Mejor yo que Aquetzalli —dijo Itzamma tratando de encontrar consuelo en dichas palabras. Comenzó a caminar por la habitación, completamente desnudo, llegó hasta el espejo que descansaba sobre un pequeño taburete, examinó sus facciones, su pelaje. Dio un largo suspiro; se sentía como uno de esos animales encerrados cruelmente para disfrute de las personas. —Soy como ellos.

Su padre lo había prácticamente regalado a Alfred con tal de que su preciosa hija, su orgullo no se viera obligada a cumplir con la ley de servir a quien la había salvado; los ancianos estuvieron de acuerdo, una hembra y que además era guerrera sin duda era mucho más importante y valiosa que un simple hechicero. A Itzamma le dolía pero no le sorprendía, después de todo su padre siempre lo trató como un ser inferior, únicamente contaba con el apoyo de Coautli, su hermano mayor, que trató de defenderlo a capa y espada, incluso había golpeado a Alfred con tal de evitar que se lo llevaran, pero al final, tuvo que calmarse pues Itzamma había aceptado su destino.

—Lo que más temo es que Coautli me odie por llevar a extranjeros a tierras sagradas —realmente poco o nada le importaba que su padre o la tribu entera lo aborreciera, pero si su hermano lo hacía… francamente no querría seguir viviendo.

La puerta se abrió sin que Itzamma se diera cuenta, demasiado metido en sus pensamientos para poner atención a su entorno. Sus garras acarician el suave pelaje de su mejilla, su cola se mueve con cierta rapidez, está inquieto. Sus orejas se mueven de un lado a otro, acaban de percibir algo, su cuerpo se mueve en un auto reflejo para evitar el golpe de una espada que termina por partir taburete a la mitad.

—No sé como entraste aquí criatura, pero más vale que no hayas lastimado a Itzamma o te arrepentirás de haber nacido.

Itzamma estaba sorprendido, Iván estaba hablando sin usar la tercera persona y se le veía realmente enojado.

—Tranquilo grandote. Soy yo, Itzamma —Iván abrió los ojos de par en par, aquella voz… era sin duda la del moreno. El bárbaro lo contempló detenidamente en apariencia era muy parecido a Miquiztli pero más grande y caminaba sobre sus poderosas patas traseras, su rostro era casi humano, tenía grandes ojos como los de un gato y afilados colmillos se asomaban por debajo de sus labios.

—¿En verdad eres Itzamma? —el jaguar asintió con la cabeza. Iván parpadeo un par de veces, se acababa de dar cuenta de la desnudes del moreno y ese inconfundible aroma a sexo.

El mago suspiró pesadamente, era obvio que Iván tenía preguntas y que no podía evitarlas. Con paso lento se acercó al mueble junto a la cama; había un collar, dos brazaletes y un único arete, se los colocó con cuidado, inmediatamente, su cuerpo se transformó en el de un humano. Tomó la sábana para cubrir su desnudez.

—Supongo que tendrás muchas preguntas —Iván asintió con la cabeza. Itzamma dio un suave suspiro, no tenía idea del porque estaba a punto de abrirse a ese humano pero por alguna extraña razón lo llenaba de paz —. Te veré a las afueras del pueblo, Miquiztli te llevará.

Iván asintió con la cabeza, salió de la habitación sin pronunciar palabra, después de todo el moreno necesitaba privacidad y él necesitaba quitarse la furia que inexplicablemente le había causado el olor a sexo en el cuarto.

Miquiztli se encontraba afuera de la habitación, miró al bárbaro, movió la cabeza indicándole que lo siguiera; Iván no podía evitar sorprenderse de la inteligencia del animal y de la enorme conexión que tenía con Itzamma pues el jaguar lo llevó a las afueras del poblado hasta un sitio cercano al río donde media hora después llegó el mago, aseado y con su apariencia humana.

—¿Qué es lo que quieres saber, humano? —Iván sintió un extraño dolor en el corazón por las palabras de Itzamma, ¿no se supone que eran amigos?

—Todo —el mago asintió con la cabeza, le explicó que en Uxmal existían muchas tribus y que no todas en todas había criaturas con su apariencia, le habló de su padre y de cómo lo entregó a Alfred para salvar a su preciada hija, de su hermano Coautli quien trató de protegerlo hasta el último momento. Mientras más escuchaba Iván, mas se enfurecía.

—¿Desde cuándo Itzamma es pareja de Alfred? —preguntó Iván de repente, aquello tomó por sorpresa al moreno quien sin saber porque respondió con la verdad.

—No tenemos esa clase de relación. Yo le pertenezco a Alfred y él puede hacer lo que desee conmigo, pero no hay sentimientos de por medio (al menos de mi parte).

—¿Por qué Itzamma no se revela? —Iván realmente se sentía confundido, en el tiempo que llevaban viajando había visto en el joven hechicero una persona fuerte que no le temía a nada ni se sometía.

—Aún faltan tres años más para pagar la deuda —respondió abatido. Itzamma se veía tan frágil en ese estado que Iván no pudo evitar abrazarlo. Un extraño calorcito se apoderó de ellos, era tan confuso; de pronto sentían la necesidad de estar cerca él uno del otro.

—Iván estará con Itzamma hasta el final, da —dijo el bárbaro después de un momento de silencio.

—Gracias —entonces, el hechicero hizo algo que Iván no se esperaba, le dio una pequeña lengüetada en la mejilla muy cerca de la comisura del labio, eso sin duda era un beso. Después se separó pero no lo suficiente para romper el abrazo —. ¿Sabes? Eres el primer humano que me gusta.

—Itzamma también le gusta a Iván, da —admitió sonriendo aunque no estaba seguro que clase de "gustar" era el que sentía por el moreno entre sus brazos.

Después de un rato, los dos se sentaron bajo la sombra de un árbol mientras Miquiztli descansaba en una de las ramas; ambos hablaron de su vida, Itzamma parecía muy interesado en conocer aquellas tierras de donde provenía Iván y éste a su vez le entusiasmaba la idea de visitar Uxmal y ver con sus propios ojos aquellos bosques llenos de vida y color.

Continuará…