Una vez más, repito que muchísimas gracias por vuestros comentarios.
Este capítulo se lo dedico, especialmente, a Capde91 que me pidió algo así (espero que te guste).
Por fin estaban los dos solos. Martha se había llevado a Jaime a dar un paseo. La actriz había dicho que quería presumir de nieto, aunque Castle sabía que en realidad era una ayuda de su madre para dejarles tiempo a solas, sin tener que preocuparse por el bebé.
Castle levantó el pantalón de Kate del suelo y cogió las esposas del bolsillo trasero.
-Vamos a jugar un poco.
Kate le sonrió, mordiéndose la lengua. Se quitó la camisa blanca y la tiró al suelo, quedándose solamente con un sujetador de encaje y unas finas bragas negras.
Él se acercó a ella, pasando su mano por su cadera, rozando su vientre hasta sus pechos para después llegar a su cuello entrelazando sus manos entre el pelo de ella. Le dio un suave beso en los labios al mismo tiempo que la inclinaba, haciendo así que se tumbase en la cama.
Ella lo agarraba del cuello, mientras continuaba el beso que él había comenzado. Pero él, le paró, haciéndole saber que iban a ir a su ritmo. Kate cerró los ojos, mordiéndose el labio. Aquello le gustaba al mismo tiempo que le irritaba; a Castle le gustaba ir despacio, le gustaba hacerle disfrutar cada minuto de placer.
Sin hacer caso del gesto de su Detective, Rick agarró suavemente la muñeca de Kate, poniéndole las esposas para después hacer lo mismo con la otra, dejándola atada a la cama. Él sonrío, le encantaba ver cómo su musa se dejaba que él le hiciera, que él le guiara y no al revés.
Él comenzó a desnudarse, mientras ella le observaba desde la cama. Él iba despacio, mientras que la respiración de ella era cada vez más acelerada.
Cuando Castle se acostó en la cama comenzó a recorrer con sus dedos el contorno de sus perfectas curvas, su olor al llegar a su cuello. Ella giró la cabeza para besarle, pero él no la dejó. Recorrió su hombro suavemente hasta llegar al tirante del sujetador, comenzó a bajarlo despacio hasta llegar a la altura del hombro de su musa, metió suavemente la mano por debajo de su espalda hasta llegar al cierre del sujetador, el cual no tuvo ningún problema en soltar con una sola mano, mientras con la otra acariciaba su muslo.
Pronto se deshizo del sujetador, tirándolo al suelo, y comenzó a tocar y besar sus pechos, excitándola todavía más. Ahora solo estaba protegida por su ropa interior inferior. Estaba preciosa.
Ella comenzaba a desquiciarse. Quería que él fuese más rápido, quería que le diese más, pero sabía que pedírselo solo iba a servir para que le hiciese sufrir más en aquella dulce agonía de placer.
Comenzó a besar su piel, su vientre desnudo. Mientras ella se arqueaba y soltaba un pequeño gemido de placer, él continuó bajando poco a poco hasta el borde de su ropa interior, de la que se deshizo suavemente, tomándoselo con calma.
Después de tocarla y saborearla ahí abajo, subió hasta rozar sus labios. Sus lenguas se rozaron, sus labios se fundieron en uno solo. La desesperación de ella contra la lentitud y el disfrute de él.
Entonces comenzó a moverse suavemente dentro de ella. Una y otra vez, mirando su cara de placer, ardiente, disfrutando.
Ella deseaba tocarle, acariciarle, pero tenía las manos esposadas.
-Por favor – le suplicó, pidiéndole que fuese más rápido. Ya no le importaba que él sintiese ser el que mandaba en ese momento, ella solo quería que le diese más.
Tras unos segundos él le hizo caso y fue un poco más rápido. La respiración de ambos se agitó. Su éxtasis estaba comenzando. Gemía de placer. Él la agarró de las caderas y continuó moviéndose dentro de ella hasta llegar al punto más alto de placer.
El susurro de un te quiero y sus respiraciones acompasadas fue lo único que se escuchó a continuación.
