Disclaimer: Los personajes de Hetalia no me pertenecen, sino a su autor Hidekaz Himaruya-sama, este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.
Aclaraciones y Advertencia: Este fic está ambientado en los juegos de calabozos y dragones y contiene, fantasía, yaoi, lemon y AU.
Parejas: Ninguna hasta el momento.
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Hetalia Fantasy
Capítulo 8.- Vínculo
El grupo estaba reunido en la taberna, eran los únicos clientes a esa hora de la mañana, lo que resultaba perfecto para la ocasión. Luka estaba de pie junto a cuatro hombres, todos rubios y de atuendos similares al suyo. Los cinco eran todo lo que quedaba de la Orden del Oso polar, un grupo de hechiceros y magos que en algún momento de su historia había sido importante, pero ahora sólo quedaba la sombra.
—Ellos son Tino, Emil, Magnus y Berwald —dijo Luka presentando del más bajo al más alto.
—¡Hola! —gritó Magnus casi rompiéndoles los tímpanos. —¡Yo soy el líder de la orden del Oso polar!
—Es un placer, yo…
—¡Yo soy el gran héroe Alfred! —gritó interrumpiendo a Elizabeta y casi rompiéndole los tímpanos a los presentes.
—Escandaloso, más bien —dijo Emil haciendo una mueca de dolor.
El grupo se fue presentando a los recién llegados, sólo Iván e Itzamma se mantenían un tanto apartados del grupo, el primero por no encontrarle interés la reunión y el último por estar sumido en sus pensamientos.
Itzamma estaba preocupado; podía lidiar con el repudio de su padre e incluso de la tribu y su hermana, aunque sería doloroso, no sería nada comparado a soportar el odio de Coautli.
—Tú debes de ser Itzamma, ¿no? —el hechicero se sobresaltó, frente a él estaba uno de los compañeros de Luka. Asintió con la cabeza. —Es un placer conocerte, soy Tino —dijo sonriéndole y ofreciendo su mano a modo de saludo. Itzamma iba a responder el gesto, pero fue su rostro fue atrapado por unas grandes manos que comenzaron a presionar y estilar sus mejillas.
—A mí me parece un ser humano común —dijo Magnus al tiempo que revisaba los dientes de Itzamma para luego seguir su examen en otras partes del cuerpo.
—Kolkol… —Iván tomó a Itzamma y lo colocó atrás de él a modo de protección, lo que no pasó desapercibido para la mayoría de los presentes.
Itzamma miró al bárbaro confundido; nunca había visto a un humano macho actuar así con otro macho, en especial con uno que apenas conocía, le resultaba enigmático.
—Disculpe, ¿Qué quiere decir con humano común? —preguntó Antonio primero mirando a Magnus y después a Itzamma.
—Es un disfraz —dijo el hechicero ocasionando que los presentes lo miraran con curiosidad.
—¿A qué te refieres, cherry? —cuestionó Francis. Itzamma suspiró, debatiéndose entre si debía mostrarse ante esas personas o simplemente ignorarlos.
—Izma usa su mágica para ocultar su verdadera forma —dijo Alfred llamando la atención de los presentes —, ¡se ve increíble!
—Es Itzamma —lo corrigió molesto.
—¿Por qué no nos lo habías dicho? —Elizabeta se sentía un tanto traicionada; eran un equipo y no debía ver secretos entre ellos, ¿Cómo podría existir confianza de otra manera? Aunque comprendía, ninguno había contado más que algunas cuantas cosas de sus pasados.
—Será mejor que les muestres —dijo Luka, incitando a Itzamma a abrirse a sus compañeros, el aludido no respondió, en cambio, miró de reojo a Iván quien parecía ansioso de volver a ver su verdadera apariencia.
—Bien, pero hacen algún comentario pendejo y me los madreo.
Los presentes asintieron mecánicamente, los ojos de Itzamma habían adquirido un destello rojo que los intimidó. El hechicero cerró los ojos, dio un largo suspiro para infundirse valor; con parsimonia comenzó a quitarse los anillos, los brazaletes, el collar y el arete, los dejó en el mueble más próximo; cuando la última joya dejó de tener contacto con su piel, su verdadera forma fue visible.
—¡Por Paladie! —exclamó Elizabeta cubriéndose la boca con ambas manos. Gilbert, Antonio, Francis y Arthur se habían quedado mudos por el asombro.
El joven moreno había desaparecido, en su lugar se encontraba una criatura humanoide; su cuerpo completo estaba cubierto por pelaje de color naranja con manchas negras, unas graciosas orejas redondas reemplazaron las humanas. Grandes ojos almendrados como los de un felino observaban a los presentes, su esponjosa cola se movía de un lado a otro, delatando el nerviosismo de su dueño.
—Eres… un gato… —dijo Gilbert tocando la curiosa nariz.
—Impresionante… —comentó Antonio jugando con las manos de Itzamma, que a pesar de conservar la forma humana, estaba provista de almohadilla y filosas garras como las de cualquier felino. El hechicero soltó un ruñido parecido al de un jaguar sorprendiendo a los dos ladrones.
—¿Todos son así?—preguntó Arthur.
—Sí y no —en Uxmal, había diferentes tribus esparcidas por todo el territorio; algunas, tenían parecido a los jaguares, como era el caso de Itzamma, otros, a aves, reptiles u otras clases de mamíferos, incluso criaturas acuáticas.
Los Uxmalianos tenían una relación simbiótica con la naturaleza y los animales; los dioses los habían creado para ser el puente entre ambos mundos, era esa una de las principales razones por las que mantuvieron contacto con los humanos aún con el peligro latente de Jagadht.
—¿Cuándo podemos partir? —preguntó Berwald. El viaje a Uxmal sería largo y el tiempo comenzaba a terminárseles.
—Da igual. En el momento que deseen —dijo Itzamma sin mirarlo —. Sólo recuerden, que deberán esperar en los límites de Uxmal, hasta que logre convencer al consejo de hablar con ustedes.
—Esperen, ¿Qué pasará con nuestra misión? —cuestionó Francis.
—Detener el resurgimiento de Jagadht es más importante —lo reprendió Elizabeta enojada —. Además, el mapa que el rey nos dio nos está llevando precisamente a Uxmal.
El grupo de aventureros se quedó serio; aquello sólo podía significar que el tesoro que buscaban debía ser algo que difícilmente podrían obtener, sin causar algún conflicto o problema a Itzamma.
…
Esa misma tarde, partieron a Uxmal. El tiempo era un factor apremiante, por lo que Alfred sugirió que cortaran camino a través del pantano de las almas, era peligroso pero reduciría a la mitad el viaje, aunque primero, debían salir del bosque.
Todo el mundo parecía estar entusiasmados por ir a Uxmal, especialmente Alfred que deseaba volver a ver a los amigos que hizo en los pocos días que permaneció ahí, por otro lado, Itzamma se mantenía ausente, su mente era una maraña de preocupación y anhelos.
Miquiztli observó a su compañero, podía sentir sus miedos, alegrías y tristezas como si fueran los suyos propios. Sabía que Itzamma sufría por culpa de esos humanos que lo obligaban a llevarlos a Uxmal; el jaguar no comprendía porque lo hacía, después de todo, el hombre con el que había hecho el trato fue el primero en transgredirlo, eso dejaba al moreno libre y sin daño a su honor, ¿entonces por qué?
—¿Cuánto falta para llegar al pantano de las almas? —dijo Francis rompiendo el silencio que se había formado.
—Estamos a tres días al trote —respondió Alfred.
Debían cruzar el pantano de las almas para acortar camino a Uxmal, era un lugar peligroso; se decía que en él, los dioses habían encerrado a los servidores de Jagadht. Hasta los más valientes evitaban ingresar, pues la muerte acechaba en cada rincón.
Los habitantes de Uxmal creían que en ahí era donde la diosa Mictecacihuatl enviaba a las almas que en vida habían cometido crímenes imperdonables.
—¿Por qué no mejor rodeamos? —comentó Itzamma. Su gente tenía un miedo arraigado al pantano de las almas; ninguno se atrevía a entrar por temor a ser maldecido por los dioses o terminar como un espíritu errante.
—Tardaremos una semana. Sí atravesamos, llegaremos al río de la serpiente —dijo Emil con seriedad.
—Se llama Itzmictlán Apochcalocán —lo corrigió el uxmaliano con enojo —. Es preferible perder una semana que arriesgarnos a no salir de ese maldito lugar.
—¿Tan malo es? —preguntó Elizabeta, preocupada por la tensión en el rostro tenso de su compañero hechicero.
—Existen antiguas leyendas, que hablan de seres monstruosos capaces de aniquilar lo que sea —explicó Magnus en tono serio.
—No son leyendas —gruñó Itzamma molesto —. Los Tzitzimime son prueba de ello, y ellos son unas tiernas ovejitas comparados con aquellos que se ocultan entre la vegetación.
—Tú pudiste con los Tzizimeme o como se llaman —dijo Antonio quitándole importancia al asunto. Itzamma rugió molesto, sobresaltando al grupo.
—Humanos idiotas —sus ojos se habían vuelto rojos —, ¿no se dan cuenta del peligro extremo que corremos al entrar al pantano?, ¿tienen una puta idea de lo que ese lugar esconde? —Alfred abría la boca para responder pero el hechicero no se lo permito. —¡Por supuesto que no lo saben! —Guardó silencio unos momentos antes de hablar, ya un poco más calmado —. Si van a hacerlo de todos modos, no cuenten conmigo.
Itzamma bajó del caballo y hecho a correr, internándose en el bosque; Miquiztli no tardó en seguirle.
—¡Espera! —Tino intentó detenerlos, pero Alfred no se lo permitió, él más que ninguno sabía lo inestable y peligroso que podía llegar a ser el moreno cuando estaba enojado.
Sin embargo, Iván prestó oídos sordos y siguió a Itzamma; estaba preocupado por su amigo y en su interior sabía que el hechicero jamás le haría daño.
Fue un poco complicado encontrar el rastro. Al primero que localizó fue a Miquiztli, quien le gruñó cuando intentó acercarse.
—Miquiztli debe calmarse. Iván está preocupado por Itzamma, da —el jaguar lo rodeó, examinándolo detenidamente, cuando estuvo seguro que decía la verdad, le hizo una señal al bárbaro para que lo siguiera.
Iván se dejó guiar por el enorme felino. No podía dejar de asombrarse por la enorme inteligencia del jaguar que de vez en cuando se volteaba para asegurarse que el humano lo estuviese siguiendo; finalmente, Miquiztli se detuvo en seco, su pelaje se erizó y comenzó a gruñir, había captado el olor de extraños acercándose a Itzamma.
….
Itzamma suspiró pesadamente; miró el brazalete en su brazo derecho y maldijo su suerte, las joyas comenzaban a cuartearse, con rapidez se quitó el arete, los anillos y el brazalete izquierdo para guardarlos en el bolso donde tenía sus objetos mágicos.
—¡Fantástico! —dijo con sarcasmo. Era lo que necesita; si poder se había salido de control gracias a su enojo y eso había provocado el daño en los talismanes que le permitían conservar el disfraz humano, sin uno de ellos, debía mantener la magia al mínimo, para evitar que personas ajenas al grupo, se dieran cuenta de su verdadera naturaleza.
Levantó la vista, buscando algún árbol que pudiera servirle de escondite hasta que su magia se estabilizará. Con la gracia de un felino, subió hasta la rama más alta de un alto árbol.
A causa del daño en el brazalete que aún conservaba, algunos rasgos de su verdadera forma sobresalían del disfraz. Su cola se movía de un lado a otro, inquieta.
Itzamma cerró los ojos, apoyando la cabeza en el tronco; el recuerdo del pantano de las almas regresó a su mente y su cuerpo se estremeció, la verdad es que él había estado en ese horrible lugar, ahí perdió grandes compañeros y al que hubiese deseado como pareja… todos muertos por su culpa, porque ser lo que era, lo que su padre no se cansaba en repetirle: ser el maldecido.
Una furtiva lágrima escapó de sus ojos, el recuerdo de aquel terrible día aún era doloroso.
De repente, su cuerpo se tensó, había escuchado pasos, eran tres personas; gruñó, sabía que no era ninguno de sus compañeros. Se irguió en la rama, adoptando una pose defensiva, sus ojos se dilataron y el pelaje de su cola se erizó cuando Iván y Miquiztli estuvieron en su campo visual.
—Pero miren nada más —dijo uno de los hombres al encontrarse cara a cara con el bárbaro y el jaguar, éste último gruñó, mostrando su afilada dentadura.
—Nunca había visto una cosa como esa —comentó el segundo.
—Debe valer una fortuna —agregó el tercero.
—Eh, tú, ¿Cuánto quieres por esa bestia? —le preguntó el primero a Iván. El bárbaro frunció el ceño; su mano se cerró alrededor de la empuñadura de su espada.
—Miquiztli no está a la venda. Den la vuelta y váyanse o no tendré piedad de ustedes, da.
Los tres hombres rieron, la superioridad que les daba el número los hacía sentirse confiados; una sola persona no podía contra tres, pero ni siquiera lograron sacar sus armas, pues el trío había caído fulminado; muertos antes de tocar el suelo.
—Tsk. Los humanos son tan bajos… creen que todos los seres vivos existen únicamente para servirles —dijo Itzamma mientras miraba la sangre en su mano (ahora garra). —Desde que salí de Uxmal, he sido testigo de las atrocidades de tu raza… —manió la sangre. En ningún momento miró a Iván —, en estos años no he visto más que viles y sucias criaturas que no buscan la autocomplacencia. ¿Por qué tú eres diferente? —preguntó mirándolo a los ojos.
Iván se sintió atrapado por esos ojos; esa mirada felina, era tan atrayente, que no pudo evitar acercarse, era como si algo… alguna fuerza extraña lo impulsara a acercarse a Itzamma, cómo una polilla al fuego.
—Eres extraño, Iván… —dijo Itzamma ladeando la cabeza. Su cola se movió despacio, a medida que el bárbaro se acercaba. —¿Por qué sabiendo lo peligroso que me vuelvo cuando estoy enojado, me seguiste?, ¿es que ya olvidaste que pasó la última vez que uno de ustedes estuvo de metiche?
¿Cómo olvidarlo? Fue un días después que el grupo de Luka se les unió; Magnus había hecho enojar a Itzamma y éste se alejó, internándose en el bosque, preocupados, el ahora conocido Bad trio lo siguió, como resultado, los tres terminaron con serias heridas que requirió de la magia curativa de Tino.
—¿No te preocupa terminar como ese trío de pendejos? —la pregunta tomó por sorpresa a Iván, y aunque sabía que Itzamma era tan impredecible como cualquier animal salvaje, algo dentro de él le decía que jamás le haría daño.
—Niet. Iván e Itzamma son amigos y los amigos nunca se hieren entre sí, da —dijo sonriendo. El bárbaro terminó con la distancia que lo separaba del hechicero y le acarició la cabeza.
Itzamma se quedó quieto, el que Iván lo llamara amigo, le había tomado desprevenido; no era la primera vez que alguien lo hacía, Alfred no dejaba de hacerlo, pero era la primera vez que en verdad le encontraba significado a la palabra.
Desde que conoció a Iván, había sentido una extraña conexión, era como una atracción salvaje, tan abrumadora que… no tenía explicación. Nunca antes había experimentado algo así, ni con su hermano, sus camaradas en Uxmal, ni con… ¿Qué tenía Iván de diferente a los de su especie y a los humanos?
…
Un rato después, Iván e Itzamma descansaban bajo el resguardo de un frondoso árbol, a unos metros, los cuerpos de los aquellos tres infortunados eran devorados por una jauría de lobos, cuando llegaron, Braginski tuvo la intención de matarlos, preocupado que los canes pudieran intentar atacarlos, pero el hechicero lo detuvo y le aseguró que ninguna criatura del bosque lo atacaría mientras estuvieran juntos y le creyó.
—¿Por qué Itzamma no quiere ir al bosque de las almas? —aquella pregunta había estado rondando la mente de Iván por largo tiempo. El moreno dio un pequeño suspiro.
—Ya estuve ahí, cuando era joven —dijo Itzamma, su voz sonaba ambigua, un claro intento de ocultar sus emociones. —Los hechiceros, sacerdotes, sacerdotisas y aún los alquimistas, viven en comunidades apartadas de las tribus; nosotros somos una mezcla de todas —inconscientemente, el moreno posó su cabeza en el hombro de Iván, cerró los ojos, tratando inútilmente que los recuerdos de su juventud no lo afectaran —. Cuando los hechiceros llegamos a la madurez mágica, debemos pasar por una prueba, en ella se demuestra nuestra astucia y conocimiento.
—¿Qué clase de prueba?
—Diez jóvenes son llevados por su maestro al pantano de las almas, deben pasar por diversas pruebas, si lo logran son declarados hechiceros completos y pueden (si así lo desean), regresar a sus tribus —hizo una pausa, tratando de infundirse valor, para que las sombras del pasado no lo atraparan y sus máscaras terminaran por destruirse. —En el centro del pantano, existen las ruinas de un palacio… los más ancianos dicen que ahí vivió una mujer de alma tan negra que muchos creen que se trataba de alguna diosa maligna atrapada en una forma mortal.
Los hechicero debían pernoctar en aquella construcción entre la espesura olvidada por la mano de los dioses.
—Mis hermanos y yo, llegamos antes del anochecer, buscamos un lugar seguro. Levantamos el campamento —el cuerpo de Itzamma se acercó más al de Iván, buscando algún consuelo —. Decidimos hacer turnos para vigilar… pero por alguna extraña razón, todos terminamos dormidos antes de si quiera tocar nuestra cena.
—¿Qué paso? —preguntó Iván mientras acariciaba la cabeza del moreno, quien comenzó a ronronear después de un rato; el toque del bárbaro era tan agradable.
—No estoy seguro… sólo recuerdo haber despertado por los gritos de mis hermanos —cerró los ojos, su voz comenzaba a quebrarse —, a Tepochtli me miraba aterrado… el olor a sangre, miedo y luego… nada. Desperté seis días después en mi habitación —suspiró pesadamente al sentir como Iván lo abrazaba —. Desde ese momento, mi las tribus comenzaron a considerarme maldito.
Itzamma no tenía idea del porque le contaba todo eso, nunca se lo había dicho a nadie, ni siquiera a su hermano. Algunas lágrimas escaparon de sus ojos, ya no pudiendo contener su dolor y rompió en llanto; Iván lo abrazó con cariño hasta que se calmó.
—Gracias… yo… no sé qué me paso —dijo Itzamma separándose ligeramente. Entonces, algo inesperado sucedió cuando las miradas de los dos se conectaron y sus corazones comenzaron a latir como uno.
Iván se fue acercando hasta eliminar la distancia que lo separaba del moreno. Sus labios se unieron. No era la primera vez que Itzamma recibía un beso humano, Alfred siempre lo hacía al iniciar y durante el sexo, pero era la primera ocasión en la que no sentía nauseas deseos homicidas.
Sin darse cuenta, comenzó a ronronear y su cola se movía con lentitud, delatando lo a gusto que se sentía.
—Itzamma huele bien —susurro Iván contra los labios del moreno. Esto regresó a la realidad al hechicero, quien se separó rápidamente del más alto.
—Yo… —se cubrió la boca, sus ojos estaban dilatados y abiertos de par en par, su cuerpo temblaba.
—¿Itzamma se encuentra bien? —dijo Iván preocupado, intentó acercarse al otro, pero el moreno no lo permitió.
Miquiztli miró a su compañero, sorprendido de lo que acababa de olfatear. ¿Itzamma había entrado en celo a causa de un simple beso, un beso humano?
Continuará…
